Tininini *Sonido de los dos rombos en la tele*. *Voz de azafata*. Las siguientes imágenes pueden dañar su sensibilidad. Lee bajo su responsabilidad.
Hola. ¿Os acordáis de cuando subí el capítulo 15 y dije que era una barbaridad de largo? ¿Sí? Bien, olvidadlo. Para que os hagáis una idea, un capítulo normal tiene 4.200 palabras. Vale, este son 6.400. Je je je. Y encima es muy MUY +18 *Lo siento, no sé escribir sexo no explícito*. Así que ya sabéis, si no os gusta que estos dos se den *por culo* amor, clica la X de la esquinita derecha y todos tan felices.
Y-y-y-y dad gracias que podéis leer este capítulo porque FanFiction no me dejaba entrar. Hope you like it!
Capítulo 16.
Danny
- Tengo una sorpresa para ti.
Pego un respingo al sentir la voz de Harry rozando suavemente mi oído derecho. Estamos en el comedor del hotel, el abrasador sol se cuela por los enormes ventanales que hacen de pared, acompañado por una brisa con olor a salitre gracias a estar tan próximos al mar. Hay varias parejas sentadas en las mesas, disfrutando de un buen desayuno en uno de los parajes más increíbles descubiertos de la Tierra. Y como si fuera tradición que mi cuerpo reaccione de esa manera cuando tengo a Harry cerca, la cuchara tiembla en mi mano al sentir su repentina proximidad y termino por poner la mesa perdida de granitos blanquecinos.
- Tú y tu manía de tirarme el azúcar- le chisto y recojo lo que he tirado con una mano, vertiéndolo a la otra a modo de cuenco, y lo echo directamente a la taza de mi café. Oigo cómo Harry se ríe y disimula tomando una manzana de la fuente de la fruta, la cuál lanza al aire con destreza para volver a cogerla un par de segundos después, sin dejar de sonreír.- ¿Qué sorpresa?
- Ah... Si te lo digo no será una sorpresa- continúa con sus juegos y no tardo en darme cuenta de la proximidad que ha creado entre nosotros porque mi brazo roza su pecho, y sé que no ha sido un gesto inconsciente. Y el hecho de que siga buscando mi contacto, me gusta.
- ¿No vas a darme ni siquiera una pista?
- No- suelta la manzana y mira hacia su espalda, por lo que le imito. Nuestras mujeres están sentadas en la mesa más alejada del salón y parecen muy entretenidas en una conversación animada en la que incluso consultan algo en sus teléfonos móviles. ¿Se estarán intercambiando los números? Ahora que me fijo, yo no tengo el de Harry... El susodicho vuelve a mirarme, al confirmar que no corremos peligro de ser vistos, y acerca más sus labios a mi oído, el cual besa superficialmente.- Pero te necesito en el puerto a las siete en punto.
- ¿En el puerto?- mi voz es apenas un hilillo ahogado, no por miedo, sino por sorpresa.
- En el puerto- repite.- Y no me hagas esperar. No me gusta que me hagan esperar.
- ¿Nunca has oído que las cosas buenas siempre llegan tarde?
- Ya lo veo, ya. Y tú has llegado demasiado tarde.
Bajo la mirada como si lo que está diciendo fuera mi culpa, y sólo oigo su respiración. Sí, he llegado tarde a su vida, pero él también lo ha hecho a la mía. Si le hubiera conocido un solo mes antes, todo habría sido distinto. Aunque no habría venido aquí si no fuera gracias a la luna de miel. Es retorcido, pero ojalá nuestros caminos se hubieran cruzado de otra manera, en otras circunstancias, y sobre todo, sin tanta compañía.
Harry toma mi barbilla con su dedo índice y me alza la cara para que le mire. Al menos no parece enfadado, de hecho está sonriendo, y parece feliz. Me pregunto qué tramará.
- A las siete en punto, pecoso- cierra el espacio que nos separa y me besa. Le dejo que lo haga hasta que, apenas un segundo después, me doy cuenta de dónde estamos y que no es muy difícil que nuestras mujeres nos vean, y durante una milésima de segundo se me pasa por la cabeza lo atractiva que es esa idea, que nos vean, que nos pillen, que lo descubran todo. ¿Qué pasaría? ¿Nos perdonarían? ¿Montarían en cólera y automáticamente pondrían punto final a nuestros matrimonios? Él juega un segundo con mis labios y lengua y se separa abruptamente de mí, descolocando mi eje de verticalidad y haciendo que me tiemblen hasta las pestañas.
- ¿Qué te hace pensar que voy a acceder con tanta facilidad? ¿Quién me asegura que no me vas a vender a un barco pirata?
- Bueno... – vuelve a sonreír de esa forma, y siento algo revolverse dentro de mi pantalón. Ahora no, amigo.- Tendrás que arriesgarte. Pero si no vienes nunca descubrirás la sorpresa.
- Harry.
- Dime.
- Deja de tocarme.
- ¿Y si no quiero, qué?
- Pues toda esta gente será espectadora de una película porno en directo.
Suelta una carcajada y aparta su mano derecha de la zona baja de mi espalda, en la cual se había posado para apretarme un poco más a él. Me besa en la mejilla y yo ya estoy deseando que lleguen las siete de la tarde.
- Allí estaré- musito, rindiéndome.
- Así me gusta, perrita obediente.
Me propina una cachetada en el culo y se aleja de mí con su manzana para sentarse a la mesa donde nos esperan nuestras mujeres.
Me quedan ocho horas para descubrir qué sorpresa me tiene preparada.
Sólo hay una cosa peor que un Internet lento, por increíble que parezca. ¿Qué puede haber peor que esperar horas y horas delante de una pantalla esperando que cierta página se cargue y que cuando lo haga, no te permita verla entera? Pues hay algo peor. Y Harry me lo acaba de hacer. No soporto que me den sorpresas, básicamente porque ello conlleva tener que esperar equis tiempo hasta que te la dan. Quiero decir, si es una sorpresa, el hecho de que te vayan a dar una sorpresa también debería ser sorpresa, ¿no?
De cualquier manera, las ocho horas han pasado haciéndose pasar por dieciséis y he perdido toda la tarde mordiéndome las uñas y dándole vueltas a la cabeza. Mery me ha repetido en varias ocasiones que tenía la mente en otra parte y sólo he podido sonreírle sin mostrar los dientes (la sonrisa por excelencia de "yo no he hecho nada"), y seguir con nuestras actividades. He conseguido librarme de ella diciéndole que Harry y yo habíamos quedado para visitar tal o cual polideportivo para hacer algo de ejercicio y ha arrugado los labios, como si la propuesta no le gustase.
- Te está pegando sus hábitos- ha dicho, abrazándome en la puerta del dormitorio antes de dejarme salir.- Vas a terminar siendo un musculitos como él.
- No me queda a mí nada para parecerme a Harry...
- Con tal de que no me cambies por el gimnasio me conformo.
Y le he vuelto a sonreír sin dientes, he besado su mejilla (porque la perspectiva de besarle en los labios ha saltado antes mis ojos como algo sucio, como si en verdad le debiera fidelidad a Harry en vez de a ella), y he salido del hotel mirando el reloj. Las siete menos cuarto. Todavía me quedan quince minutos para averiguar cómo carajo se llega al puerto.
La única vez que pisé el puerto fue hace un par de días para ver la regata y fui "escoltado" en todo momento por él, con ayuda del plano, pero si llegamos allí fue gracias a él. Y ahora no tengo ni a Harry ni el plano. Empiezo a callejear, tratando de guiarme por el oído para descubrir a qué lado queda el mar y poder dirigirme a él, pero cuando la aguja de los minutos roza el doce, me pongo nervioso y empiezan a sudarme las manos. ¿Qué pasa si llego un par de minutitos tarde? ¿La sorpresa se autodestruirá cual bomba o algo similar?
Decido hacer uso de mis conocimientos de francés y preguntar a algún nativo, sirviéndome de mi mejor cara de turista perdido, y no recibo más que miradas extrañadas, ceños fruncidos y risitas mal ocultadas. Terminamos hablando por gestos, los típicos "todo recto, luego a la derecha, cuando llegues a una plaza, la calle de la izquierda y ya llegas". Y el que diga que es un lenguaje tan válido como otro cualquiera miente como un bellaco porque me he perdido otras dos veces.
Cuando mis pies pisan las maderas del embarcadero, diviso a Harry a un par de metros de mi posición. Está de pie mirando el mar, con las manos en los bolsillos y los hombros caídos. Una rápida mirada al reloj me dice que he llegado diecisiete minutos tarde. ¿Lenguaje de signos? Una mierda.
Camino hasta él oyendo el crujir de la madera bajo mis pisadas y trato de no hacer mucho ruido y darle yo una sorpresa a él como la noche pasada en la piscina. Y parece muy concentrado en su escrutinio porque consigo situarme a su espalda sin que me oiga y le tiro dos pellizcos de los costados que le hacen, igual que a mí esta mañana, dar un brinco y girarse bruscamente. Esbozo una sonrisa entre divertida y arrepentida, para pedirle disculpas por la tardanza.
- Me he perdido- le digo, antes de que pueda echarme la bronca, y no puede evitar reírse, no sé si de mí o conmigo, pero no me importa.- La culpa es tuya. Sabes que no sé francés y si pretendes que me acuerde de las calles por las que vinimos el otro día, vas listo. La memoria no es uno de mis fuertes.
- Ni la orientación, ni los idiomas, los deportes y miles de cosas más- se jacta, riéndose a mandíbula batiente y yo admito que me deje en ridículo sólo porque le he tenido veinte minutos esperando. Cuando se le pasa el ataque de risa, niega con la cabeza y entrelaza su mano derecha con la mía izquierda. – Pensaba que no ibas a venir.
Su voz ha perdido toda la burla que contenía antes y ahora deja entrever algo de miedo y vergüenza. Sé que podría reprocharle que así me sentí yo cuando me dejó tirado en la piscina, pero no quiero ser rencoroso, ni joder este momento. Me muestra una sonrisa tierna y tímida que consigue hacerme sonreír como un idiota., así que me abrazo a sus hombros y un segundo después sus manos ya están posadas en mi espalda manteniéndome pegado a él.
- Bueno, pero he venido- no puedo controlar el impulso de rozar mi nariz contra la suya, en un gesto excesivamente cariñoso e impropio en mí, y su aliento se mezcla con el mío, saliendo de entre sus labios curvados en un sonrisa afirmativa.- Eso es lo importante, ¿no?
Asiente, creando esa misma caricia de nuevo, y le premio con un beso. Llevo todo el día sin poder hacerlo y el que me ha dado esta mañana en el comedor es mucho más que insuficiente. Aprovecho que por aquí prácticamente no se divisa a nadie, excepto un par de pescadores cargados con enormes mochilas u otro par de turistas preparados para coger una embarcación, y me alzo un par de centímetros sobre las puntas de mis pies para no tener que forzar el cuello y poder besarle en condiciones. Mis dedos se pierden por el pelo de su cogote al tiempo que le empujo hacia mí por la nuca, encajando mis labios con los suyos de modo que ni una gota da aire pueda escaparse, y nuestras lenguas comienzan a bailar al ritmo de una música que crean nuestros corazones y que sólo podemos oír nosotros dos. Es como estar en un salón vacío, la atención sólo recae en nosotros, la música suena para aquellos dos casi desconocidos que se sonríen como si tuvieran quince años y no supieran nada del amor, aunque en cierto modo, en el momento en que Harry apoya su mano derecha, abierta y posesiva, sobre mi espalda para someterme más aún a ese beso, me doy cuenta de que en realidad es así. Que no sabía nada del amor, ni de lo que significaba querer a una persona o estar dispuesto a dar tu vida por ella, hasta que le conocí a él. Hasta que me encuentro a mí mismo mirándole a esos ojos tan azules y tan valientes y el planteamiento de pasar mi vida junto a él ni siquiera me asusta, es más, hace que algo se revuelva nervioso en mi interior y mi cabeza grite un "sí" que reverbera contra las paredes de mi cráneo como un eco inmutable.
Harry se separa de mí, labios hinchados y respiración agitada, y sus pestañas aletean a toda prisa, tratando de acostumbrarse de nuevo a la entrada de aire en sus pulmones.
- Guau- musita, mirando en derredor con vergüenza y sonríe nervioso- ¿Cuándo has aprendido a besar así?
- Hay muchas cosas que sé hacer y que no te he dicho- le pico, tiñendo mis palabras con una segunda intención más que evidente.
- Y... ¿cuándo voy a tener el placer de descubrir esas... cosas?- me río cuando sus labios se posan en mi nuez y su lengua sale a mi encuentro, creando un caminito por mi cuello hasta mi oreja.- Porque a mí también me gustaría enseñarte unas cuantas...
- ¿Usted no tenía una sorpresa para mí?
- ¿Pero cómo se puede ser tan interesado? Tsé, cancelo la cita, vuélvete al hotel.
- Ah, que esto era una cita- alzo una ceja como él me hace siempre y se rasca una ceja, frotándose después las manos contra la tela de sus pantalones, buscando alguna ocurrencia que responderme, pero antes de que su cabeza pueda pensarla, insisto.- Vamos, ¿qué tienes preparado para mí?
- Es una locura- comienza.- De hecho lo odio, ¿vale? Porque me mareo todo el rato, soy un hombre de tierra, por algo soy Capricornio, pero... ¿Tú eras Piscis, no? A los Piscis os debe gustar el agua...
- ¿Me vas a comprar un libro de horóscopos?
- No, gilipollas.- suspira y veo la vergüenza reflejada en sus orbes azules.- He... He alquilado un barco.- mis ojos se abren fruto de la sorpresa y él sigue moviéndose nervioso, casi como si tuviera miedo.- Para nosotros solos. Tenemos toda la noche.
Un ligero y sutilísimo "oh" comprensivo escapa de mis labios, y aquella voz de mi cabeza grita a todo volumen "SEXO" al tiempo que mi oído registra ese "tenemos toda la noche" que me acaba de decir Harry. Me obligo a acallarla y no ponerme (más) nervioso pensando en algo que probablemente no ocurra, y asiento, conforme con su plan. Y digo probablemente porque, seamos realistas, dos personas solas en medio del mar toda la noche no van a jugar al parchís, ¿verdad? Aunque igual él quiere jugar al parchís...
- Bueno, ¿qué me dices? ¿Subimos? – señala con un movimiento de su cabeza un no muy pequeño yate de unos diez metros de eslora con la bandera de Isla Mauricio, y tira de mi mano hacia él, pero le retengo en tierra.
- Harry, que no digo que no agradezca el gesto, de hecho es muy... romántico- pone los ojos en blanco y puedo sentir casi como su hombría se ve dañada.- Pero... ¿quién va a manejarlo? Tú no tienes ni idea de vela, dudo mucho que sepas cómo llevar un yate.
- Ya, pero para eso te tengo a ti. ¿Tú no estabas muy enterado de estos temas?
- Sí, bueno, muy enterado...
- ¿Y no me dijiste que Mery tenía un yate en Plymouth? ¿Y que a veces lo pilotabas?
- Que los barcos no se pilotan.
- Bueno, pero sabes, ¿no?- alza una ceja y veo por donde van los tiros. Pretende que yo me haga con el "timón" de aquel bicho en un mar que desconozco y en plena noche.
- Ah, no. No, no, ni loco. ¿Y si nos ataca un barco pirata?
- Sí, Jack Sparrow, no te jode- se carcajea y yo me suelto de su mano, cruzando mis brazos sobre mi pecho y mirándole cejudo.- Quita esa cara, he pagado mucho por esto. Y cuando digo mucho, digo muchísimo. Tendremos que aprovechar, ¿no?
- Haz, que el yate de Mery apenas si tiene seis metros de eslora. Este es casi el doble y la marca es demasiado baja, ni siquiera reconozco la matrícula.
- Inglesito, no te estoy entendiendo nada- pongo los ojos en blanco y me dejo de tecnicismos, así sólo parece que sé de lo que me hablo (que no es del todo mentira) y no me siento capacitado para llevar un yate tan grande.- Pero confío en ti. Y bueno, si nos hundimos, mejor que lo hagamos juntos, ¿no crees?
Un minuto después estamos en el barco, Harry mirando por encima de mi hombro cómo empiezo a accionar botones y cómo decenas de lucecitas se iluminan en el panel de control. Tiene la boca abierta y me observa como si estuviera desentrañando el misterio de la historia de la Humanidad. Poco a poco soy capaz de sacar el yate de donde su anterior dueño le dejó encallado y en algo menos de quince minutos, nos adentramos en las aguas tranquilas del océano. Según el reloj situado al lado de los mandos, son las ocho menos diez pero todavía disponemos de luz suficiente. Estamos en verano y este lugar parece estar más cerca del sol de lo normal, porque en estos diez días he podido comprobar que hasta bien entradas las nueve de la noche se puede disfrutar de la luz natural.
Harry decide dejarme sólo en la proa y desaparece por mi espalda para volver un par de minutos después trayendo consigo un par de cervezas que gotean agua.
- Toma, te la has ganado- me tiende la mía, helada, y siento las garras del hielo arrasar mi garganta al beberla.- No sé si eres demasiado humilde o no querías subir conmigo...
- Obviamente no quería subir contigo. ¿Quedarme sólo toda la noche con un americano en un barco en medio del mar? Tsé, no soy tan temerario.
- Has visto demasiadas películas, pecoso- coge y me besa. Está sentado a mi lado y se olvida de que aquí soy el único en manejar el yate y sólo se aparta cuando le obligo por miedo a terminar como el Titanic. – Quizás debería haber contratado a alguien para toquetear todos esos botoncitos. A ti te voy a tener demasiado ocupado...
- ¿Vas a despedazarme y venderme al mercado negro?- me echo a reír y veo cómo se lo piensa, arrugando los labios.
- No, pero puede que tu integridad física sí que corra peligro.
Se levanta de mi lado de nuevo, inquieto como una lagartija, y sale al aire libre. Creo que si permanece quieto demasiado tiempo, será consciente del movimiento del barco y empezará a marearse, a mi hermana le pasaba lo mismo. Veo cómo su rotunda figura se contorsiona para atravesar las estrecheces de los escasos pasillos que hay aquí y desaparece de mi vista tras haber soltado la bomba. Que mi integridad física corre peligro, dice. Y no sé porqué soy capaz de verle cualquier doble sentido erótico a esa frase en vez de sentir un miedo real, que sería lo lógico. Es prácticamente un desconocido y estamos casi en alta mar, a más de una hora de regreso al puerto y bien podría secuestrarme, que matarme que hacerme lo que le diera la gana. Y esa última idea no es algo que me desagrade del todo...
Acudo a su lado y le veo sentado en uno de los "sillones" situados a la popa, terminándose su cerveza y mirando fijamente al horizonte. Me siento junto a él y consigo que me mire para luego empezar a gritarme.
- ¡¿Pero qué haces aquí?! ¡Que nos vamos a hundir!
- Que está en automático, neuras. ¿No confiabas en mí?
- En ti sí, en quien no confío es en el barco.
Me río y le propongo hablar sin parar para que se olvide del movimiento del océano, y en una hora escasa terminamos sentados en el suelo, rodeados de botellines de cerveza vacíos y el eje de verticalidad un tanto desviado por el alcohol.
- Creo que deberías dejar de beber- me quita el... ¿octavo? botellín de los labios y lo coloca a su lado, mirándome fijamente.- ¿Cómo vamos a volver si te coges un pedo?
- ¿No íbamos a estar toda la noche aquí? Para mañana ya se me habrá pasado.
- Sí, pero te necesito sobrio esta noche- susurra. Pasa su brazo izquierdo por mis hombros, como el chico que intenta arrimar cebolleta en el cine, y se pega a mí, y no sé si es por el alcohol o porque me siento más desinhibido, pero esa promesa suena realmente tentadora.
- ¿Ah, sí? ¿Y para qué es exactamente para lo que me necesitas esta noche?- una sonrisilla burlona se apodera de mi cara y mi mano, la que antes sostenía la botella, se posa sobre uno de sus muslos, ejerciendo cierta presión que le hace sonreír y negar con la cabeza.
- Todavía no lo he decidido muy bien- mi mano sube un tanto más y siento su piel arder incluso con la tela vaquera de sus pantalones de por medio.- ¿Por qué no me ayudas a decidirme?
- Puedo intentarlo.
No sé si sobrio haría esto, pero mi mano termina su recorrido y se posa sin cuidado alguno sobre esa zona especial en que las piernas dejan de llamarse piernas y noto la presión a la que está sometiendo a su querido amigo, casi parece como si la tela vaquera fuera a estallar. No puedo evitar preguntarme si eso lo he hecho yo, si está así por mi culpa, y la respuesta me parece tan obvia que me ego crece y algo regurgita en mi interior, como un coche de carreras. Clavo mi mirada en la de Harry y aprieto entre el hueco de mi mano y mis dedos el duro miembro que se adivina bajo los pantalones. Es casi inmediato el jadeo que escapa de sus labios, y cierra los ojos lentamente pasándose la lengua por los labios repetidas veces; observo casi embobado cómo su respiración comienza a agitarse cuando mi mano sigue moviéndose sobre él, con más presión y más lentitud. No sé que área de mi cerebro me rige ahora mismo, pero me apetece hacerle sufrir un poco.
- ¿Has decidido algo ya?- le pregunto, haciendo que abra los ojos y me dedique una mirada oscura. El sol está cayendo y las sombras empiezan a engullirnos, y puedo ver cómo sus ojos normalmente azul eléctricos están tomados por una penumbra casi tenebrosa.
No recibo respuesta, como es normal, no hablada, al menos. Se limita a pasar una mano por mi nuca y de un brusco tirón que probablemente me provoque principio de tortícolis, hace que mi boca impacte contra la suya y el golpe sordo que sueltan nuestros dientes al chocar suena como una melodía no apta para menores de edad. En menos de un segundo, me está regalando el mejor beso de toda mi existencia, provocador y tremendamente erótico, ávido en ocasiones para luego volverse suave y crear un dibujo lleno de altibajos en mi electrocardiograma imaginario. Pasea su lengua por cada rincón de mi boca, acariciando el paladar tenuemente y arrasando contra la mía como si fuera una ola majestuosa. Sino fuera porque me da mucha vergüenza, empezaría a gritar imprecaciones a los cuatro vientos.
Aparta sus labios de los míos creando un gracioso sonido de succión al hacerlo, y acaricia mi mejilla con su pulgar, paseándose por la aspereza de mi piel y luego delineando mi labio inferior. Inconscientemente abro la boca y él comprende mi indirecta, dejando que ese dedo se introduzca entre mis labios que se cierran cuando le sienten dentro (el dedo, quiero decir), y lo lamo de un modo tan lascivo y lujurioso que prefiero no pensarlo. No cierro los ojos en ningún momento, lo que me permite ver la sonrisa que se ha extendido por los labios de Harry al tiempo que su cabeza reposaba con languidez sobre el asiento del "sillón", en un gesto casi de redención, y cuando la alza de nuevo, saca el dedo de mi boca y me vuelve a acerca a él. Su mano libre aferra mi camiseta, enterrando una porción de tela entre sus dedos, y tira de mí contra su cuerpo, levantándome de mi sitio para obligarme a sentarme sobre él. Caigo casi de un modo estudiado contra su erección y sólo entonces soy capaz de hacerme una ligera y borrosa idea de sus dimensiones. Y.. guau. Casi pego un respingo al sentir su dureza y longitud y Harry nota cómo me revuelvo, por lo que me agarra de las caderas al sentir que intento levantarme (poneos en mi situación, no hay que ser muy listo para saber que eso es demasiado grande cómo para entrar en según qué sitios, y más si esos sitios son humanos, y más si esos sitios son míos...), y también con brusquedad, como si ya no supiera ser delicado, me obliga a bajar y me estrella contra su entrepierna, y sin darme tiempo a reponerme (porque repito, es MUY grande), me mece contra él. Sus dedos se clavan en mis caderas y los músculos de sus brazos se aprietan con fuerza contra las mangas de su camiseta por culpa de la fuerza que ejerce, y temiendo que éstos estallen, termino por hacerlo yo sólo. Recoloco cada una de mis piernas a cada lado de su cadera y profundizo más con mi lengua dentro de su boca al tiempo que tomo un vaivén con mi cintura, seco y drástico, sintiendo cómo las telas de nuestros pantalones se restriegan la una contra la otra y cómo lo que ambos albergan crece por momentos. La cabeza lleva minutos dándome vueltas y siento que si no recibo más atenciones, voy a terminar explotando.
- Dan...- el gemido sale de sus labios casi como si él ni fuera consciente de ello, pero yo sí, y oír mi nombre pronunciado con ese tono y esa extenuación sólo consigue que el fuego queme más, cuando creí que no era posible. – Danny, me estás matando.
- Yo no veo sangre por ningún lado- bromeo. Me cuesta respirar y la sangre viaja por mis venas a una velocidad peligrosa, concentrándose cada vez más en zonas concretas, pero no pierdo el humor.
- Como sigas así, mañana no vas a poder andar- me amenaza. Y puede que lo cumpla, pero me echo a reír.
- Estoy deseando verlo.
Cruza su mirada con la mía y comprende el sentido de mis palabras. Ni siquiera es una indirecta, prácticamente le acabo de decir que haga conmigo lo que quiera, y sé que va a aprovechar la oportunidad.
Le vuelvo a besar y voy acariciando su pecho con las yemas de mis ardientes manos hasta llegar sin mucha dilación al botón de sus vaqueros, el cuál me cuesta un poco más de lo habitual abrir porque estoy acostumbrado a desnudar a mujeres y no a hombres, y los pantalones cierran al revés. O igual es que estoy tan nervioso que mi patosidad se multiplica por mil. Sea como sea, no me deja seguir porque me agarra las manos con fuerza y detiene el beso. ¿Se acaba de arrepentir?
- ¿Qué pasa?- pregunto un tanto molesto.
- Vamos al dormitorio- me suplica.- No quiero enseñarle el culo a los delfines.
Harry
En menos de dos minutos, mi espalda impacta contra la colcha de la cama y veo cómo Danny se quita él solito su camiseta. Mejor, menos trabajo.
El dormitorio es tan pequeño que si entrase una persona más, tendríamos que pelear por el aire. De hecho, la cama está encallada entre dos paredes y tiene a uno de sus lados un par de ventanas redondas de esas típicas de barcos. No sé cómo se llaman, pero me olvido de ellas cuando Danny se sube conmigo a la cama y gatea hasta llegar a mí y acostarse encima de mi cuerpo.
Decir que estoy excitado es un eufemismo barato e inconcreto. Hay algo animal dentro de mí que desconocía y que no sé controlar, y cuando él se sienta de nuevo sobre mi cadera y vuelve a restregarse contra mi erección, siento que voy a terminar por romper el barco entero. Está poniendo mucho empeño en excitarme y la verdad es que lo está consiguiendo, y tengo que controlarme si no quiero intercambiar nuestras posturas y hacerle una verdadera desgracia.
Le dejo continuar lo que ha empezado en la popa del yate y siento más que veo mis pantalones desaparecer de mis piernas. La presión de la tela vaquera se volatiliza y un jadeo agradecido escapa de mis labios. Un minuto más, y la pretina del pantalón terminaría como tatuaje contra mi miembro.
Suelto un gruñido felino cuando percibo las manos de Danny sobre mí con el calzoncillo interponiéndose entre nosotros. No había planeado esto así, de hecho se suponía que teníamos que cenar antes, pero en cuanto sus dedos me envuelven mando todo al carajo. Todo puede esperar un par de horas; yo no.
Su mano se cuela en mi ropa interior y el primer contacto es algo casi demencial. Cierro los ojos con fuerza, y mis manos se aferran a las sábanas por no hacerlo a su cabeza y terminar ahogándole porque sé que me arrepentiré.
Una sonrisa se extiende por sus labios, los cuales lame con su lengua y prefiero no ver cómo esa cabecita castaña casi pelirroja comienza a descender, sólo puedo volver a cerrar los ojos con satisfacción y dejar que lo haga.
Y, oh, joder. Lo hace. Lo hace tan bien que creo que voy a morir como siga moviendo así la lengua, o clavando superficialmente sus dientes. Por no mencionar cuando mi glande toca su garganta y oigo el gemido ahogado que escapa de ella, probablemente le esté ahogando un poco, pero Dios... Esta tortura es deliciosa.
No sé cuánto dura, sólo sé que se aparta cuando mi espalda está tan arqueada que parezco la niña del Exorcista y mi cadera se mueve tan aprisa contra la rugosidad de su lengua que temo forzarle de veras. Me suelta, tosiendo y respirando hondo, y dentro de mis ojos veo cientos de estrellitas blanquecinas, chiribitas. ¿Es esto lo que llaman ver las estrellas?
- Haz, no es por interrumpir tu momento post- orgasmo, pero aquí hay otros que también necesitamos atención- abro los ojos y le miro, y sonrío. Podría pedirme la luna, que ahora mismo se la bajaría gustoso, pero tiene razón.
- ¿Puedo reponerme al menos?
- Eso debería decirlo yo. Casi me perforas la garganta- se ríe, lo cuál es una buena señal, y me besa, y Dios, ¿ese sabor es mío?
- Bueno, acabas de conocer a Harryconda- rompe en carcajadas y su risa reverbera contra mi pecho. No puedo evitar abrazarle e intercambiar posturas, dejándole debajo de mi cuerpo. Se acabaron los juegos. Empieza la acción.
Me libro de toda su ropa con rapidez y él me premia con arañazos, gritos y jadeos al tiempo que su cuerpo se retuerce bajo el mío de un modo tan sinuoso como febril. Le miro un instante a los ojos para pedirle un último permiso, el definitivo. Sé que sabe que si me dice que sí, luego no habrá un no que valga. Tiene la frente perlada de una fina capa de sudor y la mirada más brillante que cualquier estrella que haya allí afuera, y simplemente asiente con la cabeza, con lentitud, al tiempo que respira agitadamente, y sello ese "sí" con un beso.
Separo sus piernas y me coloco entre ellas. Sé que soy virgen en esto, así que supongo que por eso tiemblo tanto, y tengo tanto miedo a hacerle daño. Me imagino lo expuesto que debe sentirse en esta situación, y le agradezco mentalmente que me deje a mí ser el que haga esto y no al que se lo hacen. No me gustaría verme en su pellejo y sufrir lo que él va a sufrir sólo por hacerme feliz a mí. Probablemente sea el acto más desinteresado que nadie ha hecho nunca por mí, y ese sólo pensamiento hace que todo tome una dimensión superior, casi extracorpórea.
No sé muy bien qué hacer, ni cómo, pero intento ocultar mis dudas y mis miedos en movimientos determinantes y decididos. Sé que si me ve dudar, esto se irá a la mierda. Así que dejo que mi mano descienda por su pecho hasta llegar a su entrepierna para intentar distraerle, sin dejar de besarle un solo segundo. Los dedos de mi mano derecha se pasean pos sus muslos y buscan la entrada a su cuerpo como si fueran extraños y ocupas. Sólo separo mis labios de los suyos para mirarle a los ojos y dejarle espacio para respirar cuando mi dedo índice entra en él con un empujón seco y tajante. Esto es como depilarse, es mejor hacerlo del tirón. Clavo mis ojos en los suyos, pero éstos se han cerrado con fuerza y ahora su pecho toca el mío al tener su espalda tan encorvada, supongo que por el dolor. Debe ser un poco extraño sentir algo entrando por un sitio por dónde sólo suele salir, así que le doy un par de minutos, entreteniéndome en decorar su cuello con besos y lametazos que consigan relajarle. Cuando parece que su respiración vuelve a serenarse, saco un tanto el dedo, sintiendo la presión en cada ínfimo poro de mi piel, y sólo imaginarme cuando entre por completo en él, hace que la sangre me bulla hasta doler y el apremio me envuelva la cabeza, pero no puedo dejarme llevar por impulsos, no con él.
- ¿Duele?-le pregunto. Un segundo después me doy cuenta de la tontería que acabo de preguntar. Pues claro que duele, le he metido un dedo por el culo. Pero él niega, y gruñe mientras yo sigo entrando y saliendo de él.
- No... Es... Joder, es muy extraño.
- ¿Quieres que pare?
Niega de nuevo y aprovecho para meter otro dedo, empujándolos y moviéndolos en círculos, abriéndolos y haciéndome hueco. Los dedos no son nada comparado con lo que le espera.
Al tercer dedo su respiración es de nuevo un caos, pero no el que yo esperaba. La piel de su cuello y cara está enrojecida, y sé lo que eso significa; sus caderas se mueven circularmente y se pegan a las mías con urgencia y me muerde el cuello con tanta fuerza que creo que me va a hacer sangrar.
- Haz...- murmura.- Déjate de dedos...
- Dan, todavía no...
- Voy a terminar antes de empezar, Haz- evito reírme, porque desentonaría un poco en esta situación- Fóllame.
Aparto la cabeza y clavo mis ojos en los suyos. Tiene la mirada dilatada y vidriosa, y expresa tanta ansiedad que sé que prácticamente no sabe ni lo que dice, pero no por eso me chirría más esa orden a mis oídos. Y debe ver la expresión que adopta mi rostro porque deja de retorcerse debajo de mi cuerpo y me acaricia la mejilla.
- ¿Qué... qué pasa?
- Dan, esto no va así.- le digo, respirando con dificultad.- No eres sólo un polvo, te...- me callo un instante y respiro hondo.- Te quiero.
No dice nada y creo que ni respira, pero necesito que lo tenga claro antes de hacer nada (más) con él.
- Quiero hacer el amor contigo. No quiero metértela por el culo, follarte como un salvaje hasta correrme y luego dormir como si nada. Necesito que veas la diferencia. Porque la ves, ¿verdad?
Creo que está a punto de echarse a llorar, o pegarme una hostia. Acabo de soltar tantas cursilerías por la boca que lo entendería, pero se limita a murmurar "la veo, Haz, la veo", y me besa. Y se vuelve a separar y me dice sonriendo "pero déjate de dedos, no estoy bromeando", y hace que yo sonría también.
Hinco las rodillas en el colchón, esperando que el barco no se hunda en los próximos minutos, y coloco las corvas de sus rodillas en mis hombros. Prácticamente no veo por dónde entrar, pero prefiero mirarle a los ojos cuando lo haga, llevarme las expresiones de su rostro conmigo. Agarro a Harryconda y él se tensa y comienza a masturbarse él solo. Se pasa la lengua por los labios sin parar y cierra los ojos cuando coloco mi miembro contra su entrada.
- Despacio- me ordena.
Y obedezco. Poco a poco voy sintiendo la presión de su cuerpo envolverme y un gruñido animal se me escapa al sentir lo caliente y estrecho que está. Quizás un cuarto dedo no habría venido mal... Voy entrando despacito, tal y como me ha pedido, y puedo registrar en su cara una clara expresión de dolor, de escozor, el placer totalmente ausente. Sé que es cuestión de tiempo, los tíos no se darían por culo si esto no reportara ningún tipo de gratificación, así que me obligo a que eso no me detenga y continúo empujando contra él hasta, con un ligero y autoritario golpe de pelvis, me clavo contra su interior.
Inmediatamente, se me nubla la vista e incluso siento que me mareo, tan intenso que apenas soy consciente del grito de dolor que ha salido de sus labios y del jadeo libidinoso que he soltado por la mía. Son curiosos los distintos sentimientos que estamos teniendo cada uno en una misma situación.
Permanezco quieto, al igual que como he hecho con los dedos, hasta que Danny reacciona y parece habituarse un poco a mi. Bajo hasta su boca y le beso, y le doy hasta el más mínimo aliento que me queda en el cuerpo mientras que empiezo a salir de él y entrar otra vez.
- Joder- murmura, revolviéndose.- Creo que no estoy hecho para esto...
- Te aseguro que sí- le muerdo el cuello y el movimiento de mi cadera se vuelve más uniforme, lento pero continuo.- Esto es... Virgen Santa, ¿cómo puedes ser tan estrecho?
- Tsé- me da un capón y le muerdo más fuerte.- Tendré yo la culpa de que tengas un misil entre las piernas.
Me río pero le ignoro. No me apetece hablar ni gastar energías en algo que no sea lo que nos ocupa ahora. Tengo que hacer serios esfuerzos en no empezar a penetrarle violentamente aunque me lo pida el cuerpo, y sus piernas se cierran en torno a mi cintura pegándome más a él. Le agarro las caderas sintiendo el fuego propagarse por todo mi cuerpo, y la cabeza me da vueltas. No sé en qué momento decido cambiar el ángulo y golpeo contra él, tocando algo que le hace gritar. Le miro asustado, pensando que le he roto algo, y veo su boca entreabierta por gemidos mudos.
- Repite eso- me suplica. – Repítelo.
Obedezco y vuelvo a golpear contra ese punto consiguiendo el mismo resultado. Jadea como una gata y se retuerce entre mis brazos, y no sé si le estoy haciendo daño o todo lo contrario, a lo que apuntan sus expresiones contraídas y la mirada perdida por dentro de su cabeza.
- ¿Duele?- vuelvo a preguntar. Él niega, y luego asiente, y termina haciendo un movimiento inconcreto con la cabeza que no me dice nada, creo que se ha vuelto loco, así que insisto.- ¿Sí o no?
- ¡SÍ, JODER!- y cuando creo que me va a decir que pare, me vuelve a suplicar.- Sigue, Haz, sigue...
- ¿Pero no has dicho que...?
- ¡Que sigas!
Cierra más las piernas en torno a mi cintura y cumplo sus órdenes. Ataco ese punto y no tarda ni dos minutos en deshacerse de nuevo, por lo que creo que ese es el punto, ese que hay que tocar para que alguien se rompa. Me llena la cabeza de jadeos y lo último que veo antes de abandonarme a los brazos de la lujuria es cómo se muerde el labio inferior con fuerza y sonríe inconscientemente mientras su frente se llena de gotitas de sudor.
No sé qué hora es, pero vaticino que esta será una noche muy, muy larga.
Lo de que va a ser una noche muy larga no lleva segundas intenciones *o puede que sí...* Y la Harryconda está patentada, tengo todos los derechos xD
Lectoras fantasmas, si seguís vivas, decidme qué os ha parecido. Este ha sido mi "estreno" en esto de escribir sexo gay y siempre son bienvenidas las críticas. Buenas noches :)
