Weheeeeeee! ¡Feliz Navidad! Fletcher os desea unas felices fiestas y que el gordo de rojo os haya traído muchas cosas muy arkbwirkwer. Yo os dejo aquí mi regalito, aunque no viene envuelto :) Hope you like it!
Capítulo 5.
Danny
- ¡MERY! ¡QUE ESCUECE!
Mery se ríe y ahora es cuando me cago en todos sus muertos. Sí, vale, lo admito, debería haber hecho caso al americano y haberme echado crema, pero, oh, joder, este sol es de tortura. Y ahora parezco una puta gamba.
- ¡MERY!- me dio la vuelta con violencia pero me obliga a volver a sentarme y sigue explotándome las ampollas que el sol me ha hecho en la espalda. Creo que voy a tener que dormir boca abajo esta noche...
- Eres peor que un niño pequeño, Dan- me da un beso en la nuca, buscando hueco para que sus labios no toquen nada infectado.- Mira que quedarte dormido al sol...
- Estamos de vacaciones, ¿qué quieres que haga? ¿Qué lea el New York Times?- se arma con una bola de algodón y la impregna de algo que sé que me va a hacer ver las estrellas, y comienza a cubrir cada ampolla con ello. Lo dicho, la última vez que tomo el sol.
- Luego te pelarás como una gamba, se te quitará el quemado y seguirás igual de blanco- me dice, como si no lo supiera.- Vampirito mío.
Pongo los ojos en blanco y aguanto estoicamente a que termine de curarme. Para cuando lo hace es prácticamente la hora de cenar y hablamos de ir a algún lugar de la isla a explorar nuevas culturas gastronómicas, aunque al principio se opone porque es una neuras. Con lo que yo adoro la comida india... Termino por convencerla haciendo un puchero con los labios y colando mis manos por el borde su falda, acaricio sus muslos prometiéndola una noche de sexo desenfrenado. Ella suelta una risita histérica, se revuelve entre mis brazos y termina aceptando, tal y como yo esperaba.
A veces me sorprende el poder que tengo sobre ella, cuánto la manipulo para que haga lo que a mí me apetece, y en esta ocasión no puedo evitar acordarme de Harry y lo que me ha dicho hace unas ocho horas. Que soy un aprovechado, y no puedo evitar darle mentalmente la razón, pero no es del todo cierto, por que yo quiero a Mery, muchísimo, no sé si lo suficiente, pero ella es feliz conmigo y yo con todo lo que estar con ella supone. Creo que ambos salimos ganando.
Nos vestimos con un poco de conciencia para visitar los secretos que esta isla nos esconde y salimos de la habitación, entregándole la tarjeta al recepcionista, que la coge con cuidado y busca en el casillero de detrás de él el número correspondiente. Cuando la coloca en su casilla, sonríe orgulloso de sí mismo. Parece un cachorrillo.
La cena se desarrolla con normalidad. Hemos encontrado un restaurante a unos quince minutos a pie del hotel que sirve comida "normal y perfectamente comestible" según ha dicho Mery para darle el visto bueno, y hemos hablado de todo y de nada. ¿De qué hablar en tu luna de miel con una persona con la que vas a vivir el resto de tu vida? ¿No se os agotarían los temas de conversación? Por que a mí sí.
Apenas me doy cuenta de que Mery me está hablando hasta que me da un golpe en el codo. Hemos dejado atrás el restaurante y ahora caminamos por el paseo marítimo de camino al hotel, pero me he enfrascado en mis pensamientos, dándole vueltas al mismo tema que lleva corroyéndome todo el día. ¿Me estoy aprovechando de ella?
- ¿Se puede saber dónde tienes la cabeza?- me pregunta con una sonrisa feliz en la cara.
- Estaba distraído, perdona.
- ¿Por qué no nos acercamos al mar? – sugiere cabeceando hacia su izquierda, donde el mar rompe contra la orilla con suavidad, vertiendo su oscuridad reflejada del cielo por todo cuanto toca.- Aún no le hemos probado.
- ¿De noche? ¿No te da miedo?
- ¿Vas a dejar que me ahogue?- la miro durante unos instantes y ella se abraza a mi cuello, acercando su delgado cuerpo al mío y sonriéndome igual de feliz, igual de enamorada, esperando mi respuesta.
- Claro que no, cariño- y siento ese 'cariño' rasgarme las paredes de la garganta a medida que sale de mis labios, como la mentira más dulce del mundo.
Por supuesto, ella no nota nada, y me besa rápidamente. Un segundo después las cálidas aguas del mar se mezclan con nuestros pies y las escasas parejas que hay también por allí nos miran, riéndose de nuestros grititos al sentir el vaivén del mar, de nuestros abrazos y nuestros besos.
Pero mi mente sigue lejos de allí, de ella y empieza a darse cuenta de algo que, al parecer, un desconocido ha sabido ver antes que yo mismo. Que esta no es la vida que quiero para mí mismo.
Dejamos la playa atrás, caminando con los zapatos en la mano, y volvemos al hotel mientras me llena la cabeza con su parloteo sobre lo mucho que le ha gustado el agua, la recomendación de volver a la mañana siguiente y poder zambullirnos de lleno en ese mar de aguas cristalinas y sobre cuánto me quiere. Yo asiento y sonrío, y murmuro un "yo también". Se queda satisfecha, y le pide a Doug la tarjeta de la habitación con una sonrisa, porque para ella "yo también" sí es "te quiero", y tiene razón. Es una manera de decir que quieres a alguien siendo lo suficientemente cobarde para pronunciar esas dos palabras. Pero no decirlas no significa no sentirlo, ¿verdad?
La abrazo por la espalda y le beso el cuello justo en el momento en que unas risas escandalosas, casi tanto como la mía, nos sobresaltan entrando por la puerta principal del hotel y nos giramos para ver cómo los americanos llegan también de, supongo, cenar fuera. La chica, cuyo nombre no recuerdo, llora de la risa con su mano entrelazada a la de Harry, agarrándose a él para no caer al suelo en un ataque de risa y él se pone un dedo sobre los labios indicándola que se calle. No parecen estar borrachos, sólo ser felices. Es entonces cuando comprendo, ni un día después de conocerle, que le envidio. Envidio la que preveo será su vida perfecta con una chica cálida y sencilla, un trabajo más que suficiente para no despertar envidias entre sus amigos y complicidad con la que no sentirte nunca sólo.
- Buenas noches- murmura Harry en voz baja, aunque ya han hecho bastante escándalo.
- Buenas noches- correspondo, esbozando una sonrisa que no muestra los dientes, una sonrisa falsa.
- ¿Una buena noche? – me mira directamente a los ojos y sé a lo que se está refiriendo. Parece como si quisiera asegurarse de que no voy a abandonar a Mery en plena isla para hacerme con su fortuna.
- Muy buena. ¿Y la vuestra? – contraataco con otra pregunta para que no me fría con las suyas. Él se limita a mirar a su mujer y sonreír pletóricamente.
- Increíble.
Nos despedimos de ellos y nos dirigimos a nuestra habitación. Mery enseguida se pone mimosa y comienza a besarme el cuello, el que sabe que es mi punto débil, y aunque no quiero, tengo que cumplir con mis obligaciones. Mentiría si dijera que no me excita que me acaricie como lo está haciendo, que su lengua no me está haciendo cosquillas detrás de la oreja y que las insinuantes palabras que está susurrando en mi oído son en vano, pero no quiero. Por algún extraño motivo, hoy no quiero. Ahora soy yo el que se siente usado.
- Mery...
Interrumpo sus besos y sujeto las manos que me desabrochan las bermudas, pero no me hace caso y sigue besándome, cubriendo mis labios con los suyos y balanceando su cadera contra la mía, esas mismas manos introduciéndose entre mis calzoncillos y mi piel y excitándome casi a la fuerza.
- Dime...- me muerde el lóbulo de la oreja y continúa con las caricias sobre mi miembro, haciendo magia con él.
Se me escapa un gruñido cuando su mano ejerce demasiada presión y termina por olvidárseme hasta lo que le iba a decir.
Harry
Kath deambula de un lado para otro por la habitación, buscando algo con ahínco. Los rayos del sol mañanero se le pegan al cuerpo, a cada pliegue de piel que yo mismo me encargué de besar y acariciar anoche.
- ¿Qué buscas?- pregunto divertido, apoyándome en su parte de la almohada y cubriéndome la cadera con la sábana.
- Tu virilidad- me pica, y sigue revolviendo entre las maletas.
- Te equivocas, está aquí- levanto la sábana riéndome con malicia y se me tira encima de un salto ágil, sentándose a horcajadas sobre mí.
- Anoche no me la presentaste.
Me impide responderla con un beso húmedo y profundo y termina por decirme que no encuentra un vestido que quería ponerse ese día para ir a la playa. ¿Es que todas las mujeres tienen que complicarse tanto? Que se ponga lo que sea, si va a estar todo el día en bikini.
Opto por salir de la cama y me meto a la ducha durante un par de minutos. Cuando salgo, ella ya está vestida y lista para ir a desayunar, con su vestidito.
- Estamos madrugando más ahora, que estamos de vacaciones, que cuando tenemos que trabajar- me quejo a la vez que me visto.
- Es que hay que aprovechar el tiempo, querido mío- me da un cachetazo en el trasero y salimos de la habitación a degustar el desayuno. Después de una noche como la pasada necesito reponer fuerzas, y sé que ella también.
Cuando llegamos a la playa apenas hay unas diez personas, aunque preveo que tampoco llegará a llenarse hasta los topes como si fuera Benidorm. Esta es una isla alejada y cara, y no mucha gente suele venir aquí si no son parejas jóvenes como nosotros.
Suelto la enorme bolsa con las toallas en el suelo y coloco mi toalla mientras Kath mira absorta el mar con los brazos en jarras. Decido que, ya que no me ve, es una buena oportunidad para seguir con nuestro álbum de fotos y me creo paparazzi con ella, nutriendo a la Canon de un buen surtido de planos de mi mujer.
Mi objetivo trata de captar sus ojos verdes al sol cuando más allá del primer plano, casi en un tercero o cuarto, dos figuritas se van haciendo cada vez más nítidas.
- Mira quién viene por ahí- le digo, señalándolos con la cabeza.
Kath se gira disimuladamente y finge que baila para que no sea tan descarado.
- ¿Les decimos que se vengan? –pregunta.- Podemos comer luego juntos.
- Sí, claro, y nos pegamos a ellos estas dos semanas- vuelvo a quejarme.- Estamos de luna de miel, no de viaje de pareji¡HOMBRE, QUÉ TAL!
Sonrío con falsedad porque Kath no me ha hecho ni el más mínimo caso y ha saludado a los ingleses para que se acerquen a nosotros. Mery me da un beso en la mejilla a modo de saludo y yo le devuelvo un piropo para no ser descortés, pero la verdad es que me sobran estos dos aquí. Vale bajar con ellos una vez a la piscina, dejarle un cigarrillo porque no encuentra el paquete, pero no quiero verlos todos los días. ¿Dónde queda nuestra privacidad?
Se tumban a nuestro lado y las chicas, igual que el día anterior, en seguida encuentran tema de conversación. Danny está colocado al lado de su mujer, a la otra punta de mí, y ni siquiera ha tenido la cortesía de saludarme. Creo que me tiene envidia...
Dejo pasar un par de minutos al sol hasta que me aburro y arrastro a Kath al mar conmigo. Comenzamos a hacernos ahogadillas, pelearnos y salpicarnos como si tuviéramos quince años, la piel se nos acorcha y se nos llena de sal hasta el carné de identidad, pero la sensación de ser más jóvenes de lo que en realidad somos es mucho mejor.
- ¿Ves?- le digo, abrazándola contra mí intentando que ni el agua se cuele entre nosotros.- Esto es lo que quiero yo. Solos.
- Pero si son buena gente- les defiende ella, tan bondadosa como siempre.
- Y no digo lo contrario, pero no quiero compartirte.
- Pues vas a tener que hacerlo- se ríe y me salpica agua a la cara.- Mery me ha comentado que podríamos ir de tiendas esta tarde.
- ¿Qué?- inquiero con voz aguda.- ¿Te vas a ir de tiendas hasta de luna de miel?
- ¿Por qué no? Puede que aquí encuentre cosas que no hay en California.
- Sí, ¿y me quedo yo solo toda la tarde?
- Puedes hacer turismo, o bajar al gimnasio del hotel, ¿no querías tonificar el vientre?
- No me hagas la pelota. Tenemos que pasar tiempo juntos.
- Te vas a hartar de pasar tiempo conmigo el resto de tu vida, Haz- me roba un beso y bracea para mantenerse a flote.
- Lo dudo... – suspiro.- ¿Así que me vas a cambiar por un par de zapatos y trapitos a mitad de precio?
- ¡Eh!- exclama, abriendo mucho los ojos como si hubiera tenido una idea magnífica.- Puedes salir con Danny.
Genial, encima me deja de niñero del inglesito.
*Mirada pervertida* ¡Sed felices!
