XV.
A finales de esa semana Lily ya estaba cansada de las tonterías de Scorpius. No solo se peleaba a cada momento con Albus y Rose, sino que además vigilaba constantemente a Yakelevich (aunque esto le daba un poco de igual porque incluso ella estaba cansada del búlgaro). Y eso no era lo peor. Lo peor era que el chico había decidido llevar a cabo estrategias para poner celosa a Lily, y de vez en cuando aparecía con alguna chica de su club de fans colgada del brazo mientras la enamorada se dedicaba a dirigirle miradas coquetas al chico para llamar su atención.
Sabía que era algo a lo que se tenía que acostumbrar pero no sabía cómo. Era muy extraño que de la noche a la mañana Scorpius ya no la persiguiera por los pasillos o le propusiera planes indecentes. Echaba de menos tenerlo cerca, sentir el roce de su piel y el de sus labios.
Una mañana, cuando salió de las mazmorras tras una de las últimas clases de Pociones antes de los exámenes finales, se encontró al chico sentado en uno de los bancos de piedra del vestíbulo acompañado de la tal Rebecca. Intentó hacer caso omiso pero resultaba imposible cuando Scorpius, al darse cuenta de su presencia, se había puesto a exagerar con la chica. Lily negó con la cabeza con una sonrisa. La verdad es que todo aquello le divertía un poco. Scorpius no sabía disimular y se le notaba a leguas que la chica le importaba un comino y que solo lo hacía para fastidiarla. Por una parte lo conseguía, mientras que por otra la hacía reír. Se alejó subiendo las escaleras mientras Scorpius la seguía con la mirada apenado.
Scorpius ya había terminado los exámenes, una semana antes de que comenzara la última semana del curso y diera lugar la tercera y última prueba del torneo. Sin embargo, Lily no acabaría hasta el día antes de la prueba, por lo que no hacía otra cosa que estudiar y estudiar. El chico se asomó una tarde por la puerta de la biblioteca y la vio en una de las mesas más alejadas de la sala. Llevaba el pelo recogido en un moño muy mal hecho, con un palo que lo sujetaba, mientras que algunos mechones caían junto a su rostro. Entró a la biblioteca con las manos en los bolsillos y disimulando que no la había visto. Se paró justo en la estantería que se encontraba frente a la mesa de la pelirroja. Comenzó a coger libros y a leer los títulos escritos en las portadas. Estuvo repitiendo lo mismo durante quince o veinte minutos cuando Lily alzó la mirada y lo observó. Sabía que llevaba ahí tiempo, ya que había sentido su presencia y lo había escuchado saludar a un compañero de su casa, pero no entendía qué se proponía. Al chico se le cayó el libro de las manos y retumbó contra el suelo con estrépito. La señora Pince le dirigió una mirada cargada de ira, y Scorpius sonrió inocentemente cuando recogió el libro y lo volvió a colocar en su sitio.
-Potter, no te había visto – le dijo Scorpius, sentándose a su lado.
-Ahora mismo estoy ocupada – dijo ella armándose de paciencia.
-Lo sé, pero como hacía tiempo que no hablábamos… Ya sabes, siempre podemos seguir hablando y discutiendo como amigos, como en los viejos tiempos, ¿no?
-No sé si es buena idea.
-¿Por qué? Si lo que te preocupa es que te moleste con mis "tonterías", no tienes por qué. Ya me quedó muy claro que no te intereso y que soy una pérdida de tiempo.
Lily lo miró. Era la primera vez que lo veía tan enfadado. Al parecer seguía resentido por aquello.
-No me refería a eso – se defendió la chica. – Lo digo porque tengo exámenes y si empiezo a hablar contigo sé que nuestra conversación no acabará hasta las tantas y que al final no habré estudiado nada.
-Deja de estudiar, no puede ser bueno. Además, vas a aprobarlo todo con buena nota. ¿Qué más quieres?
Distraerme con lo que sea y no pensar en ti. Esa fue la respuesta que le habría gustado darle, pero sabía que era mejor no abrir la herida de nuevo.
-Está bien… - aceptó la pelirroja, cerrando el libro y cruzándose de brazos. – Entonces, ¿de qué quieres hablar?
-¿Estás saliendo con él?
Lily se quedó callada. Raro era que Scorpius no hubiera sacado a relucir ese tema.
-Ya te dije en su momento que no. No te tendría ni que responder después de lo que hiciste – le recriminó.
-¡Y una mierda! Te estaba mirando el escote – aludió.
-Todos los hombres lo hacen. Porque sois todos unos cerdos, claro.
-Cada vez que yo intentaba mirarte el escote me insultabas y pegabas. ¿Qué pasa? ¿Él sí puede hacerlo sin recibir ningún tortazo y yo no?
Lily parpadeó varias veces, tragó saliva y se rascó la nuca. Se estaba empezando a poner nerviosa porque Scorpius volvía a lo mismo de siempre y eso la inquietaba. Se suponía que ya habían llegado a un acuerdo.
-Eres un cerdo.
-Puff, no sabes cómo echaba de menos que me hablaras así. Insultarme es mejor que nada. ¿Sabes? Solo para que veas que soy más educado que ese idiota, te confieso que ahora mismo te estoy mirando el escote. Al menos yo soy honesto.
Lily se abrochó el botón de la camisa rápidamente notando cómo su cara ardía y desviando la mirada. Scorpius pegó su silla más a la de ella.
-Si te dijera lo que estoy pensando en este preciso momento… me dirías mucho más que "cerdo".
-Sí, seguramente – murmuró la chica, empezando a acalorarse.
-Sabes perfectamente que podría comerte a besos aquí y ahora. Incluso podría echar a todo el mundo de la biblioteca, subirte a la mesa y quitarte la ropa. Acariciaría cada rincón de tu piel y de tu cuerpo. Me vuelvo loco solo de pensarlo.
Lily se aclaró la garganta y sintió cómo empezaba a sudar. Esto ya estaba pasando de blanco a negro. ¿Qué se proponía soltando ese tipo de comentarios? Tenía ganas de matarlo.
-Y sí, luego te haría el amor. Porque es lo que hacen las personas que se quieren. ¿Dije que echaría a todo el mundo de la biblioteca? Bueno, podríamos hacer una excepción con Pince. Quizá le venga bien observar y aprender un poco, la pobre mujer necesita un calentón y animarse.
-Malfoy, te juro que como no te calles…
Pero Scorpius no se calló, sino que siguió hablando y soltando su monólogo mientras acercaba su boca al oído de la chica.
-Exacto Lily, te haría el amor toda la noche. Absolutamente toda. Porque necesitaría una buena dosis de ti después de tanto tiempo sin hablarte, sin tocarte… - el chico mordió suavemente el lóbulo de su oreja. Lily sintió que moría en aquel momento. Le dieron ganas de petrificar a todo el mundo o de echarles de la biblioteca como Scorpius había sugerido y dejarse llevar. Scorpius comenzó a besar su cuello silenciosamente.
-Para – le pidió la chica.
-No… - murmuró Scorpius entre besos.
-Por favor.
Scorpius cesó de darle besos pero alzó la cabeza y la miró directamente a los ojos. Lily podía notar cómo ardía la piel del chico ante el tacto de su mano, así como el deseo reflejado en su mirada.
-¿Por qué haces esto? ¿Por qué me lo haces a mí? – le preguntó Lily intentando mantener el control.
-Te lo estás haciendo tú sola. – le respondió. – Hay cosas que ni se compran ni se venden Lily, como lo que tú me haces sentir. ¿Sabes lo que es sentir un nudo en el estómago cada vez que te veo? ¿Sabes lo que es que me den ganas todo el tiempo de ir a buscarte, de cuidarte y protegerte? ¿De mandar a la mierda a todos e ir a por ti? ¿De besarte y desnudarte? Porque eres preciosa, eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te quiero como nunca pensé que podía querer a alguien. Y si tú dejaras atrás los miedos podríamos querernos como nunca se ha querido nadie.
A Lily le entraron ganas de llorar. Escuchar todo aquello de la boca de Scorpius era peor que escucharlo desde su propio pensamiento.
-¿Acaso todo esto se te ha olvidado y no te importa? – le preguntó.
-Sabes que no. Cuando te miro y pienso que no estamos juntos me duele, ¿o qué te crees, idiota, que tú lo estás pasando peor que yo?
-Entonces, mírame y dime que me quieres.
-No puedo hacer eso.
-¿Pero por qué?
-¡Porque no! Porque paso de ser otra más en tu cama, paso de que me digas las mismas cosas que les dices a todas.
-Pero, ¿cuándo te va a entrar en la cabeza que nunca le he dicho a nadie lo que te he dicho a ti? Lo peor de todo es cuando pensemos en los besos que no nos vamos a dar, en las cosas que no nos vamos a decir. Qué tontería, ¿no? ¿Cómo se puede echar de menos algo que nunca ha ocurrido?
Lily suspiró y se levantó de la silla. Scorpius la imitó rápidamente e impidió que se fuera.
-Te quiero, Lily.
-Deja de decirlo.
-El miércoles es la prueba final. No sé cómo será pero de una cosa estoy seguro: de que será peligroso sea lo que sea. Ya sabes que todos los profesores lo dicen, hay un cierto porcentaje de peligro mortal. – Lily lo miró preocupada. Scorpius continuó. - ¿No tienes nada que decirme? No sé, ¿unas últimas palabras por si acaso?
Lily se mordió el labio. Más que decirle unas palabras tenía ganas de abrazarlo y de darle un último beso, pero no sería capaz de hacerlo.
-Ten cuidado. Y suerte.
