Jeeeeeeeeeeeeeeeo. Hola. Capítulo dos. Y eso. Gracias por los comentarios *carita feliz*. Adiós *carita feliz again* (?)

Capítulo 2.

Danny

Después de más de diez horas de vuelo, sueños interrumpidos por azafatas siliconadas despertándote para ofrecerte almohadas, cacahuetes y hasta pastillas para dormir, llegamos al aeropuerto Port Louis entre montones de turistas. Mery se quita los auriculares y mira el gentío que se agolpa en la terminal, los que bajan de nuestro vuelo, de otros y los que se preparan para embarcar. Un par de parejas jóvenes como nosotros, parejas no tan jóvenes, e incluso gente que debería hacer excursiones con el inserso. Nos tomamos de la mano, tomando nuestro equipaje más ligero y caminamos hacia el interior de la terminal para poder recoger las maletas en la cinta. Menos mal que su maleta es amarillo chillón, de lo contrario sería imposible encontrarla.

Empiezo a agobiarme por la gente que recibe ese aeropuerto pensando en que todas esas personas vayan a ir al mismo hotel que nosotros. El hombre de la reserva, con un inglés perfecto, nos aseguró que su hotel era de calidad pero exclusivo, y que no contaba con más de quince habitaciones, en pos de la comodidad y privacidad de sus clientes ya que preferían tener pocos y satisfechos, que muchos y mal atendidos. Aunque teniendo en cuenta que estas islas están situadas en medio del océano perdido de la mano de Dios, es normal que todo el mundo arribe a este aeropuerto.

Nos acercamos a la cinta, abriéndonos paso entre los miles de turistas que nos impiden acceder a ella, recelando de cualquier mano sospechosa como buenos guiris que somos. Quizás debiera haberme dejado el Rolex en casa y Mary podría no haberse traído sus gafas de Armani. Ni siquiera somos gente ostentosa, simplemente lo tenemos y, ¿por qué no usarlo?

Cuando diviso la maleta de mi mujer, me lanzo a por ella y la atraigo hacia mí en contra del movimiento de la cinta, que unido a todo lo que pesa me hace replantearme apuntarme al gimnasio cuando volvamos a Londres, pero consigo hacerme con ella y apoyarla en el suelo sin que se abra un ápice.

- Lo difícil ya lo hemos hecho- dice Mery, como si lo hubiera hecho ella.- Ahora hay que encontrar un taxi que nos lleve al hotel.

- Afuera, junto a las puertas- señalo las puertas de cristal, donde la gente ya va cogiendo los primeros taxis, y ella corre hasta llegar a uno dejándome a mí sólo para arrastrar todo el equipaje excepto su bolso.

Resoplo y me cargo la mochila a la espalda, la maletita de mano apoyada encima de la maleta grande, y las arrastro a través del aeropuerto, sorteando a la gente con sus enormes sonrisas de turista en sus caras blancas y llego hasta ella, que le grita algo al taxista en inglés, como si por hablarle más alto le fuera a entender.

Me mira, desconcertada, y saca el folleto de las vacaciones y el papel de la reserva.

- ¿No dijiste que hablaban inglés?- me pregunta, dándole vueltas sin cesar tratando de encontrarle el sentido al tríptico.

- Eso ponía en la web- le digo, tratando de que no cunda el pánico entre nosotros.- Inglés y francés.

- Pues nos ha tocado el gabacho.

Le aparto de la ventanilla y me dirijo yo al conductor. Empiezo sonriéndole para que no se crea que somos dos completos pardillos o que estamos locos, y trato de usar el poco francés que conozco.

- Bonjour, je m'apelle Danny et...- que digo yo que qué mierdas le importará al taxista cómo me llamo, pero bueno- Vous povez... emm...?

- Parlez vous français?

Saco la cabeza del taxi, golpeándome la nuca, y miro al hombre que nos ha interpelado en francés. ¿Acaso no es evidente que no?

Es un hombre alto y robusto, acompañado por una chica menuda y castaña que sonríe achinando los ojos por culpa del sol. Más turistas.

- Non, je ne parle pas français- le digo, es prácticamente lo único que sé decir en francés. Qué paradoja...

- ¿Spanish?

- Menos...- murmuro para mí mismo mientras Mery me toma del brazo como si fueran a atracarnos a plena luz del día.

- ¿Inglés?- dice, agotando las opciones.

- ¡Sí!- respondo aliviado, y se sobresalta por mi ataque de alegría.- ¿Sois ingleses?

- Americanos, de California- tiende una mano y le imito, estrechándonosla con fuerza, él más que yo.- ¿Vosotros?

- Londres- digo, sonriendo al ver que no somos los únicos de habla inglesa por allí.- Nos dijeron al hacer la reserva que por aquí se hablaba inglés, y...

- Inglés, francés y criollo mauriciano- contesta él, como si se hubiera estudiado la información.- ¿Necesitáis un taxi para ir al hotel, verdad?

- Sí, le estaba pidiendo.

- ¿Necesitas ayuda?- me mira alzando una ceja y esbozando una suave sonrisa de superioridad y me siento ridiculizado. Empiezo a decir que no, pero Mery se me adelanta.

- Sí, por favor. No podemos con el peso de las maletas.

La miro, atravesándola con mis ojos por su cara dura, y me hace una seña con los ojos para que dejemos que el tipo este se encargue de ello. La verdad es que es buena idea; si dependiera de mi francés, no llegaríamos en la vida.

- Por cierto, mi nombre es Harry Judd- dice tendiendo de nuevo una mano, y la miro antes de volver a estrechársela. Sonríe de ese modo petulante como si nuestra vida dependiera de sus conocimientos de idiomas, y esbozo otra sonrisa más arrogante que la suya, solo por no quedar por debajo.

- Danny Jones- nos estrechamos las manos y veo como sigue sonriendo.

Harry

Nuestro avión toca tierra y a Kathy le falta tiempo para ponerse de pie en el sitio, antes incluso de la indicación de las azafatas, y empujarme para salir al pasillo y recoger el equipaje de mano. Estoy medio dormido y ella rebosa energía.

- Vamos, Popeye, despabila- me insta, pellizcándome los bíceps- que necesitamos tu don de lenguas para coger un taxi.

- Que hablan inglés, enana.- le digo, al parecer vengo de traductor.

- Y francés y una cosa muy rara. Sabes que lo mío es el alemán.

- Ya, ya...

Bajamos del avión y el sol nos da de lleno en los ojos; no sé donde he metido las gafas pero no me voy a poner a buscarlas ahora, y menos con el mar de gente que hay por aquí. Al parecer varios vuelos tomaban tierra al mismo tiempo y la pista es peor que un centro comercial en rebajas. Cientos de personas caminan desconcertadas de un lugar a otro antes de pararse, situarse, y ver a donde tienen que dirigirse.

Mientras nosotros nos encargamos de no perdernos el uno al otro y nos topamos con una pareja de ancianos que nos piden les tiremos una foto (en pleno aeropuerto) y que luego pretenden irse sin su cámara y por consiguiente si la foto, la gente se apresura por recoger sus pertenencias y cuando llegamos a la cinta, una de las pocas maletas que queda es la nuestra. La recojo y tomo a Kath de la mano, dejando atrás a los chinos, españoles, italianos, franceses y ancianos desorientados y salimos del aeropuerto.

- Kath, busca las gafas, te van a empezar a llorar los ojos- le digo, viendo que se cubre con la mano.

- Si es que tenían que estar en el bolso; se me quedarían en casa.

Suspiro por sus consabidos olvidos y llegamos hasta la zona de taxis, que empiezan a escasear. Antes siquiera de poder dirigirnos a alguno libre, vemos que dos turistas están teniendo problemas con el idioma y que la mujer parece realmente perdida. Reprimo una risa y sigo caminando, pero Kath me insta a que nos acerquemos a ellos.

- Míralos, pobres. Vamos a echarles una mano- dice, con su bondad característica.

- Como nos quedemos sin taxi por su culpa...

Pero le hago caso, y caminamos hasta ellos. Pego un poco la oreja y oigo al chico hablar en un francés que realmente da risa, y mi ego me obliga casi a intervenir.

- Parlez vous français?- le digo, alzando la voz para que pueda oírme sobre el ruido del aeropuerto.

El hombre saca la mitad del cuerpo del coche y se golpea la cabeza con la ventanilla. Reprimo otra risa y le miro. Estoy casi seguro de que es inglés, tiene toda la pinta de ello. Medio pelirrojo y más blanco que el culito de un bebé. La piel repleta de pecas y ropa sospechosa.

- Non, je ne parle pas français- contesta, con gesto desconfiado. Me dice que no sabe hablar francés en francés, algo muy normal…

- ¿Spanish?- murmura algo que no alcanzo a entender y trato de hablarle en mi idioma, empezando a pensar que este tipo habla antiguo sánscrito o algo así.- ¿Inglés?

- ¡Sí!- exclama, con tanta fuerza que incluso me asusta.- ¿Sois ingleses?

- Americanos- digo.- De California.- le tiendo la mano y se la estrecho con fuerza. Tiene unas manos enormes. - ¿Vosotros?

- Londres- dice sonriendo, mostrando unos dientes destartalados.- Nos dijeron al hacer la reserva que por aquí se hablaba inglés, y...

- Inglés, francés y criollo mauriciano- contesto; de tanto que Kath me lo ha repetido he terminado por aprendérmelo- ¿Necesitáis un taxi para ir al hotel, verdad?

- Sí, le estaba pidiendo.- dice, y dudo mucho que las palabras que salían de su boca fueran a servirle para llegar a algún sitio.

- ¿Necesitáis ayuda?- pregunto, sintiéndome un poco superior a él. Lleva ropa cara y rezuma clase por los cuatro costados, pero no sabe ni pedir un taxi. Veo cómo su cara adquiere un color un tanto rosado, quizás avergonzado, y sé que me va a responder que no, pero su mujer se le adelanta y responde por él.

- Sí, por favor. No podemos con el peso de las maletas.

Es gracioso porque va libre de todo equipaje, de hecho, es él quien carga todas las maletas, pero no entro en su organización, y le tiendo de nuevo la mano, presentándome.

- Por cierto, mi nombre es Harry Judd- el tipo inglés la mira con desconfianza un segundo y finge una sonrisa de superioridad.

- Danny Jones- Jones, típico inglés.

- Esta es Kathy, mi mujer- digo, señalándoles a mi chica, y se saludan con un par de besos. Danny nos presenta a la suya, que responde al nombre de Mery.

Me agacho para poder hablar con el taxista y le indico que lleve a esa pareja al destino que le digan, con mí más o menos francés perfecto, y el taxista asiente y espera. Cuando miro de nuevo a los londinenses, el hombre tiene un gesto humillado en su rostro.

- ¿En qué hotel os hospedáis?- pregunto, pasando por alto su irritación, y tratando de ojear los folletos que sostiene su mujer entre manos.

- En... La Chanson, a un par de minutos del centro- dice Mery, leyendo textualmente del folleto.

- ¡El nuestro también!- exclama Kath, y es cuando nos damos cuenta de que tenemos los mismo trípticos y que nuestro destino es el mismo.- ¿Por qué no vamos juntos? Cabemos todos en el mismo taxi.

Junes en el mismo taxi e.e Okno, que están las esposas delante, qué escándalo u.u