Con la Pureza de la Nieve
Capítulo 5:
Sacrificio
Bajo el mando de Yuu Kanda salió un peculiar grupo en un tren hacia un pequeño pueblo alemán. Lenalee Lee, Katrien Millan y Arystar Krory III iban con su malhumorado líder en un vagón privado repasando los detalles de la misión.
–Se rumora que en este pueblo hay una fábrica de akumas. Nuestro deber es ir ahí y sabotear la producción… ¿no es algo complicado para la primera misión de una niña?– cuestionó Krory bajando sus papeles.
–Encontraremos la máquina principal para que Katrien la congele. Yo iré con ella, ustedes se encargaran de los akumas que encontremos.– indicó Kanda.
–Mi primera misión. Mi primera misión.– cantaba Katrien alegremente cosa que preocupó a Lenalee.
–No te emociones mucho Katrien, esto podría ser peligroso.– reprendió la china.
El servicio al vagón tocó la puerta y la encargada les ofreció bebidas. Todos tomaron té o café, excepto Kanda que no quiso nada. El japonés sentía el estómago revuelto y había perdido el apetito. Esa misión no le agradaba para nada.
No tardaron mucho en llegar a la fábrica de akumas. Estaba en un muelle y procedieron cautelosamente en su infiltración. Como la pequeña rubia no podía saltar tan alto como los adultos, Krory la cargó hasta el techo por el cual entrarían.
Tras pasar por la entrada del techo, el grupo bajó con cuidado evitando cruzarse con las personas y esqueletos andantes que paseaban por ahí. Kanda los guió hasta el sótano, donde estaba lo que parecía ser una planta de energía.
–Vigilen la puerta.– ordenó el japonés a Krory y Lenalle, quienes obedecieron sin chistar. –Katrien, ya sabes que hacer.– indicó y la niña alzó su muñeca en dirección a la máquina.
De la boca de la muñeca salió un aliento helado que congeló la máquina lentamente hasta el interior. Chispas comenzaron a salir del aparato y las luces del edificio se apagaron. Kanda preparó su espada, era entonces cuando comenzaría lo difícil.
–Vámonos de aquí.– ordenó y el grupo echó a correr.
Pronto se armó el caos. Los akumas que estaban terminados y los esqueletos se lanzaron a atacar a los exorcistas en cuanto los vieron, la batalla comenzó.
Lenalee y Krory, tal como acordaron, tomaron la delantera para eliminar la mayor cantidad de enemigos posibles. Kanda usaba su espada para abrirse paso y avanzar junto con la niña. Katrien hacía lo posible por congelar a los enemigos que se acercaban.
Se escuchó una gran explosión desde la planta de energía y los exorcistas supieron que era cuestión de tiempo antes que el lugar entero cayera.
–¡Rápido! ¡Hay que huir de aquí!– gritó Lenalee y se apresuró a patear una hilera de akumas.
–Niña, ve adelante.– indicó Kanda y Katrien echó a correr aprovechando que Lenalee le había abierto el paso pero fue golpeada por un proyectil proveniente de otro pasillo.
–¡Katrien!– gritó Krory, quien estaba más cerca, e intentó ir hacia ella pero un akuma se interpuso en su camino.
–¿Se van tan pronto?– preguntó una voz extraña. Se trataba de un hombre en un extraño traje con rayas y rombos que cubría todo su cuerpo. En su cabeza había tres pompones y su rostro estaba oculto por la capucha de su ropa.
–¿Quién es ese?– preguntó Lenalee, ninguno de ellos lo habían visto antes. El hombre se acercó a Katrien, quien apenas se había podido proteger con una capa de hielo, y la tomó por el cabello, alzándola a su altura. –¡Suéltala!–
–Yo soy Maitora, el Noah encargado de los akuma y los esqueletos. Esta fábrica era mi juguete nuevo y ustedes, exorcistas se atrevieron a romperlo.–
–¡Deja a Katrien en paz! ¡Suéltala!– gritó Lenalee y trató de llegar a ella, pero más akumas llegaban a interponerse.
–Voy a dejar que ustedes mueran aquí, exorcistas.– decidió Maitora arrojando a un lado a Katrien y abrió un portal para escapar antes que el lugar se derrumbara.
–¡Niña! ¡No lo dejes que escape!– exclamó Kanda así que Katrien corrió hacia Maitora y justo cuando el portal estaba por cerrarse alcanzó a congelarse junto con él.
–¡Katrien! ¡No!– chilló Lenalee saltando por encima de los akumas hacia el portal, pero este se cerró frente a sus ojos. –¡No!–
–Esta es nuestra oportunidad.– murmuró Kanda y activando a Mugen hizo un poderoso corte que incluso derribó la pared junto a ellos. –¡Salgamos de aquí!– gritó antes de huir por el hoyo que había hecho.
Lenalee se encontraba en shock así que Krory la tomó en brazos para huir justo antes que el techo colapsara y el edificio explotara.
Una vez estuvieron lejos de los restos de la fábrica, Kanda indicó a Krory detenerse a recuperar el aliento. Lenalee estaba echa un mar de llanto.
–¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué ella? ¡Esto no es justo! ¡¿Por qué?!–
–E-era tan pequeña…– sollozó Krory, haciendo un esfuerzo por no ceder ante las lágrimas. Kanda chasqueó con la lengua, eso era peor de lo que había contemplado, ver a Lenalee llorar siempre resultaba incómodo pero en esa ocasión ser el culpable lo carcomía por dentro.
–Va a estar bien, siempre y cuando esté congelada junto con el enemigo, los Noah no le harán daño.–
–¡Claro que no está bien! ¡Ella no puede vivir congelada para siempre! ¡Tenemos que hacer algo! ¡Ella estaba bajo tu cuidado! ¿Por qué la dejaste ir primero?– reclamó Lenalee, Kanda se arrepintió de haber hablado.
–Volvamos a la orden.– decidió el japonés para molestia de la chica.
–Kanda ¿qué es lo que está pasando? ¡Nos estás ocultando algo!–
–No sirve de nada quedarnos aquí.– Kanda enfundó a Mugen y empezó a caminar, obviamente evitando responder las preguntas de Lenalee, pero ella no iba a soportar eso, así que corrió a ponerse frente a él.
–¿Qué estás ocultando?– exigió saber con un tono de voz intimidante.
–A mí también me gustaría saberlo, joven Kanda.– apoyó Krory situándose junto a Lenalee, aunque no con la misma seguridad que ella. Kanda enfrentó sus miradas de acoso con sus fríos ojos. No podía revelarles la verdad, tener más exorcistas rebelándose contra la orden luego de lo ocurrido con Allen solo iba a dificultar más las cosas. Tenía que mantenerlos unidos, aún si eso significaba mentirles e ir en contra de sus propios ideales.
–Vamos a rescatar a Katrien y a Lavi.– reveló Kanda para sorpresa de los otros dos.
En la mansión de los Noah, Road y el nuevo Jasdevi reían a carcajadas viendo la condición en que se hallaba Maitora. El misterioso Noah estaba congelado en una posición de estupefacción y tenía congeladas cerca a una pequeña exorcista con muñeca. Estaban juntos en un gran bloque de hielo, en una posición graciosa de ver.
–Vaya que es desafortunado.– sonrió Tykki Mikk llegando a la habitación y contemplando el témpano.
–Llegó así, hubieras visto la expresión del conde cuanto lo vio.– se burló Road.
–¿Qué vamos a hacer con esto?–
–El hielo está hecho con una inocencia, no podemos romperlo ni derretirlo. Tendremos que almacenarlo hasta que la niña decida descongelarlo.– suspiró Road.
–¿Y quien lo va a mover?– preguntó Jasdevi exhalando para probar si se veía su aliento cerca del frío hielo.
–Ustedes.– denotó Road señalando a Jasdevi y a Tykki quienes se miraron perplejos. Road sacó una paleta de su bolsillo y salió comiéndosela. Los hombres se quedaron viendo el témpano, incapaces de concebir como iban a cargar esa cosa.
Cuando llegaron a la orden, lo primero que hizo Lenalee fue correr donde Komui para pedirle ayuda en rescatar a Katrien. Kanda llegó a la oficina del director justo cuando el mayor consolaba a su hermanita y le prometía que todo estaría bien. Al notar al japonés, Komui le dirigió una mirada de consternación, Kanda se mostró serio y asintió, sabiendo lo que debía hacer después.
Mientras Komui tenía entretenida a Lenalee, Kanda fue al laboratorio de Reever.
–Ah, Kanda. ¿Qué tal la misión?–
–Todo de acuerdo al plan ¿tienes lo que acordamos?–
–Sí, acércate.– sonrió el científico. Kanda cerró la puerta tras de él y se paró junto a Reever quien encendió un monitor.
En la pantalla se podía ver la borrosa imagen de Tykki Mikk y Jasdevi saliendo de un cuarto y cerrando la puerta.
–Acaban de moverla de locación, parece que está sola en una bodega.– explicó Reever. –Hasta ahora solo tres Noah se le han acercado.–
–Ocultar un Golem en su muñeca… no pensé que fuera a ser tan útil.–
–Jamás subestimes al equipo científico. ¿Quieres que la despierte ya?–
–Adelante.– concedió Kanda. Reever encendió un micrófono en el escritorio y habló en él.
–Katrien. Soy Reever. Es hora, ya estás adentro.–
En la oscura bodega de la mansión Noah, un pedazo de hielo al costado izquierdo de Katrien se derritió, de modo que ella pudo salir por un lado del hielo pero quedó su figura marcada en el témpano para poderse colocar en la misma posición si lo necesitaba.
La niña se sacudió un poco y exprimió su cabello antes de agarrar su muñeca y verla a los ojos. En la pantalla del laboratorio, Kanda y Reever veían claramente la cara de la niña.
–¿Cómo lo hice?– preguntó Katrien con una sonrisa traviesa.
–Excelente, Kanda está aquí muy orgulloso de ti.– respondió Reever ganándose una mirada asesina por parte del aludido. La niña solo podía escucharlos pero soltó una risita. –Ahora activa el otro Golem oculto en el vestido de tu muñeca y déjalo salir por la puerta.– indicó el adulto. Katrien se sentó en el piso y levantó la falda de su muñeca, bajo la crinolina estaba un pequeño Golem con alas que se activó al tocarlo. La niña abrió un poco la puerta y el Golem salió volando.
–Listo ¿y ahora?–
–Vuelve al hielo hasta que te lo señalemos.– dijo Reever, cuya voz se escuchaba desde el ojo izquierdo de la muñeca. El puchero de Katrien al oír eso no pasó desapercibido. –Es solo por un momento, te lo prometo. Una vez encontremos a Lavi, el señor Kanda irá por ti.–
Esto reconfortó a Katrien así obedientemente, aunque sin mucho entusiasmo, volvió a colocarse en el bloque de hielo y recongeló la parte faltante.
Kanda y Reever vieron en otra pantalla la transmisión del Golem que volaba por la mansión de los Noah. El lugar era muy lujoso pero oscuro, no había nadie en los pasillos, cosa que les pareció demasiado conveniente para ser cierta. Sin embargo ya estaban tomando el riesgo y no había vuelta atrás.
Al cabo de una hora el Golem finalmente encontró lo que tanto habían buscado: en cuarto completamente oscuro, atado a un sillón, se encontraba Lavi.
–¡Ahí está! ¡Lo logramos!– celebró Reever pero Kanda no estaba conforme.
–¿Dónde está el anciano?–
–No lo veo ¿lo tendrán en otra parte? ¿Deberíamos buscarlo?–
–Puede que no hallemos la habitación luego… esconde al Golem, tal vez lleven al anciano luego.–
–Muy bien, pero no podemos dejar a Katrien sola mucho tiempo.–
–Démosle un par de horas… mientras tanto prepara el arca con las coordenadas, iré por ellos.–
–Entendido. Vigila aquí.– encargó Reever y salió corriendo rumbo al cuarto de control del arca.
Lenalee, que ya había salido de la oficina de Komui y caminaba aún triste, lo vio tropezarse con Chaozi y seguir corriendo sin detenerse a disculparse, cosa extraña pues Reever era de las personas más amables de la orden. Sin pensarlo mucho fue detrás de él.
Reever entró al cuarto de control y se apresuró a escribir las coordenadas. Usar algo tan complejo sin la ayuda de Allen se había vuelto más difícil y no podían ir a donde quisieran usando el arca, tenían que descifrar las coordenadas geográficas exactas y una máquina que habían instalado las convertía ennotas musicales y tocaba la melodía adecuada en el teclado. No era fácil pero Reever estaba aprendiendo a hacerlo.
Lenalee lo observó desde la puerta, sumamente curiosa. Cuando las coordenadas estaban puestas y solo faltaba presionar el botón de encendido, Reever salió para avisar a Kanda. Lenalee se escondió tras la puerta y entró cuando ya no había nadie. Miró con curiosidad la máquina, en especial el botón rojo que parpadeaba indicando que estaba listo para ser presionado.
Ella no solía meterse con las máquinas del equipo científico, pero tenía sus sospechas de que Reever, Kanda y Komui le ocultaban algo, así que hizo lo impensable y presionó el botón.
