Muy buenas, terrícolas. Yo subiendo capítulos Junes y Harry casándose en dos días, este hombre y su manía por hacerme la contra siempre... En fin, que gracias por los reviews, sois unos amores *-* Hope you like it!
Capítulo 4.
Danny
Mery se seca el pelo con una toalla mientras yo busco desesperado el paquete de tabaco que no recuerdo si he dejado en el bolso de mano o en los pantalones. Por cierto, la cama es perfecta.
- ¿Qué buscas?- pregunta besándome la nuca.
- El tabaco. Algún día te intoxicarás de besarme el tatuaje- bromeo.
- Es que me pone muchísimo, señor Jones. No habértelo hecho- me pellizca el culo y empiezo a plantearme la posibilidad de no haber cogido el paquete antes de salir de casa, de lo que hace unas doce horas. En el avión no podía fumar, así que por eso no debí cogerlo.- Y no fumes, que te vas a morir en dos días.
- Necesito el cigarrillo de después.
Me pongo los calzoncillos y los pantalones y decido que lo mejor es pedir a la recepción que me traigan un paquete de Marlboro, pero no me cogen el teléfono. Tampoco se puede esperar otra cosa del chicuelo asustadizo que había detrás del mostrador, no aparentaba más de quince años...
- Ahora vuelvo- le digo a Mery, que cabecea en asentimiento y abre la maleta buscando algo con que vestirse.
Salgo del dormitorio descalzo y sin camisa y echo un vistazo a la recepción, pero el muchacho no está, y no me suena haber visto ninguna máquina expendedora al entrar.
- Hombre, inglesito- me giro y veo al yanqui detrás de mi, en bañador y chanclas y la toalla colgando del hombro. Me mira con sorna y sonríe con más sorna aún. – Si buscas al taxista ya le hemos pagado nosotros, tranquilo.
- ¿Taxista? – ¿este tío está loco?- Busco tabaco. ¿Tienes?
- Claro, en el bolsillo del bañador, espera- se echa la mano al bolsillo y yo espero que tenga Marlboro, pero la saca vacía.- ¿Pero cómo voy a tener el tabaco aquí para que se me moje?
Se ríe y me mira el pecho con diversión; inesperadamente, me siento cohibido bajo su mirada. Nunca me he avergonzado de mi cuerpo y siempre que he tenido oportunidad de mostrarlo, la he aprovechado, pero frente a él, que parece un atleta olímpico, me siento como un viejo arrugado.
- Hay que tomar más el sol, eh- se burla.- Estás más blanco que un vampiro.
- Londres no es California- le digo de malos modos- ¿Tienes tabaco o qué?
- Sí, en la habitación. ¿Fumas Marlboro?
- Sí- cielo santo, mi salvación.
- Pues ven.
Y voy. Da media vuelta y camina de regreso a su dormitorio, abriendo con la tarjeta e invitándome a pasar. Es prácticamente igual al mío pero en espejo y con los cojines en tonos anaranjados. Y porque yo tengo el mar de mi lado y él no.
- Desde nuestra habitación se ve el océano- presumo, mirando sus vistas, que no son más que las de la piscina.
- ¿Pretendes darme envidia? –dice rezumando seguridad en sí mismo mientras abre una maleta pequeña y saca el tabaco.- La habitación es lo de menos, con que Kath esté feliz me conformo.
Y me calla, porque yo ni siquiera le he preguntado a Mery si le gusta la habitación, simplemente hemos empezado a usarla. Ahora mismo me siento como un capullo insensible y empiezo a sentirme inferior a él.
- Toma- me tiende un cigarro y le acepto con una sonrisa tímida.- Pero aquí no se puede fumar, está prohibido.
- Cojonudo.
- Veníos con nosotros a la piscina, al aire libre está permitido.
Le miro a los ojos, tremendamente azules y me da la sensación de que tengo delante al mismísimo Índico. Es como tirarse de cabeza al mar.
- Está bien- acepto, volviendo en mí y viendo que sigue con esa sonrisita de suficiencia.- Voy a avisar a Mery.
- Entonces te le doy luego- me quita el cigarro de los dedos y le guarda de nuevo en el paquete; me guiña el ojo con picardía y me insta con un movimiento de cejas a que salga de su cuarto.
Harry.
Llego junto a Kath y me tiendo a su lado. Tiene las gafas de sol –por fin- puestas y exhibe su cuerpecillo al sol, para ponerse un poco más morena.
- Como vea que alguien te mira mucho, le saco los ojos- le digo al oído, asustándola y haciendo que dé un brinco.
- Has tardado- se coloca de nuevo y le cojo la crema solar.
- Sí, me he encontrado con el inglés ese, Danny. Quería tabaco.
- Y no se lo has dado- deduce. Sabe que sigo mosqueado por lo del taxi.
- No, pero porque dentro no se puede fumar, le he dicho que salgan con nosotros a la piscina.
- ¿En serio? ¿Les has invitado?-la duda en su voz me ofende, ni que fuera yo un monstruo.
- Me da pena. Está atado a una mujer que no quiere y en un matrimonio que le va a amargar la vida; yo también tendría motivos para ser tan infeliz como él- me extiendo la crema por brazos y piernas y noto la mirada de Kath observándome.
- ¿Y eso lo has descubierto en dos ratos que has hablado con él?
- Sí, sabes que lo mío es la psicología.
- Claro, por eso trabajas en un gimnasio.
Se ríe a carcajadas y le sobo las piernas y la tripa con las manos pringosas por la crema porque sé que lo odia. Un instante después veo cómo mira por detrás de mi espalda y señala a los dos guiris, cargados con dos toallas y un bolso como si se fueran a la playa. Qué gente tan ridícula.
- ¡EH!- exclamo, levantando el brazo y llamando su atención. Danny advierte nuestra posición y le indica a su mujer que le siga.- Me pregunto qué pensarán ellos de nosotros.
- Pues que estoy contigo por tu físico- bromea Kath, colocándose de nuevo las gafas y recostándose en la tumbona.
- Buenas tardes- saluda la mujer, Mery creo que era su nombre, quitándose las gafas y acercándose a mi mujer, por eso de la afinidad de sexos supongo, y se coloca a su lado. Ni un minuto y ya están enfrascadas en una conversación de los más animada. ¿Es que las mujeres siempre tienen tema de conversación?
Por el contrario, Danny se muestra callado. Simplemente ha saludado y se ha colocado a mi lado, luchando con la tumbona como si fuera Brutus, aunque él claramente no es Popeye. Creo que está esperando el cigarro.
- Deberías echarte crema- le digo, por iniciar una conversación.- Los guiris os soléis quemar enseguida.
- Yo no- replica.- Tengo una piel resistente.
- ¿Te hace ahora el cigarrito?
- Por favor.
Se levanta de la tumbona y sonrío; a veces es muy fácil tener a la gente donde quieras cuando sabes lo que necesita. Le sugiero que mejor nos alejemos de ellas para no molestarlas con el humo y poder fumar tranquilamente, y no pone objeción. Caminamos un par de metros por el césped de la piscina, increíblemente bien cuidado, y nos sentamos junto a unos árboles, para poder tirar la ceniza a algún lado.
Le tiendo el cigarro y lo coge tratando de aplacar su ansiedad.
- ¿El cigarrito de después?- pregunto mientras se lo enciendo. Sorbe profundamente cerrando los ojos, para disfrutarlo, y asiente soltando el humo por una esquinita de sus labios desiguales.
- He perdido el paquete- informa, y me río. Le miro la entrepierna descaradamente y cuando se da cuenta a qué me refiero se echa también a reír. – De tabaco.
- Kath no quiere que fume, siempre que me ve con el cigarro me le quita y me le apaga- le digo.- Está obsesionada con la salud.
- Tú al parecer también- me señala los pectorales.- ¿O eso es pura estética?
- Tengo un gimnasio, tengo que tener buena imagen, pero me gusta cuidarme- fumamos.- ¿Tú?
- Yo no sé lo que es eso- sorbe de nuevo y expulsa el humo lentamente. Las drogas, cuanto más lentas, mejor calan.- Nunca he sido de cuidarme, comida basura, poco ejercicio, malos hábitos- alza la mano del cigarro y se encoge de hombros.- Pero ahora que me he casado supongo que tendré que empezar a cuidarme.
- ¿La gente no se cuida para ligar? – pregunto un tanto desconcertado. Yo hago ejercicio por mí, no por nadie más, así que no estoy muy al tanto de la motivación de los demás para meterse a un gimnasio.- Quiero decir, ya estás casado, vas a estar con Mery toda la vida, ya no tienes que gustarla.
Sorbe de nuevo, en silencio, y su mirada se pierde por el césped artificial que rodea la piscina, revestida de malestar, lo que sólo sirve para reafirmar mi teoría de que en realidad no quiere a su mujer.
Pero eso no son asuntos míos, así que intento ser simpático.
- Se supone que yo iba para batería, de hecho la toco y muy bien, además- me dedica una mirada altiva y yo trato de sofocar una risa.- Vale, quizás no sea tan bueno... Hice un par de audiciones y no me cogieron en ningún sitio. Mi padre se hartó de mantenerme en casa sin dar un palo al agua y me obligó a hacer algo con mi vida y terminé estudiando fisioterapia. Hace un par de años monté mi propio gimnasio matando el sueño de mi vida, pero al menos me da para vivir bien.
Esboza una sonrisa ladeada y guarda silencio un par de minutos durantes los cuales termina de consumir su cigarro.
El sol está incidiendo de lleno contra la piel de su espalda y sé que no va a tardar en adquirir el típico rosa guiri por no echarse crema, pero no le digo nada, y paseo mi mirada por ella. Tiene un tatuaje enorme en la nuca que representa un pájaro con las alas extendidas y una frase grabada junto a él. "Searching for my beautiful reward". Un mensaje muy pesimista, me parece a mí. El resto de su piel está cubierta de pecas, pecas por todos lados, de diferentes tamaños y si te fijas, algunas más oscuras que otras. De un momento a otro, tengo el impulso de tocarlas, pero queda sofocado por su voz cuando empieza a hablar.
- Yo también tengo una carrera frustrada- dice, incrustando el cabo del cigarro contra la tierra.- Se supone que iba a ser guitarrista de éxito y que tendría a miles de niñas coreando mis canciones, tirándome sujetadores y aporreando la puerta de mi cuarto en un hotel de cinco estrellas para regalarme su virginidad.
- Es un buen plan de vida, yo firmaría por ello- repongo, sospesándolo.
- Es un muy buen plan de vida, créeme. Lo malo es cuando eso se rompe y tienes que volver a casa porque tu bajista ha muerto por sobredosis y la prensa no quiere saber nada de vosotros. Conocí a Mery por esa época y se enamoró perdidamente de mí, lo cual me vino genial porque me solucionó la vida. Ahora trabajo de relaciones públicas en la empresa de su padre y cobro más de lo que necesito para vivir.
Confirmado, no la quiere. Sería cruel decir que está con ella por el dinero, pero no por ello menos acertado, y aunque no es algo justo para ninguno de los dos, sobre todo para ella, no soy quien para juzgar a nadie. Cada uno se gana la vida como puede, aunque este Danny sea un poco gigoló.
- Sé lo que estás pensando- me dice al ver que no repongo nada, y levanto mis ojos para encontrarme con su azul. El sol le da a contraluz y parecen más oscuros y amenazantes de lo que son en realidad.
- Estoy pensando que eres un aprovechado- confieso, y veo que ríe, dándome la razón.- Pero es tu vida.
- Exactamente.
Se pone en pie, sacudiéndose el culo de la posible suciedad del suelo, y me agradece el cigarro parcamente. Después, echa a andar hacia la tumbona de nuevo.
