Muy buenas. Que estaba yo aburrida en mi casa y me he dicho: ¿por qué no subir un capitulito Junes para alegrarles a las lectoras el año nuevo? Y aquí estoy. Y eso, ¡Feliz Año Nuevo!

Este capítulo es el doble de largo de los que he subido hasta ahora, y los siguientes me están quedando también más largos (idk why, culpad a Danny, que me inspira), y es muy Junesoso (?*muahahahahaha ya veréis* Nusep, a mí me dejó una buena sensación en el cuerpo al terminarle, so... Hope you like it :)


Capítulo 6.

Harry

Salimos del agua como dos uvas pasas, chorreando por todos lados, y nos ponemos al sol como los lenguados recién pescados. Intento quitarme un poco la sal con la toalla para poder darme la crema encima sin que se haga una pasta, y Kath me da un golpecito en la rodilla.

- Vamos a por algo de beber- me informa, señalándose a sí misma y a Mery.- ¿Quieres algo?

- Moet Chandom, gracias.

- Una coca-cola, de acuerdo.

Se ríe y me besa a la fuerza y las veo desaparecer por la línea de la orilla, donde, al final, hay lo que vulgarmente se conoce como un chiringuito.

Suspiro sin ser consciente de que Danny sigue a mi lado y que pude oírme, y lo hace.

- ¿Te molesta?

Giro la cabeza entornando los ojos por culpa del sol y le veo a más o menos dos metros de mi, con las gafas de sol puestas, los brazos bajo la nuca y el cuerpo lleno de tatuajes. Tiene uno en el costado izquierdo, una pluma y algo escrito. Al parecer tiene complejo de papel y se llena el cuerpo de tinta.

- ¿El qué?- pregunto haciéndome el tonto.

- Nosotros- se quita las gafas y me mira a los ojos, sonriendo con... ¿eso es arrogancia?

- Un poco... bastante.

- Van a salir esta tarde... Deberíamos acostumbrarnos.

- Ya...

Se pone de nuevo las Ray-Ban y se tumba en la misma postura, pero puedo verle los hombros completamente rojos.

- Te has quemado, te lo dije – se encoge de hombros y se pasa la lengua por los labios, secos bajo el sol.- ¿Quieres?

Le tiendo mi crema y asoma un ojo por encima de las gafas, torciendo el gesto.

- No, gracias.

- Pues nada, volverás a Londres y te confundirán con las cabinas telefónicas.

- Es que no me llego- hace amago de tocarse la espalda y tiene tan poca flexibilidad que me hace hasta gracia.

- Bueno, creo que puedo hacer algo con respecto a eso.

Me levanto de mi toalla y camino por encima de las de Kath y Mery hasta llegar junto a la suya. Su cara ha ido adoptando una serie de expresiones curiosas, desde la ignorancia, pasando por la incredulidad a la vergüenza.

- Soy fisioterapeuta, no eres el primer hombre al que toco- le digo riéndome. Se le han coloreado las mejillas.

- ¿Me vas a cobrar?- pregunta para salir al paso.

- Puede que esta tarde, con un par de cervezas.

Se ríe, aceptando el pago, y se coloca boca abajo en su toalla, dándome la espalda. Gateo hasta posicionarme justo a su lado y le observo las ampollas. Están curadas y casi cerradas, supongo que la crema no le escocerá ni el masaje le dolerá.

- Detenme si te hago daño- le advierto, y ante su asentimiento, empiezo con mi tarea.

Vierto un par de chorritos por su espalda (pecosa, lo que me hace pensar si es posible que tenga pecas hasta en el culo), y lo extiendo con suavidad por ella, haciendo simples círculos. Me he quemado un par de veces y sé lo que duele eso, así que intento ser delicado. Permanezco un par de minutos realizando un suave masaje hasta que me topo con sus cervicales, más duras de lo que deberían.

- ¿Hace mucho que no vas al fisioterapeuta?- le pregunto, buscando su mirada. Abre un solo ojo, medio dormido, y asiente.

- No he ido nunca.

- Se nota.

Coloco mis pulgares un poco más arriba de sus omoplatos y realizo círculos con fuerza durante un par de minutos, hasta que su piel se vuelve blanca bajo mis dedos. Muevo mis manos por esa zona hasta que la voy notando más distendida, deshaciendo los nudos que tiene por toda ella. Creo que se ha quedado dormido...

Me echo un poco más de crema en las manos al tiempo que busco a Kath con la mirada, deseoso de mi cocacola fresquita, y las veo hablando animadamente con la camarera del chiringuito. Mujeres...

- Esto te va a doler un poco- le aviso bajando mis labios a su oído y haciéndole que dé un respingo.- Pero aguanta, luego notarás la mejora.

Vuelve a asentir y se deja hacer bajo mis manos, que van machacando su espalda con dureza y experiencia. Me encuentro con tensión acumulada de años y trato de quitársela con profesionalidad. Cuando llego a la mitad de su espalda, clavo parcialmente mi codo entre sus costillas y estas sueltan un "crash" que me dice que lo estoy haciendo bien, pero él gimotea de dolor y le oigo maldecir.

- Tranquilo, campeón, que esto ya casi está.

Paso una de mis piernas en torno a su cadera y quedo sentado sobre él, en la zona intermedia entre la espalda y donde esta pierde su nombre. Le tomo el brazo derecho y le hecho hacia atrás, moviéndolo en varias posiciones hasta que craquea un par de veces, y hago lo mismo con el izquierdo. Nudos deshechos, espalda nueva.

- Esto ya está- le doy dos golpecitos amistosos en el hombro para indicarle que puede incorporarse y me siento a su lado, craqueándome yo las manos. – Ya puedes levantarte.

Carraspea y me mira desde abajo de hito en hito, y vuelve a carraspear.

- Estoy bien así, gracias- se rasca un ojo y aprieta los labios. ¿Está pasando lo que estoy pensando?

Me agacho hasta llegar a su oído, por si le da vergüenza que alguien pueda oírme, y le hablo muy bajito.

- No te preocupes, estos... percances suelen ocurrir a menudo- respira hondo y yo me río.- Cuando se baje la tienda de campaña compruebas que esté todo en su sitio. La espalda, no el tiburón.

- ¿Tiburón?

Las chicas han llegado con las bebidas y Mery pregunta si en esa playa hay tiburones. Yo me aguanto una risa y niego, alegando que era una broma interna nuestra. Danny me mira y se le vuelven a colorear las mejillas, al ser tan blanco se le nota enseguida cuando se sonroja. Yo le guiño un ojo para decirle que le guardo el secreto, y nos tomamos nuestras bebidas.

Pasadas un par de horas, Kath empieza a arreglarse para su salida con la inglesa mientras yo la miro como un niño que ve a sus padres salir de casa y no quiere quedarse sólo.

- ¿Por qué no le dices que no puedes ir?- le pregunto con voz lastimosa.

- ¿Y que le digo?

- La verdad, que estás ocupada dándome amor.

Se ríe y me da un mísero beso en los labios antes de darse el pintalabios, sabe que odio la marca de carmín.

- Pásatelo bien con Danny, no nos pongáis mucho los cuernos.

La puerta se cierra tras su salida y yo me dejo caer en la cama soltando un bufido que alargo con dramatismo. Extiendo los brazos adueñándome del colchón y miro el techo, esperando que él me diga qué hacer. Son las seis de la tarde, estamos a no se cuántos de junio, ¿o julio?, y tengo el plan de un domingo en pleno agosto. Triste, ¿verdad? Debería estar haciendo submarinismo con mi mujer, o visitando algún zoológico con mi mujer, o simplemente paseando por el pueblo, pero con mi mujer. Y mi mujer, en cambio, hace amigas en mi luna de miel, y se va de compras con ella. Todo muy normal...

Suspiro de nuevo y me pongo en pie. Creo que ha llegado el momento de visitar el gimnasio del hotel. Llevamos aquí tan solo tres días pero no quiero que las vacaciones, el sedentarismo y la comida hagan mella en este cuerpo de escultura griega que me empeño en cuidar. Aunque la verdad es que nunca he entendido porqué las lenguas populares comparan un cuerpo de gimnasio con esas esculturas clásicas. Los cánones de esas épocas eran desproporcionados: cabezas muy grandes, manos deformes, y no hablemos de los penes... Definitivamente, yo soy mejor que esas esculturas, sí.

Pero a lo que iba. Me pego una ducha rápida y descuidada (al fin y al cabo, luego voy a tener que darme otra para liberarme del sudor) y me visto con un pantalón de chándal corto, las deportivas y la toalla. Cierro la puerta a mi salida y pregunto al recepcionista cómo se accede a mi santuario. Luego tendré que buscar otro entretenimiento...

Danny

Cuando me aburro de jugar al Angry Birds con el Iphone, y tras reflexionar el carácter violento y casi de genocidio que tiene ese juego (pájaros que matan pájaros, es como cazar tu propia especie... Terrorífico), le tiro por la cama y me doy cuenta de que se me ha dormido la pierna derecha de no moverme. Ugh. El yanqui va a tener razón. Puede que sea conveniente que me apunte a un gimnasio cuando vuelva a Londres... La verdad es que sabe de lo que habla, aunque me cueste darle la razón. Es fisioterapeuta y lleva un gimnasio, me da un par de vueltas en lo que a cuidados se refiere.

Me pongo en pie y estiro el cuello para desentumecerlo. No puedo evitar acordarme de ese momento, sucedido hace un par de horas o tres en la playa, cuando me ha dado el masaje y yo... he reaccionado... He reaccionado, dejémoslo ahí, ya es bastante humillante recordarlo como para encima definirlo. "Empalmado, te has empalmado", me grita mi cabeza para reírse de mí; la chisto y muevo una mano para espantarla y que se calle, maldita metomentodo. Pero tiene razón. Aunque en mi defensa diré que Harry ha dicho que es algo completamente normal que le suele ocurrir a muchos hombres, ¿vale? Bien. ¿Quiere decir eso que me avergüenzo menos por ello? Para nada, de hecho puede que tenga que contentarme con él para no aburrirme toda la tarde-noche aquí, porque nuestras esposas han decidido hacerse amiguitas y nos han dejado tirados. Qué patético suena...

Compruebo que son más de las siete de la tarde y mis tripas rugen para hacerse notar. No he comido nada desde las dos, a la hora de la comida, y me aburro como un condenado encerrado en mi cuarto en uno de los lugares más preciosos de la Tierra. Creo que es hora de aprovechar el día. Decido que lo mejor es ponerme una camiseta y bajar al catering del hotel a ver si, con un poco de suerte, han empezado a servir ya las cenas.

- Llave- cojo la llave enumerando mentalmente los objetos que tengo que llevar o se me olvidará algo dentro.- Teléfono. Cartera. Gafas. ¿Gafas?

Niego para mí mismo y dejo las Ray-Ban en la mesita de noche, por que es casi eso, de noche, y no veo qué sentido tiene llevármelas. Salgo del cuarto y cierro la puerta sujetándome el estómago con la mano y susurrándole mentalmente "ya, bonito, ya, ya voy", cuando me giro y me encuentro al americano encarando el pasillo en dirección contraria a la mía.

Me siento terriblemente violento al mirarle a los ojos al tiempo que se acerca a mí. Además va prácticamente desnudo y hace un par de horas que me he empalmado por su culpa. No hay que ser muy listo para relacionar conceptos y sentirse como yo me siento.

Le miro de hito en hito, tratando de fingir normalidad y sonrío sin mostrar los dientes, con la vergüenza coloreándome frente y mejillas.

Harry llega hasta mí y mis ojos se enganchan a su cuerpo sin poder remediarlo. No puedo creer que la madre naturaleza haya sido tan generosa con él y tan racana conmigo. Deduzco que acaba de estar en el gimnasio, porque su cuerpo está completamente empapado en sudor (aunque misteriosamente no huele mal... cosas de deportistas, supongo), haciendo que brille bajo la tenue luz azulada del pasillo del hotel, y sujeta sobre sus hombros una toalla blanca que pasa por su frente al tiempo que me sonríe y me alza las cejas a modo de saludo. Impone, y mucho.

- Inglesito- me dice, sonriendo socarronamente.- Tienes que probar esa sauna, es una maravilla.

- Eh...- ¿saunas? Me asfixio dentro de ellas…- Otro día. Ahora me muero de hambre- sonrío con amabilidad pero de un modo nervioso y atropellado y miro hacia delante para que advierta que mi intención es ir en busca de comida.

- Pues si esperas diez minutos, cenamos juntos- propone.- Kath y Mery estarán haciendo cosas de chicas, ¿por qué no hacemos nosotros cosas de chicos?

Porque no. No sé porqué, pero no me apetece hacer "cosas de chicos" con Harry. Hay algo en su manera de ser que sigue escamándome, creo que es esa manera altiva que tiene de mirarme, pero me inspira demasiada desconfianza, o puede ser simplemente que es superior a mi en muchos aspectos, lo sabe, y no le importa hacerme sentir inferior. Sea como sea, no quiero.

- Venga, y cenamos fuera. Hay un restaurante de comida india por aquí- mis ojos se abren ante esa afirmación, la comida india es mi favorita.- ¿Te hace?

Sonríe, alzando las cejas de nuevo (gesto que he advertido repite constantemente) y termino asintiendo ilusionado como un niño pequeño al que sus padres han dicho que le van a llevar a Disneyland.

- Pero si vamos a cenar fuera, tengo que arreglarme- le digo, viendo que se encaminaba ya a su habitación, y un segundo después me muerdo la lengua.

- ¿Eres consciente de lo femenino que ha sonado eso?- se jacta, esbozando una sonrisilla divertida y me mira de arriba abajo, con una mano en el pomo de la puerta.- Ponte guapa, seguro que termino yo antes que tú.

- No todos somos unos dioses griegos, ¿de acuerdo?- se carcajea y me cierra la puerta en las narices. Espera... ¿ha dicho 'guapa' o 'guapo'? Ugh, maldito acento americano.

Entro de nuevo a mi dormitorio y me desvisto con prisa, dispuesto a estar de vuelta en el pasillo, listo para cenar, antes que él. Tiene pinta de ser un tipo competitivo pero no pienso dejarle ganar. Salgo de la ducha cinco minutos y medio después, me ato la toalla a la cadera y recorro el cuarto buscando ropa limpia mientras me lavo los dientes con miedo de ponerlo todo perdido por la pasta. Quince segundos después de que me enjuague la boca, dos golpecitos suenan en la puerta de entrada. ¡No puede ser! ¡Pero si yo sigo sin vestir! Refunfuño y abro con un enérgico tirón, esperando encontrármele en albornoz y que haya tocado sólo para tocarme la moral, pero no. Está perfectamente aseado, vestido y perfumado. Desde esta distancia me llega su olor, profundo y varonil, toques de madera, de carácter, mezclados con algo que parece ser el olor de su champú. Viste pantalones vaqueros desgastados, camisa negra de manga corta, y deportivas blancas. Lo cierto es que no se ha esmerado mucho, pero ¡diablos!, me ha ganado.

- ¿Todavía estás así?- inquiere, autoinvitándose y sentándose en mi cama.- Eres peor que una mujer.

- Necesito mis cuidados, ¿vale? Si no me doy la crema de los...

- Vale, no me hables de potingues. ¿Vas a tardar mucho?

- Vete si quieres, puedo cenar solo.

- Qué borde, macho...- suspira y se acomoda.- Venga, te espero. Pero date prisa.

¿Pero qué diablos? Me ha hecho recordarme a mí mismo con Mery, cuando tenemos que ir a cenar con mis padres y cambia quince veces de modelito, y es frustrante que te agobien de esa manera. La próxima vez seré más paciente con ella.

Me meto en el cuarto de baño y me peino y seco para poder vestirme. Me miro al espejo y no me gusta nada lo que veo. Después de ver a Harry me siento como un viejo arrugado y enano, metido en unas ropas que le están grandes y le hacen parecer un títere.

- ¡Que tengo hambre!- le oigo gritar al otro lado de la puerta, su voz amortiguada por el sonido de la tele.

Y repentinamente se me hace un nudo en la garganta. ¿En serio voy a llorar por una tontería como esta? Hacía años que no me sentía tan inferior a nadie, y recordar el sentimiento que dominó toda mi adolescencia me hace volver a sentirme pequeño y asustado ante un mundo demasiado tenebroso para mí. Es en momentos como ese cuando me doy cuenta que mis traumas pasados no están superados, simplemente enterrados bajo la alfombra de mi memoria con el resto del polvo. Maldita estatua griega.

Me vuelvo a mirar y trato de convencerme de que tengo un aspecto aceptable, pero sin creérmelo del todo, y salgo del baño para calzarme, sin mirarle a él y su perfección. ¡Pero si le salen os músculos de los brazos sin hacer fuerza! ¿Cómo se puede estar tan mazado?

Me pongo las deportivas y recojo lo que he recogido la primera vez que pensaba salir.

- Listo- anuncio de camino a la puerta.

- Menos mal que al menos te has puesto guapo, sino no justificas el tiempo que has tardado.

Uy, pausa. Ha dicho que me he puesto guapo. O sea, que lo he conseguido. Le miro de reojo mientras cierro la puerta y no puedo evitar sonreír de lado. Y al igual que cuando tenía dieciséis años, cualquier pequeño cumplido es como una inyección de autoestima.

Ocho horas después volvemos al hotel. Teniendo en cuenta que hemos salido a cenar a las siete, hemos llegado al restaurante indio (que era un completo paraíso) a las ocho y veinte, tras visitar una pequeña tienda de barcos por petición de Harry y hemos tardado en comer una hora para después ir a un karaoke a hacer un poco el ridículo y tomar un par de copas, puedo afirmar con total rotundidad que no me acuerdo ni de mi nombre.

Me estampo contra la puerta de cristal del hotel, y ni siquiera me duele. He bebido demasiado, es de lo poco de lo que soy consciente, pero es que en esta isla las copas son excesivamente baratas; prácticamente te abocan a emborracharte. Hemos llegado al karaoke con previsión de estar un ratito oteando el panorama, y hemos terminado cantando a voz en grito "The best" the Tina Turner agarrándonos al micrófono para no caernos de bruces contra el suelo del escenario. Y el ratito se ha convertido en cuatro horas de chupitos, whiskies dobles y canciones de los ochenta.

Harry me agarra de la camisa y me pega un tirón para alejarme del cristal, al que me he quedado casi pegado, riéndome descontroladamente. Hacía mucho tiempo que no bebía tanto, había olvidado lo bien que sienta huir de tu vida por un par de horas.

- Sssssssh- se coloca el dedo índice de la mano libre sobre los labios y mira hacia el mostrador, supongo que para comprobar que nadie nos llame la atención. – Los ingleses no sabéis beber.

- ¡Pero inventamos el fútbol!- me echo a reír, porque no tiene nada que ver, y entramos al hotel uno al lado del otro.

El suelo se mueve en círculos bajo mis pies y las baldosas cambian de color según con qué ojo las mires, es como un calidoscopio.

- ¡Harry, mira!- señalo con el dedo a una de ellas, que parece contener en sí misma el arco iris, y Harry me devuelve un suspiro. Me alza la cara y me obliga a mirarle.

- Danny, respira hondo- obedezco.- Ahora te voy a llevar a tu cuarto y no vas a hacer ni un solo ruido en todo el camino, ¿de acuerdo?

- ¿Y si me meo?

- Aprietas.

Jum. Suelo tener los esfínteres relajados cuando bebo, pero asiento como un niño bueno y nos dirigimos al pasillo de los dormitorios. Estoy a punto de tragarme una esquina cuando me vuelve a coger y me obliga a pasar uno de mis brazos por encima de sus hombros para ayudarme a caminar estabilizado gracias a su cuerpo.

Lo cierto es que ambos hemos bebido, pero yo más... mucho. Harry se limitaba a mirarme y reírse, también se me suelta la lengua cuando bebo, lo malo es que al día siguiente no recuerdo nada.

- Haz, tronco, perdóname si te he dicho algo hoy...- arrastro las palabras al mismo tiempo que él me arrastra a mí hasta el dormitorio.- Ya sabes lo que dicen de los borrachos... no me lo tengas en cuenta.

- Tranquilo, es bueno saber lo que piensa uno de ti- le miro girando el cuello y clava sus ojos azul eléctrico en mí. ¿Qué mierdas le habré dicho? Soy incapaz de acordarme.

Hemos llegado a nuestras puertas, el problema es que no sé cuál es la suya ni cual es la mía, así que espero a que él se decante por una.

- La tuya es esa- señala la contraria a la que estaba mirando y se ríe.

Yo asiento y, tembloroso, me acerco a ella. Si no recuerdo mal, debo tener la tarjeta magnética en el bolsillo de... ¡Aquí! Me sorprendo a mí mismo de no haberla perdido y le hago un "ok" a Harry con el pulgar de la mano derecha para que vea que lo tengo todo bajo control.

Se vuelve a reír; si pudiera acordarme de esto mañana, le cobraría por que le estoy alargando la vida con tanta carcajada.

- Dan...- me interrumpe cuando estoy intentando meter la dichosa tarjeta en la ranura.

- Mmm... ¡Mierda de puerta! – se aleja de su puerta y se acerca a la mía, mirándome a los ojos.

- ¿Recuerdas que esta mañana te he dicho que es normal tener una erección con ese tipo de masajes?

- Emm... sí- ¿por qué tiene que recordármelo? Ha sido bastante humillante, Harry, gracias.

- Pues te he mentido.

Arrea molino. Parpadeo como un besugo, mirándole sin darme cuenta que está acortando la distancia que nos separa, y trato de apartar la borrachera para entender qué pretende hacerme ver con esa afirmación.

Coloca su brazo derecho en la pared, al lado de mi cabeza y me encuentro acorralado contra la puerta. Pero estoy tan borracho que sigo sin ver el peligro.

- Oh...- murmuro, siendo testigo primordial de otra de sus sonrisas de dientes impolutos. Desde esta escasa distancia es todavía más perfecto. – O sea, que me he empalmado con un tío.

- Exactamente...- pasea su lengua por sus carnosos labios, lo que atrae mi mirada.

- ¿Y qué tengo que decir ahora? – pregunto aturdido.- ¿Perdón?

- No, no hace falta que digas nada.

Sonríe con algo nuevo en la mirada que, aunque suene muy gay, me encandila. La luz es muy tenue aquí, y más con él a un palmo de mi rostro, pero lo hace tan íntimo que siento que, sino fuera porque es él quien da el paso y me besa, sería yo el que lo hiciera.

Sus labios rozan y presionan contra los míos. Es tan carnoso y blandito que me dan ganas de morderle, pero me contengo porque si abro la boca puede que le vomite encima, así que me limito a aceptar sus labios y disfrutarlos, porque ¡oh, qué raro!, también saben bien sus labios. Hace un gesto vehemente contra mi rostro, buscando algo más, y me toma la cara con la mano que no se apoya en la pared, y me provoca un retortijón en la base del estómago. Son nervios. Siento la proximidad de su cuerpo, irradiando un calor que penetra en el mío de forma gratuita y me siento arrollado por su aura. Es perfecto en todos los sentidos.

Atrapa mi labio inferior y le mordisquea, y termino devolviéndoselo cuando acaba con mi resistencia. Me pregunto si habrá algo que este hombre haga mal.

Pasados un par de segundos, se aparta de mí y yo debo tener cara de colgado. Solo espero que no se vuelva a reír de mí.

Me coge la tarjeta de la mano y abre mi puerta con rapidez y agilidad, alejándose de mí.

- Buenas noches, pecoso.


Ahora sí... Empieza el Junes :)