*El chirriante sonido de una puerta abriéndose interrumpe la quietud de la tarde, y por ella, aparezco yo*. Hola, ¿os acordáis de mí? Yo solía escribir un Junes, luego llegaron profesores con su EXAMEN DE LATÍN, EXAMEN DE HISTORIA, EXAMEN DE CÓMO ATARSE LOS CORDONES, y mataron a Junes de un plumazo.

Vale no, pero jo, he estado de exámenes *de hecho sigo con ellos, pero bah... Mis gays son más importantes* y no he podido escribir. Peeeeeeero, aquí estoy. Este capítulo es extraño, lo reconozco, pero después de dos semanas sin escribir, creo que no está tan mal. Ya me lo diréis vosotras :)))

Y ah, muchas gracias por los reviews del capítulo anterior. Me alegra ver que os gustó y que estamos todas igual de salidas xDDDDDDD


Capítulo 17.

Harry

Seguramente pensaréis que vivir en un barco debe ser una experiencia increíble, que no tener lugar fijo de residencia y poder arribar a cada puerto y amanecer cada día en un sitio distinto debe ser algo incomparable. Y seguramente tengáis razón. Eso de ser lo suficientemente valiente de surcar los mares con tu barco, y apañártelas para sobrevivir solo en medio del mar debe ser un acto casi heroico. Lo que nadie os ha dicho es que las malditas ventanas no traen visillos, ni persianas, y dormir en alta mar es un completo infierno cuando el sol empieza a salir.

Por eso me despierto a las siete de la mañana con el lorenzo golpeándome de lleno en mis párpados cerrados. En primera instancia soy incapaz de recordar dónde estoy, y casi ni advierto el constante movimiento sinuoso del yate a causa de las olas del mar, pero un minuto después, cuando me he frotado los ojos y tapado la cara con la sábana, lo hago. Caigo de lleno en la realidad.

Giro la cabeza hacia el lado contrario y contemplo el resto de la cama, no muy amplia, todo hay que decirlo. Me encuentro a un Danny profundamente dormido, despatarrado y con los brazos sobre la almohada, la boca abierta y el ceño un tanto fruncido. Apacible como si estuviéramos en tierra firme. Me doy la vuelta y me detengo en mirarle, el movimiento inconsciente de sus párpados, lo que me hace preguntarme qué estará soñando. Y observo su nariz, lo redonda que es, y las pecas que le cubren completamente todo el cuerpo (y recalco todo... todo el cuerpo), cómo se arremolinan en determinadas partes creando casi manchas espesas donde contarlas se hace imposible. Sonrío. Parece que le espolvorearon canela al nacer. Hinco el codo derecho en la almohada con cuidado de no despertarle; lo último que quiero es que me descubra mirándole y hacer más aún el ridículo.

Mientras poso mi dedo índice en su bola del hombro y sigo el contorno de aquella mujer que tiene tatuada, pienso en la noche anterior, en lo que ocurrió en esta misma cama. Casi no puedo evitar que un escalofrío me recorra el cuerpo y sentir vergüenza por algo que no debo, como si temiera que alguien se metiera en mis pensamientos y me mandase a la horca por tales acciones. Como si el amor pudiera ser condenado, como si el envoltorio de un alma importase a la hora de querer a alguien. Porque eso es lo que somos, envoltorios, y sé que si mi alma hubiera caído en el cuerpo de una mujer, o de otro hombre, en un caballito de mar o una mariposa de la polilla, seguiría queriendo a Danny. Porque el amor es amor, no importa cómo se manifieste.

Y me acuerdo, me acuerdo de los gemidos que me regaló anoche, y las sonrisas incómodas casi dolorosas, y las súplicas, el sudor y los "te quiero". Los miles de "te quiero" que nos dijimos, casi en una competición por ver quién experimentaba más tal sentimiento por el otro.

Mi dedo continúa delineando su cuerpo, y sube hasta su mandíbula, acariciando el contorno de sus desiguales labios, repasando los párpados, las arrugas de su frente. ¿Cuántas pecas tendrá? ¿Un millón? ¿Diez mil millones? ¿Cuánto tardaría en contárselas todas? ¿Toda la vida? Podría firmar a fuego para hacerlo, sé que nunca me aburriría.

Respiro hondo y dejo de acariciarle. Repito que no quiero que se despierte y esté el resto de la semana tomándome el pelo. Me tumbo de nuevo, de lado en esta ocasión, dándole la espalda al sol y dejo los ojos abiertos. Me gustaría poder abrazarle, abrazarle como abrazo a Kath, y que a los ojos de los demás no hubiera diferencia, y poder hacer con él todo lo que haré el resto de mi vida con mi mujer, salvo la parte de ser padre, claro. No creo que ninguno de los dos empecemos a criar ovarios de un momento a otro...

Sin darme cuenta me quedo dormido de nuevo, sin dejar de reflexionar sobre todo esto, en lo que pasó la noche anterior, en ese algo que me ruge dentro como un coche de carreras y me pide suplicante que no se quede en una sola noche, que se repita todas y cada una de las noches de mi vida, con él. Es como si antes de él, no hubiera habido nadie, sexualmente hablando por un lado. Como si todos los polvos, y las sesiones de sexo con cualquier mujer con la que lo haya podido hacer a lo largo de mi vida (unas cuantas, tampoco muchas pero... bueno, eso) no sirvieran, o sencillamente no existieran. Borradas de mi recuerdo, de mi cuerpo y de la faz de la Tierra. Como si el primero, en todos los aspectos, planos, dimensiones y orientaciones, hubiera sido él. Y en parte lo ha sido, pero es algo más complicado. Como si sólo pudiera ser él, como un puzzle. Yo soy una pieza y ya no encajo con nadie que no sea Danny.

Supongo que por eso me duermo, por no darle más vueltas al hecho de que, en cuanto nos despertemos y desayunemos, tendremos que volver a tierra, porque siempre hay que volver. Nuestras mujeres nos esperan, saben dónde estamos porque yo mismo me encargué de avisarlas, pero la perspectiva de tener que abandonar esta quietud y soledad, es desalentadora. Es como volver a clase después de un verano lleno de experiencias irrepetibles.

Y supongo que es por eso también, cuando Danny me clava el codo en la cabeza con fuerza al moverse para darse la vuelta, cuando ambos nos despertamos y nos miramos a los ojos con una mezcla de disculpa, extrañeza y alegría en la mirada, cuando me doy cuenta de algo. Es como un rayo de luz, fugaz pero potente, y logra dejar un impacto en mi cerebro. Y en menos de una milésima de segundo, mi mente ya lo ha organizado todo. Al milímetro.

- Joder- se queja, como si el que hubiera recibido el mamporrazo fuera él.- Estás invadiendo mi espacio.

- ¿Eres tan especialito para todas las cosas? Es una puta cama...

- Pero me agobias, echa para allá.

- Anoche no te quejabas de que estuviera demasiado cerca- y sólo por joder, pego un brinco y me pego a su espalda, pasando mi brazo por su cintura. Los dedos de su mano izquierda se entrelazan con los míos, y no me cuesta mucho imaginarle sonriendo a su pesar.

- Anoche no estuviste lo suficiente cerca...

- ¿Me quieres más cerca?

Un beso en la piel rescondidita detrás de su oreja, otro en el cuello, en la nuca, y en la mandíbula, y una pregunta que queda sin respuesta verbal. Porque me quiere más cerca y la mejor manera de demostrar algo, es haciéndolo. Y no soy partidario de eso de besuquearse de buena mañana, pero no sé si no me acuerdo o no me importa cuando su lengua se entrelaza enrevesadamente con la mía creando lazos de fuego.

- Tengo hambre- me dice, apartándome para que me quite de encima de él y le deje satisfacer sus instintos, pero no me muevo un ápice.

- ¿Qué tal estás?

- Te acabo de decir que tengo hambre, aquí habrá comida, ¿no?

- Bueno, luego comes. ¿Duele?

Estoy seguro de que me va a responder algo del tipo "¿el estómago? Sí, de hambre", porque abre la boca inmediatamente y luego la cierra, y murmura un "oh" y la vuelve a cerrar. Se atora un poco bajo mis brazos y mira por la ventana, esbozando un gesto vago con la comisura de sus labios.

- Es soportable- murmura por fin.- La delicadeza no es lo tuyo, pero estoy bien.

- ¿Seguro?

- Que sí. No soy una tía, no tienes que preocuparte por si me voy a traumatizar por la primera vez, ¿vale?- asiento, dándole la razón, y él sonríe. Y aunque suene muy gay y me vaya a arrepentir de pensar esto, es la persona más preciosa que existe en el mundo.

- Te dije que si dolía demasiado...

- Y yo te dije que siguieras – más bien me lo suplicó, pero no le replico y acepto el mordisco que me pega en el cuello sin fuerza, lamiendo con la punta de su lengua mi piel.- Si cuando me levante ando como un vaquero, no será tu culpa. Bueno, sí, pero me has entendido.

Y otro beso, y otro. Cortos, para dejar con las ganas, para prometer que vendrán muchos más. Termino por aceptar sus palabras, y no puedo evitar reconocer que la noche anterior entra en mi lista de mejores noches de mi vida.

Finalmente, dejamos la cama atrás y nos pegamos una ducha en condiciones. No sé cómo funciona un barco ni dónde está el depósito del agua, pero estando en alta mar, agua es algo que no nos va a faltar. Nos vestimos de nuevo con las mismas ropas del día anterior y el rugido de las tripas de Danny me indica que su hambre es algo real.

- ¿Desde cuándo no comes?- le pregunto, buscando la comida que la agencia me aseguró dejaban preparada en cada nevera de cada yate.

- Veamos... Ayer comí con Mary y luego vine hacia aquí sin probar bocado desde la comida. Luego me invitaste a una cerveza y terminé conociendo a Harryconda... ¿Se cuenta eso como comer?

Se me cae la bolsa del pan y tengo que hacer malabarismos para que la caja de los huevos (huevos de gallina, quiero decir) no sigan el mismo camino y nos quedemos sin comida. El ataque de risa que me entra contagiado por el suyo nos hace estar más de dos minutos llorando en medio de la enana cocina del yate. Qué maduros somos, ¿verdad?

- Va, fríe ya los malditos huevos, me voy a terminar comiendo un tiburón.

Obedezco y me pongo a ello mientras él trastea por la "sala de control" y noto casi, casi imperceptiblemente cómo el barco comienza a moverse y a virar, supongo que poniendo rumbo hacia el puerto. Me sorprende que no nos haya atracado algún grupo de piratas como él decía.

- Hemos sobrevivido, esto podré contárselo a mis nietos.- le digo cuando regresa, poniendo dos platos a la mesa y sirviendo la comida.

- ¿Y cómo les vas a explicar que estabas en alta mar, sólo y con otro hombre toda una noche?- se mete el primer bocado y me alza una ceja. Mierda.

- Bueno, no tienen porqué saberlo todo.

Se echa a reír y comemos en silencio. En realidad yo también estoy hambriento. Él estará dolorido, pero el que más energías gastó anoche fui yo, creo que me merezco reponerlas.

A los huevos le siguen tostadas con jamón, plátano de postre (¿en qué estaban pensando los encargados del catering del yate? ¿Tan gay me veían?), y unas granadas enormes llenas de pepitas. Cuando terminamos de comer, tenemos el estómago tan lleno que nos cuesta hasta parpadear.

- Tú, sabelotodo- le llamo.- Si usamos el baño aquí, ¿la caca a donde va? ¿Al mar?

- Tú deja de pensar que no se te da bien- se carcajea y eructa sonoramente, se golpea la tripa y se pone en pie para empezar a recoger la mesa.

Y yo pienso que parecemos un matrimonio de verdad cuando le veo meter los platos al lavavajillas y yo me encargo de recoger los desperdicios y apartarlos para la basura. Compenetración, como si llevásemos años juntos y prácticamente no sé nada de él. Antes de que me de tiempo a proponer nada, él actúa por mi y sale al exterior, a tomar un poco el sol. Una mirada rápida al reloj me deja ver que son más de las dos de la tarde y el alquiler del yate finaliza a las cuatro, contando con que a esa hora el barco ya tiene que estar en el mar, sino, los minutos de retraso se pagan, y no estoy como para soltar un penique más.

Acudo a su lado, tirándome casi contra el suelo, y volvemos a quedarnos en silencio, terminando de hacer la digestión. Hace un día terriblemente caluroso y el sol está en el cenit, justo encima de nuestras cabezas, por lo que tengo que cerrar los ojos para que no empiecen a llorarme o se me quemen las retinas.

- Nos quedan tres días- anuncia un par de minutos después. Yo mantengo los ojos cerrados y sé que él también los tiene así, no me molesto en mirarle. Creo que esto es mejor hablarlo sin mirarnos.- Contando con este.

- Lo sé. ¿A qué hora sale vuestro vuelo?

- Creo que a las doce y media. Mery se pondrá histérica y querrá llegar al aeropuerto a las ocho de la mañana- suspira con resignación. Sé que no la quiere, ni la quería antes, ni la quiere ahora, ni la va a querer nunca. Lo sé básicamente porque me quiere a mí, y no se puede querer del mismo modo a dos personas, no hay cabida.- ¿El tuyo?

- Creo que una hora más tarde, no lo sé. Lo miraré en los billetes mañana.

Más silencio. Se oye el rumor del mar y nada más excepto ello. Da un poco de miedo. Si nos ocurriera algo, nadie se enteraría, nadie vendría a ayudarnos. Estamos solos, y la pena es que no podamos estarlo siempre.

- No quiero irme- musito. No quería decirlo, pero lo he dicho. ¿O sí quería y me daba vergüenza?

- Yo tampoco- abro un ojo, el que le tiene a él al lado y le observo de reojo. Él mantiene los suyos cerrados, y apoya la cabeza en el respaldo como si tomara el sol. Seguramente vuelva a quemarse... – Bueno, no. Sí que quiero. Echo de menos Londres, no estoy hecho para soportar tanta vitamina D.

- Entonces te alegrarás de que estas dos semanas terminen- mi voz sale de mis labios con más decepción y retintín del que pretendía, y él lo nota.

- Yo no he dicho eso. Echo de menos Londres y no me importaría volver... si lo hiciera contigo.

Y los abro los dos de par en par.

- ¿Me estás invitando contigo a Londres?

- Por supuesto. Es una ciudad preciosa, seguro que las cabinas telefónicas te volverían loco. Tienes pinta de turista fotógrafo compulsivo- se ríe y yo rechisto.

Perdemos la práctica totalidad del tiempo hablando, de todo y de absolutamente nada, pero me cuenta cosas. Aprendo de él que su referente musical es Bruce Springsteen, paisano mío, que lleva toda su vida imitándole en el plano musical, que incluso le ha calcado los movimientos. También que odia el bacon porque de pequeño estaba comiendo un bocadillo de dicho alimento y se cayó de cabeza por unas escaleras; desde entonces, no ha vuelto a comerlo. Que su fantasía sexual, ha sido, de siempre, Joss Stone, y que cuando su grupo era importante, soñaba con coincidir con ella en alguna entrega de premios pero que nunca lo consiguió. Que perdió la virginidad con dieciséis años con una chica un año mayor y que no se quitó siquiera los calcetines porque tenía mucho frío. Que sólo ha querido a una mujer en su vida cuyo nombre no es Mery y que morderse las uñas y bailar cuando cree que nadie le ve es algo intrínseco a su persona.

- ¿Por qué Springsteen?- le pregunto.- Hay miles de cantantes buenos.

- Y miles malos. Y Springsteen no es cantante, es artista- recalca artista con retintín. Es como hablar con una adolescente de su grupo favorito, te saca las uñas.- ¿Te has parado a escuchar bien sus letras? El mensaje de libertad, de lucha, esperanza y superación que transmite es impresionante.

- ¿Tus canciones hablaban de eso?

- Mis canciones hablaban de tirarte a tu novia en el coche y sexo oral a una chica virgen...- se ríe con nostalgia pero yo me quedo perplejo. ¿Y no les censuraban?- Todo cubierto por el recurso de la metáfora, claro está. Pero el caso es que es increíble. Cuando puedas, escúchale y me darás la razón.

- Me recordará a ti, probablemente le odie- bromeo. Él chista y comienza a tararear tímidamente lo que supongo es una de las canciones de The Boss, en voz bajita y vergonzosa, por lo que le apremio, quiero oírle bien y poder juzgar su voz.- Canta más alto, no te escucho casi.

Se carcajea pero luego me obedece, aunque la voz le salga reticente y casi a trompicones. Y es bonita, a decir verdad, no la esperaba así. Es muy rasgada, incluso ronca y profunda, destinada a cantar según qué tipo de música, una voz con personalidad. Me pregunto porqué mierdas no seguiría cantando en solitario tras el suicidio del bajista de su grupo...

Together Wendy we can live with the sadness
I love you with all the madness in my soul
Someday girl I don't know when were gonna get to that place
Where we really want to go and we'll walk in the sun
But till then tramps like us baby we were born to run

- Te la dedico- me dice cuando termina, con una fuerza impresionante y esbozando una sonrisa feliz en su rostro.

- ¿Me acabas de comparar con la tonta esa de Peter Pan? ¿Me acabas de comparar con una chica?

- Es metafórico también- se ríe como una gallina loca y yo le sigo. Al menos también me ha dicho que me quiere...- Por cierto, ¿este barco no tiene nombre?

- ¿Y yo qué sé? ¿A los barcos hay que ponerles nombre?

- Pues claro. Como a los perros, a los hijos, a las guitarras... Mi guitarra se llamaba Kate.

- O sea, que hay que buscarle un nombre al barco, ¿no?- se encoge de hombros pero luego asiente, tan bipolar como siempre.- ¿De tía?

- Contigo aquí por supuesto.

Se queda en silencio riéndose de su propia broma (la cuál ignoro. Quiero decir, llamarme a mi persona femenina, tsé. Yo, que inventé la testosterona, por favor...) y pensando un posible nombre para el yate, y cuando veo que su mente es demasiado corta para decidirse, termino por hacerlo yo.

- Que se llame Wendy. ¿No me lo habías dedicado? Pues Wendy.

- ¿La tonta esa de Peter Pan?

- La tonta esa de Peter Pan.

- Pues Wendy.

Por mi parte, le cuento que The Beatles son el grupo de mi vida, haciéndole reír porque tenemos ídolos de nacionalidades cruzadas, y que George Harrison es el mejor batería de todos los tiempos. Que en mis ratos libres y aun a riesgo de ser tachado de ama de casa, me gusta limpiar el baño porque soy muy riguroso con la higiene. Que la cicatriz que tengo en la cabeza y que me hace parecer Harry Potter me la hice en mi adolescencia al atravesar un cristal en una borrachera épica. Que mi mejor amigo me quitó a mi primera novia porque la chica decía que yo era demasiado guapo y probablemente tuviera a más chicas por ahí (y era mentira, conste). Que pasaba más tiempo en el despacho del director que en las aulas y que estas dos semanas en Isla Mauricio están siendo las mejores de mi vida.

Danny me mira fijamente ante esa última confesión, y yo trago saliva sonoramente. Se me ha escapado y lo sabe, me lo ve. Parpadea, mirando para otro lado, y sonríe con tristeza. Y la idea que me ha iluminado la razón durante el despertar en el dormitorio, regresa. Incluso con más fuerza.

- ¿Por qué no nos quedamos?- le suelto a bote pronto. Tampoco lo estoy pensando mucho, las palabras han salido atropelladas de mis labios y su mirada confusa indica que, o bien no he vocalizado correctamente para que me entienda, o que me entiende y cree que estoy loco. En cualquier caso, se lo repito.- Quedémonos aquí.

- ¿Qué cojones estás diciendo?- también sé que lo sabe, que sabe a qué me refiero, y que sólo lo pregunta para oírmelo decir, para dejar de pensar que él es el único que quiere esto. Sonrío sin poder evitarlo, de pronto me parece la mejor idea del mundo, tan clara, perfecta y certera, que no sé cómo no se me ha ocurrido antes.

- Que nos quedemos, Dan. Aquí. Nuestros vuelos salen el mismo día, ¿no? Pues que le jodan al avión, y a Londres, y a California. A tu empresa, a mi gimnasio y a todos- no puedo dejar de sonreír y él empieza a hacer lo mismo, pero con miedo y timidez. Le tomo las manos sin ser consciente de que las mías tiemblan y sudan. Dios, me siento como el quinceañero que se escapa de casa por la ventana para ver a su novia.- Podemos... podemos subir al avión, ¿vale? O no, por si luego no podemos bajar. Podemos hacerles creer a Mery y a Kath que hemos subido junto a ellas y que hemos tenido que bajar a tierra porque nos hemos dejado... ¡Qué se yo! El Iphone en el baño del aeropuerto, algo así. Y hacerles creer que hemos subido, y que cuando el avión despegue estamos... No sé, de trámites con una azafata o algo así. Ya lo pensaremos. Pero nos quedamos en tierra. Nos quedamos.

- ¿Te... te has vuelto loco?

Sus ojos expresan miedo, pero la media sonrisilla que esbozan sus labios le delata. Y yo no puedo dejar de sonreír. ¡Es un plan cojonudo!

- Puede- le digo, acercando mis labios a los suyos.- Creo que es culpa del barco, me estoy mareando.

- Se nota...

- ¿Eso es un sí?- duda un momento, pero repito que sigue sonriendo. No sonreiría si de verdad pensara que he perdido la cabeza. Rozo mi nariz con la suya y un instante después recibo sus labios.

Es un "sí" como una casa. Le beso casi sin tocarle, desprendiendo energía por todos los poros de mi ardiente piel por culpa del sol y sonriendo, por lo que el beso no es más que pequeños y eléctricos toques. Luego le miro a los ojos, miro en sus pupilas, del color del mar que nos rodea, y siento algo entre los dos que da vértigo pero que es bonito. Es bonito querer tanto a alguien.

- Creo que deberíamos volver- sus ojos siguen colgados de los míos sin perder esa incredulidad.- Al menos para fingir normalidad estos dos días hasta que el avión despegue.

- Está bien, además, el alquiler del yate, digo... de Wendy, está a punto de acabar- le beso, esta vez en condiciones, y siento que estoy haciendo lo que nos merecemos, sea correcto o no.

Danny

Cuando el hombre del embarcadero toma las llaves de la mano izquierda de Harry, nos dedica una mirada cálida y una sonrisa desdentada. Con la otra mano, se alza la gorra y nos invita a volver cuando queramos, por lo que le sonreímos con educación y echamos a andar por el embarcadero hasta llegar a la playa.

Al llegar a ella, nos quitamos los zapatos para poder sentir los granitos de la arena directamente contra la piel, y el contacto quema por la acción del sol. El mar tiene un rumor constante de olas estrellándose contra las rocas, de gente jugando entre sus brazos, de risas veraniegas y divertidas, de felicidad.

Yo me dedico a mirar a todo el que se cruza por mi vista contagiándome de su felicidad. Sé que esas personas también desean poder quedarse aquí para siempre, al igual que yo, aunque nuestros motivos sean muy diferentes.

Los dedos de mi mano derecha están entrelazados con los de la izquierda de Harry sin darle ningún drama a la situación. Ahora mismo, podríamos ser sólo dos personas que han venido juntas de vacaciones y que disfrutan de un agradable paseo por la playa, aunque no lo somos. Pero lo seremos. En menos de tres días, ya no habrá de qué ocultarse, ya no tendremos que estar viéndonos a escondidas de nuestras esposas ni recelando de cualquier persona que pueda fijar su vista en nosotros. Porque seremos como todos ellos, dos simples humanos que buscan la felicidad en las cosas pequeñas.

Harry va hablando. Va hablando sobre los detalles de nuestra "huída", aunque no se le puede considerar como tal, porque en lugar de fugarnos a algún otro lugar, vamos a hacer todo lo contrario. Nos quedamos. La verdad es que es un plan un poco precario, y mentiría si dijera que no me da miedo, pero en la balanza, las cosas por ganar superan con creces las cosas por perder. Y aunque la perspectiva de quedarme aquí con una persona que conozco de hace menos de dos semanas es prácticamente la mayor locura de mi vida, de un modo u otro siento que es lo que tengo que hacer. Que aquel que decía que sólo se ama, amar de verdad, una vez en toda tu vida tenía razón, y si me voy con Mery, sería como abrirle la jaula a un pájaro. Terminará por echar a volar y quién sabe si podrás recuperarlo. Pero una cosa no quita a la otra, y mientras el parloteo de Haz llena mi silencio, mi cabeza da vueltas a un montón de consecuencias. Cuando nos quedemos y Mery y Kath se den cuenta de que no vamos con ellas en nuestros respectivos aviones, el susto que se lleven será morrocotudo, y probablemente alerten a las autoridades de nuestra ausencia. Eso podría derivar en una búsqueda por toda la isla para dar con nosotros, o incluso podrían pensar que hemos sido secuestrados o cosas similares. Y su sufrimiento, su dolor al no saber dónde estamos, y el de nuestras familias.

- Y bueno, cuando pasen un par de días podemos ir a otro pueblo. Este ya nos le conocemos y estaría bien...- sigue Harry, pero le detengo.

- Creo que deberíamos decirles a Mery y a Kath que nos quedamos aquí.

Me mira como si hubiera dicho que Justin Bieber es la reencarnación de Freddie Mercury y detiene el paseo, parándose en seco.

- Danny, si se lo decimos, a la mierda la huída. ¿Quieres que les dejemos mensajitos por la habitación o se lo decimos directamente a la cara?

- No seas idiota, no podemos quedarnos aquí como si nada. No tenemos dinero, ni trabajo, ni prácticamente ropa. Cuando nos quedemos, tendremos que usar las tarjetas y podrían encontrarnos porque ten por seguro que nos buscarían.

- ¿Y qué propones?

- Decírselo. Avisarles. Contárselo todo una vez estén lejos. Así puede que incluso nos comprendan y decidan dejarnos vivir tranquilos, y sobre todo, que no se preocupen por nosotros- no lo ve claro, de hecho no lo ve, porque niega, pero por muy cabezota que sea, en esto llevo razón.- Piensa en tu madre, o en tus hermanos. ¿Cómo crees que se sentirán en un par de días cuando Kath vuelva a California y vean que no regresas con ella? Que no saben donde estás ni si te ha ocurrido algo. No te estoy diciendo que les digamos "eh, estamos aquí", sino que hemos decidido... bueno... estar juntos, que estamos bien y que puede que en algún momento regresemos.

Arruga los labios como un perro enfurruñado pero no cedo. Si lo vamos a hacer, al menos hay que hacerlo bien.

- Está bien- accede finalmente, relajando los hombros.- Como la señorita mande. Lo haremos a su manera.

- Te tengo comiendo de mi mano.

Le beso antes de que pueda replicarme y seguimos caminando un par de minutos más por la playa hasta que tengamos que volver al hotel, esta vez, con la perspectiva de que, en dos días, podremos estar juntos para siempre.


¿Verdad que parece que va a salir todo mal por algún motivo? ¿Verdad? XD