Saludos!
He de decirles que les debo más disculpas (para variar ¬¬) ... Ahora que estoy de vacaciones no he tenido casi nada de internet. Mi beta (Cris, saludos y gracias) me ha echado mucho la bronca porque no subo frecuentemente, pero hasta yo me echaría la bronca a mí misma.
Pero hace unos días fue mi cumpleaños, sobrevivimos al fin del mundo, y también fue navidad y va a ser año nuevo. ¡Así que mi regalo para ustedes es este cap, más largo que los anteriores (fanservice en modo leve incluído)!
Ojalá que se la estén pasando bien, y que disfruten con su familia *inserte buenos deseos y felicitaciones aquí*...
Felices Fiestas y nos vemos el año que viene para todos ustedes. Espero volver aquí pronto.
Sin más preámbulos, al capítulo 6! :D
Capítulo 6: Almas sustitutas, recuerdos del pasado.
Conducir hacia la casa de Ichigo no fue precisamente sencillo. Orihime parecía un madre estresada que acababa de recoger a sus hijas, pues Aya (el alma dentro del gigai de Rukia) y Eli (el alma dentro del gigai de Rangiku) más que almas modificadas asignadas a poderosos shinigamis, parecían niñas pequeñas de vacaciones en un lugar nuevo y desconocido. Tuvo que frenar varias veces para que evitar que saltaran por la ventana, porque les parecía divertido. Y al final, para evitar que volvieran a hacer eso —ya que detenerse constantemente había alargado demasiado el viaje de regreso— ella tuvo que acceder a que las almas modificadas se divirtieran, en lo que quedaba del trayecto, pintándole bigote y barba a la cara del cuerpo de Ichigo con un marcador permanente.
El alma en el cuerpo de Ulquiorra, en cambio, no era tan impulsiva; de hecho él cooperó para que sus compañeras estuvieran tranquilas. Y mientras hablaba tranquilamente con Orihime mostraba una amable sonrisa, con lo que también calmó los alterados nervios de la chica. Ella estaba consciente de que el que estaba en ese cuerpo no era el Ulquiorra real, pero se convenció de que se vería más atractivo si sonriera más de vez en cuando. Sus mejillas se tiñeron un poco de rojo al imaginarlo sonriéndole sólo a ella en una interesante escena en la playa ante un hermoso atardecer, pero antes de que su fantasía llegara más allá, la voz de su razón le recordó que iba manejando, así que se apresuró a entablar conversación con su copiloto.
— ¿Y cómo eligen las almas modificadas que se asignan a los tenientes y capitanes?— eligió la primera pregunta que se le vino a la mente, a la vez que tomaba el volante con fuerza e intentaba concentrarse en la carretera.
—Bueno, se toman las que estén más capacitadas para la pelea, en caso de que ellos necesiten apoyo.
—Vaya. ¿Y no te aburres de ser un dulce en un empaque?
—Bueno, fuimos hechos para eso, no hay mucho de donde elegir — Orihime se distrajo un poco al escuchar el tono añorante de su compañero.
—No pareces muy convencido.
—Luchar para defender aquello que amas es lo que te da motivación, Señorita Inoue. Y nosotros no tenemos mucha acción aquí —Orihime sonrió ante el comentario del chico. En verdad le agradaba. Era como hablar con un viejo conocido que al verlo de nuevo se convierte en tu amigo. Esa pequeña conversación hizo que se olvidara de sus alocadas imaginaciones; continuaron hablando con las risitas de Aya y Eli como fondo.
Llegaron a la casa de Ichigo y con ayuda de su padre —el cual se ofreció a pintarle patillas a su hijo, bajo la ovación de las dos almas modificadas— bajaron su cuerpo del auto. Luego el gigai de Rukia los llevó a la casa de Orihime y regresó a la de Ichigo. La chica se puso a dar vueltas por ahí, nerviosa. Estar en segunda línea de batalla era simplemente frustrante, y más ahora que tenía el poder para luchar y no la dejaban hacerlo. Estaba bastante enojada con Ulquiorra, pero su preocupación por todos era mayor. El chico la seguía con la mirada mientras ella iba y venía de la sala a zancadas, esquivando a Eli, que corría de allá para acá imitando a la castaña.
— ¿Crees que los demás estén bien? —Orihime soltó de una vez la pregunta. Sabía que él, obviamente, no podría contestársela, pero necesitaba una segunda opinión, sobre todo la de alguien menos alterado que ella.
—No te preocupes por ellos. No por nada son los tenientes de las divisiones. Estarán bien.
—Te creo —la chica soltó rápidamente esas palabras sin convicción alguna, y evitó recordar la imagen que le había venido a la mente una hora antes, así que desvió el tema. —Oye, ¿y cómo te llamas? Porque también tienes un nombre, ¿no?
El joven la miró misteriosamente antes de responderle.
—Ya te lo diré luego. Todo será a su debido tiempo. Pero por ahora puedes llamarme como tú quieras. Mientras, esperemos a los otros afuera, ¿te parece? Te ves bastante nerviosa estando aquí dentro.
Ella accedió, y junto con las dos almas modificadas esperaron en las escaleras del edificio mientras charlaban de otras cosas. Finalmente, cuando el sol estaba a punto de ocultarse, Rangiku llegó con unas cuantas heridas en un brazo y un labio roto. Orihime la curó enseguida, y ella regresó a su gigai. Luego guardó la pastilla en su envoltura con cabeza de zorro.
La castaña la miraba impaciente en lo que ella se arreglaba la ropa y miraba las manchas de tinta en ella. Luego se quedó observando más fijamente las manchas que también tenía en los dedos, y en un instante, como si se hubiera dado cuenta de algo, comenzó a reír entre dientes.
— ¿Aya y Eli le hicieron eso a Ichigo?
— ¿A qué te refieres? —Orihime estaba demasiado apurada para recordar nada, y luego Rangiku hizo unos movimientos con sus dedos como si peinara un bigote. El alma dentro del gigai de Ulquiorra rió. —… ¡Oh! ¿Hablas de lo de la cara de Kurosaki? — Orihime se tranquilizó un poco, ya que de haber habido malas noticias Rangiku se lo hubiera dicho de inmediato. Sonrió apenada antes de contestar. —Sí, fueron ellas. Es que… no hubo otra forma de controlarlas. Lo siento.
—Al contrario, creo que fue un trabajo excelente. La cara que puso Ichigo al descubrirse fue incomparable. Ulquiorra se puso rojo del esfuerzo por no reírse —Matsumoto se carcajeó un rato y se sentó a un lado de Orihime. Una vez calmada, la otra chica se permitió hablar.
— ¿Y dónde está ahora?
Rangiku le sonrió traviesamente.
—Fue con Rukia para dar el informe junto con Ichigo. A mí me mandaron para informarte qué pasó— luego tomó una pose de suficiencia— los eliminamos en cosa de nada, sólo eran un montón de moscas muertas.
— ¿Y todos están bien?
—Sí. Rukia y Uryuu salieron sucios pero intactos. Pero Ulquiorra… — Rangiku suspiró pesadamente y negó con la cabeza mientras veía lastimeramente a Orihime. Ella reaccionó acercándose a ella y la tomó por una de las mangas de su blusa.
— ¿Qué? ¿Qué le pasó? —su voz se ahogó en su garganta al imaginar las peores posibilidades. Su pulso se aceleró al ver cómo la rubia seguía negando con la cabeza.
Rangiku se acercó a ella y la miró a los ojos. Entonces alzó una mano, tomó su nariz entre sus dedos y le dio un apretón. Entonces comenzó a reír de nuevo y Orihime sólo atinó a mirarla con cara desencajada de confusión.
—Te tengo. Chica, no estás poniendo nada de atención a lo que digo— Matsumoto paró de reír al ver a Orihime atontada por su broma rápida. —Tranquila mujer, sólo estaba jugando… —La otra la miró con los ojos entrecerrados, en un gesto de recriminación. —Oh, venga. Es de Ulquiorra de quien estamos hablando, no es cualquier holgazán. No te preocupes tanto por él. Sólo tiene unos cuantos raspones.
— ¿Y Kurosaki?— la chica, ya recuperada del golpe, recordó a su amigo y también preguntó por él.
— ¿Ichigo? se pasó con el reiatsu, el muy idiota. Pero no paso nada peor. Sólo queda esperar a que vuelva.
—Me alegro— Orihime cambió la vista hacia el horizonte y se relajó al saber que todos estaban bien. Se quedaron un momento en silencio mientras disfrutaban de la vista que el atardecer les ofrecía. De pronto, Rangiku la vio y volvió a hablar.
—Oye… ¿Y desde cuando dejó de gustarte Ichigo?
— ¿Qué? — la chica se puso un poco nerviosa ante la inoportuna pregunta. Agachó la mirada y sintió una punzada en el corazón, luego habló en un susurro, después de estar un rato en silencio— Desde hace un par de años ya. Me di cuenta de que entre nosotros dos nunca habría nada más por más que lo quisiera. Me estaba lastimando demasiado al desear algo tan difícil, y era muy egoísta de mi parte que nuestra amistad no se fuera bien por mi culpa. Así que, fue más fácil deshacerse de todo, antes que guardarlo en mi interior y dejar que se echara a perder ahí.
— Entonces, ¿te rendiste…?
—No; más bien-
—¿…o dejaste que otra persona ocupara ese lugar? ¿Alguien bajito y de ojos verdes, tal vez? — Rangiku siguió bromeando, aunque en parte ya sospechaba lo que pasaba entre esos dos, ya que en esos pocos días, Orihime, que habría sido amable y amigable con cualquier invitado, se había mostrado bastante tímida con Ulquiorra. Sólo quería ver cómo reaccionaría su amiga, y lo hizo como creyó. Volvió a ponerse nerviosa y agitó sus manos de un lado a otro.
—Rangiku, creo que equivocas las cosas, en verdad Ulquiorra sólo es mí…
— ¿Y quién estaba hablando de Ulquiorra?
— ¿Qué? Y-yo e-en verd-dad no- aggh…
El alma en el cuerpo de Ulquiorra se acercó a las chicas en el momento que las luces del edificio se encendían tras el anochecer. Rangiku estaba pasándoselo genial al gastarle bromas a su anfitriona, y él también disfrutó de ellas un rato, pero decidió que era mejor parar antes de que el tema de la conversación llegara al lugar, pues las cosas se pondrían más alocadas. Puso una mano en el hombro de cada chica y las animó a levantarse.
—Señoritas, lo mejor será que esperemos dentro mientras hacemos de cenar, ya empieza a sentirse un poco el frío. ¿Qué opinan?
Orihime lo vio como si le hubiera salvado la vida y salió volando por las escaleras hacia la casa, y Rangiku al final tuvo que aceptar a regañadientes. Al llegar ellos al apartamento, detrás de Orihime, vieron que ésta ya había sacado y comenzado a cocinar un montón de víveres del refrigerador, para que la rubia, y ella misma, se distrajeran. Y aunque Orihime creyó sólo estar cansada y confundida por los sucesos del día, le pareció que durante el trayecto de la noche el alma dentro del gigai de Ulquiorra estuvo coqueteando con Rangiku.
Hitsugaya y Hirako estaban dentro de la oficina de la décima división encerrados bajo llave. La atmósfera de desconfianza —que empezó con unas extrañas insinuaciones de Hirako debido a que Toshiro había pedido que se encontraran a solas— se había transformado en una de complicidad conforme la conversación iba avanzando. Durante una hora Toshiro había descrito detalladamente todo respecto al Aizen que él conoció al ingresar al Gotei 13, y en las últimas dos Hirako le había descrito lo que le había pasado cien años atrás.
—...Los de la cámara son unos idiotas. Nunca le ponen atención a lo que es importante de verdad. Como si tenerlo encerrado fuera a detenerlo — Hirako dijo eso con un tono despreocupado, pero tenía la mirada seria. Tomó sake de un vaso cercano, a la espera de que el peligris asimilara lo que acabara de escuchar.
Toshiro tenía en la cara una extraña mueca calculadora, y apretaba los puños con fuerza. Tal como lo sospechó Aizen no había sido "bueno", mínimo, desde 100 años antes. Se rió de sí mismo al pensar lo contrario. Pero lo que más le preocupaba, o al menos lo tenía molesto, es que a todas las personas, desde hace 100 años, los había hecho quedar como idiotas, logrando que hicieran lo que a él se le diera la gana. Lo que le llevaba a una pregunta…
— ¿Y tú crees que él pueda regresar? — La dijo en un susurro, como una extensión de sus pensamientos.
Hirako lo miró inexpresivo.
—Sin duda alguna. Lo único que debe hacer es esperar a que acabe su condena y seguir con sus planes una vez que nosotros ya no estemos aquí, dado que al parecer es "inmortal". O que use esa rara mente que tiene para cavilar algún plan para escapar, el cual podría estar llevando a cabo en este momento.
Toshiro sintió cómo si una ráfaga de aire frío le recorriera la columna. No supo si fue por el hecho de que fuera verdad, o por la forma tan indiferente de Shinji de decirlo. Estimando la forma de ser de Aizen (ya que al parecer conocerla era una tarea imposible), era más factible que intentara hacer la segunda opción. Si de algo no se frenaría, sería de hacerlos puré a todos. Enseguida pensó en Hinamori; si Aizen hiciera algo, ella seguramente quedaría muy mal.
— ¿Entonces qué podemos hacer?
—Sólo tenemos dos opciones. Ya que tiene la Hogyoku implantada en su ser, podríamos cambiar su mentalidad para que vuelva a ser un alma, común y corriente. La otra forma es buscar una alguna manera de destruir la Hogyoku y deshacernos de él para que no vuelva intentar nada. Tú dirás qué es más fácil —Hirako se rió de la expresión reflexiva de Toshiro— pero bueno, ya las cosas tomarán su lugar. Ahora te toca hablar de Hinamori.
Toshiro respiró hondo y luego comenzó a hablar sobre la experiencia de su amiga con mucho cuidado.
En una esquina de la oficina, lo suficientemente cerca como para escuchar la charla de los dos capitanes, Momo se encontraba oyendo todo tras un barrera que se había esmerado en conjurar. Después de separarse de su superior y de Toshiro en las calles del Seireitei, ella había usado shunpo para llegar antes que ellos a la oficina de su amigo. Le parecía muy sospechoso que su capitán quisiera hablar a solas con él, ya que nunca habían dado señales de llevarse muy bien. Fue muy grande la sorpresa que se llevó al saber que el tema de la conversación era Aizen y ella.
Escuchó lo que Hitsugaya pudo decir sobre ella. Su constante esfuerzo por lograr hacerse teniente, su innegable fidelidad a Aizen, su implicación y consecuente herida al iniciar la traición y levantamiento, y su inestabilidad emocional durante la guerra de invierno. Hinamori se dio cuenta de que a Toshiro le costaba decir aquello. Después de todo, eran amigos, y si él hubiera estado en una situación así, ella también hubiera sufrido mucho. Aún así, para ella era muy difícil escuchar y recordar de nuevo esa horrible experiencia.
— ¿Entonces esa es la razón por la que ella se pone así cada invierno?
—Sí.
— ¿Pero sí lo superó? Quiero decir, ¿ya no siente nada por él?
La mirada de Toshiro ensombreció. Hinamori contuvo la respiración.
—No lo sé.
— ¿Y no has pensado que ella aún sigue siéndole fiel? ¿No crees que pueda tratar de sacarlo de la prisión?
Eso fue más de lo que ella pudo escuchar. Conjurando un nuevo kidoh, Momo atravesó la pared y salió corriendo antes de que pudiera escuchar la contestación de Hitsugaya.
Rangiku no le mintió a Orihime cuando le dijo que Ulquiorra no había recibido mucho daño. Cuando éste llegó de la casa de Ichigo, sólo tenía una mejilla cortada y su mano izquierda sangraba levemente.
Se dejó curar por Orihime, la cual no le vio directamente, y luego se dirigió hacia su gigai para poder comer algo. Pero Rangiku, que estaba charlando con él animadamente, no lo dejó y ambos comenzaron a cenar, dejando a Ulquiorra hambriento y añorante de la cena que habían preparado mientras lo esperaban.
Orihime, aunque seguía enojada con él, esperó en la sala a que los otros dos acabaran de cenar. Luego Rangiku se despidió del alma modificada y por fin accedió a que Ulquiorra ocupara el gigai.
En cuanto entró en el cuerpo y Rangiku desapareció por el pasillo, rápida, pero elegantemente empezó a servirse comida. Orihime también llegó a la cocina, y al entrar descubrió que había un plato servido para ella. Agradeció a Ulquiorra por ello y se sentó frente a él.
Comenzaron a comer sin decirse una palabra. Y mientras lo hacían, se miraban fijamente sin apartar apenas la mirada del otro. Orihime lo taladraba, reclamándole silenciosamente, pero a él parecía no importarle. De hecho, la miraba indiferente, como si intentara descifrar algo dentro de ella, al igual que aquellos días en Hueco Mundo.
Por lo que Orihime, conociéndolo, se dio cuenta de que era una causa perdida. Así que apartó su mirada en medio de un escalofrío, ignorando la de Ulquiorra, que no la imitó y la siguió observando, como si fuera un libro.
Una vez se hubo acabado la comida, la casa entera se quedó en silencio, salvo por el lejano sonido de la ducha. Tras dar un profundo suspiro Orihime finalmente habló:
—Quiero saber la razón por la que no me dejaste pelear hoy —ella sabía que hablar con rodeos no servía con Ulquiorra, por lo que continuó sin detenerse en detalles. — La verdadera razón. Por lo que pudiste ver, el alma dentro de tu gigai es lo suficientemente responsable para llevarse a las otras dos —Ulquiorra se mostró sorprendido ante ese comentario— ¿No habías hablado con él? ¿También creíste que era un loco?
—En realidad, a cómo lo conocía… —Ulquiorra se detuvo— Quiero decir… sí.
Orihime dejó pasar por alto el tono misterioso de aquel comentario.
—Bueno, ya sabes que no. Además ¿qué es eso de que como soy la que puede sanar, no tengo el derecho de luchar? ¿Crees que sólo Kurosaki e Ishida son los que se deshacen de los menos? ¿Qué hay con ustedes y los de la cuarta división, eh?
—Tú no recibiste ningún entrenamiento en el gotei 13. Tu argumento no aplica de la manera que tú quisieras.
La pelirroja lo miró incrédula. ¿Su argumento no era válido? ¿En serio iban a regresar a sus antiguas horas de discusiones? Sintió cómo un flujo de adrenalina recorría su puño, y por segunda vez en el día, sintió unas tremendas ganas de golpear al hombre que tenía enfrente. Pero no era correcto golpear a tus invitados, aunque se lo merecieran.
Presa de la indignación, e intentando mantener su autocontrol, Orihime se levantó de la mesa, tomó ambos platos y los llevó al fregadero, donde los lavó con furia. Ulquiorra no dijo nada mientras lo hacía. Cuando acabó se dio la vuelta para ver la espalda del pelinegro, que permaneció sentado.
—Pues tampoco tú lo habías recibido cuando eras un hollow, y aún así ibas por ahí luchando. Tu argumento tampoco aplica — Orihime siguió echando fuego por los ojos mientras miraba la espalda del pelinegro e intentaba controlar su mal humor. Inhala, exhala. Se concentró en la acompasada respiración de su invitado, reflejado en el suave movimiento de su espalda. Siguió las líneas de su cuerpo, tanto como la silla le permitió ver. El cabello alborotado casi al nivel de su cuello, sus hombros, no muy anchos. Su espalda recta, sus brazos delgados pero fuertes… Sacudió la cabeza, al darse cuenta de que estaba usando su imaginación de más, otra vez. Se distrajo cuando él habló de nuevo.
—No era eso a lo que me refería, tanto tú como yo tenemos las habilidades. Sin embargo, a diferencia de mí, tú no tienes instinto asesino. Te falta el espíritu de lucha.
Orihime cerró los ojos, cada vez más molesta. Inhala, exhala.
—Eso tú no lo sabes ya. Tal vez antes no tenía nada de ese "espíritu de lucha" que crees que debo de tener; como sea, ahora que soy consciente de que no los estoy "matando", sino que los purifico, soy capaz de deshacerme de cualquier tipo de hollow.
La chica escuchó cómo la silla se arrastraba, y el movimiento que conllevaba que Ulquiorra se levantase. Luego, ya no escuchó nada más, salvo su refutación.
— ¿Y qué hay de otros enemigos? ¿De shinigamis traidores, quincys y personas como tú que no deseen cooperar con la sociedad de almas?
—Eso también puedo manejarlo.
— ¿Estás segura?
—S-sí, pero, por Dios, ¿a ti por qué te importa tanto?
Impaciente, Orihime abrió los ojos y se encontró con que Ulquiorra estaba frente a ella, entre el espacio de la silla y su propio cuerpo. Se quedó atrapada en la mirada del chico. Sus piernas de un momento a otro flaquearon, y si no hubiera sido por la rabia que sentía, ya hubiera caído al suelo.
Se quedó sin expresión en lo que intentaba controlar el nerviosismo que sentía por dentro. ¿Desde cuándo le había dado a Ulquiorra por invadir así su espacio personal? Aunque, considerando lo poco que pudo haber aprendido de sentimientos y sensaciones humanas en esos seis años, tal vez ni siquiera él se dio cuenta de lo que estaba causando en ella. Así que eso podría dejarlo pasar, mientras los segundos parecían alargarse cuando él abría los labios lentamente y contestaba con voz queda:
—Porque no quiero que te lastimen.
Eso sí que no podía dejarlo pasar. Fue demasiado para ella. La chica abrió más los ojos y sintió cómo la sangre se subía a su cara y él calor se esparcía por su cuerpo. "Muy directo" Pensó. Pero lo que más la avergonzó fue que no había ni gota de duda en su expresión.
— ¿Y cuál es la razón de ese instinto protector? —la pregunta salió automáticamente, como un mecanismo de defensa ante lo que sentía en el momento. Su respiración se entrecortaba y sus mejillas seguían encendidas. Estar tan cerca de él le estaba afectando, aunque no sabía con exactitud por qué. Apartó su mirada, porque de repente, mantener el contacto con esos ojos grandes y verdes se volvió demasiado agobiador; pero, si él era tan sincero, entonces tal vez sus sentimientos se aclararían cuando él aclarara los suyos al responderle.
La voz de Ulquiorra se oyó confusa al responder:
—No lo sé.
Había sido sincero con ello, y eso sólo empeoró el nerviosismo de la chica. Se apartó de él y caminó a su habitación. Al llegar al pasillo, se detuvo.
—Entonces no lo vuelvas a hacer. Ten por seguro de que si yo resulto herida en esta lucha, no será por tu culpa.
Ulquiorra no contestó. Ella no esperó a que lo hiciera, y salió de su vista.
Orihime no sabía que pensar. Dentro de ella su corazón latía muy deprisa y sus nervios se exaltaban al recordar lo cerca que había estado de Ulquiorra. Cuando en Hueco Mundo, él se acercó mucho a ella, se aterrorizó al principio, luego lo desafió y al final sintió comodidad y un vínculo a su lado. Recordó sus discusiones en los que temas tan importantes se hablaban en un tono que rayaba en la constipación. Recordó cómo se miraron durante horas sin que sintiera incomodidad alguna.
Pero ahora, a pesar de ser las mismas personas y de que incluso, la barrera de la enemistad había desaparecido, le parecía más difícil verle a los ojos.
Porque ver en ellos el reflejo de esos sentimientos que tanto buscó e intentó descifrar le daba felicidad. Y al mismo tiempo miedo, pues el corazón de ambos estaba en juego ahora.
Entró cautelosamente a la habitación, esperando ver a Rangiku dormida. Pero estaba sobre su cama, con el cabello húmedo y los ojos desenfocados; saludó distraídamente a Orihime antes de que ésta entrara al baño.
Dejó que el agua caliente le quemara la piel y relajara sus músculos para que sus pensamientos se apagaran entre el vapor y el olor de los productos. No salió hasta que el agua se enfrió por si sola y los dientes comenzaron a castañearle. Tardó un rato más en secarse y vestirse, esperando no ver a Matsumoto por ahí. Al salir del baño y entrar a su habitación vio las luces apagadas, pero al sentir una brisa del exterior volteó a la ventana y la vio sentada en el balcón, de nuevo con la mirada perdida.
Sabía que era una oportunidad perfecta para hablar y de preocuparse de otra persona que no fuera ella misma, así que se acercó con cuidado a la chica.
— ¿Estás bien Rangiku?
La nombrada dio una sacudida, volviendo a la realidad. Miró a Orihime, como si fuera extraño que ella estuviera ahí, y luego respondió con tono ausente.
—Hola Hime... Estoy bien...estoy bien.
También salió al balcón y también se sentó en él. Miró detenidamente a Rangiku, que volvía a sumergirse en sus pensamientos.
Orihime vio cómo se llevaban a Kurosaki hacia el hospital de Karakura, después de que se desmayara luego de derrotar a Aizen. Su preocupación por él pronto se vio nublada por la necesidad de que los heridos fueran tratados de emergencia. Sus habilidades curativas fueron útiles dados tantas personas que estaban realmente graves. Su velocidad era apenas superada por Isane.
— ¿Orihime?
La aludida puso atención al tono serio de ella. La luz de la luna sacaba destellos plateados de su ondulado cabello, y maduraba más su expresión. Parecía decidida.
— ¿Qué sucede Rangiku?
— ¿Puedo preguntarte algo?
— Claro, ¿qué pasa?
— ¿Cómo era Gin cuando estabas en Hueco Mundo? Porque si lo llegaste a ver, ¿no?
Orihime tardó en contestar. Así que él era la razón de su depresión. Sonrió levemente. La comprendía a la perfección.
—En realidad, muy pocas veces salí de donde me tenían encerrada. Cuando llegué ahí, enseguida me di cuenta de que era el menos violento de los tres shinigamis. Por lo que supe, él sólo se la pasaba viendo las imágenes de las cámaras y jugando a alterar los pasillos de las Noches.
Había acabado su parte con los que estaban en peor estado. Por entre los demás heridos pudo ver a Rangiku, que estaba, al parecer, dormida.
Salió del ajetreo y comenzó a pasear a los alrededores de Karakura. De vez en cuando tropezaba con algún escombro al distraerse por ver destrozado un edificio conocido. Luego de un rato, a lo lejos, distinguió una figura humana, blanca y roja, recostada sobre un trozo de pared inclinado. Temiendo lo peor, se acercó corriendo para brindarle ayuda.
Al llegar a su lado, vio a Gin Ichimaru, desangrándose por la pérdida de un brazo. Se inclinó sobre él, buscando el menor indicio de que seguía con vida. Al notar una muy leve pero presente respiración, no dudó en actuar y llamó una vez más a Shunou y a Ayame.
— ¿Y hablaste con él directamente en alguna ocasión?
—Sólo un par de veces. En una, llamó a mi habitación porque quería usar el baño y se encontraba perdido, ese castillo es tremendo.
Rangiku soltó una suave risita, lo que hizo que Orihime se tranquilizara un poco. —La otra también fue en mi habitación. No sé por qué llegó ahí pero empezamos a hablar. Me preguntó por mis amigos, por ustedes...
—Detente.
Matsumoto miró a Inoue sorprendida. Una leve urgencia se denotaba en su rostro, pero aún así se demoró en preguntar. Cuando por fin lo hizo, habló con voz temblorosa.
— ¿Te dijo... Algo sobre mí?
—Pues... Habló en general. Dijo que los echaba de menos a todos, que aunque era su decisión estar ahí, a veces añoraba la vida en el Gotei 13...—se detuvo un momento intentando recordar más. —... También... Me dijo que extrañaba a su mejor amiga, algo de que la había lastimado mucho al ir allí. ¿Eres tú?
Rangiku asintió despacio, y algunas lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
— ¿Señorita Inoue?
El peligris la miró confundido. Después observó su brazo derecho, intacto y perfectamente unido a él.
—Gin, ¿estás bien?
Orihime volteó nerviosa a todos lados, si los observaban todo iría mal. Luego se sentó a un lado de Ichimaru.
—Creí que yo...
—Estuviste a punto —ella le sonrió— tienes suerte de que anduviera por aquí. No sé si otra persona se hubiera molestado en curarte.
Él sonrió y se quedó mirando el cielo.
—Te debo una, entonces.
La chica suspiró y también volteó hacia arriba, disfrutando esa paz que de nuevo comenzaba a sentirse, después de la guerra. Cerró los ojos, pensando en Kurosaki. Esperaba que estuviera bien. De pronto sintió un cosquilleo en la mano derecha. Al mirarla notó entre sus manos un fino polvo. Sintió una punzada en el corazón y recordó a Ulquiorra, que acababa de morir un par de horas atrás. ¿Estaría en algún lugar? ¿Podría estar vivo?
—Lo extrañas, ¿no es así?
Gin la miraba sereno. Al mirarlo a los ojos, se percató que él sabía a quién se refería al hablar.
—Sí —susurró la chica. Supo que no tenía caso ocultarlo, puesto que él seguramente los habría observado conversar en algún momento.
—Te entiendo. Sé que no puedo decirte nada para consolarte, pero lo lamento mucho.
—Gracias.
Volvieron a quedarse en silencio y se recostaron para seguir viendo las nubes.
— ¿Señorita Inoue, sabes dónde está Rangiku?
—Con los de la cuarta división. Creo que se desmayó, no lo sé.
—Oh no, eso es por mi culpa.
— ¿Tu culpa?
—Seguro que se asustó por verme como estaba. Yo también me hubiera desmayado si la hubiera visto sin un brazo —se estremeció, suspiró profundamente y se levantó. Le ofreció la mano a Orihime para que hiciera lo mismo.
—Será mejor que me vaya. No han de tardar en buscarte y nos meteríamos en un lío —Miró a lo lejos con tristeza— quería despedirme de Rangiku. Pero eso no se podrá.
Volvió a cerrar los ojos en su expresión habitual. Se inclinó ante Orihime y prosiguió.
—Te agradezco de todo corazón, señorita Inoue. Espero que nos volvamos a ver pronto.
— ¿A dónde irás?
—No lo sé. Primero tengo que esconderme de la justicia, no estoy de humor para enfrentar mi castigo, aún no. ¿Puedo pedirte un último favor?
—Claro.
—Cura a Rangiku y no le digas que me has visto. Espero que le pueda explicar yo mismo todo lo que ha pasado. Se lo debo. Bueno... Adiós.
Y desapareció con shunpo.
—Lo que me... Consuela de todo esto es que él no era malo. Pero al mismo tiempo me siento culpable, porque él hizo todo eso por mí y terminó muy mal.
—No debes de sentirte así. Si él lo hizo por ti es porque eres importante para él. Culparte por su decisión es un insulto. Agradécele, para que si un día lo encuentras de nuevo, lo recibas con una sonrisa, y no con lágrimas.
Rangiku sollozó fuertemente. Orihime se acercó a ella y la abrazó con fuerza. Una sonrisa se asomó en su boca, al ver que las posiciones se habían intercambiado, a diferencia de una noche seis años atrás.
— ¿Sabes algo? A Ulquiorra no le caía bien Gin.
— ¿A qué te refieres?
Su distracción funcionó. Orihime comenzó a contarle a Rangiku lo que vivió junto a Ulquiorra en Hueco Mundo.
A medida que su historia avanzaba entre sollozos y risas, las dos disfrutaron de una de las mejores noches de su vida, encontrando alegría entre los estragos de una guerra pasada y la incertidumbre de otra que estaba por venir.
Bueno, aquí acaba, y espero que les haya gustado. Desde lo más profundo de mi corazón les quiero pedir disculpas por lo siguiente. Esta vez no contesto reviews. He tenido dificultades familiares y me he enfermado horriblemente, así que no me siento con inspiración ni energías de escribir nada DX
Andyhaikufma, Kumikoson4, Rebeca18, SybelleHs, nithaxx e Invitado que no dejó su nombre. Mil disculpas. Más a aquellos que han seguido la historia desde el principio. No me quiero compadecerme de mí misma. Pero si por mi fuera, publico un capítulo extra para contestarles. Luego Muchísimos saludos y nos vemos en el próximo cap, ¿si?
De nuevo, Feliz 2013 y que se la pasen muy bien! (No abusen del alcohol XD)
BYE
