Camino por un silencioso y oscuro pasillo de piedra, y me cuesta mantener la calma. El pánico se apodera de mí paso a paso, y noto la presencia maligna que me persigue.
-Audie, soy yo. ¿Por qué corres?
Me estremezco al oír esa voz aterciopelada, y camino más rápido. "No. No es ella. Ella está muerta" me repito para mantener la cordura mientras empiezo a correr. Lo que sea que me persigue, comienza a correr también, y entro en pánico mientras el corazón me retumba en la sien y en el pecho.
-¡Déjame! ¡Déjame! ¡Ella está muerta!- "Y si ella está muerta, lo que me persigue es su asesino." Las lágrimas me resbalan por las mejillas y sigo corriendo desesperadamente mientras el aire me quema en los pulmones.
-Soy Viviane, mi pequeña Audie.
-¡NO!- Grito hasta que la garganta me quema.- ¡No me llames así!
Algo entonces tira de mí y me caigo de bruces contra el suelo. La ansiedad me puede, pero por más que intento liberarme, no tengo suerte.
-¡DÉJAME!
Poco a poco aparece sobre mí el rostro de mi hermana Viviane, sus ojos verde claro coronados por su melena rubia me miran desde arriba, igual de bella que siempre ha sido. Que fue. Pero yo sé que no es ella.
-¿Lo ves? Soy yo, Audie.
-No me llames así.- Musito.
-¿Por qué? Siempre te he llamado así, y siempre te ha gustado.
-¡Tú no eres mi hermana! ¡A ella la asesinaron!
-Deja que te lleve conmigo…- Susurra, y entonces sus ojos comienzan a cambiar de color, del verde claro a un negro intenso que por momentos es rojizo, y me sonríe con fiereza. Su rostro… Todo su rostro cambia… Al del Señor Tenebroso, al de Voldemort.
Me despierto agitada y me siento en la cama, escrutando a través de las cortinas la oscuridad: Estoy en Hogwarts. Suspiro y me paso las manos por la cara, descubriendo lágrimas en él. Me levanto con rabia, y abandono la habitación justo cuando Rose musita algo entre sueños. Bajo las escaleras hasta la Sala Común -esta vez vacía.- y me dejo caer rendida en uno de los sillones de tres plazas, sin poder evitar hundirme en un llano silencioso. ¿Por qué sueño estas cosas? No puedo parar de soñar con el asesinato de mi hermana mayor, a pesar de que yo era muy pequeña para poder recordarlo. Y lo que es peor, sueño con la cara de Voldemort sabiendo que él está muerto, y ya lo estaba cuando uno de los mortífagos que quedaban sueltos, años después de haber terminado la Segunda Guerra Mágica, dio con mi hermana en plena calle y la asesinó. Fue el propio Harry Potter quien le dio caza, y a Viviane Autumn se le bautizó como "La última víctima de la guerra" en todos los periódicos y en todo el mundo mágico. Mis padres quedaron destrozados, hasta tal punto de que mi madre tuvo que ser internada en el Hospital San Mungo por desórdenes psicológicos. Mi padre trabaja en el hospital, y es horrible verlo consumirse cada vez más. Cuando no estoy en Hogwarts me paso casi todo el tiempo con mi abuela, pero cuando mi padre vuelve a casa después del trabajo la realidad con todo su peso me golpea de nuevo.
-¿Aud? Pasas más tiempo en la sala común que en el resto del castillo- Levanto la cabeza sorprendida ante la voz que ha interrumpido el hilo de mis pensamientos y Albus me mira desde arriba. Cuando ve que estoy llorando, su sonrisa se borra y abre mucho los ojos pero antes de que diga algo le interrumpo.
-Estoy bien.- Le digo limpiándome las lágrimas.- Sólo es un poco de desahogo.
-¿Qué estás bien?- Dice, y se sienta a mi lado en el sillón.- Alguien que está bien no está así.
-Sólo son sueños. De verdad, no te preocupes.- Voy a levantarme pero me agarra de la manga y vuelve a sentarme.
-Cuéntamelo.
-¿Qué?- Digo un poco desconcertada.
-No quiero sentirme inútil, desahógate conmigo. Cuéntame tu pesadilla o lo que sea que te inquiete.
-Es lo mismo de siempre, Albus.- Me paso las manos por el pelo y le miro.
-¿No cambia nada?
-Bueno…- Dudo un momento, pero sus ojos me dicen que está preocupado de verdad, y es uno de mis mejores amigos, no puedo esconderle nada.- Ahora llego a verle.
Se queda un momento mirándome, asustado.
-¿A quién, Audrey?- Pregunta prudentemente.
-A Voldemort.
Se levanta del sillón alarmado al momento.
-Tienes que ir a hablar con Mcgonagall. ¡Debes de ir a hablar con McGonagall!- Me agarra por el brazo y esta vez me levanta.
-¡Tranquilo, y suéltame, me haces daño!- Le digo zafándome de su mano.- Sólo es un sueño, creí que tú lo entenderías mejor que nadie.
-Dime, Aud, si has visto lo suficiente la cara de Voldemort como para poder evocarla perfectamente en un sueño.
-¡Todos hemos visto su cara, aunque ya no estuviese vivo cuando nacimos! En El Profeta, en…
Me corta antes de que siga.
-No es buena señal. ¿Por qué las pesadillas tan seguidas ahora?
-Siempre las he tenido…
-Nunca tan seguidas.
-¿Y qué va a hacer la directora? ¿Darme una poción para dormir? ¿Crees que no he intentado que paren? "¡Sólo son pesadillas!" Es lo que me dicen, porque es lo que son.
Nos miramos en silencio sin decir nada más, antes de que el suspire y ablande un poco la mirada.
-Sólo intento ayudar.- Dice. Y se va. Le contemplo subir las escaleras y cuando oigo la puerta de su cuarto, me voy arrastrando los pies hasta el mío y me meto en la cama. Sólo cuando estoy a punto de dormirme otra vez, se me ocurre:
¿Por qué había bajado Albus a la sala común?
La mañana siguiente transcurre sin incidentes y tranquilamente, aunque puedo notar la mirada de Albus, más serio de lo normal, posarse en mi cuando yo no miro, y cuando lo hago, la aparta rápidamente. A parte de este detalle, el ambiente en general está más animado, ya que esta noche es Halloween, y la festividad se respira en el castillo.
Aunque los deberes seguían siendo abundantes, y estaba escribiendo un pergamino con Rose para historia de la magia cuando se aclaró la garganta y me miró dubitativa.
-He estado hablando con Albus…- Empieza con prudencia.
-¡Oh, maldito Albus Severus Potter!- Suelto la pluma, y al hacerlo mancho el pergamino que había estado escribiendo, pero no me importa.
-Yo también estoy preocupada.- Me posa una mano en el hombro y sus ojos me indican que dice la verdad, pero me siento impotente.
-Mi pequeña Rose Weasley, ¿Qué quieres que haga? ¿Buscar en la sección prohibida la guía Cómo dejar de soñar con señores tenebrosos?
-No tiene gracia.
-No pretendía que la tuviera.- Vuelvo a tomar mi pluma y sigo mi trabajo en silencio, aunque ya soy incapaz de concentrarme de nuevo en las revoluciones de Gnomos. Mi amiga no vuelve a tomar la pluma, pero se queda pensativa y callada por lo menos unos diez minutos hasta que se despide vagamente y sale de la sala común, al encuentro de Scorpius, supongo.
Cuando acabo el pergamino decido que necesito aire fresco, así que salgo del castillo tranquilamente y me dirijo a los jardines a buscar un buen lugar donde ponerme a leer, ya que está atardeciendo y aún quedan unos minutos de luz que puedo aprovechar. Al final me siento bajo las ramas de un enorme árbol que por su pinta lleva cientos de años allí y abro mi ejemplar de Quidditch a través de los tiempos, pero a penas llevo un par de páginas leídas cuando una voz me hace levantar la mirada.
-¿Qué haces aquí fuera?- Matt Skytears me mira alarmado mientras camina hacia mí, y a juzgar por sus mejillas arreboladas por el frío y su ropa de abrigo, el joven Ravenclaw parece estar haciéndose hielo poco a poco. No puedo evitar una sonrisa.
-¿Tienes frío?- Le digo irónica.
-¿Acaso tú no?- Se queda parado y mirándome desde las alturas, dudando antes de sentarse a mí lado. Sus ojos azules son del mismo tono que el azul de su casa, y a veces no puedo evitar pensar que nadie más pudo estar más destinado a Ravenclaw que Matt. -¿Estás sola?
-No, varios espíritus velan por mí mientras leo Quidditch a través de los tiempos.- Bromeo enseñándole el libro, que toma y ojea distraídamente mientras sigo hablando- En realidad sí, Albus tenía entrenamiento y Rose…
-Rose está con Scorpius, lo sé.- Dice, pero sin mirarme todavía.
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno, ¡No es que lo vayan escondiendo por ahí!- Esboza una sonrisita, y como sigue inmerso en mi libro, le quitó el gorro de lana que lleva, dejando al descubierto su pelo castaño y alborotado.
-¡Oye!- Me dice al instante, pero yo ya había sacado mi varita y había hecho la prenda invisible, escondiéndomela en la túnica.
-¿Qué pasa?- Le digo inocente. Me mira durante unos segundos hasta que se encoge de hombros.
-¿Quieres guerra? Está bien, la tendrás.- Entonces me quita mi gorro de Gryffindor, y mis intentos por evitarlo son inútiles, así que al final saco su gorro, lo vuelvo visible de nuevo y me lo pongo.
-Está bien, quédate con el mío, el azul me favorece…- Me atuso el pelo exageradamente y él bufa burlón.
-A propósito,- Me dice.- Hace semanas que no me lavo el pelo y… De verdad lo siento por tu gorro…
-¡Serás cerdo!- Le digo riendo, y le intento quitar el gorro, pero él me sujeta las muñecas y me presionas las manos contra la hierba mojada por el rocío, impidiéndomelo. Entonces acerca sus labios a mi oreja y me susurra:
-¿De verdad crees que mi pelo sería tan maravilloso si no me lo lavara?- Me sonríe divertido, pero cuando se separa un poco nuestros rostros siguen muy próximos, y a mí no me sale más que una leve risa ya que nunca había estado tan cerca de él ni sus ojos… Tan posados en mí. Borra la sonrisa de la cara y se queda mirándome, pero no se aparta, y afloja sus manos en mis muñecas, dejando de apretármelas y convirtiéndolo en una cálida caricia. De repente ambos parecemos haber olvidado el frío y cuando la distancia se empieza a acortar y mi corazón a retumbarme en el pecho…
-¡Audrey!
Fue como si una descarga nos recorriese y nos hiciese separarnos, y cuando Albus se paró enfrente de nosotros era incapaz de mirarle a la cara. Y mucho menos a Matt.
-Terminé de entrenar hace un rato y pensé que estabas con Rose pero cuando el banquete comenzó y Rose apareció con Scorpius…
¡Mierda, el banquete de Halloween!
No sigue hablando, así que dejo de mirar el césped y me obligo a levantar la mirada. Mi amigo nos mira dubitativo y yo intento no ponerme colorada.
-¿Molesto?
-¡No, no! ¡Claro que no!- Le digo apresuradamente y me levanto sacudiéndome las hojas.- Había salido un rato a leer nada más y…
-Y te llevas mi gorro, Aud.-
Vale, ya sé por qué Albus nos miraba tan extrañado. Esta vez es inevitable, y mientras me doy la vuelta y contemplo a Matt levantarse y quitarse mi gorro, me pongo muy colorada. Me quito el suyo y se lo tiendo. Nos los intercambiamos y entonces se agacha a recoger algo: Mi libro.
-Me preguntaba… Si podrías prestármelo.
-¡Oh, sí, claro!- Le digo aún nerviosa.
Me sonríe y eso no ayuda a calmarme.
-Tranquila, te lo devolveré.- Me guiña un ojo y después de despedirse levemente de Albus, pasa a nuestro lado y se va camino del castillo. Albus y yo hacemos lo mismo, y mientras le vemos unos pasos más adelante desparecer por la gran puerta, mi amigo me mira serio.
-¿Qué ha…?
En ese momento cruzamos las puertas del castillo, y el bullicio ya nos llega desde el Gran Comedor.
-¡Ojalá este año haya tarta de calabaza!- Le digo adelantándome.
