Bueeeeeeeeeeeeeno, se acabó. No tan drástico, pero casi. Este capítulo más el epílogo y le digo adiós a la primera historia homosexual de mi vida, la primera, que no la última. Espero que lloréis mucho leyendo esto porque está hecho para eso. O sea, no, no es que sea tan mala que quiera hacéroslo pasar mal, pero esta historia era un drama desde que empezó, y creo que el final estaba claro. Aun así, espero que os guste :)


Capítulo 19.

Danny

El último día en Isla Maurico amanece nublado. Una espesa capa de nubes cubre los cielos y decora la ciudad con reflejos blanquecinos que hacen daño a los ojos, una luz potente pero molesta, y hay una sensación de bochorno que se pega a la piel y hace difícil respirar.

Me he despertado pronto, o quizás sería más correcto decir que apenas si he podido pegar ojo. Hoy es el día, el día en que Harry y yo podremos comenzar a vivir nuestras vidas, y aún no sé cómo despedirme de Mery. Sé que no puedo decirla nada, ni ser demasiado efusivo o terminará por darse cuenta de todo, pero son muchos años a su lado como para separarme para siempre de ella sin un mísero beso o abrazo. Y de verdad que estoy seguro de que la voy a echar de menos, en cierto modo; he terminado por acostumbrarme a estar con ella y su amor platónico e irreal.

Pero por encima de todas las cosas, lo que estoy es terriblemente nervioso. El reloj marcaba las siete y treinta y dos cuando he decidido levantarme de la cama tras más de una hora dando vueltas sin poder conciliar el sueño. Mery tiene el despertador programado para las ocho y cuarto, pero no he podido aguantar más tiempo y me he pegado una rápida pero concienzuda ducha a la que le ha seguido un desayuno.

Así que ahora me encuentro en el salón del hotel, ocupando una mesa junto a los ventanales viendo como el cielo amenaza de lluvia y el café se queda frío en mi taza. Son las ocho pasadas y en algo más de cuatro horas, nuestras mujeres estarán a miles de kilómetros de nosotros y podremos dejar de escondernos.

Pego un sorbo a mi café y retiro la taza con su platito, mirando a través de la ventana, por la que se ve el mar. Está en calma, pequeñas olas golpean contra la orilla, pero parece enfurecido, como si se pudiera asemejar a una persona. Esa calma que precede a la tormenta, como cuando aguantas demasiados sentimientos destructivos y luego terminan por salir todos en tropel.

Me levanto de la silla y recojo mi desayuno, llevándolo a las bandejas de los desperdicios, y miro el reloj. Las ocho y veinte. Probablemente Mery ya esté aseada y preparada para bajar a desayunar, y tenga un humor estupendo pero con tintes histéricos, como le pasa siempre que hay que emprender un viaje. Me pongo de nuevo las gafas de sol porque la luz empieza a hacer que éstos me escuezan, y salgo del salón con pasos arrastrados, las manos en los bolsillos y el pensamiento en Harry.

A decir verdad, no he dejado de pensar en el en toda la noche, ni en estas dos semanas que hemos pasado aquí, y se me escapa una sonrisa involuntaria al pensar en qué habría pasado o qué habría sido de mí si mi mujer me hubiera hecho caso y hubiéramos ido a Santorini en vez de venir aquí, tal y como yo quería. Y reflexiono sobre cuánto puede cambiar el rumbo de tu vida según las decisiones que tomes. Igual alguna te parece insustancial, o la haces de modo aleatorio y despreocupado, cara y cruz de la moneda, pero casi con total seguridad, todo tendrá una repercusión en el resto de tu vida. La incertidumbre está en si podremos soportar lo que nuestras decisiones nos suponen o no.

Accedo al hall del hotel, donde ya se percibe cierto movimiento, el día despertándose y con él las actividades diarias. Hay un carrito lleno de maletas en la puerta y un taxi fuera, supongo que esperando que sus clientes le paguen o carguen en él su equipaje, lo cuál me da un anticipo de lo que estaremos haciendo Mery y yo en dos horas, ya que seguro que se empeña en ir al aeropuerto antes de las diez por su miedo a perder el vuelo.

Creo que no hace falta decir a estas alturas que soy una persona aburrida, porque probablemente ya os hayáis dado cuenta, y que lejos de mis tres o cuatro hobbies, hay pocas cosas que me llamen la atención. Y tampoco acostumbro a meter las narices en donde no me llaman, o sencillamente puede tratarse de que soy una persona demasiado independiente que casi no se interesa por nadie. No sé cuál es la explicación, pero cuando veo a Kath salir de ese taxi, con sus gafas de sol puestas y la sonrisa decorando su rostro, no puedo evitar convertirme en la persona más cotilla del mundo.

Cambio de rumbo, ya que me dirigía a mi habitación, y me acerco a ella, que lleva un floral vestido corto y se dirige decidida al carrito de las maletas, como si fueran... Espera, ¿son suyas?

- Kath- la llamo, y veo cómo gira la cabeza para mirarme cogiendo el equipaje de mano. Se quita las gafas en un gesto educado y yo hago lo propio, pensando en dónde estará Harry.

- ¡Danny! ¡Qué alegría que podamos despedirnos antes de irnos!- esbozo una sonrisa forzada y nos damos un beso en la mejilla.- Estábamos a punto.

- ¿Tan... tan pronto?- mis manos juguetean con las patillas de mis Ray Ban sin preocuparme de que puede que las rompa, y ella se encoge de hombros.- Pero si hasta la una que salga vuestro vuelo os da...

- ¿A la una?- se ríe y niega con la cabeza. Harry aparece por la puerta del hotel y clava sus ojos en mí al alzarlos del suelo. Tiene las mejillas algo coloradas, supongo que por el esfuerzo de sostener las maletas para meterlas en el coche, y cuando me mira no me gusta nada lo que veo en sus orbes azules. – Nuestro vuelo sale a las diez y media, cariño.

Regreso mi mirada a Kath, que me aprieta el hombro con una dulzura que se me asemeja a la lástima, y se aleja de mí para meter una pequeña maleta en el maletero del taxi, pasando al lado de su marido y ordenándole que lleve otra de ellas mientras ella va recolocando las demás, al parecer tienen problemas de espacio.

Yo me quedo clavado en el sitio, con las manos desmadejadas a ambos lados de mi cuerpo y sin entender nada.

Harry se acerca a sus maletas y toma una de ellas, mirándome de hito en hito y puedo ver que la vergüenza cubre por completo su rostro y que no se atreve ni a mantener sus ojos sobre los míos más de un segundo, igual que hizo la noche anterior cuando se despidió de mi en la puerta de nuestros dormitorios.

Y es ahí cuando lo entiendo todo.

Kath regresa a la recepción y algo dentro de mi cabeza me grita un "estás haciendo el ridículo, como siempre" cuando la veo coger la última mochila y cargarla también en el taxi que les llevará al aeropuerto.

Harry regresa adentro para comprobar que nada se les haya escapado y Kath me pega un abrazo que ni siquiera puedo prever porque estoy demasiado ocupado recordando cómo se respira.

- ¿Dónde está Mery?- pregunta, y sólo puedo negar con la cabeza para hacerle ver que no lo sé. Y que no me importa.- Bueno, pues despídeme de ella. Encantada de haberte conocido, Danny.

- Buen viaje- le digo, mi voz apagada y rasgada al salir de mis cuerdas vocales como si fueran una caverna y vieran la luz tras mucho tiempo sin hacerlo.- A los dos.

- Dan, ¿podemos hablar un momento?- me pide entonces Harry, cuando sé que ha comprendido que a su vez yo lo he comprendido todo. Que me mintió cuando me dijo a la hora a la que salía su vuelo, que ayer no se molestó en confirmarme que saldrían tres horas antes de lo que me dijo, que no tiene pensado seguir el plan que trazamos en el yate, en nuestra Wendy.

- No es necesario- le espeto, con una mezcla de decepción, tristeza y sobre todo, rabia, tiñendo mi voz. Él suspira, como si mi reacción no estuviera justificada, y da un paso hacia mí que yo retrocedo instintivamente.

- Por favor- aprieta los dientes cuando lo dice, señal de que para él es importante, y no sé porqué, pero acepto.

Nos alejamos de la puerta. No he querido ver cómo le decía a su mujer que le diera un par de minutos y se volvía hacia mí, resguardados en uno de los pasillos que llevan a las habitaciones. Cruzo mis brazos al tenerle frente a mí, como si así fuera a conseguir protegerme, y ni siquiera lo hago adrede, pero mi cara refleja de un modo evidente lo que siento ahora mismo.

Él suspira, y no deja de pasarse las manos por los pantalones como si le sudaran, en un gesto nervioso que no consigue darme ni un poquito de pena. Cuando levanta la mirada y la posa en mí, cargada de disculpas que ni siquiera quiero oír, mis lacrimales empiezan a hacerse agua.

- Tienes que entenderme- me pide. Yo asiento, asiento porque ni siquiera intenta justificarse, o poner excusas, o pedirme siquiera disculpas. Sólo me exige que me ponga en su pellejo.

- ¿Qué tengo que entender? ¿Que me has mentido? ¿Que si no os llego ver en la puerta, habría dejado que Mery se fuera sin mí y me habrías dejado aquí, solo?- soy consciente de que sueno como una jodida tía montándole una escena a su novio, pero también sé que razón no me falta, porque eso era lo que iba a hacer. Irse con su mujer en ese vuelo que sale dos horas antes de lo que me dijo, y yo me quedaría aquí, perdido en una sociedad de la cuál no entiendo ni el idioma. Pero eh, tengo que ponerme en su lugar.

- Las cosas no son así, Dan- extiende una mano, y no sé qué pretende, si sujetarme o intentar acariciarme, pero no le dejo hacer nada de eso. Le golpeo y la aparto de mí, ahora soy yo el que aprieta los dientes para no empezar a gritarle.

- ¿Entonces cómo cojones son? ¿Por qué me dices anoche que... me quieres... si es mentira?

Sorbo sonoramente por la nariz porque he empezado a llorar, y seco esas ridículas lágrimas a manotazos contra mis mejillas como si al mismo tiempo me estuviera pegando por ser tan gilipollas. Me da vergüenza mirarle a la cara porque me siento tan humillado que resulta casi gracioso. Es patético, yo soy patético. Me siento como si volviera a estar en el instituto, y volviera a ser víctima de miles de bromas de mis compañeros de clase. Como si algo en mi vida me recordara constantemente que jamás dejaré de ser ese paleto de pueblo que ni tan siquiera se merece ser feliz.

- No es mentira- se apresura a decir, y vuelve a dar un paso hacia mí. Vacilante, pone su mano derecha sobre mi brazo izquierdo, piel contra piel, y sé que nada que le diga va a conseguir que las cosas cambien.- No es mentira, joder. ¿Crees que podría haber hecho lo que hicimos anoche si no fuera verdad?

- Me prometiste que nos quedaríamos aquí- ignoro sus preguntas y empiezo a reclamar cosas como un niño pequeño enfurruñado al que le están quitando lo que más quiere.

- Lo sé, y... y lo siento. Tienes que entenderme, Dan, Kath...

- ¿Está embarazada?

- No, no se trata de eso- agacha la mirada y veo cómo da vueltas al anillo de oro que adorna su dedo anular.- No puedo hacerle esto, es mi mujer, y le hice una promesa...

- A mí también me hiciste una promesa- le recuerdo, y su silencio duele más que cualquier otra cosa que hubiera podido decir.- Pero yo no tengo un anillo, ya veo...

En el fondo, muy en el fondo, allá donde se guardan las alfombras viejas y los relojes estropeados, me estoy riendo. Me estoy riendo porque no sé cómo pude ser tan ingenuo de confiarle mi felicidad a una persona que conozco de hace dos semanas. Debería haber sabido de antemano que esto no podría salir bien, que nadie renunciaría a una persona que conoce de hace años, por otra de la que ni siquiera sabe cómo le gusta el café por las mañanas. Nadie excepto yo. Y en el fondo, le entiendo. Su mujer es guapa, lista, inteligente, y muchas más cosas que yo no soy ni seré nunca. A decir verdad, yo tampoco me elegiría a mí.

Harry no añade nada, él, que tanto le gustaba tener la última palabra para dejarme en ridículo, ahora sólo parece capaz de agachar la cabeza como un cobarde con el rabo entre las piernas y pedirme disculpas mudas con sus manos enredadas la una en la otra.

- Supongo que ahora tengo que desearte que seas muy feliz- le digo con tanto rencor como puedo, y consigo que me mire.

- No me trates así, Danny, esto también es difícil para mí.

- ¡Entonces no lo hagas! ¡No me hagas esto!- mira hacia todos lados, preocupándose por las apariencias más que por mí, y veo un Harry que de repente ya no me gusta.

- No puedo hacer otra cosa... Sé que debería haberte avisado pero no podía despedirme de ti.

- Era preferible que me diera cuenta solo al ver que no aparecías por el aeropuerto, ¿verdad?

- ¿Y qué coño quieres que haga? ¿Que me despida de ti? ¿Qué prefieres, un apretón de manos o que vuelva a follarte en un yate? En una hora voy a estar cogiendo un avión que me va a llevar a miles de kilómetros de ti, ¿te crees que es fácil para mí fingir felicidad? ¿Qué no sé que no nos vamos a volver a ver en la vida? Porque lo sé, joder, lo sé- se le quiebra la voz y bajo mi mirada. No quiero entender sus explicaciones porque eso me dejará a mí como la víctima, el papel más humano, aunque en el fondo lo hago. Sé que tiene responsabilidades para con Kath, ¿pero dónde quedo yo en todo eso?- Hasta que te conocí era incapaz de imaginarme a mí mismo pasando mi vida con una sola persona, y ahora que te he conocido no puedo imaginarme un solo día sin ti. ¿Cómo cojones quieres que me despida?

No le respondo. Me limito a seguir llorando como un perro apaleado y ni siquiera soy capaz de recoger la poca dignidad que me queda y volver a mi dormitorio a terminar de hacer las maletas para volver a Londres. No soy capaz de hacer nada.

- Dime algo, Dan, por favor- me suplica, cogiéndome la mano y acercándose a mí tanto que duele. Y duele más porque sé que es la última vez que estaremos tan cerca.

- Eres como un amor de verano- le suelto, casi sin ser consciente de lo que digo, deshaciendo el agarre que él ha creado. No quiero que me toque.- Duras dos semanas, irrumpes en mi vida cambiando mi rutina y desapareces como una estrella fugaz. Pero dejas polvo a tu paso. Duras dos semanas pero sé que no voy a poder olvidarte ni aunque lo intente.

Se queda un par de segundos petrificado, supongo que habría esperado cualquier cosa antes que algo como eso, y termina por respirar hondo como si quisiera reconducir el tema, pero no hay nada que reconducir. Ni que reconsiderar. Está todo más que claro.

- Que tengáis buen vuelo- le deseo, aunque en el fondo esté deseando que se estrellen por hacerme algo así, y me dispongo a alejarme pero me toma de la mano, me fija al suelo junto a él y clava sus ojos en los míos, sin parpadear y cubiertos por una espesa humedad que no tardará en caer por sus mejillas.

Ahora somos dos personas que se quieren, llorando la una frente a la otra porque no pueden estar juntos. Sé que Harry me quiere, porque me lo ha dicho, porque me lo ha demostrado, por lo que pasó anoche en el baño, y la otra noche en el yate, lo sé porque estos días he podido ver cómo sonreía casi sin ser consciente cuando me miraba o cómo encajaba sus dedos con los míos para prohibirme alejarme de él. Lo sé porque hay cosas que se sienten, se sienten más allá de las circunstancias, las anécdotas y el deber. Y lo sé porque si no quisiera, las lágrimas que descienden por su rostro serían actuación pura y dura, y Harry no sabe fingir.

Pero del mismo modo en que él me quiere, yo me siento pisoteado. Sólo puedo mirarle un par de segundos, sintiendo la presión de sus dedos en torno a mi muñeca, su indecisión y sus disculpas atascadas en su garganta, y sólo puedo pensar en mí. Ya está bien de pensar en los demás. Todo eso sólo me ha llevado hasta aquí, a tener que despedirme de la única persona que consiguió hacerme creer que valía la pena, y hay momentos en los que tienes que decirte a ti mismo "hasta aquí hemos llegado". Y mi momento es este.

Por eso, cuando Harry tira de mi mano con la intención de abrazarme, de besarme por última vez en nuestras vidas, de llevarse el último recuerdo del tacto de mi piel, tengo que ser egoísta. Yo ya le siento lejos, es como si para mi ya se hubiera ido, y no puedo dejarle hacerlo. No, porque si lo hace, si dejo que esos labios que aún puedo sentir en mi cuello, en mi espalda y hasta en el sitio más recóndito de mi cuerpo, se posen por última vez en los míos, no podré olvidarle nunca. Y nunca siempre será mucho tiempo.

El tirón es decidido, pero contraataco soltándome con violencia de él, lo que le provoca tal sorpresa como dolor. Sus ojos se abren un poco más, y yo me rompo otro poco. No sé cómo no pude imaginarme que esto terminaría así, ahora me parece tan obvio que me siento ridículo.

Harry da un paso y se acerca a mí, y pasa su mano derecha por mi nuca con decisión, como si quisiera hacerlo a la fuerza, y me encuentro a mí mismo clavándole el puño izquierdo en el pómulo. El golpe me duele más a mí que a él, que se toca la mejilla buscando una sangre que no sale y encontrando miles de lágrimas que no puede detener.

Y me vuelvo a echar a llorar.

- Dan, por favor...- retrocedo un paso, y la distancia entre nosotros se hace un poco más amplia. Hasta que se convierta en kilómetros.

- Que seas muy feliz con Kath- le deseo. Y se lo deseo de corazón. Aunque ahora mismo le odie, aunque sólo quiera desaparecer del mundo con él. Deseo de veras que sea feliz.- Fue encantador conocerte.

Veo cómo abre la boca para añadir algo más, pero no me permito escucharle. Retrocedo, y retrocedo, y mis piernas me llevan lejos de allí, atravesando en pasillo hasta mi dormitorio, oyendo cada vez más tenuemente cómo su voz me llama, me llama ahogada hasta apagarse cuando la puerta de mi cuarto se cierra a mi espalda y calla su voz para siempre.

Mery no está dentro, por lo que supongo que debe encontrarse en el salón desayunando. Gracias a ello, me permito a mi mismo poder romper en llanto como si fuera un chiquillo de cinco años que se ha caído de la bicicleta y llora más por la bicicleta que por su rodilla desollada. Y duele, duele casi físicamente. Porque yo nunca había querido tanto a nadie en mi vida, y en apenas dos días he edificado todo mi futuro en torno a la idea de pasar el resto de mis días con Harry, y con lo que eso suponía. La libertad, la aceptación propia, el amor. Y ahora, de un plumazo, ha desaparecido todo. Sin un último beso que pueda recordarme y atormentarme por el resto de mis días lo que tuve que perder. Sin un último "te quiero" que me martirizara hasta mi lecho de muerte. Una despedida fría para afrontar mejor lo que me espera ahora. Una vida en la que no volveré a verle nunca más, una vida sin Harry.


¿Y bieeeeeeeeen? ¿Me matáis ya u os esperáis al epílogo? XD