¡Saludos! Estoy de vuelta, y esta vez, espero que frecuentemente…
Una vez revelado el tan complicado y para nada obvio misterio de la identidad de Akira, quisiera empezar el capítulo con un pequeño tributo a Gin. Es uno de mis personajes favoritos de Bleach, por más desaparecido/muerto que esté.
Gracias a aquellos que siguen aquí, y espero que disfruten el capítulo :)
Cap 11: Antes de la tormenta.
El pasado de Gin Ichimaru no era ni más espectacular ni más especial que cualquiera del de los otros habitantes que llegaban al Rukongai al acabar sus vidas en el mundo real. Habiendo llegado a los distritos más pobres, no era novedad que las personas se rebajaran a sus instintos más bajos para poder sobrevivir. Las luchas y las muertes eran el panorama habitual, por lo que uno se veía forzado a adquirir habilidades para evitar ser devorado. Era matar o morir.
Pero había personas, como él, que tenían algo que los hacía particulares, y los ponía, la mayoría del tiempo, un paso arriba en la carrera de la supervivencia: reiatsu, y uno poderoso además.
A veces era suficiente elevarlo para ser evitado, ya que ante el poder latente los demás huían. En otras ocasiones no podía librarse de las batallas, pero aún así, sus probabilidades de victoria eran más grandes. Gin, solo y sin nada qué ganar o qué perder, había aprendido a caminar por ese sendero de poder y soledad, para cumplir el único objetivo de seguir vivo.
Pero todo tomó un curso distinto cuando encontró en ese camino desolado a aquella niña que sólo Dios sabe que le habrían hecho los que se autoproclamaban la autoridad de la sociedad de almas, los shinigamis.
Recordaba esos días como algo mucho más cercano de lo que en realidad eran. Sobre cómo había cuidado de Rangiku cuando estuvo a punto de morir de hambre. Cómo, unidos por la escasez, habían estado juntos desde entonces, logrando formar una familia, obteniendo ambos a alguien en quien confiar.
Después de una vida de guerra y sangre, Gin había encontrado a alguien tan valioso para él como el aire que respiraba.
Pero, por más que no lo quisiera, su pasado seguía anclado a él. Las personas lo seguían buscando para pelear, ya fuera por venganza o por el mero placer de una lucha a muerte. Y Gin no quería que Rangiku se viera involucrada en semejantes situaciones. Por ello, inevitablemente y desde el primer momento, creó una barrera entre ellos, para evitarle un sufrimiento igual al que experimentó el día en que se conocieron. Y tanto a ella como a él le dolía esa separación voluntaria.
Y lo peor de todo: A la vez que aumentaban sus sentimientos hacía Rangiku, su odio hacia esos shinigamis aumentaba aún más. Así que, un día de invierno, vencido por su propio rencor, decidió que acabaría con el hombre que hacía lo que quería con la gente a su alrededor, y que había dejado que aquellos hombres lastimaran a Rangiku. Por ella, aunque ella no lo viera así, abandonó esa casa entre la nieve con rumbo al Rukongai. Por ella, se acercó lo más que pudo a Sousuke Aizen, convirtiéndose en su mano derecha, y traicionando a la sociedad que le había dado la espalda y dejaba que su gente se muriera de hambre y se matara entre sí. Para poder llegar a lo más cerca de él y lograr su venganza.
Sin embargo, y a pesar de todo, su poder no fue suficiente, y nublado por su odio, se llevó a sí mismo a la muerte, con un brazo extendido a la persona que más odiaba, y la vista fija en aquella persona que más quería.
Orihime se quedó quieta frente al armario sin poder decir nada, mientras intentaba, en vano, procesar la presencia frente a ella.
Tuvo que pasar cerca de un minuto antes de asimilar por fin que Ichimaru era el alma modificada. De eso no había ninguna duda. Cuando su cerebro logró arrancar, comenzó a recordar lo que había pasado en esos días, en lo momentos en los que él estuvo usando el cuerpo de Ulquiorra: sus actitudes, su forma de hablar, su renuencia a dar su nombre –que cuando lo hizo en serio pensó que lo había hecho porque daba risa o algo así – la forma en que sonreía, cómo le caía mal a Ulquiorra e incluso… no. Sobre todo la forma en la que se comportaba alrededor de Rangiku…
Sintió la necesidad de darse un golpe a ella misma por no darse cuenta desde antes que era él, porque había sido demasiado obvio desde el primer día.
–Hola… creo. – Orihime se acercó un poco e hizo una mueca, tomándose algo de tiempo para mirar al tipo que tenía en frente y asegurarse de que sí era real. Enseguida, unos ojos azules, fríos y apenas abiertos, le devolvieron la mirada. No cambió su impresión de cuando lo vio por primera vez, cuando sintió que la estaba mirando un zorro al pendiente de sus movimientos. Aunque, a diferencia de antes, sintió que esos ojos no tenían ocultas segundas intenciones… al menos no malvadas.
–Ya no… das tanto miedo –fue lo único que pudo añadir después de la inspección.
Ichimaru rió.
–Supongo que fue impresionante verme –añadió irónicamente, poniendo una pose avergonzada–. Después de todo, la última vez que nos vimos las caras estaba a punto de morir… Y te agradezco que mucho el que me hayas salvado, claro – Gin le dedicó una leve reverencia y luego sonrió maliciosamente–. Aunque me alegra que no me hayas recibido como lo hiciste con Ulquiorra.
El aludido, que no había hecho nada más desde que empezó el encuentro, dejó que sus cejas se fruncieran lo suficiente para mostrar su molestia, se fue a la cocina y empezó a sacar cosas del refrigerador. Orihime lo siguió con la mirada antes de regresar su atención a Gin, que volvió a reír.
–Y… ¿Puedo preguntar cómo terminaste así?
–Creo que sí… Pero creo que es mejor que cenemos primero. No es una historia larga, pero no creo aguantar el hambre. Y tú has de estar hambrienta también.
Orihime asintió y ambos se dirigieron a la cocina. Prepararon la cena y la comieron en silencio, pues Gin no parecía querer hablar y a Ulquiorra no mostraba expresión alguna.
Luego de que acabaron, y de que Gin ya no tuvo excusas para evitar la mirada de Orihime, se puso cómodo en su asiento e inició la conversación.
–Veamos… Nos despedimos justo después de que me curaste, ¿cierto?
Orihime asintió despacio.
–La historia de ahí es sencilla. Estuve vagando por unos días a las afueras del Rukongai, y acabé de recuperarme gracias a la ayuda de unas amables personas de los distritos del norte, donde la delincuencia es moderada y la vigilancia poca. Había más agitación por la guerra y además, justo del otro lado, en el sur, corría la voz de que un montón de almas sin guía de shinigamis habían aparecido así, de repente.
Orihime miró a Ulquiorra, el cual asintió levemente. Seguramente había sido su propia aparición.
–… pero sabía que no me podía quedar mucho tiempo, ya que tarde o temprano alguien reconocería mi reiatsu y terminaría en la cárcel, o muerto. Yo por supuesto, no quería ni una ni otra cosa, así que aproveché que un día un shinigami se equivocó de lugar y llegó del mundo real al Rukongai. Eso sucede a menudo entre los nuevos reclutas. A mí me pasó un par de veces… – Gin se quedó un momento vagando en cualquier cosa que estuviera pensando. Y luego de dar una sacudida de cabeza, continuó.
–Y bueno, llegué por suerte a un lugar cerca de Tokio, así que me dirigí a Karakura… Como no tenía a nadie más con quién acudir, fui con Kisuke Urahara a solicitarle su ayuda.
Orihime se atragantó con su té y la imagen sonriente de Urahara, sonriendo mientras se abanicaba coquetamente, dio vueltas en su cabeza como si se estuviera burlando de ella. Se calmó un poco cuando Ulquiorra le dio unas frías palmadas en la espalda, a lo que agradeció evasivamente.
–Entonces… ¿quieres decir que todos estos años has estado aquí en Karakura?
Gin balanceó la cabeza, indeciso.
–Algo así. Cuando fui a su tienda pidiéndole que me escondiera, puesto que Karakura estaba en observación por la guerra de invierno, me dijo que al menos que me hiciera un alma humana común y corriente no podía andar a mis anchas por ahí. Y venga, que no quería perder mis poderes. Así que la única opción que me quedó, fue que me empaquetara en un dulce del alma y me hiciera pasar por un alma modificada. Sólo me dejaba poseer peluches, ya que desde ese día ustedes –dijo reprochándole con la mirada a Ulquiorra– no volvieron a poner un pie aquí. Una vez de dejaron usar el cuerpo de Jinta… pero eso no resultó muy bien que digamos. Por lo que me quedé olvidado en el almacén por cerca de 3 años, luego de que se les olvidara volverme a poner en algo en qué moverme.
La chica se quedó pensando un momento, procesando la información, antes de poder preguntar cualquier cosa.
–Y hace un par de semanas, cuando ellos llegaron y te entregaron para que usaras el cuerpo de Ulquiorra, ¿él les dijo que tú eras tú?
–No recuerdo que en algún momento les haya mencionado mi identidad.
Orihime se dirigió hacia Ulquiorra, mostrándose algo molesta.
–Pero tú ya lo sabías, ¿no?
–Me di cuenta desde el primer día que usó mi cuerpo; el tipo ni siquiera se esfuerza en ocultarlo. Si no fuera por mí, lo hubieran metido en el mismo hoyo que a Aizen desde hace mucho.
–¿Y qué hay de Rangiku?
Gin se encogió de hombros.
–Dudo mucho que lo ignore. Pero sigue actuando como si no lo supiera.
Orihime suspiró mientras se frotaba el puente de la nariz.
–Entonces, prácticamente todos menos yo…
–E Ichigo.
–Todos menos Kurosaki y yo sabían sobre ti. ¿Hay alguna razón por la que no nos hayan dicho a nosotros también?
Ambos hombres se miraron de reojo sin saber qué contestar. Ulquiorra parecía no querer decir nada, y a Gin parecía no importarle en absoluto. Al ver que no había respuesta, Orihime se levantó de la mesa con impaciencia.
–En realidad ya no tiene sentido quejarse, pues ahora ya lo sé. No tengo tiempo para esto. Mañana estamos de exámenes y necesito estudiar –guardó las sobras de comida en el refrigerador y recogió un par de platos, que enseguida comenzó a tallar con fuerza.
–Señorita Inoue, sabes que si nos dejaras, podrías usar lo que nos dio Urahara para adquirir todos los conocimientos…
A Orihime se le resbalaron al fregadero las cucharas que estaba lavando, salpicándose la playera de agua. Volteó a ver a Gin con los labios apretados.
–Gracias, pero hay gente que gusta hacer las cosas de manera honesta. Ahora, si no les molesta, les dejo lo que queda para limpiar.
Luego de decir eso se dirigió a la salida, pero en el camino se llevó una de las sillas de la mesa, tirándola al piso. Se regresó para recogerla, y al ver que los otros dos la habían seguido con la mirada, sorprendidos y a la vez intentando no reírse, se ruborizó.
–Hay otro futón en el armario del que saliste hace rato, por si lo necesitan. También pueden subir la calefacción del piso, que ya hace más frío. Buenas noches.
Y salió de la cocina.
Gin, después de escuchar la puerta de su habitación cerrarse, volteó hacia Ulquiorra. Él seguía con la vista fija en donde había desaparecido Orihime, con el ceño levemente fruncido debido a la confusión. Entonces, Gin se dio cuenta de que en sus pómulos, que de por sí eran algo claros, apenas y se alcanzaba a notar un ligero tono rojo.
Sorprendido, ya no pudo contenerse y comenzó a reír a carcajadas, antes de salir corriendo de la cocina tras ver la mirada asesina de Ulquiorra.
Dentro de su habitación, e ignorando el desastre de la cocina, Orihime se inclinó en el escritorio para examinar más a fondo el modelo anatómico del brazo que tenía frente a ella. Alternadamente, veía el enorme libro que tenía a un lado. Pero por más que intentaba, no podía evitar pensar en todo lo que acababa de pasar.
A pesar de ser considerada amiga de todos ellos, Orihime sabía que al no ser parte del Gotei 13, había ciertas cosas que ciertamente no le incumbían, y que sólo podía ayudar si se le era solicitado. Lo tuvo muy en mente durante los últimos años, cuando ninguno de sus amigos puso un pie en Karakura hasta que las cosas se salieron de control. Incluso en esa vez, los saludos terminaron siendo apresurados y no hubo tiempo de ponerse al corriente con nada.
Aún así ella había decidido seguir formando parte de todo y protegía la ciudad como parte de la misión que en la sociedad de almas le habían dejado a Kurosaki. Y sólo ahora que las cosas parecían salirse de control, ellos aparecían de nuevo, para involucrarlos. Pero a pesar de que los tomaban como parte de la "misión", Orihime aún sentía que algo no le cuadraba. De la misma forma que hace 6 años, le ocultaron cosas importantes que hasta cierto punto sentía que merecía saber, específicamente sobre esos dos que discutían a gritos en la cocina.
Suspiró con cansancio mientras anotaba apresuradamente nombres en una libreta. De pronto, se sintió con 15 años de nuevo, cuando se le negó participar en la guerra por su incapacidad para luchar –y en parte por el poder con tanto potencial que poseía–. Se recargó en la silla y se estiró antes de continuar.
–Después de todo, no es posible eliminar todas las inseguridades del pasado, ¿eh?
Mecánicamente, extendió su mano reflejando aquellos momentos tan extraños que compartió junto a Ulquiorra. Sus manos por fin se habían juntado, y hoy en día, que lo tenía enfrente, le había demostrado muchas veces su fuerza. Pero por un momento, su corazón se encogió dolorosamente al recordar toda la desesperación que había venido antes de todo lo que estaba viviendo ahora. Vino a su mente la imagen de Ulquiorra: invencible, aplastante, con la luz de la luna de Hueco Mundo oculta tras sus enormes alas negras. De pronto una pregunta se vino a su mente, tan nítida como una gota de sangre sobre la arena blanca.
¿Su poder actual ya era suficiente para vencer a aquel Ulquiorra?
Miró sus horquillas, vacías ahora que había dejado que sus hadas fueran a aprovechar la brisa de la noche. Gracias al cielo no tendría que volver a pasar por eso de nuevo, pero la duda quedó flotando en su cabeza.
La estridente risa de Gin –una que jamás había escuchado en él: tranquila y libre del peso de sus acciones– le llegó desde la sala. Orihime también se permitió sonreír por fin, y continuó estudiando sintiendo el viento que se colaba por la cortina.
A la mañana siguiente y, a su pesar, cargando con su resaca, Rangiku se dirigió al cuartel general para que le dieran instrucciones y se marchara de ahí mismo a Hueco Mundo. Toshiro se despidió de ella con un dolor de cabeza que sólo aumentaba su mal humor, volviéndose a ocultar de la luz en cuanto se separaron. Cuando llegó, Urahara la esperaba sonriente con una garganta abierta y lista para ser usada.
–En resumen, lo único que tienes que hacer es ir y hablar con Harribel sobre el constante aumento de hollows en el mundo humano, y pedirle, de ser posible, que nos apoye para que esta situación sea controlada. De ahí puedes regresar al mundo humano y esperarnos, ya que a los demás no les falta mucho para que se recobren por completo. Actualmente mantenemos una relación pacífica con los arrancares, pero aún así hay muchos hollows que no se llevan bien con los shinigamis. Así que ten cuidado.
Rangiku asintió y recibió de él una capa, para protegerse del árido clima del lugar a donde iba, y se despidió con una leve inclinación de cabeza para después adentrarse en el interior de la garganta. Estuvo corriendo un rato a través de esa especie de espacio vacío que separaba su mundo con el de los hollows, concentrada únicamente en seguir avanzando.
Llegó a Hueco Mundo con un sonido sordo producido por aterrizar suavemente sobre la arena del desierto. Al frente suyo, un par de kilómetros adelante, se erguía lo que años atrás había sido el palacio de Aizen. En esencia se conservaba igual, aunque era considerablemente más pequeño, y esto debido también a todas las luchas que se habían llevado a cabo en su interior y alrededores seis años atrás. La luna, eternamente menguante, se erigía en el cenit, y aún así no se sentía la ausencia de luz. El aire, cortante, la obligaba a mantenerse caminando para no quedar enterrada en medio de la tormenta de arena a la que le tocó llegar.
Caminó durante lo que a ella le parecieron horas –aunque en realidad no podía saberlo, ya que el tiempo no parecía pasar en ese lugar– antes de poder estar de pie sobre el estable suelo de la entrada, que curiosamente no llevaba signos de estar a merced de la arena. Se sacudió un poco y entró al castillo con toda la tranquilidad que le fue posible, sin dejar de mantenerse alerta. Mientras caminaba por los pasillos, creía que un arrancar le saltaría encima de la nada.
No tardó mucho en llegar a la puerta de lo que parecía ser la antigua "sala del trono" al fondo, la alta y larga silla, antes perteneciente a Aizen, estaba vacía, con signos de no ser usada. Los pilares a sus alrededores, sólo un poco más altos que la silla en sí, apartaban, silenciosos, la habitación del resto del castillo. Se estaba preguntando qué hacer a continuación, cuando escucho un par de pasos detrás de ella.
– ¿Señorita Shinigami? ¿Qué hace aquí?
Rangiku se volteó y se encontró con una arrancar de cabello verde. Portaba una especie de máscara de cráneo sobre la cabeza, y una singular marca de color rosado que atravesaba su rostro al nivel de la nariz. La miraba con una expresión suave, ligeramente sorprendida.
–Yo… vine a ver a… t-¿tú eres Nelliel?
La arrancar asintió, y le sonrió amablemente.
–Sí, soy yo. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarle?
Matsumoto se le quedó viendo un momento, intentando sobrescribir su impresión sobre los arrancares. Ella estaba siendo demasiado amable para ser verdad. Dio una sacudida a su cabeza y se recompuso tan pronto como le fue posible.
–Vengo por parte del comandante general. Necesito hablar con Harribel.
Nelliel asintió y miró por ambos lados.
–Está bien. Se supone que estaba por aquí… –Dijo mientras se alejaba lentamente entre los pilares–, ¡Oh! Señorita Harribel, una shinigami quiere hablar con usted.
De la oscuridad, junto a Nelliel, Tia apareció con su forma liberada; pero a diferencia de la chaqueta que solía usar, ahora portaba un traje más sofisticado, parecido al de Nelliel: blanco, de cuello alto y sencillas líneas negras, junto con un pantalón del mismo estilo y las típicas botas que imitaban a las sandalias tradicionales; Matsumoto se estremeció un poco ante la mirada indiferente de la rubia, tan diferente de la de su compañera. Tragó saliva disimuladamente, se inclinó levemente y comenzó a hablar:
–Saludos. He venido en representación de Genryuusai Yamamoto, Comandante General del gotei 13, para resolver una incógnita que sucede en estos momentos en el mundo real, concerniente a ambos mundos.
Tia asintió levemente y extendió una de sus manos cubiertas por guantes hacia uno de las sillas del lugar, a lo que Matsumoto accedió rápidamente. Harribel la observó largamente antes de responder.
–Ciertamente, hemos tenido una actividad más alta de movimiento hacia el mundo real por parte de los hollows inferiores. ¿Se corre algún problema con ello?
–No en realidad; aún no ha llegado a la situación en la que el equilibrio espiritual sea amenazado; sin embargo, la gran cantidad de Hollows que está apareciendo en Karakura es demasiada para el tipo de población que es; además, a causa de ello han bajado varios menos grande cada ciertos periodos de tiempo. Lo que nos preocupa, más que nada, es que cuando bajan lo hacen en grupos cada vez más grandes.
Harribel se tomó un tiempo para reflexionar sobre lo que acababa de escuchar, antes de hablar, con su tono calmo característico.
–Es normal que cuando los hollows aumentan, éstos se agrupen para formar menos grande; la población entonces, naturalmente tiende a disminuirse con su evolución a niveles más altos, dando lugar a arrancares como nosotros, que finalmente terminan residiendo en Hueco Mundo porque aquí el ambiente se mantiene propicio para que sobrevivamos. El problema, entonces, radica en que hoy día los menos grande se siguen acumulando; no ha habido evolución a arrancares en un buen tiempo ya.
– ¿A qué creen que se deba esta situación?
–Viéndolo en retrospectiva, desde la guerra no he visto que surjan nuevos arrancares; en ese entonces, estábamos concentrándonos en recuperarnos de los daños y estabilizar las relaciones con ustedes, por lo que no le tomé la importancia adecuada. El que ocurra esta situación ahora no es un hecho surgido al azar, sino la consecuencia de algo que sucedió ya anteriormente. Si me permites aventurarme, lo más factible sería que, debido a la creación masiva de arrancares por parte de Aizen, se alteró el equilibrio natural de evolución de los hollows, de forma que ahora se acumulan en la etapa de menos grande.
– ¿Y cree que sea posible que puedan cooperar con nosotros para arreglar esto? Reducir de alguna manera la población de menos grande, o tal vez…
– ¿Y por qué habríamos de hacerlo?
Matsumoto se quedó aturdida por la respuesta tan terminante. Nelliel, nerviosa, se removió en su asiento.
–Pero, nosotros…
Tia levantó la mano, impidiéndole continuar.
–Piénselo, Señorita Matsumoto. Ese Yamamoto, en la guerra de invierno, eliminó a mis subordinados sin piedad alguna. Sé que es inevitable en conflictos de esa índole, pero no por ello se elimina el rencor. Y ahora, me pide que elimine a los de mi raza. Yo no puedo hacer eso, primero porque yo no tengo jurisdicción sobre los que no son arrancares, y segundo porque al final de todo, el instinto –tanto nuestro como el de ustedes– nos dicta sobrevivir, y multiplicarnos.
–Pero tenga en cuenta nuestros intereses comunes. Si se destruye el mundo espiritual y el humano, ustedes se quedarán sin comida; además, los hollows finalmente, provienen de almas humanas convertidas. Al final, se extinguirían junto con nosotros.
Tia suspiró y entrecerró los ojos un momento. Luego, volteó a ver a Matsumoto con más tranquilidad.
–No se lo tome a pecho; le estoy mostrando otra perspectiva. Por favor, tenga en cuenta que no todos los arrancares son tan comprensibles como Nel o como yo, ni accederán a cooperar tan fácil. Unos cuántos de nosotros sobrevivimos a la guerra pasada, y no sólo uno tiene deseos de vengarse de los shinigamis. Por otro lado, si ustedes actúan aquí por su cuenta, no harían otra cosa si no iniciar otra guerra.
Matsumoto reflexionó un poco lo que acababa de escuchar.
– ¿Quiere decir entonces, que la única solución es que busquemos la manera de restaurar el flujo de evolución de los arrancares? ¿No representa eso un peligro potencial más grande para los humanos y para nosotros?
–Entienda Matsumoto, que al final, nuestra existencia como hollows no es un error sino una consecuencia de la naturaleza humana. La existencia de arrancares, por lo tanto, tampoco es una calamidad, pues los que comenten atrocidades en vida son aquellos que son llevados al infierno. Somos sólo una parte más del "ecosistema de almas" que existe en este mundo. Si no fuera así los arrancares, como los seres superiores de nuestra raza, no nos tornaríamos seres racionales, por lo que no nos importaría que sucediera con los humanos o con los shinigamis, a pesar de que fueran nuestro alimento –Tia esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible–. Así que por favor, ayúdennos a encontrar solución a lo que les pido. Una vez hecho, me encargaré de que no ocurran más incidentes como esos.
Rangiku finalmente pudo relajarse, después de escuchar la resolución de Harribel. También se permitió sonreírle, antes de agradecerle.
Estaba dispuesta a retirarse, cuando de pronto recordó algo.
–Disculpe Harribel, es sobre uno de los suyos, Ulquiorra Cifer…
–Lo recuerdo. Él estaba por debajo de mí, en lo que a poder refería. ¿Qué sucede con él?
–Verá, él sigue vivo. Pero no como un arrancar. Es un shinigami ahora.
Los ojos de Tia se abrieron levemente, y miró impresionada a Rangiku.
– ¿Cómo es eso posible?
–No lo sabemos exactamente. Pero al parecer, fue purificado antes de morir… De hecho en este momento se encuentra en el mundo real, como parte de la misión de controlar esta situación.
La mujer de piel oscura dudó durante un instante, se incorporó de su asiento y miró a Matsumoto con severidad.
–Entonces quisiera advertirle de una cosa, Señorita Matsumoto.
–¿De qué se trata?
–No sé si esté al corriente, pero entre todos los Espada, Ulquiorra es quién le fue más fiel a Aizen; usted lo conoce más ahora que yo, pero, indiferentemente de eso, no olvide su pasado. A pesar de que es un shinigami ahora, antes fue un arrancar creado por él, al igual que yo; tal vez sea o no a consciencia, pero dentro de nosotros puede que aún exista algo que nos obligue a trabajar a su favor.
–Entonces quieres decir que…
–Manténgalo en la mira, Matsumoto; no se confíe demasiado de él. Pues puede que sea la causa de que Aizen regrese y cumpla su cometido al fin –Harribel se levantó y le dio un par de órdenes a Nel; luego de eso, se volvió hacia Rangiku–. Mientras no altere nada, es bienvenida aquí. Sólo no se busque problemas.
Matsumoto, sin tener más que añadir, dio una leve inclinación y observó a Harribel alejarse. Nelliel se acercó a ella enseguida, sonriéndole.
–Señorita Shinigami, ¿le gustaría que la lleve hacia algún lugar en específico?
– Gracias, Nel; muéstrame el laboratorio que tiene el Gotei aquí, por favor.
Mientras reflexionaba todo lo que había escuchado, Rangiku se dejó guiar a través del castillo sin escuchar mucho la perorata de Nel, que se mostraba emocionada por su presencia.
–Qué lío…
Y así ambas desaparecieron en la oscuridad de las Noches.
Orihime se marchó más temprano en los días que le sucedieron a aquella conversación en la cocina. Se había mantenido alejada de Ulquiorra en la universidad, bajo la excusa de que estar con ellos la había distraído mucho de la escuela, y pidió más horas en el trabajo, estando ausente en los fines de semana. Él, respetando su decisión, no había intentado acercarse, quedando silenciosamente acordados a repartirse la tarea de encargarse de los hollows en la ciudad. Por su parte Gin, rara vez se quedaba en la casa, con excusa de aprovechar estar en su propio cuerpo de nuevo.
Ese sábado, apenas amaneció, les murmuró un "voy a estudiar a la biblioteca del barrio" a unos Ulquiorra y Gin medio adormilados en la sala antes de salir del apartamento. Gin se fue a pasear después de que terminaran el desayuno, cosa que al otro no le molestó demasiado, ya que al fin y al cabo nunca le había caído del todo bien.
El sol tenía rato de pasar el meridiano cuando Ulquiorra vio llegar a Orihime desde el balcón del apartamento. Alrededor de ella, sus seis flores revoloteaban aprovechando las corrientes de aire que comenzaban a aumentar conforme el invierno se acercaba. La chica se detuvo a hablar con el portero, cuando hubo un momento en el que una de las flores se elevó hasta el techo del complejo, y luego planeó hasta llegar al balcón de Ulquiorra. Era Tsubaki. Retrajo sus alas y se incorporó, revelándose el pequeño ser que vio al chico con fiereza.
–Desde que llegaste aquí no hemos tenido la oportunidad de hablar, ¿eh?
Ulquiorra no dijo nada. Se limitó a observarlo, pues nunca había visto tan de cerca a algunas de las flores de Orihime, y de haber sido así, había sido sólo en acción. Asintió lentamente para que continuara.
–En ese entonces, cuando eras un Arrancar y viniste al mundo real, tu amigote calvo ese me dejó hecho trizas. Fue una verdadera vergüenza. Lo bueno que Ayame y Shounhou pudieron salvarme la vida, si no Orihime hubiera sufrido demasiado.
Tsubaki se quedó callado, dejando que su cabello y la bufanda que le cubría la boca se agitaran con la brisa. Se tomó su tiempo para seguir, en el rato que ambos miraban a Orihime reír con la plática del encargado del edificio.
–Nosotros, el escudo de seis flores, no somos solamente la representación de su poder, sino también de sus sentimientos. En mi caso, como represento la ira y el odio dentro de ella –a fin de cuentas, la parte violenta– desde un principio nací débil. Ella no tenía motivaciones para pelear. También por eso mismo, sólo yo soy capaz de atacar y es por eso que sus poderes se enfocan más en proteger y curar. Porque así es ella.
»Sin embargo con el tiempo, se dio cuenta de que no era lo mismo empuñar la espada que esperar a que los demás volvieran de campo de batalla para sanarlos; pues podría ser que un día, no regresara nadie. Ya desde la redada en la sociedad de almas se había dado cuenta. Pero no fue hasta que aparecieron ustedes que entró en su punto de quiebre. Se llenó de rabia por lo que le ocasionaron a Yasutora en ese día. Rabia por ella misma y su incapacidad de dañar a nadie.
Ulquiorra, a lo largo de su discurso, recordó los días anteriores, en los que acabó sola con una horda de hollow.
–¿Entonces cómo fuiste capaz de obtener tanto poder? Te vi el otro día y no parecía nada de lo que eras antes.
Tsubaki lo miró con orgullo, antes de reír con suficiencia.
–Me usó con la misma intención con la que convoca a mis hermanos: Proteger a los suyos. Sigue sin desear el daño a otros; sin embargo, sigo haciéndome fuerte –suspiró mirando a su creadora antes de añadir–. Solo esa mujer sería capaz de vivir de paradojas así. Es increíble.
Ulquiorra, después de darle la razón mentalmente, lo interrumpió algo confuso.
–¿Por qué me estás contando todo esto?
–Porque eres la única persona por la que ha sentido tanta sed de venganza (lo he sentido, créeme). A pesar de eso, hasta el último momento, ella nunca me apuntó hacia ti. Todo lo que ella pasó encerrada ahí la forzó a cambiar su perspectiva de las cosas. Y aún así, si no hubieras sido tú su carcelario, sé que no hubiera seguido el camino que lleva ahora: usó tu frialdad y la frustración que sentía en tu presencia como un punto de partida para hacer fuerte a su mente. Así que al final, parte de su fuerza es gracias a ti.
El chico se reacomodó en su silla, incómodo. Tsubaki entornó los ojos, divertido.
–En verdad eres un tipo raro. Pero no te preocupes, ya no te odia tanto. De lo demás que piensa sobre ti ya no sé, que de eso se encarga Lily. Y yo no soy tan cotilla.
–¿Y eso es todo?
–Creo que sí. Ella ha estado un tanto estresada con tu presencia alrededor, así que yo sólo cumplí con mi deber de apaciguar su atormentada alma. Nos volveremos a ver en el campo de batalla. Y por lo que veo, presiento que será pronto.
Tsubaki extendió sus alas y se preparó para saltar.
–Ni siquiera parpadees cuando esté en acción, que volverás a quedarte con la boca abierta como la última vez.
Dicho eso, se lanzó del balcón. Ulquiorra miró cómo planeaba hasta la planta baja y aterrizaba en el hombro de Orihime, que volteó en la dirección de la que venía Tsubaki, encontrándose con su mirada. Él, al saberse descubierto, no tuvo de otra que levantar la mano en señal de saludo, a lo que ella le correspondió de igual manera, y se fue riendo hacia las escaleras del edificio.
Llegó a la casa minutos después. Ulquiorra también se metió, para ayudarla en a guardar las cosas que había comprado, en silencio.
–Tienes mala cara. ¿Qué te dijo Tsubaki?
Ulquiorra sonrió de lado.
–Lo que sentías hacia mí.
Orihime lo vio apenada.
–Vaya chismoso que resultó ser –entonces, se sentó junto a él mientras esperaban que el microondas calentara el almuerzo, y también le sonrió–. Pero en parte ya lo sabías, ¿no es así? Por primera vez me adelanté y te hablé de lo mucho que te odio… Aún así, lo siento.
Dicho eso, se quedó en silencio, con el sonido del microondas como el único presente en la cocina. Mientras, él sopesaba la forma de romper con el hielo que se había originado entre ellos en esos días. Al final, y sabiendo que no podía ser más que directo, habló:
–Creí que estarías molesta.
–¿Por qué? ¿Por lo de Gin?
El aparato sonó y Orihime se levantó para repartir el contenido en dos platos, dándole la espalda. Al hablar, lo hizo en un tono indiferente, aunque bastante más frío con el que habían empezado la conversación.
–Pueden hacer lo que les venga en gana, que al fin y al cabo a quien le cae mal es a ti –se volvió para colocar los platos de guiso frente a ellos, junto con dos latas de té que sacó del refrigerador. Ulquiorra la dejó comer en silencio mientras se calmaba un poco, porque había dado a entender que de hecho seguía enfadada. También comió en silencio, sabiéndose incapaz de manejar la situación. Sin embargo, fue Orihime la que se decidió por seguir, hablando de manera tenue.
–… Lo que me molesta es que no me lo hayan dicho en un principio. Fue un acto de mala fe.
Orihime por fin lo miró directamente, e Ulquiorra pudo leer en sus ojos un leve brillo de duda; el mismo que había visto mil veces en ella cuando contemplaba la luna en su cárcel de Hueco Mundo. Ulquiorra pasó saliva.
–Lo siento. Pero no tenía opción realmente.
–¿Por qué?
–Lo que pasa es que no sabíamos cómo iba a reaccionar Ichigo.
Orihime se confundió.
–¿Kurosaki? No creo que se hubiera puesto peor que contigo.
–Bueno, después de lo que pasó esa vez no estaba seguro de que…—Ulquiorra se detuvo, pues ella no había estado en la discusión de aquella tarde, un par de semanas atrás.
–…
–… ¿Después de qué?
–Nada –añadió de mala gana. Ella frunció el ceño.
–¿Tú y Kurosaki volvieron a discutir después de lo del campus? ¿Por eso estaba golpeado esa tarde?
Ulquiorra no respondió. Orihime alzó las manos en señal de rendición.
– ¿Fuiste tú quien le dejó así la mejilla?
– ¿En serio crees que yo, siendo hombre, le daría una bofetada?
Orihime intentó mantenerse severa, pero ante el comentario de Ulquiorra, no pudo evitar reírse.
–Bueno, tú eres el que se pintaba las uñas de negro cuando era un Espada. –Gin apareció en la cocina con una cerveza en la mano, interviniendo la conversación con ese último comentario.
Ulquiorra lo miró con todo el odio frío que su cara le permitía, mientras Orihime ocultaba su cara entre sus manos para evitar reírse a carcajadas.
–¿Dónde estabas?
–Arreglando un par de asuntos en la tienda de Urahara. Pero eso no importa. Recibiste un mensaje de Rukia. Quiere que se conecten ahora mismo.
Ulquiorra hizo gala de su estoicismo para ignorar a los dos que lo seguían desde la cocina hasta la sala, y preparó el equipo necesario para establecer conexión con la Sociedad de Almas.
–Con razón Kuchiki y Rangiku disfrutan tanto de tomarte el pelo. Es demasiado fácil.
–¿Podrías esconderte en la otra habitación?
Gin encogió lo hombros y atravesó la sala hasta llegar a la habitación de Orihime para sentarse en el balcón y seguir bebiendo. Afuera comenzaba a nublarse. Ulquiorra prendió el aparato y se sentó junto a Orihime, que tosía para disimular la risa. Un par de segundos después la imagen de Rukia se definió en la pantalla que abarcaba casi toda la sala.
–¿Hola? Ulquiorra, Orihime. ¿Qué tal todo por allá? ¿Inoue, estás bien?
–¡Hola Rukia! Si, si, todo va perfecto, lo siento.
Rukia sonrió.
–¿Ulquiorra, por fin mostraste tus encantos? Ya no tienes esa cara de asustado que mostrabas cuando estabas cerca de ella. Me alegra que se lleven bien por fin.
–Capitana…
–Ya, ya, perdón. ¿Cuál es tu reporte?
–En la semana y media que llevan fuera no ha pasado demasiado. Los hollows de por aquí han sido controlados por mí, Orihime, o el tipo del afro que dice ser el encargado de esta área.
–¿Ha sucedido algo parecido a lo de los otros días?
–No. La actividad ha sido bastante regular.
–Me alegra. ¿Y las almas modificadas?
Ulquiorra vio en dirección al balcón, desde donde Gin lo saludó.
–Hacen casi siempre lo que se les antoja, pero cumplen con su deber.
Rukia suspiró fuertemente del otro lado de la línea.
–Al menos las cosas van bien por acá. De este lado todo es un desastre.
–¿Por qué? ¿Ha pasado algo malo?
La señal tembló un poco. Rukia ajustó algo y continuó hablando.
–No Orihime, pero las cosas están tensas. Hace una semana bajaron a ver Aizen.
Ambos se sorprendieron.
–¿Qué? ¿Quiénes?
–Hirako, Hitsugaya y Hinamori. Según el comandante general, lo hicieron para ver si podían averiguar algo sobre lo que aún trama, pero les salió el tiro por la culata y Hinamori regresó algo afectada. Hitsugaya ha estado tenso por ello y Genryuusai como que no ve con buenos ojos eso. Al final, mandó a Matsumoto a Hueco Mundo, de hecho sigue allá, intentando ver si encuentra algo.
–¿Rangiku fue a ver a Harribel?
Gin entró con prisas a la sala.
–¿Gin? Entonces lo del gigai de Urahara no era una broma, ¿eh?
–¿Rukia, tú también lo sabías?
Rukia evadió la mirada de su amiga.
–Ulquiorra es mi subordinado, era obvio que no podía guardarme secretos.
Gin pasó de sus quejas, y empezó a hablar con un tono más severo.
–Kuchiki, ¿Rangiku se fue sola a Hueco Mundo?
– Sí. Pero hemos tenido algunas conversaciones, y al parecer todo está nor–
–¡No puedes garantizar que vaya a ser así todo el tiempo! ¿Acaso están locos? Que se vaya sola a un lugar repleto de arrancares y hollows es estúpido.
Después de decir eso, Gin se quedó quieto, con la respiración agitada debido a la rabia. La imagen se volvió a distorsionar, por lo que Rukia ajustó un par de controles nuevamente.
–Gin –Rukia le contestó, esta vez con voz severa–, ¿tienes alguna razón para creer que Rangiku corre más peligro de lo normal que implica que así sea?
–No –avergonzado por mostrarse tan impulsivo desvió la mirada de la pantalla un momento, antes de añadir–: pero es demasiado peligroso para que vaya una sola persona. No se puede confiar en los hollows así de fácil.
–Entonces no tienes por qué ponerte tan– en ese momento, la imagen comenzó a deformarse de nuevo, ahora también acompañándose con el sonido parecido al de la nieve del televisor que aparece cuando se va la señal. Ulquiorra chequeó el dispositivo, a la vez que Orihime se dirigía hacia la pantalla.
–¿Rukia? ¡Rukia! ¿Sigues ahí?
Unas cuantas frases ininteligibles se alcanzaron a escuchar, y la última imagen que vieron fue la de la cara distorsionada y confundida de Rukia, antes de que la señal se interrumpiera completamente. Entonces, la habitación quedó en silencio.
– ¿Qué es lo que pasó? –Susurró Orihime tras un momento.
– No lo sé. El equipo no parece estar dañado en absoluto.
– ¿Entonces por qué–
La frase de Gin quedó interrumpida cuando inesperadamente se fue la luz de la casa, de forma que quedaron a oscuras debido a que afuera las nubes habían terminado de encapotar el cielo. Un rayo iluminó la sala momentáneamente, y cuando el trueno llegó, resonando por toda la casa, Ulquiorra se acercó a la ventana, movido por el mal presentimiento que lo abordó enseguida.
No tardó en generarse un segundo rayo; sin embargo, cuando se suponía que llegara el sonido del trueno, en su lugar se escuchó un fuerte estallido, que sonó como si el cielo se hubiera partido en dos.
Y Orihime se estremeció completamente, tras escuchar el potente rugido que le siguió después.
Dejé el capítulo un poco más largo, para compensar algo de mi desaparición descarada.
Para la otra se viene algo de acción (¡espero hacerlo bien!).
Nos vemos para el siguiente. ¡Saludos!
Hora de contestar reviews~ Agradecimientos a kiharu . lovely por ayudarme en mi comeback jeje.
Akira Lyra Trafalgar: Muchas gracias por tus ánimos! En realidad me he divertido mucho escribiéndolo. He encontrado que me gusta mucho trolear a Ulquiorra xD … Saludos!
Rebeca18: Creo que con lo mucho que me tardé vas a revivir esa sensación, lo siento mucho unu
Muchas gracias por tus comentarios! Siempre me rompo mucho la cabeza intentando no caer en el oc. Sobre todo con Ulquiorra. Ya era bastante genial como espada, así que me esfuerzo por mostrar esa parte humana nueva para explotar su encanto al máximo (?)… Lo siento por las troleadas de los momentos Ulquihime. Yo también me autor reclamo por eso, pero no te voy a negar que interrumpirlos también es divertido, jaja.
Bueno… Quién está vivo y quién no es algo que me guardaré por ahora. Lo que quiero decir es que no quiero poner a alguien que no vaya a tener el protagonismo que merece, jeje.
Un abrazo! Nos leeremos pronto de nuevo :)
heiwa uchimaki: Muchas gracias! Saludos y prometo más UlquiHime pronto jaja.
Kumikoson4: Lo del sartén es algo que Ulquiorra seguro que desea olvidar, pero no será tan fácil con todos esos que tiene alrededor jaja. A mí también me gusta la relación entre Gin y Rangiku, así que espero que lo del principio de este cap te haya gustado. Saludos!
Guest de Julio: Gracias por tu comentario, ojalá este capítulo te haya gustado también :D
paiito . carrizo: No te preocupes! Yo soy una pésima actualizadora. u_u Y gracias por esperar. 10 capítulos han hecho que se me conozca mejor, eh? Más tu que lees desde hace mucho. Lo siento mucho. Un abrazo enorme a ti también! Se puede leer el reencuentro en el aire, eso seguro jaja…
Guest de Agosto: Y espero que se ponga aún mejor! Jaja. Saludos. Espero te haya gustado.
Muchas gracias, de nuevo, por seguir leyendo. Ahora que he estado leyendo fics Ulquihime por ahí he visto que el fandom está un poco frío (hace un rato que no me actualizo en el manga, así que por lo último que leí no había trazas de el regreso de Ulquiorra u.u) Pero no importa! Que aquí el fandom es el que nunca debe de morir, jaja!
Saludos a todos. ¡Hasta el siguiente capítulo!
