K-ink –Uhuru-chan

Abriré el tumblr que dije que haría hace como 8 meses skadfsd para que me manden mensajes de odio y por si quieren pedirme que escriba algo, un par de ideas no me vendrían mal :* dejaré el link en mi perfil.

Capítulo 2

Arthur estaba tomándose un descanso en una de las bancas fuera de su tienda. Había conseguido hacerse famoso por sus diseños en internet cuando aún era un adolescente, y unos años después logró juntar el suficiente dinero como para poder establecerse en un local, y ahora era incluso más popular que antes, por lo que había días en los que debía tatuar sin parar, excepto cuando alguno de los clientes decidía tomar un descanso, luego de sentirse muy adolorido.

El inglés exhaló el humo por la nariz, haciéndolo lucir como una especie de dragón malhumorado, y se sentía como uno luego de ver un par de reconocibles zapatillas deportivas frente a sus bototos.

-Un poco de dinero no le viene mal a nadie, viejo.

-Estoy en mi descanso, niño. –Respondió Arthur, llevándose el cigarrillo a sus perforados labios.

-No soy un niño, -refutó Alfred, cruzándose de brazos.- cumplí dieciocho en julio.

-¿Pensé que los americanos se volvían adultos a los 21?

-¡Y ustedes a los dieciocho! –Exclamó, señalándolo con un dedo.- Apuesto que no te considerabas un niño a mi edad.

Arthur le miró a la cara con aburrimiento y luego volvió a bajar su cabeza para apoyarla en su brazo izquierdo. Alfred se sentó a su lado, ganándose un gruñido por parte del mayor. Ambos estuvieron en silencio hasta que finalmente el inglés terminó su cigarro y lo apagó en la suela de su bota, la cual estaba llena de marcas de quemaduras.

-No deberías hacer caso a tus amigos. –Murmuró Kirkland, relamiéndose los labios y mirándolo directamente a los ojos. Alfred elevó ambas cejas, pestañeándole en silencio y pensando en que el color de sus ojos era poco común. –Te vas a arrepentir, te lo digo por experiencia propia.

-Suenas como un anciano.

Arthur rió brevemente, dirigiendo su mirada hacia el piso. –Supongo que podría decirse que lo soy.

-No tienes más de treinta, ¿verdad?

-Joder. –El inglés se pasó la mano derecha por entre sus cabellos, aun sonriendo. –Tengo veinticinco, no me ayudes tanto.

-Te ves joven. –Respondió Alfred, sonriéndole y cruzando sus dedos sobre su regazo. –Parece que eres más agradable después de fumar.

-Hablarme bonito no hará que te tatúe.

Arthur se puso de pie, estirándose como un gato y haciendo que su camisa se levantara, dejando ver su abdomen lleno de diseños que Alfred no pudo distinguir bien. Debía usar lentes, pero nunca los traía puestos, se sentía feo cuando se colocaba las gafas.

-¿Puedo ver tus dibujos?

El inglés suspiró y se encaminó hacia su local, sintiendo los pasos del menor detrás de él.

-Me seguirás de todos modos.

Alfred pasó a su lado, sonriéndole radiante mientras se adentraba en la tienda. Arthur bufó, cerrando la puerta detrás suyo con un suave tintineo de la campana en la cima. Alfred pensó que lo haría entrar a la sala donde trabajaba, pero en vez de ello abrió una puerta al otro lado del mesón de atención, que por cierto se encontraba vacío en aquel momento.

-Gilbert salió con su novia. –Informó Arthur al notarlo mirar la silla desocupada.

-Oh. Tampoco quería verlo, es un bastardo.

El inglés asintió, haciéndole un gesto para que entrara en la habitación. Primero era una especie de sala de estar, pero pequeña. Había un sofá y dos sillones individuales con una mesa de café en medio del lugar, y un par de plantas adornando las esquinas. El menor cruzó el siguiente umbral para encontrarse con una larga habitación de paredes tapizadas en posters. Había un closet junto a un mueble lleno de libros, justo frente a un espejo algo sucio, que estaba sobre una cómoda llena de distintos objetos. En el rincón más alejado, junto a la ventana, había una cama individual con las sábanas prolijamente dobladas.

-Siéntate si quieres.

-¿Vives aquí?

-Ahorro dinero. –Dijo Arthur, revolviendo un cajón lleno de papeles y cuadernos. –El local era bastante grande. Así sólo pago un alquiler.

-¿Tienes una cocina? -Alfred miró alrededor, no logrando encontrar nada.

-Hay una habitación junto al baño que al parecer era para usarse como bodega. –Contó Arthur, acercándose a Alfred con un gordo cuaderno en sus delgadas manos. –Pero la uso de cocina, aunque no tiene ventanas y es algo molesto cuando las cosas se me quedan por mucho tiempo en el horno. Han llamado a los bomberos un par de veces.

-Eso se oye peligroso. - El americano le miró con las cejas alzadas, recibiendo el cuaderno. Su madre era una excelente cocinera, por lo que no podía imaginarse que alguien fuese tan desastroso como para que tuvieran que llegar los bomberos.

-No creo que te vaya a gustar ninguno. –Comentó Arthur, ignorando la advertencia del menor. Camino hacia su cama y se echó descuidadamente. –Te ves como el tipo de persona que se tatuaría la "rayas y estrellas" junto a un águila calva.

-Eso, -Alfred abrió el cuaderno, comenzando a mirar los diseños. –sería bastante genial, de hecho.

-Pfff… no puedes ser más genérico.

-No sé qué significa eso, pero suena a insulto. No seas así, viejo.

El cuaderno era una mezcla extraña de hermosas criaturas fantásticas y monstruos oscuros. Otros eran distintos tipos de caligrafía, símbolos y logos de bandas que Alfred nunca en su vida había escuchado. También había animales normales, varios signos tribales y algunos retratos de actores y cantantes. Los dibujos estaban realizados con tantos detalles y precisión que uno no pensaría que habían sido producto de las dos manos que en ese momento se encontraban encendiendo un cigarro.

-¡Esto es genial!

-¿Cuál? –Preguntó Arthur con tono monótono, mirando el techo.

-¡Todos! Son perfectos, yo no puedo dibujar ni un palo, viejo.

-No es nada… -Balbuceó el inglés, exhalando humo por sus labios entreabiertos. El acto se veía extrañamente elegante, pensó Alfred, como en las películas antiguas, de esas en blanco y negro. –Me falta mejorar, he estado estancado por mucho tiempo en lo mismo.

-¿¡EH!?

El americano se acercó a la cama, señalando distintos dibujos en el libro y moviéndolo para llamar la atención de su autor.

-¡Estás loco!

-¿Ya elegiste alguno?

-¿V-vas a tatuarme? –El menor bajó el libro, mirándole con perplejidad.

-¿No viniste a eso?

-¡Ayer me echaste a empujones y … ¿de la nada te entraron las ganas o qué?

Arthur se sentó, acercando su cigarro hacia el cenicero para dejar caer los residuos.

-Cambié de idea. Sólo dime si te gusta alguno o si tienes algo en mente y lo haré.

-¿Ahora? –Alfred tragó saliva. No estaba preparado mentalmente para esto. ¡Llegó pensando en sólo molestar! -¿No tienes… otros clientes que atender primero?

-Creo que no lo sabías, pero el domingo está abierto hasta las tres.

El americano miró la hora en su celular, notando que ya eran cerca de las cuatro.

-Entonces debería volver mañana, ¿no? Es tu día libre. –Alfred se rascó la nuca, sintiéndose avergonzado. –Lo siento, por cierto. No tenía idea.

Arthur aplastó el cigarrillo en el cenicero lleno de colillas y asintió luego de unos segundos.

-Puedes hacer eso también, pero creí que era un asunto urgente por lo de tus amigotes.

-Oh, eso. -El menor gruñó y negó con la cabeza. –Los convenceré de que me den tiempo, de todos modos saben que siempre cumplo mi palabra.

-Ya veo. Entonces ándate.

Arthur señaló la salida y volvió a echarse en su cama.

Alfred murmuró un par de improperios y le miró con el ceño fruncido, extrañado con sus cambios de actitud, sin embargo, decidió no seguir molestando al hombre y se marchó, prometiéndole volver al día siguiente.


Minie-kyu: No me comas, tengo mucho colesterol por comer tanto en el Mcdonald's y te hará mal. Y a mí me agrada que sigan leyéndome :'D

Ginney: Tengo más ukus en mi perfil :$ Por si no los has leído. Igual ya soy vieja en este lugar kjsdhfkas

Gigisu: Que bueno que te haya gustado :v Respondiendo a la pregunta… Estoy esperando que la inspiración y las ideas vuelvan, porque no quiero decepcionarlas ;w;

Gracias por dejar review y por leer.

Bye!