Hi, desu yo! He añadido alguna que otra mención de lemmon, aparte de un ligero pruhun ¡Que Austria se toque la zambomba sólo! Tengo decidido que en cuanto termine la historia y haga el epilogo, haré una chapter especial para las escenas ocultas que he sido demasiado vaga para poner o que no tenían mucho que ver.


Ludwig se despertó durmiendo otra vez en la cama de Felicia ¿Por qué lo hacía? Ni puta idea, macho. Había dejado su traje perfectamente doblado con las máscara con este, encima de una cómoda (¿De dónde ha salido?). El precioso traje de la italiana estaba tirado en el suelo, mientras esta se hacia una crisálida con las gruesas mantas de su cama. El teutón se levantó poco a poco, no queriendo dejar el calorcito de la cama. Apenas recordaba lo que pasó en los dos días de carnaval que había estado aquí, tampoco es que quisiera recordar, si somos honestos. Recordaba las mañanas, las tardes, y poca parte de la noche. Habían usado diferentes trajes durante los dos días, uno de los bocetos consiguió convertirse en el segundo traje de la ojidorada. Felicia le propuso de vender algunos trajes que ella tenía hechos para ganar dinero e ir a Leverkusen.

*Una especie de Flashback*
-¿Nunca los has vendido?
-Son muy especiales para mí, supongo que estaría en la clase media-alta si los vendiera, pero no tenía razones. Hay que financiar nuestro viaje, ¿Ve~?
-Sobre tu hermano, ¿Qué crees que necesitaría?
- Siempre lo veo con un flotador, así que supongo que le gustará nadar, pero nunca lo veo nadar, y siempre que lo lleva está rodeado de chicas…También le gustan las bromas, creo…
-…Mi hermano me va a matar…
-¿¡Ve~!? ¿Por qué?
-Me-Me lleve su móvil sin querer…
-¿Cuál es el problema, pues?
-Que tiene el móvil lleno de videojuegos y porno, puedo borrar esto último, y dárselo a Marcello
-Ve~, eso está bien, también puedo llevarle una libreta con lápices
-También tengo una Nintendo 3ds XL
-¡Decidido!
*Fin del Flashback*

Mientras iba a buscar su bolsa en la que guardaba toda la ropa que había llevado, iba retocando los detalles de su plan de vuelta a Leverkusen. Felicia tenía muchos trajes, así que según como se vendieran, tendrían que subir o bajar el precio. Por la reacción que la gente dio al ver sus trajes, supo que seguramente se venderían, como Isabel decía, como churros. Apretó la cruz de hierro contra su pecho, y un poco con su mano. Vio a la muchacha darse la vuelta en la cama, una y otra vez, musitando 'Ve~' de vez en cuando. Tendrían que despertar pronto a Marcello, por que se había acostado tarde. Como pudo comprobar el primer día, los hermanos italianos parecen en coma duermen, aparte de que es muy difícil despertarlos del todo, contando que Felicia solía mantener los ojos cerrados. A lo mejor tendría que meterles café en la leche de infraganti.

Sintió una brisa. Una brisa abajo. Ludwig no lo entendía. No es como si estuviese…Oh… ¿¡Qué hacia desnudo!? ¿¡Por qué estaba desnudo!? Bueno, desnudo, desnudo, no estaba. Tenía un… protector de color rosa chicle puesto en el…en el… en el Wurst. Como decirlo, había…mojado. Era obvio que había hecho…eso, se alegraba que llevara el condón todavía puesto. A lo mejor fue con otra chica y Felicia no tenía nada que ver con la sorpresa matutina. Si su suposición no iba desencaminada. Pero al pensar eso, se sintió mal ¿Y si comprobaba como estaba Felicia?

Se dirigió hacia la cama tímidamente mientras oía en la calle que la juerga seguía para algunos borrachos. Destapó la manta lentamente. Descubrió a una italiana de muy buenas curvas, echada sobre unas manchas transparentes, desnuda, eso sí. Los pezones brillaban con la luz que se conseguía pasar de las cortinas. El sonrojo de Ludwig superaba las cifras imaginables, y se estaba levantando…el muro de Berlín, poco a poco. La italiana se movió un poco sobre sí misma. El alemán se asustó. La ojidorada murmuró algo. El ojiazul se acercó para oír mejor. Felicia susurró 'otra ronda más, Luddy'. Ludwig se ruborizó por completo. Ludwig miró a Felicia, que esta tenía los ojos entreabiertos. Le miraba con una sonrisa sincera. La joven le invitaba a entrar a la cama con una mano. Se dirigió hacia la italiana tímidamente, para luego acabar envuelto en mantas abrazando a la joven.
-¿Deberíamos levantarnos?
-Quizá…
-Ya me han pagado los trajes y van a venir a recogerlos dentro de… media hora ¿Me ayudas? Ve~
-Ahora voy, deja que me vista
-Yo también tengo que vestirme…Oye Ludwig, ¿podríamos repetir lo de ayer? Y-Ya sabes…
-… [Error de la mente del teutón, por favor, reinicie]

Cuando el teutón consiguió volver de su pequeño…trance, por así decirlo, Felicia estaba vestida con una camisa de rayas grises y blancas finas, con una cremallera rosa a su hombro derecho, junto a unos vaqueros de una tonalidad azul medianoche. La joven se las había manejado bien para conseguir ponerle sus calzoncillos. Felicia aprovechó de que Ludwig se estaba vistiendo para bajar una gran caja, aparte de que había dejado una nota de que estaba en la tienda abajo. Ludwig terminó de ponerse la ropa y fue hacia la puerta de la casa. Al abrirla, se dio cuenta de que había un pasillo largo bifurcado en dos puertas. No se dio cuenta hasta ahora, porque la máscara que estuvo llevando no le dejaba ver bien las cosas de alrededor. Abrió ambas puertas y vio que en la de la izquierda la barandilla estaba a la derecha; y la derecha estaba a la izquierda. Recordó haber sujetado una barandilla a la izquierda para no pegarse el ostión de su vida, así que fue a la puerta que estaba a la siniestra. Mientras bajaba, oía bastantes voces. Al entrar a la tienda, vio que había bastantes jóvenes, algunas señoras mayores, y quizá un hombre curioso. Felicia tenía varias cajas con los disfraces, envolviéndolos con un papel rosa claro y una cinta blanca para dar a los clientes y que estos paguen.
-¡Ah, Ludwig, ahí estás! ¿Puedes ayudarme a envolver los trajes? Ve~

Se acercó con paso ligero al mostrador para empezar a envolver los trajes. Estos llevaban una tarjetita con el nombre del cliente, así que según la pésima explicación de la ojidorada, solo tenía que decir el nombre del cliente, ver su carnet y darle el traje. También se dio cuenta de Felicia había conseguido bastante dinero. Demasiado para contar

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Gilbert se aburría, pero aburrimiento de verdad, no encontraba su móvil, tampoco su nintendo 3ds… ¿Y si estaba pasando lo que su padre le vaticinó? ¿Qué de dejar las cosas tiradas por ahí, se perderían? El albino raramente dejaba algo desordenado, ya que tiene una terrible manía de orden que había conseguido pegar a su hermano cuando este era joven. El ojirojo apreciaba la compañía de Sakura, de Alfred, tanto de Francis como de Isabel, pero echaba de menos a su hermano. Le ha jodido por todos sus días vividos, y le joderá los que le queden por vivir. Cualquiera diría 'Tu eres un capullo con patas que financia Family Guy y un matón que no entiende los sentimientos de los demás aunque te los pongan en bandeja de plata'. Gilbert diría 'Es amor fraternal'. Simplemente se aburría, estaba en su cuarto aburrido obviamente, así que se dirigió al edificio de comunicaciones donde se supone que debería estar, solo para subir las escaleras y dirigirse a una pieza que le había salvado del aburrimiento más de una ocasión. Quitó la tela que la cubría de un tirón para mostrar un televisor de caja antiguo, que tenía un poco de polvo en las esquinas de la pantalla.

Acarició un poco la pantalla, dejando una rastro totalmente negro en dicha zona y bastante polvo en la yema de sus dedos, obviamente no se preocupaba demasiado por su mantenimiento pero que funcionase estaba bien, ¿No? Cogió el pañuelo que hace unos momentos la cubría de la luz que llegaba de una ventana que estaba colocada en el techo inclinado. El ambiente era acogedor. Habían un montón de cajas alrededor que cumulaban la misma cantidad de polvo, algunas llenas de armas y balas por si la guerra se complica y necesitan llegar más lejos, otras tenían recuerdos preciados de los refugiados, la mayoría niños pequeños. Peluches, muñecas, libretas con dibujos, consolas, cargadores…Hay había una fortuna con la que matar el tiempo, pero Gilbert tenia orgullo, así que decidió no tocarlos, solo, por si acaso. Encendió la tele, y cambio de canal un y otra vez para encontrar algo bueno. Al cabo de un rato se cansó y decidió conectar el satélite solo para ver que daban en otros países, seguramente cosas de la guerra. De hecho, el otro día encontró un programa español de un escenario que se inclinaba, así que seguro que podría ver lo que daban en el hogar del enemigo.

Acabo encontrando una emisora austriaca, en la que estaban dando un mensaje al pueblo austro-húngaro. A Gilbert le pareció interesante, ya que podría revelarle algunas técnicas enemigas que podrían esquivar. Le dio al botón de grabar, solo por si acaso. Se escuchaba el nuevo himno de fondo, con su nuevo diseño de bandera. Dos franjas rojas verticales volviéndose verdes al bajar, y en la franja blanca de en medio un águila en un escudo de oro. Era bastante bonita, en comparación con su bandera negra, roja y amarilla. Subió el volumen, y se aseguró de que le había dado al botón de grabar por quinta vez. Hablaron unos cuantos tíos sin significancia hasta que llegó un hombre repeinado, con un rulo en el lado izquierdo, llevando un uniforme violeta con cadenas colgando de las hombreras doradas, con varias condecoraciones militares

'Gay' Lo único que alcanzó a decir Gilbert, antes de que se quedara pasmado al ver a una chica con el pelo largo hasta las caderas y castaño, flequillo sujeto por una flor; con un traje elegante verde, y corbata plateada. Sujetaba algunos papeles y miraba a la cámara con tranquilidad, relativa calma, pero en sus ojos se veía algo de nerviosismo. El castaño oscuro repeinado la miro para que se tranquilizase y volvió a mirar al frente, con confianza 'Joder con la chica, está buena… ¿Estoy sangrando por la nariz?'

Comenzó a hablar, con la voz firme, y un pelín estresada. 'Es un princesa, fijo. Joder, que culo tiene la tía'

-Pueblo austrohúngaro, os habla vuestro consejero de guerra y re instaurador de la nueva dinastía de los Habsburgo, Roderich Eldestein. No todo lo tenemos perdido, sé que muchos habéis perdido a personas importantes, o incluso objetos que se habían convertido en parte de vuestra persona. Yo mismo he sufrido como vosotros una perdida. Un grupo de los malditos barbaros del general Beilschmidt me rompió MI piano. No puedo expresar mi enfado con mi piano, pero puedo hacerlo con mi violín. Quedaría bien tocar el trino del diablo ahora que lo pienso… Pero no hay tiempo. Intentamos hace unas pocas semanas contactar con el alcalde de Roma, Augusto Vargas, para que nos deje usar la capital como refugio y conquistar Italia desde ese punto para que se una a nuestra causa y luchar por los derechos de la unión africana y por consecutiva, de todos los países tercermundistas, como Brasil. Pero esos malparidos soltaron un rumor diciendo que nosotros solo queremos esclavos para nuestras necesidades básicas ¡Tonterías! Hicieron que Augusto se decantara por darnos la espalda. Buscamos un plan para poder conquistar Roma. Lo más lógico que encontramos era de que el debía perecer. Intentamos mandarle asesinos a sueldo, pero veo que no consiguieron ningún resultado, ya que susodicho recuerda las fuerzas armadas. Aparte, pidió asilo político en Alemania. Y para vuestro gozo, hemos encontrado donde se halla. Un pueblecito cerca de Leverkusen…¡Ingenuos!

Gilbert tenía la boca abierta de una manera espectacular. No podían saber cómo se encontraban ahí, pretendían matar a Augusto, no… prometió pocas horas después de la marcha de su hermano que haría todo lo posible por la familia Vargas, si eso incluía al desagradecido de Lovino. Isabel se acercaba por detrás sujetando una hoja de paparajote, mirando a Gilbert de manera confusa. '¿Qué haces?' y el albino simplemente señaló a la pantalla. La ibérica comenzó a abrir la boca como estaba el ojirojo hace unos momentos. Parecía 1984.

-Por extensión, el que le dio asilo político, el General Beilschmidt, deber ser eliminado. Además, junto la aprobación emperador Iliano I, podemos intentar acabar con la familia Vargas, por la anterior negativa, y con la Beilschmidt, por decidir ayudarlos. Aparte de que podríamos meter un alcalde nuevo a roma y nadie se daría cuenta, podríamos ir rápido. En cuanto a los alemanes, el padre es el que está obstruyéndonos en la guerra, también seria una paso bueno. Eso es todo. Elisabeth, recuérdame mi horario por favor
-Sí señorito Eldestein
-Bien

'Este ha sido un mensaje del Imperio Austro-Húngaro'

Ambos se quedaron mirando la pantalla un rato más, viendo a como pasaban a comerciales que anunciaban que lo mejor era meterse en el ejercito si no querían acabar mal. La ojiverde no daba cuento ¡Sabían dónde estaban! ¡Querían asesinarlos! Bueno a ella no, pero dijeron que matarían a los que hubiera por extensión, más o menos, aparte de cargarse a toda la familia Vargas. No quería ver como su adorado tomate se esfumaba de su vida.

-Isa… Es como si no tuvieran libertad de expresión
- Y…Nos quieren matar
-¿Qué hacemos?
-No lo sé
-Yo tampoco
-¿L-Lo grabaste?
-J-Ja…

Corrieron hasta el despacho del general Beilschmidt como sus piernas les dejaron. Entraron estrepitosamente, ganándose un grito de bronca. Mientras la chica jadeaba para recuperar el aliento, el teutón, en las mismas condiciones, se acercó a su progenitor, que estaba hablando con Augusto, bajo la atenta mirada de Lovino, y le dio el disquete.
-Vati, esto es importante
-¿Tanto para interrumpirme?
-Y mucho más…
Tras ver el video, German tenía la mirada blanca, perdida en el video que los cinco habían visto, con la cara rota 'Scheisse'


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Tschüss