Hola Hola!

Me siento emocionada porque les haya gustado la historia, hubo muchas visitas ayer, y por eso como ya tenía el capitulo 2, lo pondré de una vez.

Lía : Tienes mucha razón, esta es una adaptación y hay que darle el crédito a la autora, lo iba a hacer al final de la historia, pero lo haré aquí. Es Olivia Ardey

Sin mas ahí va el nuevo capi

Bella es una amable maestra de niños Sordos, su mayor sueño es viajar a París, justo cuando su sueño se hace realidad Bella se dará cuenta que las dos cosas que le heredó su papá, el amor por el francés y la lengua de signos no fueron al azar. Las divertidas aventuras y alguien muy especial que irrumpirá en su vida harán que el regreso a Estados Unidos sea mucho más difícil de lo que imaginaba.

Capitulo 2: Adiós, pequeña adiós.

Papá siempre decía que las mejores fotos de la torre Eiffel se sacan desde Trocadéro. De día recuerda una flecha enrejada que apunta hacia el cielo; de noche parece una lanza inmensa hecha de luz.

Anotó la frase en su libretita y se quedó pensativa, con el bolígrafo apoyado en los labios, habría preferido visitar primero la torre Eiffel, llevaba una vida entera deseando contemplarla por fin con sus propios ojos. Pero Jacob tenía otros planes.

Iban en el taxi que Bella se empeñó en coger, y por supuesto se ofreció a pagar, en vista de que él estaba empeñado en ir desde el Louvre a la Place I'Etoile en metro. Tenía los pies molidos de patear salas sin ton ni son, por culpa del profesor universitario que se creía tan listo como para no perderse en un museo en el que se pueden estar una semana entera y no terminar de verlo. Y encima, se negaba a preguntar a los vigilantes. Acabaron viendo la Mona Lisa desde lejos, porque la sala estaba atestada de turistas, además de un sinfín de galerías, que recorrieron al vuelo, más atentos al plano para averiguar el modo de salir de allí, que a las obras de arte que se encontraban en el camino.

Disponían de muy poco tiempo para disfrutar de la ciudad y ella quería callejearla, los museos le daban igual. No quería perderse ni un aroma, ni un sonido, pretendía llevarse consigo, grabadas en la retina y en la mente, todas aquellas sensaciones con las que había sonado durante años y que disfrutaba por primera vez.

Guardo el bolígrafo dentro del cuaderno que descansaba en su regazo, lo cerró rodeando las tapas con la goma elástica y lo metió en el bolso.

-¿Qué es eso que anotas a todas horas?- preguntó Jacob con mucha curiosidad incluso intento leer.

Bella lo evitó cerrando la libretita a tiempo.-Cosas que se me ocurren.- dijo al tiempo que la guardaba en el bolso. – como un diario de viaje.

-¿Piensas escribir un libro? – se interesó el moreno.

-No creo,..- Zanjó el tema.

Se inclinó para indicarle al taxista que los dejara en esa misma esquina, desde la que ya se veía el Arco del Triunfo. Ella hablaba un francés envidiable, llevaba muchísimos años estudiando el idioma.

Primero por empeño de su padre, que nunca perdió la esperanza de que su hija pasase temporadas en París con él, en cuanto alcanzara la mayoría de edad. Después por gusto, ya que esa era la lengua que compartía solo con él. Empezó como un juego, luego se convirtió en una especie de código secreto. Hablaban en francés a escondidas, las dos o tres veces al año que él viajaba desde París e iba a visitarla a Seattle. Su madre no soportaba que padre e hija compartieran una lengua que ella no entendía.

Pagó el importe de la carrera y bajaron del taxi. No es que Bella tuviese ganas de pasear por los Campos Elíseos, pero Jacob se había empeñado en llevarla allí. Para hablar de algo importante para los dos, le había adelantado con cierto misterio. Miedo le daba a Bella imaginar con que novedad tenía intensión de descolgarse.

Con el Arco del Triunfo a la espalda, caminaron despacio por la acera izquierda de la derecha de los Campos Elíseos en dirección a las Tullerías.

-¿No es una ciudad única?- pregunto Jake, frotándose las manos.

-Maravillosa.- respondió ella, con la mirada fija en el escaparate de Chez Guerlain, lleno de las artísticas botellas de perfume propias de la marca.

-¿Tienes hambre?

-La verdad es que sí.

Eran las seis de la tarde pasadas y no se habían adaptado al horario Francés. Eso de almorzar tan temprano les tenía el estomago descolocado.

Por la sonrisa sagaz que exhibía Jacob, Bella imaginó que la estaba llevando a una pastelería selecta, o un café típico de esos con veladores de mármol en la acera y sillas de rejilla. Cuando paró de golpe y le señalo el lugar escogido, a Bella le entraron ganas de darle una patada en el culo.

-¿McDonald's?

-Que suerte que hemos encontrado uno. ¡Como en casa!

Veinte minutos insufribles de cola después, se encontraban sentados en el piso superior .uno al lado de otro, como si aquello fuese la barra de un bar. Lo único bueno eran las inigualables vistas a los Campos Elíseos. Bella se metió una papa frita en la boca y se resignó a contemplar el exterior. Mejor no pensar en la ridícula imagen que daban a los ojos de la gente que pasaba por la calle, igual que un par de maniquís de escaparate, cada uno con su menú delante e hincándole el diente a una hamburguesa de queso.

Jacob giró en el taburete, ella hizo lo mismo y quedaron frente a frente. A Bella le empezaba a intrigar su actitud. No dejaba de hacer dibujos con una papa mojada en kétchup sobre el mantel de papel que cubría la bandeja.

-No voy a ocultártelo más tiempo.- añadió mirándolo a los ojos. – Este viaje… esta escapada tiene un motivo.

A Bella se le erizó el vello de todo el cuerpo al ver cómo le brillaban los ojos. Dios, ya empezaba con las emociones descontroladas. Mandó al cuerno la pena que empezó a sentir al verlo ponerse sensiblero, ¡que tenía más de cuarenta! Como se atreviese a soltar una lagrima en pleno McDonald's, rodeados de adolescentes curiosos, iba a llevarse puesto un bofetón.

Miro sus labios temblorosos y trató de adivinar que se traía entre manos. ¿Una declaración de amor? No, no, no y no. ¿Pedirle que se fueran a vivir juntos? ¡Socorro! Aun podía ser peor, uy uy uy…

Como sacara una cajita de terciopelo con un anillo dentro iba a huir de allí más rápido que el jamaicano aquel de las Olimpiadas.

-Isa.- le anuncio con un suspiro hondo. Ella trago en seco.- Tengo que decirte algo muy importante. Vital para nuestro futuro.

Y ocurrió lo inevitable. Jacob Black inspiró como si le faltara el aire y, por las mejillas, le resbalaron un par de lagrimones.

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En cuanto escuchó eso tan importante, Bella se levantó de un salto y lo acribilló con una mirada asesina.

-¡¿Qué tu mujer está embarazada?! – vociferó a pleno pulmón.

Tantas lágrimas de cocodrilo y tanto sorber los mocos para soltarle a bocajarro que había dejado preñada a su ex al mismo tiempo que salía con ella.

-Isa, por favor, baja la voz que nos van a llamar la atención. – rogó Jake, secándose la cara a la vez que miraba a derecha e izquierda.

-¿Tu mujer? ¿Qué significa eso de tu mujer? – Le espetó a punto de estrangularlo.- me dijiste que estabas divorciado.

- Mas o menos.

-Eres un cerdo rastrero.

-Las cosas vinieron así, pasó lo que pasó…

-¡No me lo cuentes! – Ordenó, solo faltaba que le diera los detalles-. - ¿Y para esto me has traído a París?

-Creí que era una bonita manera de despedirnos.

¿Cómo? No, no podía haber dicho aquello. Bella escuadro sus ojos para averiguar si le estaba tomando el pelo. O era muy cínico o muy estúpido.

-traerme hasta París para darme la patada- tradujo ella con lenguaje menos florido. – Si esta es tu idea de una escapada romántica, eres el ser mas retorcido que existe sobre la tierra.

Él la miró con asombro y alzó las manos en son de paz.

-Pero Isa, ¿Hay algo mas romántico que decirnos adiós para siempre en la ciudad del amor?

A Bella se le subió la sangre a la cabeza. ¿Y ese era el tipo al que aguantaba por lastima? ¿Por qué no quería verlo llorar si le mandaba a tomar viento? ¡menuda Idiota! Respiró hondo, agarró su bolso de un manotazo y se puso de pie.

-¡Vete a la mierda Jacob Black! – silabeó inclinándose tanto sobre su cara que él se echó para atrás, asustado.- ¡Vete… a… la… mierda!

Sacudió su cabeza para aliviar la tensión. Eso mismo debía haber hecho hacía mucho tiempo. Le dio la espalda y sin mirar atrás, trotó escaleras abajo y recortó el piso inferior tropezando con unos y con otros, ansiosa por respirar el aire de la calle.

Jacob la seguía a duras penas. Ya en la acera, la tomó del brazo pero ella se zafó de un tirón.

-Bella.- resopló. – Por favor, no acabemos así. Podemos seguir siendo amigos.

Eso fue la gota que colmó su paciencia.

-¡No me toques! Tú no tienes idea de lo que es laa amistad.

-Escúchame.

-No, escúchame tu. – le espetó señalándolo con un dedo acusador. – Tienes 2 horas para sacar tus cosas del departamento, y largarte a un hotel.

-¿A un hotel? – preguntó. Perplejo,

-A un hotel o donde te dé la gana, ¡Dos horas! – grito para recalcarlo. – Cuando vuelva allí no quiero ver ni rastro tuyo , ¿te quedó claro?

-¿Pero y los billetes de avión?

-Yo me quedo en París, ni loca pienso volver contigo a Seattle en el mismo Avión. Mi billete, puedes tragártelo o metértelo por… no me hagas decir groserías Jacob Black.

Jake se pasaba la mano por el pelo, mirándola dudoso sin atreverse a discutir mientras ella bajaba de la acera y paraba un taxi.

-Piénsalo bien Isabella. – casi suplicó; ella tuvo que contenerse, a buenas horas la llamaba por fin por su nombre.

Un taxi paro frente a ella. Abrió la portezuela y, antes de meterse en el vehículo, lo oyó por última vez.

-¿Qué piensas hacer tu sola en Paris?

Ella lo miro con una mezcla de rabia y el alivio de romper las cadenas emocionales que la ataban a aquel plasta, egoísta, progre patético, mentiroso y cultureta de pacotilla.

-De momento, olvidarme de tu estúpida cara.

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Pidió al taxista que la llevara a Trocadéro. Una vez allí camino despacio por la explanada , dando un rodeo para no interferir en una sesión fotográfica de moda. Su padre tenia razón, era imposible olvidar la imagen bellísima y grandiosa de la Torre Eiffel.

Se prohibió a si misma perder un solo segundo dándole vueltas a lo que acababa de ocurrir, Jake era historia, reconcomerse de rabia no le haría ningún bien. Y nada ni nadie iban a amargarle aquel momento tan especial.

Fue hasta la balconada de piedra, se acomodó en la repisa y, apoyando la barbilla en las manos, contempló durante largo rato el paisaje que tantas veces le había descrito su padre. Quiso llevarse una fotografía de recuerdo, idéntica a la que ella guardaba en la cartera. Esa que él le envió por correo hacía muchos años, en la que aparecía joven, y sonriente con la torre de hierro al fondo. Un emprendedor lleno de sueños, recién llegado a París, dispuesto a comerse el mundo.

Miró a su alrededor, y se decidió pedirle el favor a un chico oriental que vendía botellines de agua mineral en un cubo de hielo. Le pidió una y entregó al muchacho un euro.

-¿Serias tan amable de hacerme una foto, por favor?

Y le entregó su teléfono móvil para que se la hiciese. El chico observó el iPhone alzando las cejas.

-Tú no de aquí.

-No, no soy de aquí. Soy del otro lado del mundo.

El chico no la entendió.

-USA.

-¡Ah! ¡América! – comprendió asintiendo con la cabeza. - ¡América!

Bella se hecho a reír por la sonrisa de aquel chico oriental.

-Hamburguesas, estatua Libertad. – murmuró el muchacho.

Bella asintió. – Soy de Seattle.

-Oh New York. – replicó el muchacho.

Bella negó. – Nunca eh estado en New york.

El muchacho se quedó mirándola como si fuese un bicho raro. Y agito con la mano el iPhone.

-No dejar a cualquiera teléfono tan caro.- París mucha gente amala, pueden robar, salir corriendo.

Ella ladeo la cabeza con expresión afable.

-Tú tienes cara de buena persona.

E l chico sonrió agradecido. Bella sintió algo de lastima al ver que le faltaban dos dientes. Él le señaló con la mano que se alejase y ella dio unos pasos hacia atrás hasta que le indico que pre parara con el índice levantado. Poso con su mejor sonrisa para un par de fotos y luego para otras dos que el muchacho se empeño en repetir por las primeras no salían bien.

Regreso junto a él y los dos contemplaron satisfechos las imágenes que acababa de sacar en la pantalla del iPhone. Bella le dio las gracias y con una última mirada se despidió de la Torre Eiffel. Camino con la mano agarrada a la correa del bolso hacia el palacio de Chaillot. En ese momento tenía que hacer algo mucho más importante. Iba a visitar a su padre. Un reencuentro doloroso para el que llevaba preparándose quince años desde aquel lejano día, en la estación del norte de Seattle, en que se despidieron por última vez.

Al llegar a la calzada, alzo la mano para parar un taxi. Un par de minutos después, se hallaba sentada en el asiento trasero, pensando en los días que le quedaban por delante en aquella ciudad tan grande y desconocida.

-¿A dónde vamos? – pregunto el taxista, saliendo de la plaza en dirección a la avenida Presidente Wilson.

-Al cementerio de Pére-Lachaise, por favor.

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¿Qué les pareció? Maldito Jacob además de codo, es un mentiroso. Ajajajaja

Bueno ya vamos viendo que Bella no es ninguna dejada, veremos más adelante que es lo que pasará con ella, ¿seguirá en Paris? O ¿vuelve a USA?

Preguntas, dudas, aclaraciones, dejarme un comentario nos vemos el próximo Capitulo.

GWitch:)