XIV.
Era otra de esas tardes en las que Lily se había sentado en su sofá preferido de la sala común, frente a la chimenea. Pasaba las páginas del libro de Defensa Contras las Artes Oscuras sin leer ningún párrafo mientras suspiraba de vez en cuando.
-Lily, por favor… - le pidió Mary, intentando concentrarse.
-¿Qué he hecho ahora? – le preguntó sin alzar la mirada del libro.
-¡Nada, ese es el problema! Puedo notar tu desolación a kilómetros de distancia.
-No es nada.
Mary la miró por el rabillo del ojo.
-¿Has hablado con él? – le preguntó.
-Ya sabes que no. ¿Tú has sabido algo de él?
-Lo único que me ha dicho Albus es que está raro, soso y aburrido todo el tiempo. Lily, ¿aún dudas de que Scorpius estuviera enamorado de ti después de todo lo que ha hecho este año?
-No dudo. Pero aun así no habría funcionado.
Al día siguiente, en los jardines del colegio… Albus estaba practicando un hechizo para los exámenes finales a la orilla del lago mientras Scorpius y Rose descansaban bajo la sombra de un árbol.
-Quedan solo dos semanas para la última prueba, ¿estás bien? – le preguntó la chica, apoyándose sobre el codo en el suelo.
-Podría irme mejor – respondió pasándose una mano por la cara cansado.
-Estoy segura de que saldrá bien. Los resultados en las dos anteriores han sido suficientes y…
-No es por eso por lo que estoy preocupado, Rose.
-Entonces, ¿por qué?
Scorpius comprobó que Albus no podía escucharlos y luego miró hacia la puerta del castillo, donde se encontraba Lily acompañada de Mary y Hugo. Rose lo imitó y fue entonces cuando lo comprendió.
-¿Qué ha pasado ahora?
-¿Es que no te has dado cuenta de que no hablamos desde hace un mes?
-Vaya. Pero, ¿por qué?
-Me dio calabazas definitivas.
-Cambiará de opinión – le animó la chica.
-Lo dudo, la verdad. Sé que Lily siente algo por mí, no sé qué, pero sé que hay algo. El problema no es lo que sienta en este caso. El problema es que no se atreve a dar el paso por miedo a posibles consecuencias. En fin, que todo es una mierda.
Scorpius observó cómo el chico búlgaro se unía a Lily y a los demás y le entró una oleada de celos que no sabía cómo controlar.
-Sea como sea – continuó Rose -, ahora tienes que concentrarte en la prueba y en los exámenes finales. Eso sí que tendrá consecuencias como no te pongas las pilas.
-No lo comprendes, Rose. Tu prima me cambia. Cuando veo mi reflejo en sus ojos… no veo el mismo reflejo que vería si me mirara en el espejo. Siento que puedo ser mejor por y para ella. Siento que puedo ser… normal. Por ella. Es como mi medicina, Rose. Veo su rostro todo el tiempo cuando no está presente o cerca de mí, escucho su risa cuando alguien dice algo divertido, ¡y ella incluso no está ahí! Oigo su voz cuando estoy solo.
Rose lo miró boquiabierta mientras el chico le lanzaba una mirada abatido.
-Vaya – repitió. – Te confieso que me has sorprendido.
Scorpius se levantó sin decir ni una palabra y se dirigió a paso ligero hacia donde se encontraba Lily. Mantenía los puños cerrados y las venas de sus brazos y cuello se estaban hinchando peligrosamente. Rose se levantó torpemente y lo siguió.
-¿Te has vuelto loco? ¿A dónde vas? – le preguntó, intentando mantener su paso.
-¡Eh, chicos! ¿A dónde vais? – preguntó Albus desde la orilla del lago frunciendo el ceño.
-Voy a matarlo – masculló el rubio con la mandíbula apretada. Scorpius se detuvo frente a Lily y los demás. - ¿Qué estáis haciendo?
Los cuatro alzaron la mirada. Lily se sintió incómoda de inmediato ante la furia reflejada en los ojos del chico. Hugo y Mary se miraron con el ceño fruncido y Yankelevich hizo lo mismo.
-Apártate un pelín de ella, ¿no?
-Perdona, no sabía que… ¿Estáis juntos? – preguntó con su típico acento el búlgaro poniéndose de pie y mirando a Lily.
-Claro que no – intervino la chica mirando con rabia a Scorpius. - ¿De qué vas?
-¡Venga, ya! Da igual que estemos juntos o no, el caso es que se está aprovechando y ya se está pasando de la raya, ¿no crees? No para de mirarte el escote el muy…
Lily se puso roja de pies a cabeza y se tapó la cara con las manos. Mary contuvo una risa y Hugo negó con la cabeza. Yankelevich lo miró con recelo. Rose no sabía cómo para aquello a tiempo. Como podéis ver, era una escena de lo más tranquila.
-Que yo sepa Lily no es de tu propiedad, ¿no es así? – preguntó el chico de ojos marrones.
En un abrir y cerrar de ojos, Scorpius había cerrado el puño y le había dado en la mandíbula a Vilko con todas sus fuerzas. Lily se llevó las manos a la boca del susto y Rose intentó detener a Scorpius pero fue imposible. El chico búlgaro se puso de pie tambaleándose e intentó darle otro golpe al rubio. Este esquivó el primero, pero no el segundo cuando el puño de Vilko aterrizó en su estómago.
-¿Pero qué está pasando aquí? – preguntó Albus, incorporándose.
-Detenlo Albus – le pidió Rose preocupada mientras observaba la pelea y luego a Lily gritando para que le hicieran caso alguno de los dos. En vano, por supuesto.
-¿Por qué? Ese creído se lo merece.
-Albus – Mary le exigió con la mirada y consiguió rápidamente lo que a otro le habría costado un poco más de tiempo. El moreno cogió a Scorpius por los brazos y, después de un poco de resistencia, consiguió separar a ambos chicos. Se llevó al primero dentro del castillo mientras Lily miraba al rubio con preocupación.
-Vaya. No todos los días dos tíos se pelean por ti, ¿eh, Lils?
Lily miró con reprobación a su amiga Mary mientras Rose intentaba curarle las heridas a Vilko con un crema que había hecho aparecer.
-Lo siento, Lily – se disculpó Vilko. La chica negó con la cabeza quitándole importancia.
-Son los dos un par de idiotas – le susurró a Mary.
