Pa' chasco y subo el lunes, lol. Se suponía que yo tenía que haber subido ayer, pero estuve ocupada y bla bla bla. So sorry. Este cap es un poco más Junes, if u know what i mean... Y creo que no tengo nada más que decir, así que... Hope you like it :))


Capítulo 12.

Danny

A la mañana siguiente amanece semi nublado. Es algo raro que en un paraíso terrenal como esta isla el astro rey no te sonría desde lo alto y, como si tuviera una explicación lógica, pienso que es un símil con mis sentimientos. Lúgubres, apagados. Lo único que puedo pensar al salir de la habitación para bajar a desayunar es que ojalá pudiera haberme quedado en la cama para no enfrentarme al mundo, como si volviera a tener quince años y rehuyera asistir al instituto, temeroso de que los mismos de siempre volvieran a pegarme una paliza.

Cuando volví al dormitorio anoche, Mery ya estaba dormida, lo cual agradecí. Había insistido en bajar conmigo a la playa hasta que le dije que necesitaba un momento para mí sólo, para pasear y pensar en todo y nada. La conversación con Harry no me hizo mucho bien esa noche; cuando le dejé en la playa solo sentí que se me encogía el estómago, y no pude evitar llorar de pura impotencia al llegar al cuarto, resguardándome en el balcón, allí donde Mery no podía oírme. Estaba teniendo una crisis, pero no de identidad sexual. Sabía que seguía siendo hetero, y sabía que Harry también lo seguía siendo, pero me sentía atraído por él. Es un tema delicado. Es como si sólo me gustara él, y pensando en los demás hombres del modo en que pienso en Harry, no siento nada. Supongo que es eso lo que llaman "tu alma gemela". Lástima que mi alma gemela cayera en el cuerpo equivocado.

Mery y yo desayunamos en un incómodo silencio. Sé que es consciente de que algo que me ocurre, pero agradezco que no pregunte. Igual ha aprendido a entender que los hombres también tenemos nuestros días tontos, y ella se limita a ignorarme. Es por eso que termina de desayunar cuando yo apenas he tocado mi macedonia y el café frío sigue intacto sobre la mesa.

- Voy a ir bajando a la playa- me dice, acariciándome el brazo con cariño.- Cuando termines, te me unes, ¿va?

- De acuerdo- deposita un beso en mi mejilla y pasa su mano por entre mi pelo, en un gesto nostálgico. Temo que me vaya a decir "te quiero", pero se aleja de mí sin hacerlo. No habría sabido cómo corresponderla.

Veo su figura alejarse de nuestra mesa y desaparecer por la puerta del salón, y también me siento mal por ella. No quiero hacerla daño, por muy frívola e interesada que parezca, sé que me quiere más de lo que merezco, y que tiene tantas ideas preconcebidas sobre el amor que ve en mí su príncipe de cuento de hadas. No quiero que por mi culpa se convierta en una persona despechada, que me odie o simplemente, hacerla infeliz. No se lo merece.

Pincho un trozo de melocotón con el tenedor y me lo meto en la boca masticándolo sin prestarle atención, como si fuera un plato de acelgas del día anterior que tu madre guarda hasta que te lo comas entero. Divago y discuto conmigo mismo hasta que unos tacones resuenan contra el silencio del salón, llamando mi atención hacia la puerta de entrada y viendo que se trata de los americanos. Kath parece feliz, ella siempre parece feliz, y su mano se entrelaza a la de Harry haciéndome desear ser ella. La envidio porque tiene lo que yo quiero, qué infantil. Harry levanta la mirada de las brillantes baldosas del suelo y parece buscar algo entre las mesas, hasta que se topa conmigo. Él no parece feliz, tiene unas pronunciadas ojeras que puedo ver desde aquí enturbiando la electricidad de sus ojos azules, y tiene pinta de no haber pasado muy buena noche.

- Ya somos dos, Haz- digo mentalmente, centrándome en mi macedonia y dejándole que siga con su vida.

Cuando estoy a punto de levantarme de mi mesa, casi un cuarto de hora después (yo tengo mis ritmos para comer, ¿vale?), la silla de mi lado derecho se arrastra por el suelo y alguien se sienta en ella. Igual que la noche anterior en la playa, sé quién es antes de mirarle. Atrapa entre sus manos el servilletero y empieza a darle vueltas, reflejando los rayos del sol que se esfuerza por salir por todos lados, como un espejo.

- ¿Qué tal has dormido?- pregunta, rompiendo el hielo.

- Mal- digo sinceramente.- Muy mal.

- Yo también.

- Me he despertado por lo menos dos veces de madrugada.

- Y yo. A las cinco de la mañana a punto estuve de llamar a la puerta de tu cuarto- le miro y veo cierto rubor en sus mejillas. No puedo evitar que se me ablande un poco el corazón.

- Gracias por no hacerlo. A las cinco estaba dormido.

- Soy muy oportuno.

- Sí.

Sonrío muy incómodo y él hace lo propio. Suelta el servilletero y entrelaza las manos, su nuez subiendo y bajando nerviosa, sus ojos inquietos mirándolo todo sin recalar en nada. Me hace gracia verle tan nervioso, solía ser yo el que temblaba a su lado, y no al revés.

- Había preparado un discurso para ti, totalmente estructurado y ordenado por nivel de gravedad, pero te he visto al entrar y se me ha olvidado por completo.

- Puedes hacerme un resumen- le invito. Esta situación es extraña, tengo ganas de reír y llorar al mismo tiempo.

- El resumen seguiría siendo demasiado largo...-suspira y a mí me entran los siete males. No sé qué cojones tiene que decirme.- No debiste confesarme lo que me confesaste anoche. Todo sería más fácil si simplemente me hubieras dicho que soy un maricón de mierda y que eres demasiado hombre para estos berenjenales. Habría sido más fácil aceptar que simplemente no te intereso, a saber que no puedo estar contigo.

- ¿Puedo retroceder en el tiempo?

- No, no puedes, y eso es lo más jodido de todo, Dan. Porque no quiero hacerte daño, no empecé todo esto como un juego. Yo simplemente quería que vieras que en la vida también hay cosas que merecen la pena, desprenderte un poco de esa negatividad tuya... Y he terminado sin saber lo que hago. Que ya no te miro a los ojos y veo al inglesito que no sabe echarse la crema por la espalda. Veo a alguien que se irá en una semana y no podré hacer nada por retenerle.

Bienvenido a mi mundo, Harry. No puedo decir que esté satisfecho con esta situación, pero es reconfortante hasta cierto punto saber que se siente igual que yo.

- Y al mismo tiempo pienso en Kath, y en todo lo que me espera a su lado, y me ilusiona, pero luego pienso en lo que me perderé de vivir contigo y...- suspira.- Estoy echo un puto lío.

Alza la mirada de sus manos y la posa en mis ojos. Parece un ternerito, da tanta ternura que lo único que necesito ahora es poder abrazarle, pero no puedo olvidarme de dónde estamos y de quieres somos, por más que quiera. Sé que lo necesita, me lo está pidiendo a gritos con sólo mirarme, así que todo lo que hago para que su mirada no duela tanto, es apartar la mía y posarla sobre el mantel azul celeste de la mesa, que no guarda ningún misterio.

Supongo que después de esto, me toca hablar a mí, no puedo simplemente levantarme y volver a dejarle sólo como la noche anterior, y bien pensado, tampoco quiero eso. Prefiero que todo se acabe aquí, en esta misma mesa, y poder pasar estos últimos días con mi mujer, como habré de pasar el resto de mi vida.

Así que suspiro, y alzo los ojos de la mesa, haciendo puñetas con los pulgares para desprenderme de la tensión de alguna manera.

- Bueno, supongo que gracias por eso de intentar hacerme ver las cosas menos negras, no sé si lo has llegado a conseguir, pero has hecho mucho más que personas que me conocen de toda la vida. Yo venía aquí con mi mujer con las maletas llenas de cosas que no necesitamos, dispuesto a pasar dos semanas tranquilas, regresar a Londres, y tratar de acostumbrarme a mi nueva vida. Sabía que iba a ser difícil, pero lo has hecho mucho peor- parece como si quisiera hacerle sentir mal, ¿verdad? En cierto modo es así, es culpa suya. Si me hubiera dejado pedir el taxi a mí solo, con mi francés de parvulario, si no hubiéramos compartido el coche, si no nos alojásemos en el mismo hotel... ¿Puede ser que estuviéramos destinados a encontrarnos? ¿Que todo eso fue una sucesión de hechos aparentemente fortuitos pero perfectamente diseñados por una inteligencia superior para que él irrumpiera en mi vida y yo en la suya?- No sé, has llegado de repente. No sé nada de ti, salvo que te gusta el fútbol y The Beatles. Sólo sé que te he concedido el poder de destruirme, y nunca me había sentido así con nadie.

- No voy a destruirte- susurra, bajito y en privado, con la voz tomada por una congoja palpable.

- Claro que vas a destruirme, Harry. Aunque nuestras lunas de miel terminasen hoy, ya me estarías destruyendo. Por primera vez en mi vida hay alguien que de verdad piensa que merezco la pena y estabas consiguiendo que yo también me lo creyera, y aunque no quiera, te necesito- observo cómo baja la mirada. Sé que no debería haber dicho eso, pero ¿ya qué más da?- A pesar de todo, fue un placer conocerte.

Le miro un instante más a los ojos, que parecen ser más grandes y más tristes, como en las películas de dibujos, para manipular mis sentimientos, y me levanto de la mesa. Ya he terminado de desayunar y no tiene sentido que siga aquí cuando mi mujer me está esperando en la playa. Recojo mi bandeja y la llevo a la mesa de los desperdicios, caminando hacia la puerta con la mirada de Harry clavada en la nuca.

Harry

Y es la segunda vez que me lo hace. Irse dejándome con la palabra en la boca. Aunque bueno, no sé qué habría añadido en esta ocasión, porque tiene razón. No es mi intención destruirle, nadie destruye aquello que ama, pero tiene razón. Nada va a salir bien si seguimos por este camino, así que es mejor buscar una ruta alternativa, y al parecer, él ha decidido que la vía de la ignorancia es lo mejor para los dos. ¿A quién quiero engañar? Odio que haya decidido por los dos, odio que se haya despedido de mí y odio saber que vamos a seguir aquí otros seis días y voy a tener que fingir que no existe. Y por si fuera poco, Kath y Mery siguen siendo "íntimas". Seguro que aún tienen planes que hacer para aprovechar un poco su efímera amistad, dando por hecho que Danny y yo querremos hacer lo mismo. Y claro que quiero, yo por lo menos, pero no me sirve de nada verle un par de horas si luego va a terminar acostándose con su mujer.

Recojo yo también mi desayuno y salgo del salón. Subo al dormitorio de nuevo y encuentro a Kath rebuscando entre las maletas, de las que termina por sacar un sombrerito de paja y un vestido corto (cortísimo) violeta.

- ¿No íbamos a la playa?- pregunto al ver que no coge el bikini.

- Hemos cambiado de opinión.

- ¿Hemos quienes? Porque a mí no me has dicho nada.

- Mery y yo. Es que nos acabamos de enterar que en una isla a hora y media de aquí, se rodó una escena de Mamma mía. No podemos irnos de aquí sin visitarla- se acerca a mí dando saltitos como si fuera un conejo, y me llena la cara de besos, pero no cedo. Estoy enfadado. Seguro que ahora me dice que salga con el inglesito.- Puedes ir con Danny a la playa.

- ¡Joder con Danny, Katherine!- la aparto de mí y veo que me mira con los ojos muy, muy abiertos. Cuando la llamo por su nombre de pila es que estoy realmente enfadado, y lo sabe.- ¡Que yo he venido de luna de miel contigo, no con Danny, y quiero hacer cosas contigo! ¡Y en cambio tú te vas con Mery que si de compras, que si a ver tal pueblo, que si tal, que si cual! ¡Seguro que tienes más fotos con ella que conmigo!

Y para reafirmar mi enfado, doy una patada a la maleta, que se cae de la silla y las prendas de ropa quedan desperdigadas por todo el suelo, separándonos a Kath y a mí.

- Pensaba que te gustaba pasar tiempo con Danny...- dice con voz cautelosa.

- ¡Y me gusta!- ahí está el problema. En que me gusta. En que ojalá no hubiera venido aquí contigo sino con él.- Pero no quiero tener ochenta años, pensar en nuestra luna de miel y que el primer recuerdo que se me venga a mi Alzheimica memoria, sean las pecas de Danny.

- ¿Quieres venir con nosotras a ver el pueblo?- salta la ropa y se pega a mí. Tengo suerte de que no sea una mujer alterable, sino, ya me habría mandado a tomar un poquito el aire. Me abraza por la cadera y me sonríe, intentando ganarme.- Pero te vas a aburrir seguro, es... ¿Cómo dirías tú? Demasiado femenino para ti.

- ¿Cuánto vais a tardar?

- Hemos planeado estar toda la mañana. Después de la comida ya estaremos aquí- me dedica esa mirada de "papá, ¿puedo ir a esa excursión?", y termino rechistando y negando con la cabeza. Que haga lo que quiera, ya veré yo cómo me las apaño toda la mañana.- No te preocupes que os hemos buscado una actividad alternativa.

- ¿Hemos?

- A Danny y a ti. Mery dice que Danny es un apasionado de la vela y justo hoy hay una regata a las afueras, cerca del puerto.

- ¿Vela?- pregunto incrédulo. ¿A esas cosas no hay que ir con bermudas de Tommy y polos de Lacoste, verdad? ¿La pijería será contagiosa?

- Ya verás como te diviertes.- y para terminar de convencerme, dice:- se puede apostar. A ver si eres capaz de poner tus preciosos ojitos en el barco ganador.

Me besa la mejilla y me insta a recoger lo que he tirado de la maleta antes de irnos. Son las once y media y la regata empieza a las doce, apenas si tenemos tiempo para llegar y apostar. Ella termina de vestirse, coge su bolso, y salimos del dormitorio juntos. En recepción nos esperan los ingleses, Mery cargada con una cámara semiprofesional y una sonrisa ilusionada en el rostro, y Danny a su lado, con las gafas de sol puestas (en la recepción, repito, y aquí no hay sol...). Tiene gesto contrariado y no trata de ocultarlo, como un chiquillo con una pataleta. Caminamos hasta ellos y enseguida ellas dos se enredan en una conversación, mirando los planos del pueblo vecino y más bla bla bla que no me interesa. Yo me junto con Danny, sin saludarle ni decirle absolutamente nada, y nos despedimos de nuestras mujeres en la puerta del hotel, ya que nuestros caminos se bifurcan.

- ¿Sabes dónde está el puerto?- pregunta, mirando él también un mapa.

- ¿No sabes leer planos?

- Si es que está en francés, no sé ni dónde coño estoy- le quito el mapa de las manos y me lo acerco a los ojos, señalándole con el dedo índice el hotel y ubicando poco después el puerto. No estamos muy lejos.

- Qué harías sin mí- me jacto, pensando en siete días atrás cuando consiguió el taxi gracias a mí.

- Vivir más tranquilo.

- Y más aburrido.

- ¿No me voy a librar nunca de ti?- le miro y opto por reírme. No quiero que volvamos a las mismas conversaciones de esta mañana y ayer por la noche, mi corazón no está hecho para soportar dramas, no quiero complicarme la vida.

- Me adoras.

Y echo a andar en dirección al puerto.

Al llegar, tras perdernos dos veces y dar dos vueltas a la misma casa dos veces (culpa suya, que encima quería darme clases de francés a mí diciéndome que estaba leyendo el mapa al revés), vemos que no es un acontecimiento tan pequeño como yo pensaba. Hay mucha gente, y cuando digo mucha, me refiero a que en ese pueblo no hay tantos habitantes. El número de espectadores dobla prácticamente la población de todo el pueblo. Busco con la mirada la caseta de las apuestas, y le hinco el codo a Jones en las costillas cuando este estaba determinado a ir a buscar un buen sitio donde poder ver la regata.

- Tsé, yo voy a apostar- le digo.

- Pero si no tienes ni idea de cómo va esto.

- Ni tú de cómo se juega al tenis y lo intentaste de todas maneras- le arrastro conmigo a la caseta y me entretengo un rato mirando las pantallas que te presentan los barcos como si fueran pura sangres en un hipódromo. - ¿Tú no apuestas?

- Después de ti, va a ser gracioso verte perder dinero.

Le alzo una ceja, mi espíritu competitivo retorciéndose herido en mi interior, y me acerco al tío que hay detrás del mostrador, tendiéndole veinte dólares y apostando al barco que mejor espina me daba, construido a principios de este año y con pocas regatas a sus espaldas. Según se le ve, parece nuevecísimo y tiene unas velas enormes, y hoy hace aire, seguro que va más rápido.

Danny me sigue y apuesta cuarenta (cuarenta pavos, ojo, es un pastón teniendo en cuenta que va a perder), a otro barco distinto al mío y que no tiene tan buen aspecto. Este inglés parece idiota.

- Eres un temerario- le digo con una risita suficiente.- ¿Cuarenta pavos?

- Bueno, las apuestas están a 2,5 a 1. Si gano me llevaré... unos cien dólares, ¿no?- y te le ves contando con los dedos como si estuviera en primaria. Qué niño es a veces...

- El que pierda paga la comida- extiendo la mano y él acepta el trato con orgullo. Se va a cagar.

Nos dejamos de peleas de orgullos masculinos y nos introducimos casi a empujones entre la gente, que parece haberse congregado allí porque no hay nada más interesante en el pueblo y no deja de cotorrear como loros, así que mucha atención no le están prestando a la regata. Conseguimos en unos cinco minutos, situarnos en primera fila, que no es otra que la barandilla del puerto. ¿Y si cede por los empujones de la gente y nos vamos al agua?

- Que no estás en un concierto de Springsteen- me dice Jones, viéndome aferrando a la barandilla de metal.- La gente no se va a matar por quitarte el sitio.

Se ríe pero le ignoro. Ja Ja. Dejemos en ridículo a Harry, que es muy divertido. Ya verás cuando le tocara a él pagar la comida, ya. Quien ríe el último...

- ¡PUM!- el disparo nos indica que empieza la regata. Yo empiezo a gritarle a mi barco, como si fuera un corral de gallinas, y a aplaudirle y similares hasta que me doy cuenta de que nadie más lo está haciendo y que yo estoy haciendo el ridículo. Estirados todos. Danny me agarra del brazo y me obliga a bajar los humos, muerto de la vergüenza.

- Esto no es el fútbol, Harry, por Dios.

- No sabéis divertiros.

Dejo que pasen un par de minutos, con mis cinco sentidos en mi barco, al que distingo más que nada porque va el último (lo cuál debe ser una estrategia, cuando se acerque la meta seguro que aprieta el turbo y yo saldré de allí con cincuenta dólares y una comida pagada), y me empiezo a aburrir como una ostra. ¿Las ostras se aburren? Ahora sí. Allí todo el mundo habla gesticulando mucho y sujetando sus copas de cava con dos dedos, retirándose el pelo con aspavientos ridículos y mostrando sonrisitas falsas. Danny parece muy concentrado porque su barco es el que va a la cabeza y no le quita ojo de encima. Se pasa la lengua por los labios, en un gesto ansioso, y abre mucho sus orbes azules, de las que me doy cuenta lo redondas y brillantes que son. Tiene unos ojos preciosos.

Justo en ese momento, gira la cabeza y me pilla observándole, y yo aparto mi mirada, avergonzado.

- Vete preparando para pagar esa comida, Juddy- me tira un pellizco de la mejilla y yo le aparto la mano de un brusco manotazo.

- Todavía queda mucho.

- Esto está decidido.

Suelta una risa estridente y sigue a lo suyo. La gente se aprieta un poco más contra la primera fila y inevitablemente mi cuerpo se pega al suyo, brazo contra brazo entrando en contacto, pero él parece ignorarlo, sin quitarle ojo al barquito. Yo estoy convencido de que la barandilla va a ceder de un momento a otro y vamos a morir todos ahogados, en plan... tragedia en una discoteca, o tapón en un macroconcierto. Y a mí siempre me ha aterrado la idea de morir ahogado. Cuando te sacan del agua estás morado y eso luego queda muy mal en las fotos. ¿Os imagináis lo terrible que tiene que ser sentir que poco a poco vas hundiéndote y tus pulmones se llenan de agua en vez de aire? Dios nos coja confesados. ¡Y encima mi barco sigue perdiendo!

Durante ese minuto de apretujamiento masivo que hemos sufrido (por culpa de la llegada de los periodistas que van a cubrir la regata y que valiéndose de su cartelito de "prensa", se han colado a empujones) no me he dado cuenta de que mi mano se ha entrelazado a la de Danny. Debe haber sido un acto reflejo al tenerle tan cerca, al tener su brazo apretado contra el mío y nuestros dorsos rozándose, no lo sé. Estaba muy ocupado pensando en no ahogarme, pero ahora que soy consciente de ello, dirijo mi mirada hacia nuestras manos y las veo, como si así me reafirmara a mí mismo que esto es real, y lo que veo me parece tan perfecto que ni siquiera me planteo soltarle.

Alzo la vista y veo que me está mirando, con los ojos un poco más abiertos de lo normal, pero no expresa miedo ni susto, sino sorpresa. Permanezco mirándole un par de segundos y no sé qué añadir, ni qué hacer, pero veo cómo un rubor le sube a las mejillas y le calienta las orejas y no puedo evitar esbozar una sonrisa. Por primera vez, no es una sonrisa arrogante, y lo sabe, por eso él esboza otra y recoloca sus dedos entre los míos, encajándolos mejor y haciendo el agarre más férreo.

Y ahora sí. Ahora me da igual que esto esté lleno de gente, me da igual que nos queden seis días aquí y que cuando lo haga me vaya a arrepentir. Porque ya no puedo contenerlo más, no puedo aguantar esa mirada y seguir observando la regata como si esto no estuviera pasando.

Y le beso. Tengo que inclinar un poco la cabeza y torcer el cuello, y cierro los ojos un instante antes de que mis labios colisionen con los suyos. No, no colisionan, los rozan. No quiero ser brusco, no quiero que piense que lo hago por simple deseo sexual, no quiero que sienta que le quiero arrancar la ropa aquí en medio. Quiero que vea que le quiero, que lo que le dije ayer en la playa es verdad, que haría lo que fuera por verle feliz. Así que por eso me limito a rozar sus labios, tomando su rostro con la mano libre y sintiendo como si la brisa marina me soplase el corazón, librándole de ansiedades y angustias.

Y podrá ser el beso más superficial que he dado nunca, pero es el mejor de toda mi vida.


Gñé, me encanta Harry, jo. ¡Feliz lunes!