Un Reencuentro
El vuelo a Japón es largo. No alcanza a ver la galaxia. Las estrellas no se mueven y cuentan siempre las mismas historias. No hay canarios. Se aburre infinitamente sentado junto a un hombre que frunce el ceño de manera perpetua.
Pero sonríe.
Sonríe por que ese viaje largo que se le hace eterno, viene con la promesa de canarios, de gorriones, de cuervos. De constelaciones en el pavimento. De abrazos con sabor a vainilla.
El aeropuerto, las maletas y la llegada a su tierra natal se le olvidan, no quiere que esas cosas triviales se conviertan en recuerdos por que no son importantes.
No pasa nada interesante.
Tampoco en el taxi que toma de vuelta al departamento que solía compartir con Hikari. Mira por la ventana y las luces lo ciegan por un momento. A Hikari le gustaría una foto del paisaje nocturno, de las luces en movimiento.
Olvida todo eso tan rápido como lo piensa y sonríe por que quiere sorprenderla, aprendió unos chistes franceses que sabe la harán reír.
Toca la puerta. Se escuchan risas grabadas de la televisión que Hikari acostumbra a dejar demasiado fuerte cuándo está sola, precisamente para no estarlo. Se mueven sillas y de repente el tiempo para y empieza a correr al galope por que Hikari está en sus brazos de nuevo.
Y son cometas y son canarios y son vainilla y son los dos juntos todo eso y nada.
Son rayos de luz colándose entre las hojas de un árbol con nombre propio. Son motas brillantes escapando de farolas para alumbrar paseos nocturnos.
Son un cortometraje de treinta y cuatro minutos en cámara lenta sobre cometas en un vecindario, historias construidas con pequeños rayos de luz que se cuelan entre las hojas y aves transformadas en besos.
Yo tenía que subir esto ayer pero andaba de parranda. Y aquí está el final de esta colección de drabbles. Espero les haya gustado. Gracias a todos los que dejaron reviews, me hacen el día (y responderé los que tengo pendientes, lo juro). Una vez más, gracias por leer!
