Nuevo capítulo, ¡Y está vez más interesante y con más drama que nunca! Seamos sinceros, no sabeis lo que os espera... Y he recordado como empecé este fanfic. Estaba escribiendo al tuntún y no se como, pero estaba construyendo el fanfic a traves de la marcha, ¿Increible, no?

Disclaimer: ¿¡A quién le importa!?


Alfred se estaba aburriendo de manera épica. La ventana abierta, el ventilador de techo funcionando y corriendo, luz natural y… un calor de mala muerte que no es normal. Hacia unos meses que no tenía noticias de los alemanes. Literalmente, lo único que le quedaba antes de que se acabara su turno con la radio de comunicaciones, era la música de la radio de My Little Pony de Francis. Técnicamente el francés se suponía que debía quedarse en Leverkusen, pero no, tenía que ser él e Isabel quienes vieran primero a su amigo. Esa era su única escusa, porque la española se había traído equipaje de mano con mala hostia. Oh sí, me refiero a Lovino. El pobre tenía mal arranque al despertar por lo que era mejor dejarlo descansar en la cama.

El estadounidense miró a una esquina de la habitación. Su hermano, Matthew, estaba preparando dos batidos de vainilla, sobretodo porque era lo que les ayudaba a los dos norteamericanos a relajarse de tanta tensión. Estaba a nervios a flor de piel, no tenían ni idea de si los enviados habían muerto o no. Alfred sonrió. De alguna manera le agradaba la idea de que les confundieran por gemelos. Recordaba vagamente cuando tenía tres años y su hermano nació en Ottawa por error. Pero realmente no podía decir con exactitud si él era de composición más pequeña o su hermano demasiado alto.

"Have we found something yet? Our treasures are waiting for us, deep, deep, in the ground. Without hesitation, let's run to the edge of world. I can see the light of the hopeless, but, truthfully, I believe we shan't fall like their destiny"

Mientras el canadiense se acercaba, Alfred no dejaba de canturrear esa dichosa canción que había causado tanto furor en los últimos días. Nadie sabía quién era la cantante, solo que era bastante venerada en su país natal, Seychelles, por darles un apoyo emocional a todos los que lo necesitaban. Lentamente se estaba recuperando, y para gozo del tratado de Zúrich, se unió a su bando.
-¿Sigue esa canción en la tele, eh?
-Yeah. Pero a decir verdad, su timbre tiene algo especial. Pero de todos modos lo tienen toda la gente que vive en los archipiélagos ¿Cierto?
-Sí, supongo que sí. Pero ella da mensajes muy esperanzadores para su gente. Lo que me sorprende es que haya tenido tanta aceptación en Europa. Ah, sí, tu batido.
-Thanks.
- De nada.

-…Alfred ¿Estás bien?
-¿Qué? Ah, sí, es sólo que…
-¿Sólo que qué?
-¿Crees que vendrán sanos y salvos?
-Yo… A ciencia cierta no lo sé, solo nos queda esperar y ver.
-Gracias bro.

Matthew sonrió tímidamente. No era normal ver a Alfred preocuparse tanto, el solía aclamarse como único y verdadero héroe, pero… hasta los héroes necesitan palabras reconfortantes. Lo que ambos no esperaban era ver a ciertos ibéricos correr dentro de la sala. Y menos a la española gritar a todo pulmón. De hecho, nadie esperaba que aparecieran los dos hermanos.
-¡TENEIS QUE VENIR DE INDMEDIATO!
-Disculpad a mi hermana, por favor…
-¿¡ISABEL!? ¡QUE COÑO!
-POR EL AMOR DE DIOS, SOLO SIGUEME Y CALLATE.

-¿De veras es tan importante que tienes que entrar gritando eh?
-SÍ, SÍ LO ES.
-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH

-Se han vueltos gilipollas ambos…
-Sí.

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Gilbert caminaba devastado a través de las colinas. Siendo sinceros, ni siquiera tuvo la oportunidad de poder descansar, pero al menos pudo encontrar a Elizabeta y Felicia en los jardines. Sabía que era un cabrón al alegrarse de que le iba a dejar trabajo a los jardineros por dos razones: El lugar exacto donde se estrelló su caza dejo un boquete de la hostia, aparte de quemar el suelo y dejar las cenizas esparcirse, haciendo que la hierba se vuelva de un color monótono gris; y donde se encontraban unas delicadas flores, decidió marcar su territorio y dejar una horrible tufarada a pis.

Lo que más le hizo gracia es que Ludwig decidió por una vez joderles, y se fue al parterre de al lado, a señalar su presencia a los cabrones que le habían retenido durante tanto tiempo. Elizabeta no pudo evitar reírse como una cosaca, pena que la risa se le desvaneciera al ver por error a los "cinco metros largos" de Gilbert. Tensa como una cuerda, y con la cara más roja que un tulipán, se dio la vuelta forzadamente y empezó a caminar como un soldado hacia una zona más… libre, sin tener que cometer los mismos errores.

Pero recordemos esto: Ha pasado hace… cierto tiempo, no podía explicar con precisión cuanto exactamente. No sabía dónde estaba, no quería saberlo. Llevaban… Dios sabe cuánto andando, pero gracias a Elizabeta (y su sartén) consiguieron un vehículo que duró, digamos, la mayoría del trayecto. Intentaban mantener el ritmo, pobremente, y como no, el albino recurría a la típica charla de ascensor.
- Pues… hace buen tiempo.
-Ya lo has dicho bruder… Lo has dicho como que más de cincuenta y tres veces contadas. Por favor, busca otro tema de conversación, que ya nos tienes aburridos.
-PUES PONGO A DIOS POR TESTICULO
-Testigo…
-…TESTIGO DE QUE ENCONTRARÉ ALGO DE QUE HABLAR, LO JURO
-Ja
-¿A alguien le gustan las cosas adorables?
-Bueno, a mi parecen graciosas. Imádnivaló és kicsi
-Bueno, ¿Sabes que es adorable?
-Bruder, no sigas por ese camino, que ya sabes cómo terminas…
-Si dices algo pervertido te llevas la hostia del év.
-¡MI PAJARITO!- (Golpetazo de sartén… Pobre)
-¿¡PERO QUE TE HE DICHO!? ¡NADA DE COSAS ZÜLLÖTT!
-Pio Pio
-Mi a fene…? ¿Un canario?
- ¿¡A que crees que me refería con mi pajarito!? Gilbird, saluda.
-Pio
-… ¡Aún así! ¡Me hiciste pensar mal! ¡PERVERTIDO!- (Y otro golpe de sartén. Para ya, que le tienes morado…)

Felicia, por su parte, ya no sabía si adentrarse en la conversación o no. Rió tímidamente y miró hacia las colinas. La discusión de la húngara y el albino duraría un rato, eso por seguro. Mientras su griterío se difuminaba, la ítala solo escuchaba el sonido de la naturaleza. Algo, algo muy dentro le decía que la guerra duraría poco. Y que la terminarían los hermanos teutones.

Ludwig, ya cansado, forzó sus ojos para ver mejor. Reajustó al Marcello durmiente en su espalda y apremió. El grupo al verle hacer dicha acción, literalmente, dio una especie de saltito e intentaron ponerse a su ritmo. El rubio ya estaba física y mentalmente agotado, sin mencionar que lo único que quería era descansar en una cama mullida. Su querida cama en Leverkusen, donde recordaba que se te clavaban los muelles del armazón, pero era cómoda. No obstante el grupo estaba acostumbrado al griterío del albino y la castaña, se estremecieron al oír alboroto al otro lado de las colinas.

La cara de la española se ilumino al ver a los cinco, cosa que extrañaba a los caballeros que la acompañaban. Corriendo, la íbera se acercaba peligrosamente al grupo de regreso, dando un increíble salto para acabar abrazando al ojirojo por el cuello, y terminando estrangulándole. Ludwig, ante aquella amenaza, apresurado, le enseño que llevaba a una persona a su espalda para evitar su destino final. Pero él sabía que solo estaba ganando tiempo. Para su sorpresa, la italiana había desaparecido y retornado al lado de su hermano, por lo que sabía que era como un cervatillo y no debía asustarla. Y finalmente la húngara. Isabel se acercó poco a poco, algo desconcertada. Ubicó su mano en la mejilla de la centro-europea, acariciándola sin querer. Pequeñas gemas se aglomeraban, coloquialmente llamadas lágrimas, en el rabillo del ojo de la española. Y para el acto final, un abrazo desesperado, incitado por la melancolía, que, a sorpresa de todos, Elizabeta devolvió con fuerza.

-Warten Sie eine verdammte Minute, ¿Vosotras os conoceis?
-Aber was zum Teufel ?! ¿¡En serio!?
-Questo inaspettato... Ve~
-Bueno, sí... Sí nos conocíamos... Desde hace doce años.
- Por aquel entonces no había guerra y éramos simplemente estudiantes de intercambio. Roderich, Isabel y yo… fuimos muy buenos amigos, pero por aquel entonces el conflicto se estaba oliendo en el aire, aunque ni si quiera habían revueltas como ahora, ni un solo tanque por la calle y la situación actual de todos los países era "pacifico".
-Pero allí teníamos dieciséis. Tres años después decidí volver a Madrid por motivos personales, y ella siguió a Roderich. Eran como hermanos. Pero es una pena que haya acabado así.
-¿A qué te refieres? Seguro que Roderich me está buscando como un loco, no permitiría que su mejor amiga se fuera por las buenas.
-No lo hará
-¿Qué quieres decir?
-I'm so sorry ladies, pero tengo que interferir. Tenemos sintonizada la televisión austro-húngara solo para ciertos casos y anunciaron que hace unos días fue asesinado Roderich Eldestein. El asesino está en paradero desconocido y no tienen ni idea de quién es, eh.
-¿Roderich… muerto?
-Supongo que hemos quedado iguales…
-En cierta manera Isabel, pero yo no comparto el mismo vinculo que tú con Akatzin…

-Y-Yo… Lo siento, no quería recordártelo.
-Asesinado por una enfermedad. Yo pude haberle ayudado, pero me quedé estática, quería, él tenía que verla, nuestra preciosa María, pero se fue, y-yo… ¡N-No-!
-MEIN GOTT, ¿¡QUÉ LE HA PASADO!?
- Creo que le ha dado un colapso nervioso por estrés, o algo así tengo entendido, eh.
- Bonjour a tous, ¿Qué me he perdido-? ¡AY MON DIEU, ISABEL!

Con los nervios a flor de piel, un asustado Francis acudió en función de proporcionar socorro. Elizabeta solo podía sentirse afligida, no espera un giro tan dramático de los acontecimientos. Miró con el rabillo del ojo al suelo. Sinceramente quería ayudar a su amiga, pero no sabía cómo. Apenas había llegado y, mala suerte tenía que ser, lo arruinó todo. Hizo tripas de corazón para no tirarse al suelo y llorar, que era lo que su cuerpo rogaba en ese momento ¿Era una buena persona? ¿O solo un sirviente amnésico de Lucifer? Realmente, los ojos esmeraldas de Elizabeta se cristalizaron en ese momento, si no fuera por las palmadas repentinas de Felicia en la espalda, estaría organizando un espectáculo. La mirada consoladora de oro de Felicia irradiaba de todo, sobretodo amabilidad y perdón. Podía perfectamente ver su empatía.

Siguiendo al grupo hacia la base, se preguntaba Ludwig que hubo pasado en su ausencia. Eso, y a dónde habrían llevado sus pertenencias en Viena. Extraño, juraría tener unas ojeras de camionero hace unos momentos, pero se las veía a su hermano en vez de a él ¿Sufriría exactamente lo mismo que él? Dirigió una mirada al héroe, lo conoció por poco tiempo, y sinceramente, daban ganas de cortarse las venas después de estar un día entero junto a él ¿Cómo lo soportaba la nipona? Pero aun así, demostró ser un soldado diligente y puntual, a la vez que excelente al manejar armas. El americano esbozó una pequeña mueca que resultaba ser una sonrisa. Azul. Su hermano se aseguraba de repetirlo millones de veces. El azul solía ser el color de los locos, pero también de los que se preocupan demasiado por los demás y por eso, los dioses (Sí, los dioses) Le habían dotado esos ojos agua marinos. Pero también veía que alguno de sus compañeros los poseía también. Las teorías de Matthew solían ser a veces muy locas. El rojo indicaba valentía y rudeza, perfecta para el campo de batalla, pero también comprensión. El verde indicaba velocidad y amabilidad, a la par de compasión. El violeta mantenía la balanza entre la generosidad y la ambición, si ponías más peso en un platillo, todo se volvía o blanco o negro, y perdías tu estabilidad mental. Y el amarillo indicaba pureza, aquel que podía liderarlos a todos en perfecta armonía. Miró hacia las nubes ¿Qué nos tenéis deparando, destino? Francis se reafirmó, posicionando a Isabel de una manera más cómoda en su espalda. Tenía la sensación de que Alfred se estaba perdiendo en las nubes. Bueno, lo afirmaba, se acababa de dar un ostión contra el suelo por culpa de una cacho roca. Y simplemente se detuvo a pensar

"Qué vida más loca la mía"


¿Os gustó? Espero que sí... A pesar de eso, ice un pequeña mención al Imperio Azteca... Acabo de joder todo el Spamano... Aún así, se marchó con él a la edad de diecinueve, tuvieron una hija y la llamaron María, quien seria la correspondiente de México. Exacto, España aquí tiene 28 años. Mola.

Reviews:
AndreaNozomiChan:
Tu nombre SÍ qué es asombroso. Y lo advertí en no se cual capitulo. Meteria PruHun. Los siento, pero no soy muy fan del RusPru o PruAus... Me dan tiricia...¡Y EL FINAL SERÁ JODIDAMENTE EPICO Y TENEIS RAZONES PARA ODIARME!
NuevoMundo:
Wow, eso es nuevo. De todos modos, ese colgante es una de las razones por los que la Union de Br'ansk mantiene a tantos africanos trabajando, la mayoría en cuevas, picando dia y noche para conseguir el mitico amuleto... Solo la reencarnacion del amado gobernador puede usarlo... Pero no especifica genero. Felicia lo encontró de pequeña, dentro de una concha, en las orillas de venecia. Creo que interpretaron mal su ubicación.

Me encanta explicaros términos que de lo mas seguro no meteré en la historia, se quedan como hechos importantes que conectan los puntos de la historia y ni si quiera son tan visibles. Aun así.
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Tschüss