Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Meyer, la historia tampoco, solo hago una adaptación, cualquier cosa que les resulte conocida tampoco es mía. Al final de la historia diré el nombre de la novela. Gracias por leer.

Summary: Bella es una amable maestra de niños sordos, su mayor sueño es viajar a París, justo cuando su sueño se hace realidad se dará cuenta que las dos cosas qué le heredó su papá, el amor por el francés y la lengua de signos no fueron al azar. Las divertidas aventuras y alguien muy especial que irrumpirá en su vida harán que el regreso a Estados Unidos sea más difícil de lo que pensó.


Epílogo: UN BUEN AÑO.

Con ayuda de Alice, Isabella encontró empleo como maestra en la misma escuela que trabajaba su hermana. De momento la contrataron como profesora sustituta para cubrir ausencias eventuales. Así pues, en el plano laboral no había mejorado ni empeorado; tenía exactamente lo mismo que en América.

Ella estaba muy contenta, le encantaba trabajar con niños más pequeños. Y le venía muy bien la precaria situación, ya que aprovechaba esos paréntesis de desempleo para hacer cursos a fin de perfeccionar el dominio de la lengua francesa de signos.

Pero esa mañana no venía del colegio ni de ningún curso, sino del médico. Regresaba a Rue Sorbier con la felicidad pintada en la cara. El doctor acababa de confirmar sus sospechas, y Edward aún no sabía nada. Sonrió al verlo sentado al sol, en uno de los veladores de la terraza del café Vulturi. Su manera preferida de inaugurar las mañanas de los sábados era en compañía de un café y el crucigrama de Le Parisien.

Llegó hasta allí y, antes de sentarse, le dio por sorpresa un ruidoso beso en la mejilla. Él la agarró por el talle y reclamó un segundo beso en los labios.

Edward miró de reojo la bolsa que dejó sobre una silla. No le extrañó, aún remoloneaba él en la cama cuando Bella le dijo que salía de compras.

-Mira.

Entusiasmada le mostró la contraportada de Le Figaro donde salía la foto de Edward a media plana con la noticia de la mención especial del jurado obtenido por su cortometraje "Buscando París" en el reciente Festival de Venecia.

-Ya la he visto. – sonrió con orgullo. – Me la han enviado mi padre, Laurent, Tu hermana Alice, todos los compañeros de la productora, mi distribuidor, un profesor de la facultad, otros más…

Estaba orgulloso de que se reconociese su trabajo, pero la fama y las apariciones en prensa no eran una de sus prioridades.

La señora Vulturi, Sulpicia, una rubita de algunos 50 y pocos años, se acercó a preguntar qué quería tomar Bella. Ella pidió un zumo de melocotón y tomó el teléfono de Edward para ver los mensajes. Se le escapó un gemido ñoño al ver la fotografía de un bebé sonriente.

-Esa me la ha enviado Jasper. Le ha salido un diente. – le explicó. Bella no dejaba de contemplar a su sobrinito Emmett, ya tenía diez meses. Cuando Edward vio por primera vez a Emmett, pareció quedar enamorado de ese pequeño gordito de cabello rizado y ojos grises, y qué decir del padre, Jasper vivía ahora al 100 por su hijo y su esposa. . – Como ves, a los hombres la paternidad nos atonta bastante.

Ella sonrió con disimulo.

-He comprado un álbum de fotos. – dijo tomando la bolsa de la silla contigua.

-¿Otro más? – preguntó sin levantar la vista del crucigrama.

Dudaba que aún les quedasen fotos por imprimir. Porque solo de la luna de miel, guardaban más de quinientas colocadas en varios álbumes. Un viaje inolvidable en el que recorrieron Europa en moto hasta las costas de Croacia y en el que Edward inmortalizó con la cámara de vídeo la felicidad de su mujer, grabándola cuando no se daba cuenta, mientras ella se entretenía en fotografiar como recuerdo incluso hasta las hormigas que veía por el suelo.

Desde entonces, la madre de Bella los había visitado una vez y ellos fueron a Seattle por Navidad. Edward había tenido oportunidad de conversar a solas con su suegra, y se la ganó en cuanto le demostró que no era el bohemio loco que suponía y lo mucho que amaba a su hija. Puede que contribuyera a su cambio de actitud, ese amigo especial con el que doña René compartía tantas cosas, entre ellas la creencia de que la relación perfecta significaba: "hoy en tu casa, mañana en la mía y cada cual en la suya". Y Bella estaba mucho más tranquila porque, aunque su madre protestaba de vez en cuando, por fin había asumido lo obvio: que la vida de su hija estaba en París y que no pensaba en volver.

Bella sacó de la bolsa el álbum fotográfico que acababa de comprar y se lo mostró. Era de un lila rabioso.

-¿No había otro color más feo? – cuestionó Edward, observándolo con una mirada elocuente.

Hizo un quiebro rápido para esquivar un golpe imaginario, que Isabella fingió lanzárselo a la cabeza.

-Es para algo muy especial. – le explicó con misterio.

Sacó su móvil del bolso y una cajita envuelta en un papel de muchos colores.

-¿Y esto? – preguntó Edward cuando se la puso delante.

-Un regalo para ti.

-¿Qué celebramos?

Como ella no respondía, sonrió intrigado y se dispuso a abrirla. Bella tomó el iPhone y pulsó el icono de la cámara, dispuesta a inmortalizar el momento.

Al destapar el contenido, Edward se quedó petrificado. Sacó un sonajero de su interior y con él en la mano, miró a Bella con ojos interrogantes.

-Y esta es la cara de tonto que puso papá cuando supo que estabas en camino. – pronunció en voz alta.

Perfecto, ya la tenía. Con esa frase pensaba rotular la primera fotografía del álbum.

-Borra esa foto.

-No.

-¿Me estás diciendo…?

Ella le respondió con un gritito de alegría. Edward la tomó de la muñeca para que se levantara, de un tirón se la sentó sobre las piernas y la abrazó con muchísima fuerza. En ese momento, no le salían las palabras. Respiró hinchando el pecho, se separó para verle la cara y le colocó el cabello detrás de la oreja con una caricia.

Luego, le puso la mano abierta en la barriga.

-¿Para cuándo?

-Será a mediados de mayo. Lo primero que verá cuando abra los ojos será la primavera en París. Como yo, ¿te acuerdas? – dijo con una enorme sonrisa.

-Lo recuerdo como si fuera hoy. –afirmó, acariciándole el rostro. – Tú logras que cada minuto de mi vida sea digno de recordar. – murmuró besándola con ternura. –La pandilla de Rue Sorbier está creciendo muy rápido.

Edward recordó aquella plática con Laurent hace un par de meses, cuando justamente en el hospital, Irina dio a luz a una pequeña bebé, sonrosada y de ojos claros. Laurent creyó que le habían cambiado al bebé, porque él esperaba un niño "marrón", pero en cambio, nació una pequeña tan rubia como Irina. Pero se tranquilizó al saber que su madre aseguraba que era el vivo retrato de su abuela.

-Rosalie ya casi cumple dos meses. – sonrió Bella recordando a su mejor amiga y la pequeña Rose.

-Te amo Bella. – musitó Edward mirándola a los ojos.

-Y yo te amo más y más y más… - afirmó besándole con ternura.

Sulpicia llegó con la copa de zumo, al dejarla sobre la mesa se quedó mirando el sonajero.

-En hora buena, ya veo que hay mucho que celebrar esta mañana. – adivinó.

-Señora Vulturi, ¡Voy a tener un niño! – exclamó Edward exultante de alegría.

-No, no, no, tu esposa va a tener un niño. – puntualizó, con la experiencia de quien ha pasado por cuatro partos.

-Es lo mismo.

-No, no es lo mismo. – rebatió con irónica cordialidad.

Isabella intervino en su defensa.

-Mi marido también tiene su mérito. Él se encargó de la parte más entretenida del asunto.

Edward sonrió con orgullo masculino. La señora Vulturi se echó a reír, sacudiendo la cabeza, pero antes de que regresara al café, él le tendió su teléfono como un ruego.

-¿Le importaría hacernos una foto?

La mujer accedió encantada y se dispuso a ello. Edward tomó a Bella por la barbilla.

-Y esta es la cara que puso mamá cuando le di el beso número mil. – dijo en voz baja, acercándose a su boca.

Cuatro fotografías, cuatro tuvo tiempo de sacar la señora Vulturi. Contempló la última de ellas con una sonrisa y dejó el teléfono sobre la mesa. Pero Edward y Bella ni se dieron cuenta. La mujer los dejó solos y ellos continuaron perdidos el uno en el otro. Puede que fuera el mil o el beso un millón. Eran tantos que no se molestaban en contarlos.

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FIN.

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Bueno, pues la historia llegó a su fin, espero que haya sido de su agrado, que la hayan disfrutado tanto como yo. La Novela se llama Regálame París, de Olivia Ardey, recomendadisima al 100%. Es una de mis historias favoritas, cuando la leí por primera vez, no dejaba de pensar en mis personajes favoritos de Crepúsculo, y dije… ok… vamos a intentarlo.

Muchas gracias a todas las lectoras, gracias sinceramente a todas las que comentaron, las que lo hacían a diario, las que quisieron pero no pudieron, las que no quisieron, las que no lo hicieron jaja y en fin.. simplemente gracias por haber leído la historia, tuvo muchas visitas.

Sin más me despido no sin antes decir, que tengo pendientes 2 historias una de ellas de Edward y Bella que se llamará "Mi chica ideal", y la otra de una pareja que jamás había hecho pero que me entraron unas ganas enormes, se llamara "El plan perfecto", y será de Rosalie y Emmett, espero que si tienen tiempo, (cuando las suba) pasen a leerlas.

Un beso, un mimo y un achuchón, gracias por todo!

Gwitch:)