Con la Pureza de la Nieve
Capítulo 4:
Retomando el rumbo
Lavi repasó cada uno de los archivos disponibles sobre Yu Kanda y los registros de casos resueltos por exorcistas con fecha de once años atrás. No hubo conexión alguna.
Anteriormente había intentado averiguar más sobre su compañero pero no obtuvo mas que datos básicos como edad, nacionalidad, peso y otras cosas sin mucha importancia. Ya sospechaba que el carácter del muchacho fuera a causa de algún evento traumático, pero al no hallar nada se rindió con el tiempo. Sin embargo los comentarios de Kanda con respecto a Katrien y Lenalee habían despertado nuevamente la curiosidad del aprendiz de Bookman.
–¿Por qué le tomas tanta importancia?– preguntó el "anciano panda" cuando Lavi soltó un suspiro y dejó caer una carpeta sobre la mesa de la biblioteca donde estaban sentados.
–No lo sé… Kanda siempre ha sido un misterio y no me gusta estar desinformado.–
–¿Seguro es solo eso?– cuestionó Bookman más como regaño que como pregunta.
–Sí, solo es eso. Ya me voy a comer.– dijo Lavi levantándose y su tutor chasqueó la lengua mientras negaba con la cabeza.
Lavi abrió los ojos débilmente, encontrándose a sí mismo atado a una silla en un inmenso salón oscuro.
Hacía meses desde que había tenido esa conversación con Bookman y muchas cosas habían ocurrido. Una reunión de la Orden en la rama norteamericana había salido terriblemente mal y tanto él como su maestro habían sido secuestrado por los Noah.
No recordaba cuanto tiempo llevaba atrapado ahí pero con cada segundo que pasaba se sentía más débil y no le cabía duda que podría morir en cualquier momento.
–Si tan solo pudiera verla otra vez…– dijo para sí antes de perder la consciencia otra nuevamente.
En las nuevas instalaciones de la orden, Lenalee miraba una vieja fotografía de sus compañeros. Allen, Lavi, Miranda, Marie, Krory y ella sonreían mientras Kanda, como siempre, se veía molesto. Esos eran buenos tiempos, pero habían acabado.
Tras el ataque a la rama norteamericana Kanda desapareció, Lavi fue secuestrado, Allen fue puesto bajo custodia y luego escapó. Hasta que Kanda volvió por su inocencia ella había perdido toda esperanza de verlos nuevamente, pero en vista de que el japonés decidió buscar a Allen para ayudarlo, sus ánimos se habían recuperado un poco.
–¡Señorita Lenalee!– llamó Katrien tocando a su puerta. Lenalee se limpió las lágrimas que amenazaban con caer por sus mejillas y esbozó una sonrisa para abrirle la puerta a la pequeña quien tras esos meses había recuperado peso y se veía más saludable.
–Hola Katrien ¿necesitas algo?–
–¡Hay noticias! ¡El señor Kanda ha vuelto!– exclamó ella alegremente.
–¿Qué? ¿Estás segura?–
–¡Sí! ¡Acabo de verlo con el señor Tiedoll!–
–Vamos a ver.– decidió Lenalee cerrando la puerta y corriendo con la niña hacia la oficina de su hermano, pues lo más seguro era que pasaran por ahí antes que nada.
Tal como predijo, Tiedoll acompañaba a Kanda a la oficina de Komui, pero mucho personal y otros exorcistas se habían amontonado en el pasillo bloqueándole la vista a las chicas, así que los hombres entraron a su reunión sin que Lenalee pudiese hablar apropiadamente con su camarada.
–No lo alcancé a ver… y yo lo quería saludar.– lamentó Katrien.
–Tranquila, tendremos nuestra oportunidad luego. Vamos a esperarlos un rato.–
–¡Sí!– aceptó la pequeña sonriendo. Lenalee echó un último vistazo a la puerta antes de llevar a Katrien a otra parte a jugar.
Si el joven Kanda Yuu había vuelto tan pronto a la orden luego de haber tomado la decisión de auxiliar a Allen Walker en secreto, era por una simple razón: Tiedoll le había propuesto volverlo general en la Orden.
Un puesto así no le hubiese interesado antes, pero estando fuera un ser misterioso llamado hipogrifos lo había atacado en nombre de la Orden. Él despreciaba la organización y ser libre de ella pudo haber sido lo mejor en jamás ocurrirle, pero tenía una deuda que saldar y muchas dudas que resolver, y la mejor manera de hacerlo era desde adentro de la Orden en un puesto de poder por lo que debía volverse general para ganar la confianza de los altos mandos nuevamente.
–¿General? ¿Kanda? ¿están seguros de esto?– cuestionó Komui, como era de esperarse.
–¿No crees que pueda hacerlo?– refutó el japonés y el jefe negó con la cabeza.
–Claro que puedes, pero Kanda, tú…–
–¿Serías capaz de servir a nuestro señor adecuadamente esta vez?– intervino Leverrier, el representante del Vaticano. Tras él venían sus escoltas. Los otros dos generales miraban todo sentados en un sillón cercano.
–Ya lo he hecho en dos vidas ¿no es así?– reprochó Kanda mirando con frialdad al hombre, quien ni se inmutó ante el comentario.
–Kanda ha servido a la Orden toda su vida y tiene un poder y experiencia sin igual. No hay un mejor candidato que él para cubrir el vacío que ha dejado la pérdida del general Cross.– dijo Tiedoll tratando de apaciguar las cosas yendo directo al punto.
–Ciertamente, como exorcista está capacitado. Y su inocencia ha pasado al tipo cristal. Pero su lealtad sigue siendo cuestionable.– insistió Leverrier.
–¿Qué tal si lo ponen a prueba entonces?– propuso Cloud Nine, la única general femenina –Una misión que nadie más haya podido realizar.–
–Sí, habría que ver que tan bien funciona como líder de un equipo antes de ponerlo en una posición de tanto poder.– coincidió Leverrier.
–A ver si el debilucho no muere en el intento.– rió Winters Socalo, el tercer general.
–¿Y qué misión sería esa?– preguntó Kanda aceptando el desafío. Komui revisó sus papeles, pensando en algo que pudiera hacerse sin arriesgar demasiado la vida del muchacho.
–Dos importantes miembros de la orden, Bookman y su aprendiz, están desaparecidos desde hace algún tiempo. Ambos son primordiales en esta guerra y no podemos permitir que los Noah los tengan a su merced por más tiempo.– propuso Leverrier para sorpresa de los presentes.
–¿Entrar al territorio de los Noah? ¡Eso es suicidio!– refutó Komui.
–Oh pero el joven Kanda ya una vez estuvo en territorio Noah ¿no es así? Así es como obtuvimos control sobre el arca.–
–Esto es diferente, ahora ni siquiera sabemos por donde buscar. La única manera de que una misión así funcione sería…–
–Usando un señuelo.– interrumpió Leverrier.
–Oh que interesante.– rió Socalo –¿Y qué clase de señuelo tenemos que pudiera atraer a los Noah?–
–Los Noah buscan el corazón tanto como nosotros ¿no es así? En ese caso usemos de señuelo un exorcista que ellos no hayan enfrentado antes.– analizó el hombre del Vaticano.
–No se referirá a…– musitó Tiedoll con horror.
En la cafetería de la Orden, Katrien comía unas papas fritas con catsup y Lenalee la acompañaba con un té para calmar sus nervios. Timothy, otro nuevo exorcista que era un año mayor que Katrien, se acercó a ellas corriendo y se robó una papa del plato de Katrien para luego seguir su camino hacia la ventanilla de Jerry.
–¡Oye!– reclamó Katrien ofendida por la descortesía.
–¡El que se duerme pierde!– se burló él sacándole la lengua así que cuando Jerry le dio su plato de pasta a la bolognesa, Katrien se vengó usando su muñeca para enfriarle la comida. –¡Oye! ¡No uses tu inocencia para vengarte! ¡Tramposa!– reprochó pero Katrien lo ignoró y siguió comiéndose sus papas. Lenalee no pudo evitar reír.
–Se siente diferente cuando hay niños ¿no es así?– comentó Miranda sentándose a lado de Lenalee.
–Sí. Me trae recuerdos.–
–¿Había otros niños cuando tú estabas aquí?–
–Solo Kanda y yo… Lavi llegó cuando éramos un poco mayores.–
–Debe ser nostálgico tenerlo de vuelta.– sonrió Miranda y Lenalee se sonrojó.
–U-un poco… me alegro que esté bien.–
En ese momento Reever se acercó a Katrien. Lenalee notó que los ojos del científico mostraban más pesadez que de costumbre.
–Katrien, necesitamos que pases a la oficina de Komui de inmediato.–
–Sí, señor.– aceptó ella limpiándose con una servilleta y poniéndose de pie.
–¿Puedo comerme tus papas?– preguntó Timothy.
–¡No!– regañó Katrien y se fue con Reever.
Lenalee, invadida por un mal presentimiento, no se quedó atrás y los siguió.
Cuando Reever entró con Katrien a la oficina, la exorcista se acercó a la puerta para intentar escuchar.
–¿Mi primera misión? ¿En serio?– se entusiasmó Katrien cuando le dijeron para qué la buscaban.
–Así es. Irás con el señor Kanda y el señor Krory en una misión muy importante.– explicó Komui tratando de ocultar su preocupación. Kanda, a su lado, estaba más serio que de costumbre.
–¡Wow! ¿Y me van a dar un uniforme y todo?–
–Sí. Irás con ellos a buscar una inocencia en un pueblo de Alemania. Los detalles te los explicarán cuando vayan en camino, por mientras tú solo haz todo lo que tus mayores te digan ¿de acuerdo?–
–¡Sí, señor!–
–Bien, puedes irte.– indicó Komui y Katrien emocionada corrió a la puerta, al abrirla se sorprendió de ver a Lenalee ahí –¡Señorita Lenalee! ¡Voy a ir a mi primera misión! ¡Ya soy toda una exorcista igual que usted!– rió y salió corriendo con Reever para prepararse.
Lenalee miró fijamente a su hermano y se dio cuenta inmediatamente de la consternación que intentaba ocultar.
–¿Su primera misión? ¿Tan pronto?– cuestionó la menor de los hermanos Lee.
–Ha pasado muchos meses entrenando, hay que darle un poco de experiencia en el campo.–
–Creí que no la mandarías al campo de batalla hasta que tuviera más edad.–
–Tenemos poco personal, no es un lujo que podamos darnos.–
–¡Hermano!– exclamó Lenalee aún sin creerlo.
–Tú ya hacías misiones a su edad.– reprochó Kanda.
–¡Por eso mismo estoy preocupada!– dijo la muchacha y tras meditarlo unos segundos decidió que haría –Quiero acompañarlos.–
–¡¿Qué?!– gritó Komui.
–Quiero acompañarlos para cuidar a Katrien.–
–Debes dejarla hacer sus misiones sola.– dijo Kanda irritado.
–¡De ninguna manera! Ella es mi responsabilidad y tengo que cuidarla.–
–Pero Lenalee… esta misión es…– balbuceó Komui.
–Todo saldrá bien. Si voy con ellos hay más probabilidad de éxito ¿no?–
–Es mucha gente.– negó Kanda.
–Entonces que Krory se quede pero yo voy a ir con Katrien aún si tengo que escaparme para seguirla.–
Komui miró a Kanda sin saber qué hacer y el japonés suspiró resignado antes de asentir.
–Muy bien, puedes ir con ellos.–
–¡Genial! Gracias hermano.– celebró la muchacha antes de salir.
–Kanda… ¿estás seguro de lo que haces?– preguntó Komui –Si algo le pasa a Lenalee…–
–Tu hermana estará bien. Ella no es la que corre peligro haciendo esto.–
–Pero si algo pasara… entonces ella…–
–Yo me haré responsable.– decidió el exorcista.
