Cat fight: Conviviendo con el enemigo
Por Katou Yuu
ADVERTENCIAS: yaoi, yullen, AU, vecinos latosos.
DISCLAIMER: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino.
Para desgracia de su paciencia, la mañana del día siguiente no fue diferente. Era un domingo donde los pájaros cantaban y la luz del sol brillaba, sin embargo, Kanda parecía más molesto por el gozo ambiental que agradecido por un día más.
Allen suspiró, se llenó de energía y decidió comenzar a limpiar. El otro simplemente lo vio de reojo y salió del apartamento gruñendo y tratando de acomodar su mochila. Por fin tuvo un momento para mirarlo. El chico era asiático, no sabía si chino, japonés o coreano, pero definitivamente asiático. Suponía que había excepciones muuuy grandes en el mundo porque Kanda no era ni respetuoso ni formal tal como todos pintaban a los asiáticos.
Volvió a sus labores, suponía que con el tiempo las cosas se aflojarían entre ellos y por el momento podía sentirse contento de que no se meterían en sus asuntos tampoco. Justo cuando estaba estudiando la lavadora, una algo vieja pero en buenas condiciones, alguien llamó a la puerta. Tardó un momento en darse cuenta pues el timbre sonaba muy diferente a lo que estaba acostumbrado.
Cuando abrió la puerta, recibió una bienvenida con voz alegre y una amplia sonrisa.
- ¡Hola! soy Lenalee, bienvenido vecino - dijo la chica ofreciendo una bandeja de brownies.
Allen miro sorprendido la bandeja, olían a recién horneados, por un momento pudo ver un rayo de luz brillante.
- Hola, muchas gracias, soy Allen - tomo la bandeja.
- Espero que le gusten a ti y a tu compa*ero - dijo con una sonrisa.
- Ah... sí, estoy seguro que le gustaran -no estaba seguro pero esperaba que los dulces pudieran aminorar el mal carácter de su compa*ero.
-Allen puedes contar conmigo y mi hermano lo que necesites, estamos en el tercero. - vaya Allen no podía creer tanta amabilidad, casi lloraba. - Bueno fue un placer conocerte, tengo algunas cosas que hacer.
-Gracias, también puedes contar con nosotros - esperaba que su compa*ero no lo matara por eso- vio a Lenalee bajar las escaleras y entro al apartamento con la bandeja de brownies, la dejo en el mesón, ya tendría que devolverle la bandeja.
Entonces comenzó a oír ruidos extraños, parecían provenir del patio, se asomó por la ventana de la cocina encontrándose con un chico pelirrojo que le miraba intensamente, trago algo de saliva
- Esto...tu eres el inquilino del...
-¡Ten piedad! ¡Regálame uno! - gritó el pobre tipo que parecía desmoronarse. Allen comprendió que se refería los brownies, Allen dudo por un momento.
- Este bien, atrápalo. - Lo lanzo por la ventana y el chico lo tomo como si la vida se le fuera en ello.
- Esto es... un brownie de Lenalee, recién horneado ¿debería comerlo ahora? ¿O para después? ¿O conservarlo para venerarlo diariamente? - Allen lo vio horrorizado.
Se dio la vuelta buscando el cordón de la persiana, pero el chico volvió a llamarlo.
- tienes que devolverle algo bueno con la bandeja - dijo el chico sin poder resistirse y dándole una mordida al brownie
- ¿qué? - dijo Allen confundido
- sí, es como... una tradición - hizo gestos de deleite y comenzó a gemir mientras decía lo delicioso que estaba el bocado.
- tengo que irme - dijo Allen con desconfianza
- Adiós Allen - dijo el chico moviendo la mano y sonriendo.
Se alejó de la ventana y se le crisparon los cabellos de la nuca, no se había presentado pero el chico sabía su nombre.
Así que había una tradición en el edificio referente a Lenalee? no estaba seguro, dejo los brownies en un envase y se apresuro a tomar sus cosas debía ir a su trabajo de medio tiempo, su jefe le había dado unos pocos días para que encontrara un nuevo lugar y todo lo que implicaba el hecho de mudarse, no podía permitirse perder más días y que fueran descontados de su paga, también recordó que la nevera estaba vacía debía comprar algo antes de volver.
Tomo su llave y se marcho. Bajo por las escaleras sintiendo que el ascensor tardaba una eternidad, en el portal se encontró con el presidente parecía que hablaba algunos asuntos con el portero, rápidamente decidió saludarles.
- Buenos días.
- Buen día Allen ¿ya te vas al trabajo?
- Si.
- Entonces suerte ¿todo bien con tu compañero? ayer tuvieron la oportunidad de conocerse.
- Si, es un buen tipo - forzó una sonrisa - Si me disculpa, me debo ir- se preguntaba porque debía mentir y dar la mejor imagen de su compañero, aun parecía que guardaba esperanzas de que Kanda fuera alguien amable, desbordante de bondad como Lenalee. Kanda se había marchado temprano, suponía que también a trabajar, la verdad no estaba segura.
Todo parecía tranquilo cuando volvía a casa, había hecho las compras e iba pensando en su cena.
Antes de llegar al edificio, un chico lo rebasó, iba en patines y mostraba rara habilidad para subir y bajar los escalones a saltos. Al parecer también vivía en el edificio. El chico lo vio acercarse y tratar de subir las escaleras pero con un poco de impulso se interpuso entre él y el escalón haciéndolo moverse hacia el otro lado. El chico le sonrió y él respondió de la misma manera, pero cuando trató de subir nuevamente, el chico volvió a interponerse comenzando un baile extraño de patines y bolsas de compras.
- con permiso - dijo Allen sonriendo en un intento porque el niño dejara de jugar, las bolsas pesaban bastante y los dedos comenzaban a punzar.
El niño no lo dejó pasar y rodó frente a él.
- paga - dijo extendiendo la mano con una sonrisa de oreja a oreja.
- vivo aquí - dijo Allen tratando de ser amable
Pero el niño no dejó de estorbar. Se miraron un momento, desafiándose, hasta que alguien aclaró su garganta detrás de ellos.
- si ya terminaron de jugar, háganse a un lado - dijo Kanda con un humor igual al de la mañana.
- paga - pidió el niño de nuevo.
Kanda rodó los ojos y levantó al niño. Aunque este intentó darle una patada mientras reclamaba que lo bajara, Kanda no hizo ningún gesto y lo dejó a un lado como si fuera algo mugriento.
- ¡Timothy! ¡Sube ya! ¡Tu mamá ya debe venir de regreso! - dijo una chica asomada desde una ventana en el segundo piso - deja de molestar a los vecinos - dijo levantando un puño.
Timothy puso mala cara y entró al edificio, Allen le siguió viendo como el niño se deslizaba por el piso con sus patines, se preguntaba si eso estaba permitido. El niño se detuvo frente al ascensor esperando que llegara, inmediatamente abrió sus puertas dejándoles entrar. Allen vio a Kanda que parecía dudoso de entrar, veía de reojo las escaleras y luego a ellos.
- Kanda ¿vienes? - preguntó Allen.
Kanda no se decidía.
- ¡Oye chino no tenemos todo el día! - chilló Timothy que presionaba el botón para que las puertas siguieran abiertas. Allen se estremeció al oír al niño llamar así a su compañero de habitación.
Kanda entró al ascensor con una expresión asesina, el pequeño sintió un escalofrío cuando Kanda presionó el botón de su piso.
El ambiente en el ascensor era tan tenso, si algo sabía era que a los asiáticos no les gustaba ser confundidos.
La puerta se abrió en el segundo piso y Timothy salió con un paso mecánico sintiendo la mirada de Kanda sobre él.
- Timothy! - escuchó que le gritaban. Una chica de cabello castaño se acercó tirándole de las orejas - ¡Qué te he dicho de molestar a los vecinos!
- ¡Duele Emilia! - se quejaba.
- ¡Discúlpate con los vecinos! - le tomó con firmeza de los hombros.
- Lo siento... - dijo el niño saltándose del agarre y rodando un poco - ¡adiós chino! - dijo y salió disparado hacia su puerta.
La chica puso cara de fastidio y fue tras el niño regañándolo.
Allen caminó hacia la puerta, Kanda iba tras él pero podía sentir el aura de molestia de su compañero. Cuando llegó a la puerta, esperó a que el otro abriera, de otra forma tendría que bajar las bolsas para buscar las llaves.
El chico de los patines vivía en el mismo piso, podía escuchar los gritos y regaños de la chica que estaba con él aunque ya se encontraban dentro de su apartamento. Suspiró, a veces dudaba que los niños fueran el futuro.
Kanda lo miró y abrió la puerta, sin embargo pasó primero sin importarle que sus dedos estuvieran a punto de ser azules por el peso de las compras.
Fue directo a la cocina, había comprado algunas cosas para cocinar algo y devolverle la charola a Lenalee.
- en la mañana una vecina trajo esto - dijo Allen mostrándole a Kanda los brownies - están muy buenos - esperó que Kanda tomara uno, sin embargo sólo levantó una ceja en una expresión indignada. Se dio la vuelta y fue a su mochila.
-tenemos que cocinar algo para agradecerle
- ¿tenemos? - dijo Kanda sacando un paquete de sopas instantáneas de su mochila
- sí... fue un regalo para ambos.
- no me interesan - dijo Kanda haciendo a un lado el recipiente con los pasteles - es tu problema, tú los aceptaste.
- Era para darnos la bienvenida, además he comprado algunas cosas para la cena...
- No me interesa, menos comer algo preparado por ti Moyashi - se marcho por el pasillo y escucho un portazo.
Allen sentía una vena en su sien palpitar, realmente ese sujeto no tenía una mínima pizca de sentido común o buenos modales, además le dijo Moyashi, que se suponía que fuera eso, algo le decía que por su comportamiento no era algún cumplido.
- ¡Bien! ¡Haré algo para Lenalee yo solo! - grito esperando ser escuchado por Kanda - Que se busque la vida, solo quería ser amable con el - dijo viendo las bolsas de sus compras, quizás lo mejor era mantenerse al margen, aunque no había visto que Kanda hubiera comprado algo de comida para él, quizás se preocupaba de manera innecesaria. Vio los ingredientes y puso manos a la obra.
No era un experto en repostería, en realidad era más de los que comen que de los que cocinan y quizá podría pedirle algunas recetas a Lenalee para intentar alguna.
Había decidido que haría un simple pay de limón. Simple, barato (tenía que cuidar sus finanzas) y nunca fallaba. Molió las galletas, preparó el relleno, lo puso en el refrigerador y esperó limpiando la cocina y comiendo los brownies. Kanda no había pedido ninguno, había sido muy grosero, entonces se comería todos y no le dejaría ni las migajas.
Ya era de noche cuando volvieron a tocar su puerta. Miró con recelo la habitación de su compañero, aquel tipo no había salido de ahí desde que había llegado, ni siquiera para ir al baño, así que tuvo que atender.
- Hola - dijo la chica que había reprendido al niño de los patines - soy Emilia - dijo y mostró un platón cubierto con papel aluminio - traje esto para darles la bienvenida a ti y a tu compañero - dijo ella asomándose disimuladamente hacia el interior del apartamento.
- soy Allen - dijo recibiendo el platón que estaba mucho más pesado de lo que había pensado y aún estaba caliente - gracias.
La chica se quedó parada ahí, así que Allen abrió el papel aluminio y descubrió una montaña de galletas de chispas de chocolate. Al parecer recién hechas.
En el edificio se tomaban muy en serio las tradiciones.
- se ven muy buenas - dijo Allen.
- espero que lo estén - dijo ella sonriendo - ¿o prefieres otros sabores? ¿... tú... o... tú amigo? - dijo algo decepcionada porque Kanda no se veía desde la rendija que Allen dejaba.
- Eh? - Allen no entendía bien la insistencia de su vecina - Tranquila está bien así - respondió con una sonrisa, pudo ver algo de "decepción" en su rostro, ella no había dejado de ver al interior del apartamento.
- Bueno me retiro - dijo algo de resignación - Espero que las disfruten, y si Timothy les hace algo de nuevo ignórenlo le gusta buscar problemas.
Emilia se marchó y Allen soltó un suspiro ¿Tendría que también retribuirle a la vecina por las galletas?
NOTAS:
El segundo capítulo de esta historia que promete toda la acción, intriga, emociones, desencuentros, peleas, aventuras y romances propios de un edificio imaginario. Espero que lo disfruten ;D.
Nos leeremos la próxima semana y, cómo siempre mil gracias por sus comentarios y lecturas. Me siento afortunada por seguir contando con ustedes. ¡Abrazos!
