Diclaimer: Naruto no me pertenece, sino, no fuera pobre y blah Masashi Kishi-Sama blah… Este fic está inspirado o adaptado en: No abrir hasta el año 3000 de Mireya Tabuas, excelentísimo libro se los recomiendo, es muy gracioso e imaginativo. Por favor si ya lo han leído le agradecería un review con lo que piensan de la historia y si queda muy parecida a la del libro, porque la verdad es que solo quiero utilizar algunos párrafos y los títulos de los capítulos. En fin ¡continuemos!
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Capítulo VI
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El lugar donde se esconde las confesiones que uno no le dice a su mamá y mucho menos a su papá.
No hizo falta que yo le preguntara dos veces, ni que se lo jurara por nadie, ni que le rogara (cosas que no iba a hacer ni por todo los bombones del mundo). Yo creo que aquella extraña niña estaba loca por decirme su secreto.
-Me gusta Inojin-kun- Dijo de golpe apenas cerró la puerta de su habitación. Su rostro siempre pálido titilo en un sofocado sonrojo –Pero no soy capaz de decírselo…- Y se apresuro atropelladamente a añadir -¿Sarada-chan tu no le contaras mi secreto a nadie verdad?
¡Puffs! Así que ese era el grandísimo secreto que tanto ocultaba; obviamente yo no le contaría a nadie, no tenía muchos amigos solo Inojin y sería muy bochornoso para ella que yo se lo dijese. Pero lo que no comprender era ¿Porque me contaba aquello? ¿Acaso quería que la ayudase con él? En ese caso nuestra relación de "amigas" no sería más allá que una cuestión de interés –Ahmm…- El rostro de ella estaba rojo como la luz de un semáforo. –No se lo diré a nadie. Pero… ¿Quieres que te ayude? Porque si es así yo paso totalm…- Ella sonrió cohibida interrumpiéndome.
-No Sarada-chan solo quería contárselo a alguien y yo…- Dudo un poco, tomo aire y lo expulso dramáticamente –Yo creí que eso hacen las amigas ¿No?
La pregunta quedo en el aire y yo me sentí extrañamente incomoda, ella no quería que le ayudase con Inojin solo quería contárselo a alguien. Porque si, es verdad que hay cosas que uno quiere contarle a alguien, sin temor a que te juzguen o reprendan y para eso eran los amigos, hasta hoy había ignorado ese hecho. Sentí unas ganas enormes de contarle todo lo que me preocupaba mis miedos, mis preguntas, las travesuras que había hecho, las ganas monumentales que tenia de poner en su lugar a Chōchō e incluso lo que había pasado ayer con Bolt en aquel edificio.
Pero me contuve nunca fui tan confianzuda.
-Ahm… Me encantan los insectos, mi padre es apicultor- Empezó ella y yo no supe que decir, todavía embobada en los recuerdos de ayer. -¿Y tu padre de que trabaja Sarada-chan? – Soltó de repente, como intentando encontrar un tema de conversación.
Me apresure con orgullo a decir -Mi padre es administrador bancario del banco nacional de Konoha y mi madre es enfermera.- De pronto la Aburame no parecía ser tan molesta e irritante, la conversación se hizo más amena y descubrimos muchos gustos en común.
La casa de Tsubasa no era un apartamento como en el que yo vivía, era una casa casa con un jardín enorme y muchos árboles, no como la mía que solo tenía una pequeña terraza que ocupábamos de patio para Toboe. Su cuarto es simple y soso como ella en sí, las paredes blancas con algunos tenues pétalos pintados de un suave color crema, una mesita de noche a la izquierda junto a la gran cama de edredón lila y al lado derecho una gran repisa con frascos llenos de insectos junto a la ventana que da al enorme patio trasero.
-Mi perro sería feliz con un patio tan grande.- Dije perdida entre el verde de los árboles y el olor a césped recién cortada, Toboe sí que sería muy feliz con tanto espacio para correr – ¿No tienes mascotas Aburame?
-Por favor… Solo dime Tsubasa- Contesto ella letárgica; me conto que no la dejaban tener perro ni gatos porque su mamá era alérgica a el pelo de ellos. Cosa que a mí se me antojo como excusa más que como una enfermedad (Mas tarde comprobé que si había gente alérgica a eso).
Entonces llegó la mamá de Tsubasa con una sonrisa enorme y una bandeja de dangos y té verde. Una leve nostalgia me invadió el cuerpo.
–Sabes, este era el dulce favorito de Itachi.- Ella me miro con cara rara, sin saber de quien hablaba –De mi tío, el murió cuando estaba pequeña, aun no se qué fue lo que le paso… Pero… Yo seré su espejo.
Ella me miro atenta -Eso es increíble Sarada-chan- Y sonrió como siempre lo hacía – De seguro él estará feliz donde quiera que este.- Y yo también quise que así fuera.
Después de merendar nos olvidamos del tema. Y empezamos a hojear revistas y a leer historias de ninjas que casualmente a ella también le encantaban. Yo no pude estar más complacida, sabía que podía hablar con Tsubasa cuando quisiese y así ya no tendría solo un amigo en el mundo (Inojin claro) si no que tendría dos.
-Tsubasa ¿Que se siente cuando te gusta alguien?- Murmure proponérmelo, pero la pregunta hace rato me daba vueltas y vueltas en la cabeza. La pelinegra a mi lado se quedo callada sin saber cómo explicarse. Y yo cambie el tema entre avergonzada y temerosa. –Mmm… ¿Y salimos a el patio?
Y así fue, pasamos el final de la tarde en el patio viendo sus insectos favoritos y las hojas de los arboles caer.
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Al día siguiente me levante con renovada confianza, ya ir al colegio no me parecía tan desagradable y asustadizo. Pienso en Tsubasa y no entiendo el por qué me eligió a mí, no lo puedo creer existe en el mundo una niña que es mi amiga a pesar de que nos soy popular, ni graciosa y además no le importa que a veces se me salga el odioso carácter Uchiha y no le conteste lo que me pregunta. Y eso me alegra, me alegra muchísimo porque podre contarle todo los secretos que tenga y ella me contara los suyos.
Al llegar al salón me encuentro con Chōchō sentada muy cerca de Bolt y lo mira enseñándole todos sus blancos dientes (que son más blancos que los de los comerciales de pasta dental) y le sonríe exhibiendo sus largas pestañas embadurnadas con rímel translucido y le pasa el sacapuntas y la borra y los marcadores y los colores con una mueca sugerente muy madura para ser tan niña.
Eso logra sacarme un poco de mis casillas, que pensaría su respetada madre si la viese comportándose de tal manera después de decir en la junta comunal que su hija era de lo más tranquila y decente en comparación con las otras niñas de los apartamentos vecinos, seguro se le caería la cara de vergüenza al ver que su hija no es nada de lo que ella tanto pavonea y que ya hasta a tenido novio, cuatro en total y yo misma la he visto.
Llego a mi puesto hoy Tsubasa se sienta delante de y eso me inspira confianza. Hoy tendremos un examen de matemáticas, que será de divisiones y multiplicaciones de números quebrados, como siempre Chōchō escribió en un papelito la tabla del ocho porque no se la sabe, y se la quiso pasar a Bolt, pero él se molesto y le dijo que no le gustaba hacer trampa y eso si que me agrado, que le dijera tramposa, porque eso es lo que ella era y ha sido siempre, cuando éramos pequeñas y nos llevábamos bien ella me pedía que llevara mis muñecas a la plaza para jugar, pero solo porque no quería que las de ella se ensuciaran.
En fin salimos al patio y me dirijo esta vez acompañada solo de Tsubasa (Inojin jugaba futbol con Bolt y otros compañeros más) a mi sitio favorito detrás de la escuela cerca de los baños más apartados. Después de desayunar en silencio Tsubasa se le ocurre una idea (genial) y es la de escribir nuestras más privadas confidencias en lo que ella se invento "El lugar donde se esconden las confesiones".
Se trata, nada más y nada menos que enterrar papelitos llenos de los secretos más peligrosos que tengamos que contar, en un sitio escondido, sin que nadie se imagine que puede haber un secreto así allí. Entonces decidimos ir más allá de los columpios abandonados del patio trasero, en un rincón lleno de arboles, que limita con la una reja altísima nuestro colegio de la autopista.
-Solo nosotras dos sabremos de este sitio y no podremos contárselo a nadie.- Susurro ella como si pudieran escucharnos, pero nadie lo hacía estábamos muy lejos de los alborotados estudiantes. Entre el boscoso lugar en el que estábamos cada una tomo su camino, yo me aleje a la derecha y ella a la izquierda, ya bien apartada elegí mi lugar un pequeño clavel crecía bajo la sombra de un árbol el cual tenía el mismo nombre que el de mi madre. Hay enterraría mis más profundos secretos.
En el salón no le hice caso a ninguno de los profesores, porque estaba concentradísima redactando los secretos que enterraría. Al final de la clase el profesor mando hacer una lista de ventajas y desventajas de la contaminación. Bolt como siempre me pregunto ¿Cómo se escribía ventajas? Y yo estaba tan concentrada en cuales de los miles de secretos pondría en los papelitos que ni siquiera le preste atención.
Y Chōchō ni corta ni perezosas le respondió a ver que yo lo ignoraba –Con b de bicicleta- Pero yo ni la volteé a ver tampoco, a pesar de que estaba equivocada.
Entonces enumere cada uno de mis secretos y los repase mentalmente para no omitir ni un detalle:
El primero era la rabia incalculable que le tenía a Chōchō.
El desencanto que siento por mi padre al saber que no perdono nunca a Itachi.
Que me acomodo con fastidiosa insistencias las gafas cuando estoy nerviosa.
También que sueño en secreto que mi papá ya no quiere a mi mamá y se va con la vecina del piso de arriba la pelirroja alta que usa gafas como las mías y que me cae mal pero muy mal.
Por último de Bolt y su actitud distraída y sus problemas con l pero sobre todo la poca decencia que tiene y de lo mucho que me saca de quicio.
Al escribir lo último en el papelito lo miro con el rabillo del ojo para que no se diera cuenta, pero él ya estaba mirándome desde hace rato y entonces me di cuenta que hoy también llevaba esa larga chaqueta que no estaba permitida pero que cubría sus brazos hasta los nudillos, la duda de sobre que le había pasado me golpeo de nuevo queriendo salir de mi boca como cohete. Un día no voy a poder más y se lo preguntare de lleno, así sea frente a Chōchō (aunque sería mala idea porque ella es muy chismosa).
Al segundo recreo dentro de una cajita de jugo metí mis papelitos, Tsubasa prefirió hacerlo en una lata de refresco, al llegar a nuestro lugar secreto abrimos un hueco y enterramos nuestras confesiones, al terminar unimos nuestros dedo meñiques en señal de indiscutible promesa, al regresar ya terminado el receso Tsubasa rompe el silencio.
-Cuando tengamos un nuevo secreto, vendremos juntas nuevamente a escribirlo y enterrarlo antes de que se nos olvide.- Y yo asistí, sonriendo porque tenía una amiga con la cual hacer tonterías y no como Inojin que siempre me dejaba sola y se iba a jugar futbol.
N/A: Hola gente! Muchas pero muchas gracias por sus comentarios y por esta fiel a la historia quise hacer este cap un poco más largo, aunque siento que tiene mucho relleno por así decirlo pero no se preocupen que pronto conoceremos un poco más de la vida de los uzumaki's. Ya sabes que si te gusto la historia puedes dejarme tu comentario con tu opinión ya que eso es lo que me anima a continuar esta historia.
Gracias por leer y nos vemos el prox viernes.
