Capítulo 5

Jaime volvió a casa con un gran ramo de rosas color melocotón.

- Mañana te traeré blancas – le dijo a su madre mientras ésta las ponía en un jarrón.

- Sabes que me encantan – le contestó – pero me estoy quedando sin jarrones donde ponerlas.

Cortó las hojas y los tallos hasta conseguir la altura deseada y las puso bajo el grifo para llenarla de agua. Cuando estuvo lleno, las llevo al salón, mientras Jaime la seguía.

Jaime se sentó en el sofá y empezó a jugar con la consola mientras su madre, a su vez en la butaca leía el periódico.

- Oye – dijo Jaime al rato - ¿Cuál es nuestra relación realmente con Dolores?

- Somos parientes, ya te lo dije – Le respondió su madre sin levantar la vista del periódico.

- Sí, sé que me lo dijiste – insistió Jaime – pero no me dijiste nada sobre el grado de parentesco. ¿Es alguna tía tuya?

- Veamos – dijo bajando el periódico – Dolores se casó con un primo de una tía mía.

Al ver la cara de incredulidad de Jaime se lo explicó mejor.

- Sé que realmente no somos "parientes de sangre" – explicó haciendo un gesto con los dedos para dejar claras las comillas – Pero cuando era pequeña solía pasar bastante tiempo en su casa porque mi tía y ella se llevaban muy bien. Al morir mi tía fuimos perdiendo el contacto y…

Jaime asintió y siguió jugando a la consola aunque en realidad daba vueltas a lo que su madre le había dicho. De algún modo le tranquilizaba el hecho de saber que no tenían la misma sangre. No obstante, aún había muchas cosas que aclarar.

- Y dime – volvió a preguntar tras pausar el juego – cuando ibas a jugar a su casa, ¿Recuerdas unas estatuas al fondo del jardín? Están cerca de unos manzanos.

Jaime contuvo la respiración hasta que su madre se decidió por fin a responderle.

- No había ninguna estatua, de eso estoy segura. Aunque debes tener en cuenta que eso fue hará unos 40 años. ¿Por qué lo preguntas?

Jaime decidió ser sincero, aunque no demasiado.

- Por curiosidad. Es que se trata de unas estatuas muy extrañas y a lo mejor las recordabas.

- Ya te digo que no estaban cuando yo era pequeña. Deben ser muy recientes – agregó.

- ¿Por qué dices eso? – Preguntó Jaime sin poder ocultar su curiosidad.

- Bueno, unos pocos años después de que se casara, a este primo le dieron un puesto muy importante, creo que era algo relacionado con trenes, o quizás con cemento. No lo recuerdo, la cuestión es que empezaron a tener que viajar mucho y la casa estuvo prácticamente deshabitada durante años. Así que esas estatuas tuvo que ponerlas como mucho hace 10 años, que es cuando volvió.

- ¿Cuándo volvió de donde?

- Bueno, pasaron unos años en Grecia, y luego creo que también en Noruega, pero donde más vivieron fue en Peru. Ahí fue donde murió su marido, pero siguió viviendo en sudamerica un par de años más.

Jaime se puso a pensar en cómo podía relacionar aquellas estatuas con Dolores o con sus viajes, pero no encontró respuesta. Podía ser que, al fin y al cabo, no existiera ninguna unión y se estuviera dejando llevar por su paranoia.

- Ahora que me acuerdo – Siguió su madre mientras jugueteaba con las páginas del periódico – Dolores era escultora, puede que esas estatuas sean suyas.

Jaime asintió pensativo. Era una pista que merecía la pena considerar.

- No sé qué interés tienes en esas estatuas, pero estoy segura de que no hay nada raro en ellas. Tu problema es que siempre te estás inventando historias.

Sin responderle, Jaime siguió con su videojuego. Él sabía que tanto Dolores como las estatuas escondían algo. No sabía que era, pero pensaba descubrirlo.