La luz del sol atravesaba los espacios dejados entre las maderas que tapiaban las ventanas y se estrellaba contra el rostro de Remus que gruño levemente moviéndose en la cama polvorienta que por alguna razón ahora disfrutaba casi igual que la cama de su habitación en el interior del castillo; sus sentidos aun eran un poco lobunos así que en cuanto escucho que la trampilla se abría sus ojos hicieron lo mismo con total alerta, no tenía que concentrarse demasiado para saber quién era pero cuando se vio completamente desnudo no pudo evitar sonrojarse corriendo a ponerse al menos su pantalón encima.
La puerta se abrió y para sorpresa de Madame Pomfrey el chico ya estaba despierto moviéndose con un poco de dolor pero no demasiado para impedir que él se colocara casi su ropa a totalidad –Buen día, Madame – Remus le sonrió levemente sentándose en la cama para atar los cordones de sus zapatos.
-Señor Lupin luce muy bien esta mañana –.
-Lo sé… me duele un poco el cuerpo pero es como si solo me hubiera pasado de ejercicio – el chico se puso de pie completamente listo.
-Me alegro mucho y por lo que veo esta vez no se lastimo mucho, eso es bueno – la enfermera suavemente le sonrió –Vamos, debe tener mucha hambre –.
-Lo cierto es que no… tengo hambre pero como todas las mañanas –.
La enfermera lo miro extrañada pero no pudo evitar sonreír mientras comenzaban a caminar por el pasillo hasta llegar a las escaleras, las bajaron con lentitud pero de pronto cuando la vista de Remus sin querer paso por la sala su mente sufrió una especie de flashazo de el en su forma bestial con otras criaturas –Es imposible – susurro solo para el confundido.
-Parece que se divirtió mucho esta noche –.
-¿Por qué lo dice? – susurro el confundido mirándola y ella le señalo con la mirada las viejas cortinas color mostaza del lugar que se encontraban tiradas en el piso desgarradas pero no con violencia y de pronto otro flashazo atravesó su mente mostrándole a su bestia jaloneando las cortinas por todos lados junto a un perro negro.
-¿Vamos? – Madame Pomfrey ya se encontraba en la trampilla y al hablar saco al castaño de sus pensamientos que estaban más que revueltos pero asintió siguiéndola.
En la habitación de los chicos las cortinas aún estaban corridas evitando la luz del sol que intentaba colarse con todas sus fuerzas pero era simplemente imposible; Peter era el único que estaba en su cama mientras sus otros amigos estaban en el piso recostado el uno sobre el otro, James era el único que tenía su cabeza sobre una almohada hecha de zapatos y ropa que había encontrado tirada, Meli estaba recostada sobre el abdomen del chico y sobre su abdomen recostado boca abajo estaba Sirius que gruñía levemente; no pensaban despertar muy pronto y eso se notaba.
Harry suspiro aburrido viendo como la imagen cambiaba para estar ahora a lado de Remus que había sido puesto a dormir de nuevo con una que otra bandita en el rostro cubriéndole los pocos rasguños que se había hecho pero de pronto todo dio vueltas encontrándose ahora en el gran comedor junto Allegra que almorzaba tranquilamente junto a sus amigas.
-¿Saben? Creo que Alex está enojada conmigo – susurro la rubia mirando de reojo a su hermana que comía tranquilamente riendo con sus amigas.
-¿Por qué lo dices? – pregunto Marle dejando su vaso de agua sobre la mesa.
-¿Le hiciste algo? – esta vez la que preguntaba era Lilly que bajo lentamente su libro fijando sus inquisidores ojos esmeraldas en su amiga.
-No tengo ni idea… cada que quiero hablar con ella me evita o simplemente me ignora, no tengo idea que le pasa por la cabeza a esa niña – gruño Allegra metiéndose una gran cucharada de gelatina en la boca.
Un gran estallido llego de las afueras del gran comedor haciendo que hasta los profesores se levantaran de golpe con sus varitas en sus manos; las puertas se abrieron dejando entrar a tres chicos de quinto grado de Slytherin que corrían como locos con tres enormes plantas sobre sus cabezas que según parecía se los querían comer, todo el gran comedor comenzó a reír mientras estos corrían en círculos intentando quitárselas de encima con la profesora Sprout corriendo tras ellos –¡No les hagan daño… son buenas! – gritaba la profesora mirando con terror como los chicos golpeaban a las plantas para que los soltaran, el gran comedor siguió riendo.
-Demonios… Jimmy y Sirius tenían razón – se quejó Gideon empujando levemente a su hermano.
-Lo sé, deberían estar viéndolo – Fabian reía a carcajadas empujando al pobre de Frank que intentaba beber un poco de su zumo pero ya la mayoría estaba sobre sus pantalones.
-¿Y dónde están los genios? –gruño al fin Frank dándose por vencido, bueno, dejando su vaso vacío sobre la mesa.
-No tenemos idea – respondieron los gemelos.
Lilly los miraba de mala manera mientras Allegra y Marle aun reían viendo a los pobres chicos que eran bien conocidos por sentirse unos galanes y ahora estaban cubiertos de baba verde o con una planta que se aferraba a sus cabellos para no soltar a su presa pero fueron simplemente sacados del gran comedor.
Las risas poco a poco desaparecieron y todos volvieron a sus asuntos o platicas por supuesto agregando que los chicos eran geniales –Tal vez besaste a su novio y te vio – dijo sin pensar Alice mirando a la rubia que simplemente se congelo cuando iba a meter otra cucharada de gelatina en su boca; sus amigas congeladas miraron su rostro aterrorizado y el de ellas rápidamente se transformó.
-¿Besaste a Black? – soltó casi gritando Marle haciendo que al menos los gemelos escucharan y voltearan casi rompiéndose el cuello, Lilly y Alice estaban simplemente congeladas.
-¡Mierda! – Allegra dejo caer su cuchara contra la mesa provocando un escándalo al mismo tiempo que se ponía de pie a toda velocidad y salía corriendo, sus amigas enseguida la siguieron completamente confundidas e interesadas.
Frank y los gemelos las observaron salir y hasta mucho tiempo después siguieron mirando las puertas de robles cerradas –Disculpen – los tres voltearon encontrándose casi con terror frente a una pequeña Rita Skeeter de 12 años con sus acostumbrados rulos rubios perfectamente sólidos, su mirada aguileña o mejor dicho de ave de carroña y por supuesto su tonta pluma verde acido en mano y en la otra una libreta –¿Es cierto lo que escuche? – susurro con su voz melodiosamente odiosa que hizo hacer muecas en los chicos incluyendo al pobre Harry.
-¿Qué escuchaste? – pregunto Frank amablemente.
-Pues que Allegra Slone se besó con Sirius Black – dijo con obviedad molestando a todos que se quedaron en silencio –Soy una reportera oficial del Hogwarts Post – sonrió manipuladoramente sacando un gruñido de Harry.
-¿El qué? – Fabian la miro confundida haciéndola gruñir.
-El Hogwarts Post es un periódico de la escuela… mira aquí tengo una copia para cada uno – les entrego a cada uno un periódico y con solo ver el titular que situaba "Amor Diggory engaña a la hermosa Sabine Clark con su mejor amiga" supieron que tipo de cosas encontrarían en el interior.
-Escuchaste mal… Allegra tuvo su primer beso con su prometido James Potter – respondió Gideon con una gran sonrisa mientras Frank casi lo mataba con la mirada.
-Ohhh muchas gracias por la aclaración – por la mirada de Rita al irse, Harry supo enseguida que no se lo había tragado.
-Serás idiota – gruño Frank en voz baja.
-Tranquilo, que sin duda es mejor a que tenga otro titular como este solo que con Allegra, Sirius y James en el – se defendió Gideon lanzándole el periódico a su hermano que lo hizo levitar transformándose lentamente en una flor de hoja blanca que llego hasta una chica a la que le sonrió coquetamente y ella se sonrojo agradeciendo el detalle.
-10 puntos para Gryffindor – susurro Dumbledore ya que había visto la transformación y aunque por un momento McGonagall lo miro mal suspiro asintiendo.
Las vueltas transportaron a Harry hasta una imagen difusa donde Remus se veía a su mismo quitándose la ropa… comenzando su dolor y de pronto frente a él sus amigos sonriéndole… un ciervo, una pequeña águila y un perro negro que se rio igual que su amigo pelinegro.
Remus abrió los ojos de golpe en una cama de la enfermería y con pánico, sintiendo como lentamente su sudor se deslizaba por su frente –Madame Pomfrey ¿puedo irme? – susurro sabiendo perfectamente que la enfermera lo escucharía ya que su camilla de siempre estaba junto a su escritorio.
-Te encuentras casi perfectamente así que no veo que haya problema… pero descanse un poco más, señor Lupin –.
El chico ni la escucho simplemente se puso los zapatos a toda velocidad para luego salir corriendo –Gracias por todo – se escuchó ya casi de fuera de la enfermería donde Poppy sonrió; corrió lo más rápido que podía sintiendo como el miedo lo invadía, sintiendo como las lágrimas comenzaban a llenar sus ojos, sintiendo como el adiós estaba tras la puerta de su habitación a la que ya había llegado sin saber cómo.
Abrió con lentitud y ahí aun tirados sobre el piso se encontraban sus tres amigos, Peter ya no estaba en su cama ya que había ido por comida para él y los cansados que estaban durmiendo tranquilamente uno sobre otro; podía ver el semblante normal de todos pero confundido vio que Sirius que usualmente dormía moviéndose mucho ahora no lo hacía y cuando este volvió a acostarse sobre Meli boca abajo pudo ver el porqué, en su espalda desnuda podía ver una marca roja ya más morada que era perfectamente la forma de una mordida y sintió como otro flashazo lo golpeaba con todas sus fuerzas al mismo tiempo que las lágrimas viajaban por su rostro.
Lloro con dolor, con desesperación mirando la herida de su amigo que él había hecho y se sintió la peor basura; ni siquiera había terminado de llorar cuando comenzó a empacar sus cosas.
-Remy ¿Qué haces? – susurro Meli adormilada observándola de reojo, el castaño no tenía cara para verla y por supuesto menos para hablarle pero cuando ella vio lo que metía a su baúl entendió enseguida saltando de su lugar provocando que Sirius cayera casi de cara en el piso despertándolo por la fuerza.
-¡¿Qué demonios?! – gruño molesto levantándose.
-Remy ¿Por qué empacas? – Meli intento detenerlo sosteniendo sus manos pero este se hizo a un lado lejos de ella, en ese momento Sirius noto lo que pasaba y removió a James que también despertó con un gruñido.
-El peludo está empacando – susurro el pelinegro haciendo que el azabache se pusiera de pie como si trajera un resorte por dentro.
-Remus ¿Qué haces? – James lo miro con ojos dormidos pero poco a poco se fueron abriendo más mientras su molestia crecía, Sirius seguía sentado en el piso observando todo –¡Demonios Remus! Te estoy hablando – gruño haciendo que su amigo se detuviera.
-Empaco – respondió en voz casi inaudible el castaño haciendo gruñir a sus tres amigos.
-Eso podemos notarlo… pero… ¿Por qué Remy? – Meli intento de nuevo acercarse pero este se alejó.
-Porque lo saben –.
-¿Qué sabemos? – James se quitó la playera sucia y la lanzo al piso junto a las demás como si nada pasara.
-¡Maldita sea!... ¡Saben que soy un monstruo… una abominación que los ataco! – grito con todas sus fuerzas Remus sintiendo como más lagrimas resbalaban por su rostro.
Los tres amigos lo miraron con tristeza –Tú no eres eso – Meli lo miro con ternura.
-Claro que si –.
-Te juro que no – agrego James.
-¡Carajo, que sí! – Remus los miro con dolor.
-Yo solo sé que eres peludo y grande, es todo – Sirius sonrió de lado poniéndose de pie.
-¡Déjense de estupideces! ¡Te mordí! –.
-Cierto… pero ¿qué es una mordida entre amigos? mira – sin más Sirius se lanzó a morder a James en el hombro haciendo que este gritara.
-Demonios canuto que muerdes fuerte – gruño James sobándose mientras el pelinegro reía perrunamente.
Meli suspiro y suavemente abrazo el brazo de Remus que estaba confundido mirando a sus amigos –Nosotros somos tus amigos y aunque algunos parece que se cayeron de cabeza de chiquitos siempre estaremos juntos – susurro la chica provocando que el la mirada sonriendo levemente.
-Pero soy un animal –.
James de golpe se unió al abrazo –Claro que si… pero quien no ama que su amigo tenga más pelo que el – dijo riendo.
-Y si lo piensas todos somos animales – agrego Sirius antes de que un gran brillo dorado iluminara la habitación para que luego un perro negro se lanzara sobre los tres lamiendo las caras de todos al haberlos tirado en el piso.
Remus estaba sorprendido viendo firmemente los ojos plateados de su amigo ahora en ese can que lo miraba juguetonamente –Así como aun puedes ver a Sirius en el interior… nosotros también te vemos en el interior del peludo… así que el peludo también es nuestro amigo y no nos alejaremos de ti solo porque te guste la cerne cruda – susurro James sonriendo, el castaño no pudo más y sonrió con ojos llorosos abrazando con más fuerza a sus amigos incluyendo al que movía la cola, de golpe la puerta se abrió y por ella entro Peter cargado de comida.
-¡A desayunar! –Peter dejo todo en el piso sentándose tomando un pastelillo, todos se acercaron con rapidez menos Remus que miro al pequeño rubio con duda no sabía cómo se lo tomaría el –Vamos Remy, te traje un poco de carne en cada termino hasta crudo – el pequeño regordete le sonrió a su amigo que se acercó con una sonrisa en su rostro y se sentó a su lado despeinándolo un poco; todo era calma mientras comían pero de pronto Remus sintió que algo le acariciaba el hombro y al voltear se encontró con la cola larga de Peter.
-¿Qué demonios es esto? – susurro a punto de pincharla con el tenedor.
-¡No! – Peter la abrazo protegiéndola mientras sus otros amigos reían.
-Rem necesitamos un poco de ayuda –agrego James aun riendo.
