VII.
El día del baile de Navidad llegó, según Scorpius, con bastante prisa. Se miró en el espejo ajustándose la corbata y salió de las mazmorras planeando ataques y diversas formas de homicidio. Rose lo esperaba en las escaleras del vestíbulo, ya arreglada.
-Luego que digan que las chicas nos tiramos horas preparándonos. ¿Qué demonios estabas haciendo? – le preguntó.
-Rose, no me alteres, que suficientemente cabreado estoy ya.
-Si es que tendrías que haberte dejado de tonterías y pedirle tú mismo a Lily que te acompañara. Siempre esperas que ella corra tras de ti como hacen las demás, y mi prima no es así.
-¡Que no me alteres Rose!
-Está bien, está bien… Pero no creas que me vas a utilizar para darle celos a Lily.
-¿Yo? Por favor Rose, qué poco me conoces. Sabes que yo nunca haría eso.
-Ya…
Rose se colgó del brazo del chico y ambos entraron al Gran Comedor. Tenía un aspecto espectacular, eso era innegable. Scorpius pudo ver a lo lejos a Albus y a Mary bailando animadamente. Tardó en encontrar a su objetivo, pero finalmente los atisbó junto a las mesas en las que se encontraban las bebidas.
-Tengo sed, ¿tú no? – intervino el rubio.
-Lo cierto es que no. – respondió Rose.
-Lo sabía, cómo para no tener sed con el calor que hace aquí. Enseguida te traigo algo.
Scorpius soltó el brazo de Rose y la chica puso los ojos en blanco temiendo lo peor. Cuanto más lejos se encontrara de los espectáculos que iba a dar Scorpius, mucho mejor. Lily y Vilko se estaban sirviendo ponche mientras hablaban animadamente y al rubio no se le ocurrió otra cosa que colocarse entre ambos para separarlos e interrumpirlos.
-Hace una buena noche, ¿eh?
Lily lo miró suspirando y, después, tomando aire para tranquilizarse.
-¿Querías algo, Malfoy? – le preguntó la chica.
-Bueno… - Scorpius la miró y se fijó por primera vez en lo guapa que estaba. Llevaba un vestido corto y negro un tanto ajustado. Peligroso, según el criterio del Slytherin. Su largo cabello pelirrojo lo llevaba recogido en un alto moño, lo que resaltaba su mirada color caramelo y el color de sus mejillas, así como el rojizo de sus labios. Se desajustó un poco la corbata y se aclaró la garganta. Lily se dio cuenta de cómo la contemplaba y se sonrojó aún más. – Venía a por una bebida para mi pareja de baile.
-¿Quién es? ¿Alguna de las chicas de tu club de fans? – le preguntó Lily con una mueca divertida.
-No. Se trata de tu prima, Rose. Creo que podríamos estar construyendo algo más serio. Ya sabes, después de tantos años de amistad, era normal que nos acercáramos un poco más.
Lily miró a Rose a lo lejos y luego a Scorpius. La sonrisa se le había borrado de la cara, lo que relajó un poco al chico.
-Entonces date prisa y ve, no la dejes sola tanto tiempo.
-Tienes razón. – Se volvió hacia Yankelevich. – Yo de ti tendría cuidado con lo que haces, Yankelevich. El hermano de Lily es un poco protector, ya sabes, Albus Potter. No sé si lo sabrás, pero tiene solo quince años. Quince – recalcó. – Además, si te pasas y la tocas más de lo indebido, bueno…, Albus es un poco vengativo.
Lily había escuchado su comentario atónita mientras observaba la cara del búlgaro, que parecía acobardarse un poco.
-No le escuches Vilko. ¿Qué estás haciendo? – preguntó, dirigiéndose a Scorpius.
-Pensaba que era mejor prevenirlo. – contestó desafiante.
-Haznos un favor y lárgate. YA.
-Luego no digas que no te lo advertí, Yankelevich.
Scorpius se marchó con aire de triunfo mientras Lily le lanzaba miradas de odio.
-Te dije que no me utilizaras para darle celos a mi prima. ¿No me has escuchado? – le preguntó Rose cogiendo el vaso de ponche.
-Pero si no he hecho nada.
-No hace falta ser superdotada para saber que tramabas algo Scorpius.
-De verdad, qué desconfiadas sois siempre las chicas.
La noche transcurrió tranquila. Scorpius no le quitó la vista de encima a Lily en toda la noche. Era la primera vez que sentía celos de otro chico y eso no le agradaba. Quería estar en el lugar de Yankelevich. Ser él el que cogiera a Lily de la cintura o de la mano, el que disfrutara de su compañía, el que hablara con ella y recibiera sus sonrisas. Tenía ganas de estrangularlo, y a ella también, para qué mentir.
Cuando las chicas se encontraban cansadas, se sentaron alrededor de una de las mesas de la cena.
-Así que Scorpius te lo ha pedido – le dijo Lily a Rose.
-Descuida Lily. Al principio no tenía pensado venir a este estúpido baile. Pero luego Scorpius me pidió que le acompañara. Estuvo dándome la lata durante días y al final le dije que sí. Es mi amigo, ¿qué quieres que haga?
-Entonces, ¿no te gusta?
-¿Qué pregunta es esa? Sabes perfectamente que Scorpius no es mi tipo. En realidad todo esto lo está haciendo para darte celos.
Lily dirigió su mirada hacia el chico y lo vio bailando animadamente con chicas de catorce años que habían sido invitadas por otros chicos de séptimo pero que en realidad estaban locas por Scorpius. Bailaba con todas a la vez, y ellas parecían estar alabando a un Dios de la naturaleza. Lily sonrió cuando vio cómo una le intentaba tocar el trasero y Scorpius negaba que no con el dedo mientras sonreía. Qué infantil podía llegar a ser a veces. Entonces apareció entre las chicas aquella niña de once años que le había pedido un autógrafo justo al comenzar el curso escolar. Marien. La niña le tiró de la manga de la túnica y Scorpius le tendió una mano. Marien subió sus pies a los del chico y Scorpius, cogiéndola de las manos, dirigió el baile.
-Es un imbécil. Pero en realidad es adorable – dijo Rose, observando la misma escena.
Lily sentía su corazón desbocado al observarlo bailar con aquella niña. Le parecía una imagen tan tierna que le dieron ganas de salir corriendo a por él y comérselo a besos. Lo que le hizo pensar precisamente en eso. Scorpius llevaba coqueteando con ella tres meses pero no se había atrevido a besarla y eso la incomodaba. Lo había intentado una vez en la biblioteca, pero nunca más. Eso era lo que le hacía preguntarse si de verdad le gustaba a Scorpius o solo era una pequeña broma. Además, las palabras que le había dirigido a Vilko la habían molestado sobremanera. ¿Una "niña" de quince años? ¿Cómo podía decir eso cuando luego a ella se le insinuaba de una manera que Albus no aprobaría? Lo miró de nuevo y vio cómo la pequeña Marien le plantaba un besito en los labios al chico. La chica no perdía el tiempo, eso estaba claro. Scorpius se despidió de ella dándole un beso en el dorso de la mano y con una sonrisa de oreja a oreja.
-No me digas que te ha molestado eso, Lily – le dijo Mary a punto de soltar una carcajada.
-Pues claro que no – respondió ella queriendo aparentar indiferencia. Scorpius entonces se dirigió hacia ellas y la chica intentó ponerse en guardia rápidamente.
-Qué encanto de niña. – dijo.
-Eres un pervertido. Esa niña solo tiene once años – indicó Lily, perdiendo la compostura.
-Tranquila Lily, que también tengo para ti.
Lily no le respondió y se alejó tras levantarse de la silla. Scorpius la iba a llamar pero decidió que era mejor no hacerlo. La observó desesperado, se le habían agotado las ideas para llamar su atención.
-Es imposible – murmuró Scorpius sentándose en la silla que acababa de abandonar Lily. – Es imposible hablar con ella.
-No es imposible – intervino Mary. – Puede que Lily sea una chica difícil y con carácter, pero a ti te ha aguantado suficiente y aun no te ha retirado la palabra. Eso es una señal, ¿no?
-A decir verdad no sé qué esperarme de Lily. Es como un torbellino, cambia de opinión constantemente. Me sonríe y me sigue el juego y a los cinco minutos me grita y me manda a la mierda.
-Ten paciencia – dijo Rose.
-¿Paciencia? Podré pecar de cualquier cosa pero no de impaciente.
