Malherido y además Gruñón.
La castaña removía con saña y mala leche el tazón de leche. Estaba enfadada, no, estaba enfadadísima y disgustada. Había intentado por todos los medios mantener una conversación civilizada con Snape, y ese pedazo de Bicho grasiento salido de las mazmorras, solo había respondido con groserías.
¿Acaso era su culpa que él deseara morir?
Resulta que debía sentirse culpable por haber salvado una vida ¡JA! ¡Eso era lo último!
Derramó un poco de leche al depositar con furia la taza.
Perfecto aquel no era su mejor día.
Desde la tarde anterior no había entrado de nuevo en la habitación. Estaba preocupada, por el, pero sabía que si intentaba cualquier cosa, el la respondería con una grosería y no la dejaría actuar. Así que aquella mañana tampoco entraría mas que para dejar un poco de comida para el hombre, al igual que había hecho la noche anterior.
Pasó al mañana recogiendo una habitación cercana a la de Snape, que era la más femenina de la casa, ahora que el estaba despierto no pasaría las noches a su lado a menos que fuera imprescindible. No se acercaría más a ese Murciélago gigante.
Abrió las ventanas de par en par y las puertas del armario además de todos los cajones. Tenía que despejar todo y dejarlo bien limpio. Aquello le llevó buena parte de la mañana lo que permitió que se despejara un poco y olvidara sus disputas con Snape.
Mientras colocaba mi ropa limpia en el armario con toda al casa en silencio, prestó atención para ver si Snape se movía, intentaba levantarse o salía de la habitación. Ella le había prevenido que no debería levantarse, pero con lo cabezota que era ese murciélago grasiento haría lo que le diera la gana. Bien pues si se desmayaba o le pasaba algo ella no iría a ayudarle. Por estúpido.
Pegó la oreja a la pared pero no escuchó nada. ¿Qué estaría pasando por la cabeza de su exprofesor?
Severus Snape despertó con la cabeza abotargada y la garganta reseca. Parpadeó. La habitación estaba en penumbras y poco tardó en acostumbrarse a la luz. Miró alrededor todo lo que le permitía su ángulo de visión y no vio a aquella metomentodo de Ganger por ningún lado. Afortunadamente, a pesar de estar herido seguía causando el mismo miedo en ella.
Intento incorporarse y un dolor terrible le atravesó la zona del cuelo y la espalda. Se apoyó en el codo y resopló, intentando recuperar el aliento. Merlín… aquella condenada mordedura dolía muchísimo más que en el momento. Debía ser por el veneno.
Recolocó con gran esfuerzo las almohadas de la cama para poder estar un poco más sentado en la cama. Supuso un gran esfuerzo para él por el dolor y estuvo tentado a llamar a la chica para pedirle ayuda, pero su orgullo se lo impidió. Había pasado toda su vida solo sin que nadie lo cuidara, ni siquiera cuando volvía malherido de sus reuniones con el señor oscuro podía pedir ayuda. Pues todo había sido un secreto. ¿Por qué iba a necesitar a alguien ahora?
Apoyó con cuidado la espalda sobre las almohadas y contempló la pared de la habitación. Su habitación. Frunció el ceño y resopló enfadado. Recordaba el momento en el que Potter había entrado en la casa de los gritos y le había visto en el suelo. Podía sentir aún el veneno quemando en sus venas, y la mirada de odio del joven. Tan presuntuoso como su padre, siempre creyendo que tenía la razón sin saber nada. Lástima que no hubiera sacado nada de su madre.
En el que creía su último momento antes de su descanso eterno, le había entregado sus más grandes secretos.
Había caído en la semiinconsciencia antes de la muerte, aletargado por el veneno y el cansancio, se había entregado de lleno a los brazos de la parca. Solo quería morir y descansar.
Sin embargo podía escuchar las maquinaciones de Potter pidiéndole a alguien que le sacara de allí y le salvara. Había querido gritar y pedir que le dejaran en paz. No quería salvarse y seguir viviendo aquel amago de vida llena de dolor, odio y rencores hacia su persona. Había convivido 16 años con el peso de la muerte de Lily, y uno con la carga de haber matado al único hombre que había creído en él. No quería más años de carga y sufrimiento. Había sentido unas manos pequeñas que le aferraban por la túnica, y el tirón al ser arrastrado a una aparición conjunta. Dedico sus últimos esfuerzos para evitar ser llevado a San Mungo o a cualquier otro centro de hospitalización. Solo quería morir en paz, y que le dejaran tranquilo. Y después todo se había vuelto negro.
Severus paseó su mirada por el cuarto y suspiró. Al parecer, su empeño por no ser trasladado a San Mungo había surtido efecto, sin embargo no sabía porque se habían aparecido en aquella casa, no guardaba ningún buen recuerdo de aquel lugar. Nada que le uniera a esa habitación. Resopló enojado consigo mismo y pensó en Granger. Aquella Pequeña bruja sabelotodo tenía que conseguir siempre lo que se proponía. A pesar de haber llegado a un lugar no esperado le había salvado la vida y se las estaba apañando bien porque él se sentía bastante bien, a pesar del enorme dolor. ¿Cómo lo habría hecho?
Retiró las sabanas. Y se incorporó con gran esfuerzo de nuevo. El dolor era agónico, y le mareaba, pero quería levantarse ir al baño y verse la herida. Apoyó los pies en el suelo y sintió como su cabeza giraba. Esperó un pequeño rato creyendo que se le pasaría el mareo, pero parecía ir a peor, así que decidió tumbarse de nuevo. Ya lo intentaría más adelante.
Ya con la cabeza apoyada en al almohada cerró los ojos para recuperarse y pudo escuchar la radio de fondo y a Granger tatareando música. Gruño enfadado. Lo que le faltaba para empeorar su dolor de cabeza.
Una lechuza girs gigante, que Hermione no tardó en reconocer, se coló por la ventana abierta de la cocina y dejó caer un pergamino en la mesa.
Hermione le dejó unas chucherías de lechuza sobre la mesa y leyó las letras de Alan a quien no había visto ese día tampoco. Al parecer tampoco iría ese día, asuntos del hospital. La muchacha respondió brevemente para quitarle importancia al que no fuera, cuando en realidad deseaba verle aunque fuera para charlar un rato con alguien. Estaba aburrida allí y a pesar que Snape estaba despierto, con su humor lo único que conseguiría era cabrearse más. Sirvió un poco de caldo tibio y un pedazo de pastel de carne y lo subió hasta la habitación de Snape. Al abrir la puerta esperó el torrente de palabras de desprecio sobre ella, sin embargo lo que oyó fue la respiración pausada del hombre. Dejó la bandeja sobre la mesa y miró la de la noche anterior. Estaba intacta.
Se acercó a la cama. el hombre estaba desarropado. Y al borde de la cama. Habría intentado levantarse. Le cubrió con cuidado y cuando el hombre se movió ella se quedó paralizada esperando que no se despertara. Snape se removió un poco y volvió a respirar profundamente mientras ella salía de la habitación con la bandeja con la comida de la noche anterior. Volvería después a curarle.
Cuando la puerta se hubo cerrado, Severus abrió los ojos. Y miró la bandeja de comida que había dejado ella cerca de la cama, a su alcance. Ella le había arropado y le había dejado comida. Se dio media vuelta en la cama. No probaría nada de lo que ella le diera. Iba a seguir cuidándose solo, iba a demostrarle a esa estúpida Granger que se valía por si mismo.
Sus tripas gruñeron ante el apetitoso olor de la comida y estuvo tentado a probar aunque fuera un poco, pero su terquedad y su orgullo se lo impidieron y poco a poco, debido al cansancio y a lo débil que se encontraba volvió a quedarse dormido.
No fue hasta horas más tarde cuando ya estaba oscuro en el exterior que se despertó de nuevo por el sonido de la puerta al abrirse. La silueta delgada de Ganjer-sabelotodo se recortaba en el marco de la puerta iluminado por la luz del pasillo.
La bruja dejó algo pesado en el suelo y encendió la chimenea y puso luz tenue en la habitación. Se acercó a la bandeja de comida intacta y frenó en seco al verla así.
Volvió sus ojos miel hasta él y se quedó frente a la cama esperando que dijera algo.
-no ha comido nada.
-bravo Granger- escupió el con desprecio.-veo que es muy observadora, diez puntos para Gryffindor.
Ella frunció los labios enojada y Snape pudo ver como se reprimía de responderle mal
-¿no tiene hambre?
-No
-lleva tres días sin comer. Quizá es que necesita ayuda…
-No necesito ayuda de nadie. Me valgo por mi mismo. Así que puede salir de la habitación y llevarse su estúpida comida porque no voy a probarla.
Ella abrió los ojos desmesuradamente y retrocedió un paso y dos, se volvió y se alejó hacia la puerta, sin embargo algo cruzó su mente antes de salir de allí y se volvió.
Snape notó un cambió en su postura, estaba tensa y sus mejillas estaban encendidas. Su mirada llameaba furiosa.
-¡Es usted un idiota!
No pudo responder sorprendido de verla así
-se cree que tiene derecho a pisotear a los demás. He pasado esta mañana entera haciendo esa comida para usted.
-nadie le dijo que quisiera comer
-Tiene que hacerlo, se morirá de hambre
-¿Quién dijo que no quisiera morirme Granger? ¿Le gustó jugar a ser dios?, ¿salvar la vida de una persona sin preguntarle si quería salvarse? NO QUERÍA SU AYUDA
Ella palideció y apretó los labios en un mohín de echarse a llorar. Sus ojos ya brillaban.
-Es cierto, no le preguntamos si quería seguir viviendo. Pero ahora, tiene una oportunidad de cambiar su vida. Ahora, será una persona diferente. Se sabrá toda la verdad sobre usted…Puede que su pasado fuera horrible, pero no luchar por un futuro distinto es de ser un cobarde- sus palabras fueron sentencia. Él intentó gritarle y decirle que no era un cobarde, demostrárselo, pero ella no se lo permitió - Quiere morirse. Usted mismo, pero no cargará su muerte sobre mi conciencia.
El portazo resonó en su cabeza y el silencio invadió todo de nuevo. Cerró los ojos y suspiró. Estaba amargado, dolorido, mareado, enfadado, triste y aún deseaba morirse.
Las lágrimas resbalaron por su cara de porcelana e inundaron su suéter beige. Tapó su llanto con las manos para que él no pudiera oírla y se dejo escurrir por la pared en la que se apoyaba hasta sentarse en el suelo. Lloraba de angustia, por la presión a la que estaba sometida y sobre todo lloraba por él. ¿Qué habría sido de su vida para no querer seguir viviendo?
Le habría gustado ser más valiente, acercarse a él sentarse en la cama y obligarle a que comiera algo, a que se olvidara de sus problemas anteriores.
¿Y si borraba su memoria?
No, no debía, sus recuerdos eran suyos y de nadie más, el tenía derecho a conservarlos. Pero no a revolcarse en ellos hasta amargarse y sufrir de ese modo. Si él fuera diferente. No podía traer de vuelta a Lily Evans, ni a Dumbledore, no podía alejarle de Voldemort ni podía volver a atrás de todas las cosas que no le gustaban de su anterior vida. Pero, tenía que intentar superarlo todo. Restregó sus ojos y apartó las lágrimas de su cara. Poco a poco su llanto se había ido calmando. Pero seguía preocupada por el y triste, muy triste o por no poder ayudarle.
Recogió el bote de antídoto de su bolsillo y lo miró al trasluz. Aquello curaba su herida, pero todas las cicatrices internas que tenía, no podía hacer nada contra ellas. Suspiró, y se levantó del suelo aún secándose alguna lágrima rebelde.
Guardó el tarro en su pantalón y se dio media vuelta para marcharse de allí, por el momento. Por muy borde o muy grosero que fuera iba a cuidar de él.
Aquella noche el aire golpeaba la casa con fuerza, Snape no podía dormir. Se encontraba mucho peor y se sentía arder entero. El maldito veneno estaba cobrándose terreno de nuevo. Si seguía así pronto se encontraría de nuevo mucho peor. Otro temblor sacudió su cuerpo. Tenía frío a pesar de estar arropado y de estar sudando. La boca estaba reseca y el dolor de la herida había aumentado. Cerró los ojos e intentó descansar un rato a pesar del ruido del vendaval que se oía fuera.
La puerta de la habitación se abrió una vez más aquel día. Y vio entre las nieblas de la semiinconsciencia a La pequeña Gryffindor sentarse en la cama a su lado y retirar la venda que cubría su cuello y su pecho.
-No se da por vencida.
-ya le dije que no cargaría con la culpa de su muerte
- debería dejarme…merezco morir.
La joven hizo caso omiso a su petición y deslizó un trapo húmedo por su cuello, su pecho y su frente.
Le recolocó más erguido y le dio unas gotas con el caldo que reconstituyó su estómago. Volvió a tumbarle y le cubrió con más mantas a parte de encender la chimenea.
En tan solo media hora había conseguido hacerle sentir en la gloria.
La joven recolocó de nuevo las mantas aunque no era necesario y clavó sus ojos miel en los suyos.
-nadie merece morir.-susurró- La muerte llega a su tiempo. Y le aseguro que después de la que se ha librado, este no era su momento.
Sorry sorry, sorry por haber tardado tantísimo en actualizar pero empecé la Universidad y se me complicó la semana. En fin ya está este nuevo cap que es un poco de transición sin nada emocionante. Prometo más acción en los siguientes.
Gracias a sevillana , MarSev y sailor mercuri o neptune por vuestro apoyo , me alegra que os guste. Y sevillana no odies a mi pobre Alan, es un personaje muyyyyyyyyyyyyyy tierno ;)
Un beso a todos espero que os guste .
