Me despierto cuando el sol empieza a filtrarse por entre las cortinas, y no puedo evitar sorprenderme, pues al final había sido una noche bastante tranquila, al menos después de haberme acostado por segunda vez.

Mientras me aseo y me visto, los acontecimientos de la pasada madrugada, que los asemejo ya un poco lejanos, no paran de darme vueltas por la cabeza, y cuando por fin me reúno con Rose en la sala común y nos dirigimos al Gran Comedor para el desayuno, doy gracias de que su tema de conversación sean los exámenes TIMO que nos toca hacer este año.

El cielo del Gran Comedor luce gris, cosa que me hace pensar que afuera está bastante frío. Cuando llegamos a la mesa de Gryffindor, Albus ya está allí, y me alivia ver que conversa tranquilamente con Lucy Weasley, su prima un año menor. Mientras tomo sitio al lado de mi amigo y Rose lo hace a mi lado, Lucy se despide y va a sentarse con los de su curso. Albus nos da los buenos días y no puedo evitar escrutar su rostro en busca de alguna señal sospechosa.

-¿Pasa algo?- Me dice cuando nota mi mirada, y sus ojos verdes parecen estar igual que siempre, cosa que me desconcierta, ¿No estaba tan afectado anoche? Le miro con el ceño fruncido y justo cuando abro la boca para contestarle veo que su expresión se torna agria ante la visión de algo a mis espaldas. Al girarme lo comprendo al ver a un Scorpius dirigirse hacia nosotros. Lleva el pelo rubio peinado despreocupadamente y… ¿He dicho que se dirigía hacia nosotros? Más bien hacia Rose, en quien posa sus ojos grises nada más que se detiene a su lado. En mí o en Albus no parece fijarse en absoluto.

-¿Entonces, me ayudarás esta noche con los deberes de pociones?- Le dice como retomando una conversación que ya habían empezado anteriormente. Rose se ha puesto del color de su pelo, pero no le da tiempo a contestar, al menos no antes que a su primo.

-¡No, claro que no!- Albus se levanta e inmediatamente Rose y yo también lo hacemos. El rostro del joven está igual o más colorado que el de mi amiga, y le pongo las manos en el pecho para intentar tranquilizarle a la par que poder pararle si intenta algo. Scorpius parace divertido y Rose horrorizada.

-¡Albus!- Rose lo mira incrédula y avergonzada, ya que el Gran Comedor de repente se había quedado expectante y casi en silencio, a excepción de algunos susurros.-Lo siento, pero me parece que quien decide aquí soy yo… -Se vuelve hacia el Slytherin y le dice algo en voz baja que no logro entender.

Mi amigo iba a volver a decir algo, pero decido pararle a tiempo de que no ocasione una pelea innecesaria delante de todo Hogwarts.

-¡Abus, tranquilízate! Tu prima tiene razón, creo que quien decide es ella.- Por un momento se pone más colorado y la forma en que me miran sus ojos verdes me hacen sentir completamente una traidora. Me ruborizo pero no me retracto en lo dicho, y cuando pensaba que mi amigo iba a explotar, se da la vuelta y se va hecho una furia del comedor. Me quedo petrificada sin creerme nada de lo que acababa de pasar, y me dejo caer rendida en el banco.

-Me parece que Potter necesita controlar su genio...- Comenta Scorpius, que sigue con su mirada divertida, pero que inmediatamente se vuelve suave cuando vuelve a mirar a Rose, que parece a punto de llorar de rabia. No puedo evitar compadecerme por ella.- Lo siento, no quería causarte problemas.- Se disculpa el joven Malfoy, y sorprendentemente parece sincero cuando se lo dice. Vaya vaya…

-Malfoy, yo no seré tan benevolente como lo ha sido mi hermano. Esfúmate.- Dice entonces James Potter desde el otro lado de la mesa, que también se ha puesto en pie. Su voz es tranquila, pero la amenaza queda flotando en el aire. No sé a qué a maldecir más, si al sentido del honor de los Potter o al hecho de que Malfoy se acercara a hablar con Rose sabiendo que sus primos estaban allí. Scorpius le sonríe irónico, pero sin decir nada más, se aleja de la mesa de Gryffindor y vuelve a la de Slytherin. James se sienta y Rose también, y poco a poco el comedor vuelve de nuevo a la normalidad.

Rose parece haberse quedado sin apetito a juzgar por su plato intacto. No me doy cuenta de que yo también lo he perdido hasta que miro sin ganas la comida que tengo enfrente, así que decidimos irnos nosotras también.

Salimos del castillo y el frío nos golpea en la cara mientras nos arrebujamos un poco más en nuestras bufandas. Me estaba preguntando dónde podía haber ido Albus mientras caminábamos hacia el invernadero para la primera clase de la mañana, cuando mi amiga rompe el silencio.

-No me puedo creer que esto haya pasado.- Musita.

-Yo tampoco. Por un momento creí que Albus explotaría y yo sería una testigo en primera fila… ¿No te parece ridículo?- Le digo cavilando un poco más.

Sus ojos azules me miran dudando.

-¿Qué Albus fuera a explotar?

No puedo evitar una sonrisa.

-Su actitud, la de todos. Sólo están enfrentados unos con otros porque sus padres lo estaban. Porque vuestros padres lo estaban.

-Scorpius no ha hecho nada malo…- Dice apenada.- Sólo quiere un poco de ayuda con pociones, cree que si no, no pasará el TIMO, y sabe que se me da igual de bien que se le daba a mi madre…

-No lo dudo. Es más, eres una genio, Rose. ¿Pero tú has visto cómo te mira? Sus intenciones van más allá de las pociones.

Se vuelve a poner colorada y su expresión no deja lugar a dudas, ella también lo sabe.

-Audrey, no digas tonterías…- Balbucea.

-¡Vamos, Rose! Tampoco tú has aceptado sólo por el simple hecho de ayudarle, y no intentes mentirme, te conozco demasiado bien.

Habíamos llegado al invernadero, así que cortamos nuestra conversación cuando los alumnos de Gryffindor y los de Hufflepuff empiezan a llegar y el profesor Longbottom comienza la clase de Herbología. Ante toda sorpresa, Albus apareció, pero no le hice preguntas ni él a nosotras, es más, apenas hubo comunicación a excepción de la necesaria y la tensión se mascaba en el aire. La clase transcurrió sin incidentes mientras cortábamos y pesábamos raíces de acónito en grupos de tres y finalizó justo cuando me preguntaba cuánto tiempo iba a tener que soportar la situación.

No me percaté de qué clase tocaba a continuación hasta que empecé a seguir a mis dos amigos. Más serios que nunca. Y entonces el pánico se apoderó de mí: Tocaba pociones. Dos horas. Y con los de Slytherin.

Suspiré mientras íbamos hacia las mazmorras. Iba a ser una mañana larga.