II. ¿Es tiempo de huir?

Bucky lentamente abrió los ojos. Las cortinas de su habitación estaban cerradas y escasa luz se filtraba a través de ellas. Se levantó con lentitud de la cama, sintiendo un dolor de cabeza punzante al moverse.

Lentamente los acontecimientos de la noche anterior asediaron su mente. Recordó entonces la charla con Natasha, a Steve en su departamento y... el beso. Palideció al recordar aquello. Anoche se había sentido tentado a besarlo en los labios, pero solo le dio un casto beso en la mejilla. Fue lo mejor, pero aun así temía a la reacción de Steve ante tal muestra de afecto. ¡Steve estaba a punto de casarse! No era momento para permitir que sus propios deseos opaquen la felicidad de Steve, mucho menos quería apartarlo de su lado con una muestra de sus inapropiados sentimientos. Pensó que probablemente Steve lo evitaría después de ello. Y no lo culpaba. Actuó irreflexivamente, dejándose llevar por sus emociones y por el licor que nublaba su juicio, no permitiría que algo así volviera a pasar. Steve era muy importante para él, su felicidad debería de estar por sobre todas las cosas. Y si era feliz con Stark, tendría que aceptarlo, incluso si esto le causaba tanto dolor. Debería ser fuerte, tal y como lo había sido siempre, por él.

Sentía mucha sed, y necesitaba tomar algo para ese molesto dolor de cabeza. Se dirigía a la puerta para salir de la habitación, rumbo a la cocina, cuando se percató del ruido en el exterior. Alguien estaba en su departamento. Incluso se escuchaba una suave música de fondo. ¿Era Steve? No podía creer que seguía allí. Steve siempre veía lo bueno en los demás, y por ello debió de haber creído que ninguna otra razón, salvo el afecto amical, motivó aquel beso. Suspiró, un poco aliviado, pensando en que sus sentimientos por él de esta manera quedarían ocultos y a salvo. Respirando profundamente, abrió la puerta y se dirigió a la cocina.

Allí encontró a Steve, ocupado al parecer preparando algo de comer, dándole la espalda concentrado en su labor. Se quedó contemplándolo en el umbral de la puerta, se veía muy tranquilo y cómodo en el lugar, como si ayer no hubiera pasado nada, lo cual era un alivio. Steve giró a los pocos segundos y finalmente lo vio.

— ¡Bucky! —dijo Steve, sonriente—. Al fin despertaste. Te perdiste el desayuno. Pero el almuerzo estará listo pronto. ¿O quieres comer algo antes?

La mirada de Steve era tan luminosa aquella mañana, se veía distinto, radiante, y lo miraba directamente a los ojos. Bucky no pudo sostenerle la mirada por mucho tiempo, temía a lo que aquella diáfana mirada pudiera hallar en su interior, temía que descubriera sus más profundos y silentes deseos, su dolor y su amor por él.

— Steve... todavía no tengo hambre, —respondió Bucky, entrando en la cocina lentamente, con la mirada baja— pero necesito un par de aspirinas.

— Siéntate, te las traeré —dijo Steve mientras se dirigía a buscar las susodichas pastillas a la alacena. Al hallarlas, volvió a su lado y se dedicó a examinar la apariencia de su amigo, quien se hallaba sentado ante la mesa, con la mirada perdida—. Te ves terrible. Ayer bebiste demasiado. ¿A dónde fuiste?

Bucky simplemente guardó silencio, no quería delatarse a sí mismo hablando sobre su tortuosa noche tras enterarse de su compromiso con Stark. Ante el silencio, Steve suspiró.

— Está bien si no quieres decírmelo —dijo Steve a la vez que le entregaba las pastillas y un vaso con agua—.

— Gracias —respondió Bucky, elevando finalmente la mirada para alcanzar los objetos, tropezando con aquellos ojos azules que no dejaban de contemplarle. Un atisbo de cielo en medio de su infierno, eso era Steve para él. No pudo resistirse a sostenerle la mirada por más tiempo de lo debido, pero la apartó repentinamente al notar la impropiedad de su comportamiento. El silencio y la tensión volvieron a reinar en el ambiente.

— ¿Querías decirme algo anoche verdad? —Preguntó, con la mirada nuevamente lejos de Steve, tratando de romper la tensión—.

Steve tomó asiento a su lado, recordando aquello de lo que pretendía hablar anoche con él.

— Eh, sobre eso, —dijo con tono vacilante— cambié de opinión. Solo era una duda, pero ahora todo está bien.

— ¿Una duda? —Preguntó Bucky, intrigado—.

— Si, sobre mi compromiso con Tony —respondió Steve, de forma un poco cerrada, aparentemente no muy cómodo con responder la pregunta—. Se podría decir que últimamente tuve dudas sobre si era lo mejor.

¿Dudas? Aquella idea se abrió paso en la mente de Bucky, causando que una pequeña llama de esperanza se avivara en su pecho. ¿Podría significar aquello el fin de su compromiso? Parecía demasiado bueno para ser cierto. Y él no solía tener suerte. O tal vez solo estaba sobreestimando sus palabras.

— ¿Y ahora estas convencido de lo que quieres? ¿Qué has decidido? —preguntó Bucky, mirándolo fijamente, quería creer que sus esperanzas eran ciertas, quería ver en sus ojos la veracidad de su respuesta.

— Exactamente, sé lo que quiero —dijo Steve, esbozando una sonrisa en sus labios—. Pero hablaremos de eso luego. Quiero preguntarte algo primero.

— Bien, te oigo —dijo Bucky, frustrado e insatisfecho con su respuesta—.

— ¿Has tenido últimamente nuevos recuerdos? ¿Memorias de nuestros días en la guerra o antes de ello?

— No, ¿por qué lo dices?

— No es nada —dijo Steve, suspirando—, es solo que extraño tanto los viejos tiempos. Cuando solo éramos tú y yo y nada más nos preocupaba. Pero todo ha cambiado, y el pasado no volverá jamás.

— Mi pasado siempre estará allí, asechándome —respondió Bucky, con tono melancólico y reflexivo—. Esperando el momento indicado para volver, atacarme y acabar conmigo.

— No digas eso —dijo Steve, colocando una mano sobre el hombro de su amigo, captando su atención, provocando que nuevamente sus miradas se cruzaran—. Jamás permitiría que algo así te pasara. Ahora que te he recuperado, no permitiré que nada nos vuelva a separar.

Aquel gesto afectuoso, aquellas palabras... ¿Por qué tenía que torturarlo de esta manera? Ardía en deseos de abrazarlo y besarlo, pero Bucky supo reprimirse y controlarse. Pero no sabía si podría controlarse por más tiempo y en ocasiones futuras. Tal vez lo mejor, como le había dicho Natasha la noche anterior, era separarse de él. No le hacían bien las muestras de interés por parte de Steve, solo alimentaban las esperanzas por un amor que jamás podría surgir. Y en el proceso ambos saldrían heridos.

— Pides demasiado, Steve —dijo Bucky, mientras se ponía de pie, separándose de él, dirigiéndose a la ventana. Fijó su mirada en una bandada que atravesaba el sombrío cielo otoñal, emigrando. Para él también era tiempo de partir—. No sabes lo que pasará mañana, o en los próximos meses... No hay garantía de que sigamos con vida más allá del presente. Incluso, sin pensarlo, lo que me separe de ti puede no ser la muerte o las sombras de mis actos... —dijo esto sin pensarlo demasiado, luego sintió que estaba precipitando los asuntos. Debía decirle que se iría con mayor tacto, pero eso no era lo suyo. Tal vez debería decírselo otro día, con mayor calma—. Lo siento, estoy divagando. Creo que necesito aire.

Intentó dirigirse a la puerta, quería salir y pensar en cómo decírselo, pero antes de que pudiera alejarse más, Steve se levantó y lo sujetó con fuerza del brazo.

— Bucky, mírame —pidió Steve, seriamente preocupado por la conducta de Bucky—. ¿Qué es lo que sucede? Necesito saberlo.

Bucky comprendió entonces que si todo debía terminar, terminaría esa noche. Levantó con lentitud la mirada, aquellos ojos llenos de secretos que temía fueran revelados...

— Steve, tu eres un buen hombre. No ves lo que hay en mí. Yo veo lo que hay en mi interior, y me causa aversión lo que hice y lo que deseo hacer. Es mejor que tomemos caminos separados —dijo Bucky con la voz apagada, mientras intentaba soltarse del agarre de Steve—. Suéltame, debo irme...

— No lo permitiré —respondió Steve, sujetándolo de ambos brazos, con mayor fuerza para evitar que escapara—. No quiero perderte de nuevo, ¡mucho menos después de lo de ayer!

— ¿Ayer? —preguntó Bucky, sorprendido, dejando de forcejear para liberarse—.

— Si, Bucky, ayer al fin comprendí lo que realmente quería —soltó uno de sus brazos, y llevó su mano a una de las mejillas de Bucky, acariciando su rostro con ternura. Suavizando el tono de su voz, prosiguió—. Te quiero solo a ti, no seré feliz a menos que estés a mi lado, te amo...—se apoderó de los labios de Bucky, un beso suave y que transmitía todo su afecto por él—.

Bucky se recuperó de la sorpresa inicial y correspondió el beso, de forma levemente más apasionada, aún sin comprender del todo la situación, pareciéndole todo aquello un sueño del cual nunca quería despertar. Se separaron luego de un largo rato, respirando agitadamente. Aún había mucho que aclarar.

— Steve, ¿que hay sobre Stark? —preguntó Bucky, serio, lanzándole una mirada inquisitiva—.

— Cancelare la boda —respondió Steve tranquilamente, como si lo hubiera meditado y decidido hace mucho tiempo—.

— Pero creí que lo amabas —Bucky no podía creerlo. Hubiera jurado que Steve adoraba a Stark. Nunca vio un mínimo indicio que le hiciera creer lo contrario—.

— No, le tengo cariño, e intenté amarlo, traté de corresponderle, juro que lo intenté —suspiró, y luego le dedicó una afectuosa mirada a Bucky— pero no podía sacarte de mi mente. Y tú, por otro lado eras tan distante conmigo... Y no recordabas aquello...

— ¿A qué te refieres?

— Durante la guerra tú y yo... fuimos amantes. Yo creí que habías olvidado para siempre lo que sentías por mí, pero anoche... esa caricia tuya me recordó aquellos momentos que compartimos hace tanto tiempo. Solo bastó un beso tuyo para que deseara abandonar todo, escapar contigo. El amor nunca muere. Y en mi corazón sigue intacto aquel fuego. Dime que no me equivoco, dime que sientes lo mismo.

Steve esperaba ansioso su respuesta. Bucky solo pudo responderle con un beso, cálido y lleno de amor. Guardó silencio sobre su dolor pasado. No quería opacar la felicidad del momento con sus antiguos pesares, ni hacerle sentir culpable por lo que había sufrido.

Después de todo, el largo e infausto camino hasta ese momento, aun con sus pesares y adversidades, había valido la pena, pues el amor es el mayor riesgo y la mejor recompensa.


Notas finales:

Y después de mil años estoy actualizando esta historia. Gracias por sus comentarios aquí y en Ao3 (archiveofourown works/5285522)

Lamento el retraso pero las clases en doble turno y los exámenes no me dejaban ni respirar. Espero les haya gustado el final de esta angustiante mini historia :D Prometo estar más activa en el fandom (o mejor no prometo nada XD)

Los veo en la siguiente historia :)