Harry apareció en el momento en que los chicos depositaban suavemente en el piso a su amigo que no lograba recuperar la conciencia por más que estos lo animaran con palabras de aliento que parecían perderse en el vacío del lugar. Y por un momento se detuvo. Miro detenidamente al rubio que respiraba con dificultad a causa de todo el sufrimiento que no se limitaba al mágico, los golpes y hasta los latigazos que su piel sangrante mostraba eran horrendos hasta el punto que silenciosamente agradeció no haberlo presenciado.
Su padre al que momentos antes había visto con una sonrisa deslumbrante surcando su rostro ahora este se había nublado con una expresión helada mirando a la nada mientras limpiaba sus manos contra su pantalón intentando inútilmente quitar la sangre que ellas había aun cuando su mejilla tuviera un manchón y su camisa se encontrara pintada como si con una brocha lo hubieran atacado, sin duda desearía que todo ese rojo viniera de un tonto juego. Sirius apretaba los puños con tal fuerza que gotas de su propia sangre caían al piso, su mirada llena de dolor y furia revisaba cada centímetro del lugar esperando encontrar cualquier cosa que le indicara quien era el culpable, hacia donde tenía que dirigir su furia. Pero simplemente no había nada.
-No podemos esperar – susurro James mirando a todos lados buscando algo que simplemente parecía no hallar.
-Ok… – respondió Sirius con una especie de gruñido silenciado y por primera vez en todo este tiempo Harry pudo reconocer una leve sombra de odio que había observado en contadas ocasiones luego de que el hombre escapara de prisión.
Remus corrió con todas las fuerzas que tenía y las que no también ya que la luna se acercaba pero no importaba, lo único que pensaba y rogaba en silencio es que el pudiera soportar su tardanza. Todo pasaba en su mente en cámara tan lenta que la desesperación llenaba cada poro de piel enloqueciéndolo. Abrió la puerta del gran comedor casi tacleándola y por un momento se quedó inmóvil al escuchar todos los gritos, quejidos y demás que los alumnos hacían ya que se encontraban bañados en una dudosa mezcla que bien sabia era autoría de James, Sirius y un toque de Peter pero que Peeves había sido encargado de soltar sobre el baile. Por un momento se permitió sonreír un segundo imaginando las risas que sus amigos podrían tener al ver esa imagen tan caótica pero con dolor también recordó porque se encontraba ahí.
Atravesó el salón sin importar los gritos o el hecho de casi caer el al piso por lo resbaloso del piso; se acercó a la profesora McGonagall que le gritaba sin parar al poltergeist que se carcajeaba flotando en el cielo estrellado burlándose de todos.
-¡Profesora venga conmigo! – grito Remus desesperado apenas se encontró frente a ella.
-Ahora no es un buen momento, Sr. Lupin – la profesora no lo miro siquiera así que no pudo ver la poca sangre que había caído sobre el pegándose a su camisa blanca pero Dumbledore si y se acercó corriendo.
-Sr. Lupin ¿Qué paso? – Harry reconoció esa mirada profunda en su mentor y supo que mientras su rostro iba palideciendo las imágenes que el chico había visto ahora estaban también en la cabeza del hombre que con una agilidad sorprendente comenzó a correr sin esperar a que el castaño le dijera una sola palabra.
El pasillo se encontraba solitario en su totalidad mientras ambos chicos con todas sus fuerzas cargaban una especie de camilla que ellos mismos habían creado con el estandarte de la escuela, lo único útil del aula que pudieron utilizar. Harry podía ver la desesperación en sus rostros junto al miedo que se agolpaba a su alrededor. Un camino de sangre goteante de la mano caída de Peter los perseguía pero para su alivio la enfermería ya lucia tan cercana que solo reaccionaron a acelerar el paso rogándole a todos los dioses que Madame Pomfrey se encontrara en el interior, ninguno creía que su amigo pudiera esperar más.
Apenas James le dio una patada a la puerta para abrirla ya que sus manos se encontraban ocupadas y el profesor Dumbledore apareció a toda velocidad por el pasillo seguido por Remus que ya sudaba.
-¡Poppy! – grito con todas sus fuerzas el profesor apuntando su varita al cuerpo del pequeño haciéndolo levitar hacia el interior donde la enfermera apareció en un puff.
-¡Por merlín ¿Qué le ha pasado?! – la mujer corrió hacia el inconsciente chico sin importarle que su vestido se manchara de sangre casi en cuanto comenzó a revisarlo.
-No lo sabemos, lo encontramos así en el aula de DCAO – dijo Remus ya que sus dos amigos se habían dejado caer en el piso por el cansancio y el shock que poco a poco comenzaba a inundar sus mentes aturdiéndolas.
-Solo iba por comida… los… emparedados de bacón y queso – susurro James sintiendo sus ojos humedecerse viendo en silencio como su amigo se debatía entre la vida y la muerte sin que él pudiera hacer nada.
-Olvidamos… lo olvidamos – agrego Sirius apretando los puños quitándose con molestia una lagrima traicionera que se deslizaba por su mejilla.
El tiempo se detuvo en cierta forma o al menos eso le pareció a Harry que sin saber cómo habían sido corridos de la enfermería y los tres chicos se encontraban esperando alguna noticia, el tiempo pasaba y Meli se unía a ellos que parecían fotografías muggles sin moverse hasta que la luz de la mañana se colaba por los ventanales dejando claro que el tiempo si había pasado.
Lilly apareció en el lugar, la noticia del ataque había resonado durante el desayuno. El chisme y los rumores más estúpidos corrían por toda la escuela pero nadie tenía el valor de acercarse a los 4 amigos que no se habían movido de la enfermería, algunos curiosos solo pasaban por el lugar para verlos con el rostro desencajado, sonrisas borradas y camisas ensangrentadas. El morbo los rodeaba pero la pelirroja no estaba ahí como turista. Sin decir ni una palabra abrazo con fuerza a James que solo se dejó hacer mirando al vacío.
-Vamos a conseguir algo de comida –.
Susurro la pelirroja jalándolo para que la acompañara en su andar y este asintió aunque más como un zombie, su alma no estaba ahí y Harry podía sentir como eso lo destrozaba al igual que a su madre que en ningún momento le había soltado la mano. Las palabras no eran necesarias, el consuelo no existía por más que lo deseara y el alivio solo podría regresárselo cuando Peter abriera los ojos con una sonrisa en su regordete rostro y las enormes ganas de un dulce.
-Lilly te he estado bus… –.
Severus Snape apareció a sus espaldas, solo la pelirroja y Harry voltearon a ver al escuálido chico que miro con asco a su amiga al notar como esta tomaba de la mano al que tanto odiaba y que ni siquiera se tomaba la molestia de voltear a verlo.
-Sev estaba con James… te veo luego – soltó con simpleza la pelirroja.
-Lilly íbamos a estudiar juntos ¿lo recuerdas? –.
-Lo sé pero ahora no es un buen momento – susurro la chica señalando en silencio con sus ojos al castaño que miraba al piso.
-Vamos… no puedes cambiarme por el – gruño Snape.
-No te estoy cambiando simplemente no es un buen momento, ya lo sabes – Lilly comenzaba a molestarse y Harry podía verlo.
-Lo dices por lo del bruto de Pettigrew… se lo merecía aunque creo que preferiría que le ocurriera a otros – Harry cerro los ojos apretando los puños y ni siquiera tuvo que voltear a ver a su padre para saber que este había reaccionado ante las palabras del chico.
-Cuidado con lo que dices Quejicus – gruño James sin soltar la mano de Lilly que suavemente lo presiono para que se relajara pero ver esta pequeña interacción le hizo hervir la sangre al Slytherin.
-Ja ¿crees que te tengo miedo a ti?... eres solo un fanfarrón inepto que no es nada sino es por el dinero de sus papis – grito Snape.
-Tu problema es que sabes que jamás podrás ser yo por más que lo quieras con todas tus fuerzas… ¡asqueroso mago de cuarta! – solo eso falto para que Snape sacara su varita y James en un rápido movimiento empujo a Lilly hacia un costado para luego evadir el hechizo, sin piedad y con todo el dolor y furia de su interior lanzo un hechizo contra el Slytherin que lo hizo volar hasta golpear contra el techo y después caer secamente contra el piso.
Harry solo miro en silencio negando con la cabeza intentando no aceptar que lo que había hecho su padre también lo haría el, no estaba bien se repetía una y otra vez en la cabeza pero al mismo tiempo algo en su interior le gritaba que merecía mas. Pero dejo de pensar porque los siguientes recuerdos silenciosos fueron los de Lilly corriendo aterrorizada hacia Snape gritándole como loca a James que la miro lleno de dolor, era el culpable y se podía ver que lo sentía pero también se podía ver como su mente no dejaba de gritar que el se lo había buscado. A la pelirroja no le importo haber presenciado todo, que Snape ofendiera o que lanzara el primer hechizo. Ella solo vio a James dejando inconsciente a su mejor amigo.
Las cosas dieron vueltas y de pronto Harry salió volando del pensadero confundido –¿Qué paso? – susurro.
-Creo que han terminado – contesto Dumbledore desde su cuadro con una sonrisa amable.
-¿Qué paso con Peter?... ¿Y mi papá? ¿Snape?... ¿Mamá? – pregunto rápidamente.
-Peter despertó 2 meses después… jamás pudo decirnos quien lo ataco – el profesor tomo aire –Tu padre fue castigado por McGonagall pero eso no basto para la familia de Severus que intento que el ministerio lo castigara fue la única vez que escuche que su padre entrara al mundo mágico, por supuesto todo para sacarle dinero a la familia de tu padre pero tu abuelo aunque era amable cuando noto que intentaban chantajearlo destrozo a la familia de Severus con los mejores abogados, según supe su familia se fue a la bancarrota intentando conseguir un abogado mejor… Y tu madre. Tu madre que no tenía buena relación con tu padre pues solo empeoro –.
Harry bajo la mirada sin entender varias cosas pero solo una idea clara llego a su mente –Usted sabía que era Bellatrix ¿Por qué no la expulso? – gruño el ojiverde mirando a su profesor que suspiro.
-Tenía una idea de su culpabilidad pero como probarlo si más de 60 estudiantes más 8 profesores la habían visto en el baile –.
-Poción multijugos –susurro Harry luego de un rato de pensarlo.
-Lo mismo sospeche pero volvía al problema de probarlo… ella ni siquiera era buena en pociones y para realizarla como ya sabrás se necesita de una buena mano – Y enseguida a Harry se le paso por la mente el rostro de Snape. El chico que quería encajar en ese mundo esmeralda donde la pureza y el dinero eran lo que daban el prestigio y el simplemente no tenía ninguno.
