Harry no sabía que suponer o imaginar pero las peores ideas siempre son seguidoras del enojo. Este que aún mantenía al recordar como el pequeño Snape era realmente una víbora por razones vagas o mundanas. El mismo había tenido que sufrir las peripecias de la falta de una cuenta bancaria tan enorme como la que a su padre le pertenecía con solo 13 años. Entendía la envidia pero al mismo tiempo la aborrecía.

El profesor Dumbledore lo observaba en silencio suponiendo todo aquello que pasaba por la mente de su pupilo y no pudo defender a su viejo compañero –Harry… no juzgues, solo eran niños.

Susurro el viejo hombre sabio calmando con su suave voz a las arrebatadas que aun controlaban al joven auror cuando el estrés era demasiado. El hombre asintió soltando un suspiro, comenzando con la tarea de regresar a su frasco ese nuevo año conocido pero al tomar el siguiente noto como solo quedaban 3 frascos incluyendo en que se encontraba en su mano. No menciono nada pero la duda ya estaba en su mente mientras el contenido platinado caía con delicadeza en el pensadero. Miro al profesor con una sonrisa leve y luego simplemente se dejó llevar por los viejos recuerdos.

No era como los demás. Eso fue obvio en cuanto apareció en ese lugar oscuro siendo rodeado por un líquido platinado parecido al que había dejado caer momentos antes. Daba vueltas a su alrededor con gran velocidad. No sabía que pasaba o porque estaba pasando y por un segundo temió que algo hubiera fallado en el hechizo de unión pero cuando comenzaba a convencerse de que realmente algo iba mal fue consiente de como imágenes se formaban borrosamente en el líquido. Los rostros sonrientes con un poco más de edad jugaban frente a sus ojos contándole en silencio su nueva historia.

Pudo reconocer a su padre junto a su padrino, Remus y al final Peter corriendo por los pasillos riendo divertidos siendo enseguida perseguidos por un pobre profesor bañado en alguna rara sustancia. U observando como varias pobres niñas de Ravenclaw gritaban aterrorizadas por una araña gigante gracias a un hechizo que trabajaba arduamente en una nueva telaraña frente a la entrada de la sala común de la casa amarilla. Ni que decir de las horribles bromas hacia los Slytherin que cada día los odiaban más y más pero lo que más llamo la atención de Harry fue que mientras se veía el crecimiento físico de los chicos también podía ver como Meli dejaba de aparecer a su lado. Las miradas tontas aumentaban con el paso del tiempo y ahora se mostraban las personalidades egocéntricas que recordaba bien.

Las imágenes cambiaron o mejor dicho desaparecieron a los jóvenes para mostrar esa cabellera pelirroja tan hermosa, al igual que en su padre los cambios de la edad eran visibles poco a poco y su belleza no tenía igual. La seria Lilly Evans tenía una vida normal donde los estudios eran lo primordial aunque sus amigas le robaban preciosos momentos de letras tampoco podía arrepentirse de reír junto a Meli, Allegra, Alice y Marley aunque también disfrutaba con soltura esos momentos donde reía o simplemente conversaba intelectualmente junto a su mejor amigo, Severus. Pero aun en su mundo perfecto había dos cosas que la molestaba. James arrogante jugador estrella de quidditch que desde mitad de cuarto grado hacia más notoria su tendencia a pedirle citas o perseguirla para conseguirla y la otra eran las agresiones silenciosas que sufría por alguno de los compañeros de casa de su amigo. Era evidente que el mundo se oscurecía más y más.

Allegra y Emmeline (Meli) crecían hermosamente junto a la pelirroja y Alice reía tan sonoramente llena de vida que Harry no pudo evitar sonreír pero el cambio que más llamo su atención fue el de la pequeña Alexandra Slone que poco a poco dejaba de ser una linda nena para convertirse paso a paso en una hermosa señorita como su hermana mayor.

Pero todo se detuvo y Harry observo una imagen familia, un aula llena de estudiantes que trabajaban concentrados en un pergamino separados todos. Era un examen y pudo identificar casi en un segundo a su padre que soltaba un bostezo para luego mirar hacia cuatro mesas atrás donde un joven y apuesto Sirius le levantaba el pulgar a la vez que se mecía en su silla cansinamente, mesas aparte se encontraba Remus que repasaba sus respuestas con el entrecejo levemente fruncido y a poca distancia un Peter desesperado miraba con terror la hoja.

El auror dejo de ver a los chicos para buscar al dueño del recuerdo y para su sorpresa se encontraba de pie a su lado. Lilly revisaba silenciosamente sus respuestas mientras sus dedos inquietos acariciaban la madera de la mesa. Con quince años era una chica hermosa con una poblada mata de cabello rojo oscuro que le llegaba hasta los hombros, y unos ojos almendrados de un verde resplandeciente lleno de vida aunque en ese momento lo único que podían captar eran las letras sobre el pergamino.

Como recordaba el tiempo del examen finalizo y la joven suspiro aliviada aunque podía verse en su movimiento ansioso de pies que no se encontraba segura. Para Harry era como volver a estar junto a una loca Hermione en tiempo de exámenes. La siguió en silencio mientras salía del aula con su mochila entre sus manos donde ordenaba sus libros.

-¿Qué tal te fue? Lills.

-No lo sé… creo que pude equivocarme en algunas respuestas… yo… yo necesito mi libro.

Pero antes de poder salir a toda velocidad hacia la sala común Allegra la detuvo abrazándola con firmeza –Enserio que tienes un problema con los exámenes.

-¿Aun lo dudabas?

Meli sonrió pícaramente uniéndose al grupo y Lilly solo las miro de la peor manera aunque no realmente enojada. Las cuatro chicas siguieron su camino junto al resto de la multitud de jóvenes que desesperados buscaban los frescos aires de los jardines. Debían de relajarse antes de seguir con su ardua semana de exámenes pero por suerte tenían una hora de descanso antes de su siguiente examen que sería con la profesora McGonagall algo que aterraba aún más a la pelirroja que casi en cuanto llegaron a sentarse junto el lago saco su libro.

Sus amigas suspiraron cansadas pero no dijeron nada. Allegra se acomodó en la pierna de la pelirroja para descansar los ojos o al menos eso susurro antes de quedarse dormida mientras Alice transaba sus esplendidos cabellos rubios aprovechando el descuido. Meli recargo su espalda en la de Lilly y en completo silencio se relajó a la vez que su mente repasaba las lecciones aprendidas para el examen. Pero su mundo de calma fue roto en un segundo cuando las risas y susurros de preocupación llegaron a sus oídos.

-¿Qué pasa?

Meli abrió los ojos y comenzó a buscar a su alrededor el motivo del escándalo. Lilly llena de curiosidad también lo buscaba silenciosamente e inmóvil ya que Allegra podría transformarse en la peor bestia si su sueño era interrumpido.

-Es allá.

Susurro Alice negando con la cabeza y en un segundo fue seguida por Meli que se golpeó mentalmente al ver lo que ocurría. Lilly gruño con brusquedad provocando que la rubia abriera los ojos y cuando ya se disponía a quejarse pudo ver la mirada poco amable de su antigua almohada.

-¿Qué pasa?

-Pasa que el imbécil de Potter y Black de nuevo están molestando a Sev.

Harry se hizo a un lado para que su joven madre no lo atravesara en su andar furioso hacia el grupo de jóvenes que reían abiertamente del pobre chico que escupía pompas de jabón desde el piso donde un hechizo de Sirius lo mantenía. Lilly podía sentir su sangre arder y en menos de un minuto ya se encontraba abriendo paso entre los espectadores seguida por Allegra y Meli que no lucían nada felices por la broma. Cuando el hombre busco a Alice se encontró con la agradaba sorpresa de que esta se encontraba sentada junto a un joven Frank Longbottom.

-¡Dejadlo en paz!

Grito Lilly y Harry no pudo evitar sonreír al ver el antiguo ademan de su padre donde su cabello parecía sobreviviente de una aspiradora muggle pero por la perspectiva también pudo observar las miradas llenas de sentimientos entre Sirius y Allegra aunque duraron solo unos segundos antes de que ambos clavaran sus ojos en otra cosa.

-¿Qué tal? Evans.

-Dejadlo en paz… ¿Qué les ha hecho?

-Bueno… es simplemente que existe, no sé si me explico.

Harry tuvo unas tremendas ganas de golpear a su padre y sin duda Lilly también mientras las risas por el comentario se hacían escuchar aunque no la suya ni la de Remus que solo ignoraba la situación a la distancia.

-Te crees muy gracioso –. Harry miro a su padre fijamente para ver su reacción –, pero no eres más que un sinvergüenza arrogante y bravucón, Potter. Déjalo en paz.

-Lo dejare en paz si sales conmigo, Evans… vamos, sal conmigo y no volveré a apuntar a Quejitos con mi varita.

-No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante –. Lilly lo miro de la peor manera intentando demostrarle todo lo que lo aborrecía mientras James sonreía manteniéndose con su máscara todo el tiempo posible resistiendo cada insulto aunque su firme agarre en su varita dejaba ver cuánto le afectaba cada palabra dicha por esos labios con los que aun soñaba.

-Mala suerte, cornamenta.

Sirius casi se ría del gesto de su amigo pero de pronto noto la ausencia del culpable de todo este alboroto pero cuando se giró ya era tarde. Snape apuntaba con su varita a James; se produjo un destello de luz, un tajo apareció en la cara de James y la túnica se le manchó de sangre. James giró rápidamente sobre sí mismo: hubo otro destello, y Snape quedó colgado por los pies en el aire; la túnica le tapó la cabeza y dejó al descubierto unas delgadas y pálidas piernas y unos calzoncillos grisáceos. Muchos de los curiosos vitorearon a James; Sirius, James y Colagusano rieron a carcajadas.

Lilly había vacilado un instante en su gesto de rabia absoluta pero ahora la demostraba en su rostro que poco a poco se enrojecía más y más como sus ojos que flameaban –¡Bajadlo!

-Como quieras.

Snape cayó al suelo como un montón de ropa arrugada. Se desenredó de la túnica y se puso rápidamente en pie, con la varita en la mano, pero Sirius exclamó «¡Petrificas totalus!» y Snape volvió a caer de bruces, rígido como una tabla.

Lilly saco su varita en un segundo –¡Déjenlo en paz! –. Grito con todo su mal genio listo para atacar.

James y Sirius la miraron con cautela –Evans no me obligues a lanzarte un maleficio –. Susurro el primero mirándola a los ojos casi implorándole que se detuviera.

No solo Harry lo había visto sino también Lilly que por un segundo olvido completamente porque estaba tan enojada y en su mente un recuerdo de aquel niño pequeño que la hacía reír atravesó su mente pero alejo cualquier recuerdo –¡Pues retírale la maldición!

James suspiro y bajo la mirada cerrando los ojos a la vez que su mano realizaba los movimientos para soltar al enclenque chico que se puso de pie en un segundo con sus túnicas revueltas –Has tenido una maldita suerte de que Evans estuviera aquí, Quejitos…

-¡No necesito la ayuda de una asquerosa sangre sucia como ella!

Harry deseo tanto que su madre pudiera sentirlo porque el ahora mismo estaba sintiendo como su corazón se rompía en un segundo al escuchar aquellas palabras tan hirientes que jamás imagino que su mejor amigo pudiera decirlas contra ella. Pero era orgullosa y no lo dejaría ver el daño que le estaba causando.

-La próxima vez no me meteré donde no me llaman. Y por cierto… yo que tú me lavaría los calzoncillos, Quejitos.

Todo dio vueltas y los jóvenes a su alrededor desaparecieron como un borrón de color. Harry intento entender porque no había seguido con el recuerdo aunque realmente no le gustara mucho ver esa faceta de su padre pero cuando todo se detuvo sonrió amargamente.

La oscuridad lo rodeaba pero las antorchas alumbraban levemente a ese pequeño bulto de cabello rojo junto al que se sentó escuchando sus sollozos silenciados por sus piernas que abrazaba con firmeza intentando contener los temblores. Era un llanto reprimido tan profundo que su propio corazón se rompió escuchándolo pero unos pasos llamaron su atención y para su sorpresa su padre apareció por las escaleras de la lechucería que fungía como refugio.

James la miro con dulzura y tristeza pero no detuvo su andar hasta encontrarse frente a ella. De su bolsillo saco un pañuelo y lo empujo levemente contra la cabeza que no se levantó demasiado pero pudo ver quien era.

-¿Qué haces aquí? Potter.

Lilly intento hablar con la poca seguridad que aún le quedaba en pie y el joven volvió a empujar el pañuelo pero esta se negó a tomarlo. James suspiro y en silencio se sentó a su lado, por suerte no sobre el cuerpo de Harry.

-Todos te están buscando.

-Y tú solo tuviste la suerte de toparme ¿no?

-No… yo estaba –estoy preocupado por ti Lilly.

-Por favor no me vengas con mentiras, yo no necesito tu lastima.

-No es lastima y lo sabes.

James intento mirarla a los ojos para que viera que no mentía pero la pelirroja seguía con la vista escondida entre sus brazos con los que limpiaba las lágrimas –Si no fueras un imbécil, tal vez lo creería.

-Lilly… yo no quería que esto pasara…

-¿Y que querías Potter? –. La pelirroja levanto la mirada encarándolo con todo el enojo que en su interior albergaba –Como siempre solo querías lucirte frente a todos sin importar a quien dañaras en tus estupideces… solo vete, déjame sola.

-No.

Lilly clavo sus verdes ojos en los avellana del joven intentando buscar algún indicio de burla pero frente a ella solo se encontraba James, el joven de sonrisa pícara y buen corazón que recordaba de sus primeros años escolares. Aquel en quien confiaba y por el que su corazón daba saltitos cada vez que este se acercaba pero borro esas tonterías de su cabeza, ese chico se había ido hace mucho.

-Yo no pienso abandonarte jamás, rojita.

-Pero yo quiero que lo hagas. Yo no quiero a mi lado a un patán egocéntrico y arrogante.

James hizo un gesto de dolor y bajo la mirada derrotado –Pensé que solo habías gritado todo eso por el momento… ahora veo que realmente es lo que piensas.

-Claro que es lo que pienso ¿Qué esperabas? Que olvidara cada estupidez que haces día a día sujetando solo los buenos momentos de antes… yo no me engaño y tú tampoco deberías hacerlo, eres un cretino y así es como te veo. Ahora hazme el favor de dejarme sola… por hoy ya me has lastimado lo suficiente.

Lilly escondió de nuevo su mirada entre sus brazos. James por un segundo simplemente la observo intentando saber que más hacer o decir pero ninguna idea podía arreglar su imagen en un segundo. Se puso de pie y en silencio deposito su pañuelo en el lugar que antes había ocupado, sin decir más simplemente se alejó bajando las escaleras junto a Harry que lo miraba con lastima. Se encontraron en la entrada con Meli, Allegra y Alice que lo miraron expectantes pero este solo les dio una especie de sonrisa más parecida a una mueca antes de irse. Y junto a él, Harry que fue lanzado de nuevo a su estudio.