¡Aquí el nuevo capítulo! Me costó mucho escribirlo, porque añadía estupideces, las borraba, metía otras, y se quedaba así... Aparte, intenté meterle más humor, no sé si salió bien ¡Y acabo de matar a un personaje! ¡Síiiii!


¿Alguna vez habéis oído el dicho de ''dos tetas tiran más que dos carretas''? Pues se puede aplicar al caso. A paso ligero avanzaban los cinco, temerosos, pero sin detenerse. Ludwig se había extrañado de la decisión de la húngara, pero si le servía de ayuda, no la iba a rechazar tan pronto, de todos modos, la muerte se asume de un momento a otro. Y… Marcello seguía durmiendo. Más de una vez se le pasó por la cabeza a Felicia que se le había muerto el hermano, pero era difícil creerlo, porque roncaba bastante fuerte, lo que la calmó.

Gilbert seguía lanzando miradas a Elizabeta ¿por qué? Porque podría darle otro sartenazo, pero pensándolo bien, lo peor que les podría pasar sería eso, por lo que el ojirojo vaticinaba que le vendría una lluvia de metal cuando estuviesen a salvo. Sus piernas no daban abasto, correr le empezaba a devastar. Pero según el albino veía, a la húngara no le molestaba nada, era como si estuviese acostumbrada. Pero mientras ella… A Elizabeta le preocupaba que la dejaran atrás, del lugar que más había odiado, desde que entró hasta que empezó a trabajar, en el que está en cerrada siempre.

Felicia se sentía incomoda. No era porque estaba casi rodeada de hombres. Técnicamente lo estuvo toda su vida, ¿no? Augusto, Lovino y Marcello. No. Era porque no había hablado y ni siquiera sabía algo de la húngara, la cual le asustaba un poco. Quería cerrar los ojos, pero la escapada era más importante. Hesitó por un momento ¿Sabían acaso hacia donde iban? Empezó a reducir la velocidad gradualmente ¿Y si se perdían? Seguramente sería horrible. Terminó parándose en seco. Ni siquiera habían pensado ¿Y cuando salieran de Viena? ¿Cómo volverían a casa? La ojidorada volvió a dudar por unos instantes.

-¡Felicia! ¡Tenemos que irnos! ¿Qué haces parada en medio del pasillo? ¡Nos pillarán!
- Ve…
-¿Felicia? Te estamos esperando, ¿estás bien?

-Pues yo creo que está traspuesta, o algo por el estilo ¿Está ella hecha una empanadilla o está en las nubes?
- ¡Scheisse! Bruder, ve con la húngara hacia fuera, yo me encargo.
-Várakozás, Gilbert. Me encargo yo.
-Was? Nein! ¡Apenas acabas de unirte al grupo, apenas te conocemos!
-¡Y apenas hace una hora te di un ostión con la sartén de cuidado por error! ¿Quieres que se repita, pero esta vez, queriendo?
-… Ten cuidado ¡Vamos, bruder!

Elizabeta roló los ojos. Gilbert podía ser un gilipollas… si quería, claro. Miró hacía atrás. Felicia tenia la mirada perdida en suelo, iluminando su alrededor con su colgante. La húngara no depuso tiempo. Se acercó lenta y cuidadosamente, una vez al lado de la ítala, empezó sacudirle el hombro, solo para sacarla de esa especie de trance. Felicia parpadeó un par de veces y miró a su alrededor confundida. Sus ojos dorados se fijaron en la única persona que se encontraba cerca de ella: Elizabeta. Titubeó unos momentos ¿Debía confiar en ella? Realmente, no le queda otra opción. Solo confiar.

-¿D-Dónde están los demás?
-Deberías saberlo…
-¿Qué? ¡Solo me ausenté por un momento! ¿A dónde han ido?
-Yo también estoy en ascuas, Felicia… No podíamos perder tiempo, por lo que supongo que les tendremos que encontrar en algún sitio ¿te dijeron algo?
-… Hay que ir a los jardines que hay fuera del edificio. Gilbert me dijo que ahí fue donde se estrelló su avión.
- ¿Te refieres a los jardines de Cuarzo?
-¿Jardines de cuarzo?
-Este palacio terminó de construirse hace unos años, justo dos meses antes de que me trasladaran aquí. Sé por dónde hay que ir ¡Sígueme!

Emocionada, la ojiverde tomó la mano de Felicia y salió corriendo camino contrario al por el que habían venido. Felicia confundida, intentaba correr mientras ella la arrastraba, tarea que no era fácil. Pasaron al lado de su 'ex-celda', abierta y vacía, pero no se sabe cómo, Elizabeta consiguió cerrarla de un codazo. El final del pasillo. La ítala no entendía porque estaban ahí, no había una puerta, eran tres paredes. Ninguna salida. Elizabeta sacó una llave azul y la incrustó en la pared. Ahora entendía, ¿Se trataba de un pasadizo, no? Elizabeta entró, seguida lenta y temerosamente por la italiana.

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Ludwig avanzaba por los pasillos desilusionado. No tenía ni repajolera idea de si esa tal Elizabeta era de confiar ¿Y si la hizo prisionera? Aunque claro, ella apareció justo cuando Felicia tenía los ojos abiertos, por lo que debía ser bueno. Reajusto a Marcello. El chaval no parecía querer despertarse, pero le estaba perforando los oídos con esos cachos ronquidos que soltaba el muy jodido ¿Cómo dormía Felicia por las noches? Seguro que tiene todas las salas de su casa insonorizadas, porque si no… Aún así. Dirigió una mirada a Gilbert, parecía estar tan o más magullado que él.

Sin saber porque, Gilbert se adelantó a los otros dos. Parecía un cruce de pasillos, por el que habían tres entradas, contando en la que estaban saliendo, y unas escaleras en las que ponía emergencia. Gilbert pensó que lo más lógico sería virar a la izquierda o a la derecha, pero su tozudez y su, por decirlo así, sexto sentido, decían que se dirigiera a la salida de emergencia. Pero obviamente, sin la mísera aprobación de nuestro Ludwig. Pero había un problema: un vigilante hacia guardia en dicho cruce ¡Nada que no pueda arreglar los malolientes zapatos viejos de Gilbert!

Una vez el guardia estaba K.O. (Qué tendrán esos zapatos para ser tan letales…), decidieron arrastrarle a una zona más 'apartada' para mantenerlo oculto (¿No era ese guardia el eslovaco que los encarceló? Bueno, a Gilbert no). Subiendo las escaleras de caracol que se atesoraban tras la salida de emergencia, se dieron cuenta de que había guardias en los pasillos situados a los lados. Muchos guardias. Muchísimos. Avivaron el paso. De una patada espartana que dio Gilbert a la salida que conectaba las escaleras con el exterior, y que casi le cuesta tirarse hacia atrás y mandar a su hermano y al chiquillo a tomar viento, salieron para encontrarse con una calzada romana que está rodeada de un jardín y unos cuantos bancos victorianos. Y al final del senderillo se encontraban los jardines de Cuarzo. Donde se estrelló su avión.

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Roderich se sentía incómodo, principalmente por dos razones: Porque Elizabeta no había vuelto todavía y porque su 'invitado especial' le daba muy mal rollo. Mas la visita se estaba realizando por motivos de táctica militar y algunos negocios económicos. El austriaco quería romper el hielo de alguna manera, realmente, pero sus impulsos se vieron reducidos a espera y verás.

Y lo único que se le ocurrió fue mandar a una criada a que encendiese la chimenea para 'caldear el ambiente' (Que chiste tan malo). Suspiró. Miró a su invitado. De facciones rudas, ojos violeta, uniforme verde jade. Sentando, viendo las fotografías de una Viena más antigua, en su apogeo tras la primera guerra mundial. Devastador. Otra criada entró en la habitación, sujetando una bandeja que llevaba dos platos cubiertos por dos cúpulas y una botella de licor junto a sus vasitos de cristal pulido, depositándola en la mesa de café. Justo ahí se le ocurrió crear una mediocre conversación.

- ¿Te pasa algo, camarada?
-Oh, no es nada. Dime, Iván, ¿tienes algunas ideas?
-Da. Más o menos. Primero tendría que librarme de mi hermana pequeña, si no, no podría concentrarme ¿La habéis encerrado, verdad?
-Como me pediste, sí. Hay un montón de guardias custodiándoles en las mazmorras, justo en una sala especial donde se guardan las armas.
-¿¡La estáis torturando!?
-Al contrario. Es ella quien tortura a mis hombres. Es por eso que he enviado a media casa ahí para que la neutralicen si es necesario. Digamos que… es peligrosa.
-Concuerdo… ¿Noticias de los Beilschmidt? Realmente quiero ejecutarlos ahora.
-Hahaha… Aguarda, no faltará mucho. Están encadenados… Pero algo que me pregunto es ¿Dónde está mi asistenta? No la he visto desde el mediodía…
-Quizá se ha perdido
-Lo dudo. Conoce el palacio mucho mejor que todos los que están aquí. Es muy extraño, ¿Debería mandar a una sirvienta para qué la busque?
-Nyet. Que aparezca por su cuenta. Nosotros tenemos que planificarnos para la guerra. Los niños malos han de ser castigados.
-Sí de verdad creyeras en esa frase, ya habrías castigado a tu hermana
-Es muy difícil, tiene la mirada de un demonio y siempre me asusta diciendo que quiere casarse conmigo….
-O, wow… Es muy difícil de creer…
-Es la reencarnación del ángel caído.
-Joder…
-Ya me lo dirás tú.

El austriaco se resignó. Parecía muy difícil mantener una conversación con el ruso sin tener que recurrir a la típica charla de la mañana del domingo en un bar mientras lees el Marca y comes churros. Tenía que concentrarse ¿No había nada a lo que recurrir? ¿Tan falto de ideas estaba? Frunció el ceño. Era como si Iván estuviera hecho de hielo. Necesitaba financiación y la necesitaba rápido. La economía del imperio austrohúngaro se iba a pique.

Ya casi era de noche. Si seguía Elizabeta sin aparecer, tendría que tomar medidas muy raras… De hecho podría matar a dos pájaros de un tiro. Mentir diciendo que habían secuestrado a Elizabeta y con el dinero que le diera la unión de Br'ansk, aka rescate, podría financiar el proyecto de las minas de jade. Pero ese plan no era de un triunfador. Fracasaría, toda la guerra se iría a la mierda, la gente le recordaría como el líder mentiroso y bam, sin recursos. Ergo, terminaría siendo un fracasado. Todo este asunto le estaba dando un dolor de cabeza insoportable.

La mueca del austriaco no pasó desapercibida para el siberiano. Cerró el álbum de fotos, dejándola en la mesa de manera calculada, y se levantó. Con pasos lentos, se acercó a la bandeja donde estaba el licor. Sacó una botella de vodka de su traje y desbordó un vasito de dicho licor. De un trago, vaciándolo, dejó impresionado al austriaco ¿Quién podría tener tanta resistencia al alcohol? Aparte, era Vodka rojo, uno de los más potentes… según había oído. Cogió su plato de comida, aún cubierto por la cúpula, pero no por mucho tiempo, dejándola en la mesa de café.

-¿Estás bien, друг?
-¿Qué? Ah, sí, mach dir keine Sorgen.
-Sí tu lo dices...

-… ¿Es esa ayudante tuya?
-Sí… Es solo que no está, me hace pensar que se ha hartado de mí del todo.
-¿Teníais una relación de парни?
-¿¡Qué!? ¡No!
-Mmmm…
-Es sólo que quizás he sido tan cabrón que, poniéndonos en lo peor, habrá decidido marcharse.
-¿Sí es tu ayudante, no es muy probable que conozca secretos perjudiciales?
-…Ja
-De todos modos, las mujeres son como los perros. Siempre vuelven junto a su amo. Sea para bien o para mal.
-'Me acabo de dar cuenta de que eres más machista que yo ¿Es eso posible?'
-Mm, ¿Decías algo?
-No nada, murmuraba para mí mismo.

El austriaco hizo tripas de corazón. Realmente Iván no tenía ninguna intención de dañarle ni nada por el estilo ¿O sí? Le miró de reojo. El peliblanco estaba revisando su móvil, o algo parecido, mientras tenía una sonrisa maliciosa que no le decía nada bueno. Se acercaba lentamente, mientras Roderich retrocedía gradualmente. Sí, lo admitía. Tenía miedo, pero ¿Quién no? Observó como el siberiano sacaba una cosa de su espalda. Una pistola. Y un silenciador. Muy horrorizado, vio como Iván montaba el arma y avanzaba unos cuantos pasos más.

-¿Sabes Roderich? Hay una cosa que yo no permito, este en mi casa o en país vecino. Y es que me mientan a la cara.
-¿A-A que te refieres?
-Me acaban de avisar que tus ''prisioneros'' se han escapado por el morro ¿Y sabes otra cosa? ¡La chica conserva el colgante!
-¿Colgante? ¿De qué cojones me estás hablando?
-¡El dichoso collar atlante! ¿¡No te lo dijeron, so cazurro!? ¿Cómo puedes ser tan gilipollas? ¡Había que destruirlo! ¡Ese colgante está conectado a la chica! ¡Solo ella podía hacerlo funcionar y encima sus deseos! ¡Había que matarla! ¿Pero no hiciste nada, verdad?
-¡Discúlpate, pero me acabo de enterar de que había que destruir el colgante! ¿Y la culpa es mía? ¡En el informe no ponía nada!
-¡Suficiente! Acabemos con esto, ¿no? Больные дети должны быть наказаны…

La pupila del austriaco capto su situación y contrayéndose, indicó al ruso que estaba acongojado. El castaño intentó huir hacia la puerta, pero la bala le aplacó primero.

-E-Eres un m-monstruo
-Lo sé

Iván, avanzó sarcásticamente junto a unas cuantas palmadas del mismo estilo. La sangre cubría la moqueta, junto a un Eldestein escupiendo sangre. Le quedaba poco, obviamente.

''Ahora soy yo quien toma el control ¿Me entiendes? Y nadie será tan estúpido como para intentar detenerme''


Bueno, al menos Elizabeta se está ganando la confianza de la tropa ¡Viva el pruhun eventual!

Traducciones:

Várakozás : Espera
Da:
Nyet:
No (Ni me molesté en escribirlo en ruso)
друг: Amigo
парни: Novios
Больные дети должны быть наказаны: Los niños malos han de ser castigados

Reviews:
AndreaNozomiChan*:
Hahaha, tranquila, a Gilbert no me lo cargo ¿Sabes porque? Porque ya tengo una idea para el final del fanfic. Os haré un adelanto : Gilbert, antes de ser operado, le entrega una cosa a su hija... Os gustará, seguro

*Me he aprendido tu nombre de memoria, ¿curioso, no?

Bueno... ¿A quién le gustan los waffles? Es que he estado escuchando la dichosa cancion en unas parodias muy, pero que muy raras. No puedo decir el nombre, porque no me acuerdo pero, heh. Fav&Follow&Review
Tschüss