¡Hey! Saludos. ¡Feliz año nuevo a todos! Aunque… prácticamente debería dar felicitaciones por San Valentín. Así que… ¡Los amo a todos! (?)

Bueno, en estos días el amor flota por el aire. Aunque en este fic no… aún XD. La verdad es que el capítulo de hoy está bastante ligerito. Pero es porque les tengo reservado un capítulo 8 lleno de tensión ¡muajaja!

Una disculpa por el sutil y progresivo rezago entre un capítulo y otro. Pero como no sé ni qué va a pasar mañana, por ahora disfruten. De nuevo, mis felicitaciones a todos. Y muchas gracias a aquellos que dejan reviews y me agregan a favoritos y alertas. En serio, para mí es todo un honor. Ya nos leeremos más abajo.


Capítulo 7: Resolución

Hinamori caminaba decidida hacia las oficinas de su división. Las ojeras en su cara eran tan visibles que los shinigamis con los que se topaba en los pasillos le preguntaron varias veces si estaba bien, pero ella pasó de todos esos comentarios con una sonrisa y una leve inclinación, a la vez que suprimía un bostezo.

Y es que no había podido pegar ojo en toda la noche, puesto que la conversación que escuchó entre su mejor amigo y su capitán la habían tenido despierta. De hecho, mientras caminaba la vocecilla de Hirako retumbaba dentro de su cabeza. "¿Y no has pensado que ella aún sigue siéndole fiel? ¿No crees que pueda tratar de sacarlo de la prisión?". Un brote de ira surgió en su interior, ¿en verdad pensaba que ella era capaz de liberar a la persona más malvada de la sociedad de las almas en un lapsus de entregada subordinada?

"Matarlo o hacerlo un alma normal..." ambas posibilidades de acabar con la amenaza que representaba el ex comandante eran tan difíciles que daban risa con el sólo pensar en intentar alguna de los dos. Nadie era los suficiente fuerte como para derrotar a ese cuerpo "inmortal", y nadie era lo bastante inteligente o sensato para no caer en sus juegos mentales.

Entonces, ¿qué podían hacer?

Momo siguió caminando y pensando hasta llegar al despacho. Se paró frente a la puerta cerrada y se permitió bostezar tan fuerte como pudo antes de solicitar entrar.

–Pasa, Momo –la voz del capitán se escuchó cansada dentro de la oficina. Hinamori abrió suavemente la puerta.

–Buenos días... –la chica se paró en seco al entrar al lugar. Sentado, en su mesa, estaba Hirako, con un aspecto diferente a como lo había visto ayer. Justo debajo de su ceja izquierda, donde se supone que debería encontrarse su ojo, había un cardenal de color morado que parecía bastante doloroso. El hombre le lanzó una mirada de "no preguntes", y Momo desvió la vista hacia la ventana para no delatar de más su asombro –...comandante.

–Sí, hola– contestó él un tono despreocupado–. ¿Qué se te ofrece?

Momo desvió la vista hacia el frasco de tinta en el escritorio.

–Necesito hablar con usted señor. Sobre...– Respiró hondo, ya que estaba a punto de delatarse– sobre lo que pasó entre usted y Toshiro.

Hirako no pareció enojarse. En cambio, lo que parecía una expresión divertida apareció en sus ojos.

–Entre el capitán Hitsugaya y yo no hay nada Momo... Así que no hay necesidad de que te pongas celosa– luego adquirió un tono burlón– aunque... Si no te apresuras, alguien más lindo que yo podría ganarte.

–Sí, así que lo lamen–… espere. ¿Qué? –De pronto, mejillas de la teniente se tiñeron de rojo al asimilar lo que acaba de decir su capitán– Pero... Yo... ¡Capitán! Por favor... Es algo serio.

Hirako rió entre dientes.

–Tampoco es para que te enojes. Estás demasiado tensa, sólo quería relajar el ambiente un poco...

–Capitán...

–Ya, ya... Y bien, ¿qué tienes que decir?

Se produjo un instante de silencio en el que Hinamori pensaba en lo que iba a decir. Suspiró, y después vio al... Ojo a Hirako.

–Yo... Escuché lo que usted y Hitsugaya conversaron en la oficina.

Luego se mantuvo firme, esperando por una reprimenda por parte de su superior, pero pasaron los segundos y no éste no le dijo nada. En cambio, suspiró con fuerza y se acomodó en su asiento, relajado.

–¿Entonces eras tú la que estaba en la esquina de la oficina?

Hinamori se sorprendió un poco escuchar su posición exacta del día anterior.

–Yo... Sí.

Hirako se estiró sobre su silla y subió los pies a la mesa, mientras alzaba la vista al techo.

–Oh...bueno, ya pensaba yo que estaba loco al sentir presencias extrañas, pero era una buena barrera, debo decir... Ya estás grandecita como para que te diga que no es correcto escuchar conversaciones ajenas... De todas formas estábamos hablando a tus espaldas como un par de señoritas, así que estabas en todo tu derecho, y te pido me disculpes por lo que hayas llegado a escuchar –luego de eso miró a Hinamori con una expresión tranquila, pero severa–. ¿Entonces...?

La pelinegra cerró los ojos, recordó la atractiva sonrisa de quien había sido su guía por tantos años, al punto que su corazón comenzó a latir un poco más rápido, pero que de pronto, tuvo la sensación de que una espada lo atravesaba, y que esa sonrisa amable se transformaba en una mueca de arrogancia pura.

Comenzó a hablar en un susurro–: El capitán Aizen que conocí, nunca existió– entonces abrió los ojos y miró a su capitán con determinación–. El hombre que tanto admiraba no tiene nada que ver con el que ahora está encerrado en aquella prisión, así que haré lo que sea necesario para que deje de ser una amenaza para la sociedad de almas. Incluso... incluso...

Hirako detuvo a Hinamori con un ademán.

–Me alegra oírlo. De nuevo, te pido disculpas por haber dudado de ti –hizo una pausa en la que miraba distraído a Hinamori, sonrió sin alegría de medio lado y luego continuó–: pero, según recuerdo, te fuiste antes de que Toshiro respondiera a la pregunta que le hice...

Momo bajó la mirada, aún culpable de haber escuchado algo que no debía y a la vez ofendida porque creyó que Toshiro habría dudado de ella. Esperó la respuesta, y se sorprendió cuando Hirako, mientras se señalaba el ojo morado, proseguía–: ésta fue su respuesta. Fue una suerte que hubiéramos dejado las zampakutoh en la entrada.

Hinamori se quedó sin habla, y no pudo evitar sonreír aliviada. Conociendo a Toshiro, esa respuesta había sido de acuerdo a como había sido él. Luego miró con pena a su superior.

–Lo siento mucho capitán.

–No te preocupes, me lo merezco por cotilla.

–Bueno, eso es más que obvio. ¿Y entonces, qué piensas hacer ahora Hinamori?

–¡Ah!

Toshiro, de pronto, había aparecido detrás de Hinamori, que dio un saltito por el susto. Se encontraba en el umbral de la puerta y la miraba tranquilo, por no decir aliviado, pues había escuchado el último trozo de la plática.

La tarde anterior, después de darle el puñetazo a Shinji y salir de su propia oficina dando un portazo, se fue con la cabeza saturada en sus propias confusiones, pues los comentarios del rubio habían sido suficientes para poner en duda la cabalidad de Hinamori ¿En verdad ella tenía aún sentimientos guardados ante su antiguo capitán?

Pero, gracias al cielo, había recibido la respuesta de la boca de su mejor amiga, que en ese momento le sonreía resignada, ya recuperada del susto.

–No tengo idea –contestó–. Pero creo que al menos, podríamos intentar hablar con él allá abajo, en la prisión.

Toshiro miró a su amiga como si estuviera loca.

–¡No podemos hacer eso! Si vamos allá abajo y le decimos todo lo que está sucediendo en estos momentos, le daremos información. Y al menos, para él, eso es como dejarlo pasar por la puerta de salida de la prisión.

Hinamori miró al pequeño capitán con molestia.

–¿Y qué más podemos hacer, eh? Estoy casi segura de que escapará de todas formas. ¿No es mejor, al menos, tener una idea de cómo prevenirnos?

–¡Pero no...!

–Vale, cállense los dos.

Ambos dejaron de discutir y vieron al otro capitán, que se había levantado de su silla y se dirigía hacia ellos dos.

–Creo que Hinamori tiene razón. Aizen no es tan paciente como para esperar veinte mil años para ser libre. "Conociéndolo" ha de tener al menos una docena de planes para escapar y hacernos puré a todos– Hinamori le dirigió una rápida mueca de victoria a su amigo, que le devolvió el gesto amargamente–. Aunque en parte, Toshiro, también estás en lo correcto. Es más que seguro que con nuestra sola presencia se dará cuenta de cómo van las cosas acá arriba y en el mundo real. Sin embargo, eso lo podemos usar a nuestro favor. Con suerte, el también nos dará algo de información a cambio, intentándonos usar como parte de sus planes.

Toshiro miró a Shinji, y esbozó una media sonrisa, incrédulo.

–¿Y tú crees que nos daremos cuenta de cómo y cuando juega con nosotros?

El rubio, encogió los hombros.

–Sólo tenemos que estar alerta. Y si no nos dejamos llevar por lo que él diga, tal vez podremos lograrlo.

Toshiro y Momo se miraron a los ojos con ironía. Años atrás, al descubrirse la verdadera identidad de Aizen, una se había lanzado a sus brazos y el otro también, pero con intenciones asesinas y sin estrategia alguna. Pero el resultado había sido el mismo: habían terminado atravesados con una espada. Era difícil, pero tenían que admitir que carecían de total autocontrol.

Ahora Hinamori fue la que sonrió.

–Creo que será muy fácil.

Toshiro sonrió ante el sarcástico comentario de su amiga.


Al despertar por la mañana, Rangiku y Orihime se encontraban enredadas entre las sábanas, con los ojos hinchados y el cabello alborotado. Se miraron entre ellas y después se echaron a reír antes de abrazarse rápidamente; la noche anterior había sido bastante aliviadora para ambas, ya que no había otra persona que comprendiera mejor a Orihime como Rangiku, y viceversa. Charlaron animadamente mientras se arreglaban para la Universidad, y cuando salieron hacia el pasillo se sorprendieron con que un olor delicioso inundaba la casa. Con la guardia alta, llegaron a la cocina, para encontrarse con que Ulquiorra había preparado el desayuno, y al parecer, ya había acabado de comer, a juzgar por el plato vacío que estaba frente a él.

–¿Buenos días?– Orihime sonrió al encontrarse con una escena en la que Ulquiorra no cuadraba para nada.

–Hola– él le devolvió el saludo sin mirarla a los ojos.

–¿Ulquiorra? No sabía que sabías cocinar. ¿Por qué estás haciendo esto? No intentarás envenenarme por burlarme de ti anoche, ¿o sí? –Rangiku se acercó a la mesa y tomó un hotcake de un plato. Lo olisqueó cautelosamente y le dio una mordida–. Vaya que están buenos... Pareces una esposa.

El pelinegro le lanzó una mirada asesina y luego le lanzó un bote de leche que la rubia atrapó en el aire.

–No hables con la boca llena. Hice esto, porque al parecer te llevas muy bien con el alma modificada que se me asignó...

Rangiku se encogió de hombros y le dio un trago a la leche.

–No tengo la culpa de que sea más agradable que tú.

–...Así que no quiero quedarme sin comer como anoche. Es horrible estar muriéndote de hambre para luego entrar a un cuerpo que ya está satisfecho –Ulquiorra hizo caso omiso del comentario de Rangiku y se levantó para lavar su plato.

–Ohh, pobre. Pero sí, estás en lo correcto. Así que ven acá.

–¿Qué–

Matsumoto tomó el empaque de pato que estaba en un anaquel, agarró a Ulquiorra de los hombros y lo obligó a tragarse el dulce del alma, por lo que su alma salió disparada de su cuerpo y cayó al suelo.

–¿Qué te pa–

–¡Buenos días!– Matsumoto ignoró sus quejidos y saludó alegremente al alma modificada, que, en el cuerpo de Ulquiorra, adoptaba una amable expresión.

–Hola Rangiku, señorita Inoue. ¿Amo Ulquiorra, está bien?– El chico se dirigió al otro con un falso tono de preocupación, y después de que Ulquiorra lo miró con intenciones asesinas, levantándose del piso y dirigiéndose a la sala para mirar el televisor, aceptó de buena gana desayunar con las chicas a pesar de tener el estómago lleno.

–Vamos Orihime, siéntate.

La aludida, que estaba mirando en dirección a la sala, se acercó a la mesa y así los tres comenzaron una animada conversación mientras comían.

–Y... ¿por qué no quieres decirnos tu nombre? – Orihime recordó la pregunta que ya le había hecho la tarde anterior.

– ¿No quieres hacerlo? ¿Por qué no lo haces, es demasiado vergonzoso? –Rangiku se puso atenta. Tal vez fuera un buen tema para cotillear.

El alma modificada rió un poco antes de responder.

–Bueno, algo así. Creo que no estoy preparado para hacerlo. Ya lo sabrán algún día.

–Pero, no podemos decirte "alma modificada" todo el tiempo. De alguna manera te tenemos que nombrar, ¿no? –dijo Orihime, a la vez que Matsumoto asentía.

–Bueno, eso lo dejo a su imaginación.

Se produjo un silencio, en lo que las dos chicas pensaban. Luego de un par de minutos, Orihime chascó los dedos y dijo con un gesto de convencimiento:

– ¿Qué tal si te llamamos Akira?

Matsumoto y el alma modificada lo miraron entre extrañados y divertidos.

– ¿Akira?

– ¿Por qué Akira?

–Pues... Akira es un nombre muy común ¿no? Sin embargo, cada Akira de éste planeta se hace destacar a su manera. No sé, creo que así eres tú.

El alma modificada rió suavemente.

–Me impresiona, señorita Inoue. Pero está bien, puedes llamarme como quieras.

Así los tres siguieron charlando. Pero después de un rato, Orihime notó que poco a poco quedaba más aislada de los otros dos. Por la forma en que ambos se miraban y hablaban, comprobó que efectivamente estaban coqueteando entre ellos. Un poco incómoda, prefirió salirse de la cocina en dirección a la sala. Pero se detuvo al ver a Ulquiorra ahí, viendo la televisión tranquilamente. El volteó y se miraron fijamente durante unos segundos.

Pero no se sentía con ganas de enfrentarlo de ninguna manera, por lo que dio vuelta al pasillo y se metió en su habitación.

Se acostó sobre la cama y miró al techo a la vez que soltaba un sonoro suspiro.

Desde la noche anterior se había cabreado mucho con Ulquiorra. Había impedido que luchara y prácticamente la había obligado a huir del campo de batalla, sin darle la oportunidad de demostrar su valía. La noche anterior se había quejado con Rangiku, pero ella le hizo ver que él sólo quiso protegerla. Además, la hizo ver que, al menos, él estaba ahí, por más raro que se comportara.

Suspiró una vez más y reflexionó eso. Cerró los ojos y sintió que su corazón palpitaba tranquilamente, sin ese horrible peso que antes la ahogaba a diario. Recordó los días en los que nada podía ser real para ella, en los que sólo podía esconderse tras una máscara. Ahora se sentía feliz. La sensación de ingravidez en su pecho ahora se había ido a su estómago.

De pronto, vino a su mente la noche anterior, cuando ella y Ulquiorra estaban solos en la cocina, tan cerca el uno del otro que sintió su aliento sobre su cara. Tomó un cojín, lo puso sobre su cara y ahogó en él un gemido de frustración.

Como un hollow, nunca se había fijado en su físico, de hecho, con sólo mirarlo a los ojos en aquellos tiempos era suficiente para que sintiera sus piernas como si fueran de gelatina. Y ahora, al fijarse en los finos trazos de su cara, su delgado, pero atlético cuerpo, y su cabello largo enmarcando esos mismos ojos verdes... No pudo evitar sentir un leve calor en sus mejillas. ¿Qué le estaba pasando? Era una sensación incómoda, pero a la vez agradable. En ese momento, pensó en Ichigo sin razón alguna –o al menos eso creía– y eso terminó por confundirla más. Giró sobre sí misma y quedó bocabajo en la cama, intentando apagar su mente por un momento, pero sin resultados. Así que se resignó a seguir con esa extraña sensación en el estómago.

Ese raro sentimiento en verdad la confundía, pero aún así no hizo que olvidara su sed de venganza. Tarde o temprano, Ulquiorra tendría que aceptar que ya no era una niña, y se lo iba a demostrar a la primera oportunidad.

Se paró bruscamente, llena de determinación. Tras un momento de mareo en el que la sangre se le subió rápidamente a la cabeza, abrió la puerta de la habitación y se dirigió a la sala. Al llegar, se sentó junto a Ulquiorra en el sillón, y en un tono retador, le preguntó–: ¿Qué hay de interesante?

El chico la observó inquisitivamente.

–No mucho.

Volvió la cabeza al televisor, mientras miraba a Orihime de reojo, reparando en su actitud. Era bastante confuso. Ayer, en la cocina, había menospreciado sutilmente sus capacidades, al decirle que no quería que resultara herida. Eso sería suficiente para que en ese momento estuviera hecha una furia, considerando lo expresiva que era. Pero en cambio estaba ahí, sentada, viendo el televisor junto a él. ¿Qué rayos pasaba con ella?

Aunque también había un asunto pendiente con él mismo. ¿Por qué, o más bien qué, lo había llevado a decir precisamente lo que dijo? ¿Por qué no le permitió a Orihime ir allá y lidiar con esos edificios andantes cuando él sabía que los había combatido miles de veces antes?

Una extraña opresión apareció en su pecho, la misma que sintió mientras la tarde anterior imaginaba a Orihime en peligro mortal. ¿Qué era eso exactamente?

Apartó la mirada de la chica y la volvió a dirigir al televisor, sin poner atención realmente. Cuando había recién entrado al Gotei 13, apenas sabía nada de lo que era la vida. De hecho, no tuvo experiencias reales con sentimientos humanos hasta que entró a la decimotercera división, y Rukia comenzó a sacarlo de sus casillas. Fue ahí donde tuvo que aceptar que, por más que se resistiera, era un alma humana ahora. Por ese entonces, había sido Ukitake el que pacientemente le había explicado de lo que sentía en relación a lo que pasaba, como si fuera un niño.

Pero nunca le había sucedido sentido algo como eso. Y, si le contaba a Rukia, seguro que le tomaba el pelo enseguida.

Dejó de pensar en eso cuando escuchó que tocaban la puerta. Miró hacia la cocina y vio que Rangiku seguía ensimismada en su conversación con Akira, sin dar señales de haber escuchado el llamado. Después miró a Orihime, que también volteaba hacia la puerta. Sus miradas se encontraron.

La puerta volvió a sonar.

–Yo abro.

Ulquiorra suspiró una última vez antes de levantarse pesadamente del sillón e ir a la puerta. Al abrirla, se encontró con que Rukia e Ichigo, que estaban discutiendo –como siempre–, pero que pararon en cuanto vieron al chico de pelo negro en el umbral. La expresión de Ichigo enseguida se tornó antipática, pero Ulquiorra lo ignoró totalmente, al darse la vuelta y regresar a la sala, donde Orihime lo miró con curiosidad.

–Ya llegaron –se limitó a responder ante la inquisitiva mirada de la pelirroja.

Orihime lo entendió en cuanto escuchó cómo se reanudaba la discusión entre sus amigos, que seguían en la entrada. Se levantó, apagó el televisor y después miró hacia la cocina, para después ponerse incómoda.

–¿Y qué vamos a hacer con ellos?– Le dijo a Ulquiorra mientras señalaba con una cabezada hacia donde se encontraban Rangiku y "Akira".

El chico miró hacia donde le indicó y vio que la rubia y su gigai estaban a una distancia tan cercana que dañaba la dignidad del ex-espada así que, irritado, se limitó a ir a la entrada, quitarle el bolso a Rukia, sacar el guante con el que extraía las almas de los cuerpos, entrar a la cocina, atravesar su propia cabeza y entrar a su cuerpo antes de que Rangiku reflexionara lo que acabara de hacer.

– Vámonos– dijo a la nada mientras Orihime lo seguía, desconcertada por lo que acababa de pasar.

Cuando todos se subieron al auto, Rangiku comenzó a gritarle a Ulquiorra, quejándose de su descortesía, a lo que él no respondió, limitándose a manejar. Los demás miraban entretenidos la escena, así que no vieron que, una vez más, el cielo se abría, dejando caer una incontable cantidad de hollows. Cuando hubieron caído todos, cerca de una decena de menos grande comenzaron a entrar uno tras otro en el mundo real, comiéndose a varios de sus compañeros de paso.

La primera en darse cuenta de lo que pasaba fue Orihime, que creyó que los menos nunca dejarían de salir del portal. A su lado, el familiar sonido de un loco teléfono proveniente del bolsillo de Rukia inundó el coche. Esa fue la señal que hizo que los demás se percataran de lo que estaba ocurriendo frente a sus narices. Ulquiorra desaceleró el automóvil, sin saber qué hacer realmente ante tal cantidad de enemigos. Lo mismo sucedió con Rangiku, que dejó de gritarle, e Ichigo, que se quedó pasmado.

Rukia, cumpliendo su deber de capitana, reaccionó más rápido.

–Ichigo.

– ¿Qué?

–Llama a Urahara. No podremos garantizar la seguridad de nadie si esos hollows se dispersan –luego vio a los tenientes y a Orihime, metiéndoles prisa–. ¿Y qué pasa con ustedes? ¡Tenemos que actuar! ¡YA!

En ese momento, Orihime miró a Ulquiorra por el retrovisor de forma retadora. Esa era su oportunidad. Abrió la puerta del auto tan pronto como se hubo detenido, y salió disparada en dirección al menos más cercano.

El de pelo negro no se quedó atrás. Comprendiendo la mirada de Orihime, salió de su cuerpo sin ni siquiera quitarse el cinturón, dejando atrás a las chicas, a Ichigo, y a "Akira" a cargo del gigai y el auto, para salir en su persecución.

A pesar de usar shunpo, apenas y fue capaz de no perderla de vista. Pasados unos minutos, vio cómo en el horizonte aparecía la veintena de hollows que habían venido de Hueco Mundo, acompañando al menos que vio en un principio y también a Orihime, que se acercaba a ellos sin dar señales de retroceder.

La pelirroja desaceleró hasta detenerse a unos cien metros de todo lo que les venía por delante, acción que Ulquiorra aprovechó para alcanzarle, a la vez que desenfundaba su zampakutoh.

–¡Encadena–

–¡KOTEN ZANSHUN!

Sucedió en un instante. De uno de los broches que Orihime sostenía en sus manos, salió disparado Tsubaki, una de sus seis flores, que comenzó a girar sobre sí mismo, dando la impresión de que un disco dorado era lanzado hacia los hollows que se acercaban sin piedad.

Atravesó a todos y cada uno de los monstruos en cosa de segundos, como si sólo hubiera atravesado una gran masa de materia. Y para sorpresa de Ulquiorra, Orihime no detuvo su ataque, si no que apuntó con fuerza hacia el menos grande, que consciente de la presencia del shinigami y la chica, bajó su gran cabeza hacia ellos, abrió la boca, preparándose para formar un cero. Pero no se pudo comparar con la velocidad de la técnica de Orihime, que parecía acelerar más y más.

De abajo hacia arriba del menos, Tsubaki recorrió todo lo largo de la criatura. Cuando llegó más allá de su cabeza, todo pareció quedarse en silencio, para que después comenzara a sonar un estruendo, mientras el menos, literalmente partido en dos, caía al suelo, derrotado, creando una gran nube de polvo, y activando las alarmas de todos los coches cercanos.

Ulquiorra no pudo hacer otra cosa que quedar totalmente sorprendido ante tal demostración de poder. Entre la nube de polvo que se asentaba poco a poco, pudo ver a Tsubaki, que dejó de girar y volvió a las horquillas de Orihime. Percatándose de la mirada del shinigami, volteó a verlo y le sonrió triunfante, a la vez que se le acercaba.

Una vez estuvieron frente a frente, se vieron a los ojos durante un tiempo que a ambos les pareció eterno. Rukia, Ichigo y Matsumoto pasaron a su lado para seguir combatiendo, y aún así ninguno dijo nada. Finalmente, ella habló sin poder reprimir su alegría.

–Y, ¿qué decías sobre poder quedar herida en batalla?

Ulquiorra no contestó. Orihime, consciente de que no podía quedarse ahí más tiempo, lo dejó ahí y se fue para ayudar a sus amigos.

Ulquiorra tardó un poco más en reaccionar. Y es que, al ver a Orihime así, con el cabello alborotado, las mejillas rojas y brillantes por el esfuerzo de la carrera, la frente perlada de sudor, y los labios entreabiertos exhalando rápidamente, se quedó sin palabras, al mismo tiempo que su corazón sutilmente comenzaba a palpitar más rápido.


Hola de nuevo :D

Espero que les haya gustado. Sobre todo la parte de al final, que es cuando la semilla de la duda empieza a echar raíces en Ulquiorra. Me compadezco de él por mis tristes intentos de introducirlo a los sentimientos humanos XD

Hace un par de días, mientras corregía el capítulo, mi tía me preguntó que estaba haciendo, a lo que yo le contesté que estaba apurada porque no había actualizado en un mes. Ella dijo: "¿Actualizar qué? ¿Tu historia?". En ese momento pensé que escribir y publicar, aunque era un pasatiempo, era una responsabilidad. Le agradezco a mi tía que me haya dejado verlo de esa manera xD. Aún así, me parece extraño hablar de Fanfiction con la gente que no sabe mucho de qué van. Tu familia y así. Equis…

Rebeca18: Hey chica! Saludos. Y bueno, lamento tu pena XD… pero si pones más atención al flashback de Orihime, pues… muajaja. Es genial que sigas esta historia. Lo aprecio muchísimo, la verdad. Nos vemos en el siguiente cap!

Andyhaikufma: Gracias por tus felicitaciones. Y ahora que los tiempos de juerga han pasado hay que actualizar :D…

Sobre las almas modificadas… creo que sospechas bien, juju.

Desde un principio pensé que Ulquiorra sería de esos que son blancos de chicas como Rangiku. Y es que como no se toma nada en serio la mayoría del tiempo, alguien que todo se lo toma en serio es una mina de oro!

Respecto a Gin y Rangiku, su relación siempre ha sido de las que más me gustan. Mucho sacrificio. Es algo que explotaré pronto ;D… Y Gin a mí siempre me pareció guay, indiferentemente de que fuera "malo" al principio. Siempre me pareció que se traía algo más entre manos.

Espero que tus ganas de Ulquihime se hayan satisfecho por ahora, pero no te preocupes, ya vendrá. Orihime no se rendirá en su autonombrada misión de demostrar su valía ante Ulquiorra, aunque a veces le salga el tiro por la culata jeje…

Y para la próxima habrá más de todo. Tensión chica, tensión.

Un abrazo y nos estamos leyendo. ¡Muchas gracias por seguir la historia!

nithaxx: Me alegro de que te haya gustado. Además, Ulquiorra es hermoso tenga la expresión que tenga. *delirio de fan-girl*, nos vemos en el próximo cap. ¡Un beso!

Kumikoson4: Hey! Feliz año. Gracias por los buenos deseos. Lo mismo va para ti :3 … Pues sí, fue un capítulo calmadito. Como para cerrar unas cuantas últimas heridas. Creo que este también fue tranquilo, no sé. Mi modo de escribir suele ser muy manso, por lo general xD … Y bueno, cualquiera podría querer escribir "la besó, se amaron de todas las humanas y shinigamis formas posibles *If you know what I mean* y vivieron felices para siempre" XD… Hay que darle tensión. Aunque todas ya nos hubiéramos tirado a Ulqui antes de que Orihime se diera cuenta de lo que pasa por su corazoncito XD

Espero que te haya gustado y nos seguimos leyendo ¡Saludos!

SybelleHs: Gracias por leer y por tus buenos deseos. Y espero que te haya gustado. Un abrazo :D

De nuevo, gracias a todos por sus comentarios, y por seguir esta historia. ¡Más a los que la han seguido desde el principio!

Y gracias a Kiharus por la veteada ;D

Ya nos leeremos en el próximo capítulo :D