II.

Había pasado una semana de su primera conversación con él. Mary la atosigaba a preguntas y le decía varias veces al día que se animase a darle un sí por respuesta a su invitación a cenar, pero Lily no pensaba ponérselo tan fácil ni por asomo. La verdad es que no quería ser otra conquista más de la larga lista de Malfoy. Si hacía eso solo ella saldría perjudicada. Estaba segura de que el chico no sentía nada por ella más allá que un simple deseo y capricho de tener una cita con una chica Potter. Pero para ella era diferente. En ese tipo de casos siempre hay una persona que sale perjudicada de las dos, y seguramente sería ella. No es que creyera que se fuera a enamorar de él, pero prefería no arriesgarse.

-Vaya, vaya, Scorpius. ¿A quién miras tanto? – le preguntó Rose en voz baja. Los tres amigos se encontraban en una mesa de la biblioteca estudiando. Lily y Mary estudiaban en otra unos cuantos metros más allá. El chico se puso tan nervioso que dejó caer la pluma que sostenía en la mano. Miró a Albus, pero este seguía con la mirada fija en el techo, como si ahí fuera a obtener la respuesta de las preguntas de sus deberes.
-¿De qué hablas, Rose? – preguntó, frunciendo el ceño. La chica sonrió con mirada angelical.
-Ya sabes. Lily hoy está realmente guapa al parecer, ¿no?

Scorpius puso los ojos como platos y le lanzó una mirada asesina a su amiga. Se preparaba para todos los gritos, insultos y amenazas de Albus, pero el chico seguía mirando al techo, seguramente pensando en Quidditch. Rose sonrió satisfecha y Scorpius, después de lanzarle una mirada amenazadora, se volvió hacia Lily. Era cierto. La chica estaba realmente guapa. Llevaba su pelo largo recogido en una alta cola y no dejaba de morderse el labio mientras escribía y escribía en un pergamino. Se levantó de pronto y se perdió entre las estanterías de libros.

-Tengo que buscar un libro – dijo de repente. – Enseguida vuelvo. – Scorpius se levantó y se dirigió hacia donde había visto a Lily por última vez. Después de buscarla durante unos segundos, la encontró intentando alcanzar un libro. El chico se apoyó en uno de los muros cruzando los brazos y sonriendo pícaramente mientras la observaba poniéndose de puntillas. Lily dio un pequeño brinco para intentar agarrarlo, pero fue en vano. Scorpius se acercó sigilosamente hasta que estuvo justo detrás de ella. - ¿Te ayudo, Potter? – le susurró al oído.

Lily, sobresaltada, dio media vuelta y empujó al chico sin pensar en nada más. Scorpius levantó las dos manos como si se hallara frente a un policía.

-Tranquila.
-¿Quién te crees para acercarte a mí de esa manera? – le preguntó indignada.
-No seas tan estirada, Potter.

El chico se acercó a la estantería y agarró el libro sin el menor esfuerzo. Era evidente que lo consiguiera, por algo le sacaba cabeza y media a Lily. Se lo ofreció, pero justo cuando Lily lo iba a coger, Scorpius lo puso en alto estirando el brazo. La chica lo miró rechinando los dientes.

-¿Cuál es tu problema, Malfoy? – le preguntó.
-Ninguno. ¿Aceptarás mi invitación?
-Ya te dije que no. ¿No entiendes un NO por respuesta?
-Lo cierto es que no. Eres la primera chica que me rechaza y eso despierta mi interés.
-No todo gira a tu alrededor. No eres el centro del mundo. Lo sabes, ¿no?
-No, pero ya estás tú para recordármelo a cada momento, así que gracias.

Lily negó con la cabeza.

-Dame el libro, ¿quieres? – dijo Lily, comenzando a impacientarse.
-¿O qué? – preguntó el rubio desafiante.
-O gritaré.
-¿También eres una chivata, Potter?

Lily le sonrió con malicia. Acto seguido abrió la boca preparada para gritar pero Scorpius pudo detenerla a tiempo poniéndole tapándosela.

-Calla Potter, ¿quieres que nos echen de la biblioteca o qué?

Scorpius dejó caer el libro al suelo, ya que tuvo que insistir e impedir que Lily se deshiciera de él. La chica pataleaba pero zafarse de la fuerza del chico era imposible. Scorpius aprovechó y se acercó lo máximo posible a Lily. Notaba la respiración agitada de la chica y el calor de sus labios bajo la piel de su mano.

-Me estás matando – le soltó Scorpius sin pensar. Lily lo miró esperando a que se cansara y la soltara, pero ese momento no parecía llegar. Por ello aprovechó el despiste de Scorpius y le mordió la mano en un abrir o cerrar de ojos. El rubio la soltó agitando la mano por el dolor. Lily se agachó con rapidez para recoger el libro y le sacó el dedo antes de irse.