Aquella mañana dentro de la Orden Oscura comenzó a sentirse un frío inusual

Con la pureza de la nieve

Capítulo 3

Una triste nevada

Aquella mañana dentro de la Orden Oscura comenzó a sentirse un frío inusual. Todos parecían molestos por ello, excepto Lavi y Bookman quienes se preguntaban por qué esa temperatura si aún faltaba para el invierno. Los dos miembros del clan Bookmen caminaban hacia la cafetería cuando unos gritos provenientes de Komui los distrajeron.

-¡Ajajaja! ¡Tengo la muñeca y no podrás quitármela!- celebraba el hombre mientras corría en dirección a ellos sosteniendo una muñeca de porcelana. Tras él podía verse a una pequeña y delgada niña rubia que lo perseguía llorando; y a Lenalee que iba tras ellos enojada.

-¡Devuélvemela! ¡Es mi muñeca! ¡Los hombres no juegan con muñecas!- chillaba Katrien.

-¡No quiero jugar con ella, sólo quiero convertirla en un arma!- respondió Komui riendo maléficamente.

-¡Hermano! ¡Ya estás muy grande para estas cosas!- regañó Lenalee, al ver al pelirrojo y al anciano enfrente la chica les pidió su ayuda -¡Detengan a mi hermano, por favor!-

-¡Lavi! ¡Fuera de mi camino!- ordenó el supervisor. Lavi y Bookman se pegaron a las paredes del pasillo pero el pelirrojo discretamente alargó la pierna derecha frente a Komui justo cuando iba pasando, lo que provocó caer estrepitosamente soltando la muñeca de porcelana, la cual Lavi atrapó en el aire.

-¿Qué es esto?- preguntó el sucesor de Bookman.

-Una muñeca.- contestó el anciano con toda tranquilidad.

-¡Lavi torpe! ¡¿Por qué me hiciste tropezar?!- gruñó Komui.

-¿Te hice tropezar? Lo siento.-

-¡Mi muñeca!- dijo Katrien extendiendo los brazos en cuanto los alcanzó –¿Me la podría dar por favor?-

-Aquí tienes preciosa.- sonrió Lavi devolviendo la muñeca a su legítima dueña.

-¡No! ¡Mira lo que has hecho, Lavi!- reprendió Komui poniéndose de pie.

-¿Qué acaso la muñeca era tuya?- le cuestionó el pelirrojo escéptico.

-¡No te burles de mí!- exigió el chino.

-¿Una nueva inocencia?- supuso Bookman tomándose las cosas seriamente como siempre. Aunque en realidad no veía otra razón por la cual Komui le quitaría un juguete a una niña.

-Así es.- contestó Komui retomando la compostura y acomodándose los lentes –Kanda y mi hermosa Lenalee la encontraron durante su última misión.-

-Oh, Lenalee, eso es fantástico.- felicitó el pelirrojo a la chica que estaba recuperando el aliento.

-Gracias Lavi, también por detener a mi hermano.-

-No hay problema.- dijo esbozando una sonrisa. –Entonces me imagino que esta pequeñita es el acomodador ¿cierto?- Katrien se sonrojó y ocultó el rostro tras su muñeca lo cual hizo reír un poco a Lavi y Lenalee.

-Anda, preséntate.- le indicó Lenalee sosteniendo los hombros de la niña. Ella levantó tímidamente la vista y suavemente habló.

-Mi nombre es Katrien Millan, mucho gusto en conocerlos.-

-Mucho gusto Katy-chan, mi nombre es Lavi y el anciano que parece panda es Bookman.- gracias a este comentario el pelirrojo se ganó un golpe en la cabeza cortesía de su maestro. Komui aprovechó el susto de la niña al ver esto y le quitó la muñeca de nuevo.

-¡La tengo de nuevo!- se mofó Komui alzando la muñeca

-¡Ady!- exclamó la holandesa dando saltos para alcanzarla, lo cual fue en vano.

-Hermano, esa no es forma de tratar a Katrien- reprendió Lenalee.

-Pero Lenalee, tenemos que analizar esta inocencia y convertirla en un arma que pueda usar.-

-¡No! ¡Yo quiero a mi muñeca! ¡El señor Komui es malo!- gritó Katrien rompiendo en llanto.

-Hermano, por favor.- suplicó Lenalee abrazando a la rubia y mirando a su hermano de manera reprobatoria. –Sabes que es lo único que le queda.-

Al oír esto el hermano mayor de la exorcista no pudo evitar mostrar una expresión melancólica. Hacía unos minutos su preciosa hermana y Kanda habían llegado a la orden trayendo a Katrien, quien en ese momento mostraba una mirada muy fría y vacía, y el edificio completo se había comenzado a enfriar. La joven exorcista le había contado todo lo ocurrido mientras que el japonés contribuyó sólo con unos detalles. La historia de la holandesa era conmovedora, pero, tras haber confirmado la inocencia en la muñeca con ayuda de Hevlaska, Komui se había olvidado por completo de ello en su afán de experimentar con el arma anti-akuma.

-Está bien, cuidaré de tu muñeca.- prometió agachándose a la altura de Katrien y viéndola fijamente a los ojos –Sólo veré qué es lo que hace que congele cosas. Te la devolveré pronto.-

-¿Está seguro?- sollozó la niña aún con lágrimas saliendo de sus ojos.

-Sí, te lo prometo.- sonrió el supervisor y Katrien se limpió el rostro con las manos para corresponderle la sonrisa –Pero voy a necesitar que me devuelvas a mi Lenalee mientras tanto.-

-No- rechazó rotundamente la niña aferrándose a la mayor. Los presentes supieron que eso desataría el peor de los berrinches de Komui. Así que antes de que su hermano armara un gran alboroto, Lenalee decidió actuar.

-Katrien, yo tengo que ayudar a mi hermano pero tú puedes ir a comer algo por mientras.-

-¿Comer?-

-Sí, en la orden tenemos una gran cafetería, todos nuestros amigos se reúnen ahí.-

-Pero yo no conozco a nadie y este lugar está muy grande, me voy a perder.-

-Yo te llevaré.- ofreció Lavi –Justo íbamos para allá.-

-Pero…-

-Anda Katrien, Lavi es un buen amigo mío, te cuidará bien.- trató de convencer Lenalee, la niña finalmente la soltó y asintió con la cabeza.

-Está bien, pero vuelve pronto.-

-Te lo prometo, ahora ve con Lavi.- pidió la señorita Lee, Katrien caminó hacia Lavi y tímidamente tomó su mano izquierda para que él la guiara al comedor.

-Y dime Katrien-chan ¿qué es lo que hace tu muñeca?- preguntó el pelirrojo cuando notó los nervios de su acompañante.

-Ah, eh pues… hace nieve- respondió Katrien como si tuviera miedo a decir algo incorrecto.

-¿Sí? ¿De qué sabores?- bromeó Lavi, la niña se notó confundida.

-Eso no fue gracioso.- regañó Bookman impasible. Pronto llegaron al gran comedor y Katrien inmediatamente se ocultó detrás de las piernas de Lavi lo cual le causó gracia al muchacho. Bookman se adelantó y fue donde Jerry.

-Este es el comedor- explicó el futuro Bookman –Aquí nos reunimos todos a comer y descansar.-

-Hay muchas personas…- musitó la rubia asustada.

-Todos son amigos, ninguno te hará daño. Ven, vamos por algo de comer.- cuando vio que Bookman se iba a sentar ya con una bandeja llena de comida, Lavi tomó una bandeja y fue a la ventanilla donde Jerry lo recibió alegremente.

-Oh ¿y quién es esa pequeñita tan linda?- preguntó el cocinero en cuanto notó la rubia cabecita de Katrien, como acto reflejo la niña se ocultó tras Lavi nuevamente.

"Si no es su muñeca, soy yo" pensó el pelirrojo al verla –Ella es Katrien-chan, acaba de llegar a la orden hoy. Katrien, él es Jerry y es quien cocina para todos nosotros.-

-Mucho gusto Katrien. Siéntete libre de pedirme todo lo que quieras para comer, yo lo prepararé para ti en un instante.-

La niña pareció relajarse un poco y saliendo de detrás de Lavi se puso de puntillas frente a la ventanilla para poder ver bien a Jerry, sin embargo solo los ojos y parte de su cabeza se veían.

-¿Tiene leche?- cuestionó con los ojos bien abiertos en señal de ilusión. Jerry incrédulo sólo atinó a ver a Lavi en busca de una explicación que el pelirrojo era incapaz de darle.

-Claro que tengo, aquí tenemos cualquier cosa que quieras comer.-

-¡Entonces quiero leche y pan con mantequilla, por favor!-

-¿Sólo eso? ¿Estás segura que no quieres nada más? Tenemos toneladas de comida.-

-¿Se puede pedir más?-

-¡Por supuesto que se puede!-

-Esto…- Katrien miró a Lavi confundida –No sé qué más pedir.-

-Si no tienes hambre no hay problema.- le dijo él, pero en ese instante el estómago de la niña rugió fuertemente haciéndola sonrojar al instante –S-sí tienes hambre…- musitó el exorcista sorprendido.

-Lavi ¿de dónde viene esta niña?- le preguntó Jerry indignado. –Parece que nunca le hubieran dado de comer.-

-Soy huérfana.- replicó Katrien bajando la vista tristemente. Jerry soltó un chillido y al instante comenzó a llorar ruidosamente.

-¡Pobre de ti! ¡Tan pequeña y tienes que arreglártelas sola en este mundo cruel y triste!-

-Jerry, cálmate.- pidió Lavi, todos los presentes en el comedor miraban hacia ellos, y Katrien parecía que también quería llorar. –La mayoría aquí somos huérfanos, no tienes por qué ponerte así.-

-¡Eso lo vuelve mucho peor!- sollozó el hombre, Lavi decidió que lo mejor era salir de ahí, y tras decirle a Jerry que le diera a Katrien y a él algunos hot cakes, se llevó a la pequeña a la mesa donde Allen, Miranda y Krory estaban sentados.

-Lavi ¿sabes por qué Jerry estaba llorando?- preguntó Allen mientras partía un pedazo del filete que tenía en su plato.

-Debe estar algo sensible hoy…- respondió el pelirrojo para evitarse mayores explicaciones.

-¿Y esa niña?- Miranda fue la primera que notó a Katrien, la niña nuevamente se escondió tras Lavi.

-Es Katy-chan, Lenalee y Kanda la trajeron- fue la presentación que el futuro Bookman hizo.

-M-me llamo Katrien, mucho gusto.-

-Hola Katrien, mi nombre es Allen Walker, mucho gusto.- dijo el chico de cabello blanco.

-Yo soy Miranda Lotto, es un placer conocerte.- la mujer le dedicó a la niña una amable sonrisa que hizo que se tranquilizara un poco.

-Y-yo… yo soy…- Krory miraba a la niña temblando mientras trataba de contener las lágrimas.

-¿Qué pasa Kuro-chan?- preguntó Lavi.

-Es que… es que ella… ¡se parece tanto a Eliade!- lloró Arystar, los demás exorcistas soltaron un suspiro de resignación.

-Krory, Katrien es apenas una niña… Eliade era…- Allen se interrumpió a sí mismo al no encontrar cómo describir al akuma del cual Krory se había enamorado. –Eliade era…-

-Era un akuma con el aspecto de una mujer sumamente hermosa.- completó Lavi despreocupadamente, lo que provocó que Krory llorara aún más. Katrien, para sorpresa de todos, se acercó a Krory y con una expresión seria puso una mano sobre su hombro.

-No se preocupe, si uno de esos feos monstruos se lo quiere comer, la señorita Lenalee y el señor Kanda nos salvarán.-

Los cuatro exorcistas se quedaron mirándola estupefactos.

-Creo que te equivocas… Kanda no te va a salvar- soltó Allen quien ya había acabado su filete y comía un emparedado más largo y grueso que su brazo.

-No es cierto, el señor Kanda me salvó de un montón de feos monstruos.- defendió la niña, los demás alternaban la mirada de ella a Allen esperando ver qué decía el joven.

-Debe haber sido tu imaginación.-

-¡No lo fue! ¡La señorita Lenalee también lo vio!-

-Aún así seguro no lo hizo para salvarte a ti.- dijo él terminando su emparedado y conteniéndose para no subir su tono de voz.

-¡Sí lo hizo!-

-No lo hizo.- insistió Allen perdiendo la paciencia

-¡Sí lo hizo!-

-¡No lo hizo!- gritó el muchacho finalmente, pero se dio cuenta de su error cuando Katrien lo miró con los ojos humedecidos. Lenalee y Komui llegaron a la cafetería y se acercaron hacia ellos sin percatarse de la tensión entre esos exorcistas.

-¡Katrien-chaaan!- llamó Komui alegremente ocultando algo tras su espalda –Ya terminé de examinar a tu muñeca, y me alegra decirte que ya puedes usarla cuando quieras. Y te preparé una sorpresa.-

-Esto te va a gustar mucho.- aseguró Lenalee antes de que su hermano sacara lo que ocultaba. Era la muñeca de Katrien, pero ya no tenía ningún raspón, mancha o pieza rota… incluso le habían puesto un nuevo vestido color azul oscuro que se veía bastante elegante y alegre a la vez. La dueña de la muñeca se quedó sin palabras mientras recibía en sus brazos su única posesión, unas silenciosas lágrimas rodaron por sus mejillas mientras los miembros de la orden veían la escena enternecidos.

-¿Qué te parece?- preguntó Komui viendo cómo Katrien examinaba a su muñeca sin decir palabra alguna.

-Está preciosa…- musitó para luego voltear hacia Komui y abrazarlo llorando –¡Muchas gracias!-

-Bienvenida a la Orden Oscura, Katrien-chan.-

--/-/--

Ese día Katrien lo pasó siguiendo a Lenalee a donde quiera que ella fuera, así como un patito siga a su mamá. Los científicos, buscadores y otros exorcistas no tardaron en notar la presencia de la rubia y ser presentados a ella. Katrien se mostraba tímida, y se escondía detrás de Lenalee u ocultaba su cara tras su recién reparada muñeca.

-No me gusta este lugar.- confesó la pequeña cuando acompañaba a Lenalee a la sala de pruebas, pues Reever y otros miembros del departamento de ciencias querían probar la inocencia dentro de la muñeca.

-A mi tampoco me gusta mucho, pero tenemos que venir para que te digan si hay algo peligroso con tu arma anti-akuma.-

-Si me quedo aquí… ¿voy a tener que pelear contra esos monstruos?- quiso saber la temerosa niña, Lenalee se sintió afligida al escucharla. A ella nunca le gustó pelear, pero había sido forzada a hacerlo desde muy pequeña, y al enterarse de que Katrien también tenía una inocencia no quiso llevarla a la orden por miedo a que le hicieran lo mismo que a ella.

Pero Kanda opinó lo contrario. Aún si Lenalee insistió en que no debían obligar a Katrien a algo que ella no quería y que el que tuviera una inocencia no era motivo para alejarla de su hogar, Kanda consiguió persuadirla diciendo que era mejor llevarla a la orden que dejarla por su cuenta para que los akuma la mataran. Con eso fue más que suficiente.

Convencer a la niña, quien durante todo un día estuvo sentada en los restos de su casa junto a la ropa que su padre dejó al convertirse en polvo, fue fácil. Katrien estaba tan desesperanzada y se sentía tan sola que estuvo dispuesta a seguir a Kanda y Lenalee a donde ellos la llevaran. Después de todo, ellos eran en ese momento las únicas personas que conocía.

Tras dejar a Katrien con Reever y los otros, Lenalee fue a la cocina a prepararles algo de café como siempre hacía. Apartarse de la niña le incomodaba mucho, y no sabía por qué. Era así desde que la había conocido…

-Quizás ya me encariñé mucho con ella.- dijo para sí misma al tiempo que añadía un par de cucharadas de azúcar a la taza de su hermano. En ese momento la puerta se abrió de golpe y Johny se asomó muy agitado.

-Lenalee ¿Ha visto a Katrien-chan? ¿Ha pasado por aquí?-

-Acabo de dejarla con ustedes.- respondió sorprendida. -¿Pasó algo?-

-Es que… es que su inocencia creó una ventisca muy fuerte que rompió varias cosas y salió corriendo llorando asustada.-

Lenalee no lo pensó dos veces antes de salir corriendo de la cocina.

--/-/--

Kanda caminó por los pasillos viendo bastante molesto cómo exorcistas, buscadores y uno que otro científico llamaba a Katrien mientras abrían cada puerta y se asomaban en cada rincón desesperadamente.

-Kanda ¿No la has visto?- se detuvo a preguntarle Allen en medio de su preocupación, olvidándose por un momento de con quien trataba.

-Por supuesto que no la he visto.- gruñó el japonés expresando su enojo en su mirada, el joven Walker se notó molesto también.

-Ya calmense ustedes dos, ya bastante tenemos con Katrien desaparecida.- regañó Lavi ganándose una mirada asesina y un gruñido por parte de sus dos compañeros.

-Pobre Katrien, debe estar perdida y asustada.- temió Miranda ajena a la pelea entre los muchachos.

-Hace rato dijo que no le gustaba estar aquí… ¿Qué tal si se escapó?- sollozó Lenalee, Kanda la miró de reojo aún de mal humor.

-Ella no hará eso.- dijo completamente convencido.

-¿Cómo lo sabes? Apenas y llegó hoy, y la conocimos hace un par de días… todo ha sido tan repentino que…-

-Ella no es como tú.- interrumpió el samurai antes de dar media vuelta y perderse por el pasillo dejando atrás a Allen quejándose de lo grosero que era, a Miranda confundida, Lavi preocupado y Lenalee sin poder articular palabra alguna.

El exorcista japonés fue hasta las escaleras que, según tenía entendido, llevaban a la azotea de la orden. Subió con paso rapidez, alejándose del ruido que había abajo, y abrió la puerta dándose cuenta de inmediato que el clima era bastante frío y hacía algo de viento…

-Katrien.- dijo para sus adentros y se aventuró al exterior, no tuvo que caminar mucho más para darse cuenta de que la niña estaba ahí de pie abrazando a su muñeca. La pequeña rubia miraba al cielo sin mostrar expresión alguna, completamente serena y fría… como la misma nieve. –Oye.- en cuanto Kanda la llamó, la niña volteó algo sorprendida -¿Qué es lo que haces aquí? Todos abajo te están buscando.-

-Perdón, señor Kanda. Es que me perdí y…-

-Pues más vale que bajes ahora.- el tono de Kanda era severo pero no estaba tan enojado como hacía unos momentos, al parecer el aire fresco le había hecho bien. Katrien sonrió y corrió hacia donde él se encontraba deteniéndose a unos pasos de distancia.

-¿Me puede acompañar?- pidió. Kanda chasqueó la lengua y guió a la niña escaleras abajo y por el pasillo donde Lenalee fue hacia ella en cuanto la vio.

-Me alegra tanto que estés bien, nos tenías preocupados.-

-Perdón, no quise perderme.- se disculpó la pequeña ocultando el rostro tras su muñeca.

-Lo importante es que no le pasó nada.- comentó Lavi acariciando la cabeza de la rubia y sonriendo –Ya todos podremos descansar.-

Harto de lo empalagosa de la escena, Kanda se dispuso a regresar a la azotea, pero Katrien lo detuvo al llamar su nombre. El exorcista suspiró y se volteó para ver qué quería la niña esta vez.

-Muchas gracias por ayudarme tanto.- le dijo viéndolo aún con parte del rostro escondido tras la muñeca –Mi papá desde el cielo también se lo agradece por que de no ser por usted yo no estaría aquí.- alzó un poco más la cabeza dejando ver su nariz y su boca para sonreírle de nuevo al exorcista –Usted y la señorita Lenalee son como la nieve para mí.-

Algo confundido por el comentario, Kanda musitó un "de nada" y regresó a la azotea dejando a la pequeña al cuidado de Lenalee y Lavi. El pelirrojo miró a su compañera en armas con un deje de confusión.

-Creí que tú también ibas a agradecerle por encontrarla.-

-¡Lo olvidé por completo!- exclamó la chica llevándose una mano a la boca, avergonzada.

-Yo ya le agradecí.- denotó Katrien inocentemente.

-Sí, lo sabemos.- concedió Lavi –Pero ¿qué quisiste decir con eso de que Yu y Lenalee son como la nieve?-

-Ah, es que mi abuela me solía decir que la nieve viene para cubrir el suelo con su blancura y enseñarnos la pureza que tenemos. Y que algunas personas eran como la nieve… así como el señor Kanda y mi papá.-

-Oh, así que Yu te recuerda a tu papá.- supuso Lavi.

-Un poco.-

-Kanda no es para nada como tu papá.- dijo Lenalee un poco molesta al recordar al padre de la niña –Ni siquiera en el temperamento.- añadió acordándose de cómo Kanda en una ocasión mostró más compostura que el señor Millan.

-Mi papá no era malo, ni tampoco lo es el señor Kanda. Ambos están enojados por que están tristes.-

-¿Kanda? ¿Triste?- rió Lavi

-Mi papá se puso así cuando mi mamá se murió- defendió Katrien sintiéndose insultada por la pregunta –Y creo que el señor Kanda también está triste por algo.- esto despertó algo dentro de la mente de los dos mayores.

Kanda estaba en la orden desde que tenía seis años, estaba ahí desde antes que ellos dos llegaran y desde que lo habían conocido tenía esa mala actitud hacia los demás. Nunca había mencionado nada sobre su pasado o su familia, y la verdad nadie se atrevía a preguntarle por temor a la espada del japonés… ahora que Katrien lo decía parecía tener sentido.

Ambos jóvenes se miraron y parecieron comprender lo que el otro pensaba. Lenalee tomó la mano de la rubia y le dijo que la llevaría de vuelta a su habitación, mientras que Lavi se despedía diciendo que iría a consultar unas cosas antes de dormir.