Con la Pureza de la Nieve

Capítulo 6:

Carnada

El plan consistía en que Katrien se congelara con un Noah para llevar dos golems ocultos a su base, usar uno para vigilarla y otro para encontrar a los Bookmen. Como solo encontraron a Lavi, pusieron las coordenadas de su ubicación en el Arca para ir al rescate en cuanto llevaran al anciano Bookman de vuelta. Infiltrarse en territorio Noah era peligroso, pero el plan no era demasiado complicado (es decir, hasta una niña lo había comprendido) y todo iba saliendo bien.

Hasta que Lenalee activó el arca y atravesó el portal sin siquiera saber a donde iba.

Kanda, quien se había quedado vigilando la transmisión del golem que observaba a Lavi, se quedó estupefacto al ver a su compañera aparecer ahí sin aviso alguno y completamente confundida.

Reever entró al cuarto unos segundos después y se quedó boquiabierto sin aire al ver la pantalla.

–¿Qué hiciste?– inquirió furioso el japonés.

–Solo puse las coordenadas… no sabía que ella…– balbuceó Reever horrorizado.

Kanda lo tomó por la corbata y lo arrastró hacia el arca.

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Por su parte, Lenalee pasó de la confusión a las lágrimas en el instante que sus ojos notaron a Lavi. Tras tanto tiempo sin verlo, se le partió el corazón que él se hallara en tan deplorable condición: amarrado a una silla, piel pálida, la piel casi pegada a sus huesos por falta de nutrientes. Bien pudiese haber sido un cadáver.

–Lavi. ¡Lavi!– llamó ella arrodillándose a su lado y acercando una mano temblorosa a la mejilla del muchacho. Su piel estaba fría pero reaccionó ante el delicado toque.

–¿Le-lenalee?– balbuceó él con el poco aliento que tenía. Su boca estaba seca y su garganta le quemaba.

–Sí, soy yo. Todo está bien. Te sacaré de aquí.–

–N-no. No puedo.–

–Claro que puedes. Tranquilo, yo te ayudo.–

–Si salgo me matarán.– dijo en un hilo de voz, la sed le dificultaba hablar.

–¡Morirás si te quedas aquí!– temiendo por los horrores que los Noah le habrían hecho para asustarlo así. Lavi, aún débil como estaba, comprendió lo que Lenalee pensaba.

–Hay parásitos en mi cuerpo. Si me sacas, el Noah que los controla los hará matarme por dentro.–

Lenalee se quedó paralizada. Tuvo que hacer uso de toda su voluntad para controlar las lágrimas en sus ojos.

–No… no, eso no…– sollozó tratando de aferrarse a alguna esperanza –Debe de haber algún modo.–

Sin embargo todo rastro de esperanza desapareció cuando Tyki Mikk abrió la puerta de la habitación.

–Oh, lo siento mucho. Pero esa es la verdad.–

Lenalee se paró de un brinco y activó su inocencia. Lista para pelear con tal de liberar a su amigo. El Noah ni se inmutó.

–Quien lo imaginaría. La Orden Oscura haciendo que una niña se congele como señuelo.– se mofó Tyki alzándose de hombros. –A que ha llegado este mundo.–

El enojo de Lenalee solo se incrementó al oír mención de Katrien. Lavi no sabía lo que había pasado pero relacionó las palabras "niña", "congelar" y la reacción de Lenalee con la pequeña rubia.

–¿Donde está?– bramó Lenalee con una voz furiosa.

Tyki invocó diez de sus mariposas oscuras, también conocidas como Teez, y Lenalee adoptó una pose defensiva. Lavi apretó la mandíbula al encontrarse a si mismo incapaz de pelear.

–La encontrarás en el más allá.– respondió Tyki con absoluta calma y chasqueó los dedos en señal de ataque para sus Teez.

Las letales mariposas volaron como navajas hacia Lenalee. Ella giró creando un tornado que las destruyó al contacto, pero no contó con que eso era una distracción que Tyki aprovechó para atacarla por la espalda.

Sin embargo Lavi sí alcanzó a notarlo y, haciendo uso de la fuerza que le quedaba, se arrojó a sí mismo contra el Noah. Cayeron estrepitosamente al suelo, Lavi haciendo lo posible por inmovilizarlo y Tyki tratando de quitárselo de encima.

Lenalee no quiso esperar por el resultado de la pelea así que pateó fuertemente a Tyki en la cara, mandándolo a volar contra una pared. Inmediatamente ella tomó a Lavi en sus brazos y corrió hacia el pasillo.

–¿Qué haces?– preguntó Lavi. En otro momento se hubiera mostrado apenado que Lenalee lo cargara como princesa, pero la supervivencia de la chica era su prioridad en ese momento y sabía que era una carga.

–Encontraremos a Bookman y a Katrien.– decidió ella. Ya había perdido a muchos de sus amigos, no iba a dejar a nadie atrás.

–¡Literalmente soy una carga!– trató de razonar el pelirrojo pero Lenalee solo le sonrió.

–Tu me cargaste mucho tiempo cuando estuvimos en Edo.–

Lavi no necesitaba que le recordara eso. Fueron los momentos más estresantes de su vida, con Lenalee incapaz de caminar o pelear y en una isla repleta de akumas. Le costaba definir cual situación era peor, si aquella o la actual.

Cuando Jasdero y Devito se les cruzaron en un corredor, Lavi decidió que ahora estaban peor.

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Katrien seguía congelada en su posición con el Noah llamado Maitora. Se estaba cansando y escuchaba ruidos afuera que la preocupaban, pero tenía ordenes que quería cumplir a la perfección. Tenía pánico de lo que pasaría si desobedecía y algo salía mal.

Una extraña luz se formó cerca de su bloque de hielo y vio con gusto que Yuu Kanda salía de ella. La niña quiso salir inmediatamente pero aguardó a recibir una señal del mayor, no fuera a ser que la regañaran.

Kanda le indicó que esperara y entre abrió la puerta apenas lo suficiente para echar un vistazo afuera. Chasqueó la lengua al escuchar los sonidos de la pelea pero no poder ver de donde venían. Fácilmente pudiera ir por Lenalee y Lavi para llevarlos de vuelta por alguno de los dos portales que Reever podía abrir, pero no sabían donde estaba Bookman.

Además debía decidir si llevar a Katrien con él a buscar a los demás o si dejarla donde estaba. Si elegía dejarla, nada le aseguraba que los Noah iban a dejarla en paz solo por tener de rehén a uno de ellos. En el momento que alguno decidiera sacrificar a su compañero o romper el hielo era seguro que la niña moriría.

El plan anterior consistía en hacer creer a los Noah que tenían una pequeña exorcista de rehén. La intervención de Lenalee evidentemente había puesto en alerta a todos los miembros del clan.

Kanda intercambió una mirada rápida con la infante en el hielo. La notó consternada y cansada. Estar congelada debía ser agotador, en especial para una principiante cuyos límites aún no estaban definidos.

–Sal de ahí, vendrás conmigo.– decidió Kanda.

La rubia descongeló la porción de hielo que la aprisionaba, cuidando dejar al Noah en su lugar, y tomó un gran respiro de aire tal cual lo haría quien va saliendo de nadar.

–¿Ya nos vamos?– preguntó Katrien realmente deseando una respuesta positiva.

–Tenemos cosas que hacer primero.– respondió el japonés para decepción de la niña, ella se le acercó temerosa. –¿Estás lista?– preguntó él y cuando la pequeña asintió, él la cargó con un brazo como si fuera un costal. Así ella no se quedaría atrás y él podría usar su mano libre para desenfundar a Mugen. Katrien no se quejó de la falta de delicadeza y se aferró más fuertemente a su muñeca para que no cayera.

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Lavi había podido activar su inocencia aunque el esfuerzo fue mucho. El y Lenalee estaban arreglándoselas contra Jasdero, Devito y Tyki que se les unió después. Aunque se hallaban en desventaja se conformaba con que Fiidora, el Noah que lo infectó con aquellos parásitos, no estuviera presente para matarlo de adentro hacia afuera.

Al menos podría morir peleando.

Lenalee destrozó algunos más de los Teez de Tyki y luego saltó sobre la cabeza de Jasdero para desviar un disparo dirigido hacia Lavi.

El pelirrojo aprovechó para golpear al Noah rubio con su martillo y acto seguido invocó el sello de fuego para quemar mas Teez a la vez que bloqueaba los disparos de Devito.

La falta de espacio forzó a los Noah a retroceder a modo de salvaguardarse y esto dio a Lenalee tiempo de reagruparse con Lavi.

–La casa se quema, debemos movernos.– señaló ella cuando las llamas empezaron a consumir algunos muebles y parte de las paredes.

Se echaron a correr, siendo pronto perseguidos por los Noah que se enojaban más y más.

–¡Lavi!– llamó una voz sumamente familiar que los hizo detenerse en caliente. –¡Lavi! ¿Dónde estás, estúpido aprendiz?–

–¡El anciano panda!– reconoció Lavi y cambió dirección hacia de donde provenía el llamado. Lenalee lo siguió sintiendo un dejo de esperanza surgir en su pecho.

Guiándose por la voz del anciano abrieron una puerta doble hacia una elegante biblioteca. En el centro se encontraba Bookman sentado en un gran sillón negro. Detrás de él había un escritorio lleno de papeles sobre el cual estaban recargados Fiidora y Sheril Kamelot.

Lavi sudó frío y Lenalee se quedó paralizada. ¿Acaso Bookman los había traicionado?

–Lavi ¿Qué crees que estás haciendo? No estás en condiciones de pelar.– reprendió el anciano viéndolo fijamente –Yo tenía todo bajo control.–

–Te equivocas, viejo panda. Iban a matarnos de todos modos en cuanto tuvieran la oportunidad.– alegó Lavi, negándose a creer que su maestro fuera tan ingenuo.

Fiidora le dirigió una sonrisa gélida al pelirrojo y éste sintió un ardor en su cuerpo que le sacó un desgarrador aullido de dolor.

–¡Lavi!– exclamó Lenalee hincándose a un lado de él mientras se retorcía. –¡Déjenlo en paz!– exigió a los Noah.

–Teníamos un trato.– bufó Sheril dando unos pasos para acercarse a Bookman, cuya expresión estaba tensa.

Lenalee no tenía idea de que hacer. Lavi estaba en agonía, Bookman permanecía en su lugar bajo alguna amenaza, y ella no podía pelear contra todos los Noah y cargar a dos exorcistas fuera.

Entre los gritos de Lavi y sus preocupaciones, Lenalee no escuchó otros dos gritos y un gruñido proveniente del pasillo.

A una velocidad extremadamente alta, la habitación se puso tan fría que varias estalactitas se formaron en el techo y cayeron cerca de los Noah.

Lenalee apenas asimiló aquello cuando Kanda entró como un rayo a atacar con su espada. La distracción impidió que Fiidora siguiera torturando a Lavi y le permitió a Bookman correr hacia su discípulo. Katrien entró instantes después y creó estalagmitas que salieron del suelo hacia los Noah.

–¡Katrien!– sonrió Lenalee aliviada al verla y la niña corrió a abrazarla gritando su nombre.

–¡Salgan de aquí!– ordenó Kanda mientras bloqueaba un ataque de Sheril. Fiidora fue un poco más listo y retrocedió dispuesto a retomar el control sobre Lavi, pero Bookman se percató a tiempo y lanzó sus agujas para distraerlo.

–Niña, ayúdame a mantenerlo ocupado.– pidió Bookman reconociendo que la ventaja estratégica de que Katrien pudiese atacar a distancia. La niña obedeció sin dudar.

Lenalee levantó a Lavi, a la vez que Katrien y Bookman atacaban a Fiidora para distraerlo.

–¿Dónde está la salida?– preguntó Lenalee a Kanda pero éste se hallaba muy ocupado para responder.

Bookman gruñó dándose cuenta que no podrían huir a menos que Kanda y Katrien se desocuparan. Cerró los ojos por un momento para meditar lo que haría.

–¡No van a ir a ningún lado!– bramó Sheril usando sus hilos para arrojar varios muebles hacia los exorcistas. Lenalee pateó varios fuera del camino, Bookman tomó a Katrien y saltó fuera del camino.

En los ojos del anciano se reflejó su última decisión.

–Es hora de que tomes tu lugar, Lavi.– musitó antes de arrojar varias agujas al cuerpo de su heredero.

Lenalee y Katrien se horrorizaron. A ninguna le gustaban las agujas.

–¡Pero que hace!– reclamó Lenalee para luego quedarse estupefacta por la gran cantidad de agujas que el anciano invocó en el aire.

–Salgan todos de aquí, yo me haré cargo.–

Kanda entendió las intenciones del anciano inmediatamente. Atacó a ambos Noahs con su técnica de ilusiones y corrió hacia las chicas para guiarlas fuera.

–¡No! ¡Bookman! ¡No!– gritó Lenalee siendo jalada por Kanda hacia el pasillo. Katrien los siguió sin comprender que ocurría.

El anciano disparó sus agujas hacia los Noah en un intento fútil por eliminarlos. Sheril ya había puesto sus hilos en las agujas de Bookman y le regresó el ataque.

–Oh Bookman, que desperdicio. No pensé que fueras a sacrificarte por la orden.– se quejó Sheril viendo el cuerpo inerte del anciano en el piso. Daba por asegurada su victoria, dispuesto a pasarlo para ir por los otros pero se detuvo al notar que Bookman sonrió. –¿Qué?– se cuestionó perplejo.

Sheril volteó a sus espaldas al oír que Fiidora caía contra la mesa. Al acercarse vio claramente una sola aguja clavada en la frente del ahora inconsciente Noah. Curioso, Sheril sacó la aguja y esta se desvaneció.

La inocencia salió de la bolsa de agujas de Bookman y voló hacia Lavi que era cargado por Lenalee.

Ella lloró a sabiendas de lo que esto significaba.

Kanda abrió la puerta del cuarto donde Maitora seguía congelado. El golem que estaba ahí emitió un sonido y al instante un portal del arca se abrió. Lenalee cruzó llevando a Lavi, Katrien dudó un instante antes de seguirla y Kanda fue al final.