Lectores y lectoras, los dos capítulos correspondientes a esta semana los subiré hoy y el jueves debido a que de viernes a domingo no estaré en casa debido a un viaje a Madrid. También os quería preguntar si queréis que, una vez acabado el fic (al que le quedan muy pocos capítulos), suba la segunda parte que da lugar 2 años después. Os adelanto que para leerlo es esencial haber leído esta primera parte. ¡Vosotros me diréis!
XIII.
Las vacaciones de pascua acabaron y los alumnos del colegio tuvieron que regresar al castillo. Antes de partir y dejar la casa, Scorpius había deleitado a todos con una pieza de piano que él mismo había compuesto a petición de Rose. Lily lo había mirado embelesada mientras el chico tocaba el instrumento, sin poder creer que aquella melodía pudiera expresar tanta ternura.
-¿Te gustó la pieza, Lils? – le preguntó una mañana antes de entrar a clase.
-No, ¿por qué?
-¿En serio? Pues la compuse pensando en ti. O sea, que es tu pieza.
Lily se puso colorada como un tomate y no pudo evitar sentirse halagada. No todos los días un chico componía una canción pensando en ti.
-¿Sí? A ver, ¿cuándo la compusiste? – le preguntó mostrando indiferencia.
-La noche después de la primera prueba. El día que viniste a verme a la cabaña. Ya sabes, cuando me abrazaste casi ahogándome porque te daba miedo perderme.
-Olvida eso, ¿quieres? Y no le des tanta importancia, es lo que habría hecho cualquier amiga.
-Lo que tú digas, pero sé que estás mintiéndote a ti misma. Allá tú. Entonces, ¿te ha gustado o no?
-Sí, idiota, sí.
-¡Lo sabía! Solo te faltó ponerte a llorar el día que la toqué en el piano. O comerme a besos, según como lo veas.
-Ignórame. ¿No tienes clases o qué? ¿Dónde están Albus o Rose?
-Los dejé en el Gran Comedor. A decir verdad, últimamente Albus se pregunta mucho dónde me meto. Creo que es hora de contarle lo nuestro.
-Ya empezamos…No tenemos nada Scorpius. Que yo recuerde nunca me has pedido salir.
-¿Estás de broma? ¡Si lo he hecho cientos de veces! – se defendió.
-No, me has pedido citas, pero nunca me has pedido salir de… salir.
-Y eso te molesta, ¿no es cierto? – le preguntó el rubio con una sonrisa.
-Dos personas no pueden tener nada si no son nada. – le dijo Lily cambiando de tema.
-Lily, ¿tú me quieres?
Lily se detuvo en seco y Scorpius la imitó mientras la miraba esperando una respuesta. Nunca se lo había preguntado y ella no sabía si admitirlo.
-¿A qué viene esa pregunta?
-A estas alturas me gustaría saberlo de una vez por todas – le respondió. – Queda un mes para que acabe el curso y me vaya, ¿sabes?
Claro que lo sabía. No había nada que le doliera más que saber que ese era el último año de Scorpius en el colegio. Sabía por descontado que si no habían llegado a ser nada durante ese curso, mucho menos conseguirían cuando ya no estuviera allí ni se vieran.
-Claro que lo sé – respondió con un tono de tristeza en su voz.
-Entonces contéstame.
-Depende.
-¿De qué?
-De lo que tú sientas por mí. De lo que sientas de verdad.
Scorpius sonrió con cierta picardía.
-Estoy enamorado de ti, ya lo sabes.
-Tú no puedes estar enamorado de mí – masculló la pelirroja.
-Sí que puedo. Todo el mundo sienta la cabeza alguna vez, todo el mundo se enamora de alguien por primera vez en su vida, ¿o me vas a decir que no?
-¿Por primera vez? – eso la pilló desprevenida.
-¿Qué creías? – preguntó poniendo los ojos en blanco. – Entonces, ¿sí o no?
-¿Sí o no qué?
-Que si me quieres o no.
Lily se rascó la nuca y se mordió el labio. Scorpius se pasó una mano por la cara desesperado. Lily era su completa perdición.
-Ya sabes la respuesta – murmuró Lily desviando la mirada y poniéndose roja.
-¿Cuál de todas? Porque siempre me dices que no.
-No me hagas decirlo.
-¿Por qué? – le preguntó.
-¿Por qué? – repitió. – Porque cuando lo haga no habrá vuelta atrás. Porque si lo digo en voz alta seré vulnerable y estaré expuesta al sufrimiento y al dolor por tu culpa. Si lo digo entraremos en una espiral que no me gusta. Serás capaz de hacerme más daño del que ahora me puedas llegar a hacer, porque no solo te lo habré dicho a ti, sino que me lo habré reconocido a mí misma y haberlo admitido conllevaría a consecuencias horribles para mí, como las que ya te he dicho. Tú no eres tan débil como yo.
-Yo no te voy a hacer daño, Lily.
-Eso lo dice todo el mundo. Y al final alguien siempre acaba saliendo herido. Y en este caso sería yo, por supuesto.
-Te equivocas aunque no quieras admitirlo. Lily, sinceramente, yo… no puedo más. Necesito una respuesta ya. No puedo seguir persiguiéndote a todos lados y esperándote para que al final me des calabazas siempre.
Lily lo miró inexpresiva. Sabía que ese momento, o más bien esa conversación, llegaría en cualquier momento. Sabía que Scorpius le daría un ultimátum debido a todas las veces que ella le había rechazado. En realidad lo entendía porque Scorpius nunca había sido partidario de ese tipo de juegos en un círculo vicioso de nunca acabar. Él era mayor y nunca había sido él el que había ido detrás de una chica insistiéndole todo el tiempo. Pero solo de pensar que Scorpius cesaría en su intento… le daban ganas de gritarle y exigirle que no lo hiciera. No sabía por qué, pero no podía aceptar lo que sentía por él ni decírselo. Se sentía indefensa ante algo tan sumamente grande. Y ella solo tenía quince años para sentir tanto por una persona. El que le dejara de insistir conllevaba a otras muchas cosas. Sabía que si ocurría la "relación" que ambos compartían se convertiría en nada. Scorpius dejaría de hablarle, de perseguirla, de insinuarse frente a ella. Y Lily no sabía si lo podría soportar, pero tampoco podría soportar confesarle sus sentimientos y que dentro de un mes se largara. ¿Qué sentido tenía ya cuando estaba claro que lo suyo nunca podría ser una realidad sólida?
-Tengo clase… - murmuró la chica, dispuesta a marcharse. Scorpius la detuvo agarrándola del brazo.
-Lily… Si te vas sin darme una respuesta… No habrá vuelta atrás.
Scorpius la miró preocupado, ansioso. La chica le devolvió una mirada triste mientras él entrelazaba los dedos con los suaves y pequeños de ella.
-Por favor, Lily. No lo hagas. – le pidió. Lily se percató de que la gente que caminaba alrededor de ellos los observaba. Las chicas, de todas las casas, cuchicheaban sobre ellos al ver a Scorpius cogiéndola de la mano.
-No me puedo creer que esté con ella. Tampoco es tan guapa – le dijo una chica de Hufflepuff a otra por lo bajo, pero Lily lo pudo escuchar perfectamente.
-No están mirando todos. – dijo la chica. – Y además tu club de fans me está insultando sin reparo alguno. ¿Ves? Yo no quiero estar con alguien que siempre está siendo observado y perseguido por su séquito de mujeres y exnovias. No me apetece ser objeto de cotilleos y de burlas, ya que muchos me verían como otra de tus conquistas. No quiero que me conozcan por ser "la nuevo novia de Scorpius Malfoy".
-Pero, Lily, ¿qué importa lo que piensen los demás? Pensaba que te guiabas más por lo que sentías y ese tipo de cosas.
-Pues te equivocabas. Uno de los dos tiene que mantener los pies sobre la tierra, y en este caso soy yo. Y más aún cuando dentro de un mes te vayas y dejemos de vernos tan a menudo. Sabes que no funcionaría.
Lily le soltó la mano y se alejó por el pasillo sin mirar atrás mientras contenía las lágrimas en sus ojos. Scorpius la observó mientras se alejaba estupefacto y como si se hubiera convertido en una estatua de piedra. Se había acabado.
