El sol se escondía lentamente y la suave brisa despeinaba un poco el castaño cabello de Remus que caminaba en silencio junto a Madame Pomfrey hasta el sauce boxeador donde la mujer suavemente apretó un nudo de raíces que sobresalía haciendo que el árbol dejara de atacar a los intrusos; Harry los observo en silencio y los siguió por el oscuro pasadizo hasta salir en el interior de la casa destruida.

-Parece que la vez pasada jugaste demasiado – susurro la mujer viendo los destrozos nuevos del lugar, el chico solo suspiro con dolor sin querer imaginarse a el mismo siendo una bestia.

-La puerta no aguanto… esa vez desperté aquí, por suerte, la trampilla esta hechizada – Remus no la miro, no tenía el valor de verla aunque esta no la mirada con miedo; de hecho, como Harry suponía a la mujer le dolía muchísimo que ese pequeño tan bueno y amable tuviera que pasar por todo esto y aunque él no quisiera ella podía ver su dolor –Buenas noches, Madame Pomfrey… muchas gracias por todo – fue lo último que susurro el niño antes de desaparecer escaleras arriba.

La mujer suspiro y salió del lugar en silencio mientras Harry seguía a su viejo amigo hasta la misma habitación de la vez pasada; con lentitud casi pasmosa Remus comenzó a quitarse sus ropas dejándolas escondidas en un destruido armario aunque se quedó con sus calzoncillos puestos y se sentó en silencio en la cama esperando su karma que ya comenzaba a hacer estragos en su cuerpo que sudaba frio; Harry se sentó a su lado y lo miro con dolor, deseaba con todas las fuerzas que su viejo amigo al que ahora lo veía en la edad de su ahijado no tuviera que sufrir todo ese dolor, deseaba poder hacer algo para detenerlo pero era simplemente inútil.

No paso mucho tiempo antes de alguna especie de dolorosos calambres comenzaran a atravesar el cuerpo del pequeño que se doblaba en la cama apretando con fuerza los puños y la quijada para no desgarrar su garganta antes de tiempo; cuando los dolores comenzaron a ser más fuertes mordió la sabana mientras sus manos se aferraban a la cabecera de la cama que ya tenía bastantes marcas de garras en la madera; Harry escucho pasos silenciosos acercándose y sonrió levemente poniéndose de pie para pararse en una esquina alejada donde pudiera ver todo.

La puerta se abrió lentamente y Remus se puso pálido, bueno, más de lo que ya estaba; James, Sirius y Meli entraron al lugar vistiendo ropas ligueras –Hola Remy – saludo con simpleza el pelinegro sonriendo de lado.

-¡¿Qué carajos hacen…?! – el dolor lo hizo caer de golpe al piso cuando había intentado acercarse a su amigos para correrlos del lugar.

Meli se acercó corriendo –Remus… – susurro acariciando suavemente su cabello castaño ya empapado por su sudor.

Remus aventó la mano de su amiga de un manotazo –¡Lárguense de aquí! – gruño con fuerza sintiendo como estaba a punto de comenzar –¡Rápido! – gruño antes de doblarse en posición fetal en el piso.

Meli se acercó a sus amigos que observaban todo con seriedad, ella ya tenía sus ojos llorosos y suavemente James la abrazo un momento –Tendremos tiempo para llorar después ¿ok? – la pequeña solo asintió.

Remus soltó un alarido al fin sintiendo como el primer hueso salía de su lugar con un gran tronido –¡LARGUENSE! – gruño con una voz que ya no se escuchaba tanto como él.

-Rápido… a cambiarnos – James miro a sus amigos y estos rápidamente se quitaron toda la ropa, excepto su ropa interior; Remus los observo con pánico y cuando estaba a punto de gritarles de nuevo ahora fue turno de que sus rodillas se destrozaran callándolo, los chicos se quedaron en silencio sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas mientras observaban como su amigo agonizaba en el piso gritando de dolor ya que todos sus huesos salían de su lugar para reacomodarse al igual que sus tendones, cada vertebra de su columna salió de su lugar escuchándose como una especie de metralleta haciendo que el chico se doblara de una manera nada humana, sus piernas ya eran bastante lobunas y el pelo brotaba por todas partes.

-Debería estar orgulloso… ya tiene pelo en pecho – susurro Sirius intentando a hacer reír a sus amigos que solo asintieron dándole la razón.

-Si lo piensas tú también tienes bastante – agrego James haciendo sonreír un poco a Sirius que asintió.

Las manos de Remus se convirtieron en garras que rasgaron el piso con tal fuerza que el ruido atravesó los oídos de sus amigos que volvieron a centrar su completa atención en el casi lobo que estaba frente a ellos; los ojos miel se fijaron en los chicos y con fuerza gruño amenazando con lanzarse sobre ellos pero después los miro en una súplica silenciosa antes de gritar con todas sus fuerzas ya que su rostro dejaba de ser de un humano para convertirse en el de una bestia –Cornamenta creo que debemos cambiar – susurro Meli abriendo la puerta y dando un paso hacia atrás junto a Sirius que jalo suavemente el hombro de su amigo.

-Creo que… – James apenas dio un paso hacia atrás causando el crujir de la madera bajo la planta de su pie, esto llamo la atención de la bestia frente a ellos y ahora los miro por un segundo dejando claro que su amigo ya no estaba al control –¡Cambien ahora! – grito el azabache; Meli dio varios pasos hacia atrás y se concentró al mismo tiempo que Sirius; Remus dio un gran salto sobre James que por suerte pudo evitar que sus garras le causaran algún daño y cayeron al piso, clavo sus pies en el pecho del lobo y con todas sus fuerzas junto al impulso lo lanzo por los aires viendo a centímetros de su rostro los colmillos de su amigo.

Harry estaba simplemente congelado observando como el lobo salía volando y después un gran destello dorado ilumino el lugar dejándolo respirar de nuevo; Remus en cuanto su espalda toco el piso se dio la vuelta intentando ir de nuevo contra su presa pero con sorpresa observo que en su lugar estaba un ciervo con sus pequeñas astas en crecimiento, se notaba la confusión en su mirada y de golpe un perro negro lo empujo por la espalda haciéndolo dar la vuelta para luego brincar a su alrededor juguetonamente hasta detenerse junto al ciervo, en ese momento, la águila se paró sobre su cabeza y sin muy poca amabilidad lo picoteo haciéndolo gruñir pero ya tenía su atención así que levanto el vuelo lo suficientemente alto para que no le diera un zarpazo y comenzó a volar por todo el techo; el lobo la miraba sin entender hasta que el perro y el ciervo pasaron a su lado corriendo empujándolo levemente indicándole que la persiguiera, y sin más comenzaron a jugar.

Harry salió al pasillo y con una pequeña sonrisa plasmada en su rostro observo como corrían por toda la casa sin importarles romper una que otra cosa en el camino, el lobo al principio parecía tener la firme decisión de comerse a la pobre águila que en algunas ocasiones tenía que elevar mucho el vuelo porque este brincaba pero a la vez el perro y el ciervo lo mordían amigablemente jalándolo hacia abajo, con el tiempo se acostumbró y su mirada dejo de ser de cazador para volver a ser la misma mirada miel de Remus cuando se divierte pero de pronto el hombre se tensó al ver como la trampilla se levantaba lentamente dejando ver el cabello rubio de Peter que se asomó a ambos lados abriendo completamente la trampilla.

El lobo que se encontraba en la cocina detecto el aroma casi enseguida mientras el regordete niño dejaba lo más rápido posible cuatro paquetes en el piso cerca de él pero no pudo evitar temblar al escuchar las pisadas rápidas que se acercaban, el lobo soltó un fuerte aullido al ver al niño que no se movió ni un poco y lo observo acercarse corriendo hacia él, cuando sentía que todo se iba al carajo el ciervo y el perro aceleraron ganándole la delantera al lobo; el primero dio la vuelta y con todas sus fuerzas tacleo al lobo que gruño pero sin atacarlo aunque su mirada estaba más fija en el niño que en el animal pero suavemente el perro le mordió un costado llamando su atención y brinco de nuevo a su alrededor llamando por completo su atención para salir disparado hacia el piso superior seguido del lobo que por un momento dudo pero luego lo siguió.

Peter suspiro y miro al ciervo que lo empujo levemente con su hocico –James creo que me orine – susurro apenado mientras el ciervo parecía hacer un gesto de asco al mismo tiempo que daba un paso hacia atrás –Los veo mañana – gruño el rubio y sin más desapareció bajo la trampilla.

El ciervo se sentó tranquilamente ahí y la águila bajo parándose sobre sus pequeñas astas, el escándalo de los otros dos jugando en el piso superior los hizo saber que destrozaron otra habitación o específicamente la cama pero luego ambos peludos bajaron corriendo tacleándose al dar la vuelta para ir hacia donde estaban los otros dos tranquilamente; el lobo los miro confundido en especial a los paquetes que estaban ahí, suavemente el ciervo abrió su servilleta con sus patas jalando cada lado y dejo a la vista unos panecillos así como una especie de botella de agua bastante grande.

El lobo hizo la cabeza de lado bastante confundido y miro con atención como el ciervo repetía el proceso en otro paquete que contenía también un pequeño tazón lleno de agua cubierto de plástico que se rompió bajo las garras filosas del águila que bebió torpemente y observo de reojo su panecillo, el lobo estaba más que confundido hasta que el perro le empujo su paquete frente él y tomo el propio con el hocico destrozando casi la servilleta con sus colmillos y patas mientras el lobo lo imitaba sin dejar de verlo en ningún momento; sorprendido observo los pastelillos que aparecieron frente a él y con desconfianza los olfateo mientras el perro frente a él ya se tragaba casi entero uno al igual que el ciervo y la águila hacían lo propio, el lobo lentamente mordió uno y en su mirada se pudo ver cómo le gustaba el sabor.

Harry sonrió aunque estaba interesado en saber cómo funcionaban las botellas de agua y cuando vio que el perro le clavaba sus colmillos absorbiendo torpemente su contenido no pudo evitar pensar en vampiros muggles; el lobo los imito aún más torpemente pero parecía bastante interesado en sus nuevos amigos, así fue como la primera cena lobuna paso en tranquilidad. Cuando todos terminaron se quedaron echados un gran rato reposando la comida tranquilamente aunque al aburrirse el perro comenzó a morderle las plumas a la águila que lo picoteaba varias veces en la cabeza para que la dejara en paz pero era inútil; después, el ciervo comenzó a morderle los pelos al lobo haciéndolo gruñir pero no parecía querer lastimarlo así que lo mordía en las pesuñas para que lo dejara en paz hasta que simplemente la guerra comenzó y todos comenzaron a pelear jugando, bueno, al menos hasta que el lobo casi si traga entera a la pobre águila que fue dejada en libertad lentamente y salió completamente cubierta de baba haciendo que el perro soltara una carcajada bastante graciosa pero muy parecida a la risa original de Sirius.

El perro y el lobo parecían que se entendían a la perfección y jugaban bastante rudo hasta que el lobo le dio una mordida en el lomo con tal fuerza que el chillido de dolor escapo del hocino del perro, enseguida el ciervo tacleo al lobo haciendo que soltara a su amigo y para sorpresa de Harry pudo ver en los ojos miel del animal como este se sentía mal; por un rato se quedó quieto en una esquina de la sala observando a los otros animales que simplemente lo miraban confundidos hasta que esté al fin se movió, con suavidad se acercó y se echó junto a ellos y cuando vio que no lo rechazaban suavemente lamio la herida que había provocado en el perro que saco la lengua con asco pero no se quitó.

Los animales y Harry estaban simplemente congelados viendo como en alguna parte dentro de esa bestia todavía había un poco de la esencia de Remus; cuando el día comenzaba a llegar los animales volvieron a correr por todos lados cansando al pobre lobo que lucía más que fatigado y cuando notaron que ya estaba por terminar la noche lo guiaron de nuevo a la habitación donde todo había comenzado; se echaron en silencio todos en la cama, uno junto al otro dejando al lobo en medio con el águila posada sobre su cabeza y este restregó su cabeza con cariño y amabilidad contra el perro y el ciervo que aceptaron hasta regresaron el gesto, el águila que se tuvo que posar frente a él recibió una gran lamida que la empapo de nuevo pero esta vez no le importo y con cariño clavo sus ojos verde grisáceos en los miel que la observaban hasta que suavemente el sueño venció al lobo sumiéndolo en la oscuridad total siendo la primera noche que no deseara que esta lo cubriera con su manto, porque esta noche había sido feliz como bestia dejando que su blando corazón de humano también lo fuera.