¡Sí! Volvi, gentes, después de tanto tiempo y exámenes,vuelvo con mas caña, y creedme,las cosas se van a poner muchisimo más interesantes en los capítulos venideros. Y probablemente meta algo de PruHun. Probablemente...

Disclaimer : ¿De veras se necesita disclaimer? Porque empieza a aburrir... *Pongo mi mano en un libro* Y juro que jamas le quitare los derechos de autor a Himaruya, solamente esta historia que para eso ya es mia...


Él. Esa llamada le extrañó ¿Por qué le llamaría su padre tan tarde? Pudo haber cogido el tren hacia Innsbruck, pero si él estaba en lo cierto, ni de coña se acercara. Cierto, tendría que investigar a Felicia ¿Qué tiene ella que los demás no tienen? Además, no sabe ni que hacer. Sentando en un banco, tomando café, con un niño pequeño jugando a la nintendo…Al Animal Crossing. Marcello estaba nervioso la verdad. Quizá escuchó parte de la conversación ¿Y Felicia? Seguramente buscando algo de pasta en las máquinas expendedoras. Inútil pensar que quizá era una broma. No. Su tono estaba más preocupado que inocente. Habría que confiar, púes.
-Marcello.
- ¿Sí?
- Voy un momento a la taquilla, no te vayas.
-Vale.
-Y si viene tu hermana, le dices que vuelvo en un momento. Seguramente se pondría histérica si no me ve.
-Está hecho. Todo muy hecho.
-¿Me has entendido?
-Sí, sí. No hace falta que lo repitas
-¿Y qué he dicho, exactamente?
-… Bonito chándal tiene Munchi… Y Ovinia me dio una tele de pistones… Kabuki necesita algo de fruta… ¿Qué hago primero?
-Ughh… Voy a la taquilla, y si viene tu hermana, le dices que ahora vuelvo ¿Me has escuchado esta vez?
- Que vas a la taquilla y si viene sorellone le digo que ahora vuelves. Entendido.
-Buen chico.

La gente se agrupaba, amontonaba y no dejaba pasar. Una miseria. Y juró haber pisado a una mujer que le había insultado todo lo imposible y más. Porque sí. Porque Ludwig lo vale. Aparte es que había migraciones en masa hacia Noruega o Dinamarca, uno de esos dos. Pero claro, evitaban a Suiza como la peste. Oh, maldita guerra. Ya no hay Pretzels o Wurst a espuertas como antes. Ni dinero. Ni mujeres bonitas. No, nada ¡Y allí estaba la taquilla de entradas! Cogió sus entradas, faltaban unas dos horas para que el tren partiera hacia Innsbruck. Podría cambiarlas con antelación. Tenía dinero, así que si no las podía cambiar, compraría otras. Así de simple. O podría intentar hablar con alguien que fuera a Davos, Suiza.
-Discúlpeme, buen hombre, necesito cambiar estos tickets.
-¿A qué dirección desea ir?
-…A Davos. Creo. Sí, creo que era a Davos, ninguna duda.
-Qué bien… ¿Me enseña los tickets, por favor?
-Aquí
-Mmm…Tendrá que hacer paradas aquí, aquí y blablablá si quiere salir dentro de una hora. O puede ir directamente, pero el tren saldrá dentro diez minutos. Usted decide.
-Diez minutos.
-Usted mismo.

Volvió al banco con prisa. Marcello seguía ahí, las mochilas también y había una Felicia decepcionada comiendo una ensalada Cesar en un plato de plástico con tapa en vez de pasta. Pobrecilla. Ludwig levantó de los sobacos a Marcello y lo puso de pie en el suelo, colgándole una mochila. Usó el mismo procedimiento con Felicia, y él se cargo las dos mochilas restantes. Los tres se pusieron a andar (Marcello podía esquivar a la gente mientras miraba su nintendo) de camino a la puerta no sé cuál.

''Úsala. Úsala''

No. El ojiazul cerró los ojos de una manera muy estrepitosa. Se frotó el puente de la nariz ¡Felicia no era una arma! No, no, piensa otra cosa, cosas bonitas, como los perros, pasteles, o la ojidorada con los ojos abiertos… Nonononono, esto está mal, pero claro, ¿Qué hacer? Oh, sí, ya.

Mientras avanzaban, la ítala miraba con detenimiento las palabras del teutón, mirando de vez en cuando a su fratellino. Según lo que Ludwig decía, había que evitar el Imperio Austrohúngaro a toda costa, sin importar lo que pase. El plan…daba miedo ¿Y para eso tienen que ir a Bolzano? No le gusta la idea. Pensándolo racionalmente, ¿Qué otra opción queda? No se pueden poner en peligro solo porque un capricho suyo los delata y los aleja de su familia y amigos… Amigos que no tiene. 'Quiero al menos hacer un amigo. Ludwig es importante para mí, pero las otras personas me necesitan también ¿Qué hago? Las últimas veces que intenté tener amigos casi acabaron secuestrándome, no quiero repetir la experiencia. Y no puedo intentar hacerme amiga de los amigos de mi hermano, se reirían de mí. No voy a hacer la imbécil. No quiero parecerlo'

Ludwig miraba a través de la ventana de la cabina. Felicia estaba contando las vaquitas que aparecían en los prados que se presentaban como paisaje en el cristal (Ya va por la 274) y Marcello estaba dormido, como no, encima suya, porque sí, porque sus músculos son muy blanditos. Y porque él lo vale. Y siendo sinceros tampoco es que le importara, agradecía, aunque solo fuera un poquito, algo de calor humano. Especialmente de la Italiana ojidorada que se posaba delante suya. Miró su libro. El retrato de Dorian Grey. No sabía porque, pero ese apellido tuvo mucha controversia hace unas semanas. Por un libro llamado 'Las cincuentas sombras de Wurst' o algo así…

''Señores pasajeros, el tren se ha detenido debido a circunstancias desconocidas. Mientras intentamos investigar y arreglar el problema, no salgan de sus vagones ni de sus cabinas. El equipo técnico se lo agradece''

Extraño, el tren se había detenido sin razón aparente. Y… Marcello se despertó. Perfecto. El rubio escuchó unos pasos en los pasillos. Ruidos de botas. Seguramente serían los de mantenimiento. Los ruidos de botas se fueron acercando y parecían tacones. No tacones normales, Ludwig los reconocía, eran tacones de botas militares que te llegan hasta debajo de la rodilla. La puerta se abrió. Aparecieron unos cuantos militares, entre ellos una rubia con dos trenzas tensas y un castaño despeinado y desafeitado.
-¿Sois los Vargas y Beilschmidt?
-Was? ¿Qué os importa?
-No la hables así. Asumiré que esto es un sí. Os venís con nosotros
-…Lo siento, pero ¿No podríais esperar a que lleguemos a Suiza? Quiero seguir durmiendo…
-Verás niñito, es que no nos importa un mierda lo que queráis. Os venís con nosotros y punto.
-Ve~
-Yo me niego
-Como vosotros queráis. Hermano, haz los honores.

De un golpe del mango de un fusil en la nuca de cada uno los dejó inconscientes, y así se los llevaron.

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Los pasillos estaban bulliciosos, la gente estresada y de ninguna manera el ambiente iba a mejorar. Sí, sabían lo que habían hecho esos granujas, pero lo prioritario era informar a su jefe. Las paredes crema, el suelo madera o la poca luz que iluminaba los cuadros colgados daban un toque siniestro a los pasajes. Llegó a una puerta grande, iluminada a los dos lados, por dos candelabros. Sonaba una música, bella e hipnotizante. Decidió llamar con los nudillos la puerta y esperar

'Pase'

Con una bocanada de aire, la castaña abrió lentamente la puerta, cuanto más abierta, más rápido. Por una parte tenía miedo ¿Qué les iban a hacer? ¿Y sí perdían la guerra? No, no, detén esos pensamientos pesimistas, no sirven para nada. Dio pasos tímidos hacia la sala, sujetando con firmeza los papeles y su tabla contra su pecho. Se recolocó las petunias en el pelo, y caminó con más seguridad.
-Señorito Eldestein…
-Oh, Elizabeta, ¿Sucede algo? Tu tono está algo más… preocupado…
-Verás señorito Eldestein…
-Mein gott, Elizabeta, llámame Roderich… No se para que me molesto si luego se te va a olvidar y me vas a volver a llamar señorito Eldestein…
-…Roderich, no sé si de verdad vamos a ganar la guerra… No recibiríamos ayudas de las demás naciones si perdemos. Nuestro país estaría en la más absoluta ruina…Y-Yo, yo no quiero pensarlo.
-¿Sólo viniste por eso? ¡Sí es una tontería! No te preocupes por cosas absurdas y vuelve al trabajo, que no se va a hacer sólo.
-Vine por otro motivo, akkor is. No es gran cosa…
-Habla, lieb.
-Han aprisionado a la chica de los Vargas y al joven Beilschmidt.
-¡Fabelhaft!
-También a un pequeño fiú, que resulta el hermano kis.
-Perfecto Elizabeta… ¿Te gustaría quedarte y escuchar como celebro mi euforia con la canción The Tipewriter?
- Szeretnék, uram.

La habitación estaba decorada de un color azul suave con toques dorados, y los ventanales con las cortinas abiertas dejaban que entrase con más fluidez la luz. Roderich pasó rápidamente de tocar tal 'Blasfemia actual', y se decantó por una sonata de Beethoven.

Elizabeta se sentó en un sillón blanco, que según ella sabía, estaba hecho en Somalia… No le gustaba aprovecharse de la buena fe de los demás, aparte de que odiaba a muerte la esclavitud, pero si ganaban esta guerra, solo Dios sabe lo que pasaría. Intentó ignorar el cacao que se estaba organizando que perspicacia en su mente y se decidió en concentrarse en la música…Bella música, que hacía que te olvidaras de tus problemas y que pensaras en cosas bonitas, bellas, encantadoras. Un prado. El prado de su antigua casa, en la ciudad de Siófok. Correr alrededor de sus antiguas mascotas, como su madre la llamaba para comer, como se dormía en el sofá y su padre la llevaba a su cama o esa vez en la que su perro se quedó frito encima de su cara y no podía respirar. Buenos tiempos sin duda.

Sin darse cuenta, se vio en una habitación silenciosa, con la mirada atenta y violeta del austriaco. Más bien, mirada concienciada, o algo así…
-¿Te encuentras bien?
-S-Sí, no es nada…
-¿Tu casa de nuevo, huh?
-En el clavo, Roderich…
-Olvídales de una vez, seguramente ya estén muertos por la edad o la guerra…
-¿¡Disculpa!?
-…O a lo mejor sí que están vivos, pero tendrán tantos estragos que durarán poco o serán difíciles de mantener.
-¡Recuerda de quienes estás hablando, Roderich!
-No son nadie, déjalo de una vez. Hicieron su función haciendo y creando a un ganador, ya no sirven más, ya no tienen función en esta sociedad.
-¡Átkozott, Roderich! ¡Mis padres son más importantes que esas ideas tan retrogradas que tienes ahora! ¿Es que no tienes devoción a tus padres? ¿Los perdiste? ¿Siguen vivos? ¡Habla!
- Vigila ese lenguaje, Elizabeta. Sí, siguen vivos. Mi padre es maestro de orquesta y mi madre está en el filo de la guadaña de aquel que se llama la muerte ¿A quién le importa?
-¿No te importa tu madre? ¡Ella te dio vida!
-Me la dio y eso suficiente, ya puede irse. Y me cansé de esta conversación, Elizabeta, tráeme un café.
-Ughh… Sí señor.

Elizabeta se levantó cabizbaja y caminó desolada hacia la puerta, haciendo una pausa al llegar a la salida. Miró hacia atrás. Sus ojos no parecían engañarla. En vez de pensar en lo que le había dicho, se fue a un cajón y sacó una carpeta llena de partituras, que algunas se caían y otras estaban a punto de hacerlo. Frunció el ceño, no le gustaba su actitud ¿¡Le acaba de dar un sermón y lo único a lo que se digna es a mandarla por un mísero café!? 'Relaja los nervios, que no se te note el enfado. Él simplemente no tiene compresión del valor de la vida humana, pero aprenderá. Vaya que si aprenderá. '

De vuelta a los embutidos pasillos, donde huele a humanidad…Humanidad que él no reconoce. Sí solo pudiera, sí solo encontrara… Ah, quizá no es tan sencillo, quizá… quizá él no está hecho para ser empático… Elizabeta se paró de golpe, sumida en sus pensamientos ¿Lo que hacían estaba bien? ¿Qué pasaría si escapara? Lo más seguro es que la persiguieran, porque después de todo, ella sabe también muchos secretos importantes, y algunos demasiados perjudiciales para la imagen y opinión pública.

Se dio cuenta de una cosa: No había gente en los pasillos, estaba todo tan sólo tan silencioso. Miró a su derecha. Encontró una vuelta de regreso al pasillo inicial donde se veía a la gente correr, y detrás había una puerta de azul metalizado. La curiosidad la carcomía por dentro así que decidió que echaría un vistazo, uno pequeñito. Con pasos cautelosos, avanzo lentamente, abriendo la puerta a cada paso quedaba. Lo que encontró la horrorizó. Una sala de torturas renovada, con nuevo armamento y un papel encima de una mesa que, ponía Alto secreto. Pese a ello, abrió la carpeta. Los expedientes de los capturados en Italia, en los que entre se encontraba…¿un niño?, más la autorización de la creación de esta sala por 'Roderich Eldestein'.

'No…'

Se fue de la habitación corriendo, asegurándose de haberlo dejado cerrado como estaba antes… ¿Le pidió café, no? Entonces sería uno amargo y bien cargado, para aquel que se atreve llamar unificador de la monarquía y el pueblo.


Los militares que secuestran a nuestros heroes son los hermanos eslavos, Republica Checa y Eslovaquia. Están basados en el diseño que dio Himaruya

Reviews :

AndreaNozomiChan:
¡Me cago en la puta, este review si que es largo! Bueno, un review compacto de cuatro capitulos. Esto nuevo. Sí Lovino tiene el culo como un tomate... De redondo, quiero decir, no es como si le dieran golpe de remo. Y digamos que Ludwig tiene algo de resentimiento hacia lovino porque este casi le mata con una sarten ¡CON UNA JODIDA SARTEN! Aparte, Felicia es muy delicada y tiene ese humor infantil que le saca a uno una sonrisa, pero cierto, es cobarde como nadie y piensa mucho en los demás. Tranquila, Gil tiene una copia del todo el porno que descarga en un pendrive. Y sí la historia sucede en 2015, porque queria hacerla por los años veinte, pero añadí demasiados detalles tecnologicos. Aparte, por esa epoca todavia no existia la Otan ni la union europea... Sí,en 2015... ¡OH SI, HICIERON EL BANGBANG, EL OLD RAZZLE, LA DANZA DE LA MANTA! Se me ocurrió porque encontré un condón en un cajon de mi padres... No me recupero del trauma, pero aproveché. Y sí, Gilbert recibirá sartenazos ¿Por qué? Porque es va a haber PruHun eventual, quiero decir, se enamoraran poco a poco. Y será German el que se quede Despaternizado, no Gil y Lud huerfanos, aunque la idea es buena. Tienes que dormir pronto como yo, y si piensas que mi Fic es sensualón, yo soy más sensual...
Guest:
No lo pillo... ¿Qué significa esa H?

Hasta la semana que viene, porque va a haber puente por el dia del padre, y pueden pasar dos cosas, que no suba o que meta dos capitulos para aventajar. Cuento que el sabado será mi cumpleaños
Espero más reviews, favs y follows! Tschüss!