¡Buenas!

Ha sido mucho tiempo, (como siempre).

Este capítulo tendrá un lugar especial, pues es uno que siempre tuve en mente desde que empecé a escribir esto. En serio disfruté hacerlo, así que ojalá también ustedes puedan disfrutarlo al leerlo.

Ya soltaré más cosas homo al final del capítulo, así que ahora a leer, que es mucho.

Nota: No me había dado cuenta de que en el databook 3 aclaraban que el nombre de Harribel es Tier y no Tia, así que de ahora en adelante lo usaré así.

Felices fiestas a todos.


Capítulo 12: Sitiados

Rukia se quedó estupefacta mientras veía la nieve del televisor, donde momentos antes hablaba Orihime, Ulquiorra y Gin. Intentó configurar el aparato, pero por más que lo intentó no sucedió nada más. Enojada, azotó un puño sobre la mesa.

–Déjalo. La señal se fue. –Una voz se escuchó detrás de ella. Se volteó enseguida para ver a quién le correspondía.

–Urahara.

El aludido se acercó al aparato de comunicación y comenzó a teclear algunas cosas en él.

– ¿Qué es lo que acaba de pasar? – Preguntó la capitana mientras observaba lo que el otro hacía.

–Al parecer hay algo que está interfiriendo con la señal. Por lo que puedo ver, es algo que proviene desde el mundo humano.

Rukia miró nerviosa a Urahara mientras él seguía tecleando.

– ¿Qué crees que esté pasando por allá? ¿Escuchaste… acaso escuchaste el alarido antes de que se fuera la señal?

Urahara asintió sin apartar la vista de la pantalla.

– ¡Capitana! –Kiyone y Sentarōentraron en tropel a la habitación. Al voltear, Rukia no pudo evitar ver la mueca de ansiedad que estaba en sus rostros.

– ¿Qué sucede?

–Los de la 12va división nos han informado…

–Que no se puede acceder al mundo humano –la rubia contestó lo que su compañero había empezado.

Los ojos de la pequeña capitana se abrieron con miedo al escuchar la noticia.

– ¿Qué?

–El portal está bloqueado. Ninguno de nosotros podrá ir hacia allá.

–Pero… ¿por qué?

Urahara, rindiéndose con el aparato, se dirigió hacia los presentes.

–Si más seres con reiatsu llegan al mundo humano, se podría causar un desbalance irreparable. Ya estaba algo desequilibrado debido al continuo flujo de hollows, así que esto sólo vino a empeorar la situación.

–Entonces, esto significa que…

–Sí. Algo está entrando al mundo humano desde Hueco Mundo.

– ¿Y no podemos hacer nada al respecto? –Rukia apretó los puños, impotente ante la situación.

Urahara negó con la cabeza.

–Tendremos que confiar en los que se quedaron allá. Matsumoto está en Hueco Mundo, así que ella debe encontrar alguna forma de, por lo menos, cortar el flujo. Si lo logra, tendremos que esperar a que en Karakura el lugar se despeje lo suficiente para que podamos entrar y ayudar en lo que se pueda.

Rukia se secó las gotas de sudor de su cara y miró a sus subordinados.

–Chicos, avisen a Ichigo sobre la situación. Díganle que se prepare para ir al mundo humano en cuanto se abran los accesos.

Se volvió de nuevo hacia Urahara, que miraba con el ceño fruncido hacia el infinito, concentrado.

– ¿Qué haremos nosotros? –Le preguntó al antiguo capitán.

–Tengo que hablar con Hirako para corroborar un par de cosas. Ve con los demás a prepararte. Saldremos en cuanto se nos permita.

Kisuke salió de la habitación, dejando a Rukia con el personal presente que corría de un lado a otro, brindando informes e intentando realizar algo de utilidad. Se dirigió hacia la salida y miró el cielo encapotado.

–Orihime… Ulquiorra… –Inhaló profundamente, pues bien sabía que preocuparse no serviría de nada. Se aferró al mango de su espada y echó a correr para reunirse con Ichigo.

Confiar en ellos era lo único que podía hacer en ese momento.


Cuando perdieron la señal por completo, ni Orihime ni los otros encontraron la fuerza para moverse o decir algo, pues la sensación de que algo los acechaba se cernió sobre ellos en cuanto escucharon el rugido proveniente del cielo.

No fue hasta que la habitación se iluminó con un rayo y que notaron la presencia de los otros, que Gin se acercó al dispositivo y comenzó a examinarlo.

–No tiene caso –dijo, apretando varios botones con agilidad–. No hay ninguna señal de la sociedad de almas que pueda recibir.

Orihime, aún sentada en el sofá, preguntó.

– ¿Y eso qué significa?

–Que algo lo suficientemente poderoso ha bloqueado cualquier fuente de poder ajena a este mundo.

– ¿Y eso por qué sucedería?

–Para evitar que el equilibrio entre los mundos se colapse –añadió Ulquiorra, que se acercó a la ventana y miró al cielo, cubierto por completo de nubes grises–. Miren.

Los otros se acercaron también, y miraron en la dirección en la que Ulquiorra apuntaba. Tras un nuevo estruendo, una grieta en el cielo terminó por abrirse, dejando caer una gran cantidad de Hollows que poco a poco comenzaron a dispersarse, cubiertos con la oscuridad que la próxima tormenta traía.

–Orihime. ¿Tienes señal?

–Sí.

–Llama a todos los que puedan ayudarnos que estén en esta área. Iré a la tienda de Urahara con los niños y el tío enorme… espero que tengan mi espada.

Después de decir eso, Gin salió corriendo del lugar. La chica obedeció, tomó su celular, y comenzó a marcar rápidamente. Después, tomó el guante de la mesa y ayudó a Ulquiorra a salir del Gigai.

–Sado está fuera de la ciudad; Ishida ya va en camino y el padre de Kurosaki ayudará en lo que pueda, puesto que no puede salir de su cuerpo humano por ahora. Aya y Eli están con él, así que no habrá que preocuparse de ellas.

Una vez preparados, salieron de la casa. En la calle, una horda de hollow se acercó a ellos. Orihime se preparó para enfrentarlos, pero Ulquiorra se puso frente a ella.

–Ya es hora de que cumpla adecuadamente con mi trabajo.

La chica se lo quedó viendo extrañada, pero no reclamó.

– Adelante, entonces.

Ulquiorra la miró un instante, antes de concentrarse en su espada.

–Encadena… Murciélago.

Una leve brisa empezó a soplar de la espada de Ulquiorra, que empezó a emitir un resplandor verdoso, y después se convirtió en un haz de luz verde brillante que se alargó a la medida que el Shinigami extendía los brazos; pero luego de un momento se encogió de nuevo y desapareció por completo. La chica estuvo a punto de preguntar qué significaba eso, cuando un Ulquiorra se encaró a los hollow. Entonces, con un movimiento de muñeca, una especie de jabalina de energía verde brillante apareció a su alcance, que ágilmente tomó y lanzó para eliminarlos. Repitió el movimiento y una nueva lanza apareció, que fue usada inmediatamente. Después de observar tal evento, Orihime tuvo un leve escalofrío al recordar que, cuando Ulquiorra era un arrancar, poseía un ataque igual. Al menos no le habían salido alas, ni se veía rastro del casco en su cabeza. Eso la ayudó a recomponerse de inmediato.

Ya a salvo, Ulquiorra se volvió. Se miraron fijamente por un momento.

–Será mejor que te dediques a deshacerte de los hollows que ya estén dispersos; yo me encargaré de deshacerme de ellos en el sitio de donde salen.

Orihime, a pesar de la situación, lo miró con leve indignación. Ulquiorra esbozó una sonrisa fugaz.

–Podrás unirte a mí en cuanto acaben con esa parte, o al menos hasta que haya refuerzos suficientes.

Ella también sonrió con suavidad. Bajó la vista antes de decir con algo de vergüenza:

–Ten cuidado, por favor.

Ulquiorra, se acercó a ella, desviando también su mirada, y colocó una mano sobre el hombro de la chica. Sus miradas volvieron a encontrarse.

–Tú también.

Orihime se concentró por un momento en la presión de la mano de Ulquiorra sobre ella y alcanzó a percibir levemente el calor que ésta le transmitía. Luego asintió y se separaron. Así, ambos partieron en rumbos diferentes, cubriéndose con una suave lluvia que comenzaba a caer.


Matsumoto se encontraba dentro del laboratorio de Mayuri, una bóveda en medio de las ruinas de las últimas batallas en hueco mundo. Era una alta y amplia estancia con varios pasillos delimitados con estantes llenos de especímenes extraños de hollows en frascos y extrañas máquinas y apuntes, producto de la mezcla de experimentos tanto de él como de Szayel, el propietario anterior. Intentando no tirar nada, se cercioró de que el lugar siguiera funcionando –cosa que no sabía que significaba exactamente, por lo que sólo se apegó a las instrucciones que el loco capitán le había dado–.

En esa tarea estaba cuando un repentino temblor, acompañado de un potente rugido, hizo que la estancia temblara. La rubia soltó un grito y evitó que se cayeran un par de cosas y esquivó el contenido y los trozos de vidrio de un frasco que cayó al suelo, y salió con rapidez mientras tosía por el olor de lo que se había diseminado a la estancia desde el suelo.

– ¿Qué diablos fue eso? –Se dijo para sí–. Lo mejor será que intente contactarme con los de allá…

Sacó un aparato parecido a un celular de su bolsillo y tecleó un par de botones, esperando contactar con la sociedad de almas. Para su sorpresa, sólo se escuchó el timbre. Lo intentó varias veces más con varias personas como destinatarios, pero obtuvo los mismos resultados. Un mal presentimiento se formó dentro de ella. Era casi seguro que la comunicación con la sociedad de las almas se había interrumpido por algo relacionado a los estruendos que ella estaba escuchando en esos momentos.

Salió corriendo hacia los pasillos, y ya dentro del castillo, se topó con Nelliel, que corría en otra dirección. Cambió de rumbo y siguió a la arrancar.

– ¿Nelliel?

– ¡Señorita Matsumoto!

– ¿Qué está pasando? ¿Qué es ese ruido?

– ¡No lo sé! Voy en camino a reunirme con la señorita Harribel... Algo no anda bien.

La rubia vio su cara consternada, pero no preguntó nada más. Ambas llegaron a otra torre de techo abierto, desde cuya orilla Harribel miraba hacia el desierto.

–Esta vez el flujo es mucho mayor –dijo, de espaldas a ellas.

Matsumoto la alcanzó en la cima, dirigió la vista en la misma dirección, y un escalofrío la recorrió. En medio del desierto, a lo lejos, una estampida de hollows se arremolinaba alrededor de lo que parecía un gran agujero oscuro que contrastaba con la blanca arena, al cual se adentraban nada más llegar. La situación empeoró cuando minutos después, los hollows se apartaron para dejar pasar a varios menos grande que se acercaron dando tumbos hacia el portal.

– ¿Se dirigen hacia el mundo humano? –La rubia recibió una cabezada de asentimiento de la arrancar, que no quitaba la vista de aquel lugar.

– ¿No puedes ayudarnos a evitar que esto se detenga?

La ex espada la observó en silencio, para luego negar con la cabeza.

–Eso ya lo hemos hablado, señorita Matsumoto. No me perdonaría eliminar a los de mi propia especie y quitarles la posibilidad de una nueva vida para siempre.

Rangiku se pasó una mano por el pelo en señal de impaciencia. Pensó por un momento una forma de solucionar las cosas, pero después no pudo hacer otra cosa que sonreír con ironía; tenía la mente en blanco.

–Entonces esa posibilidad tendré que dárselas yo, ¿eh? Después de todo, yo soy el Shinigami –desenvainó su espada la sostuvo frente a ella–. Maúlla, Haineko.

– ¡Señorita Matsumoto, no!

Haciendo caso omiso de Nel, se cubrió con la capa para protegerse de la arena y saltó desde la torre, con la ceniza de su zampakutō mezclándose con la arena del desierto.


En poco tiempo la llovizna se convirtió en una verdadera tormenta, presentándose cada vez más agresiva e imponente. Habían pasado un par de horas, así que la única luz proveniente del cielo era la de los ocasionales rayos que traían consigo truenos tan fuertes que desequilibraban a quien sea que los escuchara, por otro lado, la electricidad fallaba por momentos, dejando a veces Orihime en una casi completa oscuridad. Tenía los nervios a flor de piel y el sudor corriendo por su cuerpo, ante el terror de la posibilidad de convertirse en presa, antes que en cazadora.

Después de haber barrido la zona tan minuciosamente como era posible para encontrar a los hollow diseminados en los alrededores, comenzó a cansarse más rápido. En añadidura, tenía que curar a las personas que ignorantes a la situación aún seguían fuera y eran atacadas, por lo que perdía energía a gran velocidad. Al correr le faltaba más pronto la respiración y tenía que detenerse para evitar que el aire frío le quemara los pulmones, pero no podía hacerlo por mucho tiempo por el miedo de encontrarse con una escena fatal a cada vuelta de esquina, debido a una posible negligencia.

Llegó a la plaza comercial donde normalmente trabajaba y se encargó de unos cuantos hollow, pero luego de subir al piso de arriba para tener una perspectiva más amplia de la ciudad, la desesperación la invadió: en la dirección que mirase, todo estaba infestado. Había zonas donde se acumulaban los hollows, y que eran por seguro los lugares en donde los demás estaban luchando, demasiado separados unos de otros como para poder ayudarse.

Estaban completamente sitiados.

De pronto sintió un dolor en su brazo izquierdo. Impresionada por lo que sea que hubiera atravesado su escudo, volteó hacia atrás y se encontró frente a un menos grande, que estaba preparándose para lanzar otro cero. El corazón le dio un vuelco; normalmente podría cubrirse de ese tipo de ataques. Que la hubieran lastimado de ese modo significaba que no le quedaba mucha fuerza.

Dirigió a Tsubaki hacia el menos, pero su primer ataque fue rechazado. Al siguiente, consiguió derrotarlo. Su vista se nubló y cayó de rodillas al suelo.

– ¡Orihime! –Shun'ō, una de las flores encargadas de su poder de curación, se acercó a ella. Aunque se veía cansada, se posó sobre el hombro de Orihime con determinación–. Orihime, ¿estás bien?

–Yo… no lo sé –un par de lágrimas se escurrieron por sus mejillas–. Shun'ō, a este paso… Todos…

La pequeña hada le dio un par de palmadas.

–Aún es demasiado pronto para rendirse, ¿Sabes?

–Pero…

– ¡Mujer! –Tsubaki llegó en picada y estrelló los pies en el esternón de la chica, para después jalarla del cuello de su blusa para no caerse–. ¿Qué diablos te pasa? ¡Me estoy desafilando!

–Tsubaki, déjala.

– ¡No, tu cállate! Mujer, todos estamos cansados de pelear. Pero si no sigues moviéndote nos van a cargar. Y joder, como tenga que venir el deprimido aquel a salvarnos el culo, ¡te juro que renuncio!

Orihime se secó las mejillas y luchó por controlar su respiración. Siguió escuchando las quejas de su propio poder mientras seguía recorriendo con la mirada a la ciudad. Cuando llegó a la zona de la grieta en el cielo, esperó a observar los destellos verdosos del zampakutoh de Ulquiorra, pero después de ver un par, ya no volvieron a aparecer, aunque los hollows seguían ahí.

–Ulquiorra…

Comenzó a sentir un tipo diferente de miedo, uno que había sentido un par de semanas atrás, en la primera ocasión que vio partir a Ulquiorra para luchar. Era la ansiedad de que quizá, se habían visto por última vez hace un par de horas. Era el miedo de perderlo de nuevo.

Shun'ō hizo que volviera la mirada hacia ellos.

– ¿Y bien? ¿Qué es lo que vas a hacer? –Inoue respiró profundamente y se levantó. No se podía permitir dudar.

–Ayudar al deprimido aquel. A él y a todos los demás.

Tsubaki rió y se lanzó de nuevo hacia los hollow. Ayame, la compañera de Shun'ō, salió para curar a Orihime del ataque del menos, pero las devolvió a sus horquillas en cuanto detuvo la hemorragia; no podía seguir desperdiciando energía en ella misma. Orihime bajó del edificio y salió corriendo en dirección de la garganta.


–Mira que soy idiota…

Entre más tiempo pasaba cerca de la garganta, Rangiku se daba más cuenta de que se había lanzado a una misión prácticamente suicida. El lugar, además de hollows normales, estaba lleno de menos grande que se tragaban a sus compañeros mientras seguían con su camino. Era tal cantidad que ni siquiera sabía si su presencia ahí, luchando para evitar que pasaran más de ellos al mundo humano, era de utilidad. Sin embargo, siguió luchando con todo lo que tenía. Fue atacada con mordidas y ceros, pero no flaqueó.

De pronto, a su lado, apareció Nelliel y la alejó de un ataque especialmente peligroso. Tier apareció también, espada en mano.

–No podemos eliminar a los nuestros, pero al menos puedo ayudarte cerrando esta garganta. Encárgate de que no se interpongan en nuestro trabajo. Nelliel…

La chica de pelo verde obedeció al llamado de la exespada, y se alejó apresurada hasta el otro lado de la abertura, que abarcaba varios cientos de metros. Rangiku observó que ambos arrancares extendían los brazos, y poco a poco, el diámetro de la garganta comenzó a disminuir, de una manera a la que Rangiku le recordó al cómo se consumía el papel en el fuego. Pero decenas de hollows seguían pasando a través, así que no tuvo tiempo para seguir mirando, ya que además tenía que evitar que Nelliel o Harribel fueran atacadas mientras realizaban su tarea.

La tarea les llevó mucho tiempo. Rangiku, exhausta, corría de un lado a otro, y tuvo que convencerse de que podía confiar en los que estaban en el mundo humano para que acabaran con los hollows que ella no podía retener. Cuando finalmente Nel y Tier estuvieron a una distancia desde la cual ambas escuchaban a la rubia, se detuvieron. Matsumoto le dirigió una última a Nelliel, que aunque tenía el borde de los ojos llorosos, seguía en posición para seguir ayudando.

–Tenga cuidado, señorita Matsumoto.

Rangiku le dedicó una sonrisa. Esa arrancar en verdad le había caído bien.

Se paró en el borde de la garganta, y miró a Harribel.

–Gracias por todo.

La morena contestó con su gesto y tono tranquilo de siempre.

–Al contrario. Aún le queda mucho por hacer en el mundo humano. Nosotras todavía nos tardaremos un rato en terminar de cerrar esto. Suerte, y esperemos nos volvamos a ver.

Después de eso, Rangiku se lanzó a la infinidad de la garganta, totalmente envuelta por enemigos dispuestos a matarla.


Por su parte, Gin fue incapaz de llegar a la tienda de Urahara. Enseguida, los hollow se acumulaban frente a él, impidiéndole el paso. Sin zampakutoh era más difícil luchar contra ellos, pues el uso de kidoh hacía que su energía se consumiera más rápido. Además, su fuerza física estaba limitada por el gigai.

Estaba a mitad del camino cuando una horda especialmente grande se acercó al estacionamiento de una pequeña zona de oficinas. Debido a la lluvia, un auto había chocado contra una señal de tránsito, y los monstruos se dirigieron hambrientos hacia él. El conductor, incapaz de verlos, empezó a gritar al sentir cómo su auto era agitado con violencia de un lado a otro.

–Maldición… –El hombre de pelo plateado se dirigió hacia el sitio del accidente, y comenzó a atacar a los monstruos. Logró abrir una brecha entre ellos para sacar al conductor de dentro de su auto, pero estaba tan aturdido por el miedo que no se movió para nada. Cabreado, Gin cerró de un portazo y subió al techo del coche para tener mejor cobertura y poder defender al humano–. Si fuera el de antes, ya te hubiera dejado aquí para que te comieran, imbécil–. Siguió soltando maldiciones a medida que los hollows iban llegando en grupos más grandes. Estancado como estaba, tomó un tubo de metal de una canaleta de agua que estaba a su alcance y siguió con la defensa del lugar, sintiendo cómo sus fuerzas menguaban poco a poco.

Después de media hora de continua lucha, llegó un punto en el que los hollows eran tantos que no pudo defenderse lo suficiente. Pronto empezó a sufrir rasguños, mordeduras, ataques de las distintas características que poseían las criaturas.

Por la afluencia de hollows, el auto sobre el que estaban él y la otra persona fue arrastrado hasta un callejón, sin que pudiera hacer nada para evitarlos. Rodeado, se vio atado de manos. Con lo que le quedaba de reiatsu, invocó una barrera: si bien no era tan efectiva como el escudo de Orihime, al menos le ofrecería un par de minutos para pensar en algo. Aunque frustrado, esbozó su tan característica sonrisa de zorro, llena de ironía.

–Joder… fui capaz de librarme de que Aizen me matara (con ayuda de Inoue, claro; pero lo hice) y ahora voy a perder los brazos por culpa de un montón de almas descarriadas.

Se sentó un momento sobre el techo del auto y volteó hacia arriba, mientras los hollows se amontonaban sobre su barrera. A través de un hueco, pudo apenas vislumbrar la garganta a lo lejos, debido a que ya se estaba haciendo de noche. Se perdió viéndola un rato, cuando se percató de un cambio en ella. Su sonrisa cambió de la ironía a un ligero alivio. También se permitió reír, aunque parecía más bien un jadeo nervioso.

–Genial... Ahora sólo me queda aguantar aquí sin morirme –suspiró–. Aunque, si ella viera en qué situación estoy ahora…

Seguía enfocando la vista en el cielo, cuando los hollows empezaron a despedazarse frente a sus ojos, arrasados por algo que parecía una ventisca de arena. Después, una silueta se colocó frente a él, y le dio un golpe a la barrera, rompiéndola sin ningún problema. La lluvia enseguida comenzó a metérsele en los ojos, así que no pudo enfocar la vista. Pero pudo escuchar claramente la voz que le contestaba:

–Por supuesto que me reiría de lo patético que te ves, imbécil. ¿En serio estabas sobreviviendo con esto?

No podía verse en ese momento, pero Gin sentía cómo la sonrisa de su rostro desaparecía, dejándolo con la boca fruncida en una línea y los ojos en blanco. Intentó hablar, pero se tardó unos segundos en que la voz le saliera.

–Ra-Rangiku.

La rubia no le prestó atención al instante. Primero, dirigió a Haineko hacia los hollows que seguían llegando, y hasta que la cantidad no se hizo manejable para que pudiera bajar la guardia, le contestó.

–Sabía que no serías capaz de darme la cara al menos que pasara algo como esto… pero bueno. No es el momento para estarme quejando de ti –la rubia le ofreció la mano y Gin se la tomó, dejándose ayudar a levantarse. Mantuvo su mano un poco más del tiempo necesario, antes de retirarla suavemente, y cuando habló, lo hizo con un tono preocupado–. ¿Cómo es que terminaste tan mal?

Ambos saltaron del techo del auto. Gin abrió la puerta y vio que el conductor se había desmayado, seguro que por la impresión. Le dijo adiós mentalmente antes de irse de allí. Con Gin y Rangiku cerca, los hollows ya no se enfocarían en él.

–Nos tomaron por sorpresa –le contestó a la rubia mientras tomaba otro tubo cercano, para defenderse. Las luces de la calle parpadeaban mucho, por lo que se mantuvo en guardia mientras hablaban–. Todo fue tan repentino, y nosotros éramos tan pocos, que no pudimos armar un plan adecuado. Decidimos que lo mejor era dispersarnos, para evitar que esas cosas se comieran a humanos desprotegidos, tales como el idiota de allá atrás.

Rangiku asintió, para luego alejarse un poco. Más hollows se acercaron y ella los atacó rápidamente, eliminándolos de un golpe. Él también se puso en guardia para atacar a los que venían por detrás de ellos. Gin no pudo evitar sentir algo de envidia, puesto que él sólo tenía un tubo y su poder limitado. Miró a su amiga luchar y se dio cuenta de que traía puesta una capa de viaje por encima de su kimono de shinigami.

–Vienes de Hueco Mundo –Gin reinició la conversación después de ponerse a salvo de nuevo–. ¿Tú hiciste lo de que le está pasando a la garganta justo ahora?

Matsumoto le guiñó un ojo y le sonrió con picardía. Ese era un sí, seguramente.

– Vaya… –Continuó el otro– es la primera vez que vas un paso delante de alg-

La frase de Ichimaru fue mutilada cuando la rubia le pegó un puñetazo directo al estómago, sin importarle que ya estuviera bastante herido. Cuando le gritó, sonaba bastante cabreada, pero su cara mostraba que se estaba divirtiendo muchísimo.

–Me debes bastantes como para que te pongas como un-

Rangiku no pudo terminar de hablar. El suelo comenzó a temblar, y sintieron una presión enorme a su alrededor. Ambos voltearon al lugar del que habían venido. Las luces seguían fallando, pero aún así su alcance no era el suficiente para ver lo que se aproximaba. Lo único que se podía ver gracias a ellas era lo que parecía una pared negra que se acercaba a ellos, y cuando miraron hacia arriba, sólo pudieron distinguir un punto blanco a la altura de un edificio de condominios de la ciudad, que parecía como si una máscara flotara en medio de la noche. Estaban cara a cara con un menos grande.

Detrás de él, salieron más hollows que se dirigieron hacia Gin y Rangiku para atacarlos de inmediato. Los shinigamis se pusieron en guardia y respondieron al ataque sin dudar. Tuvieron que esquivar varios ceros que el menos grande les lanzaba, pero ambos se movían fácilmente, eliminando con velocidad y precisión a los enemigos en tierra; parecía que el haberse encontrado les había dado nuevas fuerzas para seguir luchando.

Pero de pronto, las criaturas se detuvieron. Se sintió una elevación de reiatsu, que no pasó desapercibida por los hollows, ni por el menos grande; segundos después, todos comenzaron a pasar de ambos y se encaminaron hacia donde estaba la garganta.

– ¿Qué es lo que sucede? –Rangiku incluso se colocó frente al menos grande, pero el gran monstruo pasó de ella y se fue dando tumbos.

–Sentiste eso, ¿no? –La mujer contestó afirmativamente a la pregunta de Gin–. Cuando estaba en las Noches, los arrancares me contaban que al venir al mundo humano el ambiente era demasiado fútil para absorber el reiatsu que necesitaban. Así que por eso siempre se dirigen hacia los shinigamis (o si no había, a los humanos que podían verlos) cuando están en la tierra.

–Entonces eso quiere decir…

–Que encontraron algo más poderoso para comer.

Rangiku abrió mucho los ojos.

–Ulquiorra… Orihime… –La rubia iba a salir corriendo tras el menos, pero Ichimaru la sostuvo de la muñeca–. ¿Pero qué-

–No podemos ir tras ellos. Tenemos que limpiar la zona primero para asegurarnos de que nadie correrá más peligro.

–Pero…

–Rangiku –Gin la miró a los ojos y vio que estaba claramente preocupada. Recorrió un poco su mano hasta tomar la de ella–. No olvides cuál es nuestro deber aquí. Tienes que confiar en ellos.

Matsumoto bajó la mirada, angustiada. Pero a pesar de ello, asintió y apretó la mano de Gin. Antes de irse en dirección contraria a la garganta, dirigió una mirada hacia ahí. Luego le dio la espalda y dirigió a Haineko hacia el nuevo frente de batalla.


Orihime estaba tardando en llegar más de lo que esperaba. La lluvia y el viento le azotaban el rostro y le impedían ver con claridad, aunado a que la noche ya se había cerrado y que la electricidad seguía fallando. Eso permitió que más de una vez fuera sorprendida por algún ataque. Por la misma esencia de su reiatsu, más poderoso que el de un humano común, atraía a más hollows, que a su vez atraían a menos grande, los cuales comenzaron a perseguirla y le asestaban ceros por la espalda. Con cada ataque, sentía su escudo cada vez más débil; no podía permitirse desactivarlo para ahorrar energía.

Los hollows no disminuyen. ¿Por cuánto tiempo podremos seguir resistiendo?

Dentro de su cabeza, la idea de llegar con Ulquiorra era lo único que tenía. Si llegaba junto a él, sería posible que luchando espalda con espalda, tuvieran una mejor oportunidad. Esa esperanza se avivó un poco cuando por fin, un nuevo haz de luz verde atravesó un menos grande no muy lejos de donde ella estaba.

Estaba a punto de llegar cuando un hollow disparó una sustancia viscosa en el camino, y sin poder evitarlo, resbaló y cayó al suelo de espaldas, lo que hizo que todo el aire de sus pulmones se saliera de pronto, y que la herida que había recibido antes se abriera. El monstruo saltó sobre ella a la vez que intentaba morderla, pero el escudo detuvo ese ataque; Tsubaki aprovechó para rebanarlo. Desesperada como estaba, y aún incapaz de moverse, su escudo recibió de lleno el cero del menos grande que la había venido persiguiendo, ocasionando que se rompiera como de un vidrio se tratara. Tsubaki se dirigió hacia él, pero al hacerlo, otros hollows aprovecharon para saltarle encima a Orihime.

Ulquiorra… prometí que los protegería, pero yo…

Ya no tenía tiempo para esquivarlos, y Tsubaki estaba demasiado lejos de ella. Cerró los ojos, preparándose para ser atacada directamente…

he fallado.

… cuando sintió que alguien la tomaba por la cintura. Al abrir los ojos, vio cómo se alejaba del piso, recargada en el pecho de alguien. Todavía sofocada, alcanzó a pronunciar el nombre de quién la había salvado.

– ¡Ul-Ulquiorra!

El de los ojos verdes no pudo responder apropiadamente, pues tuvo que concentrarse para que no los atacaran en el aire. Aterrizaron en la azotea de lo que parecía un auditorio, que era tan amplia como una cancha. Ulquiorra los llevó a ambos detrás del acceso a las escaleras, para ocultarse de los hollows y ganar algo de tiempo. El menos estaba distraído, siendo derrotado por Tsubaki, que se quedó atrás. Entonces dejó que ella se parara, pero la mantuvo sostenida a él rodeándola con su brazo izquierdo.

–Mujer, ¿estás bien?

Orihime no contestó enseguida. Tomando fuertemente al otro de los hombros, comenzó a tomar grandes bocanadas de aire, a la vez que los ojos se le humedecían por el torrente de emociones que se le vinieron encima, pues todo había sido demasiado rápido. Pero pronto, el alivio que sintió al tenerlo cerca de nuevo arrasó con el miedo que había vivido momentos antes. Sentía cómo temblaba, pero aún así luchó por tranquilizarse. Se separó un poco de él.

–Te dije… te dije que no me llamaras así.

Ya un poco más compuesta, la chica lo miró, y se dio cuenta de que estaba más pálido de lo usual. Tenía una herida abierta sobre la ceja, cubriendo el lado derecho de su rostro en sangre. El sudor y la lluvia habían hecho que el cabello se le pegara a la frente, cubriendo parte de sus ojos verdes… que estaban clavados en ella con un leve gesto de preocupación, aunque se veía demasiado grave tratándose de él.

–Lo siento. Pero ahora no estoy como para concentrarme en corregir mis viejos hábitos.

Orihime se sobrecogió con la profunda mirada del otro, pero aún así luchó por sonreír.

–Bueno. Gracias de todas formas.

Ulquiorra dejó que se separara por completo de él, una vez seguro de que se podía parar por su propio pie. Entonces, miró la mano con la que la estaba sosteniendo, y se percató de que la tenía cubierta de sangre. Frunció levemente el ceño.

–Estás herida… ¿Por qué no te has curado?

–A estas alturas, no puedo desperdiciar mi reiatsu en eso. No me queda mucho. Si lo hago, Tsubaki se debilitará y será más difícil para él luchar. No puedo arriesgarme a que quede herido ahora. ¿Qué tal estás tú?

Orihime lo observó con más detenimiento. No sólo su cara, su brazo derecho también estaba desgarrado a la altura del hombro. En la parte baja de su costado izquierdo se veía un área más oscura de lo que ya era su kimono, producto de una herida que tal vez, aún sangraba. La mancha era bastante amplia, por lo que debía ser una herida grave.

Obviamente, estaba peor parado que ella, y no pudo evitar olvidarse por un momento de ella misma ante la preocupación por las heridas del otro.

–Mi poder está demasiado limitado. Sin poder establecer contacto con la sociedad de almas, no pueden levantar el sello –Ulquiorra miró hacia el cielo, hacia la garganta. Se la quedó mirando varios segundos–. Pero por otro lado…

– ¿Qué es lo que pasa? – preguntó la chica.

–Mira la garganta –Inoue obedeció–. ¿No te parece que es más pequeña?

La chica miró con más detenimiento y sintió otra oleada de alivio. Efectivamente, el diámetro de la garganta había disminuido, pero aún entraban hollows por el espacio restante.

– ¿Crees que alguno de los nuestros esté en Hueco Mundo?

–Probablemente –el chico se volvió hacia ella–. Pero hasta que estemos seguros, debemos seguir aguantando aquí.

– ¿Cuánto reiatsu te queda?

–Aún puedo luchar por un rato. Pero si no llegan refuerzos, o si no se cierra la garganta por completo y disminuye el número de hollows, estaremos en problemas.

La chica no tuvo tiempo para seguir reflexionando, puesto que los hollows encontraron su posición y subieron para atacarlos.

Sin más tiempo disponible para hablar, ambos se lanzaron simultáneamente hacia el enemigo. Orihime desplegó su escudo, cubriendo el flanco trasero de Ulquiorra, que sacó de nuevo sus lanzas y se puso en posición. Tsubaki permaneció dando vueltas en un radio más amplio, de forma que la cantidad de hollows que llegaban hacia el shinigami era menor, permitiéndole ser más eficiente con sus ataques. De vez en cuando, disolvía la protección para permitir que Ulquiorra saltara por delante de ella y atacara, para formarla de nuevo justo detrás, con Tsubaki en medio, y devolver el ataque de los hollows en toda el área del escudo.

Se mantuvieron en ese ataque sincronizado por un tiempo, pero a medida que sentían sus energías bajar, el rango y poder de sus ataques disminuía. De pronto, una presión más grande se sintió en el ambiente, y unos rugidos que sonaron al unísono hicieron temblar la azotea. Pertenecían a varios menos grande que se acercaban por flancos distintos. Algunos de ellos aún estaban lejos, pero sin duda alguna se dirigían a su ubicación.

El menos más cercano a ellos les disparó directamente un cero que logró romper el escudo de Orihime, que estaba ya bastante debilitado, y la hirió en el muslo izquierdo. La chica, a pesar del dolor, se giró con rapidez, ya que percibido a Ulquiorra detrás de ella.

No se había equivocado. Aterrada, comprobó que él también había recibido parte del ataque en la pantorrilla derecha. El shinigami, soltando un quejido leve, se arrodilló usando la pierna que no había sido dañada. La chica corrió hacia él dirigiendo a Tsubaki en la misma dirección, evitando que el hollow que no recibió el ataque interrumpido de Ulquiorra los dañara.

– ¡Ulquiorra! –Tuvo que interrumpirse para tomar aire, pues el cansancio ya la estaba venciendo–. Lo siento, yo-

El aludido levantó la mano para indicarle a Inoue que no continuara.

–No… te disculpes –el shinigami respiraba aceleradamente, pero no había cambiado su expresión impasible–. Tú… fuiste la que me dijo que serías capaz de manejar estas situaciones. Así que acepta la responsabilidad de tus acciones y sigue adelante. Aún no hemos acabado aquí.

Orihime se quedó estática, impresionada por las palabras de Ulquiorra. Se sintió algo torpe, pues estaba desaprovechando la oportunidad de que él la respetara como una aliada digna de la sociedad de almas.

–Entendido. Lo siento, teniente.

Inoue se inclinó y arrancó un trozo de tela de parte inferior del kimono del shinigami, para realizar un vendaje rápido en su pantorrilla. Ulquiorra se incorporó como pudo y se mantuvo en una sola posición mientras preparado para seguir lanzando sus ataques a distancia.

–Está bien –lanzó una lanza directa a una fila de hollows que se acercaban. Éstos desaparecieron de inmediato en un resplandor verde–. Sólo no te quedes atrás.

Orihime sonrió un poco, con su confianza recuperada. Reactivó su escudo y continuó luchando.

Pero el tiempo siguió pasando y la situación no hacía más que empeorar, pues hollows y menos grandes provenientes de todas direcciones se dirigían hacia ellos sin freno. El espacio en la azotea, a pesar de ser amplio, había sido reducido para ellos ante la continua llegada de monstruos. Además, sus movimientos eran cada vez más ágiles y torpes. La pérdida de energía estaba alcanzando puntos críticos.

Habían eliminado al quinto menos grande cuando Inoue divisó que detrás de ella Ulquiorra temblaba y se apoyaba sobre su espalda.

– ¿Ulquiorra?

–Estoy bien –la voz del hombre le llegó demasiado agotada, por lo que Orihime se giró para verlo bien.

Estaba respirando con mucha dificultad. Su rostro estaba a un nivel de palidez que equiparaba al de su tiempo como hollow. Atrayéndolo hacia ella para que se recargara por completo, revisó rápidamente sus signos vitales. Su pulso estaba débil. La concentración del enfrentamiento le permitía ver las cosas con calma, pero de todas formas sentía que sus emociones le quitarían el raciocinio que necesitaba para atender al del cabello negro.

Cerró el rango de ataque de Tsubaki para evitar que los hollows los atacaran directamente, pero sin Ulquiorra la carga sobre ella aumentó considerablemente, cosa que resintió en su propio cuerpo con la acelerada disminución de su reiatsu. Sin tiempo que perder, hizo que Ulquiorra se recostara sobre el concreto mojado y examinó la herida en su costado izquierdo. Sangraba en una cantidad alarmante.

Entonces, activó su campo de curación alrededor de Ulquiorra. Duró lo suficiente para disminuir un poco la hemorragia de su costado izquierdo, pero una vez que intentó cerrar la herida, Orihime recibió una dolorosa punzada dentro de ella. Justo después, el campo de curación se rompió. Intentó activarlo otra vez, pero al hacerlo se dio cuenta de que su escudo, que recibía de lleno los ceros de los menos grande que seguían llegando, se hacía más delgado; en añadidura, Tsubaki se quedó atascado dentro de un hollow. No podía arriesgarse a que resultara lastimado en ese momento. Pensándolo un poco, disipó el campo de curación, aunque supiera que tal vez Ulquiorra ya no sería capaz de levantarse. Justo después, Tsubaki salió de donde estaba, y una de las grietas del escudo se resanó.

Inoue no pudo darle explicaciones a Ulquiorra, pues los hollows no daban tregua alguna. Se paró junto a él y siguió dirigiendo a Tsubaki, que ante la oscuridad de la noche se veía como un anillo dorado, girando alrededor de ellos. Ulquiorra se sentó con cuidado y la observó expectante. Con ayuda de la luz que emitía el escudo, que era prácticamente la única que tenían cerca además de Tsubaki, miró a la chica. El fleco le cubría los ojos, pero pudo ver que fruncía muy fuerte los labios.

– ¿Orihime?

La chica le contestó con voz quebrada.

–Yo… yo no puedo curarte.

– ¿Qué? ¿Por qué?

–Si lo hago, no será lo suficiente para que te recuperes por completo. Tomaría mucho tiempo y reiatsu. Y no tenemos ninguno de los dos.

– ¿Entonces qué piensas hacer? ¿Vas a enfrentarlos tu sola?

Inoue lo encaró. Su cara estaba crispada por una expresión que había visto en ella muchos años atrás… cuando enfrentándolo a él, siendo un espada, lo abofeteó. Decisión… y terror a la vez, por hacer algo que seguramente era demasiado arriesgado.

–No lo hagas. Puedes morir, ¿lo sabes?

La chica no contestó.

–Orihime, cúrame.

–No.

–Orihime…

– ¡NO LO HARÉ!

Reflejando ese impulso, Tsubaki emitió un fuerte destello y aceleró, acabando con un menos grande de tajo. Ahora el turno de Ulquiorra de ver estupefacto a Orihime, que respiraba violentamente.

–Sé que es peligroso que te deje así, pero sé que no morirás. En cambio, si no ataco ahora, moriremos los dos.

Ulquiorra se pasó la mano por el pelo. También estaba perdiendo la paciencia.

– ¿Pero crees que podrás con todo? Y si lo haces, ¿qué haremos? ¿Esperar a que después de un rato vengan más y nos maten?

–La garganta ya está a punto de cerrarse. Esta es nuestra última oportunidad para atacar. Debemos confiar en que los otros podrán con lo demás.

–No puedes hacerlo. Te estás poniendo demasiado en peligro.

La chica no hizo un esfuerzo por ocultar su molestia. Tsubaki emitió otro destello antes de contestarle.

–No me vengas con eso. Hace un rato me dijiste que aceptara las consecuencias. ¿Por qué habría de ser diferente ahora?

El exespada bajó la vista, confundido. Era la misma pregunta que le había hecho un par de semanas atrás, cuando habían discutido en su cocina. Y era la misma qué el mismo se había formulado cuando la había tomado de la mano en la plaza. Sus sentimientos, aunque inseguros, habían tomado algo de forma. Y sabía que era la razón por la que la había buscado tanto, después de revivir.

Susurró su respuesta, apenas audible entre los aullidos de los hollows.

–Porque yo… no quiero que mueras. No cuando por fin pude verte otra vez. Orihime… te necesito.

Al escuchar esa respuesta tan directa y tan característica de él, la chica no pudo evitar que el peso de tales palabras hicieran que su corazón latiera con violencia y duda. Sintió cómo la sangre se le subía al rostro, pero, aún con su resolución intacta, miró a los ojos al shinigami. A través de la mirada casi neutra de Ulquiorra, Inoue vio algo distinto. Una desesperación que no venía del vacío. Una mirada que ella había dado muchas veces en el pasado: La del miedo de perder algo importante por la impotencia. Y Orihime, ahora estando del otro lado de la moneda, comprendía por fin a sus amigos, que la habían defendido tantas veces en el pasado. Entonces, se vio a sí misma con una fuerza que no conocía antes. Una que la hizo convencerse de que, a pesar de que estuviera en sus límites, le iba a permitir darlo todo, hasta su vida, por las personas que quería.

La chica se hincó junto a Ulquiorra, tomó su mano derecha y se concentró en absorber algo de su reiatsu. Repentinamente, un haz de luz verde apareció a su lado, y luego de unos segundos la espada de Ulquiorra se materializó y cayó al suelo con estrépito. Lo miró a los ojos, sin un rastro de duda.

–Yo ya te perdí una vez. Y no dejaré que suceda de nuevo. No sin que antes puedas disfrutar de ese corazón nuevo que tienes…

Conmigo.

Se incorporó, sintiendo una fuerte punzada de dolor en su muslo herido, y disolvió lentamente su escudo, dejando que toda su energía se enfocara hacia Tsubaki. Los hollows no desaprovecharon y corrieron hacia ellos enseguida.

–Déjame saldar mi deuda. Déjame salvarte, por fin.

La pequeña hada comenzó a brillar y a girar nuevamente, cobrando rápidamente velocidad. Orihime apuntó hacia el frente, y él obedeció. Se lanzó de lleno, y tal como lo hizo semanas atrás, barrió con las decenas de hollows que los rodeaban y dirigían hacia ambos. Aceleró aún más, produciendo un sonido metálico al cortar a los monstruos y siguió girando mientras subía en espiral, dando cortes mortales a todos los menos grande que también los acechaban. Segundos después, el suelo se estremeció cuando los menos se derrumbaron.

Lo había logrado. Por fin, ella había permanecido al frente, sin quedarse viendo la espalda de los que la protegían.

Pero, ahora que ya no corría la adrenalina de la batalla, y sin una pizca de reiatsu dentro de ella, sintió que sus fuerzas le fallaban. Tsubaki regresó hacia ella y en un haz de luz dorado, volvió a formar parte de sus horquillas. Orihime se tambaleó y cayó de rodillas. Se sostuvo el hombro izquierdo, desde donde ahora manaba la sangre sin freno. Con la vista nublada y al punto de la inconsciencia, subió la mirada al cielo y vio cómo la garganta terminaba de cerrarse, dejando ahora sólo más nubes de tormenta. Sonrió. Por fin habían tenido algo de suerte. Entonces, se desplomó hacia un lado.

– O-Ori-hime…

Ulquiorra intentó arrastrarse hacia la chica con ayuda del brazo y pierna que tenía menos dañados. Pero a medio metro de ella, sintió un pinchazo insoportable en el costado izquierdo y comenzó a toser sangre. Cayó, y poco a poco sintió el frío de la lluvia asirse a su propio cuerpo. Segundos después, también se desmayó.

A su alrededor, ahora sólo se escuchaba el sonido de la lluvia al impactar contra el cemento.


Viendo las fechas, la última actualización fue hace 8 meses exactos. Ya no me voy a deshace en excusas o promesas, que ya bien he visto que no me salen. Así que no diré nada más que esto: este fanfic será terminado. A ritmos torpes y alargados, pero este seguramente tendrá un final, que mantenga la poca o mucha calidad que tenga esta historia, y la que ustedes lectores que me han seguido, merecen.

Como siempre, quiero agradecerles a todos los que me han dejado review en algún momento (en especial a .Souma e Isis Black well –Casi me haces llorar tía, en serio–, que dejaron review en este capítulo), además de aquellos que me ponen en favoritos y en follow. Nunca pensé que llegaría a lo que tengo ahora y eso me hace muy feliz, porque siento que he aportado al fandom. El UlquiHime puede que esté más hundido que el Titanic, pero siempre estamos nosotros para mantenerlo vivo (?).

Nuevamente muchas gracias y recuerden esto: si sólo las disculpas fueran suficientes, entonces no existiría el seppuku.

¡Oh! Y para los que aún esperen actualización (yo me incluyo): en el siguiente capítulo… bueno, será gay a morir buajajajaja.

Felices fiestas a todos y feliz año nuevo 2016.