Gemma es una burra y escribe capítulos demasiado largos, así que podéis coger palomitas o algo porque esto va para rato. Son más de mil palabras más que los capítulos anteriores *estoy mal de la cabeza u.u*. Espero que no se os haga muy pesado :)
Capítulo 15.
Harry
Comienzo una cuenta atrás mental al décimo día en Isla Mauricio. Nos quedan cuatro días más aquí y yo empiezo a sentir que me arrancan algo que ni siquiera me pertenece.
La noche anterior, Kath consiguió convencerme para que me "soltara un poco y moviera las caderas". No es que baile mal, es que no me gusta que me vean, pero terminó por hacerme bailar como lo hicimos por última vez en nuestra boda, y no fue una sensación agradable. Ella sonreía sin parar y yo sentía cómo mis lágrimas caían hacia dentro porque no podía dejarlas mostrarse exteriormente. Me sentía como si hubiera alguien contando chistes en mi funeral, burlándose de mi dolor y mi desdicha, pero al menos ella no había notado nada extraño ni al terminar de bailar, ni al llegar al hotel de madrugada, ni al arrastrarme a la cama para hacerle el amor como nunca se lo había hecho. Porque le puse ganas, y rabia, y quise verter en ella toda mi frustración convertida en arañazos y envites furiosos contra su cuerpo cada vez más ávido, y pensé que lo estaba consiguiendo cuando mis terminaciones nerviosas ardían por culpa del orgasmo, pensé que de verdad lo había conseguido, que había conseguido que el día anterior con Danny quedara en una simple anécdota que no contarle a nadie nunca jamás en mi vida. Pero me equivocaba, porque luego ella me miró, con esa mirada límpida que se tiene tras un acto tan animal como es tener sexo, y me dijo con una voz tan sincera que dolió, que me quería con locura. Y depositó el beso más dulce de toda nuestra relación en mis labios para luego incrustarse entre mis brazos y poder dormir tranquila. Y yo no pude pegar ojo en toda la noche, tragándome la culpabilidad por haber dejado de quererla y en cambio sentirme capaz de darlo todo por alguien que dormía a cuatro escasos metros de mí. Y creedme cuando digo que odiaba esa sensación.
Así que es normal que ahora tenga estas ojeras. Kath se ríe, y se culpa de ellas por el trabajo en equipo de la noche anterior, y tiene ese brillo en la cara que sí que es culpa mía. Pero lo que no sabe es que en estas bolsas violáceas se esconde más de lo que piensa, puede que más de lo que yo espero incluso.
Desayunamos y pasamos las primeras horas de la mañana en la playa, aguantando estoicamente lo duro que se me hace estar así con ella y martirizándome interiormente pensando en el inglesito. En que anoche le dejé tirado y que probablemente me esperase con la esperanza de verme aparecer, y que se iría a su cuarto decepcionado, y odiándome tanto o más de lo que yo me odio en estos momentos, aunque eso sea algo difícil de superar.
- Por cierto, por si te preguntabas lo que vamos a hacer esta tarde- dice Kath, secándose con la toalla tras haber pasado por las pequeñas duchas de la playa, y volviendo a ponerse su vestido de flores.- Mery y yo ya lo hemos arreglado todo.
- Qué raro- musito. Mery suele implicar Danny...
- Es que resulta que hay un zoo a un par de kilómetros de aquí, y según dicen, los pandas son algo demasiado adorable como para no visitarlos. Y sabes que adoro los pandas.
- O sea, que hoy toca zoo, ¿no?
- Exacto. Pero después de comer. ¡Me muero de hambre!
Y por más que yo desee que esta comida sea eterna y no tener que enfrentarme a los ojos de Danny, termina antes de que me de cuenta y en menos que canta un gallo, nos estamos reuniendo con los ingleses en la recepción del hotel. No es que sea un cobarde, es que tengo miedo (no es lo mismo, ¿vale?). Tengo miedo de que Jones ya se haya montado una película en su cabeza y no se crea mis palabras, eso en caso de que me deje hablar, claro.
Les veo de pie junto a la puerta, esperándonos. Están abrazados, mucho, y Mery le sonríe mirándole a los ojos con una expresión tan bobalicona en su rostro que hace que algo se me encoja en el estómago. Porque él le devuelve el abrazo, y también la sonríe, y la besa. Toma su rostro con sus enormes y pecosas manos y le acerca al suyo, y se detiene un par de segundos sin dejar de hablarle muy cerca de los labios para después juntarlos. Y yo tengo que apartar la mirada antes de que mi instinto asesino siga creciendo.
- Ya estamos listos- anuncia Kath cuando llegamos a su lado, y ellos se separan. Danny me mira y no borra esa sonrisa de sus hinchados labios, como si quisiera demostrarme lo feliz que es con la Barbie de su mujer.
- Pero si preferís quedaros en la habitación...- insinúo, y todos ríen, porque debe haber resultado muy graciosa mi intervención.
- Tranquilo- me dice Danny, guiñándome un ojo en un gesto que más que cómplice, resulta malvado.- Suelo aprovechar más las noches, que es cuando no tengo nada que hacer.
Y ahí está el doble sentido, la primera pulla, la primera puñalada. Se pone las gafas de sol para ocultar sus ojos de mí y toma de la mano a su mujer, a la que empiezo a odiar como no he odiado nunca a nadie, y salen del hotel seguidos de cerca por nosotros. Afuera nos espera un minibús en el que otras tantas parejas ya están sentadas, para llevarnos a dicho zoo. Como sé que Kath tiene un folleto, termino por pedírselo para poder prestarle atención a algo que no sean los rechonchos dedos de Danny haciendo circulitos sobre la rodilla de su mujer, o al modo en que sus manos izquierdas se entrelazan al pasar su brazo por encima de sus hombros. De verdad que parece que están de luna de miel y a mi me están quitando la vida.
Llegamos al zoológico pasada algo más de media hora. El letrero está en un idioma que no conozco (o simplemente tiene un nombre raro), pero no consigo leerlo, y nos acercamos todos en manada a la puerta acompañados por el guía de la "expedición". Parecemos niños de excursión, pero puede ser divertido, aunque Danny me ignore y parezca que sólo se acuerda de su mujer cuando quiere tocarme las narices.
Lo que primero visitamos es la zona de lo que yo llamo "animales de tierra", como si fueran horóscopos. Jirafas, algún que otro oso, creo que flamencos y más bichos de esos que tienen mucho pelo.
- Mamíferos, Haz. Esos bichos que tienen mucho pelo, se llaman mamíferos- me dice Kath, mirando embobada cómo un canguro se mete en la bolsa de su madre cuando Mery le tira una foto. Eso de que los animales tienen un sexto sentido y se apartan de la mala gente parece ser verdad.
Seguimos por los "animales de semi-agua", es decir, los reptiles, cocodrilos y esos bichos con escamas. Admito que esta parte es la que menos me gusta, así que no tardo mucho en desviarme y esperar a que los demás terminen la visita y se unan a la tercera parte, "los animales de agua-agua". El guía nos conduce por un par de caminos de tierra y nos avisa de que estamos a punto de entrar a un acuario y es conveniente no alzar mucho la voz y hacer las fotos sin flash ya que el sitio es bastante oscuro para similar los fondos marinos y nadie quiere que un animal de media tonelada se ponga nervioso. Yo sobre todo.
Y cuando entramos parece como si el mar nos hubiera engullido. En mis veinticinco años puedo decir que no he pisado un acuario en toda mi vida y resulta casi mágica la curva que el cristal hace sobre nuestras cabezas para dejarnos ver cómo pececitos de colores nadan a toda velocidad de un lado a otro. Parezco un niño pequeño, estoy absorto.
El guía continúa hablando sobre una especie de pulpo que hay nadando (o lo que sea que hagan los pulpos) cerca de una de las paredes pero yo me alejo porque por mi visión periférica veo un delfín blanco y se me seca la boca. ¿Los delfines no eran negros? O azules, según los pintaba mi sobrino.
Mi intención es poner una mano en el cristal para tratar de tocarle aunque sea imposible cuando el delfín posa su hocico en el cristal pero por el otro lado, pero Danny se posiciona a mi lado y me hace pegar un brinco, asustado.
- ¿Ni siquiera me vas a contar por qué no viniste?- dice, sin andarse con rodeos o darme tiempo a empezar la conversación, que sería lo justo.
- ¿Me vas a escuchar?
- La verdad es que no- mira al delfín, inclinando la cabeza, y yo suspiro, porque ya lo sabía, pero vuelve a adelantárseme.- Porque supongo que estarías muy ocupado tirándote a tu mujer como para avisarme siquiera de que no ibas a venir. Total, ¿para qué? ¿Verdad?
- Pues si, me estaba tirando a mi mujer- le confieso, hablando entre dientes porque recordemos que aquí no se puede gritar, y mirándole aunque él no haga lo mismo conmigo.- Por que es lo que los maridos hacen, hacerle el amor a sus mujeres, y disfrutarlo. Joder, sí. Me encantó follarme anoche a Kath. No te haces una idea de lo bien que...
- Que te jodan, Harry- deja de mirar al delfín y posa sus ojos en los míos, acuosos hasta tal punto que las lágrimas se notan a punto de caer por sus mejillas. Le tiemblan las comisuras de los labios de un modo que me hace sentir culpable, ruin y rastrero. Y cuando una de esas gotitas saladas se desborda en caída libre y deja a su paso un rastro húmedo, mi mente dice que ya basta. Que no puedo seguir mintiéndome más a mi mismo, ni volver a hacerle daño a él.
- Dan...
- No me toques.
Aparta la mano con orgullo y se seca la única lágrima que se ha permitido verter por mí y sigue mirando al delfín, cruzando los brazos por encima del pecho. Y joder, ¿por qué tiene que ser todo tan difícil? ¿Por qué no soy capaz de dar un solo paso y acariciar ese brazo repleto de tatuajes y decirle lo que quiero gritarle desde hace días? ¿Por qué no puedo simplemente dejar las cosas así y permitir que se aleje de mí?
- Eres un gilipollas- dice sin mirarme. Agacha la cabeza, negando levemente, y veo algo que no sé bien qué es en su manera de moverse que me sugiere que ya se esperaba todo esto.
- Dan- susurro, mirando también al delfín, que nos mira a su vez a nosotros como si la atracción no fuera él sino estos dos patéticos humanos que no se atreven del todo a admitir lo que sienten.- Lo siento.
- No tienes porqué. Tienes razón. Es lo que los maridos hacen. Creo que debería de empezar a hacerlo yo también. ¿Tú qué opinas?
Eleva la mirada y la clava en la mía, tratando de hacerme creer que es más fuerte de lo que es en realidad, y finge indiferencia. Sé que lo está haciendo a posta, que quiere hurgar en la herida para que termine dándole lo que quiere. Alza una ceja, empujándome a contestarle algo, observándome casi con rencor, y todo lo que puedo hacer es balbucear algo sin sentido y evitar su mirada.
- Puedes hacer lo que quieras- musito. Un instante después, una risita sarcástica escapa de sus labios, hiriente. – No puedo impedir que te acuestes con tu mujer, pero créeme que si de mí dependiera, no volverías a verla en tu vida. Porque no soporto saber que cuando yo estoy con Kath, tú estarás haciendo lo mismo con ella, y me odio y me doy tanto asco que ni siquiera serías capaz de hacerte una idea. Porque cada vez que Kath me besa, o me toca o me mira, yo te siento a ti. Y sí, no debí dejarte tirado, y sí, ayer le hice el amor a mi mujer, pero tienes que creerme si te digo que cambiaría cualquier polvo con ella, sólo por poder pasar un minuto contigo.
Hala. Ya está. A la mierda mi hombría y mis votos. Al delfín le falta aplaudir y yo siento una extraña y agradable sensación recorrerme el cuerpo al saber que me he quitado un peso de encima al decírselo a él y al sacarlo de mí.
Espero a que diga algo, o que me mire y me sonría y me haga sentir un poco menos estúpido y vulnerable, esperaría incluso que me devolviera el gesto y entrelazara su mano con la mía como hice yo el día anterior en la regata, pero no hace nada de eso. De hecho, no hace nada en absoluto. Continúa mirando al delfín como si no hubiera escuchado mis palabras, o peor, las estuviera ignorando por completo, y yo bufo de nuevo. ¿De verdad? ¿De verdad va a mostrar indiferencia con esto? ¿Después de lo que acabo de decirle?
- ¿Qué cojones pasa contigo, Danny?- le espeto, con la paciencia ya colmada y ganas de reventarle la mandíbula, la cual se curva en una sonrisa triste.
- Aquí no se puede gritar, ya has oído al...
- Me da igual lo que haya dicho el guía. Y por tu bien, dame una respuesta o vas a convertirte en comida para delfines.
- Así todo sería más fácil- farfulla. Y luego me mira. Y juro que me tiemblan las piernas al contemplar esos ojos tan redondos y tan azules, y leer lo que ellos me dicen. Me olvido por un momento de que estamos rodeados de personas, entre ellas nuestras esposas, y borro la distancia que nos separa de un solo paso, quedando a su lado, absorbiendo su mirada. Ha potenciado mis celos, no soporto que mire a nadie que no sea yo, ni que nadie le mire a él, por muy enfermizo y posesivo que sea.
- No digas eso, ¿me oyes?- le pido, a la par que acaricio su muñeca con mi dedo índice, pero él niega, como si se diera la razón a sí mismo.
- Sabes que tengo razón.
- No la tienes, joder. Sería más fácil, sí, ¿y qué? ¿Qué debería hacer yo entonces?
- Ser feliz.
- ¿Sin ti?
Nos miramos y desaparece el delfín, el resto de la gente, nuestras mujeres, el acuario y hasta el mismo centro del universo, porque yo tengo ahora el mío frente a mí. Y no miento si digo que me sobra cualquier cosa que no sea Danny. Y que podría ser feliz toda la vida si siguiera mirándome como lo está haciendo en este momento. Hay veces que los sentimientos son tan intensos, que las palabras no les hacen justicia, y todo cuando puedes decir en una mirada es más sincero que lo que salga por tus labios, como si esos sentimientos te consumieran por dentro hasta impedirte siquiera hablar con un mínimo de raciocinio o cordura. Supongo que es por eso por lo que no necesito que Danny me diga que me quiere, porque puedo verlo en sus ojos. Y sé que él puede verlo en los míos, aunque no crea en lo que ve. Pero vamos, miradlo desde fuera. ¿Pueden dos personas enamorarse en tan poco tiempo? ¿Pueden dos personas sentir algo tan intenso con alguien a quien apenas conocen? A veces pienso que esto es sólo una aventura pasajera, que con el planteamiento de mi nueva vida como hombre casado, mi cerebro busca inconscientemente algún tipo de rebeldía que me diga que sigo llevando yo las riendas de mi vida, y pienso que cuando estos cinco días acaben, quedaré satisfecho por haber probado otras cosas, como si fuera un experimento. ¿Quién decía que no hay que irse de este mundo sin probarlo todo? ¿Sabía esa persona que en un juego inocente puedes tirar toda tu vida por la borda? Y a veces lo pienso, sí, que en cuanto vuelva a California, esto se quedará aquí, enterrado en miles de kilómetros de distancia, y que lo borraré de mi cerebro. Pero luego le miro, o le pienso, o le imagino a él, y le veo al otro lado del mundo y podré no tener nada claro en mi vida, salvo que no le quiero lejos de mí. Así que, ¿es esto amor o sólo una experiencia?
Mis dedos siguen recorriendo la piel de Danny, mirándonos en silencio reprochándonos cosas y regañándonos el uno al otro con los ojos. "Sabes que no va a salir bien". "¿Ahora eres vidente?". "Eres un idiota". Y así. Poco a poco el miedo va dejando paso a la redención, y entrelaza sus dedos con los míos sin que yo haya tenido que hacerlo antes. Es en momentos como estos, en los que el gesto de amor es recibido y no brindado, cuando te das cuenta de que tienes valía como persona. Cuando alguien está dispuesto a verter en ti una parte de sí mismo porque sabe que la vas a cuidar, una parte que no le confiaría a cualquiera, sino sólo a ti. Le devuelvo el gesto, entreviendo que me ha perdonado por el plantón de la noche anterior, y veo cómo sonríe casi sin querer, mirando al delfín de nuevo y sacudiendo la cabeza.
- Sigues siendo un gilipollas. Ayer se me congeló el culo esperándote en la piscina- me dice, y yo me río.
- Bueno... ¿me darás otra oportunidad para calentártelo?- me mira, esbozando una sonrisa pícara, y yo parpadeo confuso.- ¡Mierda! Me refería a... vernos esta noche... no... Bueno, que si quieres... Pero no era... eso.
- Harry.
- Dime.
- Estás tartamudeando- como si no me diera cuenta.- El que se pone nervioso aquí soy yo. No tú.
- Oh, perdone usted, ¿que tengo que ser aquí sargento de hierro o qué?
- A las dos y cuarto otra vez- presiona mis dedos entre los suyos y traza circulitos con el pulgar sobre mi dorso, erizándome la piel.- Como no vengas...
- ¿Qué?- me pego a él, aprovechando la práctica total oscuridad que hay aquí, y siento mi pecho ardiente rozar el suyo por encima de nuestras camisetas. Y me le imagino sin ella, solos, en la piscina, a las tantas de la noche... Sólo un idiota repetiría el mismo error dos veces.
- Te tendré que calentar yo a ti.
- Mmm... No suena mal del todo.
Un centímetro más es recortado entre nosotros, y veo cómo mira hacia atrás, buscando algo que, al no encontrar, le deja vía libre para pegar durante un solo segundo sus labios a los míos. Ni siquiera es un segundo, es mucho más efímero. E intenso. Puedo sentir en el aire la estela de sus labios al apartarse de los míos y la sigo inconsciente, acercándome hasta él a una orden irracional que ni siquiera viene de mi cerebro sino de algo que se me revuelve en el pecho cuando le noto demasiado lejos de mi. Por supuesto, no me deja; me pone la mano libre en el pecho y sonríe.
- A las dos y cuarto.
Se aleja de mí, soltando mi mano y se sitúa al lado de su mujer sin llegar a tocarla. Y sé que voy a contar los minutos hasta que lleguen las dos de la madrugada.
Danny
Cierro la puerta a mi espalda con un cuidado extremo, y mi mente evoca aquellas noches de Navidad en que me escapaba de la cama para ver a mamá colocar los regalos bajo el árbol sólo para ser consciente de que tenía (y tengo) la mejor madre del mundo. En esas ocasiones siempre terminaba tropezándome con los escalones y algún que otro lastimero "¡auch!", me delataba, por lo que tenía que salir corriendo y meterme en la cama como si tuviera bajo ella al mismísimo Wendigo.
En esta ocasión, y tras años de práctica saliendo de las habitaciones de los hoteles a escondidas, consigo que la puerta cuadre con el quicio soltando un suave "clic" que apenas oigo yo, y puedo echar una carrerita hasta la puerta trasera del hotel, que da a la piscina. Miro de nuevo el reloj y maldigo para mí mismo. Las dos y media pasadas. Manda huevos que el que llegue tarde sea yo, sobre todo cuando he amenazado a Judd. Seguro que no va a dejar de hincar el dedito en la llaga. O a lo mejor se ha ido. ¿Y si ni siquiera a llegado a bajar y me quedo de nuevo como un gilipollas esperando hasta las tres a que aparezca?
Sacudo la cabeza y me encamino al rectángulo azulado que se distingue entre las sombras del jardín. Sólo hay un par de farolillos de luz anaranjada iluminando la estancia y mi vista no se ha acostumbrado todavía al cambio de iluminación, por lo que prácticamente no veo nada y me trago las tumbonas, apiladas una encima de otra en un rincón.
- Harry-susurro, dejando que mi mirada viaje de un lado a otro, buscándole. ¿Y si me pilla algún trabajador del hotel y me dice que aquí no se puede estar a estas horas? – ¡Harry!
Me dirijo a la palmera junto a la que fumamos los primeros días de nuestra estancia en Isla Mauricio, y veo que no hay nadie junto a ella, y el reloj ya marca menos veinte. ¡Mierda otra vez! Como mañana se le ocurra volver a pedirme disculpas le voy a echar a la pecera del delfín, para que vea cómo se siente que te devoren por dentro.
- ¡Har...!- dejo la palabra inconclusa porque una mano me tapona la boca y un fuerte brazo se cierra en torno a mi cuello, un extraño filo cortante apretado contra mi piel. ¿Qué cojones? ¿En serio me van a atracar ahora? Abro la boca, revolviéndome en el férreo abrazo en el que me encuentro, y cierro la mandíbula con fuerza, atrapando el pulgar e hincando mis dientes en su piel hasta que el abrazo se rompe y me veo libre.
- ¡DIOS! ¡ME VAS A ARRANCAR EL DEDO!- me giro y veo a Harry, con un trozo de cartón en las manos. Respiro entrecortadamente, tratando de analizar la situación, pero soy incapaz.
- ¿Qué cojones haces? ¡Pensaba que me iban a matar!
- ¡Darte una sorpresa, gilipollas!- se aprieta la mano contra el pecho y la mira con preocupación. Creo que le he hecho daño...- Me vas a contagiar la rabia.
- Oye, que no soy un perro.
- Pues muerdes como una perra
Pongo los brazos en jarras y le miro, herido en mi orgullo masculino, pero me ignora y sigue ocupado de su dedo. Me acaba de llamar "perra", debería dejar que se desangrara.
- A ver, trae- cojo su mano y la acerco a mis ojos, parece que estoy medio cegato pero es que aquí no se ve prácticamente nada. – Haz, no tienes nada.
- Ya lo sé, ¿pero a que te has preocupado?- chisto, y le empujo, y le aparto de mi dispuesto a subir de nuevo al dormitorio, porque sé que no me va a dejar hacerlo. En cuando doy un paso atrás, pega un brusco tirón de mi muñeca y sus brazos vuelven a cerrarse alrededor de mí, en esta ocasión, en torno a mi cintura, y el violento golpe me hace impactar contra su pétreo pecho. Parece un muro de hormigón. Me dejo abrazar, apartándole la cara como buena "perra" que soy, y le oigo reír. A ver quién ríe el último.- Eres peor que una chica.
- Que dejes de compararme siempre con una mujer, cojones- otro empujón, que no sirve para nada, porque me gana en fuerza y otras muchas cosas más que no quiero mencionar para no sentirme más inferior a su lado.- Te recuerdo que yo también tengo pene.
- Sí, creo que le conozco...
Me pongo todo colorado al recordar ese momento del día anterior, y le oculto la cara fingiendo enfado más que vergüenza. Me ciñe más a él, haciendo el abrazo casi opresivo, y sus manos viajan de mis omóplatos a la parte baja de mi espalda en un paseo lento y tortuoso, al mismo tiempo que yo le respiro. A veces pienso que alguien debería enseñarnos a guardar el olor de las personas que más queremos para poder rememorarlo cuando nos falten. Si sólo pudiéramos quedarnos con uno, yo me quedaría con el de Harry.
Escondo mi cara en el hueco de su cuello cuando sus manos terminan el recorrido y se posan sobre mi trasero, que sólo está tapado por un fino pantalón de pijama, y el tacto de sus dedos me hace pegar un pequeño respingo, las siento arder. Parece que es verdad que me iba a calentar el culo...
Sus labios se posan sobre mi oreja y acarician el lóbulo, pequeños roces casi sin contacto, creando un camino de besos que desciende por el cuello tan lentamente que parece una tortura. En un rinconcito pequeño, muy, muy pequeño de mi cabeza, una especie de alarma se enciende y me advierte de la situación. Estamos parados en medio de una de las zonas públicas del hotel, a unas horas en las que no deberíamos y me está comiendo el cuello sin dejar de acariciarme la espalda y las nalgas, y parece que no tiene intención de parar, porque abre un tanto los labios, separando su mandíbula e hinca los dientes en la sensible piel de mi cuello, la cuál se pone completamente de gallina al sentir cómo éstos se hunden en ella. Y succiona. A mí me empiezan a temblar las piernas y ese rinconcito se hace todavía más pequeño, hasta que termine por desaparecer. Paso mis manos por sus hombros para buscar un punto de apoyo, y me arrimo a él en un gesto lascivo que no era el cual pretendía, pero es inevitable dado que no deja de mecer su cadera contra la mía, rozando con suavidad su *enorme* erección y contagiándomela a mí. Se me azora la respiración en cuanto le imprime un tinte más sórdido a todo ese movimiento y aprieto los ojos con tanta fuerza que incluso veo puntitos de luz contra mis párpados. Y ni siquiera nos hemos besado en los labios, prácticamente ni me está tocando.
Continúo mordiéndome los labios para reprimir una serie de jadeos que no puedo dejar salir con Harry (o volverá a compararme con una mujer), hasta que él se separa súbitamente de mi cuello y clava sus ojos en los míos. ¿Qué cojones le pasa ahora?
- ¿Me citaste aquí para esto?- escucho su pregunta pero ni siquiera la proceso. ¿Qué más da ahora para qué le cité? - ¿Para liarte conmigo?
- ¿Qué? No... – no se puede decir que esté pensando mucho en estos momentos, porque sigo presa entre sus brazos, esos musculosos brazos, prieto contra su cuerpo y con sus labios aleteando frente los míos.
- Ah, ¿no? ¿Entonces para qué?
- Bueno, sí, supongo que sí...
- ¿Me citaste para liarte conmigo? – me está haciendo un lío y no sé ni qué contestarle porque parece enfadado con cualquier cosa que le diga. ¿Será de esos conservadores que no tienen relaciones hasta el matrimonio? Aunque si lo fuera no estaría aquí comiéndome el cuello...
- Haz, me estás haciendo un lío y no me dejas pensar...
Mantiene esa fachada seria y dura un segundo más, y luego la derriba. Dos Harrys, es como si hubiera dos Harrys. El formal y circunspecto, y el que es todo sonrisas, ese que tengo ahora delante, tomándome el pelo. Hacen una buena combinación, y me encanta el segundo Harry porque le resta peso a toda esta situación, pero el primero es, contra todo pronóstico, el que consigue que te enamores de él. El Harry inteligente, el maduro. Pero recordemos que el segundo Harry acaba de reírse de mí, y me aprieta un poco más a él, sonriéndome, restregándose contra mí, volviéndome loco. No tengo ni ganas de replicarle, hemos dejado algo a medias.
- ¿Vas a seguir preguntando gilipolleces...?- le digo, enterrando mis dedos en su pelo y cerrándolos en torno a un par de mechones, con fuerza, tanta que veo cómo chirría los dientes- ¿... o vamos a aprovechar el tiempo?
- ¿Cuál es tu idea de aprovechar el tiempo? Igual no es la misma que la mía- y simplemente para que me haga una idea, se balancea sobre sus talones y clava su entrepierna contra la mía, un jadeo ahogado atascado en mi garganta. Y se ríe. Y yo digo adiós al Danny cuerdo y le digo hola al otro, al que se acerca a él ansioso y atrapa sus labios con los suyos. Porque yo también tengo dos Dannys, y él me despierta los dos.
Siento cómo se ríe contra mi boca y no me deja ser quien lleve aquí los pantalones, y si yo le beso con fuerza, y le muerdo y le absorbo, él lo hace con más ahínco, como si quisiera así decirme que quien manda entre los dos, es él, pero no me dejo achantar y en pocos minutos, más que besarnos parece que nos estemos odiando, que repelemos el contacto de la lengua del otro y que esta lucha de orgullos no terminará nunca. Se vuelve a reír porque sabe que está ganando. No soy una persona femenina, pero al lado de Harry lo parezco, pero es culpa suya, es tan masculino, y tan grande, y tan fuerte... Desplazo mis manos de su pelo a su espalda y me alzo sobre los pies para llegar mejor a él, acariciando con avidez sus omóplatos, acercándole a mí. Deja mi boca atrás y vuelve a atacar mi cuello, y no deja de mecerse contra mi, y yo no puedo desear otra cosa que termine ya los preliminares y pasemos a la acción.
Justo cuando ese pensamiento cruza veloz por mi cabeza, me doy cuenta de lo que estamos haciendo. No es como si antes no lo supiera, pero es entonces cuando me doy cuenta de que, de seguir así, terminaremos... haciendo eso. Y somos dos tíos... Quiero decir, no sé cómo lo hacen dos tíos. Bueno, sí, lo sé, tampoco tengo dos años, pero... Es decir, que no es como hacerlo con una mujer. Las mujeres no tienen pene, los roles están establecidos. En una relación homosexual... ¿Cómo se hace? ¿A piedra, papel y tijera? Sea como sea, algo me dice que el terminará mordiendo la almohada, seré yo.
Harry parece notar mi renuencia, como si escuchara las dudas que ha planteado mi mente en diez segundos, y se separa de mí. Tiene los labios hinchados y aún más carnosos, y sonrosados, la mirada le brilla anhelante y vaga por cada resquicio de mi rostro.
- ¿Qué te pasa? – la urgencia de su voz, Dios Bendito. Suena tan grave y apremiante, tan deseosa, tan...- ¿Quieres una cama, princesa?
- ¿Vamos a...?
- ¿Follar?- inquiere. ¿Será posible que me sienta como si tuviera dieciséis años y fuera a perder la virginidad otra vez?- Esa es la intención. Al menos la mía. ¿No quieres?
- Soy un tío- le aclaro, sólo por si se le ha olvidado.- Y tengo pene.
- Y nos podemos divertir mucho con él- me besa el cuello, para decirme así que me calle, pero no puedo. No sé él, pero para mí esto es importante.- ¿Quéééééé?
- No sé, que hablemos un poco antes, ¿no?
- Luego me preguntas que porqué te trato como una mujer...
- Te van a dar por culo, ¿sabes?
- No serás tú, mira cómo te pones en cuanto te magreo un poco- chisto y me aparto de él. Si sigo tan cerca no voy a poder pensar.
- ¿Qué es esto para ti?- recibo un bufido por toda respuesta, y le tengo que dar la razón mentalmente. Parezco una mujer.- Quiero decir... Quiero que signifique lo mismo para los dos.
- ¿Y qué significa para ti?- me abraza de nuevo y ya no tengo fuerzas para resistirme a él. Deposita un beso en mi mejilla con delicadeza, y me mece casi con ternura para después sonreírme y rozar su nariz con la mía, exhalando su aliento contra el mío.
- Es... – deja de tartamudear, Danny, por Dios.- Es-importante...
- ¿Importante en el sentido de que quieres hacerlo bien?- sugiere, besándome entre cada palabra, un solo roce de sus labios contra los míos.
- Importante... importante en el sentido... de... que no quiero ser... un pasatiempo... – aparta sus labios de mi nuez en una revirada vertiginosa y me mira con los ojos muy abiertos.
- No eres un pasatiempo, Danny.
- ¿Y cómo cojones voy a saberlo? Y no me digas que soy el amor de tu vida, porque estás casado.
- ¿Y qué tiene que ver? ¿Acaso el amor de tu vida es Mery?- alza la ceja un instante pero no me deja hablar, lo cual agradezco. Es una pregunta un tanto desagradable.- No eres un pasatiempo, joder, Jones, no lo eres. Eres importante. Eres lo que más me importa en estos momentos.
Puede que si no tuviera tanto miedo a creer en las palabras de Harry, me lanzara a sus brazos, le besara hasta asfixiarle y dejara que me tumbara en el mismísimo suelo e hiciera conmigo lo que se le antojase. Pero tengo miedo. No a que sea mentira, a que todo sea una táctica para "llevarme al huerto", de un modo u otro puedo sentir que lo dice de verdad, que el coraje que reviste su voz es verdadero. Tengo miedo a que me esté diciendo la verdad, que yo sea ahora lo que más le importa, y dejarle ver que él también es lo que más me importa a mí. ¿Entonces qué? ¿Hacer el amor con él es algo así como una carrera? ¿Qué pasará cuando lleguemos a la meta? ¿Se bifurcarán nuestros caminos? Harry me acaricia la mejilla, como si quisiera reforzar sus palabras, y mi cabeza parece bullir. Hay dos fuerzas encontradas tirando cada una hacia un lado, la que me grita que nos quedan cuatro días aquí, y que si le dejo seguir con esto, cuando nos separemos, todo será mucho más difícil. Que no puedo dejarle cruzar esa raya, o lo perderé todo, hasta a mí mismo. Pero también está la otra, la que mantiene la esperanza de que una especie de milagro estalle entre nosotros cuando llegue el día de la despedida y podamos quedarnos aquí eternamente, y dejar de escondernos o buscar horas muertas para poder besarnos, esa parte que me dice que, si me doy por completo a Harry, no voy a salir dañado.
Poso mi mano derecha sobre su pecho, buscando los latidos de su corazón. Se sienten tranquilos, acompasados, hasta que elevo la mirada y la cruzo con la suya, entonces se vuelven prácticamente locos. Las palabras podrán mentir, pero no los gestos, y los de Harry me demuestran que todo es real, que no tengo porqué tener miedo.
Y no sé si no lo he pensado demasiado, si simplemente me estoy arrojando a sus brazos como tanto miedo me da hacer, pero dejo que esta ronda la gane la parte de la esperanza. Veremos cuán cara me sale esa decisión...
Sólo digo que estos dos están más calientes que el palo de un churrero y no me responsabilizo de lo que pueda salir en el capítulo siguiente *guiño guiño*. Muuuuuuuchas gracias por leer y comentar, sois amores *y espero que sigáis siéndolo, feel the hint*.
Nos leemos la semana que viene :)
