K-ink –Uhuru-Chan
Oli-shao
Capitulo 3
-¿Me das tu número?
Arthur casi escupe su té ante la repentina pregunta. Volteó a ver a Alfred, quien en ese momento se encontraba echado en su cama, mirando televisión con su camiseta roja levantada. Tenía un gran moretón en el costado sobre las costillas, debido a un golpe recibido en uno de sus partidos, y se lo sobaba por inercia de vez en cuando. Arthur miraba sus músculos moverse junto a su dueño.
-¿Para qué qui-
-¿Qué tal si vengo un día y no estás?
El inglés frunció el ceño y miró su té. Ya estaba tibio.
-Ya dije que te voy a tatuar, no necesitas acosarme.
-Pensé que podríamos ser amigos, o sea –Alfred se enderezó, quedando sentado sobre la almohada doblada. Miró a Arthur y abrió los brazos, señalizando que mirara a su alrededor. –míranos.
Arthur bufó y dejó su té a un lado para continuar dibujando el boceto del tatuaje del americano. Alfred intentó llamar su atención nuevamente, pero el mayor no volteó a verlo. Habían decidido que sería el busto de un águila calva en el bíceps izquierdo de Alfred. El muchacho estaba emocionado y había insistido en quedarse hasta ver cómo sería el diseño final. Arthur le había prometido que sería rápido y que lo podrían tatuar esa misma tarde, a lo que el americano respondió con fingida emoción, porque la verdad era que aún estaba nervioso con la idea de una aguja enterrándose repetidas veces en su piel por cerca de una hora o más.
-Art, ¿a qué hora piensas mover el trasero?
Gilbert entró en la habitación y miró a ambos hombres con reproche. Arthur sólo frunció el ceño y continuó con su trabajo, mientras que Alfred chasqueó la lengua y cambió la televisión.
-Sabes que soy tu amigo y todo, pero espero mi cheque a fin de mes, Art, y si no abrimos la ti-
-Ya entendí Gil, sólo quince minutos más, ¿sí?
El extravagante hombre se acercó a su amigo, intentando mirar el diseño en el que estaba trabajando y soplando una risa al ver el animal.
-¿Es en serio, Art? –Gilbert señaló a Alfred y luego al dibujo. -¿Un águila?
-¿Acaso tienes una mejor idea, rata? –Espetó Alfred a la defensiva, mirándole con molestia.
-¡No me llames rata, maldito estúpido!
-¡Te llamo como se me dé la maldita gana!
-Basta. –Murmuró Arthur, tensándose cada vez más.
Alfred se puso de pie y Gilbert se le acercó hasta que ambos quedaron casi con las frentes tocándose. El americano le agarró de la camiseta y Gilbert levantó el puño.
-¿Crees que eres muy importante, rubiecito? –preguntó el alemán, mirándole directo a los ojos. –Agradece que Arthur quiere cogerte, o si no desde la primera vez que te apareciste hubiese molido tu fea cara de m-
-¡Gilbert! -Arthur se acercó y los separó, mirando a ambos con reproche. Alfred jadeó, abriendo sus ojos de sobremanera y negando con la cabeza.
-¡Eso es mentira! ¿No es así, Arthur?
-Pff. Claro, señor heterosexual.
-¡¿Qué insinúas, imbécil?! –gritó el menor, dándole un empujón.
-Alfred. -Arthur le sobó los hombros, haciendo que retrocediera. El americano suspiró y desvió la mirada.
-Lo siento, Arthur. –Susurró, sentándose en el borde de la cama.
-Afuera, Gilbert.
-¿Eh?
Arthur le miró una vez y salió hacia la parte delantera de la casa, dándole a entender que debía seguirlo. El alemán emitió un gruñido y le levantó el dedo medio a Alfred antes de salir de la habitación.
El americano podía escuchar levemente una discusión, pero no podía descifrar lo que estaban diciéndose. Tampoco le interesaba, no era su culpa que Gilbert estuviese celoso o algo, él sólo había llegado buscando tatuarse, Arthur era el que se estaba tardando.
Y por supuesto que Arthur no lo miraba con esos ojos, ¿no? Tenía la muralla llena de posters de chicas en poses sugestivas, no de hombres… bueno, si había posters de hombres, pero con ropa, se veían como músicos, no como modelos.
¿No es así?
Además, ¿qué de maravilloso tenía el estar con un hombre? No debía ser algo maravilloso. Más con alguien como Arthur; seguro era peludo, brusco e intentaría dominar o algo por el estilo.
Alfred apretó sus puños. Tampoco quería imaginárselo.
-Continuaré en un rato. -Arthur entró nuevamente y tomó su diseño y lápices.
-Uh, bien. –susurró Alfred, aún pensando.
El inglés terminó de ordenar y se quedó mirando a Alfred, esperando que se pusiera de pie. El americano estaba mirando el piso y la pared insistentemente, inseguro con la dirección que estaban tomando sus pensamientos.
-¿Qué pasa? –Inquirió el mayor, cruzándose de brazos y dando un suspiro.
-Tú… ¿eres gay? -Alfred estaba mirándose las manos y tenía una expresión avergonzada. No se sentía capaz de mirar a Arthur a la cara mientras preguntaba algo tan personal.
-No.
-¿No?
El americano le dirigió la mirada, luciendo súbitamente aliviado. Arthur frunció los labios, dejando caer sus brazos a los lados.
-También me gustan las mujeres.-Aclaró, mirándole fijamente. El menor volvió a tensarse. –No tienes que preocuparte, Alfred, no eres mi tipo.
-¡¿Ah?! ¿Por qué no? –Preguntó el menor, luciendo ofendido.
-Eres inmaduro y… muy estereotipo.
Alfred se puso de pie, mirándolo con pánico. ¡Que no era su tipo! ¡Nunca nadie había rechazado antes a Alfred F. Jones!
Arthur levantó una ceja.
-¡Claro que no! ¡No soy igual a mis compañeros! ¡Ni si-
-¿Te importa?
Alfred se detuvo, mirándolo con los ojos bien abiertos. Se sonrojó y negó fervientemente con la cabeza. Arthur frunció el ceño y sonrió, luciendo divertido.
-Debo trabajar ahora, -el inglés se le acercó con lentitud y sobó suavemente su pectoral derecho, mirándole fijamente a los ojos. Alfred sintió un cosquilleo en la parte baja de su barriga y sus mejillas ardiendo. –pero puedes venir cuando termine el turno.
-A… ¿a cenar? –Balbuceó Alfred, respirando pesadamente, sentía sus manos sudando. Arthur le sonrió y ladeó la cabeza. El americano se inclinó hacia él lánguidamente, como en trance.
-A tatuarte, Alfred. –Aclaró el inglés, dándole un par de palmadas amistosas en la mejilla y volteándose para ir hacia la puerta.
-A-ah, ¡sí, claro! –Asintió el menor, tragando saliva y siguiendo a Arthur hacia la salida. –V-volveré… más rato.
Alfred rió nerviosamente y se despidió con un gesto de su mano antes de salir corriendo del local, ignorando incluso el comentario pesado de Gilbert.
Arthur fue hacia su sala para tatuar y dejó su cuaderno y lápices a un lado, alistándose para trabajar. Gilbert entró tras él, mirándole con diversión.
-¿Qué le hiciste?
-Nada.
-Lo hiciste salir corriendo, cejas.
El inglés volteó y le mostró el dedo medio. - Jodete.
-¡Tienes que contarme! Necesito reírme en su cara cuando vuelva a aparecer por aquí.
-Deja al pobre, Gilbert. Es… sólo un niño.
El albino le miró con incredulidad y se encogió de hombros antes de volver a su puesto de trabajo, yendo hacia la puerta de entrada para voltear el símbolo de "cerrado" a "abierto".
¡Gracias por leer!
Recuerden que pueden ir a mi tumblr a pedirme que escriba, me aburro mucho, matenme. xD
Besos, bye!
