¡Hola!
¡Dios! ¡Tanto tiempo sin escribir! xD
El cap de hoy es algo corto, en comparación al otro. Al final del cap entenderán como empezare a colocar los recuerdos sobre los años que se perdieron de Megan.
Sin más que decir espero que les guste.
O.O.O
— ¡Papá! — grito su pequeña mientras corría hacia sus brazos. La tomo en brazos para alzarla para que ella pudiera abrazar su cuello. — Te vez muy lindo papito — lo halago la niña mientras le daba un beso en la mejilla.
—Gracias cariño — le sonrió. Su nena se veía bellísima con su nuevo vestido, sabía que el traje de Alec hacia juego con el de Megan, él se lo había dicho hace unos días, así que al ver el vestido de su hija pudo empezar a hacerse una idea sobre cómo sería el traje que estaría utilizando su futuro esposo. — Me quede esperándote en la casa de Luke ¿Por qué no fuiste? Pensé que querías verme ¿No me extrañaste?
Ya que era de mala suerte ver al novio antes de la boda, Magnus se había ido a dormir a la casa veraniega de Luke y Joselyn. Alec que ya estaba tan acostumbrado a dormir con el brujo, sabía que al no estar este no iba a poder dormir, se había quedado con Megan para compensar la ausencia de Magnus. Y no es que a Magnus se le hiciera fácil dormir sin Alec, pero, después de haber vivido tanto, y haberse acostumbrado a perder a sus amantes mortales pensó que se le haría fácil dormir una noche sin el padre de su hija. Lo cual fue un error.
En definitiva, Alec era la persona que había estado esperando durante todos estos años que había pasado de cama en cama en busca de la persona que más lo complementara en el mundo, aquel que fuese su otra mitad, aquel por el que dejaría la inmortalidad. Su noche sin Alec fue horrorosa, casi no pudo dormir; cada vez que se movía buscaba el cuerpo de su nephilim para poder abrazarlo, pero cuando recordaba que no estaba, sentía unas enormes ganas de correr a buscarlo para llenarle de besos y decirle que no lo volviera a dejar solo. En definitiva estaba hechizado por Alexander Lightwood.
— ¡Claro que quería verte! Te extrañe mucho papito. — dijo mientras acurrucaba su cabeza en el pecho de Magnus. — Pero Lucie y yo nos escapamos del tío Jace — le conto la niña. Magnus abrió mucho los ojos, lo primero que sintió el brujo fue miedo, luego de examinar con la vista a su hija de pies a cabeza, sintió ganas de ir a buscar a Jace y matarlo. Haría que se arrepintiera de dejar a su hija sola — Entonces Lucie y yo nos vinimos al salón de los acuerdos — continuo la niña — Fue entonces cuando nos encontramos con el abuelo. — Sintió una punzada en el estómago.
— ¿Con el abuelo?
—Con el abuelito Robert — canturreo Megan. Ahora sí. Jace era hombre muerto. — ¡Abuelito! — grito Megan mientras señalaba al Inquisidor que estaba entrando junto con la Cónsul, a la sala donde ellos se encontraban.
—Hola princesa — le contesto Robert Lightwood con una sonrisa. Jia soltó una risotada, que se transformó en tos, luego de que Robert la fulminara con la mirada.
Por instinto, Magnus acerco a su hija más a su cuerpo. No confiaba en el Inquisidor, sabía que era una persona aterradora que no se volvería a acercar a su hija. En definitiva jamás dejaría que su hija se acercara a ninguno de sus abuelos.
— ¿Qué planeas Robert? — Magnus fulminaba con la mirada al progenitor del amor de su vida.
—Llevar a Megan a ver una película — Megan sonrió al escuchar lo que decía su abuelo — Tal vez a Disneyland por un desayuno con las princesas o a…
—Tus verdaderas intenciones — lo interrumpió Magnus.
—Ser un buen abuelo — Magnus soltó una risotada.
—Cuando tú seas un buen abuelo mi padre será un ángel.
—Piensa lo que quieras, pero ya hable con Alexander y veré a mi nieta cuando quiera.
—Ahora es tu nieta ¿Y que era hace tres años cuando la llamaste mestiza? ¿Un monstruo?
— ¿Qué es mestiza? Papá — le pregunto Megan mientras halaba de su saco negro con runas de oro.
—Una palabra fea — contestaron al mismo tiempo los adultos.
…
Se encontraba en una habitación que usualmente era donde las novias esperaban a que la ceremonia empezara. Esta era la primera vez que un hombre utilizaba esta habitación, no sabía si sentirse halagado u ofendido. Casi podía escuchar la voz de Catarina diciéndole: "¡Viste que si eras la mujer de la relación!". En la habitación había un gran espejo de cuerpo completo, en el que Alec se estaba observando mientras terminaba de acomodarse.
Esperaba que Magnus se sorprendiera con su aspecto. Era la primera vez que estaba tan formal, ni siquiera había ido a la boda de su hermana con traje y corbata. Llevaba un traje clásico de blanco con runas doradas bordadas en los puños y cuello de su camisa, su corbata y chaleco eran dorados; llevaba unos gemelos en forma de gato al igual que los botones de su saco. Ya casi podía ver la sonrisa de Magnus al ver que llevaba un pin con la inicial de su apellido de casado.
Su corazón casi se sale de su pecho cuando la puerta de la habitación fue golpeada violentamente.
— ¡Alec! — grito Magnus, se escuchaba molesto. Supuso que se había encontrado con su progenitor.
—No puedes entrar, tú no…
—No vine a espiarte con tu vestido de novia.
— ¡Magnus! — lo regaño por su tono de voz ofensivo. Fue hasta la puerta para evitar gritarle — ¿Se encontraron?
— ¿Cómo es eso que piensas dejar que el Inquisidor visite a Megan cuando quiera? — Alec suspiro. ¿Qué le habra dicho mi padre? Pensó.
—Yo nunca le dije que iba a ver a Megan cuando quisiera. Le dije que luego de que hablara contigo, decidiríamos si iba o no a volver a Megan.
— ¡Pues claro que no la volverá a ver! — Ladro el brujo dictando con eso su sentencia — No dejare que el Inquisidor se acerque nuevamente a Megan.
—Yo tampoco quiero que visite a Megan, pero… — Alec estaba tratando de controlarse, hablaba lo más suave posible. Lo que menos quería era que se pusieran a pelear y terminara cancelando la boda por una estupidez.
—Amor él te llama gay y a Meg mestiza…
—Soy gay y Megan es mestiza — Alec suspiro y antes de que Magnus dijera algo continuo — Amor hoy es el día de nuestra boda… — le recordó. Casi podía ver a Magnus arrugando el entrecejo y agachando la cabeza. — Dejemos esta discusión para después.
— ¿Cómo puedes perdonarlo por todo lo que ha hecho y dicho tan fácilmente? — dijo en un suspiro de rendición.
—No lo he perdonado, pero los prejuicios de los padres no son los prejuicios de los hijos.
—Hablamos luego. — le contesto después de un largo y sonoro suspiro. — Te veré en el altar.
—Yo seré el de blanco.
…
Hace dos años y cinco meses
—Entonces me voy — dijo por quinta vez Alec, el cual no quería irse al instituto y dejar a sus dos amores solos en la casa — Si quieres puedo quedarme. — le volvió a decir a Magnus, el cual se quedaría por primera vez solo con Megan.
—Vamos a estar bien — le dijo a su prometido mientras le hacía cosquillas a la bebe de siete meses que tenía en sus brazos. — Debes irte o Maryse se pondrá furiosa.
—Si pero…
—Adiós papi — dijo Magnus con una voz infantil mientras hacía que Megan moviera su manito. Megan soltó una risotada mientras su padre hablaba por ella.
Magnus y Alec cada día amaban más a su pequeña, la cual cada día estaba más sana. Megan había estado recibiendo tratamiento especial diariamente con los hermanos silenciosos, Jem y Catarina hasta hace un mes, ahora era semanal. Megan que antes mientras dormía parecía estar sobre esforzándose para seguir respirando, ahora dormía respirando normal, lo cual era un alivio para sus padres. Pero, a pesar de la mejora en la salud de Megan, aun ninguno de los dos se atrevía a dejarla sola por mucho tiempo; temían que algo le pudiera pasar a Megan mientras ellos no la observaban.
Magnus no podía culpar a su prometido, él tampoco quería que se fuera. Pero Alec ya había estado fuera casi dos años de sus labores como cazador de sombras. Maryse no lo estaba presionando para que regresara a cumplir sus deberes, pero Magnus sabia lo mucho que Alec extrañaba la vida de un cazador de sombras. Varias veces lo había pillado lanzando cuchillos, leyendo sobre demonios o practicando runas.
Así que evito que Alec se diera cuenta que no quería que se fuera. Le dedico su mejor sonrisa, intentando darle ánimos. Alec suspiro resignado, sin mucho ánimo se despido de sus dos amores. Beso la mejilla de su hija y luego se estiro un poco para besar en los labios a Magnus, el cual quiso profundizar el beso, pero Megan le halo el cabello en busca de atención. Ambos padres sonrieron ante los actos de su pequeña y con una sonrisa, Alec se fue.
—Muy bien princesa, ahora solo estamos tu y yo. — le dijo a su hija después de que Alec cerrara la puerta. — ¿Qué deberíamos hacer? — No era una pregunta que esperaba que su hija le contestara, apenas tenía siete meses y aún no había dicho sus primeras palabras.
Le dio una rápido ojeada a su hija. Acababa de desayunar, así que no debía tener hambre. Megan llevaba su pijama de panda de cuerpo entero, su oscura cabellera estaba escondida debajo de la capucha con orejas de panda del pijama.
—Creo que ya sé por dónde comenzaremos.
No era la primera vez que bañara a Megan, su hija era muy obediente, casi no les daba problemas. Ya que él también estaba en pijamas, a provecho la ocasión y se metió en la tina junto con Megan.
—No le digamos a papá que nos bañamos juntos — le dijo a su hija mientras esta jugaba, salpicando agua jabonosa por todas partes.
Al terminar el baño estaba lleno de agua y espuma, gracias a la pequeña diabólica que Magnus tenía entre sus brazos. Odiaba hacer los quehaceres del hogar, así que con un movimiento de muñecas seco y limpio el baño. Megan no había dado indicios de tener poderes mágicos, al parecer solo tenía la marca de brujo, heredada de Magnus; pero, su falta de poderes no era impedimento para que a ella le gustara ver a su padre haciendo cualquier hechizo.
Siempre que Magnus hacia magia frente a su hija, esta soltaba una risotada y aplaudía. A Alec no le gustaba que Magnus jugara con magia con Megan, decía que era peligroso. Magnus le había prometido que no haría magia frente a Megan, aunque lo que Alec no sabe no le hace daño a nadie. El resto de su día fue así. Magnus hacia lo que comúnmente hacía con Alec, pero con magia, solo para escuchar las carcajadas de Megan, la cual se estaba divirtiendo como nunca.
— ¡Ya llegue! — anuncio Alec, mientras se quitaba su abrigo en el lobby de la casa.
Ya era la hora del crepúsculo cuando su prometido regreso a casa. Magnus se encontraba jugando con Megan en la sala. La niña que hasta hace unos minutos tenía su pato de peluche en las manos, se lo tiro a su padre, estiro sus bracitos en dirección a Alec y empezó a hacer ruiditos, exigiendo que Alec la cargara. Alec quería correr hacia su hija, cargarla y comérsela a besos, pero, estaba lleno de armas; primero debía guardarlas antes de agarrar a la bebé.
Tanto era el afán de Megan que empezó a llorar. Magnus intento calmarla, le estaba diciendo que su papá debia cambiarse primero. Fue entonces cuando lo dijo.
— ¡Pa… Pi! — lo llamo Megan entre ruiditos.
Ambos se quedaron unos minutos totalmente quietos, terminando de captar lo que su niña acababa de decir. Ambos intercambiaron miradas y luego observaron atónitos a Megan, la cual se dio cuenta de que acababa de hacer algo que no le había gustado a sus padres, ya que empezó a dejar de llorar y entre jadeos paseaba su mirada de Magnus a Alec, los cuales casi que tenían la boca abierta. Su primera palabra, su primera palabra había sido papi, su primera palabra había sido dedicada a Alec.
