¡Feliz semana santa! Espero que os guste este capitulo. Me he dado cuenta de que van a haber muchos, ya que tengo un monton de ideas y esperaba que los hermanos se reencontrasen, pero no... Ya si eso, luego
Disclaimer: Solo poseo esta historia
Todo estaba muy oscuro. Gilbert no sentía su cuerpo, le asustaba estar allí, a pesar de que su orgullo le dijese que todo iba a estar bien. Tenía las muñecas y los tobillos maniatados con cadenas. En su cuello se trenzaba una cuerda de seda, atada en sus extremos con más cadenas, que si se tiraba de ella, te ahogaba. Se notaba que la habitación estaba hecha de ladrillos sin pulir, con moho, húmedos, y algunos con incluso plantas saliendo de las grietas. Las goteras eran lo único que lo podía distraerle. Lo único que podía iluminar las estancia eran unas barras por las que entre llegaba algo de luz. El albino podía distinguir lo que creía que era una puerta de barrotes y madera, como tipo de esos videojuegos de rol en las mazmorras ¿Cuánto tiempo llevaba encerrado allí? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿O quizá un mísero día que no está pasando tan asombrosamente como él quería?
Miró a su costado. Estaba vendado de una manera muy rácana, y encima apretaba. Todo sea para no gastar mucho en vendas. Apostaba su perdido móvil a que ese tal Roderich era un malparido que metía su cartera por el culo para que nadie se atreviese a tocarla. Eww. De todos modos, su labio partido tenía mejor pinta, al menos le habían puesto puntos, y la brecha en la cabeza. Bueno, llevaba una venda debajo del flequillo, por lo que no se notaba tanto. Se sentía tan… débil, mas no estaba deprimido, lo cual era raro, quiero decir, él era asombroso, y si le faltaban fuerzas se deprimía. Le faltaban tantas fuerzas, levantarse era un privilegio. Cerrar los ojos era la mejor alternativa, tenia sueño… A lo mejor en el mundo de los sueños le pasaba algo interesante que no estuviera basado en el infierno que estaba viviendo. Era una tentación, era… era…
-¡Despierta, 傻瓜! ¡Aquí tienes la comida aru!
-Discúlpame si soy un ignorante inculto de mierda…
-Lo eres aru.
-… ¿¡Pero me puedes decir que cocináis los chinos que siempre sabe a carne picante o parece masa de merengue!?
- 哦,我的上帝! ¿¡Cómo te atreves aru!?
-Responde.
-… ¡Oh, vaya! Parece que alguien no quiere comer hoy aru~
-NEIN, NEIN, UN MOMENTO, ES TUT MIR LEID!
- Repítemelo que lo entienda esta vez aru…
- ¡Qué lo siento mucho! ¡Qué decirte eso fue un error!
-Bien hecho aru.
-Al menos dime como se llama esta especie de… bollo.
-包子
-B-Baozi… sí, creo que lo tengo.
-Creo que no nos presentamos correctamente la semana pasada aru.
- ¿¡Llevo una semana aquí!?
-Sí, y la mayoría inconsciente aru. Te tuvimos que alimentar a la fuerza.
-… Oh
- Mi nombre es Wang Yao. Soy el actual coordinador de las fuerzas chinas llevadas aquí en Viena.
- ¿Te llamas Yao? ¡Es como decir yaoi o Yao Ming!
- 等 候¿¡Me acabas de comparar con un genero de comic y con un jugador de baloncesto!?
- Hombre, si lo dices así, suena como si fuera un monstruo…
- ¡Lo eres aru!
-… Pero no podía desperdiciar la ocasión.
-Mmmphf! ¡Pediré que mi hermano te traiga la comida y no yo! Eres un desagradecido, aru…
-Gracias por la comida.
- ¿M-Me diste las gracias aru?
-Sí
-N-Nunca pensé que un prisionero de guerra me diera las gracias. Esto es tan bonito aru…
- Puedes secarte las lágrimas en mis vendas, si te sirve de algo…
-No es necesario…
-¿Sabes cómo podría ser mucho más bonito?
-¿Cómo?
-Liberándome al menos una cadena de las manos para que no tire los baozi al suelo.
-… Hecho aru.
-Danke.
*Lapsus de tiempo después*
Gilbert lo agradecía. No sabía cuánto tiempo llevaba sin comer, pero aquel amable asiático le sacó del saco. Era increíble como la comida sabía después de cierto tiempo. Y gracias a que le liberó la mano podía ya rascarse los pendientes reales a gusto (Ok no). De todos modos, oír las goteras y lo que quedaba de sol en las rendijas no era algo muy prometedor, si somos sinceros. Suspiró. Todo era lo mismo, tan monocromático, hacía que te volvieses loco, que tu mente te jugara malas pasadas. Que hacía que quisieras que te tiraran a un pozo para que con suerte te ahogaras lentamente hasta acabar con tu sufrimiento días después de agonizante dolor o incluso peor, desgarrarte la garganta con un cuchillo de carnicero para acabar con la miseria en la que te habían sumido tan fácilmente. El ojirojo escuchó varias pisadas fuera, en el pasillo, y vio a través de las grietas de la puerta como alguien encendía una luz. Ya podía apreciar mejor la ''alcoba'' en la que le mantenían preso. Agarró rápidamente la esposa colgante que antes atrapaba su muñeca derecha. Rindió la cabeza hacia abajo, para hacer parecer que había estado maltratado ahí por horas. Quizá no le buscaban y eran otro prisioneros de guerra, pero… ¿Y si sí?
La puerta se fue entornando, dejando entrar mucha más luz en la celda, que pilló por sorpresa al teutón. Entrecerró los ojos para poder vislumbrar las siluetas que se cernían sobre él, pero no había manera. Pudo apreciar que una figura femenina se tornó hacia y detrás suya, se encontraban dos más grandes sujetando por cadenas a lo que parecían unos esclavos.
-¿Gilbert Beilschmidt, supongo'
-…J-Ja…
-Soy MeiMei. Te vienes conmigo. Bueno, quizá no. Aleksander, llévatelo.
-W-Was?
-Marchando chaval.
- ¡Ah! Y saluda a tu hermana de mi parte.
-Ak chcete objednať, šéfe.
-¡Y no te olvides de vendarle los ojos y anudarle las extremidades! Yo me tengo que encargar de estos…
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Gilbert no sabía a dónde le llevaban. Obviamente a ese bestia no le habían enseñado a ser respetuoso con la gente asombrosa. Aparte de que parecía un oso con tanto bello, y tenía el pelo ido un poco para arriba, como si quisiera hacerse una cresta pero quisiera mantenerlo cabizbajo. Raro. Sintió un golpe en la cabeza ¿¡Le acababa de usar como un mazo contra la pared!? Se sacudió. Intentaba liberarse de los brazos que le atrapaban por los costados pero era inútil. Su fuerza no había incrementado gracias a los bollitos, y seguramente nunca lo haría si no seguía con su entrenamiento. Muy profundo, en sus pensamientos, yacía un Gilbert derrotado en aquel campo que visualizó hace siete días. Sangrando, ni su propia imaginación podía salvarle de aquella tortura.
Sintió un coque contra el suelo, frío, parecía de mármol. Notó como alguien le cortaba las cuerdas que habían usado para mantenerle quieto con un cúter. Palpaba el suelo lentamente, irguiéndose por los brazos para separarse de aquella estructura helada. La puerta se cerró bruscamente ¿A qué jugaban? Desorientar a las personas no estaba bien. Alguien le cogió de la espalda y lo sentó en posición oriental, con la espalda, recta, y empezó a desanudarle venda que ocultaba a su visión.
Tras un tirón, tuvo que parpadear un par de veces para acostumbrarse a la luz de la habitación. Había tres ventanales, con las cortinas opacas abiertas de par en par, dejando que la luz entrase con más fluidez. Delante de la ventana central, se encontraba un escritorio de color blanco marfil, lleno de papeles y bolígrafos, en los que destacaba un teléfono rojo. En la ventana diestra habían unos archivadores, de color blanco igual pero de cáscara de huevo, ordenados de la A-Z. Cuatro para ser exactos, y centralmente había una mesita con un jarrón de flores. En la ventana siniestra había dos sillones blancos de cuero, con otra mesita, dónde se encontraba un juego de té. A la derecha de la entrada, había unas cuantas estanterías llenas, no, repletas, rebosantes de libros y papeles. Y a la izquierda y cacho piano de color negro que contrastaba con toda la sala. Delante del escritorio había dos sillas metálicas adornadas de cuero, negro también para destacar. Sentado en el magnífico escritorio, un hombre de facciones delicadas tanto insensibles, que portaba un traje violeta grisáceo, y que seguro se ha ganado el odio de más de uno; mas estaba acompañado de la considerada secretaria, que por razones desconocidas, blandía una sartén a escondidas…
-Gilbert Beilschmidt, me temo que tenemos que discutir de algunos… asuntos.
-¡Oh, mira quién es! ¡El señoritingo se ha decidido mostrar! Venga, Roderich, creo que ya nos conocemos lo suficiente para entablar una conversación más o menos moderada… Ve al grano.
-¡Qué indecencia, mein gott!
-Que pasa ¿Te ha comido la lengua el gato?
- Deberías mostrarte más respetuoso con el unificador. De él depende nuestro imperio
- ¿¡Te atreves a llamarle a él unificador!? ¡Lo único que ha unificado asido sus interés y su crédito bursátil con las esclavitud africana que nosotros intentamos contrarrestar!
-Hey, que estoy aquí…
-¡Al menos el se muestra respetuoso con todo el mundo, no como tú, alemán…ALEMÁN NAZI!
-¡YO NO SOY NAZI!
-… Tengo miedo de estos dos…
-¡Tú no te preocupas por los demás! ¡La primera impresión que tengo de ti y lo único que me pareces es un cerdo egocéntrico!
-¡Y tú me pareces una marimacha! ¡Usas tu belleza sólo para conseguir llegar alto, ignorando las bases ideológicas que usa tu bando en esta guerra! ¿Sabes lo que hacen? ¡Esclavizan a las pobres masas africanas, les confundís, les volvéis ignorantes, rechazando la única ayuda! ¿Y sabes lo que les pasa a los que se dan cuenta del engaño? ¡Los fusilan!
-¡CALLATE! ¡No sabes lo que estás diciendo!
-¡OH! ¿Segura? ¡Porque juraría que tú si lo sabes!
-¡BASTA!
La escena, literalmente, se redujo a un Roderich acojonado, escondiéndose detrás del escritorio y a Elizabeta pegando sartenazos al teutón mientras sollozaba y murmuraba palabras en húngaro que apenas eran audibles. Ya había un pequeño charquito de sangre fluyendo por los pies de la húngara, e increíblemente, el teutón era de hierro, porque parecía haber perdido litros y litros de sangre, pero no se desplomaba y podía seguir lanzando pullas. La húngara retrocedió unos cuantos pasos tambaleándose, con los sollozos ya convertidos en lágrimas de cristal que se deslizaban a través del contorno de su cara para acabar en suelo, mezclándose con la sangre.
''¿Por qué…?''
Elizabeta se había colapsado ¿Defendía a su patria que tanto odiaba o hacia caso a un enemigo? Soltó la sartén de golpe, dejando que hiciera y golpe sordo. Cogió a Gilbert de la pierna, sin ni siquiera ponerle la venda. De todos modos, aunque viera la infraestructura no pasaría nada, el sitio es enorme. Fue arrastrándole por el pasillo, dándole golpes en la cabeza con las esquinas de los pasillos si podía. Escaleras. Jodidas escaleras. El albino no se lo podía creer ¿En serio? ¿Es que quería dejarle amnésico? Memorizaba todas las paredes, todos aquellos detalles con la mirada. Si conseguía escapar de allí, lo que había visto le ayudaría en algo.
Elizabeta abrió la puerta con un juego de llaves que colgaba en la pared y tiró a Gilbert hacia dentro. Adentrándose junto al cuerpo dolorido, le arrastró a este hasta el juego de cadenas que le esperaban. Por alguna razón desconocida, volvió a dejarle alguien la mano derecha libre. Y a desconcierto del ojirojo, la húngara tiró las llaves cerca de su alcance.
-W-Was? ¿Por qué haces esto? Pensé que me odiabas…
-Sé mucho más de lo que tú podrías averiguar. Ellos no me pueden perder, tengo, no, conozco muchos secretos que si salieran a la luz, dejarían a más de uno con el culo al aire. Parte de lo que dices es cierto. Quiero rendirme, quiero salir de aquí, pero mi devoción cae también en ellos.
-¿Por qué no huyes pues?
-Porque si no, irían a por mis padres, y no me lo puedo permitir.
-Así que les odias, pero no puedes huir. Sí que lo tienes jodido. De todos modos, piensa que si tus padres murieran, no todo estaría tan mal…
-¿Tú también desprecias a la humanidad?
-No, no como tu jefe. Yo confío en ella. Confío en que la gente que muere en estos conflictos, renace en una vida siguiente, llenos de felicidad, sin que nada los incomode, ignorando a aquellos que les han hecho daño. Porque ellos perdonan. Y todos los que se atrevieron a portarse mal, recibirán castigo eterno, agonizando en los más bajos inframundos, no por míseros pecados, si no por grandes tragedias. Algo que comparto con mi hermano es que ambos creemos que si alguien se porta mal en una vida, será castigado en la otra.
-… H-Haré caso a tu consejo. Quizá no todo es malo
- Solo las enseñanzas que se implican lo son.
-Pensaba que eras un cabrón egocéntrico que a lo único profundo que llegaba era a su nariz…
- Was?
-Tranquilo, eres de alma pura, y eso es bueno. Por cierto, cuando despierten, deberías hablar con tus nuevos compañeros de cel- habitación.
-Yo… Sí, lo haré…
Síiiiii, soy asombrosa... Después de todo, soy una de las pocas que puede tocaros los sentimientos de manera tan abrupta, y luego dieris que estais bien, pero yo sé que necesitais un monton de pañuelos para no recrear la escena del Acqua Alta... Que cabrona que soy...
Traducciones:
傻瓜 : Imbécil
哦,我的上帝 : Dios mio
等 候 : Espera
Ak chcete objednať, šéfe: A la orden, jefa.
Reviews:
AndreaNozomiChan: Voy a sacaros a todos el sócrates que llevais dentro. Bueno, a veces me pongo un poquito profundo cuando describo, sobretodo porque algunas veces estoy cabreada con mi madre, y eso conlleva al sistema, por lo que se os clava como las flechas de eros ¡Y gracias por felicitarme!
No os olvideis, la historia va cobrando más aspectos en cuanto avanza, así que si la apoyáis, podéis darle Fav&Follow&Review, porque vosotros lo valeis, pantene. Tschüss
