15 de diciembre de 1809

Querido lord Grandchester,

En nuestro tercer aniversario como marido y mujer me siento obligada a decirte que sigues siendo tan impertinente, insufrible y arrogante como siempre, quizá aún más ahora que andas pavoneándote por la mansión con tu hija sobre tu hombro. A pesar de mi desacuerdo y el de mi más fiel aliada, tu querida madre, insististe en llamarla «Candy», asegurándote de que ella y el perro fueran corriendo al oír su nombre.

Durante un tiempo no sabías a cuál de los dos encontrarías babeando y mordiendo tus botas. Sus modales en la mesa son muy parecidos a los que tenía su padre hace tiempo. Rechaza la cuchara y el tenedor y lanza la papilla a su alrededor con un entusiasmo que hace que Johnson y la señora Elroy se estremezcan de horror.

También te escribo para informarte que gracias a tus esmeradas y frecuentes atenciones estoy de nuevo embarazada. Puede que esta vez te dé un hijo con ojos azules y rizos dorados que dará órdenes a los empleados con la arrogancia propia de un Grandchester.

Tu adorada,

Candice

16 de diciembre de 1809

Querida lady Grandchester,

Debo señalar que nuestro pequeño querubín también tiene muchos rasgos en común con su madre. Normalmente le gusta fingir que es otra persona (o cosa), ya sea un hada o un sapo. También tiene una tendencia a desaparecer cuando más se la necesita. Ayer mismo, mientras estaba esperando a que mi nuevo valet, Phillip, me atara el pañuelo para ir a la iglesia, la encontré dormida en mi vestidor debajo de un montón de sombreros.

Así que ahora tienes la intención de darme un hijo, ¿eh? Sin duda alguna será tan molesto y tan insoportable como su madre y su hermana.

Hace tiempo me preguntaste si te seguiría queriendo cuando tus labios estén fruncidos por la edad y tus ojos apagados. Puedo asegurarte que te seguiré queriendo cuando sólo me queden fuerzas (y pocos dientes) para mordisquear esos labios. Te querré cuando tus huesos estén lo bastante afilados para clavarse en mi cuerpo. Te querré cuando la luz de mis ojos se apague para siempre y tu dulce cara sea lo último que vea. Porque soy y siempre seré…

Tu fiel esposo,

Terrence