Hi, we're McFly. Nah, mentira. Ojalá. Eeeeeeeel caso es que traigo un capítulo un poco... uh... porno. Sí. PERO PROMETO QUE NO SOY UNA DEPRAV... Es igual. Harry y Danny ya son mayorcitos para hacer cosas de gente mayor, if u know what i mean. Y eso. Contenido +18. No lo leas si... Joder, es Junes. Leedlo. Se lo dedico a Alba porque lleva muy mal eso de la tensión sexual no resuelta lol. Fue escrito escuchando My heroine de The Maine, por si os ayuda a poneros en situación.

Hope you like it!


Capítulo 10.

Danny

Se cumple una semana de nuestra llegada a Isla Mauricio y según me informa Mery, aún nos quedan muchas cosas que ver y hacer. Unas minas en el pueblo de al lado, un pequeño zoo en el mismo pueblo, una visita al circo ambulante que pasa ese mes por la isla...

Hoy hemos tenido un día sólo para nosotros, y no me equivocaba al pensar que esto era lo que teníamos que hacer, al menos yo, para acostumbrarme a estar con ella las veinticuatro horas del día, que a su lado parecen veintiocho, pero ese es otro tema. Mery parece muy feliz, siempre sonríe y ya no se queja tanto por todo, incluso manda mucho menos. Se puede decir que ha cambiado, al menos un poco, y me encuentro más a gusto a su lado. Seguimos siendo muy diferentes, y habrá cosas de ella que nunca entenderé ni soportaré, pero de eso trata la convivencia. Seguro que hay cosas en mí que ella también aborrece.

- ¿Tienes que dormir con calcetines?- me pregunta. ¿He dicho hace un par de segundos que no se queja tanto? Vale, olvidadlo. – Estamos a treinta y cinco grados.

- Bueno, pero soy inglés. Sigo manteniendo los pies fríos.

- Anda, quítatelos- me pide, y le dedico una mirada de fastidio pero se acerca a mí y me acaricia el pecho desnudo con las yemas de sus finos dedos, sonriendo con fingida inocencia.- Hacer el amor con calcetines es muy poco glamuroso.

- ¿Vamos a...?- inquiero, alzando una ceja. Ella se encoge de hombros, como dejándome escoger a mí, pero para decantar mi balanza hacia el lado que le conviene a ella, se acaricia el brazo de tal manera que consigue que el tirante de su camisón descienda por su hombro y su escote se amplíe lo suficiente para conseguir de mí lo que quiere. – Haber empezado por ahí.

Me saco los calcetines a patadas y lo último lógico y racional que oigo es su risita victoriosa.

Algo más de una hora después, Mery duerme pacíficamente a mi lado, tumbada bocabajo dejando que la luz nocturna le bañe el cuerpo desnudo. Oigo su respiración y veo de reojo cómo su espalda sube y baja al ritmo que sus pulmones han adoptado después del "ejercicio físico" que hemos llevado a cabo en esta cama. Yo debería dormir al igual que ella, de hecho, he de confesar que después del sexo siempre me entra un sueño terrible, pero por algún motivo que desconozco, el techo me tiene absorto. El hecho de tener un cuarto privilegiado, con vistas al mar, hace que el reflejo del agua se cuele de un modo u otro a la habitación y lo vista todo con tonos azules y grisáceos, y no hace falta que te concentres mucho para oír el sonido de las olas. Es como si estuvieras en un barco, pero sin el movimiento del océano.

Dejo pasar un par de minutos para conciliar el sueño, y doy varias vueltas en la cama tratando de encontrar la postura adecuada, pero todo lo que hago es desvelarme más. Es una pena que el kamasutra no sirva a la hora de dormir.

Opto por pillarme un cigarro y bajar a la piscina a fumármelo. Recuerdo el sitio al que Harry me llevó cuando me dio su Marlboro los primeros días de estar aquí. Salgo de la habitación, agarrando con fuerza la tarjeta magnética para no perderla, de lo contrario, tendré que despertar a alguien para que me pueda abrir la puerta. El hotel entero está sumido en silencio y penumbra, salvando unas pequeñas lámparas que vierten una luz anaranjada en las esquinas y creando un caminito por los pasillos, como si fueran las luces de las pistas de aterrizaje de un aeropuerto. Es extraño ver un sitio que rebosa vida y movimiento en condiciones como estas, da entre repelús e intriga, parece que alguien me va a asaltar de un momento a otro para pedirme un dinero que no llevo encima.

Alcanzo el rincón de la palmera en algo menos de diez minutos. Me he cruzado con una pareja joven entrando al hotel comiéndose los labios y pegándose con todas las esquinas, luego se han perdido por un pasillo y no he podido evitar reírme. Me recuerdan a mí con una novia que tuve a los dieciocho años. Tenía que esconderla constantemente del representante de la banda porque no podíamos tener novias... Qué tiempos aquellos...

Enciendo el cigarro y me lo fumo despacio. Se ven las luces de un par de habitaciones encendidas, y mi mente busca la de Harry antes de que me lo pueda impedir a mí mismo. La suya está apagada, lo más probable es que esté durmiendo, no en vano, son las tres menos cuarto de la mañana. No le he visto en todo el día y aún tenemos un ajuste de cuentas pendiente. No se me olvida que me dejó en ridículo delante de mi mujer y la suya bailándome como si fuera una gata en celo en medio de la pista; aún tengo que devolvérsela.

- Se te van a poner los dedos marrones como apures tanto hasta el filtro- pego tal respingo que podría haber dado con la cabeza en el techo, suponiendo que no estuviera al aire libre, claro.

Me quito el cigarro, o lo que queda de él, de los labios, y dirijo mis ojos hacia arriba, buscando la procedencia de esa voz.

El americano está situado a mi lado, mirándome divertido, pero yo le observo a él como si fuera un fantasma. Me ha dado un susto de muerte, joder, que yo venía pensando en atracadores...

- Me vas a matar de un susto- le digo, llevándome una mano al corazón, que late acelerado. Él se ríe, se sienta junto a mí y me quita el filtro, llevándose la última calada.

- Mm... Las últimas siempre son las mejores, ¿verdad?- acerca su boca a la mía y exhala el humo lentamente sobre mis labios. Mi mirada recae en los suyos y me dan ganas de mordérselos de lo carnosos que se ven.

- Eso... eso supongo- me tiende el filtro para que lo apague y me siento como muy confuso ahora mismo. Mucho.- ¿Qué haces aquí?

- Seguirte- confiesa, y no puedo estar más sorprendido y más pillado en falta que ahora mismo, por su sinceridad, su falta de reparos y porque no deja de mirarme.

- ¿Se-guirme?

- Sí, estaba espiándote por la mirilla de mi cuarto y he visto que salías del tuyo y me he dicho "¿por qué no seguirle?". Y aquí estamos.

Tiene que estar tomándome el pelo. Alzo la esquina derecha de mi labio superior intentando decirle con ese gesto que si se ha pensado que soy gilipollas o qué coño se cree, y compruebo que se echa a reír. No me hace mucha gracia eso de que anduviera espiándome.

- ¿Es que no te has dado cuenta de que las puertas no tienen mirilla?- me golpea el hombro y me empuja hasta que prácticamente quedo tumbado sobre el césped.- Me voy a dar un baño.

- ¿Un baño? ¿A las tres de la madrugada?- ¿cabe la posibilidad de que se haya fumado algo que no fuera tabaco antes de bajar hasta aquí? Además, no me ha respondido. ¿Seguirme para qué?

- ¿Y qué más da? Es mejor ahora, que estamos solos. ¿No crees?

Creo que está loco, o que tiene sueño, lo cual es peor. Voy a responderle que conmigo no cuente cuando me agarra de la muñeca y tira de mí un par de pasos, los que tardo en ser consciente de que me está moviendo y me opongo. Lo que tarda él en cogerme en brazos y tirarme de espaldas a la piscina. Mi cuerpo se hunde en el agua y se me llena la boca y los oídos, casi ahogándome, hasta que tomo control de mí mismo y puedo salir a flote.

- ¡Está fría!- braceo como un loco para calentarme los músculos, pero está condenadamente fría. Debe hacer pocas horas que han cambiado el agua y aún los rayos del sol no la ha calentado. Siento su frialdad atenazar cada fibra de mi cuerpo y cuando voy a acercarme al bordillo para salir, veo cómo Harry se quita los calzoncillos y, de un salto, se zambulle en el agua abrazándose a sus propias piernas.

Niego con la cabeza. Los americanos no están bien de la azotea, debe ser por tanta comida basura, y tantos desayunos cargados de grasas, eso tiene que afectar a las neuronas, seguro. Pasan un par de minutos y Harry no sale a la superficie. ¿Será posible que no sepa nadar? Si no recuerdo mal, en la playa controlaba bastante bien...

- ¡Harry!- grito en susurros para no despertar a los clientes de las habitaciones más cercanas a la piscina.- ¡Harry, joder!

- Bu- de nuevo doy un respingo al sentir su voz a mi espalda. Braceo para mantenerme a flote y me giro, encontrándole con el pelo pegado a la cara, las pestañas largas y húmedas, y muy cerca de mí, tanto que no me deja pensar con claridad. Tiene una sonrisilla divertida en la cara que me hace sentir como el amigo aguafiestas.

- No tiene gracia- me quejo, pegándole con todas mis fuerzas en el brazo, pero el agua amortigua mi intensidad.

- ¿Sabes?- inclina la cabeza y se relame los labios, mirándome fijamente, y empieza a darme miedo. Bracea y se pega más a mí, haciendo que inconscientemente yo empiece a retroceder. Oigo el "pum pum" de mi corazón a todo volumen, resonando contra la cavidad de mi pecho. - Es cierto que te he seguido, quería estar a solas contigo.

Decidido, me está dando miedo. Sigue acercándose a mí y no deja de sonreír por todo y por nada, pero me recuerda a esos psicópatas de las películas que son tan educados que consiguen que te mees encima. Y encima dice que quería estar a solas conmigo. ¡Conmigo! Seguro que me quiere descuartizar o algo similar.

- Harry, me estás poniendo nervioso- parece gustarle mi nerviosismo, porque no deja de acortar el espacio que nos separa hasta que no puedo apartarme más porque mi espalda choca contra el bordillo de la piscina y me encuentro acorralado entre su pecho y las baldosas azules. Si no fuera porque estoy mojado, estaría sudando la gota gorda.

- Eso era justo lo que deseaba- pasa los brazos junto a los míos y se apoya en el bordillo blanco, mi espacio vital invadido, y siento cómo su piel entra en contacto con la mía. Dios, el agua está helada y él parece estar en llamas. Noto los músculos de su vientre, tensos y duros, trabajados a base de gimnasio, y los de sus brazos igual, rodeándome. Empiezo a temblar, no sé si de miedo o por el frío, pero me preocupa más el hecho de que el tacto de su piel contra la mía me gusta, más de lo que debería.- No me mires así, inglesito.

- ¿Qué me vas a hacer?- el hilillo de voz que sale por mis labios me deja en evidencia y sólo hace que él se sonría de nuevo, paseando un tanto su mirada por mi cuerpo, y cuando la vuelve a mis ojos, un brillo perturbado cruza su azul eléctrico.

- Todo lo que me dejes.

Y me besa.

En menos de un segundo, tengo esos carnosos labios pegados a los míos y moviéndose sobre ellos, con una urgencia apremiante por que le corresponda, pero no puedo. Dios bendito, apenas si puedo respirar. O pensar. Siento cómo los separa e imito su movimiento a duras penas. Estoy tan confuso que podría afirmar que los cerdos vuelan. Y además soy estúpido. Yo pensando que me iba a despedazar y lo que en verdad venía buscando era... esto. Bueno, he de decir que el cambio es satisfactorio, tremendamente satisfactorio.

Pero me sigo asfixiando, ni siquiera me ha dado tiempo a prever su movimiento. Abro los labios y le dejo que me invada, y siento su lengua golpear contra mis dientes, exigente. No se anda con chiquitas. Y los abro también. Creo que Harry tiene la capacidad de abrir todo lo que quiera con mucha facilidad, no sé si me entendéis...

Cuando su lengua toca la mía oigo algo romperse dentro de mi cabeza, creo que mi cordura. Se resquebraja y me derrite, y la mueve tanto, tan deprisa y por tantos sitios que está consiguiendo que me hagan chiribitas los ojos hasta por dentro de los párpados. Y no hablemos de lo que se está despertando entre mis piernas...

Sus brazos se cierran en torno a mi cuerpo, y me aprieta contra su pecho con fuerza y con ansia. Siento como que me va a comer de un momento a otro, así que me abrazo yo también a él porque, a pesar de que aquí hacemos pie, las piernas casi ni me sostienen. Se han vuelto gelatina. Enlazo por detrás de su cuello y vuelvo el beso más profundo. Harry es como una lucha de contradicciones. Sus labios son blanditos y suaves, y sabe bien, pero su lengua es una aspiradora. Acaricia con ella mi paladar y luego ataca la mía, presionándose contra ella sin dejarme casi moverme. Es como si quisiera comerme casi. Lo último que pienso al cerrar los ojos y rendirme a toda su brutalidad, es que me gusta tanto, que estoy seguro que me voy a volver loco.

Cuando los abro, estamos tumbados en el césped. Ni siquiera recuerdo cuando hemos salido de la piscina, pero la verdad es que tampoco me importa mucho. Harry se tiende sobre mí y mis manos cobran vida por todo su cuerpo, porque tienen el impulso y el deseo irracional de acariciarle la espalda y arrancarle la piel a tiras cuando siento cómo, con un suave vaivén, roza su entrepierna con la mía. Se separa de mis labios sólo para oírme gemir y le doy en el gusto. ¿Qué? Me gustaría veros en mi situación. Observo la sonrisa que aflora a sus labios y la mirada febril que me lanza cuando mueve de nuevo la cadera. Clavo unas uñas que no tengo en las bolas de sus hombros tratando de pedirle que pare, pero... uh... la verdad es que no sé si quiero que lo haga. Que pare. No, mejor que siga. Dios, esto no debería sentirse tan bien.

- Dan- susurra, bajando la cabeza y mordisqueándome el lóbulo de la oreja. La oreja no, joder, la oreja no...

- Mmmh... - ¿verdad que soy muy inteligente? Eso es todo lo que soy capaz de decir en estos momentos. Dios mío, parezco una puta quinceañera virgen.

Ni siquiera se molesta en responder. Total, ¿para qué? Si a duras penas le voy a escuchar...

Y coordina sus movimientos. Clava los dientes en mi cuello al tiempo que me obliga a rodear su pelvis con mis piernas y se presiona contra mi entrepierna. Desde este ángulo es incluso más profundo. Creo que podría correrme con un solo roce más.

Ocurre al igual que cuando hemos salido de la piscina, que no sé cómo lo hace, pero mis calzoncillos vuelan de mis piernas. Se escurren con dificultad por ellas por culpa del agua y me liberan de la presión que estaba sufriendo por culpa de tanto restregón. Siento sus manos acariciar mis muslos y deposita un beso en el interior de ellos. Y se acerca. Se está acercando a donde no debería acercarse si no quiere que termine por despertar a todos los clientes con mis gritos. Gritos que, he de reconocer, llevo minutos reprimiendo.

- El límite le pones tú- me recuerda. Y ahora no sé si me va a volver loco o si le odio, porque no me acuerdo ni de mi nombre ni dónde he dejado mi dignidad, como para decirle cuando parar...

En estos siete días he aprendido de Harry que da igual lo que le digas, porque terminará haciendo lo que quiera. Podría haberle dicho que ni se le ocurriera seguir acercándose a mi erección, y que no sonriera de ese modo tan perverso, ni se relamiera los labios con su mirada clavada en la mía. Podría haberlo hecho, pero me habría ignorado.

Se me encoge todo el estómago cuando siento su lengua rozar mi miembro, casi como si jugara con él. Y quiero gritar. Joder, quiero dejarme las cuerdas vocales, pero no puedo. Contraigo los pulmones, contengo la respiración sin pensarlo, y me dejo hacer. Soy un manojo de nervios cuando siento cómo hunde su boca en mí y el movimiento de su garganta se vuelve rápido y estrecho. Tampoco me doy buena cuenta de en qué momento mis manos se enredan en sus cabellos y le presiono más contra mí, atacando con mi cadera su boca mientras de la mía escapan los jadeos más variopintos y las blasfemas más desenfrenadas. No sé cómo es capaz de hacerlo tan bien siendo hetero, pero nunca me había sentido tan a merced de nadie.

Oigo un ligero "pop" procedente de sus labios y me creo que puedo respirar tranquilo. Estaba a punto de... ya me entendéis. Y digo "me creo" porque alza una ceja, sonríe, y vuelve a inclinar la cabeza. Dios, no voy a poder controlarme si vuelve a hacerlo.

- ¡Harry, no!

Es entonces cuando me despierto.

Estoy completa y asquerosamente empapado de sudor y me lleva un par de minutos enfocar la mirada, advirtiendo que estoy en mi cama, en mi dormitorio, y que todo está a oscuras. Me cuesta respirar y parece que acabo de correr la maratón. Mery, que duerme a mi lado, ni se inmuta de mi repentino movimiento, sólo arruga la nariz y se da la vuelta. Dios mío, ¿qué mierdas acaba de ocurrir? Me paso una mano por la frente y la miro, cubierta de esa humedad que ha desprendido mi piel. Pero sudar no es lo que más me preocupa.

Me incorporo y me siento en la cama, respirando hondo y devanándome los sesos, poniéndome excusas. ¿Acabo de...? ¿En la piscina...? ¿Con el americano...? ¿De verdad...? Dios, siento tanta vergüenza que no me atrevo ni a mirarme mi propia entrepierna, a pesar de que ésta prácticamente me salude, me baile la jota y me hable en japonés. ¿Con el americano...? ¿En serio...? ¿Y yo qué hago toda la noche con la tienda de campaña montada?

Joder.

Harry

No hay nada mejor que un largo y reparador sueño para empezar bien el día.

Puedo oír a lo lejos el sonido del grifo de la ducha, y Kath no está en la cama, así que supongo que se me ha adelantado. No sé qué tenemos planeado para hoy, pero si no recuerdo mal, le apetecía jugar al paddle. Creo que tanto servicio de habitaciones y tanto lujo se le está subiendo a la cabeza y ya se cree una señorita inglesa o algo por el estilo.

- Tu turno- me dice, secándose el pelo caóticamente con una toalla. Me desperezo con sonoridad y deposito un beso en su mejilla al pasar por su lado; no hay cosa que más odie que besar o ser besado con el aliento mañanero.

Cuando ambos estamos aseados, bajamos al buffet libre del hotel a desayunar y me resulta extraño encontrarle prácticamente lleno. Hay varias parejas sentadas en las mesas más cercanas a los ventanales, gente que no he visto en todo el tiempo que llevamos aquí, y otro par de personas se sirve sus desayunos. No veo a los ingleses por ningún lado.

- Siempre he pensado- dice Kath, mirando toda la comida- que en estos sitios se exceden. Mira cuanta comida, ¿cuánta crees que tirarán? ¿La mitad? ¿Tres cuartas partes? La culpa del hambre en África la tenemos los occidentales.

- ¿Por qué no agradeces que tenemos comida y te olvidas de todos esos formalismos?- lo acompaño de una sonrisa un tanto forzada mientras busco a la gamba de Danny con la mirada. ¿Dónde se ha metido? Ayer no le vi en todo el día. ¿Acaso se han ido ya? ¿No decían que iban a estar dos semanas aquí, igual que nosotros?

- Qué humos- me dice, haciendo un puchero. Y entonces les veo aparecer por el salón. No se toman de la mano, y Mery parece hablar por los codos cosas que Danny no parece estar escuchando.

- Va, tú busca una mesa. Ya llevo yo el desayuno.

Obedece y la sigo con la mirada, viendo cómo se adueña de una de las pocas mesas libres que quedan y me da la espalda para mirar el mar. Los ingleses se acercan a mí y Mery sonríe. Le brilla mucho la piel, tiene cara de haber pasado una buena noche.

- Kath ha cogido mesa- le digo. ¿Es muy evidente que quiero deshacerme de ella?- Por si quieres esperarnos allí. Nosotros llevamos la comida.

- Oh, sí. Muchas gracias, Harry- sonríe de nuevo y se aleja con esos andares de gallo desplumado tan repipi que tiene. De verdad, no sé cómo Danny pudo llegar a casarse con ella.

Hablando de Danny, aprovecho para mirarle porque no me ha dirigido una sola palabra, y veo que trata de ignorarme. Y digo trata porque me mira de reojo y parece muy nervioso. Le busco la cara y veo, con una sonrisita adueñándose de mis labios, que tiene unas orejas de aúpa.

- ¿Una mala noche?- le pico. Entendiendo mala como... ajetreada.

- Más de lo que podrías imaginar- murmura, preparando dos cafés y algo de bollería.

- ¿Ah, sí? ¿Una pesadilla?

- Y bastante vívida.

- No me digas que crees en eso de Freddie y los micro sueños- veo cómo esboza una mueca y yo me echo a reír. - Es una buena película.

- He soñado contigo- escupe. Guau, ¿ha soñado que yo era Freddie o...? Busco de nuevo su mirada y veo cómo hace esfuerzos por apartar la suya de la mía. Y se le cae la cucharada de azúcar de camino a la taza y pone el mantel perdido de granitos blancos. Y, oh, se ha puesto colorado.

- Vaya... ¿Un sueño erótico?- pregunto, sin reprimir una risita y apoyándome sobre la mesa para mirarle a la cara. Esto puede ser muy divertido.

Se le cae la tercera cucharada y maldice como un adolescente. Le suda la frente y le tiembla el pulso, y su nuez sube y baja a un ritmo más rápido del normal. Oh dios mío.

- ¿Has tenido un sueño erótico conmigo?- me acerco a él, creo que demasiado, y le hablo en susurros. Se mordisquea el labio, y termina por suspirar y volver sus ojos hacia mí.

- Sí.

Esto... Uh. Esto es extraño. Quiero decir, hay sueños y sueños... Hay... grados de intensidad, y por el color de sus mejillas puedo afirmar que se avergüenza de ello.

- Cuéntamelo- le pido.

- ¡¿QUÉ?!- qué voz tan aguda, por Dios.

- Cuéntamelo, ningún tío ha tenido un sueño erótico antes conmigo, que yo sepa. Aunque hay un cliente del gimnasio que siempre me mira demasiado...

- ¿Te crees muy gracioso, verdad?- entorna los ojos y yo no puedo evitar soltar una carcajada. Parece un tomatito. Toma su bandeja y se aleja de mí en dirección a la mesa, enfurruñado y sin responderme. Ya me las apañaré para que lo haga.


Su seguís vivas quiero saber qué os ha parecido *-*

Y si queréis que os avise cuando suba cap, decídmelo por tuitah. Soy Gemma_noworries :))