-Saint Seiya y sus personajes son propiedad de Masami Kurumada-
1Twin: Hola a todos primero que nada quiero agradecerles sus reviews y que dediquen tiempo a leer esta pequeña historia. He tardado mucho tiempo en subir otro capitulo porque subri un poco de bloqueo mental el cual pude superar gracias a mi hermana 2Twin, que fue responsable de casi todas las ocurrencias en esta ocasión.
Sobre tu duda zryvanierkic sobre las edades de los pequeños dorados, me basé en los datos oficiales que visto, por ejemplo Kanon y Saga tienen 13 años, Aioros 12, Shura y DM 8 (son 4 años menores que Aioros), Afro tiene 7 y Aioria, Milo, Mu, Alde, Shaka y Camus son de la misma edad, tienen 5 (2 años menores a Afro).
Bueno, espero que les guste este capítulo y prometo darme el tiempo de continuarlo lo antes posible.
UN RALLY EN LOS VIEJOS TIEMPOS
PARTE V
Después de dar por terminada la tregua, los pequeños se separaron para continuar el rally. Kanon estaba parado sobre una piedra frente a DM, Camus y Mu que estaban sentados en el piso observando a su líder.
-Quiero que vean de nuevo la pista y digan lo que les venga a la mente, les ordenó el gemelo mientras extendía el pañuelo blanco.
Entonces Camus comentó:
-Me parece que puede ser un trozo de una capa.
Kanon observó el pañuelo detenidamente, después lo tocó un par de veces y finalmente contestó:
-No se siente como tela de una capa.
-Una cortina, dijo DM que estaba tan seguro de haber acertado que adoptó una pose triunfal.
-No, no es una cortina, contestó Mu.
DM le dirigió una mirada asesina al lemuriano mientras el pequeño agregó:
-El único lugar en el santuario con cortinas es el templo del patriarca y que yo recuerde las cortinas que hay ahí son de telas gruesas, pesadas y de color tinto, no se parecen en nada al trozo de tela de la pista.
-La mascota tiene razón, comentó el gemelo.
Por otra parte, el equipo rojo trataba de descifrar que podía ser su pista, pero debido a que Shura la había utilizado para limpiarse no podían distinguir bien de qué se trataba.
Aioria sostenía el pañuelo y lo miraba fijamente como tratando de imaginárselo sin la mancha que ahora tenía.
-No puedo ver nada más que esa enorme mancha de salsa, se quejó el pequeño león.
-¿Y si tratamos de lavarlo?, preguntó Alde.
-¡Buena idea!, contestó Aioros.
Por su parte Shura permanecía distraído sentado sobre una roca.
-¿Shura?, ¿Shura?, le dijo el arquero mientras pasaba una mano por enfrente de sus ojos para llamar su atención, -¡Vamos Shura despierta!, agregó mientras daba un aplauso para hacer volver en sí a su amigo.
El español volteó a verlo y con tono dramático contesto: -Cómo puede alguien concentrarse si mis pensamientos están con mi bella Dulcinea.
-¿Dulci.. qué?, preguntó Aioria en arqueando una ceja.
-Shura, por favor te necesito concentrado, dijo el castaño.
-Si ganamos serias algo así como un héroe y a las chicas siempre les gustan los héroes, comentó Alde.
Finalmente el español sonrió y asintió.
-¿Cerca de aquí no hay un bebedero? Podríamos lavarlo ahí, comentó el peli negro poniéndose de pie de un salto.
-¡Sí, es cierto, lo había olvidado!, contestó Aioria.
-¡Vamos! ¡Rápido!, dijo Aioros.
Entonces los miembros del equipo rojo corrieron cuesta abajo a buscar un poco de agua para limpiar su pañuelo.
En tanto en el equipo azul Afrodita entregaba su pista a Saga porque todavía no había tenido oportunidad de ver lo que les habían dado.
-Mmmm, dijo el gemelo pensativo mientras ponía una mano en su barbilla y con la otra sostenía el trozo de tela. Después de unos instantes de silencio preguntó:
-¿Les dijo algo Gigas después de darles la pista?
-No-, contesto Shaka, -Solo nos dieron la pista.
-¿Sabes lo que puede significar?- Preguntó Milo con cara de preocupación.
-Me parece que es un trozo de sábana-, contestó el peli azul.
-¿Una sábana? ¿Cómo estas tan seguro?-, dijo Afrodita quitándole la pista de las manos a su capitán para después observarla detenidamente.
-No lo estoy-, contestó Saga pero si estoy seguro de que no es una cortina. En el santuario solo hay cortinas en el templo del maestro y no son blancas.
-¿Y si fuera tela de una túnica?-, preguntó Shaka.
-¡Eso es! No sé cómo no me di cuenta antes-, dijo Afrodita, -¡La tela es idéntica a la de las túnicas de las doncellas del templo del patriarca!- le arrebató el trozo de tela a su capitán poniéndolo sobre su mejilla para sentir lo suave de la tela.
El resto de su equipo lo miraron con cara de interrogación y entonces el sueco agregó:
-¿Apoco no se han fijado en sus túnicas?
-No, contestaron los tres al mismo tiempo.
-¿Y estas seguro de eso?-, le dijo Milo observando sospechosamente al peli turquesa.
-Muy seguro-, contestó este cruzando los brazos mientras cerraba los ojos adoptando una pose triunfal.
-Bien, entonces vayamos al templo de las doncellas- dijo Saga.
Mientras el equipo rojo estaba en el bebedero, Aioros mantenía el trozo de tela bajo un chorro de agua y tallaba fuertemente tratando de sacar la mancha.
-¡No sale-!, protestó el arquero.
-¿No sabes lavar? A ver, déjame intentarlo-, le dijo el español tomando el pañuelo entre sus manos. Talló lo más fuerte que pudo, pero la mancha no cedió.
Aioros dirigió una mirada molesta al pequeño capricornio. -¿No que tu lavabas mejor?
-Tal vez si pudiéramos conseguir un poco de jabón saldría más fácil- comentó Alde.
-¡Eso es!- dijo el arquero levantando la mirada y sonriendo. -No está muy lejos de aquí el templo de las doncellas y ahí está la lavandería.
-¡Vamos rápido!- agregó el pequeño Aioria.
Por otro lado, el equipo verde seguía tratando de descifrar su pista.
-¡Ya no sé qué más puede estar hecho de una tela blanca! Protestó DM fastidiado, muy molesto y arrojando una piedra.
-Deja de quejarte y sigue pensando, le ordenó Kanon.
-¡Me rehúso!- contestó el italiano cruzándose de brazos y dándole la espalda.
-Una túnica- dijo Camus.
-El maestro tiene varias de color blanco- comentó Mu.
-A ver- le dijo Kanon a Mu lanzándole el pañuelo blanco, -¿Te parece que luce como la tela de una bata que usaría el viejo?
-Mmm…-, el lemuriano observó el trozo de tela muy pensativo, lo tocó varias veces y finalmente contestó.
-Pues me parece que sí.
-¡Parece no es suficiente! ¡Necesito seguridad!- contestó molesto el menor de los gemelos.
-Es lo mejor que tenemos- comentó molesto Camus.
-Ok- dijo Kanon pasándose una mano por el cabello en un gesto desesperado, tratando de mantener la calma.
-¿Qué hacemos ahora?- preguntó DM.
-¡Aghh!, gritó molesto Kanon mientras saltaba tirando de sus cabellos y haciendo una rabieta.
Los demás lo miraron atónitos sin poder creer que el gemelo estuviera haciendo un berrinche.
-¡¿Qué es lo que están viendo?!- Gritó molesto el peli azul.
-Nada- respondieron los tres. Entonces Camus y DM rápido esquivaron la mirada de su capitán y voltearon a ver a otro lado, mientras Mu trataba de contener la risa.
-Pequeño sin vergüenza, dijo Kanon corriendo hasta donde estaba el lemuriano y levantándolo de la playera lo amenazó con un puño y le dijo: -¿Te estás burlando de mí? ¿De mí?, recalcó.
-¡No, no, no!, contestó Mu tapándose la cara para protegerse de algún golpe.
-Kanon…. Dijo Camus que se había subido a una piedra.
-¡Qué!, contestó el gemelo.
-Parece que los otros equipos se dirigen hacia allá, y el francés apuntó hacia el lado izquierdo.
Kanon soltó a Mu y se subió a la piedra donde estaba Camus y observó a lo lejos a los otros equipos.
-Parece que van al templo de las doncellas, dijo el gemelo.
-¿De las doncellas? ¿Por qué?, preguntó DM.
-Ellas también usan túnicas blancas, comentó el pequeño Mu mientras se levantaba del piso y se sobaba el trasero.
-¡Eso debe de ser!, dijo Kanon sonriendo. -¡Vamos de prisa, no hay tiempo que perder!
El equipo azul fue el primero en llegar al templo donde vivían las doncellas que se dedicaban a atender al patriarca, se escondieron detrás de unos arbustos mientras observaban hacia el gran edificio que tenían en frente. Era casi igual de grande que el templo del maestro tenía una fuente en la parte frontal y hermosos jardines. Además podían verse varios guardias custodiando el recinto.
-¿Y ahora que vamos a hacer aquí? Hay millones de guardias cuidando el lugar, dijo Milo.
-No se ve que alguien vaya a venir a decirnos que hacer como la misión anterior, comentó Afrodita volteando a ver a los alrededores.
En eso apareció una lechuza que pasó volando muy cerca de la cabeza del peli turquesa.
-¡Ahhh!, Gritó Afrodita del susto.
-Cálmate, le dijo Shaka, -Solo es una simple lechuza.
-¡Casi me mata de un infartó!, contestó molesto Afrodita.
-Miren trae algo en su pico, comentó Milo al ver que traía un sobre.
-Veamos que dice, dijo Saga mientras se acercaba al ave y tomaba el papel.
"La pista es el inicio de una nueva vida, seguida de un valioso regalo que encontraran en el templo de las doncellas".
-¿Qué? Eso no tiene sentido- se quejó Afro volteando a ver a Shaka.
El pequeño virgo no decía nada, sólo permanecía inmóvil con los ojos cerrados.
-¿Shaka? ¿Hola?- le preguntó el sueco pasando una mano por enfrente del rubio. -¡Ey Shaka!- Repitió sacudiéndolo.
-¿Eh? ¿Eh? ¿Qué pasa?- contestó Shaka.
-¿Te quedaste dormido?- le preguntó Saga.
-¿Eh? ¿Cómo? No….estaba ehm….meditando, ¡Sí! Eso es- dijo el rubio.
Afrodita y Saga solo lo miraron entrecerrando los ojos sospechando que su compañero les mentía.
-Parece que tendremos que entrar al templo- dijo Saga muy serio.
-¿Y cómo es que vamos a hacer eso?- preguntó exaltado Afrodita, -El templo está custodiado cuando menos por una docena de soldados.
Entonces el pequeño Milo lo interrumpió -¿Y si nos hacemos pasar por guardias?
-Es la primera buena idea que tienes- dijo Saga volteando a ver al pequeño escorpión.
Por otro lado, el equipo rojo fue el siguiente en llegar a donde se encontraba el templo pero estos lo hicieron por un costado, el lado derecho, a diferencia del equipo azul que llegó por la parte de en frente.
-Desde aquí se alcanza a ver el tendedero, dijo Shura apuntando a donde se veían varias sábanas colgadas y ropas blancas que eran ondeadas por el viento.
-La lavandería debe estar cerca, comentó Aioria.
En eso una lechuza apareció y se estrelló en el pecho de Alde.
-¿Pero qué es esto?, comentó el pequeño Brasileño que apenas se inmutó del golpe que recibió. Se agachó un poco y vio al pobre ave desmayada. –Hola amiguito, ¿Estás bien?
-Parece que trae algo en su pico, agregó Aioria.
Aioros tomó el sobre blanco y posteriormente lo leyó.
"La pista es el inicio de una nueva vida, seguida de un valioso regalo que encontraran en el templo de las doncellas".
-¿Eso quiere decir que la pista era para que viniéramos al templo de las doncellas?, preguntó Aioria.
-Eso parece, contestó Alde.
-¿Tendremos que entrar a buscarlo?, preguntó Shura.
-Me temo que sí, contestó el arquero.
-Pero hay miles de guardias custodiando el edificio, dijo Alde.
-Es cierto, ningún hombre tiene permitido entrar, comentó el pequeño león.
-Una cosa es irrumpir en la lavandería, que está prácticamente afuera,- Pero entrar y buscar dentro de las habitaciones es más complicado, no podremos pasar desapercibidos, agregó el español.
En eso Aioros que mantenía la mirada fija en el tendedero tuvo una idea.
-Entraremos disfrazados.
-¿Cómo?- preguntaron los otros tres.
-Sí- contestó el castaño, -Desde aquí puedo ver que hay algunas túnicas colgadas en el tendedero, las tomaremos y pasaremos disfrazados como doncellas.
-¡Yo no me disfrazaré de niña!- protestó el pequeño león.
-No pasaremos por doncellas- comentó Shura. – ¡Solo míranos!, Somos tan varoniles, y el español sacó el pecho en señal de orgullo.
-Ninguno tenemos facciones delicadas como Afrodita- comentó Alde.
-Ni tenemos el cabello largo como los demás- protestó Aioria.
-Nos cubriremos al cabello con las sábanas a modo de manto- comentó Aioros.
-No, hermano, no quiero- se quejó el pequeño leo.
-Si se te ocurre una mejor manera para entrar y no causar alboroto soy todo oídos, dijo el arquero mientras se cruzaba de brazos y observaba a sus compañeros.
Los otros tres guardaron silencio y entonces Aioros agregó:
-Bien, vayamos por las túnicas.
En eso el equipo verde llegó al templo pero por el ala izquierda.
-No veo a los demás- dijo DM.
-Tal vez ya entraron- dijo Camus.
En eso la última lechuza llego con su mensaje aterrizando elegantemente en una piedra frente a Mu y entregándole el sobre al pequeño.
-Oh, muchas gracias, dijo el peli lila pasando una mano acariciando la cabeza del ave.
-¡Dame, eso!, le dijo Kanon arrebatándole el sobre de las manos.
El menor de los gemelos leyó en voz alta el contenido.
"La pista es el inicio de una nueva vida, seguida de un valioso regalo que encontraran en el templo de las doncellas".
-¿Y ahora cómo entraremos?- Preguntó DM.
En eso Camus comento: -Miren hay unos barriles en frente de esa puerta, podríamos escondernos en ellos y así nos llevarían hasta adentro.
-¡Excelente idea franchute!- Dijo Kanon esbozando una sonrisa y dando unas palmaditas en la cabeza de Camus.
Entonces el equipo verde corrió hasta donde estaban los barriles y DM fue el primero en abrir uno, cuando se iban a asomar a ver que tenían Camus dijo:
-¡Alguien viene!
-Rápido-, comentó Kanon, -No hay tiempo para ver que hay dentro.
Tomó a Mu y lo aventó dentro del barril mientras el pequeño estaba todo asustado, después tomó a Camus y también lo introdujo, solo se escuchó sonido de agua y posteriormente cerro la tapa.
DM abrió otro barril y se aventó dentro y finalmente Kanon hizo lo mismo.
-Muy bien, se escuchó la voz de un guardia. –Lleven estos barriles de vino a la cava en el sótano, agregó.
-Sí señor, contestaron otros tres soldados.
De vuelta a la parte frontal del edificio, los miembros del equipo azul se escondieron detrás de un arbusto en el jardín, en eso un guardia pasaba caminando por ahí y los pequeños lo tomaron desprevenido por la espalda, golpeándolo en la cabeza. Una vez desmayado el hombre lo desvistieron.
-Oigan, un momento, dijo Shaka. –Milo y yo somos muy pequeños como para pasar por soldados.
-Es cierto, comentó Afrodita alarmado y volteando a ver a su capitán a ver que decía.
-Mmm… pensó el peli azul, -Entonces lo que haremos es que Afrodita y yo ingresaremos disfrazados de guardias, abriremos una ventana y así podrán entrar ustedes.
-¡Excelente idea!, dijo el escorpión.
Así, el equipo azul espero a que apareciera otro guardia y repitió el mismo ataque desvistiéndolo y así Saga y Afrodita se pusieron las ropas de estos.
-¿Cómo nos vemos?, preguntó el peli turquesa a Milo y Shaka después de ponerse el casco.
-Como ¿soldados?, contestó interrogante el rubio.
-¡Qué horror!- dijo Afrodita ante la respuesta de su compañero. –Siento que estos colores no van con tono de piel.
Los demás lo miraron sin entender a qué se refería y finalmente Saga rompió el silencio.
-Bien vayamos al templo.
Entonces los dos mayores salieron de su escondite y se encaminaron a la entrada principal.
-Hola compañero, bonita tarde ¿verdad?, dijo Afrodita saludando a otro guardia que se encontraba custodiando la puerta.
-¿Eh? Pero ¿Qué demonios te pasa? ¿Y esas niñerías?, contestó el soldado.
Saga dio un codazo a su compañero, sin decir nada.
-Ah, nada, contestó el sueco tratando de fingir la voz.
En eso el mayor de los gemelos iba a ingresar al templo, cuando el guardia lo detuvo de un brazo.
-¿A dónde vas?, le preguntó, Ya casi es hora de que regresen las doncellas del palacio del maestro y tenemos que esperar a que entren todas.
-Ah, sí, no me había dado cuenta de la hora, contestó el geminiano también fingiendo su voz. Después dirigió la mirada hacía donde estaban escondidos Shaka y Milo, hizo un movimiento de cabeza a la izquierda y movió los ojos hacia una ventana.
Los pequeños entendieron lo que quería decir su líder y en puntillas se dirigieron a la ventana.
En eso aparecieron alrededor de 20 doncellas adolescentes que venían caminando mientras platicaban.
-Ay no soporto al maestro Gigas, decía una, -siento que me desviste con la mirada.
-Es un viejo libidinoso, comentó otra frunciendo el ceño.
-Nada que ver con el gran maestro, contestó la primera.
-Estoy tan cansada y todavía nos falta servir la cena, agregó una tercera.
-Buenas tardes señoritas, dijo el guardia babeando al ver a las jovencitas.
Ellas no contestaron y pasaron de largo sin si quiera voltearlo a ver. Había niveles en el santuario y ellas eran bastante elitistas, solo trataban con caballeros, Gigas o el gran patriarca.
-Ahh, bellas, susurro Afrodita suspirando con la mirada perdida.
Saga dio otro codazo al peli turquesa para hacerlo volver en sí.
Una vez que entraron todas, Saga se dirigió de nueva cuenta a la entrada.
-¿Pero ahora a dónde vas?, preguntó de nueva cuenta el guardia.
Saga se detuvo y respiró profundo para mantener la calma.
-Oh! Por Athena pero si es la doncella más hermosa que jamás haya visto, dijo el peli azul, apuntando a lo lejos.
-¿Dónde?, dijo el soldado volteando a donde había apuntado el mayor de los gemelos.
En eso Saga tomó su casco y golpeó fuertemente al guardia en la cabeza haciendo que este se desmayase.
-¿Qué haces? A este paso vamos a tener solo guardias descerebrados en todo el santuario de tanto golpe en la cabeza, comentó Afrodita poniendo ambas manos en la cintura dejando ver su molestia, - Además si alguien lo ve van a descubrirnos.
-Ya me tenía cansado- contestó el peli azul poniéndose de nueva cuenta el casco, -tenemos que entrar de una vez, ayúdame a esconderlo.
Y entre los dos arrastraron al guardia detrás de un arbusto.
Después abrieron la puerta, Afrodita asomó sólo la cabeza para revisar el terreno, en eso Saga lo empujó y ambos entraron al templo. Posteriormente se dirigieron a la ventana que Saga les había señalado a los pequeños y la abrieron. El líder del equipo azul se asomó por esta y le tendió la mano a Shaka que fue el primero en entrar.
-¿Por qué tardaron tanto?, preguntó.
-Teníamos que esperar a que entraran todas las doncellas para no levantar sospechas, dijo Afro quitándose el casco de soldado y Saga hizo lo mismo.
-Y ahora ¿por dónde empezamos?, preguntó Milo.
-Opino que empecemos por la planta alta, sugirió el líder del equipo, -Este templo es tan grande que podremos tardar el resto del día en buscar en todas las habitaciones si no nos apresuramos.
-Bien, contestaron los demás.
-Milo…, agregó el gemelo, trata de no hacer ruido.
-Tranquilízate jefe, dijo el escorpión, -soy un ninja silencioso, y se dio una maroma y al caer se pegó a la pared simulando ser un espía. Pero al hacer su acrobacia le pegó a un pedestal que tenía un jarrón arriba haciendo que este cayera.
-Cuidado, susurró Shaka corriendo a atrapar el jarrón.
-Eso es lo que me temo, dijo Saga llevándose una mano a la frente y lamentándose.
El pequeño Milo solo se encogió de hombros mientras sonreía apenado.
-No volverá a pasar, agregó el escorpión.
-Eso espero, contestó el peli azul.
Y posteriormente se separaron.
Mientras en el ala derecha del templo, el equipo rojo estaba terminando de ponerse sus atuendos.
En eso alguien se acercó a ellos.
-¿Qué están haciendo afuera?, preguntó un soldado.
Shura y Alde voltearon a ver al guardia y este último se asustó al ver a los aprendices.
-Oh por Atena! ¿Qué les pasó?, dijo el soldado asustado.
-¿Cómo?, preguntó Alde fingiendo la voz.
-Su rostro, agregó el guardia llevándose una mano al rostro y con la otra señaló a los aprendices.
-¿Cómo que qué nos pasó?, contesto Shura molesto.
-Creo que simplemente son feas, susurró otro soldado a su compañero que estaba en shock y que finalmente sólo asintó.
-¡Escuché eso!, protestó Shura.
En eso Aioros los interrumpió fingiendo la voz.
-Eh, estábamos terminando de recoger la ropa que ya se secó, mientras descolgaba unas sábanas que habían quedado en el tendedero.
-oh, pero que hermosos ojos tienes, le dijo uno de los dos soldados viendo fijamente a los ojos al arquero.
-¿Eh?, preguntó Aioros poniéndose nervioso ante la actitud del guardia.
-Vamos, permíteme ayudarte, dijo el hombre tomando las sábanas que traía en las manos el castaño.
-Estamos un poco hambrientos dijo el otro guardia acercándose al español, -y veníamos a pedirles que nos prepararan algún aperitivo.
-Estamos ocupadas, contestó cortante Shura también fingiendo la voz y mostrando un gesto de enfado.
-Vamos, no vamos a quitarles mucho tiempo además es su deber como doncellas servir a todos los caballeros, agregó el soldado que hablaba con el peli negro.
Shura, se detuvo y miró con enojo al arquero mientras los pequeños Aioria y Alde se mantenían a distancia prudente mientras terminaban de recoger el resto de las sábanas.
-Eres muy linda, le decía el primer guardia a Aioros mientras trataba de buscarle la cara para verlo mejor.
-Jijiji, gracias, contestó Aioros tomando un poco de la sabana que tenía puesta a modo de manto para cubrirse un poco.
Aioria miró molesto al soldado y estaba por darle un golpe, pero Alde lo detuvo.
-Vamos, dijo el guardia guiando con una mano al arquero hacia donde se encontraba la puerta trasera de la cocina.
Shura se aceró al castaño y lo alejó un poco del guardia y ambos se acercaron a Alde y Aioria. –Si nos permites un momento, le dijo.
Entonces el español le susurró a sus compañeros: -Nos van a descubrir.
-No si les seguimos la corriente, comentó el brasileño. –Yo sé cocinar, puedo preparar algo.
-Bien, dijo Aioros.
-¿Por qué tardas tanto ojos bellos?, gritó el soldado.
Aioros hizo un gesto de desagrado y contestó: -Ya vamos….
Entonces el equipo rojo entró en la cocina acompañados de los guardias.
Por otro lado, otros soldados terminaban de acomodar tres grandes barriles en la cava del santuario que se ubicaba en el sótano del templo de las doncellas y posteriormente se retiraron.
Una vez que no hubo más ruido, una de las tapas de los barriles se cayó y de él asomó la cabeza Camus.
-Parece que ya no hay nadie, susurro.
-Excelente, hip!, contestó el pequeño Mu que tenía hipo y la cara sonrojada.
-Vamos, hay que apresurarnos, dijo el pequeño francés saliendo de barril y una vez que tocó el piso dio unas pequeñas patadas en otro de los barriles, quitó la tapa y se asomó.
-¿DM?, ¿Hola?, dijo Camus.
-Ehh…contestó DM asomándose del barril y tratando de enfocar la mirada, -Hola Camus, no sabía que tú también eras gemelo Agregó.
-¿Qué?, preguntó el francés. – ¿A ver cuantos dedos ves?, dijo mostrándole dos dedos.
-¿Cuatro?, contestó el italiano poniendo una sonrisa.
-¡Genial!, contestó el Camus llevándose una mano a la frente en señal de lamento.
-Hip!, fue lo único que dijo el pequeño lemuriano que no terminaba de salir de su barril.
-¿Kanon?, ¿Kanon?, preguntó el francés golpeando el último barril.
-¡Esto es vida!, contestó el gemelo quitando la tapa de su contenedor y asomando la cabeza. -Sí que hemos tenido suerte, agregó y dio un sorbo al vino.
-¿Qué nunca han tomado vino en su vida?, preguntó el francés molesto.
-No, contestaron los tres con una sonrisa y la cara encendida.
-Ay no, se quejó Camus. –Ahora tendré que batallar con tres borrachos y encontrar lo que sea a lo que se refería la tonta nota.
-Siempre había querido nadar en vino, dijo el menor de los gemelos mientras chapoteaba en su barril.
-Hay que salir de aquí, dijo Camus ayudando a Mu a salir de su contenedor.
-Hip!, contestó el peli lila mientras se colgaba del cuello del francés.
-Yo me quedaré aquí, dijo DM.
-Si nos quedamos aquí, los otros equipos nos ganaran, comentó Camus.
En eso el menor de los gemelos reaccionó, al imaginarse que perdía ante su hermano y Aioros, frunció el ceño y después agregó:
-Continuemos, e intentó salir de su contenedor pero resbaló y dado que sus reflejos no estaban como de costumbre se cayó al piso y terminó volteando su barril sobre el mismo.
-Ahahahahaa, se rió Kanon.
-Ayúdame a levantarlo, le pidió Camus a Mu.
Entonces los dos pequeños intentaron poner de pie a su líder, pero el peli lila tampoco podía mantener el equilibrio por lo que cayeron y ahora eran los tres los que estaban en el piso.
En eso se escuchó un grito: -Yiahhhh!
El barril de DM cayó al piso con todo y el italiano que aún estaba dentro.
-¿Pero qué demonios…?, dijo DM mientras caía.
-¿Qué está pasando?, preguntó Camus tratando de levantarse mientras Mu y Kanon seguían tirados en el piso sin parar de reír.
-Vas a morir… se escuchó una voz de niña.
-¡Quítate de encima! , dijo DM.
-¿Quién eres?, preguntó Camus molesto mientras sujetaba de los brazos a la intrusa.
-¡Soy Geist!, contestó haciendo un movimiento brusco para soltarse del agarre del francés.
-Una amazona…. Dijo sorprendido el pequeño acuario cuando vio la máscara -¿Se puede saber por qué quieres matar a DM? agregó.
-¿DM?, Así que ese es tu nombre…miserable!, contestó ella, volteando a ver al piso al italiano mientras este trataba de ponerse de pie. Ella hizo un movimiento de brazos, se soltó del agarre de Camus y se lanzó de nueva cuenta sobre el italiano.
-¡Estás loca! Yo ni siquiera te conozco, en mi vida te había visto, se defendió el aprendiz de cáncer.
-¡Por tu culpa han visto mi rostro!, le reclamó la amazona.
-Espera detente, le ordenó Camus volviendo a sujetarla de los brazos y alejándola de DM.
El italiano intentó ponerse de pie, lo cual logró unos segundos y después cayó boca abajo en el piso ya que no podía mantenerse de pie por lo borracho que estaba.
-Despídete de tus amigos porque será la última vez que los veas, le dijo Geist tomándolo de la playera, pero DM estaba inconsciente.
-¡Mira! Gritó Kanon, -hago angelitos de vino, mientras abría y cerraba sus brazos y piernas en un charco de licor.
Mu le festejó la gracia riendo y aplaudiendo.
-¡Ay no puede ser!, comentó Camus.
-¡Oie despierta!, le ordenó Geist a DM sacudiéndolo. Sin obtener respuesta del acusado.
-Arriba Kanon, le dijo el francés al gemelo jalándolo de un brazo. –Aioros y Saga deben aventajarnos bastante.
-¿Saga?... preguntó Kanon y agregó: -Antes mi hermano y yo éramos muy unidos, pero….- hizo un puchero y finalmente empezó a lloriquear.
-Saga, buahhhh!
-Genial! Se lamentó Camus.
-Shhhhhh…. Le dijo Mu a su capitán llevándose el dedo índice a los labios en señal de silencio. –Hip!, van a hip! Descubrirnos.
-Me ha cambiado por ese inútil de Aioros, se quejó Kanon sujetándose del hombro de Camus que le estaba ayudando a ponerse de pie.
-¿Qué demonios les sucede a todos ustedes? Preguntó Geist molesta cruzando los brazos.
-Vete de aquí, le contestó Camus. – ¡Si no vas a ayudar no estorbes!
-¡El tonto de tu amigo tiene que pagar por lo que hizo!- le reclamó ella.
-Haz lo que quieras con él- contestó Camus exasperado.
-¡Saga! ¿Por qué?- se lamentó de nuevo Kanon llorando mientras se dejaba caer de nuevo de un sentón en el piso.
-Ya, ya, hip- le decía Mu mientras le sobaba el cabello como si fuera un cachorrito.
-¿Crees que se divierta más con el tonto de Aioros y por eso me cambio?- le preguntó el gemelo todavía llorando al lemuriano.
-Hip- contestó Mu negando con la cabeza.
-¿Por qué a mí?- se quejó Camus escondiendo la cara entre ambas manos.
En cuanto al equipo azul, sus integrantes se habían separado y cada uno de los aprendices se dedicó a inspeccionar diferentes habitaciones. En eso Afrodita abrió una puerta entró sigilosamente a la habitación dirigió la mirada hacia el lado izquierdo y chilló al ver lo que había dentro.
-¡Morí y estoy en los campos Elíseos!- dijo dando pequeños saltitos de emoción.
Lo que el pequeño piscis veía era un enorme walking closet repleto de ropa y zapatos.
-Es un sueño hecho realidad, mientras abrazaba varias túnicas y olvidaba a qué había ido a ese lugar.
En cuanto a Saga, el peli azul avanzó por un pasillo, abrió una puerta y se topó con un enorme cuarto de baño. El gemelo se quedó inmóvil en la entrada abriendo los ojos muy ampliamente con la boca abierta, se talló los ojos para comprobar que lo que veía era real, y si lo era.
-Un baño –susurro y después gritó emocionado -¡yei!
Corrió adentrándose en la habitación y mientras lo hacía fue desvistiéndose hasta que se quitó toda la ropa y se introdujo en el agua.
-Ahhh, dijo con alivio el mayor de los gemelos, -Por fin podré asearme. Después de esa estúpida guerra quedé todo sucio.
Comenzó a tallarse los brazos, después se sumergió completamente en el agua y salió de nuevo y al igual que Afrodita olvidó que era a lo que había ido ahí.
Por otro lado, Shaka y Milo abrieron otra puerta y cuando el rubio estaba por entrar a la habitación el escorpión lo detuvo.
-¿Qué pasa?, le preguntó Shaka.
Milo miró a ambos lados para cerciorarse que nadie los veía y entonces entró a la habitación se pegó a la pared y comenzó a moverse pegado a esta.
-¿A caso te golpeaste la cabeza?, le dijo el rubio.
-Soy un ninja, silencioso…pero mortal, le contestó el pequeño que en esos momentos había topado con una cómoda.
Shaka entró a la habitación de lo más normal, se acercó a un pequeño buró y abrió el único cajón que este tenía, revolviendo diversos papeles, mientras Milo hacía lo propio rebuscando entre ropa.
En la cocina un concentrado Aldebarán se preparaba la merienda para los soldados que estaban sentados en una mesa vieja de madera que se notaba sólo era utilizada por el personal de cocina.
Aioros y Shura ponían la mesa cuando uno de los soldados tomó de una mano a Aioros y tirando de esta lo atrajo hacía si y le dijo: -Siéntate aquí conmigo, tu compañera puede terminar el trabajo, e hizo que el castaño se sentara a su lado.
-Ehhh… no me siento muy cómoda aprovechándome así de mis compañeras, contestó el arquero muy incómodo y tratando de alejarse del hombre.
-¡Tu, niña!, dijo el otro soldado mirando a Aioria, -¡Trame algo de beber!
Aioria solo le dirigió una mirada asesina y susurró: -Con mucho gusto…, y tomó una jarra de agua que estaba sobre una alacena y dándole la espalda a los guardias escupió en esta, posteriormente llenó el vaso del soldado.
-Ahh! Refrescante, Dijo el guardia al terminar de darle un trago a su vaso.
-¿Dónde aprendiste a hacer todo eso?, preguntó Shura muy sorprendido a Alde que no se alejaba del fogón.
-¿Esto?, solamente me imagino que si combino todos estos ingredientes algo bueno podría salir, contestó el brasileño.
Finalmente el pequeño Tauro terminó de cocinar, sirvió los alimentos en unos platos y Shura los llevó a la mesa dando uno a cada guardia. Entonces el soldado que había pedido agua a Aioria le dio una nalgada a Shura cuando este se retiraba.
Aioros abrió muy ampliamente los ojos y la boca sin poder decir nada. Shura por su parte, se detuvo en seco, apretó los puños y dijo:
-Eres hombre muerto.
-¿Cómo? Preguntó el soldado riendo.
Y en eso Shura dio media vuelta se quitó la sabana que tenía puesta a modo de manto y se abalanzó sobre el soldado a molerlo a golpes.
-¿Qué es lo que haces? Preguntó el otro guardia que estaba al lado de Aioros mientras se ponía de pie muy molesto. En eso Aioria se le hechó encima.
-¿Aioria?, lo llamó el arquero muy sorprendido tratando de detener a su hermano.
El pequeño león se enfrascó en una ruda batalla a mano limpia con el hombre, pero al cabo de un minuto el pequeño salió triunfante sentándose en la espalda del soldado que yacía boca abajo mientras le amarraba manos y piernas con la sabana que había usado de manto y lo amordazó con el pañuelo que había sido la pista.
Por su parte Shura hizo lo propio con el guardia con el que estuvo luchando. Entonces Aioria se cruzó de brazos y adoptando una pose arrogante le dijo a su hermano mayor:
-Ya vámonos, hemos perdido demasiado tiempo aquí.
En eso Alde se acercó a la mesa, traía otros platos llenos de comida y al ver lo que ocurría dijo:
-¿Qué está sucediendo? ¿Ya no van a comer?, el pequeño Tauro volteó a todos lados y haciendo un puchero agregó: ¡Awww! Tanto empeño que puse en preparar todo.
-No te preocupes Alde, la comida nunca está demás, le contestó el español.
En eso se escucharon unos pasos y una joven entró en la cocina preguntando: ¿Pero qué es todo ese escándalo? ¿Qué está pasando aquí?
Al ver a los aprendices y a los soldados atados la joven se sorprendió y cuando iba a gritar Aioros corrió a taparle la boca.
-No, no te asustes, le dijo el arquero, -No vamos a hacerte daño, somos aprendices y estamos aquí porque estamos siguiendo un rally que fue idea del patriarca.
La doncella tenía la respiración agitada y veía directamente a los ojos al arquero. Era una joven de unos 14 años, cabello negro amarrado en una especie de recogido y ojos color miel casi amarillos.
-Voy a soltarte ¿está bien? Pero prométeme que no vas a gritar, le dijo el castaño.
Ella se mantuvo inmóvil unos momentos y después de pensarlo asintió entonces él la soltó.
-Mi nombre es Aioros, y le tendió la mano para saludarla correctamente.
-Yo soy Sofía, contestó ella y estrechó la mano del aprendiz.
-¿Tienes hambre? ¿Quieres comer empanadas de pollo?, le preguntó Alde con una sonrisa y agregó: -Recién hechecitas, mientras acercaba el plato a su nariz para respirar el rico aroma.
Ella lo miró detenidamente unos instantes, lo pensó un poco y algo insegura contestó: -Bueno.
Mientras Shura arrastraba a los soldados rehenes y los escondía en la alacena.
-Quédense aquí y no se muevan jajaja, les dijo el español.
Los soldados lo miraron con desdén y uno de ellos contestó: -Mmmghm, ya que estaban amordazados.
-Eso lo serás tú, le dijo Shura sacándole la lengua.
En tanto Sofía se sentaba a la mesa con Aioros y Alde para degustar lo que había preparado el chefcito.
-¡Oigan! Decía Aioria molesto, -Tenemos que continuar.
-Tranquilo Aioria, le contestó su hermano mayor, -En unos momentos continuaremos no seas impaciente, vamos a probar lo que preparó Alde.
El pequeño león se cruzó de brazos muy molesto. En eso Shura llegó y también se sentó a la mesa y mientras los aprendices y la doncella charlaban Aioria aprovechó que estaban distraídos y se escabulló de la cocina hacía el recibidor del templo. Ahí se topó con el equipo verde.
-¿Qué están haciendo aquí?, le preguntó Camus a Aioria.
Aioria frunció el ceño y volteándole la cara a Camus le dijo:
-¿Yo? ¿Ustedes que están haciendo aquí?
Camus y Mu llevaban a rastras a Kanon y luchaban por mantenerse en pie mientras Geist llevaba a DM que estaba en modo zombie.
-Saaagaaa, murmuraba llorosamente el gemelo lamentándose.
Al notar el estado en que estaban el pequeño leo les preguntó:
-Pero ¿qué fue lo que les pasó?
-¡Tu! Dijo finalmente Kanon echándosele encima a Aioria. –Si Aioros me quita a mi hermano, yo le quitaré al suyo, muajajajaja!
-¡Estás loco! ¡Quítateme de encima! Le reclamó el pequeño tratando de escapar.
-No, Kanon…Hip! Le pidió Mu tratando de detenerlo.
Por su parte Camus sólo se cruzó de brazos y volteó a ver a Geist y DM.
-Todavía no entiendo cómo es que terminé ayudándote, le dijo la amazona a Camus.
-Porque al final de cuentas…hip… DM es más molesto que…hip ponerle limón a una herida…hip o tener una chinche, le contestó Mu.
-Te oí… enano…, contestó DM sin poder articular bien las palabras.
-¿Siempre sabes todo?, le preguntó la niña sorprendida al lemuriano.
En eso DM pareció reaccionar y empujó a Geist diciendo: -Yo puedo soloooo, y en eso volvió a caer al piso llevándose de paso consigo a la amazona.
Camus solo giró los ojos en gesto de fastidio y comenzó a subir las escaleras a la segunda planta dejando atrás a sus compañeros.
Por otra parte, en la segunda planta Afrodita estaba probándose algunas túnicas y admiraba su figura en un espejo de cuerpo completo.
-Pero que bien se ven en mí estos ropajes- decía sin quitar la mirada del espejo.
En eso se escuchó un ruido y una risita.
-¿Quién anda ahí?- preguntó el sueco asustado.
En eso apareció una doncella de piel morena y cabello café oscuro y ojos negros.
-Parece que te estás divirtiendo, ¿Eh?- le dijo con una sonrisa en los labios.
-Mmm más o menos- le contesto el aprendiz frunciendo el ceño.
-Te ves muy bien- le dijo ella volteando a verlo de arriba abajo, -pero como que te falta algo, agregó ella poniendo una mano en el mentón y haciendo de actitud pensativa.
Afrodita se sorprendió y rápido volvió a verse en el espejo para evaluar qué era lo que le podría hacer falta a un ser tan perfecto como a él.
-¡Ah ya sé!- Dijo la doncella y se acercó a un mueble y empezó a buscar en los cajones de donde tomó un delineador negro y posteriormente se acercó al pequeño.
-¡Listo!- comentó ella admirando su obra maestra.
Afrodita se acercó lo más que pudo al espejo y empezó a ver desde distintos ángulos su rostro para poder apreciar mejor el lunar que la doncella le había dibujado sobre uno de sus pómulos.
-¡Genial!, me gusta- contestó el pequeño muy emocionado.
Entonces los dos se pusieron a platicar y a probar distintos looks.
Al llegar a la segunda planta Camus abrió una puerta y se asomó sigilosamente a ver que había dentro y cuál sería su sorpresa de que era un gran cuarto de baño y en el piso pudo apreciar ropa y zapatos de un soldado. Se sorprendió pensando que a lo mejor podrían descubrirlo, se asomó sigilosamente un poco más y a lo lejos pudo ver a Saga chapoteando en el agua. Entonces Camus se dio cuenta que la ropa en el piso pertenecía al capitán del equipo azul. Se quedó pensativo unos momentos y se le ocurrió una idea para ganar ventaja para su equipo. Se agachó lo más silencioso que pudo, tomó la ropa y los zapatos y así como entró se retiró.
Una vez fuera aventó la ropa por una ventana y continuó su camino y al abrir la puerta de otra habitación se topó de frente con Shaka y Milo, este último se le lanzó encima dando una patada y tumbando al pequeño francés al piso.
-¿Camus?, preguntó el griego sentado sobre su pecho.
-Hola Milo, contestó el pequeño tosiendo ya que con el golpe su amigo le sacó el aire.
-¿Qué estabas haciendo?, lo cuestionó Shaka.
-Buscando mi pista, ¿por qué me saltaste encima como loco?, le reclamó al escorpión.
-Soy un ninja…dijo Milo
-Sí, sí, silencioso pero mortal- a completó la frase Shaka con un tono de fastidio.
-¡Oye!- Le reclamó el pequeño -Se escucha mejor cuando yo lo digo, agregó molesto el griego.
-Quítate, dijo Camus empujando a Milo y haciendo que este cayera en el piso.
En eso se escucharon algunas voces de chicas que venían por el pasillo.
-Rápido nos van a ver, dijo Shaka tomando del brazo a sus compañeros y llevándolos a otra habitación.
Mientras en la cocina el equipo rojo estaba terminando de degustar los deliciosos platillos preparados por Aldebarán.
-Todo estaba exquisito, comentó Aioros.
-Ahh, esto compensó lo que no pudimos comer en el comedor, dijo Shura mientras se limpiaba la boca con el dorso de su mano.
-Muchas gracias muchachos, contestó Alde muy halagado.
Mientras Sofía, la doncella, no quitaba la mirada del arquero quien al sentirse observado cruzó miradas con ella, quien finalmente se sonrojo. En eso escucharon mucho ruido que provenía de la alacena donde habían encerrado a los guardias.
-¿Pero qué demonios les ocurre ahora?, preguntó molesto Shura poniéndose de pie para ver que estaba ocurriendo.
El español abrió la puerta y se percató que el soldado al que Aioria había amordazado lucía desesperado y estaba empezando a tomar un color azulado.
-¡Se está ahogando!, exclamó sorprendido Alde.
-Rápido Shura, desamárralo, le ordenó Aioros.
El pequeño obedeció a su capitán y le quitó el pañuelo de la boca al soldado.
-Listo ¡ya está!, dijo Shura con el pedazo de tela en la mano y volteando a ver sus compañeros en señal de aprobación.
En eso Sofía se sorprende se levanta de su asiento y le arrebata el pañuelo al español.
-¿De dónde haz sacado esto?, le pregunto.
-Es la pista del rally que te comenté que estamos haciendo- contestó Aioros, -¿Sucede algo con eso?
-Cuando somos seleccionadas para ser doncellas de la casa del gran patriarca nos entregan un pañuelo como este- comentó ella. Y después cuando llegamos a esta casa nos entregan un relicario como este- dijo señalando a su cuello.
-Eso es a lo que se refería la carta de la lechuza- dijo Shura con una sonrisa triunfante.
En eso Alde grita: -¡El soldado! ¡No respira!, mientras apuntaba al pobre hombre desmayado.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó muy preocupado Shura y después corrió hasta donde estaba Aioros se colgó de su cuello y en tono lloroso se quejó: -Soy muy joven para ser un asesino….
-¿Lo hemos matado?- cuestionó Alde a quien se le empezaba a quebrar la voz y a ponérsele los ojos llorosos.
-Tranquilos- contestó Aioros quitándose a Shura y tratando se calmar al pequeño Alde. –Necesita primeros auxilios, agregó el arquero y rápidamente volteó a ver a Sofía.
-A mí ni me miren- contestó ella cruzándose de brazos, -yo soy una simple doncella no sé nada de reanimación.
-Rápido hay que hacer algo- dijo Shura, -se está poniendo cada vez más azul…
-Ay no- murmuró Aioros y muy a su pesar se acercó hasta el soldado, se puso de rodillas, respiró profundo y cerrando los ojos se dispuso darle respiración de boca a boca y justo cuando le estaba dando reanimación se abre la puerta de la cocina y entra Aioria gritando tratando de quitarse de encima a Kanon, que intentaba de abrazarlo dando tropezones.
-¡Te dije que me dejarás en paz!- renegó el pequeño leo.
-¡Te tengo!- decía triunfante el gemelo atrapándolo en gran abrazo de oso.
-Hip!- fue lo único que pronunció el pequeño Mu que venía detrás de ellos.
-Esta casa está muy bonitaaaa- dijo DM que venía trastabillando chocando con cuanta cosa tenía en frente y seguido muy de cerca por Geist.
En eso Kanon que había quedado justo en frente de Aioros y al verlo inclinado sobre el soldado gritó: -¡¿Pero qué demonios?!
Aioria se quedó petrificado, Mu se tapó los ojos, DM empezó a carcajearse ante la escena y Shura divisó a Geist, que estaba parada a un costado del pequeño cáncer. En eso el español corrió para acercarse a la amazona empujando a DM.
-¡Mi querida Dulcinea!, dijo Shura tomando una de sus manos dándole un beso como gesto de caballerosidad.
Ella se asustó y retiró su mano lo más rápido que pudo.
-¡Aioros besó a un guardia jajajajaja!- dijo por fin Kanon soltando al pequeño Aioria y llevándose ambas manos al estómago que le dolía de tanto reír.
El arquero se apartó del soldado que ya había vuelto en sí y dijo: -Espera, no es lo que parece…
-¿Qué más puede parecer el que tú tengas tu lengua en su boca?- contestó divertido el gemelo.
-¿Lengua?, no es cierto, se defendió el castaño mientras fruncía el ceño.
-Aioros estaba tratando de revivir al soldado, agregó Alde mientras ayudaba al pequeño Mu a mantenerse de pie.
-Sí, así le dicen ahora, jajajaja- dijo con ironía DM.
-Mi hermano jamás haría algo así- contestó el pequeño Aioria empujando a DM.
El Arquero frunció el ceño, se puso de pie y se defendió.
-Siempre tienes que tergiversar las cosas- dijo refiriéndose a Kanon.
-Espera a que se entere Saga ajajajajaja-, contestó el gemelo burlonamente.
Aioros se sorprendió y entonces Kanon agregó:
-Cuando sepa de tu heroico besito ya no querrá ser tu amigo y así recuperaré a mi hermano muajajaja- y mientras decía eso hacía un gesto malicioso con las manos como villano de película.
Por su parte, Shura intentó de nuevo acercarse a Geist y le dijo:
-Mi bella dama no tienes nada que temer yo te defenderé de estos borrachos.
Geist no supo que decir ante el gesto de caballerosidad del español, de hecho se notaba incomoda ante tanta atención y trató de nueva cuenta de escapar de él escondiéndose detrás de DM.
-Ehh, no necesito que me protejan-, le contestó la amazona tomando un brazo de DM para poner algún obstáculo entre ambos.
-¡Ey!, déjame, dijo DM volteando a ver a la niña mientras esta ahora lo tomaba por los hombros.
Shura frunció el ceño al notar la cercanía de ambos y desafiante dijo: -¡No te interpondrás entre nosotros cangrejo! Y se le lanzó en cima.
En eso el soldado que había causado todo el revuelo terminó de volver en sí y empezó a gritar: -¡Auxilio! ¡Intrusos!
Y de repente alguien lo golpeó en la cabeza haciendo que se desmayase.
-¡Alde!, mira que has hecho, lo reprendió Aioros.
-Lo siento, pero si no hacía algo otros soldados podrían oír y descubrirnos, contestó el brasileño.
-¿Tú crees que no habrán notado nada?, dijo Sofía cruzándose de brazos y en tono sarcástico.
Entonces Kanon la vio y se a cercó a ella empujando a Aioros que estaba justo frente a ella, haciendo que el castaño cayera sobre el soldado desmayado.
-Hola preciosidad, dijo el gemelo con el rostro sonrojado por el alcohol, puso una sonrisa coqueta y pasó un brazo por el hombro de la doncella.
La primera reacción de ella fue de sorpresa, pero inmediatamente después se molestó al sentir invadido su espacio personal y finalmente abofeteó a Kanon.
-¡Pero que atrevido!, le dijo Sofía mientras lo ignoraba y se acercaba al arquero para ayudarlo a levantarse.
Por otro lado, Camus, Shaka y Milo se encontraban escondidos en un closet de blancos.
-Quita tu codo de mi ojo, le exigió Shaka a Milo.
-Ayy, me estás pisando, le reclamó Camus volteando a ver al griego.
-Ustedes son los que no me dejan espacio, se defendió el pequeño haciendo un puchero.
Y los tres empezaron a empujarse, mientras en el pasillo una doncella, que apenas era una niña, venía pasando por ahí justo en el momento en que la puerta cedió a los empujones de los aprendices haciendo que estos aplastaran a la pobre chica.
-¡Mira lo que hiciste!- le reclamó Camus a Milo.
-¿Yo? ¡Fueron ustedes!- contestó el griego.
-Vámonos de aquí, van a descubrirnos- dijo Shaka poniéndose de pie de un brinco.
Entonces el rubio tomó de un brazo a Milo y se lo llevó con él dejando al pobre Camus con la niña que comenzaba a reaccionar.
-¿Pero qué es lo que ha pasado?, preguntó llevándose una mano a la cabeza que le dolía por el golpe, en eso vio a Camus que no tuvo tiempo de salir corriendo como sus amigos.
-¿Quién eres tú?-, preguntó a duras penas la chica.
-Estas sangrando-fue la respuesta del francés.
Ella rápidamente se llevó una mano a la nariz y se percató que efectivamente estaba sangrando.
-Debió a haber sido por el golpe-, dijo el pequeño acercándose a la doncella y agregó: -Permíteme ayudarte.
Camus sacó de su bolsillo el pañuelo que les habían dado de pista y comenzó a limpiarle la sangre a la niña. Ella lo detuvo tomando su mano y mirando fijamente el pañuelo le preguntó:
-¿De dónde haz sacado esto?
-¿Esto?, preguntó el francés, -Es sólo un tonto pañuelo.
-No, no lo es, le contestó ella muy seria.
-¿No?, preguntó él extrañado.
-Cuando nos seleccionan para ser doncellas del patriarca nos entregan un pañuelo como ese y después cuando llegamos aquí nos dan un relicario como regalo- le dijo la niña mientras seguía sentada en el piso.
-¿En serio?, preguntó Camus. Se quedó pensativo unos momentos y después cayó en cuenta de que la frase de la carta de la lechuza podría referirse a eso.
Entonces instintivamente llevó una mano hacia el cuello de la niña y sin querer la acarició, ella inocentemente se sonrojó y empezó a coquetearle pensando que el pequeño lo había hecho por que le gustaba.
Mientras en el baño Saga se veía las manos y se daba cuenta que estaban muy arrugadas.
-Cielos ya no sé ni cuánto tiempo llevo aquí será mejor que salga- se dijo a sí mismo el mayor de los gemelos.
Se puso de pie y comenzó a caminar hacia donde se supone que había dejado su ropa.
-¿Eh? ¡No puede ser! Yo había dejado mi ropa justo aquí- pensó.
En eso se escucharon algunas voces de mujeres y el gemelo se preocupó.
-¡Oh no, alguien viene!,- volteó a todos lados pero no había donde esconderse, sólo los pilares y corrió a ocultarse detrás de uno de ellos.
Finalmente un grupo de jóvenes entró al baño, venían cubiertas de finas batas de baño. El gemelo comenzó a sudar frio sin saber qué hacer, no había manera de que él pudiera salir de la habitación sin que las doncellas llegaran a verlo desnudo.
-Ahh… por fin podremos relajarnos por un momento- dijo una de ellas.
Otra más se acercó un poco al agua y sumergió uno de sus pies. -El agua está deliciosamente tibia-, comentó.
-No puedo esperar a meterme, dijo otra.
Al escuchar eso último el gemelo se estresó, tenía que salir de ahí lo más rápido posible antes de que ellas quisieran entrar y se toparan de frente con un aprendiz tal y como Dios lo trajo al mundo. Entonces Saga respiró profundo para tomar valor y cerrando los ojos salió de su escondite cubriendo con sus manos sus partes más sensibles.
-¡Ahhh! ¡Un hombre desnudo!- Gritó una de las doncella tapándose los ojos.
-¡Ahhh!-Gritaron todas las demás brincando y haciendo un escándalo.
Saga abrió los ojos y optó por salir corriendo de ahí en lo que las chicas gritaban despavoridas. El gemelo abrió la puerta y justo cuando se disponía a salir del cuarto de baño se estrelló con Shaka y Milo.
-¿Saga?, preguntó Shaka.
-¿pero qué te pasó? ¿Y tu ropa? Le dijo Milo volteándolo a ver de arriba abajo sorprendido.
-No hay tiempo para explicaciones, vámonos de aquí, les contestó el peli azul.
Mientras Afrodita seguía charlando con su nueva amiga explicándole porqué estaban ahí.
-¿A sí que un rally? ¿Eh?, preguntó la doncella viendo fijamente al sueco.
-Si, esta es la pista que nos trajo hasta aquí, contestó el pequeño.
-oh, ya veo dijo ella esbozando una sonrisa.
-¿Sabes lo que es verdad?, dijo entusiasmado Afrodita al ver que su compañera no se sorprendía de ver el pañuelo.
Ella asintió y agregó: -Cuando nos seleccionan para ser doncellas nos entregan un pañuelo justo como el tuyo y posteriormente cuando llegamos aquí nos entregan un relicario.
La joven se puso de pie, se dirigió a una cómoda de dónde sacó un alhajero y le mostró el dichoso relicario al peli turquesa.
-¡Es la pista del rally!, dijo Afrodita muy entusiasmado. -¿Podrías prestármelo?
Ella no contestó, lo pensó unos momentos y finalmente le contestó:
-Está bien, pero deberás prometerme algo…
-¿Qué cosa?, preguntó el sueco.
-Que volverás aquí para seguir charlando de moda y belleza, dijo ella muy seria.
-¡Por supuesto!- Contestó Afrodita dando un salto. –Con mucho gusto regresaré aquí.
La doncella le entregó el relicario al peli turquesa, se abrazaron y se despidieron.
-Te veo luego- dijo Afrodita guiñándole un ojo a su nueva amiga.
Entonces Afrodita salió corriendo de la habitación lo más rápido que pudo para ir a buscar al resto de su equipo. Pero cuál sería su sorpresa que no tuvo que hacerlo porque se topó de frente con ellos.
-¡Afro! ¡Ahí estas!- dijo el pequeño Milo al verlo.
-¡Ya tengo la piisssstaaaa…! Dijo sorprendido Afrodita y agregó ¡Oh! ¡Por Athena! ¡Saga cúbrete!, al ver que su capitán no llevaba ropa.
-¡Ay Afrodita! Pero si así me gusta estar a mí-, dijo en tono sarcástico el mayor de los gemelos.
-Como quieras, pero con ese cabello mojado y estando así vas a coger un resfriado, contestó el peli turquesa en tono preocupado.
-¿No me digas?, le dijo Saga molesto.
-Oigan, por aquí estaba el closet de blancos donde nos escondimos hace unos momentos, podríamos tomar una toalla para que te cubras, intervino Shaka volteando a ver a Saga.
-Excelente idea, dijo el gemelo.
Por su parte, Camus seguía tratando de convencer a la pequeña niña para que le diera su relicario.
-Anda mon cheri, le decía el pequeño haciendo uso de su galanura francesa.
-Ahh-, suspiró emocionada la pequeña colgándosele de un brazo.
-solo si prometes darme un beso, agregó esta.
Camus puso cara de preocupación, no quería besar a una niña, sentía que era un gran dilema pero en eso levantó la mirada y del otro lado del pasillo pudo ver al equipo azul que venía corriendo directamente a donde ellos estaban.
-¡Demonios!- Pensó y cerrando los ojos le dio un beso rapidísimo a la niña.
Ella sonrió y le entregó el relicario. Entonces el pequeño se puso de pie y salió corriendo escaleras abajo antes de que el equipo azul lo alcanzara. Mientras huía Camus se reflexionó que después de todo no había sido tan malo besar a una niña. Es más ni siquiera le había desagradado.
-¡Espera! Le gritó la doncella. –Ni siquiera sé cómo te llamas…
-Camus- contestó él guiñándole un ojo.
En eso el equipo azul llegó al closet de blancos que estaba justo a espaldas de la niña y Shaka le pasó una toalla a Saga para que se cubriera de la cintura para abajo.
-¡Ey Camus lleva un relicario en las manos!, dijo Milo apuntando a hacia donde estaba el francés.
-¡Es cierto!, el relicario- dijo Afrodita recordando que ellos también tenían su pista y se lo mostró al resto de su equipo. – ¡Vámonos! Ya lo tengo, es por lo que veníamos.
Y no había terminado de decirlo cuando se abrió la puerta principal y entró una docena de soldados que habían sido alarmados desde una ventana por el grupo de jóvenes que vieron a Saga en el cuarto de baño.
-¡Deténganse intrusos!, les ordenó uno de ellos.
De pronto uno de los guardias se topó de frente con Camus, quien logró esquivarlo por unos centímetros y posteriormente se dirigió a la cocina a buscar al resto de su equipo.
-No podrás escapar, le advirtió el soldado.
Y estaba a punto de agarrarlo pero Milo se percató de eso y le gritó a su amigo:
-¡Cuidado Camus!
Sin pensarlo el griego se subió al barandal y se lanzó desde el segundo piso colgándose del candelabro que adornaba el recibidor, se balanceo en él y finalmente se dejó caer sobre el soldado pero con el impulso que llevaba arroyó también Camus.
-Milo ¡No!, gritó Saga intentando detenerlo en vano.
-¡Wow, Ahora sí eres un ninja!, dijo Shaka riendo.
Entonces los dos pequeños y el guardia fueron a parar a la cocina donde se estrellaron con el pequeño Aioria.
-¿Otra vez tú?, preguntó molesto Aioria al ver que Camus lo había golpeado.
-No fue culpa mía- se defendió el francés.
-¡Milo! ¿Estás bien? -Dijo sorprendido Aioria ayudando a levantarse a su amigo.
Todos los que estaban en la cocina voltearon a ver a los pequeños para ver que ocurría.
-¡Un soldado, hip!- dijo Mu apuntando al hombre que yacía en el suelo aplastado por los aprendices.
-Rápido hay que detenerlo antes de que vengan más- agregó Alde.
Y no terminaba de decir eso cuando ingresó un grupo de unos seis soldados.
-Están detenidos chiquillos malcriados- dijo el líder.
-Eso es lo que ustedes creen- contestó Kanon tambaleándose pero con mucha decisión atacó al capitán de los guardias.
Shura y DM continuaban peleando entre ellos pero al percatarse de todo el escandalo pararon y vieron a los soldados. Los dos se miraron por unos instantes, asintieron y se lanzaron a atacar a los hombres. Por su parte Aioria, Milo, Camus, Alde y Mu hicieron lo mismo.
No había pasado ni tres minutos cuando los pobres soldados eran atacados por una lluvia de golpes propinados por los aprendices y al poco tiempo quedaron tumbados boca abajo con una montaña de niños sobre ellos.
-Jajaja, son unos inútiles- dijo Kanon triunfante.
A la par que esto ocurría en el recibidor se armaba otra pelea entre los cinco soldados restantes, Shaka, Afrodita y Saga.
-Ven acá chiquillo escurridizo, le decía un guardia a Shaka mientras intentaba atraparlo.
Pero el rubio era demasiado rápido para el hombre y en un abrir y cerrar de ojos se colocó a sus espaldas, lo empujó y lo derribó para finalmente dejarlo inconsciente de un golpe en la nuca.
Por su parte Afrodita estaba rodeado por dos soldados que se lanzaron al mismo tiempo contra él, pero el sueco dio un salto y los pobres hombres chocaron de frente uno contra el otro quedando desmayados por el impacto.
-Esto es demasiado fácil, dijo sonriente el peli turquesa.
Mientras Saga esquivaba los golpes de los otros dos guardias haciendo lo que podía con una sola mano ya que con la otra detenía la toalla.
-Saga deja de estar jugando tenemos que irnos, le dijo Shaka molesto al gemelo.
Entonces Saga se movió a la velocidad de la luz, les dio una patada en el estómago a cada uno de los soldados lanzándolos al piso y dejándolos inconscientes. Inmediatamente después el equipo rojo corrió a la cocina a buscar a Milo.
-¡Milo! Vámonos de aquí, no tardaran en venir más soldados, dijo Saga.
-¡Saga!, dijo sonriente Kanon al ver a su hermano y corrió a abrazarlo.
-¿Kanon? Pero que….-Contestó el mayor extrañado ante el gesto cariñoso de su gemelo, en eso percibió un extraño olor que provenía de su hermano y agrego: -¿Por qué hueles a alcohol?
–Espera a que te cuente lo que ha hecho Aioros- fue la respuesta del menor.
-¡No!- gritó el arquero saltando sobre Kanon para evitar que lo pusiera una vez más en ridículo.
Pero al saltar sobre los hermanos los tres fueron a dar al piso y con todo el escándalo Saga perdió su toalla.
-¡Ahhh! Gritaron Sofía y Geist tapándose los ojos.
-¿Por qué no tienes ropa?, preguntó extrañado DM.
Al escuchar la pregunta del italiano Camus se puso nervioso ante la idea de que pudieran descubrir que fue él el responsable de que el gemelo hubiera perdido su ropa.
-¡No hay tiempo que perder vámonos!, dijo Afro levantando a Saga mientras este último intentaba cubrirse de nuevo con la toalla.
Entonces Shaka tomó a Milo y el equipo azul salió huyendo del templo de las doncellas.
-¡No!, gritó Camus cuando los vio salir y pensó que todo su esfuerzo y hasta el sacrificio de besar a una niña iba a ser en vano, se puso de pie y les dijo al resto de su equipo:
-¡Ya tengo la pista, me adelantaré al templo del patriarca, ustedes síganme! Y salió corriendo tras el equipo azul.
El pequeño Mu se puso de pie a como pudo y salió corriendo tras el francés.
-¡Quítateme de encima!, le dijo molesto Kanon a Aioros empujándolo. – ¡Siempre tienes que interponerte entre Saga y yo!
-¿Ehh?, contesto extrañado el castaño ante la idea de que Kanon estuviera celoso de él.
Entonces el gemelo se puso de pie tambaleándose al igual que DM y apoyándose uno en el otro se dirigieron a la salida.
-¡Todos ya tienen su pista! ¡Y nosotros seguimos sin saber que es!, reclamó molesto Aioria.
-¡Yo sé que es!- Contestó Sofía.
-¿Qué es?, dijeron todos los miembros del equipo rojo
-Esto- y se quitó el relicario que llevaba colgando en su cuello.
-¿Un relicario?, preguntó extrañado Alde.
-Es igual al que traía en su mano Afro, agregó Shura.
-¿Podrías dárnoslo?, preguntó amablemente Aioros a la doncella.
-Solo si prometen devolvérmelo después, contestó ella con la esperanza de volver a ver al arquero.
-Te lo prometo- contestó él.
Entonces ella le entregó el relicario y el equipo rojo se puso de pie.
-Muchas gracias- le dijo Aioros despidiéndose de la doncella.
-De nada- dijo ella sonriente.
-Y una disculpa por todo este desastre- agregó el castaño.
-Váyanse ya, le contestó ella, -No deben de tardar en venir más soldados y si los encuentran aquí jamás llegaran a tiempo para su siguiente pista.
El equipo rojo asintió, mientras Shura se despedía de Geist.
-Disculpa que te tenga que dejar en un lugar como este- pero tengo que cumplir con mi deber.
Ella no dijo nada solo miró con cara de extrañeza. Él tomó su mano y se la beso en gesto de caballerosidad y se retiró con el resto de su equipo.
Mientras el equipo azul estaba por llegar al templo del patriarca.
-¿Cómo es que alguien puede perder así nomás su ropa?, le preguntó Milo a Saga mientras corrían escaleras arriba.
-Pues… quise tomar un corto baño por lo sucio que terminé de la pelea en el comedor y cuando menos pensé mi ropa había desaparecido- contestó apenado Saga.
-Jajajajaja- se rieron los otros tres integrantes de su equipo.
Al gemelo no le hizo gracia y frunció el ceño. En eso llegaron al templo del patriarca, abrieron las puertas y corrieron al gran salón.
-¡La tenemos!- gritó Afrodita mientras agitaba la mano con la que sostenía el relicario.
De pronto Milo le arrebató la joya al peli turquesa y corrió directo a Gigas, el viejo al ver que el pequeño escorpión corría directo a él, se cubrió la cabeza con las manos para protegerse del impacto que seguramente iba a recibir al echársele encima el pequeño. Pero nada de eso ocurrió y cuando Gigas tuvo el valor de voltear a ver qué había ocurrido Milo estaba frente a él sosteniendo el relicario.
-¿Qué es lo que le pasa?, le preguntó extrañado Milo.
-¿Eh?, contestó el viejo sin poder creer que Milo estuviera tan tranquilo viéndolo fijamente.
-¡Hemos ganado!, grito emocionado Saga.
-Aún no termina el rally-, contestó el viejo frunciendo el ceño y al darse cuenta del estado del gemelo agregó: -¡Por todos los dioses Saga! ¿Qué forma es esa de andar por el santuario? ¿Dónde quedó tu decencia?
-En el baño, contestó Milo riendo.
Shaka le dio un ligero codazo al griego y Saga volteó molesto a ver al pequeño.
En eso apareció Camus corriendo lo más rápido que le permitían sus pequeñas piernas.
-¡Aquí está! ¡Aquí está!, dijo a duras penas con la respiración entre cortada de tanto esfuerzo.
-Muy bien, contestó Gigas tomando el relicario que el francés le ofrecía.
-¿Estás bien?, le preguntó Milo a Camus poniendo una mano sobre su hombro.
Camus apoyó sus manos en sus rodillas, respiraba agitadamente tratando de recuperar el aliento y solamente asintió en respuesta a su amigo.
-¿Y el resto de tu equipo?, preguntó extrañado Gigas, volteando a todos lados esperando a que apareciera alguien más del equipo verde.
-Venían…detrás….de….mí, contestó el pequeño.
De pronto una pequeña cabecita con pelo lila se asomó por la puerta tímidamente. Era Mu. Saludó con la mano a los presentes y cuando iba a decir algo sólo se escuchó -¡Hip!, resonando en todo el gran salón. El pequeño lemuriano se llevó ambas manos a la boca para silenciarse. Gigas lo miró con recelo y después volteó a ver a Camus, este último solo sonrió y levantó los hombros como queriendo decir que él no sabía nada.
En ese momento apareció el equipo rojo, desesperado Saga volteó a ver Gigas y tratando de llamar su atención le dijo:
-Rápido la siguiente pista….
Aioros iba a la cabeza llevando la joya en una mano y cuando estuvo al frente de Gigas le entregó el relicario. Saga sólo hizo un gesto de descontento ante la idea de no haber ganado ventaja sobre sus competidores.
-Uff!, pensé que no lo lograríamos dijo Shura volteando a ver a Aioria y a Alde.
-Muy bien, dijo Gigas, -Todos han traído lo que se les pidió.
-Señor, lo interrumpió Aioros.
-¿Qué sucede?, preguntó el viejo.
-¿Necesita quedarse con el relicario? Es que prometí que lo regresaría, confesó el castaño.
Gigas se quedó pensativo unos momentos y después contestó: -Ehh… supongo que no… y se lo regresó a Aioros.
-¡Lo que sigue!, dijo impaciente Saga.
El viejo frunció el ceño dedicó una mirada asesina al peli azul, a quien no soportaba, y se dirigió a otra habitación dejando a los jóvenes aprendices en el salón esperando la siguiente pista...
