XII.
Lily recogió uno de los muchos papelitos que Scorpius le había pasado por debajo de la puerta de su habitación:
Lils, ¿cuándo se te va a pasar el cabreo? ¿Por qué te pones celosa? ¡Sabes que solo tú eres la dueña de mi corazón! Así como mi futura esposa y madre de mis hijos. Bueno, está bien, nuestros.
PSDTA: ¿Me dejas pasar a tu cuarto? Estoy seguro de que podemos pasárnoslo genial los dos en tu cama. ¡Seguro que con mis tácticas me perdonarías en menos de un segundo! Si decides que no, ¿podría pedirte un favor? ¿Podrías pasearte desnuda por la casa? ¿O al menos con pijama pero cortito? Espero tu respuesta.
Lily arrugó y aplastó el papel entre sus manos y lo tiró a la papelera, a punto de explotar de todas las notas que había recibido del susodicho. Se asomó con cuidado por detrás de la cortina de la ventana de su habitación, la cual daba al jardín, y observó al trío inseparable. Scorpius discutía con Albus, seguramente sobre Quidditch, y Rose leía un libro, para variar. Relajó los hombros y soltó un suspiro. A esas alturas ya sabía que Scorpius nunca la tomaría en serio. Siempre que hablaban soltaba algún disparate o se iba por las ramas. O sacaba a relucir su lado más pervertido, pero nunca conseguía ponerse serio. ¿Qué eran? Se habían besado un par de veces y tonteaban a cada momento cuando estaban solos, pero, aparte de eso, ¿qué existía entre ellos? Solo quedaban dos meses para que se acabara el curso y aún no habían dado ningún paso formal. Además, aparte de las notitas, Scorpius no le había hecho el menor caso a Lily. Al contrario, Albus y él parecían siameses e iban juntos a todos lados. Ni siquiera en el desayuno la había mirado ni una vez. No quería reconocer que estaba celosa de su hermano, pero así era.
Supo que la cena estaba lista cuando su madre la llamó desde el piso de abajo. Lily abrió la puerta y estuvo atenta a lo que ocurría en el comedor. Escuchó cómo Albus, Rose y Scorpius entraban en la casa mientras hablaban y reían y cómo Harry y Ginny les informaban de que aquella noche se irían ellos de "marcha", por lo que no debían esperarlos despiertos.
-¿Qué haces ahí parada, Lils? – preguntó James saliendo de su habitación.
-Estaba… Enseguida bajo.
James bajó las escaleras y Lily rebuscó en la papelera el último papelito.
-¿Qué haces?
Lily se asustó y se cayeron todos los papeles de la papelera al suelo. Lily miró a Hugo con rabia.
-Gracias por asustarme.
-No hay de qué. ¿Vamos? Tengo un hambre que me muero.
Lily se guardó la nota en el bolsillo trasero de los vaqueros y bajó las escaleras con Hugo. Entraron al comedor, donde ya estaban todos sentados con los platos servidos. Harry y Ginny se despidieron de los chicos y salieron por la puerta. Lily dejó caer la nota junto a Albus y se sentó en su silla, al lado de Teddy.
-Se te ha caído, Lily – le dijo Albus recogiendo la nota del suelo. Lily esperó y su hermano comenzó a desplegarla. Scorpius, que se había llevado una cucharada de sopa a la boca, se atragantó y comenzó a toser. Se subió sobre la silla y, saltando sobre la mesa, se abalanzó sobre Albus para arrebatarle la nota. Los dos chicos cayeron al suelo mientras algunos de los platos tambaleaban sobre la mesa. Scorpius se levantó con la nota en la mano. Albus se incorporó despeinado. -¿Pero qué mosca te ha picado, Scorpius? – le preguntó aturdido.
Rose le arrebató de la mano la nota e intentó leerla pero fue entonces cuando Teddy se la arrebató y, al ser el más alto, nadie consiguió arrebatársela. Lily se puso colorada de pies a cabeza y Scorpius esperó a punto de darle un ataque. Teddy soltó una carcajada y luego observó a los presentes. Se metió la nota en el bolsillo de los vaqueros y miró por el rabillo del ojo a Lily, quien desvió la mirada.
-Venga, cenemos de una vez – soltó el chico, sentándose de nuevo.
James y Hugo se miraron confundidos. Scorpius recogió su silla y se sentó, aclarándose la garganta y lanzándole una rápida mirada a Lily, pero ella huyó de sus ojos. Rose le sacó tema de conversación a Albus para distraerle y Teddy seguía riendo entre dientes por lo bajo. Cuando la cena acabó, Lily y Rose comenzaron a fregar los platos mientras que los chicos las ayudaban secándolos después. Lily se sentó en el sofá agotada mientras observaba cómo Albus, Scorpius, Rose y Hugo subían al piso de arriba mientras comentaban un chiste mágico. Teddy se sentó a su lado y carraspeó. Lily lo miró avergonzada.
-Olvídalo, ¿quieres? – le pidió.
-Mi primo está colado por ti, ¿quién lo iba a decir? – le dijo riendo. Lily comprobó que James terminaba de recoger y limpiar la cocina y no escuchaba.
-Solamente está encaprichado. – respondió la chica.
-¿Qué pretendías dejándola caer junto a Albus? – le preguntó con una mueca divertida. Lily lo miró, de nuevo avergonzada.
-Pensaba que… Pensaba que si lo hacía, Scorpius dejaría de prestarle tanta atención a Albus y me haría más caso a mí. – Lily agachó la mirada.
-¿Querías que se pelearan? Porque es lo que habría pasado si la llega a leer. Mi primo está como un cencerro, por cierto.
-No quería que se pelearan. Solo quería que… - Lily se encogió de hombros. – No lo sé.
-Ha sido muy divertido – admitió.
-Vaya, ¡gracias! Mejor me voy a la cama. Necesito dormir un poco.
-Estoy completamente de acuerdo.
Lily les dio las buenas noches a los dos chicos y subió a su habitación. Cerró la puerta y se sentó sobre su cama. Tras unos minutos de inexpresividad, se recostó sobre ella y abrazó a su almohada. Escondió la cara en ella y sintió un nudo en la garganta. No podía creer que tuviera ganas de llorar por algo tan estúpido.
-¿Qué haces ahí, Scorpius? – le preguntó Teddy cuando subió las escaleras y vio al chico con la oreja puesta en la puerta de la habitación de Lily. Scorpius se separó con rapidez e intentó disimular.
-Nada. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí a estas horas de la noche?
-Son las once de la noche, Scorpius.
-¿Ah, sí? Vaya, tengo que cambiar de hora mi reloj.
Teddy rio ante el disimulo tan poco trabajado de su primo. Sacó la nota del pantalón y se la cedió.
-A la próxima ten más cuidado.
Scorpius la cogió rápidamente y la escondió en su mano.
-No es lo que parece. – mintió.
-Por supuesto que no. – dijo Teddy riendo y siguiéndole el juego. – Me voy a dormir. Por cierto, Lily sí está en su habitación.
Scorpius se puso colorado mientras Teddy subía al tercer piso de la casa. Scorpius se armó de valor y abrió la puerta sin pensárselo dos veces. Lily se volvió y lo miró desde la cama.
-¿Qué haces aquí? Vete – le exigió.
-Ni hablar.
Lily bajó de la cama enfadada. El chico solo llevaba el pantalón largo del pijama, mientras que lucía sus músculos. ¿Qué pasa? ¿No tenía camisetas o qué?
-Ya sé que estás enfadado, no hace falta que vengas a echarme un sermón – le dijo.
-¿Enfadado? No, enfadado no Lily, ¡estoy desquiciado! Te juro que no logro comprenderte. ¿Qué pasa por esa cabecita que tienes?
-Vete, Scorpius – le pidió.
-No me voy a ir hasta que me digas qué ocurre. ¿Por qué has hecho eso en la cena? Si Albus llega a leer esa nota me mata, Lily.
-Tranquilo, no vas a perder a tu gran amigo Albus por mi culpa.
Lily se dirigió a la ventana cruzada de brazos y, cabreada, observó el cielo. Scorpius frunció el ceño sin entenderla.
-¿Estás enfadada porque estoy con Albus? ¿En serio?
-Vete a la mierda.
Scorpius negó con la cabeza y se dirigió hacia la chica. La abrazó por la cintura desde atrás. Lily intentó oponerse pero era imposible vencer a la fuerza del chico.
-Estás loca, pelirroja. Sabes que si no estoy contigo es porque Albus está aquí. Y no solo él, también tus padres y James. Imagínate lo que me haría James si se enterara. Lo de Albus no sería nada comparado con aquello.
-Anda, vete. Sigo enfadada contigo y no creo que se me pase nunca.
-¿Por lo de Rebecca?
Lily no contestó, pero era evidente que era por eso. Scorpius no sabía si sentirse halagado o arrepentido por los celos de la chica.
-¿Sirve de algo que te diga que Rebecca ni me va ni me viene? – le preguntó. Lily se encogió de hombros, ignorándole. - ¡Vamos, Lily! Háblame. Si quieres insúltame, pero no pases de mí.
-¿Con cuántas chicas te has liado este curso, Malfoy?
-Genial… - masculló el chico enfadado. – Así que ahora soy Malfoy de nuevo.
-¿Piensas contestar a mi pregunta?
-Con ninguna, Lily, con ninguna.
-¡Oh, vamos! – exclamó la chica soltándose del abrazo de Scorpius y sentándose sobre la cama. – Al menos sé sincero.
-Joder, Lily, lo estoy siendo. ¿Cuándo vas a empezar a confiar en mí? No soportas que te quiera, no soportas que te odie… A ver cuándo te aclaras, pelirroja.
-¿Me odias? – le preguntó mirándolo estupefacta.
-Claro que no. Lo he dicho porque quedaba bien en la frase.
Lily negó con la cabeza. Entonces alguien llamó a la puerta y se oyó la voz de Albus tras ella preguntándole a Lily si podía pasar. Scorpius y ella se miraron pálidos de pies a cabeza sin saber qué hacer.
-¿Puedo o no, Lily? – le preguntó Albus.
-¡Espera, estoy cambiándome! ¡Ni se te ocurra abrir esa puerta! – gritó. Se volvió hacia Scorpius. - ¿Qué hacemos ahora?
-¿Esta tarde casi me delatas y ahora te preocupas? – le preguntó Scorpius ofendido.
-¡Esto es serio! ¿Dónde te puedes esconder? ¿Debajo de la cama?
-Ni de coña, ¿y si Albus se agacha y me descubre?
-¿Y en el armario? – preguntó Lily, abriéndolo de par en par. Estaba lleno de trastos.
-Albus podría abrirlo. – contestó el rubio.
-¡Joder! Entonces solo queda una cosa.
-¿Qué?
Lily miró hacia la ventana abierta y el chico la imitó.
-¿¡Que qué!?
-Vamos, vamos.
-¿Pretendes que me mate? – le preguntó mientras Lily lo empujaba hasta la ventana.
-Solo es un piso, no seas tiquismiquis.
-Que sepas que me debes una, Lily.
-No te debo nada. No he sido yo la que te ha invitado a mi habitación.
Scorpius se subió al marco de la ventana y miró a Lily.
-Esto me pone, Lily. Acabamos después lo que hemos empezado, ¿no?
-Lily, ¿cuánto tardas en ponerte un pijama? – preguntó Albus desde el otro lado de la puerta.
-Tírate ya, ¿quieres? – le rogó al chico. Scorpius no cedió y tosió, exponiéndole su mejilla.
-Si quieres que salte, tendrás que hacer algo más que pedírmelo.
Lily puso los ojos en blanco y estaba a punto de darle el beso en la mejilla cuando Scorpius torció la cabeza y se lo dio en los labios. La chica lo empujó –con cuidado, por supuesto- y Scorpius cayó sobre la hierba. Entonces Albus abrió la puerta habiendo perdido la paciencia.
-¿Qué haces asomada a la ventana? – le preguntó.
-Nada – respondió mientras se giraba para mirarlo. - ¿Qué quieres?
-¿Has visto a Scorpius? Ha desaparecido de la habitación.
Lily puso los ojos en blanco. Scorpius por aquí y Scorpius por allá. Al final le saldría hasta en la sopa.
