Diclaimer: Naruto no me pertenece, sino, no fuera pobre y blah Masashi Kishi-Sama blah… Este fic está inspirado o adaptado en: No abrir hasta el año 3000 de Mireya Tabuas, excelentísimo libro se los recomiendo, es muy gracioso e imaginativo. Por favor si ya lo han leído le agradecería un review con lo que piensan de la historia y si queda muy parecida a la del libro, porque la verdad es que solo quiero utilizar algunos párrafos y los títulos de los capítulos. En fin ¡continuemos!

Una vez mas gracias por tu ayuda Anonima-Traumada!

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Capítulo II.

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Esta vez no. Esta vez no seré como mi padre.

Desde muy pequeña tengo una muy pero muy incontrolable y mala costumbre heredada por mi padre, claro está siendo un Uchiha es imposible y poco probable (según lo que me ha contado mi madre) no tener ese gen. Y es el de ser cerrada, fría y hasta apartada con mis emociones. Esta fea costumbre siempre suele suceder cuando tengo miedo o estoy insegura: esto pasa donde sea, cuando sea y justamente cuando quiero hacer amigos.

Hoy es mi primer día de clases en el nuevo colegio: mi mamá me ayuda a arreglarme el cabello mientras yo me abotono la camisa escolar, me subo las falda a cuadros, me arreglo las medias blancas y los zapatos café. Para colmo, debajo de la pesada y larga falda a cuadros que me llega más abajo de las rodillas, tengo que ponerme un short porque, según mi madre, al sentarme se me podría ver "algo más". Pero eso es estúpido considerando lo larga que es la falda; también debo utilizar un abrigo color mostaza cortesía de mi padre (que por cierto es horrible y me queda ancho) que mi mamá insiste en que me lo coloque con el fin de "enorgullecerlo" a él como la horrible falda roja hasta los tobillos que también le regalo a mi madre por su aniversario (mi papá cuenta con un gusto fatal, pero mi mamá casi siempre se coloca lo que él le compra y se supone que yo debo ser igual).

En fin. Es mi primer día, la primera vez que piso este colegio y la primera vez que me reúno con tantos rostros desconocidos. Ya empiezo a sentir en mis venas el correr de los nervios. Las únicas personas que conozco son a Inojin y a Chōchō: esta ultima me fulmino a lo lejos con sus orbes ámbar mientras su rostro moreno lo iluminaba el sol matutino. Luego de verme se volteo y siguió parloteando con sus amigas. Y de Inojin no había rastro pues él siempre llegaba tarde a todos lados porque a Ino, la mejor amiga de mi mamá y la mamá de Inojin, le encanta arreglarse mucho (así sea para salir a la esquina).

En cuanto sonó el timbre de entrada me quedé paralizada entre mis cavilaciones y los nervios que cada vez se hacían más grandes junto a la multitud de escolares que se apiñaban para entrar a los salones. Mi incapacidad para moverme ligado al hecho de no poder formular palabra, conllevo a que un distraído muchachito tropezara conmigo haciéndome caer a la rugosa —y para completar— enlodada superficie del patio escolar: haciéndome ensuciar por completo las anteriormente pulcras y recién estrenadas medias, dejando como resultado de la caída un hueco en cada una de ellas.

Me levanté indignada y a la vez avergonzada profiriéndole miradas "Uchiha" (que se traduce en miradas de intenso desprecio) al culpable de la que, al llegar a casa, seria una semana completa sin videojuegos o revistas ninjas por culpa de su empujón y las dichosas medias curtidas y rotas.

Para colmo de males, él sólo me miró con el ceño fruncido como si yo fuese la culpable y comentó con un estruendoso: —No deberías de atravesarte en medio y menos cuando las personas apuradas como yo, tienen que pasar –dattebasa.

Mi cara estaba totalmente desencajada y probablemente en estos momentos seria la viva imagen de mi padre cuando está enojado. No entendía su comportamiento. ¿Acaso no le habían enseñado que cuando uno tropieza con alguien se debe pedir disculpas y no apuntar al otro como si fuese el culpable, y más si esa persona tenia las medias rotas y sucias? Sin duda era un maleducado total.

Sin poder contenerme y sacando el carácter de mi madre le grite roja pero de la rabia: —¡Idiota!

Pero él pareció no escucharme pues buscaba con la vista a alguien con mucha urgencia, cuando pareció encontrarla se dirigió a ella con voz queda pero escandalosa: —Himawari. —Y se alejó junto a ella con dirección a la salida, no sin antes penetrarme con esos profundos zafiros que desde entonces odie más que mis malas costumbres.

Pronto me quede rezagada, hecha un lío con las medias enlodadas y con el rostro totalmente rojo por mi penoso estado, sumado al hecho de que desconocía mi sección y mi salón. Por suerte un profesor que llegaba tarde, con su desordenado cabello castaño y con un cigarro entre sus labios, tuvo la amabilidad de guiarme hasta mi salón.

Al entrar capté la atención de todos, y eso es algo que en verdad me desagradó más que nada. Algunos estudiantes me observaban extrañados, otros se cubrían la boca para que la profesora no los viera reír. Seguro se reían de lo mal vestida que voy, o del penoso aspecto de mis medias, o de la enorme frente que intenté cubrir sin éxito alguno, o seguramente de mis enormes gafas.

Chōchō (que para mi total desgracia también estaba en mi sección) le cuchichea algo a su compañero de al lado y ambos soltaron una carcajada. La profesora, que todo el tiempo estuvo sentada en su escritorio, pide silencio y me hace un ademán para que me siente. Pronto ocupo un lugar al fondo del salón. La profesora es muy linda; su voz es suave y amable, su corto cabello castaño hace resaltar sus ojos escarlatas, parece una joven de no más de 25. Después nos hizo saber su nombre "Mirai Sarutobi", para luego dar una charla introductoria, la típica charla que todo los maestros dan a los alumnos que ya están por irse al instituto. Pero fue interrumpida por un golpeteo incesante de la puerta.

Su voz dulce le habló al desconocido tras el portal:—Pase. —Apresurado, entró Inojin, como siempre atrasado, pero dándome una gran satisfacción al saber que compartiríamos sección y así no estaría tan sola.

—Siento la demora. —Hizo un ademán con rapidez y ocupó el puesto al lado mío.

—Bien, ahora que ya no hay más retrasos, o eso espero, proseguiré a pasar la lista. —Anunció Mirai, sonriendo afablemente.

—Aburame, Tsubasa. —Una niña alta de cabellera corta lisa y de un negro sin brillo, dijo presente distraídamente, ella estaba apartada en uno de los laterales del fondo y jugueteaba con un bicho que caminaba en su mano.

—Akimichi, Chōchō. —Chōchō se levantó elegantemente mientras dice presente y todos los niños se le quedan mirando como lerdos porque su falda, o mejor dicho su minifalda, está mucho más arriba de sus rodillas mientras que su boca está levemente coloreada con brillo rosa.

—Hyuuga, Neji* —Un niño de ojos castaños y cabello largo del mismo tono amarrado en una coleta baja dice presente muy serio, demasiado serio y pulcro (para ser un niño).

—Del Desierto, Arima. —Otro niño igual de serio responde en un susurro, sus cabellos de un rojo sangre y sus ojos enmarcados en negro le daban un aspecto gótico.

—Hōzuki, Kira. —El pelirrojo junto a Chōchō sonríe arrogante mostrando sus afilados dientes, su voz es ronca y sus sanguinos ojos titilan en tono burlesco.

—Inuzuka, Kibari. —En voz alta y escandalosa dice presente un niño alto de suéter con capucha peluda. Dos colmillos perrunos se asoman entres sus labios finos mientras se agitaba el cabello castaño.

—Nara, Shikadai... ¿Nara, Shikadai?

Nadie responde. Al parecer no vino, o eso pensamos todos hasta que la voz de Chōchō se hace presente.

—¡Eh, vago! Despierta que te hablan. —Rugió con molestia impregnada en su voz, mientras zarandeaba al adormilado niño del escritorio de atrás, él con voz cansina respondió y se echó a dormir nuevamente.

—Leeila, Rock. —Una pelinegra de largo y lustro cabello se levantó enérgicamente y con un pulgar arriba respondió desbordante de energía; cosa que se gano varias carcajadas de parte Chōchō y su compañero.

Pronto sentí los nervios nuevamente a flor de piel haciéndome temblar vigorosamente. La proximidad de la U me hacía juguetear nerviosamente con la goma de borrar en forma de abanico en mi escritorio.

—Uchiha, Sarada.

—Pre…Presente... —Tartamudeé con la cara roja como un tomate. Las risas de Chōchō no se hicieron esperar. Qué vergonzoso. Me pregunto qué cara pondría mi padre si me viera en este instaste. De seguro se decepcionaría un montón pues él siempre me recalca que un Uchiha no puede dudar en sus palabras, que debe ser directo, y nunca pero nunca dejarse pisotear o humillar por nadie: y yo he fallado muchísimo en eso. Siempre he sido víctima de burla y nunca he tenido el valor de defenderme, y menos cuando se trata de cierta pelirroja.

—Uzumaki, Boruto.

Nadie contesta. Neji aclara con su voz seria y desabrida que no vino por asuntos familiares, pero no especifica.

—Uzumaki, Himawari.

Neji interrumpe nuevamente anunciando lo anterior. Al parecer el castaño es familiar o algo así de estos dos.

—Yamanaka, Inojin.

Finalmente respondió a mi lado y la clase inició.

Mientras sacábamos cálculos de aritmética mis nervios iban disminuyendo, pues ya mi concentración no estaba dirigida a mis compañeros de clases, si no en algo en lo que era realmente buena, eso eran las matemáticas. Pero cierta pareja de pelirrojos no estaban tan concentrados como yo: susurraban y reían entre dientes.

Luego de un tiempo, la profesora salió a revisar unas hojas que al parecer serían el próximo examen, dándole espacio al escándalo y el alboroto de parte de los dos burlones del salón, entre el barullo y la risa, Chōchō gritó:

—¡Sarada cuatro ojos, mal vestida, come libros! —Y todos soltaron una mayúscula carcajada, y media Konoha de punta a punta suelta una carcajada más grande aún, porque ya la humillación no puede ser más grande y de seguro que la risa se escucha en la luna, hasta en Marte y los marcianos diminutos, verdes y con antenas deben estar preguntándose: "—¿Y qué cosa habrá sucedido en la tierra?"para luego mirar en su súper telescopio y mandar una comisión en un platillo volador para observar el fenómeno de primera mano, mientras un periodista marciano toma nota para que mañana salga en el planeta rojo(el diario de mayor circulación galáctica) la noticia de que en último grado "A", una niñita fue humillada de tal manera que ahora su sonrojo como foco de navidad es más incandescente que la más grande de sus lunas.

Quisiera ser un avestruz para poder meter la cabeza lo más profundamente posible en la tierra y no sacarla más. Cavar y cavar en el suelo hasta Alaska, aunque tenga que comer grasa de foca y vestirme con piel de oso, y verme aun más mal vestida por siempre y para siempre. En este momento odio más a Chōchō que a nadie en la vida.

La profesora Mirai regresa y escucha el alboroto, pone cara muy seria y se dirige a Chōchō y a Kira y los reprende a ambos: —Me parece que no se deben dirigir de esa manera a sus compañeros, el respeto es importante y hasta que no aprendan lo que eso significa se quedaran en la dirección. —Y se fue con ellos rumbo al despacho.

Respiro aliviada, con ganas de abrazar a la profesora Mirai, acariciarle el cabello y decirle que es tan bonita como mi mamá cuando se levanta contenta porque vamos a la piscina Kokoro (que es la piscina de moda y el lugar predilecto de mi mamá desde que conoció a mi padre allí, y por eso siempre quiere volver y yo tengo que complacerla).

Suena el timbre del primer recreo, Inojin y yo no sentamos en una de las bancas del patio a desayunar, luego de un rato de charla amistosa, y de compartir nuestros desayunos, un grupo de niños se nos acercan e invitan a Inojin a jugar una partida de fútbol. Y como era lo esperado, se marcha dejándome sola en medio del atestado patio.

Otra vez el temor a las multitudes me acechaba con ganas de lanzárseme encima como Toboe cuando llego a casa. Las piernas me empezaban a tiritar y el incontrolable tic de arreglarme las gafas apareció. Tenía que aléjame de tanta gente o me terminaría ahogando en mis propios miedos. Con paso tembloroso me alejé hasta el baño de niñas y me encerré en uno de los cubículos, respiré hondo 1, 2, 3… 10 veces justo como mi madre me había enseñado. Cuando ya estuve un poco más relajada, salí del cubículo. Me enjuague la cara y lustre los lentes antes de colocarlos en su lugar, pero luego noté que alguien más se encontraba conmigo en el baño: era la chica extraña de los bichos: Aburame. Ella me miró y no dijo nada. Un amago de sonrisa adorno su pálida cara.

—Hola, me llamo Tsubasa. Estabas algo pálida hace un rato y quise saber si estabas bien. —Comentó de golpe sin tomar en cuenta que las piernas aun me temblaban. Sin embargo, me siguió mirando como esperando con ansias una respuesta.

Yo como pude respondí: —Sí, estoy bien. —Debí parecerle una total grosera por el frío tono que utilice; pero es que aún no sopesaba los nervios anteriores. Ella me seguía mirando como si nada pasara y eso me enfermaba de alguna manera (Característica Uchiha), así que proseguí con mi tarea: me quite el suéter mostaza que me hacía sentir más asfixiada aún y salí del baño con ella siguiéndome todo el trayecto. Me senté apartada de la multitud, o por lo menos lo suficientemente lejos para no sentirme nuevamente nerviosa. Ella se sentó a mi lado y luego de un incomodo silencio habló:

—Tengo un secreto que te voy a contar algún día, pero con la condición que no se lo digas a nadie. —Yo la mire con cara rara. ¿A qué venía eso? A mí no me importaba para nada su secreto, y la verdad es que su presencia ya empezaba a molestarme. Pero recordé a mi padre y lo mucho que me molestaba cuando le preguntaba alguna cosa y él sólo respondía su clásico "Hmp", y luego se alejaba de allí para que no le preguntase nada más. Y por eso decidí que esta vez no sería como mi padre.

—Claro que no lo diré. —Ella sonrió avergonzada, y yo estuve a punto de bufar del fastidio. A veces sí que es muy difícil no ser como Sasuke Uchiha. Menos cuando es tu padre y tienes sus genes.

—A mi me…—El sonido del timbre la interrumpió y yo no pude estar más agradecida, tomé mi horroroso suéter y me dirigí al aula junto a ella.

En el salón la maestra nos hizo un dictado para verificar si teníamos errores de ortografía. Y no sé por qué de pronto la curiosidad de saber qué me diría esa extraña niña me asaltó, y se me olvido todo lo demás. Ya no podía dejar de pensar en eso; incluso empezaba a escribir signos de interrogación en todo el dictado sin importar que no fueran una pregunta (Luego me daría cuenta y lo corregiría). Y entonces ya el ser igual a mi padre no me parecía tan imposible, porque si hay algo más grande que tus genes, eso es la curiosidad.

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(*): Quise meter a Neji pero como hijo de Tenten y Neji (el original), que como todo el mundo sabe esta muerto y en este fic también lo está T.T (lo extraño) ya luego se conocerá un poco más de su historia!

N/A: Hola! Cómo andan?, muchas gracias a las que comentaron, favoritearon y todo lo que termine en "aron" xD estoy algo inquieta: mañana comienzo la uni y eso me pone algo nerviosa. Y bueno, con respecto a la actualización de verdad que intentare no atrasarme y montar todo los fines de semana. Pero si no lo hago ya saben por qué es… En fin! Un beso con sabor a: NO QUIERO IR A LA UNI u.u Y nos leemos el sábado, chau!

Ah y gracias por leer!