VI.

-¿En serio vas a ir con él? – le preguntó Mary mientras comían juntas en el Gran Comedor.
-Es el primer chico que me lo ha pedido, y además no ha dejado de insistir. – respondió Lily, taciturna.
-No es que diga que el chico es una mala compañía, pero no sé, pensaba que irías con…
-No me lo nombres. No quiero saber nada de ese idiota nunca más.
-Pero, ¿qué te ha hecho? – quiso saber la morena.
-¡Existir! ¿Te parece poco?

Mientras tanto, en la mesa de las serpientes…

-¿Se puede saber qué mosca te ha picado Scorpius? ¡No paras de moverte! Me estás sacando de quicio – le dijo Albus, mientras se metía la cuchara a la boca.
-No pasa nada. Es solo que… Bueno, ¿has encontrado ya pareja para el baile? Es dentro de dos días.
-¿Conseguir pareja? ¿Cuántas veces tengo que decirte que voy en serio con Mary?
-Ah sí, siempre se me olvida. ¿Y Rose? ¿Tiene ya pareja?
-No tengo ni idea, a decir verdad no se lo he preguntado. No para de estudiar.
-Qué raro.

Scorpius observó a Rose comer en la mesa de Gryffindor charlando animadamente con una compañera. Más allá se encontraba Lily parloteando con Mary, como de costumbre. Parecía enfadada y eso le divirtió.

-¿Tiene ya tu hermana pareja? – le preguntó inocentemente.
-Eh, eh, eh. Creo que se te olvida que mi hermana es INTOCABLE.
-No lo preguntaba por eso, simplemente era curiosidad. Además, tu hermana es una cría, no me atrae lo más mínimo – dijo no muy convencido y mintiendo claramente. Albus lo miró con una ceja alzada. A él tampoco pareció convencerle la respuesta de su amigo.
-Creo que se lo ha pedido el chico de Dumstrang. Yankelevich o como se llame.
-¿¡QUÉ!?

Scorpius clavó los puños en la mesa, y todos los platos y cubiertos retumbaron peligrosamente mientras los compañeros lo miraban confundidos y el profesorado le lanzaba miradas de reprobación.

-¿Con el enemigo? ¡Ese tío me arrebató la victoria en la prueba del dragón! – exclamó el rubio muy, pero que muy indignado.
-Tranquilízate. No sé si le habrá dicho que sí ya. Y solo es un baile.
-¿Solo un baile? En un baile pueden pasar mil cosas, Albus. Puede besarla, puede aliarse con ella e intentar sacarle información, ¡podría acostarse con ella! – A Scorpius parecía que le iba a dar un patatús. Es más, parecía estar fuera de sí y de control.
-Solo tiene quince años joder, nadie va a acostarse con ella. Y Lily sabe cuidarse de sí misma.

Entonces Scorpius desvió la mirada para disimular un poco. ¿Cuántas veces se había imaginado él a Lily desnuda? ¿Y cuántas había pensado en acostarse con ella? Esperaba por su bien que Albus no pudiera leerle la mente. Hasta ese momento no había pensado en qué ocurriría si le contara a su amigo lo que sentía por su hermana. Todo había cambiado desde entonces. Scorpius no se había liado con una chica desde las primeras palabras que cruzaron en el pasillo justo al comenzar el curso, y mucho menos acostado. Estaba perdiendo sus dotes de Don Juan simplemente por una chica de quince años. Pero claro, una chica que lo volvía loco. Con ella era imposible no sacar su lado pervertido, pero también el romántico. Y eso le inquietaba.

Aquella noche, Scorpius se preparó para abordar a Lily en cuanto la viese. Estaba más que enfadado por la invitación del búlgaro. La esperó junto al retrato de la Dama Gorda, cruzado de brazos y rechistando de vez en cuando. Después de esperar unos quince o veinte minutos, Lily y Mary salieron de la sala común dispuestas a ir a cenar. Scorpius la agarró del brazo con fuerza.

-Tenemos que hablar. – le dijo Scorpius con un semblante completamente serio.
-Suéltame imbécil.
-En fin… - Mary puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. – Nos vemos luego Lily. – Mary se alejó murmurando.
-¿Con el enemigo? ¿¡CON EL ENEMIGO!? No me esperaba esto de ti, Potter.
-¿Vuelvo a ser Potter? – preguntó ella con rabia y desquitándose de la mano de Scorpius.
-¿Vas a ir al baile con ese...? ¿En serio? ¿Qué se te ha perdido en Bulgaria a ti?
-¿De qué vas?
-No, ¡de qué vas tú! Pensaba que tenías un gusto mejor. Como yo, por ejemplo. – Scorpius parecía a punto de perder los nervios. Lily lo miró boquiabierta ante su egocentrismo. – Ese tío lo único que quiere es llevarte a la cama.
-¡Igual que tú! – le gritó Lily. Scorpius la miró con el ceño fruncido.
-Eso me ha dolido, Potter, y mucho. Me has dado justo en el corazón.
-Oh, por favor…

Lily estaba dispuesta a marcharse pero Scorpius la detuvo interponiéndose en su camino. Lily frenó rechinando los dientes.

-¿A qué se debe este cambio de decisión? Tú estás loquita por mí. Nos casaremos y tendremos unos veinte hijos. ¿Por qué Yankelevich? ¿Crees que puede darte más hijos que yo?

Lily lo miró con los ojos como platos y preguntándose si de verdad Scorpius no habría perdido el juicio.

-Al menos no me saldrían con el pelo blanco en cuanto nacieran – le dijo Lily, tomando las riendas de la pelea.
-¿¡PERDONA!? ¿Estás despreciando a mi pelo, Potter? Que sepas que no es blanco, es rubio, rubio como el de los ángeles.
-Sí, solo que tú de ángel tienes lo que yo de dragón.
-Entonces sí que tengo.

Lily le lanzó una mirada envenenada. Scorpius se retractó enseguida.

-Bueno, tu carácter no es precisamente el de un cachorrito, pelirroja.
-¿Has acabado ya? Quiero acabar esta estúpida conversación.
-Yo solo te recomiendo que te lo pienses un poco mejor. ¿Has visto las entradas que tiene Yankelevich? Ese tío está ya muy mayor, podría morirse en la misma noche de bodas.

Lily se dio un tortazo en la frente. No podía creer que de verdad estuviesen manteniendo esa conversación. Scorpius continuó con su monólogo.

-Lo que sí que no te recomiendo es que me retes, Potter. Como ya te dije, tengo una larga lista de chicas que están esperando mi "sí". Te había concedido la oportunidad de reservarte el primer puesto, pero eso no puede durar siempre. Tú decides.

Lily no pensaba dejar que esta vez ganara Scorpius con su alto ego. Simplemente porque, si tanto le "gustaba", no debería haber ninguna lista de chicas ni de pretendientes que tuvieran que esperar. A ella no le tenía que conceder ninguna oportunidad de estar con él, como si fuera una muñeca.

-¿Sabes? Creo que acabo de decidir lo que voy a hacer – le dijo Lily, simulando reflexionar.
-¿Vas a decirle que no, cierto? Sabía que al final acabarías haciendo lo más correcto.
-Te equivocas. Gracias a tu estupidez y a tu forma de tratarme, voy a decirle que sí a Vilko. Gracias por ayudarme, Malfoy.

Lily le dirigió una sonrisa angelical y se marchó dejando a Scorpius de piedra y a punto de enloquecer. Tenía ganas de buscar al búlgaro y matarlo. Fácil, sencillo y para toda la familia.